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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 141 | Septiembre 1993
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América Latina

Qué desarrollo y qué democracia queremos

Párrafos centrales de la Declaración Final del Cuarto Encuentro del Foro de Sâo Paulo, que reunió en La Habana del 21 al 24 de julio a toda la izquierda latinoamericana.

Equipo Envío

"América Latina y el Caribe, insertos en un mundo unipolar conformado por bloques económicos hegemónicos -que redefinen en función de parámetros tecnológicos los términos de intercambios y la división internacional del trabajo-, resisten la aplicación del modelo neoliberal.

En el último año, se evidencia un resquebrajamiento en el proyecto neoliberal, hasta hace poco francamente hegemónico. El relevo de los Presidentes de Brasil, Venezuela y Guatemala manifiesta la fuerza de la movilización social y una voluntad de cambio en el pueblo, tanto en el campo de la lucha contra la corrupción como en el del rechazo a la política económica. Manifestación de este rechazo lo constituye también el resultado del plebiscito en Uruguay, en el que el 72% de los votantes se expresó contra la política de privatización de empresas públicas que el neoliberalismo ha venido imponiendo.

Son más visibles hoy las consecuencias de las políticas neoliberales. Vivimos la apertura indiscriminada de la economía; la confianza ciega en el mercado, por lo demás controlado por oligopolios y transnacionales; la organización de la economía en función de garantizar el pago de la deuda externa y la sujeción a políticas definidas en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco Mundial.

Esta realidad provoca destrucción de ramas industriales, en especial de las nacionales; profundiza desequilibrios entre los diversos sectores de la economía; hace crecer el déficit de las balanzas comerciales y de pagos; incluso - en casos - retrotrae las economías a una nueva fase primaria exportadora. Por otra parte, lleva al abandono de la producción agropecuaria no exportadora, pero mina las posibilidades de autosuficiencia alimentaria y, sobre todo, aumenta la desocupación y prescinde de todo interés por la equidad y la justicia social. Así, aun cuando hay crecimiento en algunos países, no se produce un aumento de los puestos de trabajo, al tiempo que se contribuye al creciente debilitamiento de los Estados nacionales, se disminuye su responsabilidad en la atención a urgentes necesidades sociales, se recorta la soberanía nacional y se incrementa la desigualdad, lo que contribuye al empobrecimiento de la población.

La pobreza es cada vez más difícil de ocultar. Hoy, gobiernos y organismos internacionales la reconocen formalmente. La Tercera Cumbre Iberoamericana tuvo que incorporar esta cuestión de la miseria en su agenda.

La ausencia de democracia económica y social, el narcotráfico, la corrupción, el militarismo, los aparatos represivos y de inteligencia al margen de todo control democrático, el terrorismo de Estado y la impunidad constituyen las más graves amenazas a la construcción de la democracia política en América Latina.

El Foro destacó la importancia de la lucha por la democracia política, entendida como un producto histórico de combate de los pueblos. Afirmó la necesidad de profundizar la democracia, a través de la combinación de mecanismos representativos y formas de democracia participativa y directa, integrando luchas institucionales con luchas sociales. Igualmente, resaltó la necesidad de reconocer e incorporar la pluralidad étnica y cultural y la igualdad de género en el ejercicio de la democracia.

La defensa y profundización de las conquistas democráticas pasa, asimismo, por la lucha en contra de la corrupción, transformada en práctica cotidiana de las élites políticas latinoamericanas, en sus expresiones tradicionales y neoliberales. La corrupción es un problema político y ético que pone en evidencia los intentos de las clases dominantes de "privatizar" cada vez más al Estado, supeditándolo al servicio de sus intereses corporativos y particulares.

La democracia es incompatible con la pervivencia del colonialismo, que sojuzga a diversos pueblos de nuestro continente, y con las restricciones a la soberanía e independencia que impone a nuestros países la dominación económica y política externa.

Es evidente que el presente estado de la economía y la política en el continente conduce a una persistente violación de los derechos humanos de nuestros pueblos; provoca estallidos sociales y acciones desesperadas, así como una amplia movilización popular de rechazo al neoliberalismo. Es necesario que nuestras fuerzas políticas contribuyan a la orientación y organización de las luchas sociales con una perspectiva política de trascendencia histórica.

Para vencer los retos que plantea el cuadro de miseria social, crisis étnica, inestabilidad social y política y autoritarismo, es necesario pasar de la denuncia y de la resistencia a propuestas y acciones alternativas concretas.

Frente a estos desafíos, y en lo que se refiere a procesos electorales en lo que resta de 1993 y en 1994, varias de las fuerzas integrantes del Foro disputarán la presidencia o los gobiernos de sus países, en elecciones nacionales, en Brasil, Colombia, Chile, El Salvador, México, Panamá, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Elecciones limpias y democráticas es una exigencia que el Foro apoya en todos los casos.

Urge, por ello, formular e implementar proyectos de desarrollo que, expresando los intereses y la fuerza organizada de movimientos populares, apunten hacia un crecimiento económico sostenido e independiente, ambientalmente equilibrado, y con distribución equitativa de la riqueza, en un marco de profundización de la democracia en todos los terrenos.

El eje de este proyecto son los cambios económicos, políticos y sociales que permitan a las grandes mayorías acceder al empleo, al consumo, a la propiedad y a los derechos ciudadanos. Este proyecto debe también evitar la degradación ecológica provocada por el afán de lucro desmedido y por la pobreza extrema.

No se puede aceptar la fórmula "primero crecer y después distribuir", sino que hay que definir una estrategia de crecimiento con distribución.

El proyecto que queremos supone combinar la existencia del mercado con una función reguladora del Estado - excepto en las colonias - y la enérgica promoción de los cambios estructurales necesarios para configurar el desarrollo con democracia y con justicia social y, en particular, para garantizar las políticas sociales: educación, salud, vivienda, transporte, etc.

Qué integración queremos

Vivimos un proceso de creciente globalización de la economía: un proyecto de desarrollo no puede desconocerlo. Pero en ese proceso, los Estados Unidos pretenden que América Latina y el Caribe sean un simple apéndice sometido a su economía, articulado alrededor de los intereses del gran capital. Ello nos plantea, una vez más, la esencial necesidad de la integración continental de nuestros pueblos y naciones.

La integración debe ocurrir en primer término en el interior de América Latina y el Caribe, como un proceso político y económico que nos articule como un bloque político y que nos potencie con voluntad de complementar y compensar las diferencias de nuestras economías. Solamente una comunidad latinoamericana y caribeña de naciones, económica y políticamente integrada, tendrá fuerza para reubicarse, con independencia, en un mundo hoy controlado por los grandes bloques económicos y por sus políticas adversas a los intereses de nuestros pueblos.

Independencia, desarrollo, democratización e integración no deben ser procesos separados, ni consecutivos, sino integrados, interactuantes y contemporáneos de nuestro quehacer económico y político.

La integración debe comportar actividades productivas, articulaciones políticas y objetivos sociales visualizados en una perspectiva continental. Por ello, es necesario y viable también fomentar la investigación científica y tecnológica común, compartiendo los recursos humanos y naturales, brindando acceso a los avances de nuestras universidades y centros de investigación.

Este cuarto Encuentro percibe que en las relaciones hemisféricas del actual gobierno norteamericano continúan prevaleciendo las políticas de administraciones anteriores. La presencia militar en Panamá, la ilegal ocupación de la base de Guantánamo, el mantenimiento del bloqueo a Cuba, el intervencionismo, asociado o no a la lucha contra el narcotráfico, así como las presiones políticas y económico -comerciales sobre nuestros países, figuran entre las situaciones que deben cambiar radicalmente si se desea concretar una relación efectivamente nueva entre América Latina y el Caribe, de una parte, y los Estados Unidos, de la otra. Es necesario que esta última nación respete el ejercicio de la autodeterminación de nuestros pueblos y, en consecuencia, la pluralidad de sistemas económico-sociales en nuestro continente.

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