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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 270 | Septiembre 2004
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Nicaragua

Solo, débil y demasiado seguro sobre un terreno muy frágil

“No estoy solo ni estoy débil”, dijo demasiado seguro el Presidente Bolaños. Este mes se mostró ante el país no solamente solo, también aislado. No solamente débil, también debilitado. Lo más preocupante es el terreno tan frágil sobre el que él y su equipo asientan seguridades y optimismos.

Equipo Nitlápan-Envío

Este mes el país volvió a ser co locado “al borde del abismo”, enfrentando “una crisis política descomunal”, un “caos institucional”. ¿Hipérboles? ¿Rutinas retóricas en el lenguaje de los actores del teatro político?

LA SENTENCIA PARMALAT

Sin restar importancia a las raíces del caos en que vivimos -de tan profundas ya no visibles-, hay que situar los hechos: fue tan sólo un capítulo más, y con toda certeza ni el último ni el penúltimo ni el antepenúltimo de los que se encadenan -y encadenarán- por las guerras cortoplacistas de poder entre los tres grupos económico-políticos dominantes.

En los últimos tiempos es “la ley”, la interpretación de la ley y la aplicación de la ley, la que viene desatando nuevos capítulos en nuestra recurrente crisis. Y es el control que en el sistema judicial han comenzado a ejercer de forma sistemática -y provocadora- magistrados y jueces afines al FSLN -en complicidad con magistrados y jueces leales al PLC- lo que permite entenderlas mejor. Sin olvidar que, antes de los recientes escándalos, el sistema judicial de Nicaragua nunca estuvo libre de influencias e injerencias de quienes han acaparado tradicionalmente -y aún mantienen- el poder económico, como acertadamente comenta en este mismo número el Procurador Alberto Novoa.

El 11 de agosto, una orden judicial nombró gerente interventor de la empresa de productos lácteos Parmalat a Haroldo Montealegre, quien fuera dueño del Banco Mercantil (Bamer). La “justificación” para esta insólita sentencia fue una demanda que Montealegre había emprendido hace años en contra de Roberto Zamora, dueño de Bancentro -el banco que absorbió el Bamer cuando éste quebró-, a quien Montealegre venía reclamando el pago de más de 6 millones de dólares por un supuestamente incumplido compromiso de compra-venta del 60% de acciones del Bamer en el año 2000. El compromiso entre Montealegre y Zamora fue firmado por ambos nada menos que en una servilleta durante una comida en una marisquería de Miami.

Como Bancentro había adquirido el 49% de acciones de Parmalat a raíz de la crisis internacional que enfrentó esta transnacional italiana, Montealegre maniobró para que una jueza le permitiera cobrarle la deuda a Zamora convirtiéndolo en interventor de la empresa, una de las mayores y más organizadas de Nicaragua, prácticamente monopólica en el acopio y venta de leche a nivel nacional. Parmalat acopia diariamente más de 600 mil litros de leche, da empleo en sus plantas o trabajo con esta red de acopio a 70 mil personas y abastece de 50 mil litros de leche diarios y de otros variados productos lácteos a 14 mil pulperías en todo el país.

BANCOS Y BANQUEROS

Un mes antes, otro insólito fallo de la Corte Suprema había favorecido el reclamo que ocho años antes había hecho Álvaro Robelo, quien fuera dueño del BECA, declarando nula la intervención que el Estado hizo en este banco. En los días siguientes, Robelo demandó al Presidente Bolaños y a varios de sus ministros y anunció nuevas demandas judiciales para reclamar le devuelvan los millones de dólares que perdió con su banco.

En ambas sentencias entraron en juego grupos financieros con vínculos políticos. El Bamer y el BECA son dos de los bancos que quebraron en la crisis de 1999-2000. Bayardo Arce era uno de los directivos del Bamer. La cercanía de Robelo con el FSLN y con Haroldo Montealegre ha sido pública. Bancentro es el banco de Eduardo Montealegre, hoy Secretario de la Presidencia y mañana, si se cumplen el designio y las apuestas de Estados Unidos, será el sucesor de Bolaños, el hombre que dará continuidad a su proyecto económico y político.

CONTRA LA PARED

El caso Parmalat estremeció al Poder Ejecutivo, colocando a la defensiva al Presidente. Acuerpando a Bolaños, aparecieron el sistema financiero y la gran empresa privada, tan impotentes e indignados como él, afirmando que este precedente alejaba la inversión al presagiar sentencias similares en perjuicio de cualquier otra empresa. De inmediato, Daniel Ortega se curó en salud: nada tenía que ver él con la decisión de la jueza -declaró- y aprovechó la ocasión para afirmar que la empresa privada era un foco de corrupción y llamar buitres a empresarios y banqueros.

Seis días después de la sentencia Parmalat, la sentencia de otro juez
-vinculado al PLC arnoldista y a la Convergencia, aliada del FSLN- colocó a Bolaños más prensado aún contra la pared. Alejandro Fiallos, candidato a la Alcaldía de Managua por la Alianza por la República (APRE), el nuevo “partido” liberal-conservador-socialdemócrata-sandinista, concebido en la matriz del bolañismo para asegurar su continuidad, fue sentenciado a 21 meses de cárcel y a inhabilitación absoluta para cargos públicos durante un año. Razón: una fabricada denuncia sobre irregularidades que habría cometido Fiallos cuando dirigió INIFOM. El juez tramitó a ritmo de relámpago la denuncia y admitió otras cinco causas contra Fiallos. En la primera encuesta en que aparecía APRE y Fiallos, éste obtuvo una buena marca de salida: 11% de intención de voto para la alcaldía capitalina.

COMO UN PÉNDULO

Durante dos semanas, el Presidente Bolaños, aunque no abandonó la engreída seguridad con que se dirige siempre a la nación, pareció perdido, oscilando como un péndulo. No acataría las sentencias... Sí las acataría, pero le tocaría al pueblo pagar con sus impuestos los costos que pudieran derivarse de las decisiones de jueces y magistrados a quienes llamó asaltantes de bancos. Enfrentaría con medidas drásticas al partidarizado Poder Judicial... No lo enfrentaría él, le tocaría enfrentarlo a la sociedad, a la que llamó, en términos grandiosos, a una tarea imprecisa: encender la antorcha de una espiral social civilista y civilizada para que juntos rompamos la argolla del caudillismo y la corrupción que pretende engullirnos a todos los nicaragüenses. Anunciaría de inmediato a la nación medidas contundentes, y no una sino varias... Pasó un día y otro, el anuncio se suspendió indefinidamente y el Presidente no anunció nada.

El Ejecutivo barajó opciones radicales. Bolaños se reunió en dos ocasiones con el gabinete de seguridad y suspendió su viaje a la toma de posesión del nuevo Presidente de República Dominicana. Se habló de una disolución del Poder Judicial, de una intervención del mismo o de una reforma “de facto” por decreto del Ejecutivo sin pasar por el Legislativo. No se podía: era una medida inconstitucional, un “golpe de Estado” técnico. Se habló de decretar una “emergencia económica” para justificar que el Ejecutivo declarara Parmalat empresa “de utilidad pública” y la recuperara. No se podía: era una medida incoherente cuando días antes el gobierno había declarado su optimismo por la marcha de la economía. ¿Cuál emergencia? Se habló de recurrir al Ejército. No se podía: el Jefe del Ejército declaró que no veía amenaza sustancial a la estabilidad del país y que lo que veía no ameritaba involucrar a los militares. Se habló hasta de invocar la Carta Democrática de la OEA solicitando ayuda internacional por estar en peligro la gobernabilidad y la democracia... Se habló de todo.

TANTE GRAZIE, ITALIA!

A miles de familias que dependen de la empresa Parmalat para el acopio de lo que producen les hubiera sido indiferente cualquier medida que tomara el gobierno, siempre que la empresa continuara pagándoles su producción.

Dirigentes de los productores participaron en el conflicto divididos. La mayoría -al frente Daniel Núñez, presidente de la Comisión Nacional de Ganaderos (CONAGAN)-, afines al sandinismo, respaldaron abiertamente a Montealegre. Junto a ellos, apareció también la esposa de Arnoldo Alemán, quien dijo vender a Parmalat mil litros de leche diarios. Una minoría de productores, afines al gobierno, cuestionaron a Montealegre, augurando incumplimiento en el acopio y en los pagos.

Sin margen de maniobra, Bolaños fue salvado una vez más desde afuera, cuando el 24 de agosto, quince días después de moverse a ritmo de péndulo, el gobierno de Italia, a través del Comisario Extraordinario del gobierno italiano en Parmalat-Italia y el embajador de Italia en Nicaragua entraron al conflicto. Desde Italia advirtieron duramente a Montealegre que debía renunciar al cargo que judicialmente se había otorgado y calificaron la orden judicial de confiscación, la misma palabra que empleaba Bolaños.

El Ejecutivo respiró aliviado. Ese mismo día, Fiallos salió libre bajo fianza. Mayor alivio. Días después, el 2 de septiembre, Montealegre fue forzado por el Comisario del gobierno italiano a renunciar a su cargo de interventor y la jueza que a ese cargo lo había elevado revirtió su orden judicial. Quedó claro que Italia no avalaba la maniobra de Montealegre, tampoco la voracidad de Bancentro en su relación con Parmalat.

FRAUDES Y QUIEBRAS

El trasfondo internacional del caso Parmalat suma pistas para entender el conflicto. Aldo Camorani, presidente ejecutivo de Parmalat-Nicaragua pertenecía al círculo íntimo del fundador y dueño de Parmalat, Calisto Tanzi, preso actualmente en una cárcel italiana por cargos de corrupción. El año pasado, la crisis de Parmalat -como la de Enron en Estados Unidos- hizo bulla en los medios de comunicación de todo el mundo. Eran crisis similares, aunque no en los montos, sí en los métodos. Tanzi y su familia cometieron fraude alterando los estados financieros de la empresa y esto les permitió un nivel de endeudamiento más allá de la capacidad de pago de la empresa. Cuando no pudieron pagar, estalló el escándalo y se conoció la maraña fraudulenta en que venían moviéndose.
En aquel momento, Camorani sacó de Parmalat-Nicaragua unos 5 millones de dólares para ayudar a Tanzi a paliar la crisis que estaba enfrentando a nivel mundial. Esto descapitalizó a Parmalat-Nicaragua. Fue entonces, cuando la filial nicaragüense, sin liquidez, fue embargada por dos bancos, que Lafise-Bancentro la rescató proporcionándole 5.8 millones de dólares, con los que este grupo financiero adquirió el 49% de las acciones de Parmalat.
Cuando Montealegre fue nombrado, Camorani ya había abandonado Nicaragua. Las razones no son claras. Para darse aval en su nuevo cargo, Montealegre argumentó con su amistad con Camorani -era cierto-, con el pronto regreso de éste a Nicaragua y con el respaldo de éste a la intervención judicial -no era cierto, porque Parmalat-Italia está siendo administrada por el Estado italiano después del escándalo provocado por sus dueños y Camorani no tiene poder en la empresa-. Problemas de corrupción en Italia y en Nicaragua. Quiebras y fraudes en Italia y en Nicaragua. Personajes turbios en Nicaragua y en Italia.

“NO ESTOY SOLO NI DÉBIL”

Bolaños habló el 23 de agosto queriendo poner punto final a la incertidumbre que le acompañó durante dos semanas por el caso Parmalat. Habló con mayor certidumbre porque ya sabía ese día que desde Italia le estaba llegando su salvavidas. Ganas me sobran -admitió en su dicurso- de haber usado medidas de fuerza para resolver el problema, aunque afirmó haber resistido la tentación. Desde que estalló la crisis Parmalat y a partir de ese discurso no dejó el Presidente de usar un lenguaje extremadamente agresivo y mordaz contra jueces y magistrados del Poder Judicial y contra los caudillos del FSLN y del PLC.

En su mensaje del 23 de agosto afirmó, tratando de tranquilizar al país -¿o de tranquilizarse él?-: No estoy solo ni estoy débil. “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”, dice un refrán. ¿Se aplica en este caso al mandatario? Es indiscutible que el caso Parmalat y sus oscilantes reacciones lo mostraron ante el país no solamente solo, también aislado. No solamente débil, también debilitado. Pero, más allá de lo que expresó esta coyuntura, ¿está solo y débil el Presidente Bolaños?

EL PUNTO DE PARTIDA

La sentencia Parmalat ocurrió cuando la economía nicaragüense está dando signos de recuperación, más vigorosos de los que el propio gobierno esperaba. Hablar de recuperación obliga a rememorar algunos datos del punto de partida. Cuando en 2002 Bolaños asumió la Presidencia, la situación de las finanzas públicas era desastrosa. El país había abandonado el programa con el FMI y la caída de los precios mundiales del café era preocupante. En contraste, dos años antes, con Alemán, la situación era de relativa bonanza: el país estaba en la mitad del segundo programa con el FMI acordado en 1998, los ingresos corrientes eran superiores a los gastos corrientes y la inversión pública -mayormente financiada con la ayuda externa que llegó después del Mitch- era muy alta. Equivalía al 11.7% del PIB.

Ocurrieron entonces las quiebras bancarias. Y ya en 2001, año electoral, todo el escenario cambió. Los ingresos no cubrían el gasto corriente, mucho menos el gasto en inversiones. Ese año el déficit se disparó a niveles sólo conocidos en los años de la guerra de los 80. En 2002, primer año de Bolaños, ya sin respaldo del FMI -porque el Fondo no firmaba ningún acuerdo hasta que no se pusiera la casa en orden-, los ingresos corrientes no cubrían aún el gasto corriente -criterio básico para el FMI- y Bolaños tuvo que hacer un recorte drástico en las inversiones públicas, que descendieron al 8% del PIB.
Bolaños heredó también una dramática situación en cuanto al crecimiento económico. En el año 2000, con Alemán, el crecimiento agrícola fue espectacular: 15.7%, reflejo de los buenos precios del café en 1999. Hubo también aquel año un buen crecimiento en la ganadería: 7.3%. Ambos sectores y el boom en la construcción privada y en la pública -con los fondos post-Mitch- empujaron el crecimiento nacional. Pero ya al año siguiente, año electoral, y más todavía en 2002, primer año de Bolaños, la situación se revirtió drásticamente. Tan sólo la ganadería se mantuvo creciendo por encima de la escasa tasa de crecimiento nacional.

LA PARADOJA

Es en 2003 cuando el gobierno logra que sus ingresos corrientes cubran sus gastos corrientes, que el déficit descienda y que empiece a recuperarse el nivel de inversión pública, como resultado de nuevos flujos de ayuda externa. La comunidad internacional comenzó entonces a respaldar con entusiasmo la gestión de Bolaños, confiando en su capacidad de poner orden en un país considerado ya irredento. Con todo, la más estratégica “inversión económica” que hizo Enrique Bolaños fue enfrentarse a Arnoldo Alemán, descubrir sus “guacas” y decidirse a llevarlo a los tribunales. Esto le ganó un gran respaldo internacional, que se tradujo en ayuda económica.
También la lucha contra la corrupción le ganó respaldo nacional, aunque no entre los sectores liberales, muy amplios en el país. Sin embargo, cuando la macroeconomía empezó ya a ordenarse, en 2003, la lucha contra la corrupción, que tanto había entusiasmado a un sector de la población en 2002, empezaba a percibirse como agotada, orientada únicamente contra Alemán. A partir de entonces, se instala la paradoja que caracteriza al actual gobierno: gran apoyo internacional con creciente desgaste nacional, acompañamiento internacional y soledad nacional, fortaleza internacional y debilidad nacional.

OPTIMISMO SOBRE FRAGILIDAD

Es hasta hoy, 2004, que la tasa de crecimiento nacional ha empezado a ser presentable: más del 4% en el primer semestre del año, dato más destacado porque se alcanzó a pesar del notable incremento de los precios internacionales del petróleo.

El crecimiento conseguido se debe a un repunte importante de las exportaciones -entre otras cosas, por la recuperación del precio del café y por la exportación de lácteos y carne por encima de las proyecciones- y por un repunte también importante de la construcción, con el “plan adoquín” y el plan de carreteras del gobierno.

El optimismo del Ejecutivo es justificado, pero se asienta en un terreno muy frágil. Uno de los problemas más serios -prolongado en el tiempo, sin que haya razones para esperar cambios significativos a mediano plazo-, es el de la balanza de pagos: exportaciones vs. importaciones. Para 2004 la proyección es exportar unos 600 millones de dólares, cantidad similar a la que se exportaba hace cuatro años, en el 2000. Y mientras en ese platillo de la balanza el ritmo es estático, en el otro platillo la factura de importaciones aumenta. El desequilibrio en la balanza es de 1 mil 100 millones de dólares.

Las remesas y la ayuda externa -donaciones y préstamos- contribuyen a equilibrar la balanza. Pero también aquí el terreno es frágil. Porque después que Nicaragua alcanzó el punto de culminación en la iniciativa HIPC, la tendencia es -ya está siendo y seguirá siendo- a un aumento de los préstamos y a un descenso de las donaciones. Ya en 2004 se han reducido significativamente, como efecto de la condonación de la deuda externa, pues tras este paso la comunidad internacional considera a Nicaragua como país elegible para la banca multilateral. Y será de los préstamos de la banca multilateral de los que dependerá cada vez más en el futuro el financiamiento externo del país.

¿UN PAÍS VIABLE?

¿Es realmente Nicaragua un país viable? Según el FMI y el Banco Mundial, un país es viable financieramente cuando su deuda equivale a un 150% de su PIB. El efecto HIPC ha colocado a Nicaragua en mejores condiciones de viabilidad según estos dos criterios. La deuda externa ha descendido hasta el 85% del PIB. Pero la deuda que tiene que pagar actualmente el gobierno de Nicaragua es la suma de la deuda externa y de la deuda interna, adquirida ésta principalmente por dos fuentes: los bonos de indemnización emitidos durante el gobierno Chamorro para compensar a los confiscados por el gobierno sandinista y los bonos emitidos por el gobierno Alemán para compensar las fraudulentas quiebras bancarias. Esa deuda interna no ha cesado de crecer.

Sumando ambas deudas, Nicaragua está endeudada ya hasta en un 125% del PIB, lo que nos coloca de nuevo casi en el límite máximo permisible del nivel de endeudamiento, alarmante señal de la fragilidad de nuestra economía a mediano plazo, entendiendo lo “mediano” no tan lejos en el calendario como se entendería en países con economías más consolidadas.

IRREALES E IRRESPONSABLES

El optimismo del equipo de Enrique Bolaños es fiel reflejo del de las proyecciones del FMI, confeccionadas en oficinas y basadas en los supuestos de que el crecimiento económico será estable -alrededor del 4-5% anual-, de que la inversión extranjera crecerá a un ritmo sostenido y de que las exportaciones irán creciendo a un 6-7% anual, supuestos que nunca han tenido materialización real en Nicaragua.

Fuera de las oficinas, la fragilidad de estas proyecciones chirría. Tan sólo una nueva caída en los precios internacionales del café recrearía una crisis que apenas se empieza a remontar. Las inversiones extranjeras a las que se apuesta casi ciegamente -inversiones en maquila, fundamentalmente- se han retrasado con el retraso de la entrada en vigor del TLC. Las consecuencias del aumento en los precios internacionales del petróleo escapan al control nacional. En el caso de las exportaciones -que siguen siendo las tradicionales-, un crecimiento significativo sólo se lograría con una diversificación importante de los productos de exportación o con una muy notable recuperación del café o si se incrementaran superlativamente las exportaciones de queso, productos lácteos y ganado. Nada de esto parece posible en el corto o mediano plazo.

A partir del año 2008 el FMI proyecta para Nicaragua una tasa de crecimiento cercana al 5% anual. Y a partir del 2005 tasas por encima del 4% anual. Sobre estos supuestos monta el FMI sus proyecciones sobre la sostenibilidad del pago de la deuda de Nicaragua. Esta falta de realismo raya en la irresponsabilidad. Irresponsables las proyecciones -basadas en la estabilidad- porque no “responden” a la situación real de un país tan inestable y porque fomentan la optimista falta de “respuesta” de los funcionarios gubernamentales. Resulta difícil creer, por poner sólo el ejemplo más próximo, que en el 2006, año de una previsiblemente tensa y muy polarizada campaña electoral presidencial, la inversión extranjera sea la proyectada, la inversión nacional sea la que anuncian y las tasas de crecimiento sean tan altas.


UN PATRÓN QUE NO CAMBIARÁ

El patrón de crecimiento de Nicaragua permite dudar de las proyecciones del FMI. Con la visión más positiva, ¿qué puede esperarse? Una expansión mayor de los servicios y del comercio -favorecida por las remesas-. En el sector agropecuario podría haber nuevas oportunidades en el marco del TLC, pero sólo en sectores -producción de vegetales y de frutas- en los que Nicaragua no tiene ni cultura ni tradición. Pudiera ser que la crisis del café hubiera tocado ya fondo y la tendencia futura sea sólo a mejorar. La ganadería mantendrá su buen ritmo y el TLC podría abrir más espacios. Poco más.

En el caso de la inversión extranjera, el nivel ha permanecido en unos 200 millones de dólares anuales. El gobierno cifra buena parte de sus expectativas de crecimiento económico en que esos 200 millones aumenten notablemente con el TLC, para lo que resulta fundamental la percepción de que existe un buen clima para los inversionistas en el país. El caso Parmalat es la peor propaganda que el gobierno pudo imaginar.

Un reciente análisis del Banco Mundial reconocía que desde hace años las fuentes de crecimiento de la economía nicaragüense brotaron de dos situaciones excepcionales: el huracán Mitch, que proporcionó una inyección notable de recursos externos; y la recolonización productiva de extensas áreas rurales abandonadas durante la guerra. Afirmaba este análisis que esto ya dio de sí todo lo que iba a dar y que flujos como los del post-Mitch y tan amplia extensión de tierras para incrementar la producción no volverá a haber, dependiendo a partir de ahora el crecimiento económico de incrementar la productividad y de diversificar las exportaciones.

EL LASTRE MAYOR

Junto a la inversión extranjera, el otro factor clave que enjuga déficits y expande el comercio en Nicaragua son las remesas familiares de nuestros emigrantes, cifradas recientemente por el BID en 800 millones de dólares anuales. En el año 2000 eran unos 400 millones y ya entonces superaban los montos de las donaciones. Hoy, las remesas superan donaciones y préstamos juntos. Esto nos ha colocado ante un cambio estructural, dramático y seguramente irreversible. Nicaragua depende cada vez más de sus migrantes, a pesar del nulo reconocimiento que a ellos se hace en los arrogantes discursos oficiales, donde son los altos funcionarios los que se autoalaban por su esfuerzo y capacidad para manejar la economía y mantenerla estable.

Con las realidades que hoy existen y con las oportunidades que hoy se vislumbran no se puede contar con cambios significativos en la economía a mediano plazo. Con este panorama, y aun cuando el gobierno ha priorizado -con conocimiento y complicidad del FMI- el pago de la deuda interna a los bancos, por sobre los programas de reducción de la pobreza, por sobre el gasto social y por sobre el destino para presupuestos de salud y de educación de lo ahorrado con la condonación de la deuda externa, es real el peligro de que necesitemos otra HIPC en sólo unos cuatro años porque los niveles de reducción de la deuda externa conseguidos son insuficientes, dado el lastre que significa para Nicaragua la deuda interna que se sigue pagando priorizadamente.

CONTRA VIENTO Y MAREA

Todas las proyecciones económicas están asentadas sobre un terreno frágil. Y esta fragilidad hace débil a Bolaños y a su equipo. Debilita también la continuidad de su proyecto, que es lo que se está jugando diariamente en la arena política.

El FMI también hace proyecciones sobre la deuda interna. Es un objetivo del FMI que el país incremente los impuestos no sólo para cubrir el gasto corriente del gobierno y las inversiones públicas, sino también para ir reduciendo significativamente la deuda interna. Desde 2005 el gobierno debe empezar a pagar la deuda contraída a través de los bonos de indemnización y, paulatinamente, también los CENI recomprados por el Banco Central a los bancos privados.

El objetivo del FMI, seguido por Enrique Bolaños contra el viento y la marea de las críticas y señalamientos de la sociedad civil organizada, sin dar explicaciones, y abundando en simulaciones, ha tenido para su gobierno un alto costo político. Esto también lo debilita y lo aísla.

Cuando este gobierno no ha podido mantener siquiera el programa del “vaso de leche escolar” para los niños y niñas más pobres de las escuelas públicas no puede dejar de producir perplejidad que se siga priorizando el pago a los bancos, un sector continuo receptor de privilegios, el más escandaloso de todos la generosa condonación del pago de sus impuestos que le otorgaron los dos gobiernos anteriores y que el actual ha mantenido, contra el viento y la marea de tantos reclamos ciudadanos.

CORTOPLACISMO Y RIGIDEZ

Todas las señales indican que Nicaragua tiene un riesgo muy alto de caer nuevamente en la insolvencia. No sólo son razones económicas las que explican la fragilidad de nuestra economía. También la inestabilidad política permanente que podría, por ejemplo, provocar un colapso en la recaudación de impuestos, lo que echaría abajo todos los optimistas cálculos que alimentan las siempre satisfechas declaraciones oficiales.

Sobre este terreno tan frágil y movedizo maniobran, conspiran y maquinan todos los días y a toda hora los tres grupos de poder que dominan el escenario nacional. El PLC y el FSLN -los dos partidos que controlan tres Poderes del Estado, actuando desde ellos, desde otras instituciones y desde las leyes contra el grupo Bolaños- no tienen incorporada en su lógica de acción los desafíos macroeconómicos. Hacen sus paces y libran sus guerras absorbidos por el cortoplacismo más crudo, en el que incrustan sus intereses personales.
El otro grupo, el del gran capital y el del capital financiero, representado en el Poder Ejecutivo, está en el otro extremo. Tiene tan rígidamente incorporado el marco macroeconómico que se ha trazado que no logra salir de las frías estadísticas del “power point mental” en el que lo ha registrado y no consigue comunicarse políticamente con el país real, confiando en que el respaldo internacional -que sigue siendo sólido- fortalecerá sus debilidades y acompañará sus soledades.

EN LA LECHE HIRVIENDO

El mes fue pródigo en maniobras y maquinaciones de todos contra todos. En la “leche hirviendo” del caso Parmalat -que ahondó más el abismo entre el Presidente y el Poder Judicial y profundizó las zanjas entre el Presidente y numerosos sectores sociales- se cocieron nuevas artimañas, en una creciente espiral, ésta nada civilista. La soledad y la debilidad que reflejó el Presidente y su equipo ante la sorpresa que les causó el caso Parmalat alentó a varios grupos a lanzar una vez más esa recurrente iniciativa llamada “diálogo nacional”. Sorprendió que uno de los primeros en hablar de esta “salida” fuera el Nuncio de Su Santidad en Nicaragua, Jean Paul Gobel, que ha ido apareciendo cada vez con más frecuencia en el escenario político.

Con diversas partituras, otras voces se sumaron al coro que pide diálogo. Por parte del PLC, la melodía desembocó en donde siempre: en el “reo de hospital” Arnoldo Alemán, a quien volvió a calificarse de “reo político”: sin reos políticos debía ser cualquier diálogo, dijeron sus más leales.
La voz más articulada en el coro la puso el dirigente liberal ayer repudiado por Alemán y hoy restituido a su amistad, René Herrera. Ésta fue su argumentación: Se ha demostrado que tener a Arnoldo preso no produce estabilidad ni el cambio que el gobierno esperó ni las situaciones que Bolaños había pensado. Creo que al final está resultando lo que se daba a comienzos de los 90, cuando doña Violeta, frente a situaciones de este tipo, y porque no podía contra el Frente Sandinista, tuvo que ceder y generar alternativas de amnistía con frecuencia, cosa que se creía improbable y que se demostró se podía. Lo que le aconsejaron a Bolaños no dio los frutos que se esperaba, y el que ha perdido es el país. Si no buscamos una amnistía, vamos a seguir atrapados en este juego porque no hay posibilidad de que el partido PLC abandone a Arnoldo.

Con idénticas alusiones a la reconciliación que trajeron al país las amnistías de los años 90 se sumó también al coro el Cardenal Miguel Obando, con tácitas alusiones en tres declaraciones públicas. La alianza de Daniel Ortega con el Cardenal Obando se mantiene y continúa expresándose. Ya desde que comenzó a hacerse pública hubo coincidencias en todos los análisis para interpretar que no sólo contenía el “perdón” del Cardenal al FSLN por pecados del pasado sino que auguraba un perdón a Alemán por delitos del presente que se pretende queden impunes.

OLOR A PACTO

Otras maniobras comenzaron a cocerse en el Legislativo, donde las bancadas mayoritarias del PLC y del FSLN empiezan a aliarse para restarle facultades al Ejecutivo -nueva ley general para el control de armas, reformas a la ley de la Procuraduría, creación de la Superintendencia de Servicios Públicos, nombramiento del director ejecutivo de la Seguridad Social no hecho ya por el Ejecutivo sino por el Parlamento-. Las maniobras fueron calificadas por los políticos de APRE cercanos a Bolaños como la instauración de un parlamentarismo de hecho, para convertir a Bolaños en un Presidente decorativo, con la banda en el pecho, pero sin ningún poder.

Ambos partidos coincidieron también en argumentar sobre la urgencia de vivir de lleno el proceso electoral para después, juntos, y ya en 2005, dedicarse ambas bancadas a importantes nombramientos pendientes -Procurador y Subprocurador de Derechos Humanos, Superintendente de Bancos- y a los quince nombramientos que tocará hacer en 2005 -cuatro Contralores, varios Magistrados del Poder Electoral y de la Corte Suprema y otros funcionarios-, y también al debate sobre otras leyes que -opinan- alentarían polémicas innecesarias en esta etapa pre-electoral, que debe preparar al país para la “fiesta cívica”.

Todo sigue oliendo a pacto. Bolaños no tiene control sobre los diputados liberales del PLC, probadamente leales a Alemán. Tampoco sobre el FSLN, al que ha comenzado a ofender públicamente con mayor frecuencia. Y sólo en las elecciones municipales se verá la fuerza real del nuevo partido que ha creado desde el Ejecutivo, la alianza APRE. Bolaños está solo. Y está débil. Aunque muy acompañado y muy fortalecido desde afuera. Adentro, la “leche” hierve y se derrama... ¿A quién tocará llorar sobre tanta leche derramada?

CON UN MÍNIMO DE UNIDAD

Con un mínimo de unidad de nación, podríamos pedir una HIPC más amplia. Con un mínimo de unidad de nación, renegociaríamos la deuda interna para empezar a priorizar la salud y la educación, urgencias extremas, porque si seguimos con los niveles de desnutrición y de analfabetismo que se están acumulando tenemos ya hipotecado el futuro, el futuro real e incluso, ese “futuro” al que la propaganda oficial dice nos conducirá “el puente” del TLC.

Con un mínimo de unidad de nación daríamos respuestas creativas al problema de la tenencia de la tierra para los pequeños y medianos productores. Con un mínimo de unidad de nación empezaríamos a enfrentar en serio, institucionalmente, legalmente, y sobre todo desde la educación, el machismo cultural que se expresa a diario en violencia, abusos sexuales y violaciones, que quedan en la impunidad, y que está teniendo también desastrosas consecuencias para presente y para el futuro.

Pero, ¿cuál de los tres grupos de poder está pensando en esto? Todos están absorbidos en la correlación de fuerzas que revelarán los resultados de las elecciones municipales de noviembre. Y tan sólo para empezar a pensar de inmediato en las siguientes maniobras, las que acompañarán las elecciones presidenciales.

CON UN MÁXIMO DE CONFIANZA

Las luchas desatadas entre la clase política de Nicaragua, en disputa despiadada por los espacios de poder -y por los atributos de poder correspondientes a cada espacio: salarios, vehículos, viajes, prebendas y cámara- está teniendo cada vez consecuencias más negativas para el desarrollo nacional. Crecemos algo, tal vez. Pero no nos desarrollamos. En pocos años se verá el resultado de todo esto. De ésta, ésta sí en verdad, crisis descomunal.

Montada en el teatro de la legalidad, la clase política está perdiendo aceleradamente credibilidad, legitimidad. Sus sonrisas, sus alegatos, sus estadísticas, sus discursos, sus comparecencias, no logran infundir confianza. Nos toca esperar que esta crisis de desconfianza conduzca a la población, a la gente, a la sociedad, a los hombres, y sobre todo a las mujeres, a confiar más y más en sí mismas, en sus propias potencialidades, en sus propias capacidades, hasta en sus propios sueños. Con un máximo de confianza en nosotros mismos podremos empezar a avanzar.

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