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  Número 272 | Noviembre 2004
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Nicaragua

El test electoral: las vísperas, “the day after” y una ranura en el horizonte

En las vísperas de las elecciones se internacionalizó el conflicto político de Nicaragua. El “día después”, con sus sorpresas, se convirtió en “the day after”: Mr. Donald Rumsfeld y Mr. Dan Fisk vinieron a “interpretar” los resultados. Queremos interpretarlos nosotros desde su mayor novedad: porque estos resultados abren una ranura de luz en un horizonte cerrado.

Equipo Nitlápan-Envío

Las elecciones municipales del domingo 7 de noviembre dieron al FSLN y a la Convergencia Nacional una gran victoria, al PLC una notable derrota y relegaron a un lejano tercer lugar a APRE, la opción gubernamental. Todo estaba previsto. Lo imprevisto fueron las magnitudes. La victoria del FSLN fue contundente, tanto cuantitativa como cualitativamente. Superó toda previsión. Resultaron decisivos en esta victoria los candidatos que aportó la Convergencia, en alianza con el FSLN. El peso de este aporte fue mayor del previsto. El PLC fracasó mucho más allá de sus previsiones. Y las expectativas triunfalistas que se había hecho el Presidente Bolaños y su equipo sobre APRE, sufrieron mucho más de lo previsto.

El impacto nacional de los resultados ha sido notable. La sensación es de que en el mismo escenario de siempre buena parte del decorado cambió. En los dos artículos siguientes ofrecemos cifras para mejor entender la victoria del FSLN-Convergencia y una “brújula” con pistas para un análisis más global de los resultados.

TEST, PLEBISCITO, REFERENDUM

Hace menos de un año Alemán, Ortega y Bolaños coincidían en suspender las elecciones municipales para juntarlas con las nacionales de 2006. Ninguno de los tres quería someterse a la prueba de las urnas. Después, los tres, por distintas razones, las aceptaron. Para los tres serían un test: se demostrarían el uno al otro, y el otro al uno, quién era quién.

Bolaños planteó que las elecciones serían un plebiscito contra los caudillos y una especie de “referéndum aprobatorio” de su gestión. Por afanarse en hacer realidad este objetivo violentó en varias ocasiones la ley electoral. Ortega planteó los comicios como un referéndum contra la corrupción. Desde su hospital-cárcel, Alemán no planteó nada, pero bien sabía el reo-líder que su libertad estaba en juego en el resultado electoral.

LECTURAS, LECTURAS...

Ahí están los resultados. Llueven las lecturas. ¿Las cifras, tan notablemente favorables al FSLN y a la Convergencia, deben leerse como un respaldo al caudillo Ortega? ¿Las tan desfavorables al PLC son un voto castigo contra la corrupción? ¿En la pérdida de tantas alcaldías para el PLC hay que leer la distancia que las bases liberales han tomado ya del liderazgo de Alemán? Respuestas ideologizadas y “trascendentales” que explican lo ocurrido desde la Democracia, la Corrupción, los Caudillos, el Pacto, la Institucionalidad, etc., etc. pueden empañar la más simple de todas las lecturas: el efecto que en un municipio tienen buenos candidatos con prestigio local. Éstas han sido las segundas elecciones municipales que se celebran en Nicaragua. ¿No sería mejor orientar la reflexión y las lecturas no desde Managua y desde los medios, sino desde lo local y hacia lo local, para entender mejor lo ocurrido?

LAS VÍSPERAS: ¿GRAVE PELIGRO?

Con los resultados electorales municipales -que Daniel Ortega y analistas del FSLN han llegado a considerar como el mayor triunfo de los sandinistas desde el 19 de julio de 1979- se construyó una escueta noticia internacional. Un eco mucho mayor en las cadenas informativas mundiales tuvo la crisis política previa a las elecciones, porque “estaba en grave peligro la democracia”.

¿Lo estaba? Las palabras precisan, sugieren, transmiten, explican, comunican. El ejercicio que supone documentar mes a mes “la coyuntura” nicaragüense pone a prueba las funciones de las palabras. Y muestra los límites que las palabras políticas convencionales tienen en este país. Es necesario tomar mucha distancia de esas tres palabras: “grave”, “peligro” y “democracia”. Y de muchas otras. En las vísperas electorales, cuando nuestra crisis se internacionalizó, se repitieron, por ejemplo, frases como ésta: “El Presidente de la República hace un llamado a la Nación”. Pero, ¿qué preside realmente el Presidente Bolaños? ¿Y es Nicaragua una República o no es hasta ahora y solamente una jurisdicción territorial que no ha sido capaz de convertirse en República? ¿Y viven realmente en una Nación cinco millones de personas que no se mueven aún dentro de “un marco común de aspiraciones y memorias”?

UNA CRISIS ANUNCIADA

La crisis estaba anunciada. Cuando el Presidente Bolaños, con el respaldo del gobierno de Estados Unidos, decidió enfrentar a Arnoldo Alemán y castigar algo de la corrupción que institucionalizó durante su gobierno, la jueza sandinista que llevó el caso de “la guaca” y sentenció a Alemán a veinte años de cárcel determinó que dentro de esa guaca había también delitos electorales. Y ordenó que se profundizaran las investigaciones sobre esos delitos, que implicaban a casi tres docenas de altos dirigentes del PLC y al propio Presidente de la República.

Desde entonces estos delitos han sido objeto de “investigación” judicial. En realidad, lo han sido de negociación política entre arnoldistas, danielistas y bolañistas. Este caso siguió la ya habitual ruta en zigzag que han seguido durante estos años todos los otros casos en la “lucha contra la corrupción”. Ruta en que delitos y delincuentes pasan a primero o a último plano y los casos se airean o se silencian según momentos, oportunidades, tácticas y conveniencias.

UNA CRISIS CALCULADA

En febrero, Bolaños fue requerido por la Contraloría General de la República (CGR) para que contestara un cuestionario informando sobre el origen de varios cheques -de varios millones de dólares- que había usado para financiar su campaña. Bolaños se negó en tres ocasiones a responder. El 7 de octubre, un mes antes de las elecciones, la CGR emitió una resolución sancionando administrativamente a Bolaños con una multa de dos meses de salario y solicitando también a la Asamblea Nacional que lo destituyera de su cargo por haber violado la Ley Orgánica de la CGR.

Antes de las elecciones cualquiera entendía que hay fundamento para sospechar que existe algún manejo o no declarado o no declarable en las finanzas de la campaña electoral que llevó al gobierno a Enrique Bolaños. Después de las elecciones empezamos a entender que también hay fundamento para sospechar que el timing de la resolución de la CGR, aun cuando tuviera base y sustento legal, estuvo vinculado a la estrategia electoral de danielistas y arnoldistas y buscó incidir en los resultados electorales.

UNA REACCIÓN DESMESURADA

Atemorizado realmente por su destitución, Bolaños buscó, como siempre, apoyo en el terreno internacional: llamó a los presidentes centroamericanos a Managua para que lo respaldaran. Lo hicieron. Juntos, los centroamericanos tomaron una medida extrema: pidieron la intervención de la OEA, apelando a la Carta Democrática para normalizar la institucionalidad cuando está en riesgo.

En tiempo récord, tras una sesión extraordinaria convocada con carácter de urgencia, y en nombre de la “diplomacia preventiva”, la OEA envió una misión especial a Managua. Fue entonces cuando los noticieros internacionales le contaron al mundo breves apuntes de nuestra “grave” crisis. El que la OEA tenga su sede en ese centro del mundo que es Washington y que sobre los 34 gobiernos que integran la OEA hegemonice el gobierno de Estados Unidos, que respalda incondicionalmente a Bolaños, contribuyó a la celeridad, al apoyo al Presidente en peligro y al eco internacional que alcanzó todo. De su estancia de 48 horas en Managua (18 y 19 de octubre), la OEA ocupó unas 30 en entrevistas con los actores de la crisis, grandes actores todos, ciertamente. Dio la impresión de que la misión había captado que no se trataba de algo tan grave.

“REALITY SHOW” ELECTORAL

Al sentirse sostenido por la OEA, Bolaños aprovechó la crisis para incidir también en la campaña electoral. Estando aún la misión en Managua, convocó al cuerpo diplomático, al alto mando del Ejército y de la Policía, a centenares de funcionarios públicos y, a través de la televisión, a toda la población, a una comparecencia en la que explicaría el origen de los cheques de su campaña electoral.

El acto tuvo más teatralidad que información sobre hechos que el Presidente calificó de trama golpista. El contenido fue confuso y el formato de reality show, aunque espectacular, resultó poco serio para el tema que el mandatario abordaba. El guión que empleó el Presidente en un data show con pantalla gigante resultó superficial y plagado de epítetos. El rostro satisfecho del Presidente, sus autosuficientes argumentaciones y el tono burlesco de algunas desmentían la “gravedad” que la misma versión oficial le daba a la crisis. En los últimos minutos quedó claro el objetivo: el evento se convirtió en un explícito -e ilegal- acto estatal de campaña a favor de la opción política del bolañismo, representada en las elecciones municipales por APRE.

EL “DIA DESPUÉS”

Cuando la misión de la OEA abandonó el país, el teatro de la crisis continuó: nuevos cheques que aparecían, declaraciones altisonantes de Ortega, declaraciones airadas de los arnoldistas, silencios despechados del Presidente, desmentidos, análisis de los politólogos, propuesta -cómo no- de un diálogo nacional, agenda presidencial para el diálogo nacional, contrapropuestas de no-diálogo nacional, apoyos al Cardenal como mediador, nuevos apoyos internacionales al Presidente: de los embajadores de la Unión Europea, de los presidentes latinoamericanos... Mientras, la campaña electoral municipal -el test que todos esperaban y al que los tres jugadores apostaban- entraba en su recta final.

Y en eso llegaron las elecciones. El “día después”, tras conocerse los resultados, no se volvió a escuchar de la destitución del Presidente ni de la comisión que “apegada a derecho” estudiaría la resolución de la Contraloría. Los mínimos resultados de APRE, el proyecto político del Presidente y de Estados Unidos, “destituyeron” simbólicamente a Bolaños.

El “día después” de las elecciones no se volvió a hablar tampoco del diálogo nacional ni de los mediadores para ese diálogo. El escenario cambió: 60 diputados del FSLN y del PLC en la Asamblea Nacional, primero y segundo lugar en las urnas -¿quién manda aquí, señor Presidente? ¿acaso no somos nosotros los representantes de la voluntad popular?- introdujeron en la Asamblea Nacional un proyecto de reformas constitucionales que restará atribuciones al Ejecutivo -ratificación y destitución de ministros y embajadores- trasladándolas al Legislativo y que fortalecerá el poder del Legislativo en el nombramiento de altos cargos de las instituciones estatales. El proyecto estaba listo desde mucho antes.

“THE DAY AFTER”

Sin que hubieran transcurrido los “nueve días” del luto por el fracaso de APRE el “día después” se transformó en “the day after”. La preocupación del gobierno de Estados Unidos por los resultados favorables al FSLN se hizo patente y Nicaragua fue visitada durante 24 horas nada menos que por el Secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, una de las cabezas más activas en promover la despiadada guerra en Irak. Unos días después, y con estancia más larga, llegó de visita Dan Fisk, Subsecretario del Departamento de Estado para este Hemisferio.

Ambos vinieron a darle oxígeno a Bolaños -dicen “pleno respaldo a la democracia nicaragüense”-. Ambos vinieron a exigir la destrucción total de los cohetes tierra-aire Sam-7, en manos del Ejército de Nicaragua desde los años 80, como señal de dominio estadounidense sobre las fuerzas armadas nicaragüenses, las únicas que en la región provienen de “la izquierda” -dicen “preocupaciones compartidas” por la seguridad regional en la lucha contra el terrorismo”-. Ambos vinieron a prevenir y a evitar a toda costa una eventual victoria sandinista en las elecciones generales del año 2006 -dicen “apoyo a la reunificación de las fuerzas democráticas”-.

¿DES-ARNOLDIZACIÓN?

El Ministro de Defensa de Nicaragua, José Adán Guerra, declaró orgulloso que la sola presencia de Rumsfeld en Nicaragua nos está diciendo que Nicaragua es un país importante para Estados Unidos y un aliado frente a las nuevas amenazas. Como “saludo” a la visita de Rumsfeld, el día antes de su llegada, diputados del PLC y del FSLN aprobaron en la Asamblea Nacional la Ley de Armas, que, entre otras muchas disposiciones, traslada al Legislativo las decisiones sobre la adquisición o destrucción del armamento nacional, incluidos los polémicos Sam-7. Ante Rumsfeld, y hablando en inglés, el Presidente Bolaños, obviando la nueva Ley, sin contar con el Ejército y aduciendo “la soberanía de Nicaragua” y su condición de Jefe de las Fuerzas Armadas, se comprometió a la destrucción total de los misiles.

La visita de Dan Fisk fue menos simbólica y más explícitos sus mensajes. Se reunió con el Presidente, con los dirigentes del PLC y con los dirigentes de APRE. (¡Antisandinistas del patio, uníos!) Ya este alto funcionario de la administración Bush había pasado por Nicaragua hace más de un año, con la misión de des-caudillizar al PLC del liderazgo de Alemán y al FSLN del liderazgo de Daniel Ortega. No consiguió nada. Tras él vino Colin Powell y enredó más las cosas. Desconcertados ahora en Washington por los resultados electorales, por las alianzas de los diputados de ambas bandas para reformas constitucionales y otras leyes y por el fracaso en las urnas de “la lucha contra la corrupción” del Presidente Bolaños, expresado en la derrota de APRE, Fisk vino ahora con la mitad de esa misión: Estados Unidos apoyará al PLC y trabajará por la reunificación del antisandinismo si Arnoldo Alemán sale del juego. O el PLC se des-arnoldiza o no habrá apoyo.

LA LLAVE Y LA CLAVE

El papel que ha jugado y que sigue jugando Arnoldo Alemán en el pulso entre los tres personajes que encabezan los tres polos de poder hoy en pugna en Nicaragua es indiscutible. Hace dos años, a Alemán se le ofreció salirse de ese juego: el exilio o la cárcel. Con vigor y tenacidad sorprendentes, Alemán eligió la cárcel. Y la mayoría de los diputados y dirigentes del PLC lo eligieron a él y luchan desde entonces para liberarlo. Pero el carcelero es Ortega.

Entre las muchas cifras significativas a analizar en los resultados electorales de forma global una es ésta: si las fuerzas antisandinistas se hubieran unido en un solo haz competidor, el FSLN-Convergencia hubiera ganado sólo en 49 de las 87 alcaldías que conquistó. Factor político clave en el triunfo del FSLN-Convergencia ha sido la división del voto antisandinista, y más especialmente la división del voto liberal, que viene agrupando los intereses y las emociones antisandinistas desde 1990, con Alemán y el PLC a la cabeza.

La estrategia del FSLN -sin ética y sin escrúpulos- de cooperar activamente a esta división con continuas y pendulares declaraciones y maniobras jurídicas y políticas, violentando leyes, manipulando instituciones, mintiendo y comprando voluntades, rindió a Daniel Ortega magníficos resultados.

DILEMAS, DILEMAS...

Con la llave de la cárcel de Alemán en las hábiles manos de Daniel Ortega y con el apoyo estadounidense que tanto los deslumbra y embelesa, envasado ya en las sugerencias-presiones de Dan Fisk, está por verse hacia quién se volverá el PLC: salvarse ellos o salvar a su líder. Tras los resultados electorales, que han colocado en una situación privilegiada a Ortega y en una posición muy disminuida al Presidente Bolaños, se abre una temporada política en la que dilemas y altibajos se multiplicarán, impidiendo el aburrimiento de analistas y curiosos.

No puede descartarse que el gobierno de Estados Unidos que hace dos años respaldó la alternativa “o exilio o cárcel” para Alemán vuelva a considerarla para superar un estancamiento que alimenta la sorprendente lealtad de los políticos arnoldistas a su líder y el real liderazgo que conserva Alemán en las bases liberales. Si Estados Unidos volviera a considerar esta alternativa, ¿no estaría dispuesto Ortega a aceptar la salida de Alemán del juego, a pesar del riesgo que eso le representaría -facilitaría la unidad del antisandismo en un solo bloque des-arnoldizado-, para así aminorar el costo político que le representa liberar a Alemán? Ayudarían mucho a envasar las decisiones que para liberar a Alemán se tomarán los argumentos religiosos de la “reconciliación”, el “perdón” y el “amor”, que forman hoy parte del acervo temático de Ortega y su grupo tras su alianza estratégica con la jerarquía católica.

LA CONVERGENCIA FUNCIONÓ

Ciertamente, una estrategia política sin escrúpulos y sin ética favoreció la división del antisandinismo y cooperó significativamente al triunfo del FSLN. Pero en un horizonte tan cerrado como el que existe hoy en Nicaragua -cerrado tanto por el pacto institucional-legal que armaron Ortega y Alemán como por el pacto económico-financiero que representa Bolaños y en el que participan también, de una forma o de otra, las otras dos bandas- lo más destacable en los resultados no es eso, sino la ranura de esperanza que puede hallarse si se leen con atención otras cifras tal vez las más significativas y novedosas en esta contienda municipal.

El triunfo es del FSLN -de su maquinaria, sus estructuras, sus recursos, sus fiscales, su organización, su disciplina, también sus mañas-. Es también de la Convergencia. De los candidatos y candidatas de la Convergencia. Sólo en 3 de los 87 municipios que ganó el FSLN ganó con una fórmula alcalde-vicealcalde compuesta exclusivamente por militantes del partido. En 17 municipios -incluyendo las cabeceras departamentales de Masaya, Granada, Boaco y Jinotepe los alcaldes electos son de la Convergencia. Y en los restantes 66 municipios, el vicealcalde ganador es de la Convergencia.

Candidatos con arraigo y prestigio local, con trayectoria conocida y honesta, procedentes de distintas familias políticas e ideológicas -liberales, conservadores, evangélicos, socialcristianos, ex-contras de la Resistencia, sandinistas del MRS, sandinistas sin bandera que se separaron o fueron separados del FSLN y sobre todo, líderes locales sin historial político- constituyeron la cantera de la que se nutrieron las candidaturas de la Convergencia. Basta recorrer hoy Nicaragua, los municipios en donde el FSLN-Convergencia ganó, para notar alegría y esperanza y para entender los resultados desde el atractivo que generaron estas fórmulas, estos hombres y estas mujeres, reconocidos por la población y compitiendo a la par de los militantes del FSLN.

LA CONVERGENCIA SE ACREDITÓ

La Convergencia Nacional como alianza electoral no existió en las elecciones municipales del 2000 y en las generales del 2001 se expresó de forma diluida e irrelevante, sin otra concreción visible que la candidatura a Vicepresidente del ex-Contralor socialcristiano Agustín Jarquín, en fórmula con Daniel Ortega, una candidatura que atrajo más perplejidades que votos. La Convergencia no tenía perfil, no gozaba de credibilidad. Menospreciada en las estructuras del FSLN -donde ha sido considerada un “club” de políticos sin futuro o un grupo de “cuatro viejas locas”-, nadie la ha tenido en cuenta. Hasta ahora, que habrá que tenerla en cuenta.

La alianza FSLN-Convergencia sí funcionó para estas elecciones municipales. Se tradujo en las fórmulas “en yunta” que llenaron el país -candidato a alcalde del FSLN con candidato a vicealcalde convergente o al revés- y que tantos éxitos cosecharon. Se tradujo en fórmulas convergentes en las plazas antisandinistas o donde las estructuras del FSLN habían perdido toda posibilidad. Este reencuentro de sandinistas dispersos con sandinistas de las estructuras y especialmente, este encuentro de no-sandinistas, incluso de antiguos antisandinistas, con el FSLN, se expresó en 149 candidaturas, seleccionadas muchas de ellas con métodos más democráticos que los habituales. Y esas candidaturas trajeron consigo nuevos estilos de campaña electoral, nuevos discursos, más plurales, nuevos perfiles, más variados, nuevas visiones. Nuevas esperanzas. En los medios de comunicación nacionales nadie hablaba de esta alianza durante la campaña electoral. Los resultados electorales, municipio por municipio, invitan a considerarla como una ranura de esperanza en nuestro cerrado horizonte político.

NO FUE FÁCIL

No fue nada fácil lograr esta alianza. Si el FSLN no hubiera flexibilidado su sectarismo para aceptar “la yunta” y sus consecuencias, para acoger a estos candidatos de extramuros y con ellos, los desafíos que planteaban, nada hubiera funcionado. El debate en el FSLN fue intenso. El esfuerzo hecho por la Convergencia para abrirse un espacio propio lo fue también.

La comandante, ex-diputada y presidenta del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), Dora María Téllez, una de las artífices de esta alianza electoral con sus novedosas características, y de sus éxitos, lo reconocía así a Envío, y así lo publicábamos en nuestro número de octubre: Fue muy difícil. La resistencia no fue sólo una resistencia arriba, ¡eran 152 resistencias y expresadas de manera distinta!... Para un partido como el FSLN, que ha mantenido una convicción hegemónica, no es fácil asimilar que sus candidatos sean de otros partidos y que sus estructuras tengan que moverse para hacer campaña por gente que no es del Frente o que abandonó el Frente... Esto trajo muchos problemas, también muchas ventajas, entre ellas romper con el molde tradicional de nuestra cultura política, donde la gente se mantiene atrapada en la idea de que si nazco liberal muero liberal, pase lo que pase con los liberales, y así con los conservadores, y así con todos.

Si el electorado no hubiera percibido en las fórmulas que se le presentaron de candidatos bajo la bandera rojinegra una novedad política y ética que esperaban se traduciría en beneficio para sus municipios, nada hubiera funcionado tampoco. Los no sandinistas perdieron miedo al sandinismo, los sandinistas recuperaron esperanzas y todos salieron ganando.

“TENEMOS QUE CULTIVARLA”

Con este éxito, la Convergencia Nacional tiene hoy en sus manos un as de triunfo y grandes desafíos. El primer reto es que sus candidatos, dispersos hoy por todo el país, al frente de las comunas o a la par como vicealcaldes -también sus concejales- logren una gestión municipal honesta, participativa y transparente que haga una diferencia en las localidades que hasta ahora no han conocido nunca esto o que dé continuidad a la buena gestión de muchos de los alcaldes salientes, la mayoría del FSLN, cuya administración responsable y sensible a los problemas de la comunidad ha sido también factor decisivo en este triunfo electoral.

El otro gran desafío de la Convergencia será aprovechar la novedad de esta victoria conjunta para contribuir a lograr otras situaciones nuevas en el tablero del FSLN, en el que desde hace tanto tiempo maniobra a su gusto Daniel Ortega, controlando estructuras y conciencias. Por ejemplo, la novedad de planchas -aun cuando fueran planchas- de candidatos a diputados nacionales y departamentales surgidos de la cantera convergente. Por ejemplo, la novedad de abrir en serio el debate sobre la candidatura presidencial del FSLN-Convergencia para lograr una que sea realmente convocadora nacionalmente.

Afirmando que en el resultado electoral estaba en juego y estaba a prueba la validez de la Convergencia y su futuro, Dora María Téllez decía también: Hay gente que cree que el FSLN tiene demasiado peso en esta alianza y por eso la alianza no es creíble. Y quiere que el Frente tenga menos peso. Yo creo que no se trata de reducir el peso del Frente, sino de aumentar el peso específico de los aliados y el peso de toda la alianza. La durabilidad de la Convergencia más allá de estas elecciones, tenemos que cultivarla.

Estos dos desafíos requieren de un cultivo diario y permanente. Requieren de tenacidad. Y de ejemplaridad.

AIRE Y LUZ

El triunfo del FSLN-Convergencia está siendo leído por muchos sandinistas en las estructuras del FSLN -también en el sandinismo disperso- como un triunfo más de Daniel Ortega. Los primeros por el habitual triunfalismo y apego al “hombre”, los segundos por un cierto fatalismo e inmovilismo que ya se ha hecho piel tras años de luchas infructuosas. El mismo Daniel Ortega puede caer en la tentación de leer prioritariamente este triunfo como la ratificación de su candidatura presidencial, la que anunció desde hace más de un año y la que se esforzó por promocionar y consolidar anticipadamente participando tan activamente en la campaña electoral municipal.

Desde la acera opuesta el triunfo del FSLN-Convergencia está siendo leído también “desde Daniel Ortega”. Es una lectura que trae miedo. Miedo ante un eventual triunfo de Ortega en las presidenciales de 2006. A cultivar ese miedo vinieron Rumsfeld y Fisk y a cultivar de ese miedo se dedicarán en estos próximos meses analistas y medios nacionales.

Queremos cultivar la esperanza. La novedad de la Convergencia abre una ranura. Por ella entra algo nuevo. Aire y luz. Entran por ella los valores tradicionales del sandinismo -justicia social y soberanía nacional-, materia prima para el desarrollo de Nicaragua y para la democracia en Nicaragua. Entran por ella expectativas que deben unirnos: la superación de los fantasmas de la guerra y de los prejuicios que esa confrontación engendró, la posibilidad de trabajar juntos y de forma más honesta por las cosas más básicas.

No se trata de una puerta, tampoco de una ventana, es sólo una rendija en el horizonte. Y dependerá de muchos esfuerzos y de mucha ética abrir más la rendija y dejar entrar más luz.

NUESTRA LECTURA

Los resultados electorales tuvieron más que ver con el país real, el de la extrema pobreza, que con el país institucional, que apenas existe. Han tenido más que ver con el país relegado por el pacto económico que con el país que modelaron los autores del pacto político. Tienen más que ver con “la perversa maquinaria de la exclusión” que con “la perversa maquinaria del pacto”. Y tienen, sobre todo, más que ver, con los liderazgos y los intereses locales que con los liderazgos y los intereses nacionales.

Leemos hoy el triunfo del FSLN-Convergencia bajo la bandera rojinegra sandinista como una nueva oportunidad para que el sandinismo -mucho más amplio que el FSLN- sea capaz de convocar tantos vigores dispersos de otros colores y por todo el país para un proyecto más justo y más nacional que éste que hoy nos han impuesto y en el que nos toca sobrevivir.

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