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  Número 296 | Noviembre 2006
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Nicaragua

Tras los votos de confianza, un tenso nerviosismo

Tras los primeros encuentros de Daniel Ortega con la élite empresarial, en busca de legitimación, y de las declaraciones de la élite empresarial ante el nada deseado triunfo de Daniel Ortega, se esconde un gran nerviosismo. Las señales económicas y financieras de los primeros momentos anuncian problemas y contradicciones importantes.

Equipo Nitlápan-Envío

Días después del triunfo electo-ral de Daniel Ortega, Carlos Pellas, el más poderoso empresario de Nicaragua, aparecía en un canal de televisión en reiterados spots invitando a la confianza en el nuevo gobierno. En el centro de la élite empresarial, Pellas y todos sus colegas habían expresado su satisfacción por las promesas hechas por Ortega de renovar el acuerdo con el FMI, de respetar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y de garantizar las reglas del libre mercado.

ACOMODOS, CAMBIOS
Y RESPIROS DE ALIVIO

Tan sólo días antes, Pellas respaldaba públicamente al candidato de la derecha liberal modernizada, Eduardo Montealegre y recordaba el riesgo que para la economía del país representaba una victoria de Ortega. El cambio de discurso de Pellas y el de prácticamente todos sus colegas, nacionales y extranjeros, refleja el deseo de la élite empresarial de acomodarse, lo más pronto posible y de la mejor manera posible, a las nuevas circunstancias políticas. Ortega correspondió: sus primeras reuniones de mandatario recién electo no fueron con ninguno de los sectores populares que le dieron su voto, sino con los empresarios del COSEP, los inversio¬nistas extranjeros, la Cámara de Comercio y los dueños de las maquilas. Necesita legitimarse ante estos poderes nacionales e internacionales como un eficiente administrador de la economía del país.

En los primeros veinte días después de las elecciones, los medios de comunicación de Nicaragua dieron cuenta de esta inicial “luna de miel” entre el nuevo gobierno del FSLN y la élite empresarial. Y analistas políticos y económicos reiteraron, en coro unánime, y aliviados, su satisfacción por la estabilidad financiera de la que gozaba el país, a pesar de la victoria de Ortega, que apenas el día antes consideraban sería traumática. Interpretaron esa estabilidad como muestra del mayor grado de madurez de nuestra incipiente democracia.

RESERVAS Y FUGAS: OK

La solidez de las reservas internacionales del Banco Central y la relativa estabilidad de los depósitos bancarios fueron los indicadores más citados para argumentar que la transición económica del gobierno de Bolaños al gobierno de diferente signo de Ortega era un completo éxito.

Ciertamente, el Banco Central de Nicaragua cuenta con niveles récord de reservas internacionales netas, las cuales exceden por lo menos en dos veces la base monetaria del país, un índice de que la estabilidad cambiaria del córdoba está garantizada: las reservas podrían enfrentar una eventual avalancha de cambios de córdobas en dólares. Asimismo, se estimó que sólo el 5% del total de los depósitos de ahorro de la banca nacional fue afectado por el fenómeno de fuga de capitales que se viene generando en Nicaragua antes de cada elección presidencial por temor al regreso de Ortega al gobierno. Antes de las elecciones de 2001, cuando Enrique Bolaños ganó, un 10% del total de depósitos bancarios se fugó del país.

HAY MÁSCARAS
DETRÁS DE LAS PALABRAS

A pesar de las cifras tranquilizadoras, hay máscaras en el discurso público de la élite empresarial. Y detrás de sus “votos de confianza” a Ortega se oculta un gran nerviosismo ante el rumbo económico del país a partir del cambio de gobierno. El barco nicaragüense es frágil y depende demasiado de vientos internacionales que no controlan en Managua.

Un ejemplo: el sector privado tendrá dificultades para obtener recursos de largo plazo y a bajos intereses de la banca internacional a raíz del triunfo de Ortega. Antes del 5 de noviembre, los bancos internacionales estaban pres¬tando recursos financieros a plazos de hasta 10 años a empresas nacionales. A partir del resultado electoral, ya comenzaron a adoptar una actitud cautelosa, reduciendo sus préstamos y endureciendo las condiciones de pago.

Asimismo, analistas financieros privados informaron que durante las últimas semanas previas a los comicios, y ante la inminencia de un triunfo de Ortega, se acentuó la fuga de capitales y una importante cantidad de depósitos a plazo fueron transferidos a cuentas corrientes o a cuentas de ahorro, obligando a las instituciones financieras a ser más cautelosas con su liquidez, a prestar a menor plazo y a subir tanto las tasas de interés activas como las pasivas.

Se estima que la fuga de capital acumulada hasta el 17 de noviembre era de unos 80-100 millones de dólares, cifra muy similar a la de 2001, aunque aquel año tuvo un impacto menor en la estabilidad del sistema financiero, porque en estos cinco años se ha expandido la captación de depósitos bancarios.

La diferencia más notable en el comportamiento de los capitales nacionales durante este período electoral, con respecto a lo observado durante 2001, es que no hay señales de que los capitales que se fugaron hacia el exterior vayan a regresar.

Después de la elección de Bolaños en noviembre de 2001, el retorno de capitales fue acelerado y la banca comercial inició un período de expansión y bonanza. Nada similar a esto se avizora en el horizonte actual. La mayoría de los capitales que migraron pertenecen a personas que vivieron la experiencia revolucionaria de los años 80 y no quieren volver a arriesgarse. Además de los capitales que salieron antes de las elecciones, desde el 5 de noviembre ha continuado saliendo al exterior un “chorrito” de capitales, lo que ha llevado a todos los bancos comerciales del país a permane¬cer monitoreando día a día su liquidez.

Tan delicada situación financiera en la banca comercial fue el factor que más influyó para que Eduardo Montealegre, el candidato de la ALN -ex-banquero y con vinculaciones con el sector bancario- reconociera rápidamente la victoria de Daniel Ortega, visitándolo incluso en su propia casa.

¿SE RENEGOCIARÁ
LA DEUDA INTERNA?

Al día siguiente de recibir a Monte¬alegre, Ortega se reunió con la Asociación de Bancos, asegurándoles que su gobierno honraría el pago de la deuda del Estado con la banca comercial. Que continuaría pagando la deuda interna.

Ortega no definió la posición de su gobierno sobre la investigación promovida por el PLC sobre la legalidad y supuestos actos de corrupción en la emisión de los bonos conocidos como Certificados Negociables de Inversión (CENI).

Los CENIS fueron emitidos por el Banco Central para cubrir las pérdidas provocadas por las quiebras bancarias del año 2000 y fueron adquiridos por la banca comercial, que obtuvo con esto grandes beneficios. La investigación sobre los CENIS fue utilizada por el PLC durante la campaña electoral para desprestigiar a Montealegre -ministro de Alemán y de Bola¬ños cuando ocurrieron las quiebras, la venta de los activos de los bancos y la renegociación de estos bonos, y está vinculado al Bancentro, uno de los bancos más beneficiados con los CENIS-, presentándolo ante los electores como ladrón y corrupto.

Los resultados finales de la investigación sobre los CENIS podrían dar pie a una nueva renegociación del pago de estos bonos, lo que ha sido una demanda de organizaciones de la sociedad civil desde hace años. Esto afectaría negativamente la estabilidad financiera de la banca comercial, particularmente la de los bancos que tienen en su poder la mayor parte de los CENIS.

¿CÓMO SE NEGOCIARÁ
CON EL FMI?

El pago de la deuda interna ha drenado en estos años gran cantidad de recursos que podrían ser usados para aumentar el gasto social. El FSLN, que entre sus innumerables promesas ha anunciado un gobierno con “cero hambre, cero analfabetismo y cero desempleo”, está obligado a incrementar el gasto social nada más llegar al Ejecutivo. Pero su margen de maniobra es limitado: la lógica financiera del proyecto de Presupuesto del Gobierno para 2007, avalado por el FMI y enviado por el presidente Bolaños para ser aprobado por la Asamblea Nacional antes de terminar este año e iniciar el nuevo gobierno, supone un virtual congelamiento del gasto gubernamental y un incremento significativo del pago del servicio de la deuda interna y de la deuda externa. El pago de ambas significa casi la cuarta parte de todos los recursos de los que dispondrá el gobierno, incluyendo los ingresos fiscales, las donaciones y préstamos externos y la colocación de nuevos títulos de deuda. Una cantidad sustantiva.

El diseño del proyecto de presupuesto pone de manifiesto que la prioridad del FMI es reducir los niveles de endeudamiento público del gobierno de Nicaragua con la banca comercial. Esto entra en abierta contradicción con las promesas electorales del FSLN de aumentar el gasto e inversión social y de infraestructura.

¿Será capaz el gobierno electo de flexibilizar las condiciones del FMI y de lograr una mayor gradualidad en el pago de la deuda interna? ¿O negociará directamente con los banqueros condiciones más favorables para pagarla? ¿O aceptará inmediatamente las condiciones del FMI y firmará un acuerdo con ellos para legitimarse internacionalmente y tranquilizar de esta manera al sector empresarial, con la garantía de que contará con ayuda venezolana para impulsar en paralelo programas sociales, del estilo de las “misiones” de Chávez?

A mediano plazo, el gobierno del FSLN también podría solicitarle al gobierno venezolano que, además del petróleo que ya le prometió venderle en condiciones muy favorables, le financie la compra de la deuda pública interna con la banca comercial. Esto liberaría una cantidad importante de recursos que el gobierno de Ortega podría reorientar hacia el gasto social y la inversión pública y representaría un gran éxito para el nuevo gobierno sandinista. ¿Tendrá Chávez capacidad y voluntad política para hacerle este enorme favor a Ortega?

2007: CRECIMIENTO LENTO

El resultado de las negociaciones con el FMI es también clave para disminuir la incertidumbre, la desconfianza y el nerviosismo que el sector privado, a pesar de sus “votos de confianza” y sus “beneficios de la duda”, tiene ante el nuevo gobierno.

La inversión privada ya se ha reducido y no es previsible que recupere en el corto plazo los niveles que alcanzó en los últimos años. Algunos inversionistas en maquila se fueron del país después de las elecciones para no regresar más. También se apreció un descenso en la construcción. El sector bancario tampoco se recuperará rápidamente de la inestabilidad padecida por el año electoral.

La combinación de estos dos factores con las políticas fiscales y monetarias restrictivas promovidas por el FMI hacen prever que el crecimiento económico del país será mas lento durante el próximo año, alcanzando sólo un 2-3%. Y si, de la ma¬no de los gobiernos de Venezuela y Cuba, no se impulsan los programas sociales prometidos en la salud, la educación, la nutrición, el deporte, seguramente las cosas se complicarán al extenderse el desencanto polí¬tico, mientras se profundizan las frustraciones sociales.

142 CARGOS PÚBLICOS

Los desafíos que Nicaragua -con tantas expectativas sociales pendientes y con tal grado de restricciones económicas- le plantea a Daniel Ortega sólo podrán ser enfrentados con éxito si existe en el nuevo equipo de gobierno del FSLN la decisión política de hacer realmente un buen gobierno. Después de más de 16 años fuera del Ejecutivo es ésta una tarea difícil para cualquier partido. Para el FSLN, que en estos años ha perdido a los profesionales más cualificados que militaron o simpatizaron con su causa, el reto es enorme.

Veinte días después de las elecciones no aparecía aún por ningún ministerio de gobierno ninguna comisión de transición del FSLN, a pesar de que las comisiones de transición del gobierno saliente han estado preparándose desde septiembre para entregar la administración lo más organizadamente posible.

Según un estudio reciente, hay en el gobierno central 142 puestos clave que requieren ser ocupados por funcionarios honestos, competentes y profesionales, que recuperen el sentido del servicio público, perdido en estos últimos años. Ortega dijo en la campaña, y ha repetido después de su triunfo, que todos los cargos del gobierno serán ocupados, con equidad, mitad y mitad, por hombres y mujeres.

¿Tendrá el FSLN tantos cuadros entre sus filas o necesitará buscarlos fuera? ¿Repetirán los cuadros de los años 80 en estos puestos? ¿Premiará con estos cargos el FSLN a sus cuadros políticos o a los cuadros de los diversos grupos con los que hizo alianzas? ¿O, al margen de lealtades partidarias y de alianzas electorales, selec¬cio¬nará para ocupar estos cargos públicos a gente con probados méritos profesionales? La respuesta a esta pregunta es crucial para conocer cuál será el rumbo del país. Y para neutralizar el nerviosismo.

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