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  Número 264 | Marzo 2004
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Centroamérica

Un centroamericano en el Foro Social Mundial de Mumbai

El antropólogo y sacerdote jesuita guatemalteco Ricardo Falla compartió con Envío “algunas impresiones muy personales” -así las llamó buscando ubicar exactamente su alcance-, tras su participación en el Foro Social Mundial, celebrado en Mumbai, India, del 16 al 21 de enero.

Ricardo Falla

Yo no sabía exactamente a qué iba … Me imaginaba que sería como los congresos de LASA, que reúnen periódicamente en Estados Unidos a centenares de latinoamericanistas. Cincuenta o sesenta paneles, talleres y seminarios, que se celebran a la vez en distintas salas de un hotel y donde lo que se pretende no es tanto discutir ideas como hacer contactos personales. En este tipo de congresos nunca se encuentran todos los participantes en un solo espacio, ni en la inauguración ni en la clausura del evento.

Pensaba también que todos los que habían sido invitados al Foro a presentar una ponencia la llevarían por escrito, y por eso dediqué un tiempo a redactar algo sobre el tema del seminario específico al que me habían invitado: sociedad civil, pueblos indígenas y construcción de la paz. Para este mismo seminario habían sido invitados otros dos sacerdotes, uno mexicano y otro colombiano. Como los tres teníamos cierta experiencia en pueblos indígenas o afroamericanos en zonas de guerra, los tres sabríamos -se suponía- algo de lo que es la construcción de la paz. Pensaba también que al Foro llegarían unas tres o cuatro mil personas y me resultaba incomprensible cómo los jesuitas de la India -los que me invitaban- fueran capaces de llevar al Foro a mil quinientas personas, como nos anunciaban en las comunicaciones que nos llegaban vía internet desde la India y Roma.

Nada de lo que imaginaba sucedió. El Foro Social Mundial de Mumbai (Bombay) fue algo multitudinario, gigantesco. Aun en la prensa de Mumbai se le daba el calificativo de “tamaño mamut”. Algunos calcularon 100 mil gentes, otros 150 mil. La página web del Foro anunció más de 80 mil personas inscritas. ¿Dónde iba a caber tanta gente? Evidentemente, no en un hotel ni en varios. El local escogido por los organizadores fue un enorme predio ocupado por construcciones al estilo de las de nuestras maquilas centroamericanas. Actualmente, ese lugar se denomina centro de exposiciones, antes fue una fábrica de jeeps. Todo un símbolo del capitalismo en ruinas. Por entre aquellas enormes construcciones, hoy abandonadas, había calles y explanadas, por donde circulaban ríos de gente bailando, cantando, gritando consignas.

Además de habilitar esos enormes galpones, se levantaron también “salas” más pequeñas: con mantas clavadas a palos de bambú se alzaron paredes y techos. En total, había unas 120 de esas rústicas salas. A las mismas horas se llevaban a cabo en ellas otros tantos seminarios o talleres. En algunas salas -las había de diverso tamaño- cabían 150 personas sentadas, en otras 300, en otras más gente. Cada día había tres series de seminarios o conferencias: de 9 a 12, de 1 a 4 y de 5 a 8, de modo que si todas las salas estaban ocupadas se celebraban diariamente unos 360 seminarios con las temáticas más variadas: las maquilas en el mundo globalizado, los refugiados de Bután, los dalit (descastados) de la India, la guerra en Irak, la globalización y Cancún, el futuro del Foro Social Mundial, los derechos de los niños y las niñas, el derecho a la expresión de la orientación sexual...Aunque en algunos seminarios la temática fue tocada con precisión y profundidad y asistiendo a ellos se le generaban a uno nuevas intuiciones, hubo otros muy retóricos. Me parece que esto sucedía en los seminarios a los que acudía tanta gente que era imposible el diálogo. Allí, las comunicaciones se reducían a discursos.

La calidad intelectual -digámoslo así- de los seminarios fue muy desigual. El estilo no era, como el que yo me había imaginado, de académicos. Era fundamentalmente un estilo expresivo. Casi nadie llevaba su texto por escrito. Todos hablaban con soltura de lo que vivían a diario. Esto no quiere decir que el Foro no tuviera una fibra intelectual poderosa. Sí la tenía, pero muy disgregada y por decantar, por definir. Siendo su estilo opuesto a las definiciones y a los trabajos supuestamente muy acabados, esto permitía que se expresaran identidades variadas en un espacio de total libertad. Y aunque en los seminarios había discusión de ideas, el principio del Foro era la diversidad y el flujo. El estilo era: “Tú di lo que te parezca. Yo te lo respeto, no te lo juzgo, no te condeno, aunque eso no quiere decir que yo esté de acuerdo contigo”.

El Foro no fue una platea académica, sino un espacio de expresión libre de identidades, a nivel global. La variedad de expresiones era patente tanto en las palabras como en las calles del centro de exhibiciones que nos acogía. Salieron a relucir toda clase de trajes típicos de los pueblos indígenas y tribales de la India. Quienes llegamos de América Latina pensábamos que la India era toda ella “india”. Pero no, allá hay tribus autóctonas anteriores a las invasiones hindúes o musulmanes. Esas comunidades saltaron a la palestra mundial del Foro con danzas, tambores, adornos, vestidos…

Identidades secularmente aplastadas que estallaban allí como una burbuja. De la misma forma, en cualquier esquina aparecían quienes portaban el arco iris como símbolo, con el “judge not” (no juzgues), donde destacaban los gays, pero no eran rostros de blancos o de blancas norteamericanas, eran rostros orientales. Otra de las identidades aplastadas por nuestros prejuicios construidos sobre la estructura canónica de la familia patriarcal. Aparecían también tibetanos, vestidos con largas vestiduras. Con plumones en la mano nos pedían que firmáramos una enorme sábana de protesta de media cuadra de largo. De mil formas aparecían quienes denunciaban la guerra en Irak.

En toda esta enorme diversidad, era evidente una corriente común en torno al lema del Foro: “Otro mundo es posible”. Ante la globalización económica impuesta por los poderosos de la tierra sobre la mayoría de los pueblos del mundo, surge este grito. Si la globalización se ha impuesto sin que el mundo pueda opinar sobre ella, se empieza a oír la voz de los “altermundistas”, como apellida la prensa francesa a todos quienes sentimos la necia identidad de protestar, de resistir y de mantener la esperanza de que se puede hacer otro mundo, otra sociedad, otra familia, otra iglesia... Me llamó la atención que el lema no ha sido “Un mundo nuevo es posible”, como si lo tradicional, lo rural y lo autóctono tuvieran que desaparecer ante la invasión de “lo nuevo”. El lema es “Otro mundo es posible”. Es un grito contra la uniformación, contra el etnocentrismo capitalista, contra el individualismo y el consumismo. En la base del Foro Social Mundial está el respeto al otro, hombre o mujer, está la diferencia. Y a la par, la comunidad del grito supone también una identidad colectiva, que es la que se levanta como “gran marejada identitaria global” -expresión del sociólogo Manuel Castells- contra la fuerza de la globalización económica.

¿Cómo inició el Foro Social Mundial? Lo cuenta Francisco Whitaker, uno de sus organizadores, en un artículo que escribió en el año 2000. Leo ahora unos párrafos de aquel texto para recordar cómo empezó todo esto: “A comienzos de 1998 se hizo pública la propuesta de un Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), que sería firmado por los países más ricos del mundo, para después ser propuesto -en la práctica impuesto- a los demás países del mundo. Este Acuerdo venía siendo discutido en secreto con la pretensión de constituirse en una especie de Constitución Mundial del Capital y le daría al capital todos los derechos, especialmente en el Tercer Mundo, y casi ningún deber. El periódico francés “Le Monde Diplomatique” divulgó ampliamente una primera denuncia realizada en los Estados Unidos por el movimiento “Public Citizens”, liderado por Ralph Nader, a través de un artículo firmado por una abogada del movimiento, Lori Wallach. La reacción a los absurdos que ese Acuerdo contenía hizo surgir un movimiento social de protesta que, al final de 1998, llevó a Francia a retirarse de las negociaciones, lo que acabó por impedir que el Acuerdo fuese celebrado”.

“A partir de las articulaciones que las luchas contra el AMI ayudaron a realizar por todas partes del mundo entre quienes no aceptaban la posibilidad de un mundo enteramente controlado por los intereses del capital -cuenta Whitaker- se fueron organizando manifestaciones masivas contrarias al actual modelo de globalización: Seattle, Washington, Praga...
Por otra parte, desde hacía unos veinte años los dueños del mundo -gobernantes, empresarios, economistas- se venían reuniendo en la ciudad turística de Davos, en Suiza, en un Foro al que dieron el nombre de Foro Económico Mundial. En 1999 algunos brasileños pensaron que se podría iniciar una nueva etapa de resistencia al pensamiento hoy hegemónico en el mundo. Además de las manifestaciones de masas y protestas, parecía posible pasar a una etapa propositiva, de búsqueda concreta de respuestas a los desafíos de la construcción de “otro” mundo, donde la economía estuviese al servicio del ser humano y no al revés. Economistas y otros universitarios opuestos al neoliberalismo ya venían realizando en Europa encuentros denominados Anti-Davos. Ahora, pretendíamos algo más que eso: un encuentro de dimensión mundial y con la participación de todas las organizaciones que se venían articulando en las protestas masivas, orientado hacia lo social. Sería el Foro Social Mundial. Para darle una dimensión simbólica al inicio de esta nueva etapa, el Foro Social Mundial tendría lugar durante los mismos días del Foro Económico Mundial de Davos del año 2001, pudiendo repetirse todos los años, siempre durante los mismos días en que los grandes del mundo se encontrasen en Davos”.

“Quien tuvo esta notable idea -reconoce Whitaker- fue nuestro amigo Oded Grajew. Me la propuso cuando nos encontramos en Francia en febrero del 2000. Resolvimos llevarla juntos al director de “Le Monde Diplomatique”, Bernard Cassen, para ver si sería una idea aceptada fuera de Brasil. Cassen se entusiasmó y propuso que realizáramos el Foro en Brasil. Para él, tenía que ser en el Tercer Mundo -por su efecto simbólico- y en Brasil, que estaba entre los países con mejores condiciones de acoger un Foro de ese tipo. Fue de él también la propuesta de realizarlo en Porto Alegre, capital de un estado que venía siendo cada vez más conocido en todo el mundo por sus experiencias democráticas y de lucha contra el neoliberalismo. Cassen nos relanzó el desafío: si éramos capaces de organizar el Foro, tendríamos no solamente el apoyo de su periódico sino el de todas las organizaciones que en el mundo se venían manifestando contra el capital. Desde aquel momento iniciamos una carrera contra el tiempo para asegurar la presencia de participantes de todo el mundo...”

Hasta aquí el relato de Whitaker. El Foro de Davos de este año 2004, celebrado pocos días después del Foro de Mumbai, tuvo como lema “La prosperidad y la seguridad”. Yo llegué a la India leyendo en los periódicos que dan en el avión que la India estaba en un auge económico impresionante, con un crecimiento económico del 7%. Pero cuando salimos a las calles de Mumbai quedamos impresionados por la pobreza que te sale por todas las esquinas: miles de chabolas de cartón a la orilla de las autopistas y bajo los puentes, mendigas con niños desnutridos que te acosan, desempleados por todos lados, multitudes de gentes miserables, como no vemos nunca en ningún lugar de Centroamérica. Algunos estados indios tienen mil habitantes por kilómetro cuadrado. ¿Dónde está la prosperidad que supuestamente está llegando a la India? ¿Experimentarán todos estos pobres la seguridad de la que hablan en Davos? En la prensa de la India vi en los mismos días del Foro que se hablaba de este contrasentido y se citaba a Joseph Stiglitz, converso de las políticas neoliberales que él mismo impulsó desde el Banco Mundial y presente también junto con nosotros en el Foro:

“La forma en que la globalización ha sido manejada debe repensarse radicalmente”, decían que dice Stiglitz.

En el Foro Social Mundial de Mumbai hubo un seminario sobre el Internet y el activismo político, al que asistí con mi compañero inseparable, un jesuita mexicano. El Internet es pura globalización, se dijo allí. ¿Será entonces que el Internet debe ser denunciado, a la vez que se denuncia la globalización económica? Al contrario, afirmaban los jóvenes catalanes que exponían. Este Foro en el que estamos no hubiera sido posible sin el Internet. Entonces, las grandes marejadas identitarias en contra de la globalización son posibles por la globalización. Y no sólo son posibles sino que es la globalización económica la que las está generando.

Quizás es aquí donde se puede percibir la fuerza y la debilidad del Foro Social Mundial. Fuerza porque logra aunar y plasmar toda esa marejada, que estaba oculta o dispersa. Incluso, las protestas multitudinarias en diversas capitales del mundo en contra de la guerra de Irak y a favor de la paz quedaron dispersas. En el Foro Social Mundial esa fuerza se junta, no virtual, sino geográficamente, no “on line”, sino “off line”. El “off line” es irreemplazable. Su fuerza consiste, además, no sólo en lo multitudinario. Que llegaran 100 mil o 150 mil personas a Mumbai hace una diferencia, pero es cuantitativa, no cualitativa.

La fuerza consiste en la peculiaridad organizativa de esa multitud, que es la que hace ponerle tanto énfasis a la “diversidad”. Y la diversidad, no sólo porque es bella ni sólo porque es una riqueza cultural o un tesoro de la humanidad, etcétera, etcétera, sino la diversidad porque es la condición de posibilidad de una organización en red. La red sólo tiene razón de ser si los nodos que se apoyan mutuamente tienen bienes intercambiables. Si todos son iguales, ¿para qué hacer la red?
Aquí es donde me parece que el Foro Social Mundial tiene una lección muy actual para los sindicatos, las organizaciones, las órdenes religiosas, las iglesias... Aprender a organizarnos en red y no verticalmente. La organización vertical ha sido desbancada por la organización en red. Henry Ford fabricaba carros con una organización vertical. Hacía todas las piezas de sus carros en sus fábricas. Así se trabajaría también en la fábrica de jeeps abandonada en donde acampamos en Mumbai. Hoy ya no, las piezas se hacen y se combinan en una red que atraviesa países. Siendo esto así, también entra en juego otro concepto del poder, ya no el derivado verticalmente, definido y estático, sino un poder en flujo, invisible, inasible. Algo así como el Espíritu Santo de los pentecostales, que está en todas partes y se siente y se va y se mueve y me mueve y lo aplaudo y me tira y me levanta…

Y si esto es así, como parece serlo -porque aun los pentecostales no son una expresión extraña a la globalización-, entonces hay que estar siempre “sobre la jugada” porque lo que hoy es mañana deja de ser, lo que hoy estuvo en el candelero mañana ya se olvidó, los héroes de ayer ya no son los de hoy. Evidentemente, esto multiplica las cosas que no sirven y nos exige a quienes estamos a la caza de las señales de ese “otro mundo” una percepción colectiva continua, también en red, para saber en qué nodo se está concentrando el poder y por qué redecilla se está escapando. Algo imprescindible en el momento actual si es que queremos que los pobres puedan ser “empoderados”, para usar la tan socorrida palabra gringa.

Y es aquí también donde se percibe la debilidad del Foro Social Mundial. Se ha puesto de moda y creemos que estará de moda para siempre. Comenzamos a copiar su forma de organización. Y se celebran foros continentales, regionales y temáticos.

En julio, por ejemplo, se va a celebrar el Foro de las Américas. Todos estos foros parciales pretenden entrelazarse para culminar en el Mundial. Y cuando agarre más fuerza la moda, se pretenderá hacer el Foro Social de Centroamérica, el Foro Social de Guatemala… Iniciativas muy laudables, interesantes, que ojalá peguen. Pero el riesgo -o la debilidad- está en que se trate de copiar la fórmula, y así el poder inscrito en esta novedosa expresión termine escurriéndose y se caiga en una repetición sin experiencia. En una ritualización, diríamos, en que se imite y no se asuma. En que no se llegue a su meollo, a su fuerza, que consiste en su fluidez.

Fue curioso que mientras la inauguración del Foro, en la tarde del 16 de enero, estuvo llena de entusiasmo, la clausura, en la tarde y anochecer del 21 de enero, tuvo un par de horas de discursos sin sustancia ni vibración y algunos participantes cansados comenzaron a irse. Me dio la impresión de que en ese lapso de dos horas se estaba anunciando la muerte de esta fórmula. Sin embargo, después de esas dos horas entró en escena el cantante brasileño, hoy ministro de Cultura del gobierno de Lula, Gilberto Gil, y con su guitarra electrizó de nuevo a las multitudes, que comenzaron a bailar entrada ya la noche. A esas horas apareció junto a nosotros un mendiguito desarrapado. Algunos indios lo quisieron espantar, otras mujeres lo defendieron. Y entonces se puso a bailar con todos con una alegría y pureza que nos emocionó hasta las lágrimas. Era un niño muy moreno de ojos blancos. En él estaba el misterio balbuciente del Foro.

Junto con la tendencia a una repetición ritualizada, otra debilidad del Foro está en la diversidad no vinculada o vinculada sólo en red. Entre los jesuitas de la India alguno sacó a relucir esta preocupación en la tarde de la evaluación. Tan vigorosa expresión de la diversidad lo lleva a uno a centrarse en el grupo tribal, en los dalits... La seducción de lo diferente. Eso tiene el peligro de que, aunque haya una conexión en red con ONGs, por ejemplo, y aun con niveles globales, se pierda de vista la unidad más amplia de la nación.
Es el caso de la India, ese conglomerado tan diverso que es esa nación, ante el cual resulta realmente admirable que se mantenga unida y no haya estallado en pedazos con el hervor de las identidades étnicas, religiosas y nacionales que la habitan. Trasladada esta preocupación a la organización popular, podría conducir al olvido de las reivindicaciones comunes que unifican -aunque abstractamente muchas veces- a miles de personas en una lucha que debe ser colectiva.

Porque no basta con la expresión de una identidad. Hay que ponerle cuerpo y hay que traducirla en acciones comunes, para lo cual hay que competir con poderes verticales. El Foro no tuvo una declaración final. No sé si es porque los organizadores no se pusieron de acuerdo o si, simplemente, no es propio del estilo del Foro amarrar expresiones tan diversas en una declaración abstracta. Esta ausencia alimenta una fuente de críticas. Como decía un artículo en “Le Monde” titulado “Los altermundistas y el riesgo de la inacción”: “Después de Bombay existen otros tantos motivos para mostrarse uno con muchas dudas frente al futuro del proceso que a fuerza de celebrar la diversidad y el posible sincretismo entre las luchas de toda naturaleza, tome la apariencia de un barco a la deriva”.

Hacemos estos comentarios dentro del espíritu del Foro, no para dar rienda suelta a un sincretismo sin rumbo, sino para encontrar ese meollo de inspiración que viene reuniendo a tantos pueblos desde hace cuatro años para contrastar sus voces y sus experiencias con las de la globalización avasalladora. Otro mundo es posible: ésta es nuestra esperanza. Otra iglesia es posible: así se defendió un jesuita de Malasia cuando le argumentaron con el acartonamiento y complicidad de la iglesia católica en tantas partes del mundo. Pero, ¿por dónde será posible? He ahí el reto que nos presenta este gran acontecimiento. Los pasos que siguen ahora son el Foro Social de las Américas, en Quito en julio 2004, donde se espera que se expresen con fuerza las identidades indígenas del continente, especialmente las del altiplano ecuatoriano, peruano y boliviano; y el Foro Social Mundial, que regresa en enero 2005 a su cuna, a Porto Alegre, a Brasil.

Los retos de los futuros foros, especialmente los del próximo, son múltiples. La escritora y militante india, Arundhati Roy, afirmó que el Foro de Mumbai fue “maravilloso pero Insuficiente”. ¿Por qué? “Necesitamos urgentemente discutir las estrategias de resistencia”, afirmó. Y recordó que la Marcha de la Sal de Ghandi no fue sólo un teatro político: “Cuando en un simple acto de desafío miles de indios marcharon hacia el mar y elaboraron su propia sal, rompieron las leyes de los impuestos sobre la sal. Fue un golpe directo al sostén económico del imperio británico. Aquello fue real”. No fue sólo un gesto dramático, un espectáculo para conmover a quienes contemplaran los medios.

Fue una acción realísima con consecuencias económicas y políticas realísimas. Por eso, el reto, tal vez el principal, del próximo Foro es que no sea sólo un espectáculo y la oportunidad para fotos maravillosas, sino que, pasando de las buenas intenciones a las acciones consensuadas, se llegue a una agenda mínima con el fin de ganar algo. Y así la resistencia pacífica no se atrofie. Ganar algo a nivel global es muy importante. “Nuestro movimiento necesita una gran victoria global. No es suficiente tener la razón. A veces, aunque sólo sea para probar nuestra determinación, es importante ganar algo.

Para ganar algo necesitamos estar de acuerdo en algo, tal vez en una agenda mínima”: éste fue el deafío que nos lanzó la escritora india, una de las más prominentes estrellas de la convocatoria de Mumbai.

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