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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 141 | Septiembre 1993
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Honduras

Frijoles: en el centro del debate político

El libre mercado predicado con unción sacerdotal por el gobierno ha encontrado problemas en el modesto frijol, principal fuente de proteína de los hondureños pobres, que por obra y gracia del ajuste estructural ya son 8 de cada 10.

Mario Posas

El gobierno del presidente Callejas decretó recientemente la devaluación de la moneda local, el lempira, con la creación de un mecanismo denominado Factor de Valoración Aduanera (FVA), valor del lempira frente al dólar, a través del cual el Estado hondureño cobra impuestos a las importaciones.

La ley de ordenamiento estructural de la economía, con la que se dio inicio en marzo/90 al severo programa de ajuste estructural neoliberal, fijó el FVA en 4.10 lempiras por dólar, pero a finales de 1990 se estabilizó en 5.40. En noviembre/92 el FVA subió a 5.70 lempiras por dólar. El 24 de junio, el directorio del Banco Central de Honduras anunció que a partir del 1 de julio el FVA pasaría a 6.20 lempiras por dólar, añadiendo que a partir de agosto, el FVA se fijaría de acuerdo con las fluctuaciones de la moneda local frente al dólar.

Las veleidades del tipo de cambio

El incremento periódico del FVA ha sido una importante fuente de ingresos para el Estado. Según estimaciones de Eduardo Facussé, Presidente de la Cámara de Comercio e Industrias de Tegucigalpa (CCIT), con el último incremento del FVA el Estado hondureño recibirá entre 150 y 200 millones de lempiras en lo que resta del año. El incremento periódico del FVA ha sido también una fuente periódica de inflación para un país donde se importa casi todo: maquinaria equipos, materias primas industriales, medicinas, alimentos y bienes de consumo suntuario, entre otras muchas cosas.

El anuncio del aumento del FVA hizo que el precio del dólar comenzara a subir aceleradamente en relación a la moneda local en las casas de cambio y en el mercado negro. La tendencia alcista del dólar en relación al lempira, fue tal que llevó a algunos observadores de la vida económica nacional a predecir que antes de fin de año se necesitarían hasta 10 lempiras para adquirir un dólar.

El aumento del FVA fue parte de un conjunto de medidas monetarias tomadas por el Directorio del Banco Central de Honduras. Entre ellas, exigir a los importadores un comprobante de compra de divisas a las instituciones legalmente establecidas para así reducir las importaciones y enfrentar el mercado negro. Algunos importadores rechazaron verbalmente esta regulación por considerarla contraria al espíritu de libre mercado que predica el gobierno.

Vuelve un Chicago boy

Aunque el incremento del FVA tenía como propósito aumentar los ingresos del Estado para reducir el déficit fiscal, el gobierno no está dispuesto a lograr esto a costa de una rápida devaluación de la moneda, pues el costo social de esta medida sería muy alto en una coyuntura electoral. El nivel de devaluación de la moneda y su repercusión inmediata en el costo de la vida es tema central en la campaña de los partidos de oposición, que utilizan este parámetro para propagandizar el fracaso del programa de ajuste estructural del gobierno.

Para enfrentar esta incómoda situación, el Presidente Callejas y Oswaldo Ramos Soto, candidato de su partido, se pusieron de acuerdo para hacer volver a la presidencia del Banco Central de Honduras a Ricardo Maduro, uno de los artífices del programa neoliberal y uno de sus más locuaces defensores. Maduro fue presidente del Banco Central de Honduras desde la asunción de Callejas, pero renunció a fines de mayo para poder postularse legalmente como diputado al Congreso Nacional.

Maduro, economista, exportador, joven y próspero hombre de negocios y hábil comunicador social, debía volver al cargo para enfrentar la delicada situación monetaria. El partido de gobierno, que trata de vender la imagen de que sus principales líderes son jóvenes, agresivos, experimentados y triunfadores, también lo necesitaba por esta razón.

El Directorio del Banco Central, de nuevo bajo el liderazgo de Maduro, hizo públicas medidas de emergencia para controlar la tendencia alcista del dólar. La más importante fue la elevación del encaje bancario del 35 al 42%, medida contraccionista que sacaría de circulación unos 360 millones de lempiras. El Banco redujo también el crédito al gobierno central en 489 millones de lempiras y anunció el cierre de nueve casas de cambio y la imposición a sus propietarios de multas del orden de los 250 mil lempiras por haber violado las regulaciones del Banco Central en cuanto al uso de las divisas. Al final, fueron cinco las casas de cambio cerradas y multadas. Otra medida fue la reducción a la mitad de los plazos legalmente establecidos ? que oscilaban entre 30 y 120 días ? para que los exportadores repatrien las divisas obtenidas por sus ventas en el mercado internacional.

Las medidas de Maduro lograron su objetivo. No sólo consiguieron detener la tendencia alcista del dólar sino que, al menos en el corto plazo, lograron invertirla y estabilizarla. Posteriormente, y a causa de presiones de la banca privada y de los empresarios, el Banco Central tuvo que reducir algo el encaje bancario, lo que permitirá a los bancos privados recuperar el uso de 150 millones de lempiras. Sin embargo, la rebaja fue tan pequeña que su impacto en la disponibilidad de crédito para la producción será poco significativa.

La estabilidad en algún punto entre 6.20 y 6.70 lempiras por dólar es el ideal del gobierno. A esto contribuirán las medidas y el próximo ingreso al país de unos 550 millones de dólares provenientes de exportaciones y de préstamos autorizados recientemente para Honduras por los organismos financieros internacionales.

Un éxito a alto costo

El costo económico y social del logro monetario es desastroso para la economía nacional y así lo señalaron los sectores más duramente afectados por las medidas. Según representantes del sector financiero, las medidas contraccionistas, al reducir el crédito para la inversión productiva, generarán mayor desempleo.

Al principio, el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), organismo de cúpula del sector empresarial hondureño, preocupado por la tendencia alcista del dólar frente a la moneda local, se pronunció a favor de las medidas Pero, a los pocos días, haciéndose eco de las quejas de los banqueros y de los industriales, se pronunció en contra y exigió que fueran suspendidas de inmediato.

Adolfo Facussé, presidente de la Asociación Nacional de Industriales (ANDI), ridiculizó las medidas. "El gobierno, por querer ahuyentar al coyote que amenazaba a las gallinas, le metió fuego al gallinero", declaró. A pesar de esto, las autoridades monetarias reiteran que las medidas solo serán suspendidas cuando la tendencia alcista del dólar haya sido plenamente controlada y el tipo de cambio se haya estabilizado definitivamente. Los observadores ponen en duda un éxito a mediano plazo, pues se trata de enfrentar problemas que se derivan de la aplicación de medidas económicas neoliberales en una sociedad que importa casi todo lo que consume. Hoy, este rasgo importador de la economía hondureña se ha acentuado como nunca. Existe una verdadera lujuria importadora de bienes de consumo suntuario por quienes son beneficiarios del ajuste estructural y del lavado de dólares del narcotráfico.

Frijoles: caros como el dólar

El libre mercado predicado con unción sacerdotal por el gobierno, no sólo le ha creado dolores de cabeza con el tipo de cambio del dólar frente a la moneda local. También le ha creado problemas el modesto frijol, la principal fuente de proteína de los hondureños de bajos ingresos que, por obra y gracia del ajuste estructural, ya son 8 de cada 10.

A inicios de este año, la medida de frijoles ?5 libras? costaba 6 lempiras. Hacia mediados de mayo, el precio del frijol comenzó a subir. Para entonces, una medida costaba entre 13 y 15 lempiras. Al comenzar junio, oscilaba entre 20 y 22, el precio más alto alcanzado por los frijoles en toda la historia del país. La principal causa de este acelerado aumento del precio del frijol era su relativa escasez en el mercado local. La medida de frijoles llegó a cotizarse a 25 lempiras.

Esta desmesurada alza en uno de los principales elementos de la dieta básica del hondureño colocó a los frijoles en el mismo centro del debate político. Antes ya había ocurrido esto. En la pasada campaña, la que llevó a la Presidencia a Callejas, el humilde frijol fue elemento básico del debate electoral y uno de los anuncios de mayor impacto de la campaña presentaba en forma gráfica y contundente la reducción en la cantidad de frijoles que los hondureños podían comprar por el aumento del costo de la vida y la inflación. La historia podía repetirse de nuevo y era necesario tomar rápidas medidas para que el frijol no le echara a perder las cosas al gobierno y al candidato del partido gobernante.

En los primeros días de junio, el gobierno ordenó la importación de 7 mil quintales de frijoles negros de El Salvador. Fue la ocasión para que algunos corruptos del patio realizaran una fechoría que continúa impune. Cuando los frijoles salvadoreños eran trasladados desde la frontera hasta las bodegas hondureñas fueron cambiados por otros frijoles negros viejos, que por lo duros parecían fósiles. Las amas de casa que los compraron dijeron que requerían de 6 ó 7 horas de fuego continuo para ablandarlos. El otro problema fue que a la gran mayoría de los hondureños no les gustan los frijoles negros, porque han comido secularmente frijoles rojos.

Bolsitas "electorales"

El fiasco de los frijoles negros de El Salvador sólo vino a estimular más la ola de descontento de los consumidores, que se quejan cotidianamente del aumento incontrolable de los precios de los productos de consumo básico. El gobierno se vio obligado entonces a importar frijoles rojos de Costa Rica, que fueron vendidos también a precios subsidiados, aunque después de hacer largas colas. Carlos Montoya, uno de los líderes del opositor Partido Liberal, acusó al Presidente Callejas y de estar "cubanizando" a Honduras.

En un intento, calculado pero desesperado, por eliminar a los granos básicos del debate electoral, el Presidente Callejas compareció en cadena nacional de radio y televisión anunciando la venta de bolsitas conteniendo 5 libras de maíz, 4 de frijoles y 3 de arroz por el módico precio de 12.20 lempiras. Los opositores al régimen denunciaron esta medida por contradecirse con la postura neoliberal que ha venido defendiendo Callejas y la explicaron como un simple intento por favorecer la imagen política de su candidato.

La primera remesa de frijoles ticos se agotó en unos días y el gobierno tuvo que importar más. La importación de frijoles rojos de Costa Rica concluye en agosto, cuando se espera que salga la cosecha nacional.

Debate alimentario

La crisis de los frijoles y las medidas empleadas para controlarla generaron un intenso debate sobre la política agraria y alimentaria del gobierno y los participantes coincidieron en calificarla como un fracaso. Se habló de muchas cosas. Del desinterés o de la incapacidad del gobierno para combinar una política de promoción de las exportaciones con una política de seguridad alimentaria.

Del desastroso impacto del ajuste estructural y de la ley de modernización agrícola, en particular sobre la producción de alimentos. De la ineptitud del gobierno para mantener una reserva estratégica de granos básicos que garanticen el alimento mínimo de los hondureños. De la necesidad de establecer precios de garantía y de dotar de crédito subsidiado a los productores de granos básicos. Y se condenó la política de libre comercio preconizada por el gobierno, que ha hecho que buena parte de los frijoles producidos en Honduras se vendan en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, dejando desabastecido el mercado local. El Ministro de Recursos Naturales, negándose a reconocer su fracaso, sostuvo que la escasez de frijoles se había debido básicamente a problemas climatológicos.

El alza del dólar frente a la moneda local y el alza del precio de los frijoles hasta niveles nunca antes vistos y las medidas intervencionistas del Estado para contrarrestar estas alzas, pusieron en cuestión, una vez más, las tesis neoliberales de los Chicago boys hondureños. Los críticos más ponderados dijeron que la drástica intervención del Estado en estas dos cuestiones resulta contradictoria con la dogmática neoliberal que predica la no intervención del Estado en la economía. Los más apasionados afirman que se ha confirmado una vez más el fracaso de un modelo económico que lo único que ha traído es "el encarecimiento del costo de la vida, la reducción de las exportaciones y el empobrecimiento masivo de la población".

Campañas: recta final

En Honduras se vive en una especie de campaña electoral permanente. Las campañas proselitistas arrancan en el mismo momento en que el nuevo Presidente toma posesión de su cargo. A partir de ese instante, se desata la próxima campaña electoral y empiezan a perfilarse los aspirantes a ocupar el cargo que dejará vacante 4 años después el recién ungido.

Desde el punto de vista de la ley electoral estas permanentes campañas proselitistas son ilegales. Según la ley, las campañas electorales deben comenzar tres meses antes de las elecciones internas de los partidos para seleccionar a los candidatos oficiales y posteriormente, seis meses antes de las elecciones generales. Sin embargo, estas regulaciones no se cumplen.

Nadie con poder de decisión política está interesado en que se cumplan, incluyendo al Tribunal Nacional de Elecciones, organismo encargado de velar por la fiel observancia de la ley electoral y de la ley de las organizaciones políticas. Este organismo está altamente politizado e integrado básicamente por representantes de los partidos políticos, quienes reciben directrices de sus cúpulas y pueden ser fácilmente removidos si no las cumplen.

Basándose en la ley, la noche del 27 de mayo el Tribunal convocó a elecciones el 28 de noviembre, para elegir un Presidente de la República, tres Designados a la Presidencia ? o Vicepresidentes ?, 128 diputados propietarios y 128 diputados suplentes al Congreso Nacional, 20 diputados propietarios y 20 diputados suplentes al Parlamento Centroamericano y 291 alcaldes municipales.

Los principales contendientes de noviembre son: Carlos Roberto Reina, candidato del Partido Liberal; Oswaldo Ramos Soto, candidato del gobernante Partido Nacional; Olban Valladares, candidato del Partido de Innovación y Unidad (PINU); y Orlando Iriarte, candidato del Partido Demócrata Cristiano de Honduras (PDCH). Por el alto costo de las campañas políticas y por el bajísimo poder electoral del PINU y del PDCH, la campaña está dominada por Reina y Ramos Soto.

Las campañas electorales se financian en Honduras con recursos públicos ? se reciben 5 lempiras por cada elector en las últimas elecciones ?, con las contribuciones forzosas que deben pagar los aspirantes a puestos de elección popular y con las aportaciones de los empresarios, que reciben a cambio y posteriormente concesiones oficiales. Buena parte de las millonarias sumas que se obtienen por estas vías se invierten en la contratación de especialistas en publicidad y en la confección y el pago de anuncios publicitarios en afiches, prensa, radio y televisión.

Mucho hablar, poco decir

Las campañas del Partido Liberal y del Partido Nacional ? los de mayor arraigo entre los electores ? se están caracterizando por su superficialidad. Ambos candidatos se han trenzado en una pugna personalista salpicada de frases hirientes con las que se pretende descalificar al contendiente. Un ejemplo: Reina trató de ridiculizar a Ramos Soto diciendo que había llegado vestido de mujer a presenciar el célebre eclipse de sol de hace dos años y Ramos Soto se defendió diciendo que había ido con pantalón corto, con bermudas, las que Reina jamás se pondría por temor a enseñar las "cañafístolas". Esta palabra se utiliza en el argot popular para referirse despectivamente a una persona que tiene piernas delgadas y largas.

Ramos Soto ha sido instruido por los publicistas que dirigen su campaña electoral para que enfatice la diferencia de edad que lo separa de Reina. Abogado de profesión y profesor universitario como Reina, está por cumplir 50 años de edad y Reina tiene más de 60. Haciendo alarde de su juventud relativa, Ramos Soto ha dicho que Reina no le aguantaría un partido de fútbol, miembras que Reina afirma que "ese señor habla con desprecio de los mayores porque se cree jovencito, aunque está por cumplir los 50 años, pero como se cree que es chavo se mete a los ríos con todo y ropa y zapatos". Se refiere así a un anuncio televisivo en que Ramos Soto entra completamente vestido y con zapatos a un río para saludar a un grupo de amas de casa que lavan ropa. Tanto Ramos Soto como Reina tienen anuncios de televisión en los que aparecen confundidos con los jóvenes haciéndoles promesas de un futuro mejor.

Todo esto está orientado a captar el voto de los más de 300 mil electores que votarán por primera vez en las próximas elecciones. Se estima que serán ellos quienes decidirán el triunfador, ya que los sondeos de opinión que se han realizado hasta ahora muestran que ambos candidatos presidenciales tienen porcentajes de aceptación muy semejantes entre los electores tradicionales.

Otro elemento que caracteriza la campaña de los dos partidos mayoritarios es el plagio de conocidos temas musicales. Esta práctica ha sido habitual. Lo nuevo este año es plagiar imágenes de novelas de gran audiencia. El Partido Nacional plagia las de la novela brasileña Pantanal.

El carácter agresivo y populachero de su campaña ha permitido al oficialista Ramos Soto minimizar sus vínculos con los núcleos militares y paramilitares que a inicios de los 80 estuvieron asociados a la "guerra sucia" en la que desaparecieron y fueron asesinados tantos líderes populares. En aquellos años, Ramos Soto fue el líder de conocidos núcleos derechistas que hicieron de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras ? de la que fue rector durante 6 años ? su principal centro de operaciones.

Un debate serio sobre los grandes problemas económicos y sociales del país, agravados por el ajuste estructural, ha estado prácticamente ausente de las campañas. Por fuera de ellas, se critican los efectos del ajuste estructural y la ausencia de una propuesta alternativa realista por parte del candidato del Partido Liberal y la posición demagógica que sobre esta materia mantiene el candidato del Partido Nacional. En algunos foros de discusión, Ramos Soto se ha visto obligado a criticar las medidas que toma su partido político como "inhumanas", pero en otros foros se ha mostrado de acuerdo con ellas y hasta ha enfatizado su voluntad de darles continuidad.

La liberalización económica que imponen al país los organismos internacionales se ha convertido en un dolor de cabeza para ambos candidatos presidenciales. Y para esconder sus posiciones esencialmente cómplices, ambos ofrecen "desarrollo con rostro humano" repitiendo una frase que algunos organismos de las Naciones Unidas pusieron de moda hace un tiempo. ¿Qué harán los electores reflexivos ante estas dos opciones electorales? Abstenerse o votar por el mal menor.

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