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  Número 296 | Noviembre 2006
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Costa Rica

Quincho Barrilete en La Carpio, en “el tercer espacio”

El concierto, en octubre, del candidato a la Vicepresidencia de Nicaragua por la Alianza MRS, Carlos Mejía Godoy, acompañado de Los de Palacagüina, en la comunidad emblema de los migrantes nicas en Costa Rica, La Carpio, abrió preguntas y dejó como recuerdo sentimientos agridulces. Puso al descubierto la distancia que separa a la clase política nicaragüense de quienes dejaron un día Nicaragua con el hambre a cuestas.

Carlos Sandoval García

Aunque durante la tarde, como suele ocurrir en octubre, había llovido bastante en San José, la noche pintaba de concierto. A diferencia de lo usual, no se trataba de un espectáculo dirigido a las clases medias, como los que han celebrado recientemente en la capital de Costa Rica Joaquín Sabina y José Luis Perales, quienes combinan las mejores causas sociales con los precios más onerosos.

En esta ocasión, como los medios de comunicación lo habían anunciado, Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina se presentaban en La Carpio con Edmundo Jarquín, el candidato del Movimiento Renovador Sandinista. A las 7 de la noche, la tarima y el sonido estaban listos. Minutos antes, Edmundo dialogaba con la gente, con sus paisanos, en las instalaciones de la iglesia luterana situada en la comunidad de La Carpio. En el edificio, aún en construcción, la anfitriona, quién sino doña Alba Luz Álvarez, una líder de la comunidad, alentaba a tomar café, refrescos y galletas.

EN LA CARTELERA
CULTURAL Y POLÍTICA DE SAN JOSÉ

Al “Feo” lo acompañaban algunos dirigentes de la Alianza MRS y su esposa, Claudia Chamorro, un apellido familiar en la política nicaragüense. Una docena de vecinos y vecinas conversaban con un Edmundo, informado y cálido, quien no parecía incómodo por la modestia del lugar. Contestaba preguntas mientras insistía que el MRS sí incorporaba el tema migratorio en su agenda política. Muchas de las personas se alegraban porque las “tomaron en cuenta”. Don Mario Florián, un nicaragüense con más de diez años de residir en La Carpio, esperaba al candidato porque había trabajado con su familia y quería saludarlo.

A las 8 de la noche Los de Palacagüina ya habían tomado control de la tarima. Con el oficio que da la experiencia Carlos Mejía se ganó enseguida a la audiencia. Saludaba a quienes eran procedentes de Managua y a quienes eran de otros departamentos de Nicaragua. Bromeaba con los integrantes de su conjunto y con quienes lo escuchaban desde la segunda planta de una vivienda a medio construir.

La tarima se colocó frente a la caseta de la policía previniendo alguna dificultad y algunas patrullas estaban allí desde antes del concierto. Pero nada inconveniente ocurrió. Una noche clara fue el escenario del primer concierto de Los de Palacagüina en La Carpio. Los medios de comunicación querían declaraciones de Jarquín y las cámaras no dejaban de hacer tomas del concierto.

Seguramente fue la primera vez que los medios de comunicación envían su personal a La Carpio durante la noche sin que haya de por medio un “ilícito”. Aquel día un acontecer “positivo” era noticia. Desde la perspectiva de los medios costarricenses, ni la “cultura” ni la “política”, en cualquiera de sus acepciones, abundan en la comunidad. Aquella noche el concierto puso a La Carpio en la cartelera cultural y política de la capital. Una de las raras ocasiones en que la comunidad no se asociaba a “problemas” y no eran los periodistas de “sucesos” quienes estaban en La Carpio. Una de las noches más fotografiadas. En esas semanas, Costa Rica giraba alrededor de las protestas por el TLC y poco se hablaba de las elecciones en Nicaragua. El concierto recordó que las elecciones en el país vecino se aproximaban.

HE CONOCIDO AQUÍ
A TANTOS QUINCHOS

El grupo musical que dio a conocer a Nicaragua a nivel internacional se presentaba por primera vez en la comunidad que es emblema de la inmigración nicaragüense en Costa Rica. Treinta años después de haber ganado en España, en el festival de la OTI, “Quincho Barrilete” se interpretó por primera vez en La Carpio.

La mayoría de la gente no salía del asombro de estar presenciando un concierto en La Carpio, que formaba parte de un acto político. Se miraban sorprendidos. Algunas canciones, como “Son tus perjumenes mujer”, la tarareaban muchos. Cuando escuché la historia cantada de Quincho, el “de la marimba de chavalos de la Tirsa”, me “sudaron” los ojos. He conocido muchos Quinchos en esta comunidad. Me parecía un sueño maravilloso escuchar en directo la canción que puso la lucha contra la dictadura de los Somoza en el dial de las radioemisoras costarricenses cuando yo era un adolescente.

CANCIONES Y VISITAS
CON PREGUNTAS AGRIDULCES

La mayoría de la gente joven que asistió al concierto no sintió una gran identificación con “Quincho Barrilete”. La canción les sonaba conocida, pero no familiar. La mayoría ha vivido ya más años en Costa Rica que en Nicaragua. Ellos y ellas son tanto de allá como de acá o a lo mejor ya no son de ninguno de los dos lados.

El concierto abría preguntas y dejaba un cierto son agridulce. A lo mejor la interrogante más apremiante es por qué tuvo que pasar tanto tiempo para que un grupo musical tan querido en Nicaragua se presentara en la comunidad binacional más grande de Costa Rica. Y por qué tuvo que mediar una elección para que esto sucediera. Hacía algunas semanas, una dirigente comunal y amiga entrañable me había comentado la alegría que había sentido cuando un Comandante de la Revolución, cuya modestia aún brilla como en décadas atrás, había llegado también a La Carpio a visitarlos.

Como sandinista, ella se sentía halagada, pero se preguntaba si esa visita se hubiera dado de no haber mediado una elección en la que el sandinismo participaba dividido. “Llegamos hace más de diez años y hasta ahora vienen”, me decía. Resumía un secreto a voces: salvo excepciones notables, la clase política de Nicaragua se ha desentendido de sus migrantes.

Mientras esto sucede, las visitas a La Carpio de los políticos costarricenses en tiempos electorales son ya una costumbre. Cada cuatro años, los principales partidos políticos les ofrecen títulos de propiedad a quienes residen en la comunidad con propiedades que reúnan los requisitos de titulación. Aunque La Carpio se empezó a poblar hace ya doce años, nadie tiene aún títulos de propiedad. El actual Ministro de Vivienda, Fernando Zumbado, prometió, semanas después de iniciado el gobierno de Oscar Arias, que la titulación de los terrenos sería una prioridad. Y pidió a la gente que le aplaudiera al final del gobierno y no al inicio. Aún es temprano para saberlo y ojalá haya motivos para el aplauso... Fue también en La Carpio donde Oscar Arias expresó, siendo candidato, que estaba en contra de la nueva ley de migración. A mediados de octubre, el ministro de gobernación de Costa Rica, Fernando Berrocal, anunció un proyecto de ley que el gobierno presentará a la Asamblea para enmendar esa nueva ley.

PALABRERÍA FÁCIL

A pocas semanas de las elecciones en Nicaragua, la palabrería fácil reinaba. Eduardo Montealegre prometió “repatriar” a sus compatriotas, Daniel Ortega aseguró que las remesas serían “gratis”, como si el diferencial cambiario no fuese la principal ganancia del negocio de las remesas. Y a José Rizo lo conocían ya por aquí, por lo poco que hizo por sus connacionales mientras fue embajador de Nicaragua en Costa Rica.

Cuando las promesas electorales nicas arreciaban, la nueva ley de migración de Costa Rica entró en vigencia. El consulado nicaragüense sigue siendo incapaz de ofrecer información y apoyo suficientes en las tareas de documentación. Los “consulados móviles” parecen ser más bien consulados inmóviles. Si una persona nicaragüense desea tener pasaporte, tiene que pagarle 100 dólares al consulado. ¿Cuánto del dinero que se recoge por documentación migratoria se invierte en servicios de atención, apoyo y acompañamiento a miles de familias inmigrantes? No se puede olvidar tampoco lo oneroso que significa autenticar documentos en el consulado costarricense en Nicaragua, dinero que tampoco parece invertirse en agilizar los trámites migratorios, una necesidad que ha reconocido la misma Dirección de Migración y Extranjería de Costa Rica.

¿SÓLO EN CAMPAÑA ELECTORAL?

El concierto de octubre fue un gran paso, sobre todo porque dejó al descubierto la distancia que separa a la clase política de quienes dejaron Nicaragua con el hambre a cuestas. Cercanos ya los comicios, el candidato Eduardo Montealegre puso buses para que vecinos y vecinas de la comunidad de La Carpio fuesen a votar y, efectivamente, hubo un cierto movimiento. El resto de los partidos no ofreció servicio gratuito. Pero más que reducir la política a la logística electoral, lo que esta elección demanda es interrogarse por el tipo de cultura política que va conformándose entre la comunidad nica-tica en Costa Rica.

Si, como apuntó Norbert Lechner, “la lucha política es siempre también una lucha por definir lo que es la política”, esta campaña avanzó muy tímidamente en ampliar la política. Lo político -como los derechos de las personas inmigrantes, por ejemplo- tuvo un lugar muy difuso en la política nicaragüense. “Los pobres existimos solo cuando ellos están en campaña electoral”, escribió en 1999, en su autobiografía, Leoncia Téllez, una inmigrante, justo ante de la elección en que resultó electo Enrique Bolaños.

EL TERCER ESPACIO:
NI DE AQUÍ NI DE ALLÁ

La migración no puede asumirse exclusivamente como un asunto económico, asociado a transformaciones productivas regionales e internacionales. Las migraciones pasan por la cultura. A lo mejor por eso el concierto halagó y alegró, pero al mismo tiempo no dejó de resultar extraño. Y es que esos que viajaron con el hambre a cuestas y ahora viven en Costa Rica, “no son de aquí ni son de allá”, como dice esa otra canción de Alberto Cortés. “Quincho Barrilete” les sonaba conocida, pero al mismo tiempo lejana. No era parte del imaginario de una comunidad binacional como La Carpio.

Surge la interrogante de qué tipo de política podría ser posible desde este tercer espacio que es La Carpio y muchas otras comunidades. Autores como Homi Bhabha han señalado que el “tercer espacio” no se refiere a un criterio aritmético, sino a un espacio “intersitial”, donde la diferencia no es ni lo uno ni lo otro, sino “algo más”. El “tercer espacio” plantea preguntas, tanto en términos del tipo de política que la diáspora puede hacer en el país de origen como del tipo de política que pueden hacer en el país de residencia.

Las discusiones sobre el tercer espacio nos previenen sobre todo de no echar mano del esencialismo. Paul Gilroy -uno de los autores más agudos en el análisis del racismo- se pregunta en uno de sus últimos libros “¿Cómo el concepto de identidad provee los medios para hablar de solidaridad política y social?” Esta interrogante es fundamental, pues la discusión del tercer espacio remite en último término a la necesidad de imaginar un lugar desde el cual reclamar derechos.

¿NICAS “POR LOS CUATRO COSTADOS”?

Políticamente, el tercer espacio ofrece la posibilidad de imaginar posiciones de sujeto que no se reduzcan a la asimilación, adaptación o integración a la sociedad a la que se ha llegado, como si ésta no se estuviera haciendo continuamente, pese a las continuidades que también existen. Tampoco se trata de imaginar una suerte de absolutismo étnico que reivindica los orígenes como algo inmutable, como si las personas que dejan sus países no cambiaran a lo largo del tiempo y el espacio, aunque también guarden recuerdos de sus orígenes.

La alternativa a la xenofobia no es el esencialismo, sea nacionalista o étnico. Quienes nacieron en Nicaragua, pero han crecido en Costa Rica no “son nicas por los cuadro costados”. Sus vidas han cambiado, han recuperado lo vivido e integrado nuevos referentes. No son mera repetición de sus orígenes ni mera innovación. Son lo uno y lo otro. La reivindicación de la nicaraguanidad exige, además, no perder de vista que ésta es una construcción cultural, histórica y socialmente elaborada.

Retórica aparte, ser nica -o tico o inglés o francés- por los “cuatro costados” puede ser un concepto más que resbaladizo. Se requiere profundizar los contenidos y las formas en que se ha elaborado la “nicaraguanidad”, pues quienes solicitaron votos a los inmigrantes son los mismos que han sido incapaces de elaborar un proyecto de sociedad.

LA CARPIO:
UNA DE “LAS TRES COSTA RICAS”

El tercer espacio también le plantea interrogantes a la sociedad costarricense. Aunque haya resistencia para reconocerlo, de las 20 mil personas que aproximadamente habitan en La Carpio, la mitad es costarricense. Esto significa que la pobreza no vino con la migración. La Carpio es, posiblemente, un ejemplo por excelencia de una de “las tres Costa Ricas, sugerente y provocadora idea lanzada por el arzobispo de San José, Hugo Barrantes.

Está la Costa Rica opulenta ligada sobre todo al capital financiero y a la producción exportable, la Costa Rica de las clases medias -a lo mejor menos extendida que antes-, pero ahora con más aspiraciones, y la Costa Rica empobrecida que nos negamos a reconocer como parte de nuestra sociedad y que se manifiesta y vive en La Carpio.

Después de 21 años del arzobispado de Román Arrieta, durante los cuales la jerarquía de la iglesia católica pesó poco en el país, Barrantes ha acuñado tal vez la frase que mejor describe a la Costa Rica de hoy. Sus críticas y dudas en referencia al TLC han sido indispensables para que la oposición no se reduzca solo a intelectuales y a universitarios.

“OBRAS SON AMORES…”

Conforme se aproximaba diciembre, nuevas consignas llegaban a La Carpio. El 3 de diciembre es la elección de alcalde. El actual alcalde del cantón de San José al que pertenece La Carpio, Johnny Araya, es candidato por el Partido Liberación Nacional, el mismo del presidente Arias. Sobrino del ex-Presidente Luis Alberto Monge y miembro de una familia ligada por años a la política, Araya tiene por consigna “Obras son amores”.

Como dictan los manuales del clientelismo político, muchos rótulos con esa frase pueblan La Carpio. Modestísimas mejoras en la comunidad se intentan ahora canjear por votos. Le preguntaba a una líder comunal de La Carpio cuáles eran las obras del alcalde en la comunidad y me decía que ninguna. “Por lo menos no nos ha molestado”, añadía resignada.

OSCAR ARIAS EN SU LABERINTO

Mientras avanza la campaña de aquí el triunfo allá de Daniel Ortega no deja de sorprender. Tanto Oscar Arias como el mismo periódico “La Nación” han dicho que el regreso de Ortega a la Presidencia traerá realidades muy distintas a las de hace 20 años. Y un editorialista de “La Nación” exhortaba al gobierno de Estados Unidos a reconsiderar su actitud hostil hacia Ortega.

El beneplácito se basa, sobre todo, en las declaraciones del nuevo Presidente, quien no ha mostrado mayores intenciones de modificar la política económica que se ha aplicado en Nicaragua. Tampoco ha expresado reservas hacia el TLC con Estados Unidos que han firmado los gobiernos centroamericanos y que en Costa Rica aún está en discusión en una comisión de la Asamblea Legislativa.

Tanto “La Nación” como Oscar Arias han realizado múltiples esfuerzos por legitimar el Tratado ante un importante sector de la sociedad costarricense, que mantiene reservas y ha desarrollado importantes movilizaciones. Mientras sigue la polémica, Arias no logra descifrar por qué, sobre todo las nuevas generaciones, tienen una opinión tan adversa contra él. Durante la campaña, le impidieron el acceso al canal de televisión de la Universidad de Costa Rica y el correo electrónico fue cómplice de la juventud, que difundía una de sus fotografías de campaña comparándola con la del señor Burns, el patrón de Homero en la popular serie Los Simpson.

¿VENDRÁ DANIEL ORTEGA
A LA CARPIO?

Para los nicaragüenses residentes en Costa Rica era difícil imaginarse que Daniel Ortega hubiera ganado. “Me parece que es mentira”, me decía una sandinista que veía con simpatía al “Feo” pero que, de haber votado en Nicaragua, su lealtad a Ortega le hubiera traicionado, pese a los errores que ella reconoce que Ortega cometió. Haciendo un balance, me decía que lo mejor de las elecciones nicas fue que las diferencias políticas no impidieron el respeto entre quienes apoyaban a distintos candidatos. Se alegraba de que las elecciones no hubieran servido de pretexto para la violencia.

“Ahora Daniel tiene que escuchar al pueblo”, me decía. Hay que añadir que tiene que escuchar al pueblo que ha tenido que emigrar. De todos los candidatos, sólo Daniel Ortega no visitó Costa Rica. Es de esperar que, ahora como Presidente, esté muchas veces en La Carpio y en muchas otras comunidades.

Justo antes de la elección, y con votos sandinistas, se penalizó el aborto terapéutico en Nicaragua. Ojalá que con esos mismos votos se trabaje para que las mujeres nicaragüenses no se vean obligadas a cruzar caminando la frontera,
a veces embarazadas o pocos días después de haber dado a luz. Ellas vienen a Costa Rica a cuidar niños y niñas costarricenses mientras no siempre saben cómo están sus propios hijos en Nicaragua. Las migraciones serán sin duda una arena en donde el rosado de la reconciliación de Daniel Ortega tendrá uno de sus más agudos exámenes.

CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE COSTA RICA (UCR). COLABORADOR DE ENVÍO.

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