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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 141 | Septiembre 1993
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Nicaragua

Polarización al rojo vivo

Nicaragua demuestra que puede ser tan explosivo y conmocionante el intento de hacer una revolución como el intento contrario: instalar una contrarrevolución.

Equipo Envío

2 de septiembre, Día del Ejército. En su discurso, la Presidenta Chamoro anuncia inesperadamente su "deseo" de pasar a retiro al General Humberto Ortega en 1994. Al término de las celebraciones, se produce un choque verbal público entre el ex-Presidente Daniel Ortega y la Presidenta. "¡Vos no sos la dueña de Nicaragua!", dice Daniel. "¡Soy la Presidenta y a mí nadie me levanta la voz!", responde Violeta. Simultáneamente, chocan también el Mayor General Joaquín Cuadra y el Ministro de la Presidencia, Antonio Lacayo. "¡Te vendiste a los gringos!", dice Cuadra. "!Yo no sabía nada de esto!", responde Lacayo.

Con el anuncio, el choque verbal, el cuestionamiento del anuncio en comunicado del Estado Mayor del EPS, el nuevo cuestionamiento al EPS por parte de la Presidenta, la convocatoria del gobierno nicaragüense a la OEA para analizar la situación - y todos los capítulos que aún le faltan a este conflicto -, la crisis nacional llegó al seno mismo del eje que sostiene el actual modelo político: Ejecutivo-Ejército, o más exactamente, tocó la alianza Antonio Lacayo-Humberto Ortega. ¿Al colapso económico seguirá el colapso político? Al colapsar el pacto económico entre el FSLN y el gobierno, que ha sido tan negativo para las mayorías ¿colapsará también el pacto político, el más notable logro de madurez del gobierno y del FSLN?

El doble secuestro

Sólo ocho días antes, el país había vivido una semana de altísima tensión por causa del doble secuestro en Quilalí y en Managua. Desde el cambio de gobierno en 1990 no había habido en Nicaragua una expresión tan clara y peligrosa de polarización que este doble secuestro.

En El Zúngano, Quilalí, unos 40 mIlitares, diputados y funcionarios gubernamentales estaban secuestrados por las fuerzas recontras de "El Chacal". En la sede de la UNO en Managua, otros tantos dirigentes políticos estaban secuestrados por un comando de ex?militares sandinistas. Hacia Quilalí iban las simpatías ? confesadas o hábilmente disimuladas ? de todos los sectores ultraderechistas. Hacia el reparto Bolonia de Managua iba la admiración ? reconocida o prudentemente silenciada ? de una gran mayoría de los sectores sandinistas. El gobierno, en medio, permanecía desbordado ante una polarizada realidad que ya no controla.

Un país extremadamente polarizado

Los resultados electorales de 1990 polarizaron extremadamente a Nicaragua, un país ya polarizado por once años de revolución y guerra. Tal vez sin el estricto plan económico y la miseria que ha traído, la Nicaragua post?electoral habría saboreado la paz y la reconciliación. Pero de la guerra político?militar se pasó muy pronto a la guerra económica. Y hoy, vuelve a ser problema central el enfrentamiento político?militar.

Desde abril de 1990 ? y salvo breves períodos ?, la polarización no ha dejado de aumentar. La alimenta, desde abajo, un ajuste estructural imparable, que empobrece y excluye a las mayorías, sin ofrecerles ninguna perspectiva de mejorar. Desde arriba, la polarización se nutre de la irresponsabilidad de las cúpulas políticas, que se benefician de ese ajuste y disputan mayores o mejores cuotas en el aparato estatal para administrarlo.

Hace bastantes meses que casi todas las fuerzas nacionales y casi todos los dirigentes ?de cúpula o de base? vienen analizando la situación nacional como la de vísperas de "un estallido social de impredecibles consecuencias". De hecho, el creciente empobrecimiento de las mayorías producía ya estallidos parciales (huelgas violentas, tomas y desalojos de tierras, anarquía y grupos rearmados en las zonas rurales, etc.) Producía también un diario estallido social "en cámara lenta" (delincuencia, narcotráfico, prostitución, violaciones sexuales, suicidios...). Sin embargo, la miseria es tan aguda que permitía prever algo mayor, más sonado, en cualquier momento.

Sucedió. Aunque el estallido de agosto resultó más una expresión de la polarización política que del empobrecimiento económico. Un estallido en forma de doble secuestro que paradójicamente abrió espacios ? potencialmente despolarizadores ? para la reflexión y el entendimiento, al menos entre las cúpulas políticas. ¿Serán así los secuestros renglones torcidos en donde se logra escribir derecho? Pero aunque así fuera, podrían permanecer intactas las preguntas principales: ¿con el actual diálogo despolarizador, se rectificará el rumbo económico, que polariza a unos pocos ricos contra tantos pobres ? ¿Se logrará detener el colapso económico? ¿Se logrará incorporar al diálogo nacional y a las decisiones políticas a los finqueros y a los productores del campo?

Tres iniciativas despolarizadoras

El clima político de Nicaragua viene sobrecalentándose desde hace varios meses. Si en 1991 el gobierno prometió el despegue económico, con el fin de la inflación, la llegada de las inversiones extranjeras y una república de micro? empresarios exitosos, dos años después no existe ya promesa creíble, ni siquiera existen promesas. El modelo neoliberal, diseñado para Nicaragua fuera de Nicaragua, no funciona en Nicaragua, donde un pequeño grupo de privilegiados insiste en vivir con suntuosidad en medio del mar de la miseria. Nunca ha habido más recesión, más desempleo y más parálisis en las actividades económicas. El modelo económico está agotado. El modelo político, que lo ha ejecutado y administrado, también lo está. La crisis EPS?Ejecutivo lo demuestra y lo anuncia.

El gobierno ha insistido en mantener ambos modelos. La ultraderecha, en transformar el modelo político para ser ellos los administradores hegemónicos del modelo económico. El sandinismo insiste en reformar el modelo económico, pero con ambigüedades interesadas, sobre las reformas que habría que hacer al sistema político. Desde el Norte, después de seis meses del cambio de gobierno en Estados Unidos, todo indica que en el tema de Nicaragua es la ultraderecha, heredera de la política Reagan?Bush, la que propone -¿o impone?? la agenda de presiones y chantajes.

Del estallido del buzón de armas, en mayo, al estallido de los secuestros en agosto, el gobierno intentó darse oxígeno con varias iniciativas.

-Para paliar en lo más inmediato la crisis económica, convocó a todos los sectores productivos a un diálogo sobre el ciclo agrícola, que se iniciaba con la llegada de las lluvias.

-Para afrontar el creciente fenómeno de los rearmados, lanzó una campaña, articulada con amenazas militares y ofertas jurídicas. Buscaba que, a cambio de una amplia amnistía, recontras y recompas decidieran por fin su desarme definitivo.

-Para debatir los problemas políticos e institucionales, lo que ahora se llama "modernización del Estado", convocó a un Diálogo Nacional.

Llegaron lluvias, siguen rearmados

Las tres iniciativas se fueron trabando.

La mesa de diálogo sobre el ciclo agrícola alcanzó acuerdos relativamente importantes en mayo, con las promesas de financiar con amplitud la producción de corto y mediano plazo de pequeños, medianos y grandes productores y así aprovechar el buen invierno que anunciaban los meteorólogos. Con el tiempo, la iniciativa quedó, como otras muchas, en retórica: unos papeles firmados, unos cuantos créditos a los grandes empresarios de Occidente y varias reuniones posteriores en las que el gobierno afirmaba estar cumpliendo lo acordado y sus interlocutores lo negaban.

El problema de los rearmados continuó su compleja dinámica y su eventual solución se enredó con la amplia ley de amnistía que el gobierno anunció, la ultraderecha cuestionó, el gobierno pospuso y finalmente los diputados sandinistas y del grupo de centro aprobaron a mediados de agosto. Para entonces, 1,065 rearmados, recontras y recompas, se encontraban ya concentrados en las zonas de seguridad, listos para desarmarse y acogerse a la amnistía. (El total de rearmados calculado por el ejército es de unos 1,400 hombres). También se complicó el problema a raíz de los sucesos de Estelí, protagonizados por recompas. Y enseguida pasó a ocupar un lugar central en ocasión de los secuestros de agosto, donde los protagonistas fueron recontras no dispuestos al desarme y ex?militares rearmados para una operación de comando.

El Diálogo Nacional y las contradictorias agendas que a las primeras rondas llevaron las distintas fuerzas políticas y gremiales permitían sospechar la dificultad de llegar a un entendimiento. Lo más grave de todo fue la imposibilidad de lograr una sola reunión entre el gobierno, la UNO y el FSLN.

La crisis del Diálogo Nacional

Los dirigentes de la UNO fueron inflexibles en su posición: no dialogarían con el FSLN sin antes haber llegado a acuerdos políticos bilaterales con el gobierno (cambios sustanciales en todos los poderes del Estado, incluido el ejército, para reducir o eliminar espacios a los sandinistas; funciones fundamentales de gobierno para el Vicepresidente Godoy, etc.). Por otra parte, exigieron como primer punto de ese diálogo bilateral ?gobierno, la creación de una comisión de verificación internacional de todo lo que se acordara. Pedían que esa comisión fuera integrada por el Cardenal Obando y por representantes de la ONU y la OEA.

El gobierno se negó rotundamente a aceptar verificadores de acuerdos no tomados y más aún, a admitir verificadores internacionales. "Tenemos que entendernos entre nicaragüenses", insistió en varias ocasiones la Presidenta. A cambio, el gobierno ofreció a la UNO aceptar una Comisión observadora del diálogo, integrada por un obispo elegido por la Conferencia Episcopal y por un rector de cualquiera de las universidades del país, electo por ellos mismos. La UNO nunca aceptó esto y mantuvo sus exigencias sobre el procedimiento del diálogo, mientras consistentemente publicitaba su principal reclamo: las "cabezas" del Jefe del Ejército y del Ministro de la Presidencia.

Las mil estériles horas de decenas de sesiones que ocupó el Diálogo Nacional expresaron en frío, en blanco y negro, en la cúpula, la polarización política del país, la que los secuestros de agosto mostrarían a todo color.

Mientras el Diálogo Nacional fracasaba, la crisis económica avanzaba. Porque cada día hay nuevos desempleados. Y porque cada día, los recursos económicos del país ? que los hay ? se orientan a privilegiar a los grandes comerciantes, a la banca privada o a los socios nacionales de empresas transnacionales. Un caso clamoroso en las mismas fechas del colapso económico fueron los 2 millones de dólares en créditos que se le concedieron a la empresa transnacional de teléfonos celulares, representada en Nicaragua por el ex?canciller Enrique Dreyfus. ¿No hay créditos para sembrar maíz y sí lo hay para teléfonos celulares, un innecesario artículo de super?lujo, que es signo de estatus sólo para unas decenas de nicaragüenses?

Posibles golpes de timón

También avanzaba la conciencia generalizada de que Nicaragua se aproximaba a un "golpe de timón" ? como lo suele calificar la ultraderecha ?, por la debilidad del gobierno y por el agotamiento del modelo que ha impulsado.

Se multiplicaron propuestas sobre las más diversas fórmulas para iniciar los cambios: un plebiscito sobre la gestión gubernamental, la renuncia del actual gobierno para sustituirlo por un gobierno de unidad nacional, la convocatoria a elecciones para una Asamblea Constituyente que asuma el poder como gobierno de transición, el adelanto de las elecciones que toca celebrar en noviembre de 1996...

Era lógico que el gobierno de Estados Unidos quisiera participar en este río revuelto, y aprovechando el pretexto del "buzonazo" de mayo, congeló 50 millones de dólares de asistencia económica a Nicaragua hasta que el gobierno Chamorro demuestre a Estados Unidos que sus funcionarios ?civiles o militares ? no están vinculados con el buzón de armas hallado en Managua ni con los documentos de una red de "terrorismo internacional" que supuestamente aparecieron en el arsenal. Era un mecanismo ideal para presionar al gobierno en la misma dirección en que lo hace la ultraderecha y más exactamente, en la dirección de "limpiar de sandinistas" las fuerzas armadas y de seguridad, empezando por el General Humberto Ortega.

Tres iniciativas de emergencia

Presionado por todos lados, y tras los trágicos sucesos de Estelí ?que erosionaron como nunca antes la imagen casi inmaculada de la Presidenta y agudizaron las críticas de la ultraderecha y las bases sandinistas contra el ejército?, el gobierno intentó de nuevo relanzar iniciativas que lo oxigenaran.

La Presidenta Chamorro envió por fin a la Asamblea Nacional el proyecto de ley de amnistía, buscando un "borrón y cuenta nueva" que le evitara el tener que recurrir a medios militares para enfrentar a los rearmados. Según analistas, el actual EPS? disminuido numéricamente y con moral diferente a la de los años de guerra ? tendría serias dificultades para enfrentar ? y más aún para derrotar ? militarmente a los grupos rearmados. La UNO ha criticado ácidamente la amnistía propuesta por el Ejecutivo como promotora de impunidad.

El Ministro Lacayo viajó urgentemente a Estados Unidos, donde se entrevistó con Alexander Watson. Le adelantó parte del "libro blanco" que el gobierno prepara para demostrar a los norteamericanos que Nicaragua no es "centro del terrorismo internacional". A su regreso, Lacayo resumió la posición del máximo funcionario de Estados Unidos para asuntos latinoamericanos ?y no precisamente la ya conocida y dura posición del senador Helms?. Según Watson, si las fuerzas armadas de Nicaragua sabían del buzón y de la red de secuestradores internacionales "son cómplices". Y si no sabían, "son ineficientes". Con este criterio, es de esperar que ningún "libro blanco" logre satisfacer al gobierno de Estados Unidos, que insistirá en irle pasando la cuenta a los más altos jefes del ejército y de la policía nicaragüense, o por cómplices o por incapaces.

El Ministro Lacayo dio por concluido el Diálogo Nacional sobre temas políticos e institucionales, reconociendo tácitamente que no había servido de nada. Y anunció otra fase del Diálogo: un encuentro del gobierno con economistas de todas las tendencias para revisar aspectos del plan económico y así lograr una posición común y nacional ante los organismos financieros internacionales.

No están "preocupados"

Previo a este encuentro, el Ejecutivo celebró el 6 y 7 de agosto una "encerrona" preparatoria. Aunque resultó una reunión hermética, se filtraron rumores sobre una seria discusión acerca de los cambios fundamentales que habría que hacer para responder a la ofensiva de la UNO y de los Estados Unidos y romper el inmovilismo gubernamental. Después, hubo vagas promesas de hacer cambios al modelo económico, que serían discutidos en la reunión con los economistas.

Finalmente, la única iniciativa real fue continuar con la política de hacer sólo cambios en el modelo económico, pero sólo "cambios de imagen", variantes en la forma en que el gobierno "vende" ese modelo a la opinión pública. Una de las imágenes que buscaría reforzar es la de una Nicaragua necesitada de más y más ayuda, cuando el verdadero problema es hacia dónde se está dirigiendo y con qué eficiencia se está manejando la muchísima ayuda que el gobierno ha tenido.

Así, con rearmados que mantienen reclamos socio?económicos y que sólo recibirán una amnistía, duramente cuestionada por la ultraderecha; con un gobierno, ya demócrata, en los Estados Unidos, que presiona al igual que los republicanos con el chantaje económico; y con escasa voluntad política o sensibilidad social ante el desastre nacional, el gobierno estaba ya muy debilitado y contra la pared cuando se produjeron los dos secuestros.

El secuestro de Quilalí

La lógica política indica que el secuestro de Quilalí no fue un acto espontáneo o desesperado de un grupo de rearmados resentidos o desamparados económicamente. Fue una pieza clave y bien calculada en la larga ofensiva que la ultraderecha norteamericana y nacional ha lanzado desde hace mucho contra el gobierno Chamorro.

Siempre, el Frente Norte 3?80, grupo recontra que dirige "El Chacal", ha planteado demandas políticas y no económicas. Y haciendo coro a la ultraderecha (Consejo Político de la UNO, empresarios del COSEP, Radio Corporación y congresistas lidereados por Jesse Helms) han aireado como su máxima demanda desde hace más de dos años la destitución del Ministro Lacayo y del General Ortega, con lo que, desde su perspectiva, estarían dando el golpe más certero al modelo político que ellos califican de co?gobierno Ejecutivo?FSLN. Después, naturalmente, vendrían otros golpes. Es la misma demanda del comando que secuestró a los diplomáticos nicaragüenses en la embajada de San José en marzo pasado.

La voz de "El Chacal"

Desde el primer momento, "El Chacal" exigió la destitución de Lacayo y Ortega como condición "innegociable" para liberar a sus rehenes. Añadió también el nombre del Coronel Lenín Cerna, responsable de la inteligencia militar. La acción de José Angel Talavera ("El Chacal"), que él tituló Una Patria sin ejército buscaba ?dijo? hacer conciencia al mundo "sobre el problema que existe en Nicaragua". Para él, como para la ultraderecha, el principal problema del país no es el económico, sino el político. Y más concretamente, es el militarismo, el co?gobierno, "un gobierno débil rehén de un partido armado". El problema son los sandinistas, que siguen gobernando o que no dejan gobernar.

Tres semanas antes del secuestro, el 30 de julio, el General Humberto Ortega quiso poner punto final al debate sobre la actuación del ejército en Estelí y tuvo un largo discurso en el que hizo valoraciones políticas prácticamente sobre todos los sectores nacionales. El discurso ? de fondo contradictorio y de forma temperamental ? alimentó innecesariamente los argumentos de sus adversarios y sumó a nuevos cuestionadores de su permanencia al frente al ejército. Un editorial del The New York Times y otro de Barricada ?firmado por Carlos Fernando Chamorro? expresaron por primera vez la necesidad de que Ortega pasara a retiro.

La campaña de siempre tenía más fuerza que nunca cuando "El Chacal" vino a prestarle más eco desde las montañas. La nueva voz resultó agigantada por el sensacionalismo noticioso que hace que un secuestro con rehenes amenazados de muerte se convierta en información de primera plana y de varios días en cualquier país del mundo. El secuestro de Quilalí fue planificado, entre otras cosas, para convertirse en micrófono internacional de la idea más central de la ultraderecha. Ese objetivo se consiguió plenamente.

"El Chacal" pidió como únicos mediadores al Cardenal Obando, al economista Francisco Mayorga y al poeta Pablo Antonio Cuadra, por pertenecer ambos al Movimiento Civilista, que propugna no por la destitución de Ortega sino por la eliminación total del ejército nacional. El Cardenal puso inconvenientes a la solicitud, creando con ello una gran incertidumbre.

24 horas después de ocurrido el secuestro de Quilalí, resultaba difícil imaginar cómo podría el gobierno, sin ceder a exigencias políticas tan repetidas y sin arriesgar la vida de los rehenes, desmontar una maquinaria de propaganda tan bien ensamblada.

El secuestro de Managua

Un grupo de ex?militares sandinistas valoraron la complejidad de la situación creada con el inesperado secuestro, midieron la indecisión y debilidad del gobierno para resolverla, sintieron en la acción de "El Chacal" un desafío más que al gobierno al sandinismo, y se conmovieron al ver en peligro a la legendaria dirigente Doris Tijerino, una de los dos diputados sandinistas secuestrados. Eran éstos los sentimientos de la mayoría de las bases sandinistas. Sintiéndose intérpretes de estas bases decidieron actuar.

La lógica política y el testimonio de varios mediadores del conflicto, muestra que la acción de los 7 ex?militares del Comando Dignidad y Soberanía que secuestró a un buen número de miembros del Consejo Político de la UNO en su sede, careció, en su diseño y en su evolución, de orientaciones de la dirigencia del FSLN. Mucho menos, de la del EPS. La audacia del Comando se unió a la inexperiencia de los políticos de la UNO, quienes, a pesar de la tensión ya existente desde lo de Quilalí, se reunieron esa noche casi todos y en el lugar de siempre, donde fueron fácilmente tomados por sorpresa.

Ojo por ojo

Nadie, ni el gobierno ni las cúpulas del FSLN o de la UNO, esperaba esta espectacular y temeraria acción, al más puro estilo del "ojo por ojo". Hay que recordar, sin embargo, que en la más correcta interpretación bíblica, la "ley del talión", el "ojo por ojo y diente por diente" no es sinónimo de barbarie o un aval para la espiral de violencia, sino todo lo contrario.

En un mundo donde todo se resolvía por la fuerza y no por el derecho, esta ley, al imponer un castigo exactamente igual a la ofensa, buscó precisamente poner límite a la venganza y frenar la violencia. El comando que dirigió Donald Mendoza actuó así: se comprometió a liberar si los otros liberaban y a matar si los otros mataban. Otras demandas que el comando fue planteando en los días del secuestro ?especialmente las referidas a reclamos económicos de los militares en retiro y de los ex?contras? quedaron muy diluídas.

La acción armada de Managua fue táctica e improvisada. La de Quilalí fue preparada pieza de una prolongada estrategia. La de Quilalí expresó la voluntad de la cúpula de la UNO. La de Managua la indignación de las bases sandinistas y no de la cúpula del FSLN
La realidad es que el secuestro de Managua polarizó la situación nacional, pero neutralizó el secuestro de Quilalí y abrió una salida ?arriesgadísima, sin duda? en un callejón al que no se le veía luz.

Nada de esto significa una apología de la violencia. Pero violencia, como otras muchas palabras, es abarcadora de realidades contradictorias, de situaciones muy disímiles. Y en estos tiempos neoliberales, hegemonizados por la derecha, la izquierda corre el peligro de terminar siendo rehén del discurso de la derecha, de sus conceptos y de las interpretaciones que hace de las palabras, lo que es también una peligrosa forma de secuestro.

Son muchas las formas que adopta la violencia. ¿No ha sido también el pacto económico entre el FSLN y el gobierno una violencia contra el pueblo y una bomba de tiempo que tarde o temprano iba a explotar rompiendo el pacto político y el mínimo de estabilidad lograda después de la guerra y del cambio electoral? ¿No fue también ese pacto económico una peligrosa forma de secuestro de la discusión política abierta y franca?

¿Germen del diálogo tripartito?

Instalados los dos secuestros, planteadas las demandas de los dos grupos, conocidas las condiciones en que pensaban actuar ambos secuestradores, era necesario establecer las reglas de juego que permitieran solucionar lo más pacífica y rápidamente el conflicto.

En la larga noche del 20 al 21 de agosto, apenas unas horas después del secuestro de Managua, los dirigentes del gobierno y del FSLN y 8 máximos dirigentes de varios partidos de la UNO ?que no fueron secuestrados por no estar a esa hora en la sede de la coalición? se reunieron con la Presidenta Chamorro durante más de 7 horas y firmaron un acuerdo, comprometiéndose en primer lugar a un esfuerzo conjunto para liberar a todos los rehenes.

En segundo lugar, y eso fue lo más significativo ?"decisión histórica", según Antonio Lacayo?, las cúpulas firmaron otro compromiso: "Estamos de acuerdo en que se asuman de inmediato las iniciativas que lleven a lograr un acuerdo nacional. Para este fin nos comprometemos a remover todos los obstáculos que hasta hoy han impedido la normalización institucional, económica y social y la búsqueda del bien común". Muchos vieron en este documento el germen de un auténtico y futuro Diálogo Nacional, iniciativa que ya había engavetado el gobierno. Y en medio de la incertidumbre, empezaron a pensar en aquello de "no hay mal que por bien no venga".

Gobierno, FSLN y UNO, reforzados por los más altos funcionarios de la CIAV?OEA y por las tres instituciones de derechos humanos que funcionan en el país, integraron esa misma noche dos comisiones mediadoras, una que se acercaría a "El Chacal" en su territorio de Quilalí y otra al Comando de Managua, para conocer y flexibilizar sus posiciones.

¿Drama, tragedia o comedia?

Desde el primer momento, los medios de comunicación radiales estuvieron informando a toda hora del día y de la noche, sábado y domingo, sobre las incidencias de ambos secuestros. Los canales de televisión interrumpían cualquier programa en cualquier momento, para ofrecer las últimas imágenes de Quilalí, y sobre todo las de Managua. Aunque todos los sectores condenaron los hechos en declaraciones y comunicados y todo el mundo se esforzó por ser neutral, era evidente en las palabras y hasta en el tono de la voz, hacia dónde iban las simpatías de cada medio, de cada periodista y de cada ciudadano que se expresaba en ellos.

El clima fue tan tenso y dramático como pintoresco. "La situación es seria... pero no es tan seria", declaró acertadamente la Presidenta Chamorro a periodistas extranjeros. "Tragicomedia": así calificó los hechos The New York Times. Para el mundo desarrollado de los países del Norte fue una noticia típica de agosto, el mes de la más rigurosa vacación y de las noticias extravagantes que "refrescan" el ambiente de ocio. "La telenovela más apasionante", coincidían muchos nicaragüenses. Y no por irresponsabilidad, sino porque hacía mucho tiempo que la política nacional había quedado reducida a los diálogos abstractos de las cúpulas o a los pleitos politiqueros en el Parlamento.

En esta crisis, real pero también teatral, todo el mundo tenía la sensación de poder participar. Y no sólo opinando y tomando partido. Cada barrio de Managua estuvo lleno de potenciales "Comandantes 31", listos para actuar si las cosas se complicaban. Y en muchas zonas del campo, potenciales "Chacales" pensaban en emular a Talavera y así lograr tanta "cámara" como él. El teatro del secuestro dio oportunidad para que secuestradores, secuestrados, mediadores y sectores de la opinión pública mordieran o superaran la tentación de buscar protagonismo político.

¿Final feliz?

Fue difícil el trabajo de las comisiones mediadoras en ambos secuestros. Durante más de cuatro días, "El Chacal" demandó la presencia del Cardenal Obando en su campamento. Este retrasó innecesariamente su participación mediadora. De hecho, desde que viajó a Quilalí se aceleró la resolución de la crisis.

En Managua fue decisiva, desde el primero al último momento, la participación de Vilma Núñez de Escorcia y del equipo del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH). Los niveles de improvisación con los que actuaba el Comando que secuestró a los políticos de la UNO, y en particular quien lo dirigía, el ex?Mayor del EPS, Donald Mendoza, provocaron situaciones muy peligrosas. Tal vez la más sonada, pero no la más grave, fue la confusión que originó el acercamiento de un grupo de periodistas al lugar del secuestro, seguido de un breve tiroteo del Comando y de la decisión de colocar como parapetos en los ventanales del edificio a tres de los secuestrados -Alfredo César, Luis Sánchez Sancho y Humberto Castilla?, que fueron obligados antes a quedarse en calzoncillos.

Al día siguiente, el Comando pidió perdón públicamente por este hecho. De inmediato y con gran simpleza, algunos simpatizantes de estos políticos no sólo protestaron por el "incalificable vejamen" sino que los elevaron a la "excelsitud" y al "heroísmo" sólo por el hecho de haber sido desnudados durante unos minutos.

La entrega de rehenes se fue haciendo poco a poco y en los distintos momentos casi simultáneamente: tantos en Quilalí, tantos en Managua. En la noche del 25 de agosto ? a las 8 en Quilalí y a las 11 en Managua ? los dos grupos entregaron a los últimos cinco rehenes que retenían, los cinco de mayor peso político en ambos casos. Y Nicaragua respiró. Porque a pesar de todo fue un final feliz. Ningún rehén resultó siquiera con un rasguño. Sólo fue el susto.

A cambio de la liberación de sus rehenes, a "El Chacal" y a sus hombres se les concedieron 60 días de tregua, en los que permanecerán armados en la comarca El Zúngaro y sus alrededores, territorio que ocupan y en donde tienen muchas simpatías entre los campesinos. El ejército no podrá siquiera acercarse. Nunca quedó claro si "El Chacal" se desarmará después de estos dos meses.

Durante los días del secuestro, "Esteban", del Estado Mayor de "El Chacal", reconoció a medios de prensa nacionales que su grupo tenía contactos permanentes en Miami y en Nicaragua con congresistas norteamericanos y con grupos cubanos ? citando específicamente a los terroristas anticubanos de Alfa 66 -. En las imágenes de TV, la gente de "El Chacal" se vio siempre vestida con uniformes flamantes y armada con fusiles nuevos, contando incluso con carísimos cohetes tierra?aire. Afirmaban recibir de sus jefes 500 córdobas mensuales (80 dólares). The New York Times pidió al gobierno Clinton que investigue las conexiones de "El Chacal", que le permiten recibir apoyo desde Estados Unidos.

Un problema campesino

Después de entregar a todos sus rehenes, el comando de Managua se dirigió, en dos helicópteros y protegido por la comisión mediadora, a las montañas de Estelí, donde están esperando la amnistía los recompas del FROC. Mendoza fue a encontrarse con "Pedrito el Hondureño", a quien llamó "hermano de lucha" y que dirigió el 21 de julio la toma de Estelí. Anunció que después iría a platicar con "El Chacal".

Al abandonar la sede del secuestro, en una de sus últimas declaraciones, señaló que Nicaragua estaba polarizada, pero que el secuestro había demostrado que los dos polos de esta contradicción eran los retirados del EPS y la Policía por un lado y los retirados de la Resistencia por el otro, aún enemistados y todos sin empleo y sin representación en las instancias de decisión política. La ley de amnistía aprobada abarcará a los hombres de "El Chacal" y a los del Comando Dignidad y Soberanía.

Al salir de su cautiverio, varios políticos de la UNO, en particular Virgilio Godoy, Alfredo César y Duilio Baltodano ? actual coordinador de la UNO ? responsabilizaron al FSLN, al EPS y a sus máximos dirigentes por todo lo ocurrido y restaron importancia al acuerdo firmado por el gobierno, el FSLN y un grupo de dirigentes de la UNO durante los sucesos. En esto coincidieron ?con algunos matices? con declaraciones hechas durante los secuestros por el Alcalde de Managua, Arnoldo Alemán, que no estaba en la sede de la UNO al efectuarse el rapto.

A su llegada a Managua ya liberada, Doris Tijerino, la secuestrada más popular entre los rehenes de Quilalí, le dijo a Mendoza: "Te agradezco mucho tu solidaridad, pero este método no era el correcto, no se enmienda un error con otro error". En su discurso improvisado, a las puertas de la Asamblea Nacional, no criticó a la UNO ni al gobierno ni a los Estados Unidos. Habló sabia y autocríticamente del sandinismo:"Dejamos allí en Quilalí a campesinos muertos de hambre, a campesinos que no entendieron nuestro mensaje durante diez años de revolución. Entendimos allí que los sandinistas fallamos en nuestro trabajo político con los campesinos".

La "violencia" de la corrupción

El doble secuestro creó tal clima de tensión y expresó tan condensadamente algunos problemas del país (polarización, ingobernabilidad, agotamiento del modelo político, necesidad de cambios, etc.), que actuó como un catalizador, abriendo las puertas a unas salidas y cerrando el paso a otras.

Cuatro días antes del secuestro, la Asamblea Nacional había hecho público un detallado informe elaborado por una prestigiosa empresa de auditoría que demostraba el mal uso de fondos públicos hecho por Alfredo César durante los dos años en que estuvo al frente del Parlamento. Más de un millón de dólares aparecían sin sustentación contable, parte de ellos dedicados a viáticos innecesarios o abultados, a compra de periodistas, etc. Es uno de los pocos casos de corrupción administrativa que se hace público tan solemnemente y se documenta con tanto detalle. El secuestro ?que ha contribuido a dibujar un halo de heroísmo, o al menos de respetabilidad, sobre los secuestrados, incluido César ?echó tierra sobre este grave hecho de violencia institucional.

El "Comando 31" (Donald Mendoza), en uno de sus discursos a lo largo del secuestro, señaló que la corrupción en el Estado es uno de los problemas centrales de Nicaragua, aunque después no hizo ninguna demanda en este sentido.

La "violencia" económica

Decir que el problema de Nicaragua es fundamentalmente económico es decir algo real, pero tal vez demasiado general. Decir que la gestión plagada de corrupción que el gobierno Chamorro hace del modelo neoliberal ?ya de por sí orientado a la concentración de riqueza en manos de pocos? está llevando a Nicaragua al abismo, es decir algo más exacto. Faltan créditos para la producción: este problema económico lo señalan todos o casi todos. Pero muy pocos se atreven a señalar cómo nunca han faltado créditos para instalar, por ejemplo, media docena de bancos privados que especularon en el comercio internacional y fugaron hacia Estados Unidos y México, sólo en el primer trimestre de 1993, 60 millones de dólares. Las polarizadas cúpulas políticas no parecen tener diferencias tan acentuadas cuando se trata de precisar cuáles son los problemas económicos de fondo.

El doble secuestro también echó tierra sobre la iniciativa del diálogo con los economistas, que podía haber ayudado a hacer estas precisiones. Esta reunión, si se realizaba con seriedad, podía haber servido para hacer rectificaciones importantes al plan económico y para articular una posición más unida y beligerante a la hora de negociar con la dictadura económica que representan hoy los organismos financieros internacionales. Especialmente, para renegociar el pago de la deuda externa, cada vez más agobiante para la débil economía nicaragüense.

La reunión con los economistas fue postergada en varias oportunidades antes de los secuestros y finalmente, desapareció del horizonte. No así la emergencia económica que la motivaba. Las reservas en divisas del país son mínimas y la asistencia económica de Estados Unidos sigue bajo amenaza de suspensión. La brecha financiera sigue siendo de 200 millones de dólares y el gobierno continúa poniendo parches en el desgarrado vestido de su plan económico, respondiendo así a la crisis estructural con medidas coyunturales como fue el alza en agosto de los precios de la gasolina ? lo que profundiza la recesión ? o decretando este mismo mes nuevos y altísimos impuestos (por placas y tenencia de vehículos) para que el fisco recaude algunos pesos más. La recesión hace que casi nadie pueda pagarlos e incluso que vaya creciendo una campaña en favor de la "desobediencia civil" para no cumplir con esos y otros impuestos.

"El gobierno olvidó el show económico porque le salió otro show más interesante", opinó uno de los invitados al abortado encuentro de economistas.

Diálogo de cúpulas

¿Será también un nuevo juego de apariencias e imágenes, un show, el Diálogo Nacional "sin condiciones y sin exclusiones" al que convocó el gobierno al terminar el doble secuestro? "Todos en Nicaragua continuamos secuestrados por el Comandante Pobreza y por el Comando Violencia", afirmó Antonio Lacayo al hacer la convocatoria y presentar la agenda que llevará el gobierno, de ocho puntos, el último de todos la discusión de "la política económica conducente al crecimiento con equidad".

Casi todos los nicaragüenses están de acuerdo en que es necesario un entendimiento nacional para que el país "se componga". Pero "componerse" es para la mayoría "tener empleo" o "titulación de sus tierras" o "salud gratuita" y no una nueva directiva en la Asamblea Nacional o reformas a diez o a quince artículos de la Constitución o cinco o nueve magistrados en la Corte Suprema de Justicia o cambios en el Poder Electoral. Un diálogo entre las cúpulas del gobierno, el FSLN y la UNO, aunque sea histórico por ser por primera vez tripartito, ¿logrará que el país "se componga" como desea la mayoría?

¿Son las reformas institucionales, en las que insisten las tres fuerzas, planteamientos representativos de lo que la gente se plantea a diario en el campo y la ciudad? ¿Es la base productiva de Nicaragua la que asiste a ese Diálogo tripartito o es sobre todo la élite urbana que representa al capital transnacional, al gran comercio o al capital especulativo la que se encuentra en torno a la mesa del diálogo y discute los cambios? ¿No son casi exclusivamente urbanas las cúpulas políticas y fundamentalmente rurales los grandes problemas del país? ¿No será que el problema de Nicaragua no es tanto la institucionalidad política sino la austeridad y la ejemplaridad de los políticos?

Internacionalización de la crisis

A pesar de todas las interrogantes, es positivo que la crisis del doble secuestro haya desembocado en una mayor conciencia sobre la necesidad de un acuerdo nacional. La crisis, sin embargo, tuvo un eco tan fuerte que parece haber escapado ya de las manos nacionales. Los gobiernos de Centroamérica han entrado a participar activamente en ella. Y el gobierno se vio obligado a ceder en este punto.

Después del viaje de la Presidenta Chamorro en visita de pocas horas al Presidente de México ? sin que estuvieran resueltos aún los secuestros ? y de la reunión en San Salvador de los presidentes de Centroamérica, el gobierno de Nicaragua aceptó que los seis cancilleres de los países centroamericanos actúen como verificadores y den seguimiento al proceso que desemboque en un acuerdo nacional entre el gobierno, la UNO y el FSLN. "Se ha formado como una especie de Esquipulitas", señalaron algunos analistas, recordando el papel determinante que jugó Centroamérica a partir de 1987 para modificar el rumbo de la situación nicaragüense. Pero si entonces el objetivo de la derecha centroamericana era "doblegar" al sandinismo, ésta parecería estar ahora más empeñada, al menos en una primera fase, en doblegar el antisandinismo visceral de los más ultraderechistas en la UNO.

¿Y en las fases siguientes? Aunque la inestabilidad de Nicaragua afecta a los países vecinos, los nicaragüenses debemos ser realistamente cautos y no dejar de desconfiar de esta nueva iniciativa de países tan dependientes de Washington.

En cualquier caso, los gobiernos de Centroamérica ? el de Honduras fue el primero en expresarlo ? están crecientemente preocupados por la inestabilidad nicaragüense. El proceso de integración económico regional, con fronteras abiertas y libre circulación entre un país y otro, está seriamente afectado por la imprevisible explosividad de la situación de Nicaragua, colocada geográficamente en mitad del istmo. Los Cancilleres, que integraron a fines de agosto el llamado Grupo de Amigos del Proceso de Diálogo dijeron al llegar a Managua, para presenciar el inicio del Diálogo Nacional, que no venían como jueces ni con ningún procedimiento o plazo fatal. Pero todos expresaron prisa y preocupación. "Ese país es una bomba de tiempo ? declaró el canciller costarricense Niehaus al regresar a San José ? y la mecha de esa bomba es muy corta. Las llamaradas de un próximo estallido incendiarán a toda Centroamérica. Somos los primeros responsables en brindar ayuda a nuestros vecinos".

La crisis Ejecutivo?EPS

La mecha era más corta de lo calculado. Y una semana después de los secuestros, estalló una nueva crisis, más compleja y peligrosa, esta vez institucional y en el seno mismo del eje estabilizador del actual modelo político: Ejecutivo?EPS.

De forma unilateral y sin previo acuerdo con los altos mandos del ejército, la Presidenta Chamorro anunció en su discurso su "deseo" de pasar a retiro en 1994 al General Humberto Ortega. El anuncio lo hizo en el propio acto solemne de celebración del Día del Ejército y ante todo el Estado Mayor del EPS, lo que resultó más significativo y sorprendente para los militares. Al terminar el acto, el General Ortega afirmó en rapidísima rueda de prensa que su pase a retiro depende de los plazos que se establecen en la nueva Ley de Organización Militar que, precisamente, acababa de entregar a la Presidenta para que la enviara al Legislativo, donde debe ser discutida y aprobada. Mientras el General Ortega daba las declaraciones, tenía lugar el choque verbal al que nos referimos al inicio.

El acto de celebración se interrumpió y el Estado Mayor del EPS se reunió de emergencia para emitir un comunicado: en él insiste en que cualquier cambio en la institución armada debe regirse o por la ley hoy en vigor o por la nueva ley que debe aprobarse. También señala que hacer estos cambios debido a presiones internas ? las de la UNO ? o externas ? las de Estados Unidos ? es sentar un peligroso precedente para Nicaragua.

La UNO consideró la declaración del EPS como un "acto de insubordinación" y más aún, como "un golpe de Estado técnico", instando desde ese momento a la Presidenta a que destituyera inmediatamente a Ortega, sin esperar a ningún plazo ni a ninguna ley.

El gobierno se reunió también de emergencia esa misma noche. De la reunión, surgió un llamado de la Cancillería nicaragüense a la OEA para que convocara de urgencia a los países miembros para que analizaran la crisis. A medianoche, la Presidenta habló a la nación reiterando todos los contenidos de su discurso y calificando de "irrespeto" el comentario de Daniel Ortega y de "reclamo inoportuno" el que le hizo el General Ortega."Les he dicho a los periodistas ?dijo Humberto a la Presidenta?, que una cosa son sus deseos y otra lo que establezca la ley". Al día siguiente la OEA en pleno expresó su "apoyo irrestricto" a la Presidenta Chamorro y EPS y Ejecutivo se cruzaron dos nuevos comunicados, manteniendo en esencia sus posiciones.

¿Fue una tormenta en un vaso de agua? Realmente, intercambios de palabras duros y emotivos los ha habido y muchos a lo largo de estos tres años entre los más altos dirigentes del FSLN y los más altos funcionarios del gobierno. Y el lenguaje nicaragüense, cuando es emotivo y espontáneo, tiende a ser "igualado" e irreverente. La Presidenta Chamorro es el mejor ejemplo de esta realidad y, sin dejar de reconocer la inconveniencia del exabrupto de Daniel Ortega, hay que recordar las veces en las que la Presidenta ha "irrespetado" al ex?Presidente en público, siendo así que en todos los países democráticos, los ex?Presidentes tienen un estatus de respetabilidad similar al de los Presidentes.

El problema no fue el choque verbal. Si así fuera, los nicaragüenses habríamos olvidado que vivimos en Nicaragua. Lo más grave es que aún fuera del "vaso de agua" de este cruce de palabras, las señales son de una tormenta real.

El ordenamiento vigente en cuanto a los cambios en el ejército tiene los vacíos legales suficientes como para que la Presidenta pueda "legalmente" decidir el retiro de Humberto Ortega. Unos días después de la crisis, el Ejecutivo emitió un comunicado afirmando que la destitución del General Ortega era una decisión "política", como lo había sido el mantenerlo al frente del Ejército durante estos tres años y medio.

La batalla sobre la interpretación de la ley es importante, pero puede ser desgastante para el Ejecutivo, para la institución militar, para el FSLN y para la estabilidad del país. Los únicos ganadores en una prolongada batalla legalista serían la UNO y la ultraderecha de Estados Unidos.

El problema es realmente político y lo realmente grave es que el gobierno le haya dado cancha internacional al conflicto, recurriendo a la OEA. Estaría indicando este recurso a la OEA o una extrema debilidad del gobierno o una irracional por desproporcionada indignación de la Presidenta y su gabinete o un inexplicable temor a la institución militar, que a pesar de sus orígenes guerrilleros, sandinistas y antiimperialistas le ha sido tan cuidadosamente fiel durante estos años.

Una peligrosa estrategia

¿Llevar el caso a la OEA fue un error y una precipitación del gobierno o fue el primer paso de una estrategia a cuyo inicio asistimos? La estrategia de contraponer poder civil a poder militar ? contradicción tan actual en América Latina ?, no tanto porque esta contradicción exista en Nicaragua sino porque en el poder militar nicaragüense están los sandinistas.

La estrategia es norteamericana. Cuando en julio, el ultraderechista senador Jesse Helms propuso cortar la asistencia económica a Nicaragua, fue el gobierno de Estados Unidos ? y no sólo este sector reaganiano ? quien declaró a través del Departamento de Estado: "Si el gobierno civil en Nicaragua no impone su control sobre las fuerzas de seguridad será extremadamente difícil lograr progreso en el destrabe de la ayuda económica." Ahora, inmediatamente que la Presidenta Chamorro concluyó su discurso anunciando el retiro del General Ortega, ya estaba lista la declaración del propio Secretario de Estado, Warren Christopher: "Aplaudimos los pasos audaces dados por la Presidenta para imponer el control civil sobre las fuerzas armadas".

En agosto, Eliott Abrams, antecesor de Christopher en el cargo y de triste recuerdo para los nicaragüenses por su responsabilidad en la guerra contrarrevo? lucionaria, viajó a Nicaragua como "periodista".

En una de sus entrevistas, y a la pregunta de por qué Estados Unidos continuaba presionando a Nicaragua, empujándola así a la desestabilización, Abrams contestó que por dos razones. Porque "sufrimos una especie de síndrome post?Vietnam: perdimos la guerra con los sandinistas y éstos conservan el poder en el ejército y en la policía". Y porque al gobierno de los Estados Unidos le preocupa el ascenso político del FSLN, lo que podría significar su próxima victoria electoral.

La estrategia no es más que el anti?sandinismo del gobierno de los Estados Unidos, como es anti?sandinismo lo que reviste falsamente de contradicción civil?militar la oposición de la ultraderecha nacional al gobierno Chamorro.

El chantaje económico norteamericano es obvio. La irresponsabilidad de la clase política ante la crisis y su tendencia o disposición a entregar el destino de la nación a "mediadores" internacionales es obvia.

¿Será capaz el Ejecutivo y el FSLN de desactivar la estrategia de la ultraderecha de Estados Unidos y de la UNO ¿Serán capaces Ejecutivo, FSLN y UNO de forjar una concertación mínima en favor de la nación y de los intereses de la mayoría de sus connacionales?

Mucha más agua tiene que correr bajo este puente para tener más claras las cosas. Y sigue pendiente lo que ocurra en el Diálogo Nacional. Lo que la crítica realidad nicaragüense está ya dejando claro es que puede ser tan explosivo y conmocionante el intento de hacer en un país una revolución como el intento contrario: el de instalar en ese mismo país una contrarrevolución.

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