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  Número 296 | Noviembre 2006
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Nicaragua

Un cambio dramático y una tragedia cultural

En los días siguientes al triunfo electoral del FSLN, mientras Daniel Ortega repetía ante banqueros e inversores extranjeros que no habría ningún “cambio dramático” en la macroeconomía, proliferaban en declaraciones, comunicados y análisis los “beneficios de la duda” y los “votos de confianza” al nuevo gobernante. La campaña electoral del FSLN, cargada de una continua manipulación del cristianismo y el cambio dramático que representó, en vísperas de los comicios, la penalización del aborto terapéutico, a la vanguardia de esta decisión legislativa el FSLN, mueven a la desconfianza, a la preocupación y a las dudas sin beneficio.

María López Vigil

El 6 de octubre, los obispos católicos de Nicaragua, acompañados de las dirigencias de algunas denominaciones evangélicas, realizaron una marcha contra el aborto por las calles de Managua, con personas de todo el país, organizadas en sus parroquias y templos. En colegios católicos y públicos se alentó a alumnos y alumnas, aun a los pequeños, a asistir a la marcha, considerándola una actvidad escolar, y a cambio de notas. El FSLN y la ALN financiaron transporte en municipios de fuera de Managua. El FSLN solicitó participar en la marcha con una carroza rosada -el color de su campaña electoral-, pero los obispos lo rechazaron argumentando que no querían “colores partidarios”, aunque ya para entonces la marcha estaba teñida del color de cuatro de los cinco partidos en campaña.

Centenares (¿miles?) de personas -nadie supo o quiso dar un número de fiar y los medios usaron siempre el adjetivo “multitudinaria”- llegaron esa mañana hasta la Asamblea Nacional. Llevaban pancartas con fotos de fetos destrozados y mantas con un Jesús en oración llorosa con un feto en la mano. Con sus sotanas blancas de fiesta y sus solideos rojos, los prelados fueron recibidos por la Junta Directiva del Parlamento, en un protocolo que jamás le han dispensado a ningún grupo social. Entregaron a los diputados 290 mil firmas solicitando que la figura del aborto terapéutico fuera eliminada del Código Penal de Nicaragua, en donde está vigente desde hace 110 años. El 26 de octubre, en el trámite legislativo más acelerado de la historia política reciente, se hizo su voluntad. El 17 de noviembre, en una ceremonia a puertas cerradas, varios obispos acompañaron al Presidente Bolaños, que sancionó con su firma la penalización del aborto terapéutico.

UNA IRRESPONSABLE IMPRUDENCIA

El aborto, y específicamente el aborto terapéutico, pasó a ser tema de debate electoral desde agosto, cuando el candidato del MRS, Edmundo Jarquín, dijo a un periodista que lo abordó en plena calle que “naturalmente”, él estaba a favor de la interrupción del embarazo cuando estaba en riesgo la vida de la madre. Expresó también que respetaba el principio constitucional del Estado laico. Inmediatamente, los candidatos de los otros cuatro partidos decidieron sacar rédito político a las declaraciones de Jarquín, quien en los días siguientes, y también por cálculos políticos, afirmó en varias ocasiones que no hablaría más de ese tema que era, para él “caso cerrado”.

La delantera la tomó el FSLN. Y mientras Ortega callaba -nunca se refirió al tema en sus interminables discursos ante públicos cautivos-, Rosario Murillo, su esposa y jefa de campaña, se puso a la vanguardia con un exaltado panegírico católico que circuló por Internet para sorpresa de medio mundo. En los círculos de poder del FSLN se frotaban las manos comentando que si Jarquín “había lanzado la bola, el Frente batearía de jonrón”. Un tema tan delicado, por tan vital, un asunto que pertenece a la conciencia y su libertad, a la práctica médica, a la salud pública, al ámbito de los derechos humanos, cayó en las manos de políticos en campaña. Para el FSLN era una carrera más que anotarse en el score de su política de “reconciliación” con la jerarquía católica.

Para entonces los obispos ya estaban organizando, por orientaciones vaticanas, una marcha contra el aborto. El Vaticano promueve este tipo de actividades en todos los países latinoamericanos, los únicos del planeta aún mayoritariamente católicos y con jerarquías eclesiásticas que son poderes fácticos ante todos los gobiernos, de izquierda, de derecha o de centro. Cuando el tema se electoralizó, ya había llegado a Managua la nueva devoción pro-feto “made in Cleveland” y ya en las parroquias católicas y hasta en supermercados y tiendas se exhibía la consigna “Abortar es matar”.

El catecismo católico enseña que son cuatro las virtudes cardinales, fundamento de todas las demás. La prudencia es una de ellas. Con irresponsable imprudencia, los obispos no renunciaron a la marcha, a pesar del inoportuno momento electoral y del conocido perfil de políticos oportunistas de los diputados que recibirían su solicitud.

UN NUEVO DEBATE SOBRE UN TEMA TABÚ

El tema del aborto “se abrió” de nuevo, sin posibilidades de volver a cerrarlo, cuando en el debate televisado que la CNN organizó en Managua el 12 de septiembre se le preguntó a los candidatos presidenciales -menos a Ortega, que jamás acudió a ningún debate- qué opinaban sobre el aborto. Desde entonces, todos los medios y grupos organizados del país discutieron casi a diario sobre las causas, las consecuencias, las circunstancias, los pros, los contras…Los activos grupos autollamados pro-Vida -entre los que uno puede encontrar hoy a militantes del FSLN, “convertidos” a este nuevo fanatismo- tenían el objetivo de confundir a la población haciendo sinónimo el aborto, cualquier aborto, con el aborto terapéutico para salvar la vida o la salud de la madre, por enfermedades congénitas del feto o por violación, causales que desde hace tiempo se han tenido en cuenta en la práctica médica en Nicaragua. Construyendo una “estadística gráfica-emocional” afirmaban sin base que cada día se asesinan en Nicaragua 100 niños como éste, mostrando en la fotografía a un recién nacido de nueve meses.

Desde el caso de la niña nicaragüense, violada y embarazada en Costa Rica a los nueve años, en Nicaragua no se había hablado tanto sobre el aborto, un tema tabú, del que a veces ni se habla en la propia familia. En 2003, Rosita y su historia -un caso emblemático de aborto terapéutico- desencadenó una importante reflexión. El drama que aquella niña y sus padres encarnaron ante la opinión pública abrió ventanas y hasta alguna puerta para comprender, con compasión e inteligencia, la sana, legítima, respetuosa, y también cristiana, salida que representa el aborto en casos así. En ocasión de la marcha de los obispos, organizaciones de mujeres colocaron en las mismas calles por donde pasaría un afiche que decía: Todas las niñas embarazadas fueron violadas. El aborto terapéutico es su derecho.

ROMPIENDO SILENCIOS

Durante días y semanas se escucharon argumentos médicos, éticos, legales, de derechos humanos, de las mujeres feministas. También argumentos misóginos, envasados en argumentos religiosos, basados no en la compasión y en el amor, sino en dogmas, mandatos y doctrinas monopolizadas desde hace siglos por hombres, los “hombres sagrados”.

Cuando de algo no se habla por temor, por pudor, por dolor, es difícil dar los cauces más adecuados a las primeras palabras que rompen los diques del silencio acumulado. La pasión del debate no aclaró a mucha gente, tal vez hasta confundió a bastantes. Doloroso fue ver a tantas mujeres escuchando sumisamente a sacerdotes que camuflaban su ignorancia con la religión. Como el clérigo con alto cargo en la arquidiócesis de Managua que afirmó en uno de los programas de opinión más vistos de la televisión que si una niña era violada y quedaba embarazada, la respuesta de su cuerpo al hacerse receptivo al esperma masculino era la prueba de que ella ya estaba lista para ser madre y así se manifestaba la voluntad de Dios.

El debate, aunque contradictorio, diseminó mucho conocimiento y exigió tomas de posición. Por esto, puede haber resultado positivo. El tiempo lo irá diciendo. Lo grave fue que cayó en el agujero negro de la campaña electoral, sirviendo a políticos inescrupulosos, aliados con la jerarquía católica para hacerle un gravísimo daño a las mujeres y al país.

SIN ESCUCHAR A LOS MÉDICOS,
SIN ESCUCHAR A LAS MUJERES

La reforma al Código Penal para penalizar el aborto terapéutico fue aprobada el 26 de octubre, tras 24 horas de vigilia ante la Asamblea Nacional de centenares de mujeres que reclamaban ser escuchadas y advertían: Diputado: si no respetas mi vida, yo no obedezco tu ley.

Fue aprobada tras tres semanas de mensajes de acción urgente llegados de todo el mundo, pidiendo a los parlamentarios nicaragüenses que reflexionaran y detuvieran la reforma. Los países de la Unión Europea que cooperan con Nicaragua, la OMS, la OPS, el FNUAP, el PNUD, UNICEF y organismos de derechos humanos y de mujeres de todo el mundo expresaron su preocupación.

El 20 de octubre se pronunciaron 19 asociaciones y sociedades médicas de Nicaragua, a la cabeza la Sociedad de Ginecología y Obstetricia (SONIGOB), que cuenta con más de 300 miembros. Médicos y médicas recordaban a los políticos que está demostrado internacionalmente que con la penalización del aborto terapéutico el riesgo de morir de las mujeres con enfermedades previas y/o agravadas por el embarazo se incrementará en un 30%, la mortalidad materna se incrementará hasta un 65% y la mortalidad en niñas y niños menores de 5 años, huérfanos de madres que mueren por el embarazo, se multiplicará en un 50%.

Ni en esta ocasión, ni antes -a pesar de solicitarlo- la SONIGOB fue recibida en la Asamblea Nacional para escuchar sus criterios. El Ministerio de Salud -que tampoco fue escuchado- respaldó a las sociedades médicas. Dio a conocer que en sus registros se contabilizan 144 muertes anuales de mujeres relacionadas con el embarazo, que cada año se atienden 400 embarazos ectópicos -uno de los casos en que es más clara la urgencia de un aborto terapéutico- y que en 2005 los médicos del sistema público de salud atendieron 1,800 casos de aborto.

Rechazando cualquier voz calificada, tras discursos exhaltados contra diplomáticos y contra las feministas, y con los votos de 59 diputados sandinistas y liberales de los 90 que integran la Asamblea Nacional quedó aprobada la reforma. Nadie votó en contra, sólo hubo ausencias. 26 de los 59 parlamentarios que votaron a favor fueron diputados del FSLN, 10 de ellos mujeres. Todas y todos obedecieron órdenes directas de Rosario Murillo de votar a favor de la penalización. Los parlamentarios hicieron una “concesión”: mantuvieron las mismas penas que existían contra cualquier mujer y médico que practicaran un aborto en el viejo Código -4-8 años de prisión-, rechazando los 30 años que había pedido el Presidente Enrique Bolaños en el trámite de urgencia con el que respaldó a la jerarquía católica. Ésta solicitaba 20 años de cárcel.¬

¿UNA “BUENA NOTICIA”?

El 3 de noviembre el Presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, el obispo Juan Abelardo Mata -miembro del comité que defiende la inocencia de Arnoldo Alemán- emitió un pronunciamiento en el que expresaba cumplir con la obligación de agradecer a Nuestro Creador y a la Santísima Virgen María por la buena noticia que ha prodigado al pueblo nicaragüense al iluminar a sus máximas autoridades para terminar con el aborto terapéutico, pretexto legal para la práctica del aborto libre.

Afirmaba que los diputados, animados por el bien común dieron una inefable muestra de patriotismo y amor ciudadano por los seres humanos más indefensos que se encuentran en el vientre materno, protegiendo además a sus madres de los daños físicos, psicológicos y morales que produce el aborto intencional. Y añadía: Exaltamos la actitud de la Asamblea Legislativa que con valentía defendieron la Soberanía Constitucional de Nicaragua contra las presiones de Países y Organismos Nacionales e Internacionales, que en una actitud prepotente quisieron imponer la continuación del status jurídico del aborto terapéutico.

El 98% de los países del mundo han legalizado el aborto terapéutico para salvar la vida de las mujeres, más del 60% lo aceptan cuando se trata de preservar su salud física o mental de las mujeres. Con la creciente conciencia que la humanidad va adquiriendo sobre la gravedad del abuso sexual, cada vez son más los países que lo aceptan en el caso de violación o incesto. Cómo y por quiénes son recibidos en este mundo. Durante la marcha, el obispo de Juigalpa, René Sándigo, dijo sin inmutarse que “es una bendición de Dios que Nicaragua sea un país diferente y esté en el camino de la vida, porque todos los países del mundo caminan hacia la muerte”.

¿QUÉ DESARROLLO PUEDE HABER?

Durante la prolongada campaña electoral, todos los candidatos hablaron a diario de la urgencia de erradicar la pobreza y de su compromiso de “sacar adelante” a Nicaragua, de desarrollarla. Pero un país no sólo se desarrolla con inverso¬res extranjeros que llegan a ofrecer empleos ni con carreteras y caminos ni con energía barata. Se desarrolla con su gente.

Cómo nacen y por qué nacen los niños y las niñas de un país también es un indicador trascendental para medir el desarrollo. Está en los cimientos de una sociedad ese indicador. Está también en la memoria profunda de cada persona el por qué y cómo vino a este mundo. Tal vez por eso, por estar oculto y en los orígenes de cada historia de vida, es un dato que no se tiene suficientemente en cuenta.

¿Qué desarrollo se puede esperar en un país en donde una tercera parte de los niños y las niñas nacen de niñas, de adolescentes? ¿En donde tantos y tantas son engendrados como fruto de brutal violencia: violaciones sexuales en el matrimonio -las más silenciadas- o fuera de él -rodeadas de silencio o de impunidad- o peor: de esa terrible plaga del incesto, que cuando concluye en embarazo producirá criaturas con problemas genéticos, un tema aún no investigado en nuestro país? ¿Qué desarrollo puede existir en un país cuando para tantas mujeres desnutridas y pobres parir significa arriesgar la vida o morir?

Siendo un tema que prioritariamente es de salud pública y de derechos humanos, y por tanto del desarrollo humano, un tema en el que la primera y la última palabra corresponde a las mujeres y a los médicos, el debate sobre el aborto terapéutico fue colocado por los políticos con poder y por las autoridades religiosas en el terreno de las creencias basadas en dogmas, en el de las emociones manipuladas y en el de los cálculos electorales. Una verdadera tragedia cultural.

La penalización del aborto terapéutico, en base a criterios eclesiásticos no cristianos, decisión parlamentaria a la que contribuyó el voto de 26 diputados del FSLN, violó el principio constitucional del Estado laico -que nadie parece estar dispuesto a respetar en Nicaragua- y fue uno de los últimos capítulos, tal vez el más grave por sus consecuencias para la vida de mujeres y de niñas, de la campaña electoral católico-providencialista de Daniel Ortega y de su esposa.

HACIA “LA REVOLUCIÓN ESPIRITUAL”

Un sondeo hecho por el FSLN antes de diseñar y poner en marcha su campaña electoral, plasmado en un documento sin fecha ni firma, publicado por el semanario “Confidencial” en septiembre, expresaba: Es sorprendente. En la misma proporción en que hay desconfianza, descrédito y desesperanza en la clase política, hay confianza y esperanza en la intervención divina en la solución de los problemas. Ante la pregunta de quién podría resolver los problemas que aquejan a la población fue reiterada la mirada hacia arriba y la respuesta: Dios. Por eso -proponía el documento- Daniel Ortega deberá significar una puerta que se abre a la esperanza, una luz al final del túnel, alguien en quien confiar. Es decir…un dios.

A partir de ahí, la campaña, además de costosa e imperial, se dedicó a reforzar una religiosidad superficial y mendaz, promoviendo una visión no conflictiva de la política basada en una visión no conflictiva del cristianismo. Traicionando así a un país inequitativo por su montaña de injusticias y de conflictos no resueltos. Y traicionando a Jesús de Nazaret, que desafió a los poderosos, fustigó a los ricos, estableció el dilema crucial de “o Dios o el dinero” y nos retó a que amáramos a los enemigos, pero nunca dijo que no los tuviéramos. Él los tuvo, los llamó por su nombre, los provocó con su palabra apasionada por la justicia y al final fue asesinado por ellos.

Día tras día, Dios, la voluntad de Dios, las menciones al papa Juan Pablo II y el amor fueron tema central en la campaña diseñada por Murillo, que llegó a anunciar que eso que llamó la Gran Alianza Unida Nicaragua Triunfa organizada en torno a Ortega sabrá gobernar con luz de eternidad.

En el centro de América el Frente Sandinista inicia hoy una revolución espiritual, dijo exaltado Daniel Ortega en su primer discurso tras la confirmación de su victoria electoral, ante una masa enfervorizada. En ese mismo discurso inaugural, agradeció a Dios la fortaleza de espíritu que le había dado durante toda la campaña y durante tantos años aspirando al gobierno, afirmó que Nicaragua estaba ese día llena de Dios-plenitud debida a su victoria-,dio gracias en primer lugar por su triunfo al Cardenal Obando, al que calificó como cardenal de la paz y la reconciliación, elogió a la Conferencia Episcopal de Nicaragua, habló de la opción preferencial por los pobres, consigna que aparece en todas y cada una de las páginas del voluminoso programa de gobierno que distribuyó profusamente, clamó entusiasmado por la llegada del Reino de Dios a la tierra, pidió a sus votan¬tes orar por los medios de comunicación que lo calumnian para que cambien y les recomendó tener como modelo en la etapa que se abre la paciencia de San Francisco de Asís.

LA VOLUNTAD DE DIOS

En los últimos actos de la campaña -que Murillo llamaba “peregrinación”-, el estribillo de Daniel Ortega en todas las concentraciones políticas, y hasta en su encuentro con los empresarios de la Cámara de Comercio en vísperas de ir a las urnas, fue éste: Les pido por amor de Dios que me den una oportunidad para gobernar en paz. Al más puro estilo mesiánico, sin llamar a la organización ni a la participación ni a la construcción de ciudadanía ni mucho menos convocando al debate o a la crítica, Ortega sólo pedía la oportunidad: si me la dan -insistía- los vamos a sacar de la pobreza. A la par de él, Rosario Murillo reiteraba quela voluntad de Dios para Nicaragua era el amor, el amor que se iba a expresar en un gobierno de Ortega.

Burda manipulación de los sentimientos religiosos -ex-pre¬sada de forma irresponsable en la maniobra electorera que el FSLN dirigió para obsequiar a la jerarquía católica con la penalización del aborto terapéutico. Y lamentables las actitudes de las jerarquías católica y evangélica aceptando esta manipulación.

SOBRE UN PROVIDENCIALISMO ARRAIGADO,
MÁS Y MÁS ALIENACIÓN

La población nicaragüense, que mayoritariamente vive sumida desde los siglos de la Colonia española en una religiosidad basada en el providencialismo, promotor de la insensibilidad de los ricos ante la miseria de sus prójimos y del fatalismo de los miserables ante sus propias tragedias, esa religiosidad que impide a los ricos ser hermanos y a los pobres organizarse para ser humanos, para vivir una vida humana, ha sufrido desde hace años la avalancha de formas religiosas cada vez más alienantes.

Radios que martillan todo el día con mensajes conformistas de aceptación de la voluntad de Dios. Hombres de Negocios del Evangelio Completo que en sus almuerzos y cenas se dedican a la alquimia de transformar delitos que no pasaron por los tribunales en pecados que Dios perdona, contribuyendo así a la cultura de la impunidad. Cultos estrepitosos en barrios y comarcas que asientan la idea de un Dios sordo que requiere de retahílas de plegarias. Propuestas milagrosas de “pare de sufrir” que des-responsabilizan a un Estado que no atiende la salud de su población más pobre y favorecen el asistencialismo de los programas de crónica roja de la televisión, que solicitan a diario limosnas para los enfermos que no recibieron “milagros”.

Carpas Hosanna a donde llegan predicadores expertos en el literalismo bíblico y en la ignorancia científica, fomentando en ricos y pobres el miedo y la culpa y no la justicia y la responsabilidad social, el pago de diezmos y no el de impuestos. Caudillos espirituales rodeados de privilegios, de pompa y de circunstancia, que adoran el oro del becerro. Margaritas que “cuentan” en la televisión nacional a la gente más pobre las expresiones más grotescas de la piedad, haciendo eco a las que difunde a diario ETWN, el canal de la iglesia católica para América Latina: llagas milagrosas, apariciones de vírgenes, exorcismos de demonios, cadáveres incorruptos, rosarios con lágrimas que contienen fetos, milagros de bolsillo…

Sobre este terreno, abonado por este diluvio de conformismo, miedo y superstición, se montó la campaña del FSLN.

¿QUÉ “MODERNIDAD” ES ÉSTA?

El Presidente Enrique Bolaños -que declaró que encendía candelas a la Virgen rezando por la victoria de Montealegre, de la que estaba seguro porque así se lo pedía él a Dios-, los adversarios políticos de Ortega, los candidatos perdedores -Montealegre, que nombró su fiscal “al de arriba”-, los forjadores de opinión, los tomadores de decisiones y los analistas políticos y económicos, se felicitan y felicitaron a Daniel Ortega por haberse comprometido a continuar con políticas económicas “responsables” que permitirán que Nicaragua avance. Todos ellos han hablado también de los progresos de la democracia en Nicaragua y de la “modernización” que el país va alcanzando.

Pero todo esto coexiste con una religiosidad arcaica que se exhibe sin pudor, con la ignorancia científica en la que se basaron los argumentos de los pro-Vida, con la irresponsabilidad de los funcionarios públicos con la vida de las mujeres, con el dogmatismo de las jerarquías religiosas opuestas al aborto terapéutico y también a la planificación familiar; con su autoritarismo, que impone sus dogmas a toda la población sin escuchar a quienes piensan diferente y a costa del sano desarrollo de la sociedad. A costa de la vida de las mujeres más pobres -que no tienen suficiente conciencia de que quienes gritaban en las calles “abortar es matar” no las respetan y las siguen considerando destinadas a la maternidad aún a costa de que ellas mismas se maten engendrando hijos.

Modernizar el Estado nicaragüense significará tener en cuenta tantas interpretaciones y manipulaciones irresponsables de la doctrina cristiana. Significará redescubrir valores cristianos aplastados por dogmas y ritos vacíos. Significará aclarar, contextualizar, reflexionar, debatir. Significará, quizá, que las mujeres -que tanto hablamos de autoestima y de empoderamiento- nos empoderemos también, con información y con formación teológica para arrebatarle el monopolio de las ideas y las convicciones religiosas a sacerdotes y pastores, a políticos y gobernantes. Modernizar el Estado significará luchar por educar en una conciencia laica para que una sociedad laica y un Estado laico sepan encontrar el lugar de Dios donde lo halló siempre Jesús de Nazaret: en relaciones humanas basadas en la justicia y en la equidad, en el servicio y en la solidaridad.

Modernizar la religiosidad de nuestra sociedad -que será cristianizarla auténticamente- es un tema pendiente. Con esta campaña electoral, con el nuevo gobierno y con la nueva pareja gobernante, esta tarea es más urgente que nunca.

PERIODISTA. JEFA DE REDACCIÓN DE ENVÍO.

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