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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 272 | Noviembre 2004
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Internacional

Tratados de Libre Comercio: ¿Son libres? ¿Son estrategias de desarrollo?

Centroamérica está a la espera de la aprobación de un TLC con Estados Unidos. Los países andinos están también en eso. La feroz competencia económica entre Estados Unidos y sus rivales ha diseminado acuerdos de libre comercio por todo el planeta. ¿Son libres? ¿Son una camisa de fuerza? ¿Contribuyen al desarrollo de los países del Sur?

George Gelber

La liberalización del comercio internacional, ¿es una meta deseable en sí misma? Las opiniones abundan y son muy contradictorias. En realidad, lo que sí es deseable es que la liberalización del comercio internacional contribuya al desarrollo integral de los países y de sus gentes y a la eliminación de la pobreza en nuestro planeta. ¿Han logrado esto las numerosas liberalizaciones comerciales que hasta ahora hemos experimentado?

Para hacer un juicio acertado, la liberalización del comercio, también la globalización, tienen que analizarse en el mundo real, en el mundo en que vivimos. En este mundo, 1 mil 200 millones de personas tratan de sobrevivir con menos de un dólar diario y la mitad de la población del planeta, 3 mil millones de personas, tienen ingresos similares a los de una vaca europea. Nuestro mundo es radicalmente desigual: según el Informe de Desarrollo Humano del PNUD, el 1% de los humanos más ricos gozan de un ingreso similar al que tiene el 57% de los humanos más pobres.

La globalización es un proceso de cambios que da continuidad a otro proceso de grandes cambios económicos y culturales: la industrialización. La industrialización tuvo ganadores y perdedores. Los millones de seres humanos que perdieron con la industrialización sufrieron mucho, vieron destruirse sus medios de vida, emigraron. Se adaptaron como pudieron a la nueva situación, pasando hambre, muriendo. A pesar de esto, hoy nadie quisiera regresar a la época pre-industrial. De igual manera, la globalización también tendrá -ya está teniendo- ganadores y perdedores. Sumidos en este proceso, aún inconcluso, nuestro desafío ético es buscar influirlo, no sólo compensando a quienes serán más afectados, sino promoviendo que ellos también puedan participar en su diseño y en sus beneficios.

UN ACELERADO PROCESO DE CAMBIOS
EN UN MUNDO SIN FRONTERAS

¿Que es la globalización? Según Held y McGrew, es un proceso -o un juego de procesos- que implica una transformación del espacio de las relaciones y transacciones, y que se manifiesta en flujos y redes transcontinentales o inter-regionales de actividades e interacciones del poder.

Según estos autores, en la globalización se pueden identificar cuatro tipos de cambio. Un cambio en el espacio físico: las actividades sociales, políticas y económicas sobrepasan las fronteras, las regiones y los continentes. Otro cambio es la intensificación y la ampliación de las interconexiones y los flujos del comercio, de la inversión, de las finanzas, de las migraciones, de la cultura, etc. Esto provoca otro cambio: una mayor velocidad de las interacciones y de los procesos globales, pues el desarrollo de sistemas mundiales de transporte y de comunicación aumentan la velocidad de la difusión de ideas, bienes, información, capital y personas. También es un cambio que todos estos cambios tengan un impacto cada vez más profundo y que las consecuencias de acontecimientos distantes tengan efectos tan significativos en cualquier lugar, que los acontecimientos locales tengan consecuencias globales.

Hoy, las fronteras entre lo nacional y lo global son cada vez más fluidas. La globalización amplía, acelera, intensifica y aumenta los impactos de todo lo que ocurre entre esas dos fronteras: capitales, inversiones, migraciones, informaciones, tecnologías, productos culturales...

¿QUIÉN CONDUCE ESTO?

Las fuerzas que impulsan y conducen hoy la globalización son principalmente económicas. Es el gran capital en busca de nuevos mercados, de nuevos lugares y de nuevas formas de producir, cada vez con mayor rentabilidad y mayor eficiencia, quien controla el proceso. La globalización no podría tener las formas actuales sin importantes avances tecnológicos, sobre todo en los campos de la información, de las comunicaciones y del transporte.


Según la UNCTAD, existen actualmente unas 64 mil corporaciones transnacionales (TNC) con redes internacionales de producción, que cuentan con unas 866 mil compañías afiliadas en un buen número de países. Los países desarrollados -especialmente los de la Unión Europea- son los que tienen todavía el mayor número de casas matrices de TNC. Menos de la cuarta parte de todas las TNC están ubicadas en los países en desarrollo, que albergan a más de la mitad de todas las compañías afiliadas. La mayoría de estas afiliadas están en Asia, siguiéndole América Latina y el Caribe. El comercio entre estas transnacionales representa casi un tercio de todo el comercio global.

TRATADOS=CAMISAS DE FUERZA

Los tratados comerciales son una pieza esencial de la tecnología social y económica de la globalización porque reducen barreras a la libre circulación de bienes y de capital regulando los intercambios. Como cualquier tecnología, los tratados comerciales se diseñan para ser duraderos y, por lo tanto, para que sea difícil renegociarlos o desconocerlos.

Un ejemplo histórico: muchos problemas surgen todavía del Tratado de Utrecht, un acuerdo político firmado en 1713. La primera cláusula de este tratado dice: El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortaleza que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno. Aunque no han cesado en estos siglos ni la polémica ni las escaramuzas diplomáticas, Gibraltar, situado en la geografía española, sigue perteneciendo políticamente a la Corona británica.

Los tratados crean obligaciones no sólo para el gobierno que los firma, sino para todos los gobiernos que dan continuidad al gobierno firmante. Encierran a los gobiernos, y obviamente a los pueblos, en verdaderas camisas de fuerza. Esto explica, por ejemplo, el mucho resentimiento que existe aún hoy en torno a la Ronda Uruguay de negociaciones que concluyó en 1992 y que creó la Organización Mundial del Comercio. En términos crudos, en esa Ronda los países más pobres fueron engañados por los países ricos -principalmente Estados Unidos, Unión Europea, Japón y Canadá-, que lograron dos objetivos: seguir apoyando a sus agricultores con subsidios equivalentes a más de 300 mil millones de dólares anuales y limitar durante diez años sus importaciones de ropa y textiles. A la par, los países pobres adquirieron en la Ronda la obligación de comenzar a abrir sus mercados nacionales. Todos, pobres y ricos, sabían que son los productos agrícolas y la producción de textiles y ropa los rubros que dan a la mayoría de los países en desarrollo su “ventaja comparativa” en el comercio internacional. A pesar de esta evidencia, la Ronda Uruguay dejó a los pobres con los mercados de los ricos cerrados y obligados a competir con lo que producían los subsidiados agricultores de los países ricos.

Son dos ejemplos separados en el tiempo por casi tres siglos. Ambos demuestran cuán importante resulta que los países se defiendan de las presiones para firmar acuerdos que no les convienen.

BILATERALES: JUEGO SEGURO

La historia de las recientes reuniones ministeriales de la OMC -Seattle 1999, Doha 2001, Cancún 2003, incluso la reunión del Consejo General de la OMC en Ginebra en agosto 2004- documenta una cadena de presiones y de torcidas de brazos de los países ricos a los pobres. También es la historia de la resistencia de muchos países y de las alianzas de los países en desarrollo.

Al finalizar Cancún 2003, el negociador de Estados Unidos, Robert Zoellick, declaró en su última conferencia de prensa que su país priorizaría a partir de ese momento las negociaciones bilaterales y las regionales. La estrategia de Estados Unidos -dijo- ha tratado de hacer progresar la liberalización global del comercio a través de la OMC. Y esperábamos que otros tendrían esta misma meta. El mensaje que hemos recibido en Cancún es “No ahora”. A pesar de esta negativa, la estrategia comercial de Estados Unidos prevé avances en frentes múltiples: tenemos ahora mismo acuerdos de libre comercio con seis países y estamos negociando acuerdos de libre comercio con otros catorce países.

Muchos participantes percibieron estas declaraciones como una amenaza. Era una reacción a la situación que le toca enfrentar a Estados Unidos en las negociaciones internacionales, donde experimenta disminuido su poder ante las alianzas de los países pequeños -como las que se produjeron en Cancún- y ante los gigantes del mundo en desarrollo: China, India, Brasil y, hasta cierto punto, Sudáfrica. En cambio, en las negociaciones bilaterales y regionales, como anunció Zoellick, Estados Unidos juega seguro de obtener una victoria.

Un ejemplo de la influencia de estos países en las negociaciones multilaterales es el texto sobre agricultura acordado a principios de agosto 2004 en el Consejo General de la OMC -que aborda el polémico tema de los subsidios en el mundo desarrollado, proponiendo recortarlos progresivamente hasta hacerlos desaparecer, idea rechazada por los países ricos en Cancún- refleja el impacto del llamado Grupo 20 -países del Sur-, que consiguió también que dos de sus miembros, Brasil e India, fueran incluidos en el Grupo de los 5, junto a Estados Unidos, la Unión Europea y Australia. El G5 surgió como principal grupo informal de negociaciones durante la reunión de Ginebra.

EN UN MUNDO IDEAL...

Es importante señalar que temas tan relevantes como la inversión, la competencia y la contratación pública, ahora excluidos de las negociaciones en la OMC, se incluyen de manera rutinaria en las negociaciones bilaterales y regionales de Estados Unidos y de la Unión Europea y están presentes en los textos del ALCA y de Cotonou, la negociación en marcha entre la Unión Europea y los países del grupo ACP (África-Caribe-Pacífico). Y, por supuesto, forman parte del acuerdo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre Estados Unidos, Canadá y México. El TLC Centroamérica-Estados Unidos, al que se sumó República Dominicana, incluye la inversión y la contratación pública, pero no tiene un capítulo sobre la competencia.

No se puede discutir sobre el comercio internacional ni sobre los tratados de libre comercio sin tener en cuenta otros aspectos de la economía. En un mundo ideal, antes de embarcarse en negociaciones para liberar su comercio, cada país debería tener una estrategia propia de desarrollo y una estrategia nacional para erradicar la pobreza de su población. Esto, naturalmente, incluiría una estrategia comercial, tanto de importaciones como de exportaciones. Para la elaboración de estas estrategias resultan elementos clave la calidad del liderazgo nacional y la participación de la población en consultas sobre cómo asumirlas y ponerlas en práctica.

Pero sabemos que este escenario sólo existe en el mundo ideal. En opinión del economista británico Razeen Sally: El hecho de que la participación sea tan débil en las negociaciones internacionales en la OMC es un reflejo y una extensión de las carencias de participación en la formulación de las políticas nacionales.

LO QUE HICIERON AYER
LO PROHIBEN HOY

Muchos economistas parecen creer que las reglas del comercio y otras disciplinas, frecuentemente impuestas por el Banco Mundial como parte de paquetes de reforma vinculados a la reducción de la deuda externa o a la concesión de nuevos préstamos, son beneficiosas para los países en desarrollo porque impiden que el gobierno esté en manos de intereses económicos privados que no coinciden con el bien común. Estos economistas creen también que resulta positivo que los tratados de libre comercio encierren a los países en una camisa de fuerza porque así evitan que regresen a los “malos hábitos” del pasado.

Al margen de la buena o mala fe de estas creencias y de otras muchas que pintan los tratados de libre comercio con los mejores colores, está claro el objetivo político de estos tratados: al mantener su vigencia aunque las circunstancias políticas cambien, impedirán que gobiernos con políticas económicas alternativas a las del Banco Mundial puedan hacerlas realidad, porque se encontrarán al llegar al poder con las manos atadas.

Sabemos que en el pasado reciente muchos países lograron el desarrollo con medidas económicas ahora proscritas por la OMC y por las camisas de fuerza de los tratados comerciales. Historiadores económicos como Ha-Joon Chang recuerdan que países hoy en día desarrollados -Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Corea del Sur, Japón- emplearon esas medidas: protegieron sus industrias nacientes, impusieron duras condiciones a los inversionistas extranjeros, se negaron a proteger la propiedad intelectual de los extranjeros y subsidiaron a sus productores nacionales. Sin embargo, quienes ayer hicieron esto, hoy están a la vanguardia de la promoción de la liberalización de los mercados por todo el mundo.

MÉXICO: UN CASO QUE DEBE ESTUDIARSE

El TLCAN firmado por México, Estados Unidos y Canadá en 1992 es el primer tratado de libre comercio acordado entre países con economías desiguales. Es importante estudiar sus impactos porque demuestran lo que un país relativamente menos desarrollado -México- puede esperar de un acuerdo con un vecino tan poderoso. De entrada, vale la pena señalar que la apertura de la economía mexicana había comenzado ya en los primeros años de la década de los 80, apartándose así de la política de sustitución de importaciones, característica del modelo económico previo. En este sentido, el TLCAN era más una continuación de un proceso que había empezado bastantes años antes que un comienzo nuevo y radical.

La atención de los críticos del TLCAN se enfoca principalmente en la agricultura, el sector donde se han sentido sus impactos más negativos. Y especialmente, en la producción de maíz -alimento esencial de los mexicanos-, porque el TLCAN abrió las puertas a la importación de maíz de Estados Unidos, donde los agricultores que lo producen reciben multimillonarios subsidios y otros apoyos gubernamentales. Según datos de OXFAM británica, desde que el TLCAN entró en vigencia el precio del maíz en México cayó en un 70%: de 732 pesos por tonelada en 1994 bajó a 204 pesos en 2001. El número de empleos agrícolas descendió también: de 8 millones 100 mil en 1993 a 6 millones 800 mil en 2002. Muchos de los que quedaron sin trabajo eran pequeños productores de maíz.

MAÍZ: LA LEY DEL EMBUDO

Si los pequeños agricultores mexicanos han sufrido como consecuencia del TLCAN no fue porque el texto del tratado los dejara desprotegidos. De hecho, Carlos Salinas pudo conseguir que le aprobaran el TLCAN porque, entre otras cosas, su gobierno negoció un cierto nivel de protección para los productores de maíz mexicanos. El tratado permitía a México imponer un impuesto a las importaciones de maíz que superaran las 2.5 millones de toneladas anuales, previéndose que el arancel se reduciría paulatinamente hasta llegar a cero en 2008. Sin embargo, alegando problemas de abastecimiento interno, el gobierno mexicano otorgó todos los años licencias de importación que superaban con creces ese límite. En 2003, por ejemplo, la cuota que se podía importar libre de impuestos era de 3.3 millones de toneladas, pero el gobierno otorgó licencias para unas 3.8 millones de toneladas adicionales, con un arancel de 1-2% para el maíz amarillo y de 2-3% para el maíz blanco.

Con la entrada en vigencia del TLCAN la producción de maíz se incrementó en México. Estados Unidos exportaba a México maíz amarillo, el utilizado para alimentar ganado y aves, y casi todo el maíz blanco, el destinado al consumo humano, se producía en México. Pero informes recientes indican que las exportaciones de maíz blanco estadounidense están creciendo y que el 20% de las exportaciones de maíz estadounidense son ya de maíz blanco. Además, la división entre maíz blanco para consumo humano y maíz amarillo para consumo animal no es tan clara y, de hecho, una proporción sustancial de maíz amarillo se ha destinado al consumo humano, provocando críticas de los mexicanos, que se quejan de la mala calidad de la harina de maíz que consumen.

El enorme impacto del TLCAN sobre los productores mexicanos de maíz no es consecuencia del libre comercio, tal como lo entienden los economistas. Es consecuencia de una distorsión del comercio libre: subsidios millonarios y acceso sin trabas para unos y para otros nada. La ley del embudo: para unos lo ancho, para otros lo agudo. Según cálculos presentados en Cancún, en 1999 y 2000 el precio en México del maíz importado de Estados Unidos estaba un 30% por debajo de sus costos de producción. Los subsidios lo explican.

REALIDADES, RIESGOS, PELIGROS

México no es un ejemplo excepcional. Los productores de leche de Jamaica han sido eliminados de cualquier competencia por los subsidios que otorga la Unión Europea a las exportaciones de leche en polvo. En Benin, Chad, Burkina Faso y Mali, cuatro de los países más pobres del mundo, los medios de vida de 10 millones de productores de algodón están amenazados por los privilegios de 25 mil productores de algodón estadounidenses, que reciben del gobierno subsidios de 4 a 6 mil millones de dólares cada año.

La relación entre el desarrollo y el comercio agrícola es uno de los más complejos problemas económicos. Para enfrentarlo, no hay que olvidar esta realidad: la mayoría de los pobres del mundo viven todavía en el campo y se ganan la vida, a veces apenas el vivir sobreviviendo, con la agricultura. Y aunque la globalización y el comercio relativamente libre han creado empleos para muchos de estos pobres -la mayoría, mujeres- en las maquiladoras y en otros empleos urbanos, es difícil ver en estas salidas una alternativa viable para las decenas de millones de campesinos amenazados hoy por las consecuencias del “libre” comercio. Para el pequeño agricultor mexicano la única alternativa es migrar como indocumentado a Estados Unidos, arriesgando su vida o irse a la ciudad a buscar algún trabajo en el sector informal y a vivir en alguna indigna vivienda de un miserable suburbio.

Otros problemas se suman a estas tragedias humanas. La agricultura industrial desplaza a los campesinos y se orienta a la demanda de los mercados con mayor capacidad, pero a largo plazo no es ambientalmente sostenible. El uso masivo de fertilizantes y pesticidas y las grandes concentraciones de ganado alimentado con granos importados están creando serios problemas de contaminación en ríos y en fuentes de agua.

La destrucción de la agricultura campesina puede destruir la biodiversidad de nuestro planeta. La crisis que en el maíz y en México ha provocado el TLCAN ya nos está alertando: las pocas variedades de maíz comercialmente rentables para la agricultura industrial están desplazando a los cientos de variedades de maíz cultivadas durante milenios en México, una de las cunas de la biodiversidad de nuestro planeta.

CAFÉ, CACAO:
EL ERROR DE LA GENERALIZACIÓN

Quienes defienden el libre comercio argumentan que todavía no lo hemos experimentado en su plenitud y que sólo hemos tenido un comercio parcialmente libre y tratados comerciales incompletos. ¿Es así?

El comercio libre existe desde hace tiempo para algunos productos primarios como el café y el cacao. Pero esta libertad no beneficia a la mayoría de los países que producen estos dos productos. Cada vez mayor número de países están siendo tentados o alentados para que aprovechen sus “ventajas comparativas” -clima idóneo y mano de obra barata- cultivando estos dos productos primarios. La producción global de café se duplicó en los últimos treinta años: de 3.5 millones de toneladas en 1970 pasó a 7 millones en 2000. La producción de café en Vietnam creció de 5 mil toneladas en 1981 a 600 mil en el año 2001. Como resultado, el café tiene hoy un precio inferior en un 25% al que tenía apenas en 1960.

El café -como otros productos básicos- no tiene elasticidad de demanda respecto a su precio. Los bebedores de café no aumentan su consumo cuando el precio baja o cuando crecen sus ingresos personales. En esta situación, lo que puede ser una buena estrategia para un país se convierte en una mala estrategia cuando la adoptan muchos países. Es lo que se conoce como “el error de la generalización” o “la falacia de la composición”. El cacao, el café, el té, el algodón y el tabaco constituyeron el 42% de las exportaciones -petróleo excluido- de productos primarios de los países menos desarrollados en 1997-99. Todos los países que exportaron estos productos sufrieron las consecuencias del “error de la generalización”.

Un estudio hecho en Nicaragua por el Banco Mundial demostró que, mientras el nivel de pobreza de los productores agrícolas diversificados descendió en un 6% entre 1998-2001, aumentó en un 2% entre quienes siguieron cultivando café. En esos mismos años, mientras la tasa de inscripción en la escuela primaria subió en 10% en promedio entre las familias rurales, entre las familias dedicadas al café descendió en 5%.

¿COMPETENCIA EQUITATIVA
EN UN MUNDO DOMINADO POR POCOS?

La situación no es mejor en las industrias maquiladoras textiles y electrónicas que emplean masiva mano de obra en los países pobres. Y aunque estos productos no han tenido una drástica caída de sus precios -como la experimentada por los productos agrícolas- y no están tan expuestos a la baja elasticidad de la demanda, la competencia que hoy existe entre países llenos de maquiladoras de ambos sectores es tan intensa que los márgenes de utilidad que les quedan a los países donde están instaladas estas fábricas se están reduciendo significativamente.

Las maquiladoras textiles y las electrónicas están también amenazadas por otro error de “la generalización”. La industria textil ha sido vista por algunos como un primer peldaño en la escalera hacia la industrialización, ante el ejemplo de varios países asiáticos. Pero ahora, y según la UNCTAD, los países que se han especializado en la industria de la ropa están viendo bloqueado este camino porque los países que maquilan ropa con una masiva mano de obra no calificada son cada día más numerosos.

Para funcionar, el comercio libre requiere de una competencia equitativa. Pero muchos mercados mundiales están dominados por unas pocas compañías, y aunque existe una reglamentación nacional de la competencia, no existe todavía un marco internacional para controlar la dominación de los mercados. El comercio internacional del café esta controlado por cuatro compañías: Nestlé, Procter and Gamble, Sara Lee y Kraft. Entre las cuatro compran el 40% de la producción mundial de café en grano. Sólo cinco compañías -Cargill, Continental, Louis Dreyfus, André y Bunge- dominan el comercio mundial de alimentos. En 1986 se estimaba que el 85-90% del comercio mundial de semillas era controlado por estas compañías.

CORPORACIONES:
LAS PALANCAS DEL PODER

Sobre las compañías farmacéuticas el diario británico “The Guardian” escribió: Hace tiempo eran iguales en tamaño a los países. Ahora, después de dos años de fusiones, son gigantes y ya superan continentes enteros. El valor combinado de las cinco compañías farmacéuticas más grandes del mundo es igual a dos veces el PIB de los países de toda el África Subsahariana. Con tanta riqueza, su influencia sobre las reglas del comercio mundial es enorme y mueven directamente las palancas del poder de los países ricos.

En los años 80, por ejemplo, la industria farmacéutica trabajó intensamente en la Ronda Uruguay del GATT para determinar las reglas de la propiedad intelectual. Resultado: hoy en día se otorgan 20 años de protección a las patentes en las reglas de propiedad intelectual de la OMC y, haciendo uso de algunos resquicios legales, esta protección se puede extender a 30 años o más. Un ex-presidente de la gigante farmacéutica Pfizer -la más grande del mundo- celebró la influencia que su compañía y otras -farmacéuticas como Merck, Johnson & Johnson y Bristol-Myers, junto a IBM, Hewlett Packard, General Motors, General Electric, Rockwell International, Du Pont, Monsanto y Warner Communications- tuvieron sobre los negociadores de Estados Unidos en la Ronda Uruguay en materia de patentes. En 2002 las ventas combinadas de las diez compañías farmacéuticas más grandes del mundo eran de más de 183 mil millones de dólares, cantidad que representa el 45.8% de todas las ventas mundiales de medicamentos.

Actualmente, no existe ninguna ley internacional que regule la competencia. El Centro de Naciones Unidas para Corporaciones Transnacionales fue desmantelado en 1993 y el trabajo que hacía para elaborar un código de conducta para las transnacionales fue suspendido. Y aunque en algunos países existen normas nacionales de competencia para impedir que alguien controle todo un mercado nacional, ninguna regla internacional asegura que una sola compañía no llegue a dominar el mercado en varios países, inclusive en todo el mundo.

INFORMACIÓN
CON ALFABETIZACIÓN ECONÓMICA

Ante estas realidades, es pertinente esta pregunta: ¿Puede la globalización y los tratados de libre comercio funcionar en beneficio de los pobres? Si la respuesta es negativa, asistiremos en nuestro mundo a una concentración cada vez mayor de las riquezas y del poder económico y a una marginación y exclusión creciente de los beneficios de la globalización de los pobres de todos los países y, posiblemente, de países enteros. Esto ya está ocurriendo con algunos países de África. Para asegurar que la globalización beneficie no sólo a quienes tienen mayor poder económico es esencial que todos los sectores puedan participar y puedan influir en las políticas económicas y en la negociación de los tratados de libre comercio. Esto se está “diciendo”, pero no se está haciendo, no se está llevando a la práctica. ¿Qué pasos habría que dar?

Es esencial que la población este bien informada. Veamos el ejemplo de Bolivia. Ya en los años 80 Bolivia acordó tratados de libre comercio cruciales con Chile, Perú, la Comunidad Andina y el Mercosur. El ministro de relaciones exteriores en ese entonces -quien negoció el acuerdo con el Mercosur- confirmó que los campesinos de Bolivia ni siquiera sabían que el gobierno estaba negociando algo. Pero los grandes productores de soya del oriente boliviano sí lo sabían. Y como resultado de sus presiones, se establecieron períodos más largos de ajuste para sus productos: frijoles, harina y aceite de soya. En una entrevista que tuve con el ministro en octubre 2000, me dijo que, efectivamente, él no había recibido a ningún representante de los productores campesinos.

Por sí sola, la información no es suficiente. Tiene que proporcionarse, acompañándola de la posibilidad y de la capacidad de recibirla y de utilizarla. La capacitación y la “alfabetización económica” son indispensables para que quienes van a ser afectados por los acuerdos de libre comercio puedan entender cuáles serán los impactos probables y puedan proponer sus propias alternativas.

PARTICIPAR: UNA TAREA NADA FÁCIL

Es esencial que quienes van a ser afectados por los tratados de libre comercio puedan participar en la discusión sobre sus contenidos. Veamos el ejemplo de Uganda. En 1999, el ministerio de comercio ugandés estableció el Comité Interinstitucional de Comercio, un foro para que los distintos grupos interesados discutieran los problemas. Varias organizaciones de la sociedad civil participan desde entonces en este comité junto a representantes de ministerios e instituciones gubernamentales y del sector privado.

Es significativo que las organizaciones de la sociedad civil no sólo discuten la política de comercio. Tienen también representación en otros espacios -el Plan para la Modernización de la Agricultura, el Plan para la Erradicación de la Pobreza, el Proyecto Participativo para el Monitoreo de la Pobreza- y en las reuniones del Grupo Consultivo del Banco Mundial. También ha participado un representante de la sociedad civil en las delegaciones que el gobierno envía a las reuniones ministeriales de la OMC. Los miembros de la sociedad civil ugandesa que han alcanzado este nivel de participación reconocen que su trabajo no es nada fácil: Ganar credibilidad lleva tiempo, un trabajo intenso y mucho sacrificio. Nuestras opiniones deben estar respaldadas por una investigación relevante y por un buen análisis.

Este nivel de participación requiere de una apertura de los gobiernos hacia la sociedad civil. Sin embargo, estos procesos -existen formalmente en muchos países- no aseguran nada porque no eliminan los conflictos entre los distintos grupos, que tienen intereses contradictorios. Aun así, son un primer paso. Aunque mediadas por las redes y las ONG, las voces de los pobres comienzan a ser oídas. La historia de cada sociedad nacional, la fuerza o debilidad de sus instituciones, determinará la dinámica de la solución o la intensificación de los conflictos entre sectores e intereses.

Si el comercio internacional debe ser una pieza dentro de una estrategia más amplia de desarrollo, la sociedad civil debe participar en las instituciones y en los foros que formulan propuestas de desarrollo. Sin embargo, la realidad nos ha enseñado exactamente lo opuesto: en muchos países las estrategias de desarrollo han tenido que adaptarse a las exigencias y reglas de los tratados de libre comercio.

MÁRGENES DE ACCIÓN: INDISPENSABLES

Es esencial que los países en desarrollo tengan espacios y márgenes para la formulación de políticas que aseguren que sus prioridades nacionales y sus opciones no estarán condicionadas por las camisas de fuerza de los tratados de libre comercio.

En una reunión en São Paulo, en mayo 2004, sobre estos temas, la UNCTAD pone el dedo en la llaga cuando nota: Al avanzar en su proceso de desarrollo, los países desarrollados han gozado históricamente, e incluso gozan hoy, de un amplio margen para la formulación de políticas en relación con sus propias estrategias de desarrollo. La existencia de ese margen adquiere importancia en el curso del tiempo para lograr el desarrollo y para salvaguardar el interés público en muchos espacios: la creación de empleo, la transferencia de tecnología, el desarrollo de las industrias y las empresas nacionales, la facilitación de servicios de infraestructura y servicios básicos, la protección de la diversidad cultural, el patrimonio, los conocimientos tradicionales y el medio ambiente, la mejora de las condiciones sociales, la igualdad de oportunidades, y la orientación de la inversión extranjera directa hacia la satisfacción de las prioridades nacionales, la erradicación de la pobreza y el fomento de la equidad de género.

ALIANZAS: LA UNIÓN QUE HACE LA FUERZA

Es esencial forjar alianzas, tanto entre las organizaciones y los grupos de la sociedad civil de cada país como entre los países. Si las organizaciones de la sociedad civil logran presentar una plataforma común de propuestas al dialogar con el gobierno, tendrán más posibilidades de hacerlas valer. Igual sucede cuando los países pequeños participan no aislados sino unidos en negociaciones internacionales. Solos no pueden lograr mucho cuando se enfrentan a Estados Unidos, la Unión Europea o Japón.

Juntos pueden más. Alianzas como el Grupo de los 20 o el Grupo de los 90 en la OMC han sido avances positivos. Hay que aceptar que los países que ganaron más terreno en la negociación de la OMC en Ginebra en agosto 2004 fueron los más grandes entre los países en desarrollo: China, India, Brasil y Sudáfrica. Sin embargo, los “pesos pesados” lograron avances también para los “pesos mosca” y el texto de Ginebra, en comparación con el texto en discusión en la fracasada reunión de Cancún, muestra cambios que favorecen las posiciones de todos los países en desarrollo.

¿DESAFÍOS UTÓPICOS?
DESAFÍOS PENDIENTES

La participación de la sociedad civil en la formulación de las políticas económicas fue reconocida oficialmente por el Banco Mundial y por los gobiernos donantes cuando, en la Iniciativa para Países Pobres Altamente Endeudados (HIPC), impusieron las consultas con la sociedad civil como condición para la condonación de la deuda externa. La premisa de estas consultas -la de tantos otros foros, mesas redondas y talleres de participación- supone que todos los participantes tienen una meta común: erradicar la pobreza. Ese supuesto, por tanto, es artificial: se supone que no existe ningún conflicto de intereses entre los diversos sectores que participan en las consultas y en las mesas.

¿Es esto real? La HIPC es un producto “made in Washington, Londres y París” y de varias manera ignora las realidades políticas de sociedades tan divididas como las que existen en el Sur, como las que persisten en Centroamérica. Realmente, los desafíos son muchos. Que se escuche la voz de los pobres. Que se entiendan los orígenes, causas y consecuencias de los conflictos nacionales entre ricos y pobres. Y que se haga una real opción por los pobres. ¿Desafíos utópicos? Desafíos pendientes.

DIRECTOR DE POLÍTICAS PÚBLICAS DE CAFOD.

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