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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 264 | Marzo 2004
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Nicaragua

Asesinato de Guadamuz: la mano de Caín siembra el terror

Los alcances de este crimen son difíciles de advertir. Más complejo aún es asumir las razones por las que Carlos Guadamuz fue asesinado. Y todo resulta doloroso por el tormento de las sospechas.

William Grigsby

Hacía muchos años que la sociedad nicaragüense no vivía el terror político. Muchos años, pero poco tiempo. Los tres balazos que acabaron con la vida de Carlos José Guadamuz y aquel alarido espeluznante de su hijo Selim clamando por ayuda mientras socorría el cuerpo agonizante y ensangrentado de su padre, sacudieron la conciencia nacional e inauguraron una fase cuyos alcances aún son difíciles de advertir. Más complejo aún es asumir las razones por las cuales fue asesinado. Todo resulta difícil, complejo y sobre todo, doloroso, por el tormento de la sospecha. ¿Cuánto corazón necesitaremos reunir para soportar las certezas?
El crimen de Guadamuz somete a juicio no sólo al autor material, ya capturado, y a los intelectuales, cuya identidad aún se ignora. También están a prueba la Policía Nacional, la Fiscalía, los tribunales de justicia y el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Para entender las circunstancias del asesinato y eventualmente encontrar indicios de los autores intelectuales, es imprescindible aproximarse a la personalidad de la víctima, a su trayectoria política y, muy especialmente, a su relación con un grupo de connotados dirigentes sandinistas, con quienes trabó durante cuarenta años una amistad profunda y contradictoria.

VALIENTE, AUDAZ, TEMERARIO,
PARECÍA NO CONOCER EL MIEDO

A lo largo de sus 58 años, Carlos José se constituyó en un arquetipo de la controversia. En su temprana juventud fue valiente hasta la temeridad en el enfrentamiento contra la Guardia Nacional somocista. Julio López Campos, analista político y comentarista radial, uno de tantos amigos con quien Guadamuz tenía una relación de amor y odio, lo recuerda así: “Allá al comienzo de los años 60, cuando la dictadura somocista era una fortaleza inexpugnable, cuando se pensaba que tendríamos dictadura para siempre y cuando la mayoría de los nicaragüenses estábamos sometidos a las arbitrariedades y las crueldades y casi nadie tomaba el camino de la lucha contra la dictadura somocista, Carlos José Guadamuz emprendió ese camino, primero desde Juventud Patriótica y después desde el Frente Sandinista”.

“Él pertenece a una generación de sandinistas que va bastante pegada a la generación que dio origen y fundó el Frente Sandinista. Quienes entonces tuvimos la oportunidad de conocerle supimos de su audacia, de su decisión de luchar contra la dictadura. Era un joven -muy joven por cierto- lleno de coraje y de unas convicciones antisomocistas y antidictatoriales realmente sorprendentes, fuera de lo común. Nunca reparó en su seguridad personal. Cuando se contaban con los dedos de la mano los militantes del Frente Sandinista, fue un luchador, un combatiente de la resistencia urbana realmente valiente, audaz, incluso temerario. Parecía no conocer el miedo. Y desde entonces siempre me quedé con la impresión de que Carlos nunca conoció el miedo. Siempre hizo lo que creía que debía hacer y siempre dijo lo que quiso decir. Algunas veces, no porque lo hiciera por convicción personal sino, tal vez, seguramente, en el contexto de orientaciones políticas”.

A los 23 años, Guadamuz cayó preso después de una frustrada acción guerrillera. En la cárcel, escribió una auténtica lección de honor cuando durante meses resistió las peores torturas de los agentes somocistas y jamás delató a sus compañeros de lucha en el FSLN. Jacinto Suárez, uno de sus compañeros en las mazmorras de Somoza y su amigo desde la infancia, cuenta que mientras él estaba en su celda, todas las noches escuchaba los gritos horripilantes de Carlos José mientras le aplicaban el chuzo eléctrico o le torcían los testículos con una tenaza. Y entre cada aullido de dolor, Guadamuz clamaba: ¡Viva el Frente Sandinista!”

Durante los años de la Revolución, Carlos abrió una nueva era en la radiodifusión nacional, cuando hizo de la emisora oficial del Estado la radio más escuchada y la más creída por la audiencia, por el entonces novedoso formato participativo, dinámico e interactivo que inauguró y promovió. Será en los últimos ocho años cuando se ganará su mayor cantidad de críticos, adversarios y enemigos, muchos de ellos entre quienes alguna vez consideró sus hermanos.

BAJO EL PADRINAZGO DE DANIEL ORTEGA

Después que salió de la cárcel -uno de los trece prisioneros liberados por el comando que secuestró a un centenar de personajes del somocismo la noche del 27 de diciembre de 1974 en la casa de Chema Castillo-, Guadamuz se refugió en Cuba y sólo volvió a Nicaragua en 1979, un par de meses después del triunfo de la Revolución. Durante su estadía en La Habana, fue curado de sus heridas y lesiones físicas, pero los médicos cubanos poco pudieron hacer para mejorar sus traumas emocionales.

Nunca pudo recuperarse y precisamente las consecuencias siquiátricas de las torturas y de los siete años que pasó encerrado en la Cárcel Modelo de Tipitapa, fueron siempre la explicación que utilizaban sus amigos y mentores políticos para justificar sus excesos políticos o radiales. Uno de ellos fue Daniel Ortega, compañero de cárcel de Guadamuz. Entre ambos se forjó una relación de amor y odio, de lealtad hasta la complicidad. El padrinazgo de Ortega fue decisivo para que Guadamuz pudiese incorporarse nuevamente al FSLN. Hacia 1978, en La Habana, había renunciado a su militancia sandinista y había protagonizado no pocos problemas políticos con los cubanos. Fue Ortega quien le entregó la dirección de La Voz de Nicaragua, nombre con el cual bautizaron a la emisora del Estado. Satisfacía así los deseos del propio Guadamuz, quien había demostrado sus inclinaciones periodísticas desde principios de los años 60, cuando trabajó en uno de los más escuchados radioperiódicos del país.

Sólo su amistad con Ortega puede explicar por qué Guadamuz mantuvo el control de la radio, pese a que nunca se sometió a las directrices partidarias y abusó de los micrófonos de la emisora para denostar a cuanto dirigente sandinista presumía como competidor o rival político de su “hermano” Daniel. Se pueden relatar muchos ejemplos, pero baste uno sólo: ocurrió en julio de 1984, cinco meses antes de las primeras elecciones democráticas en la historia del país.

PROTEGIDO POR “EL CÍRCULO DE HIERRO”

En julio de 1984, la entonces todopoderosa Dirección Nacional del FSLN se reunió durante seis días para discutir la estrategia electoral y, sobre todo, para designar su fórmula presidencial. En aquellos años, Tomás Borge era el líder sandinista de mayor popularidad y su encendida oratoria provocaba la fascinación de las masas. Entre los cuadros del FSLN, todos sabían que el entonces Ministro del Interior ambicionaba convertirse en el Presidente de Nicaragua, autoconvencido de que había reunido méritos históricos suficientes.

Por el contrario, Daniel Ortega poseía una imagen gris, con su poblado mostacho, sus enormes y grotescos lentes y su cabello siempre desordenado. Sus discursos eran harto aburridos y espanta-gente, y en su carácter conservaba visibles huellas de sus siete años de prisionero.
En algún momento de la discusión de los nueve comandantes de la Dirección Nacional, la balanza empezó a inclinarse hacia la designación de Borge como candidato. Entonces, Ortega relató a Guadamuz lo que estaba ocurriendo, y aunque no se sabe de quién fue la idea, lo cierto es que a la mañana siguiente Guadamuz tomó los micrófonos de la radio y lanzó un feroz discurso contra Tomás Borge, a quién acusó entre muchas otras cosas de traidor, delincuente, incapaz y ambicioso.

Al final de la encerrona, los nueve designaron como fórmula presidencial a Daniel Ortega y a Sergio Ramírez, ya dominante en la Junta de Gobierno. Si bien las diatribas de Guadamuz no fueron el factor determinante, sirvieron para que Ortega enseñara a sus colegas de la Dirección de cuánto era capaz para mantener el poder, sin importar las consecuencias. Ésa fue la primera de centenares de intervenciones radiales en las que Guadamuz lanzó todo tipo de acusaciones y de insultos contra quien se le antojaba, habitualmente sin más pruebas que su propio testimonio. Mientras Guadamuz tuvo el soporte de Ortega jamás pagó consecuencias políticas por este modo de acutar.

López Campos cree que el origen de semejantes excesos fue que para Guadamuz “el Frente Sandinista era Daniel Ortega. Para él la Dirección Nacional del Frente era Daniel. Los demás no contaban. Cuando más, para tener con ellos alguna actitud protocolaria. Y eso hacía que Guadamuz tuviese muchos problemas con dirigentes del Frente Sandinista”.

No sólo el secretario general del FSLN apoyaba incondicionalmente a Guadamuz. Sus antiguos compañeros de celda y amigos de toda la vida, ocupaban posiciones políticas clave desde las cuales hacían todo lo que podían por protegerlo. Lenín Cerna, ex-jefe de la Seguridad del Estado; Jacinto Suárez, ex-secretario privado del General Humberto Ortega y ex-vicecanciller; Manuel Rivas Vallecillo, ex-jefe de Seguridad Personal del extinto Ministerio del Interior; y Leopoldo Rivas, ex-ministro de TELCOR. Todos ellos conformaban lo que se llama el círculo de hierro. A ellos se suma Dionisio Marenco, ex-ministro de Comercio Interior y ex-jefe de Propaganda del FSLN. Con el General Humberto Ortega la relación de Guadamuz fue casi siempre cordial pero distante. No se recuerdan roces públicos entre ellos. Con Marenco sí hubo vínculos amistosos, aunque también no pocas veces hubo tirantez.

DESDE LOS MICRÓFONOS DE RADIO YA

A raíz de la derrota electoral, Guadamuz creó Radio Ya, con el pleno respaldo de Daniel Ortega. Entre ambos inventaron una sociedad integrada por varios de los principales baluartes de la La Voz de Nicaragua: el cronista deportivo Edgard Tijerino; el cantautor Otto de la Rocha; el periodista Adrián Roque Cuadra, ex-compañero de exilio en Cuba de Carlos José; y el locutor Conrado Pineda. Uno a uno, todos fueron saliendo de la emisora porque no soportaban la dirección autocrática de Guadamuz. Y cuando salían, renunciaban expresamente a la sociedad anónima propietaria de la radio. Así, Carlos José se adueñó por completo de la emisora y Daniel Ortega se ocupaba de atajar en su nombre las intensas presiones de otros dirigentes del partido, que pujaban por someter a la radio a las directrices políticas de la dirección sandinista, que a duras penas podía resistir la avalancha interna que pedía la democratización del FSLN. Hasta 1993.

Ese año, Guadamuz había logrado un contrato para brindar servicios publicitarios a la alcaldía de Managua, en aquel entonces en poder de Arnoldo Alemán, quien ya había sacado sus garras, estaba saqueando literalmente las arcas de la comuna capitalina y pretendía crear un cuerpo policial a su servicio. Managua cambia, la Alcaldía cumple decía el eslogan publicitario que se emitía a toda hora en Radio Ya, especialmente en los programas deportivos. En abril, mientras se transmitía un apasionante partido de béisbol, a eso de las ocho de la noche, la señal de la emisora quedó interrumpida. Unos 45 minutos después, el propio Guadamuz denunciaba en Radio La Primerísima que habían asaltado la planta transmisora, inutilizado a los vigilantes y causado destrozos a los transmisores. Al día siguiente, Radio Ya pudo volver al aire. Guadamuz no quiso acusar a nadie por el atentado, aunque otras voces acusaron directamente a Daniel Ortega. Los anuncios de la alcaldía de Managua desaparecieron.

A nivel interno, el FSLN iniciaba en 1993 una de sus peores crisis, cuando se desató la pugna entre dos tendencias: la socialdemócrata y la de izquierda. La primera, encabezada por Sergio Ramírez, tenía clara mayoría en los órganos partidarios y estaba integrada por todos los ex-ministros y otros ex-altos funcionarios del gobierno sandinista. En la otra acera estaban los dirigentes políticos intermedios. Daniel Ortega oscilaba entre ambas corrientes, y habitualmente se inclinaba por donde iba la mayoría. Al año siguiente, Guadamuz volvió a demostrar a Ortega cómo entendía la lealtad.

En enero de 1994 eran ya públicas las agudas diferencias internas en el FSLN. Mientras otros periodistas sandinistas tomaban partido por la izquierda y revelaban la naturaleza ideológica del conflicto, Guadamuz ocupó los micrófonos de Radio Ya para calumniar a todos los dirigentes de la tendencia socialdemócrata: desde Sergio Ramírez, su hija María Ramírez y la comandante guerrillera Dora María Téllez, hasta comandantes históricos como Borge, Henry Ruiz, Bayardo Arce y muchos más. Sergio Ramírez ripostó y llamó a las emisoras sandinistas albañales radiofónicos. Daniel Ortega guardó silencio. Al final, después del Congreso del FSLN de mayo de 1994, los “ramiristas” decidieron hacer tienda aparte y fundaron el Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

DE PERIODISTA A POLÍTICO: UN SALTO AL VACÍO

Guadamuz reclamó su premio y se lanzó como candidato del FSLN a la alcaldía de Managua en las elecciones generales de 1996. Esto colocó a Ortega en graves aprietos. Por un lado, no podía negarse a respaldar a su amigo, aliado y cómplice. Por otro, sabía que Guadamuz no era un candidato ganador y que, si finalmente era electo, su gestión sería seguramente desastrosa. Además, muchos de los nuevos aliados de Ortega en ese momento habían sido injuriados por el periodista en no pocas ocasiones. Simultáneamente, Herty Lewites -un viejo amigo de los hermanos Ortega y cuya gestión como Ministro de Turismo durante el gobierno sandinista había sido de mucho impacto- lanzó su candidatura por suscripción popular en el movimiento Sol. Tras fundación del MRS, Lewites había renunciado a la bancada del FSLN en el Parlamento, en la que era diputado, y eso le impedía competir por el partido que había abandonado.
Al final, las elecciones las ganó el PLC con Alemán en la Presidencia y Roberto Cedeño en la alcaldía de Managua. Guadamuz acusó de traición al aparato partidario del FSLN y a su propio amigo Daniel Ortega, por haber orientado a la militancia el voto cruzado: por Daniel y el FSLN en la boleta presidencial y por Sol y Herty en la municipal. Aunque Guadamuz nunca pudo probar sus acusaciones, lo que sí es cierto es que, si bien Ortega no hizo trabajo subterráneo para que la gente votara por Herty, tampoco hizo mucho porque ganara Guadamuz. Puede decirse que casi nada hizo.

Guadamuz nunca superó aquella frustración. Electo concejal, fue designado como jefe de bancada del FSLN en el gobierno municipal de Managua, y ocupó esta posición como una trinchera para enfrentarse al aparato partidario, encabezado por el secretario político departamental del FSLN, Emmet Lang. En esa guerra sin cuartel, Guadamuz, entre otros muchos giros, se alió hasta con los concejales liberales y modificó su inicial respaldo al pacto entre Ortega y Alemán, y empezó a denunciarlo desde la Radio Ya, donde seguía trabajando, sin abandonar su habitual estilo confrontativo.

LA GOTA QUE DERRAMÓ EL VASO

Las cosas parecían fuera de control y Lang, harto de que Ortega, como secretario general del FSLN, no hiciera nada para frenar a su amigo, decidió destituir a Guadamuz de su cargo como jefe de bancada en el gobierno municipal y expulsarlo del FSLN. Ambas medidas tenían como objetivo impedir que Guadamuz ganara la nominación para postularse por segunda vez como candidato a alcalde del FSLN en las elecciones del 2000.
Guadamuz no sólo estaba denunciando con virulencia el pacto entre Ortega y Alemán, también arremetió contra la división del municipio de Managua, una de las muchas consecuencias de ese pacto. Guadamuz llamó corruptos, oportunistas y cerdos a los diputados que aprobaron la división de Managua, y entre ellos a Daniel Ortega, calificándolo en aquella ocasión de maldito traidor. El 16 de diciembre estos ataques y ofensas sirvieron de excusa para expulsar a Guadamuz del FSLN, sin siquiera notificarlo y sin derecho a la defensa. Con el voto de tres de los quince miembros de la Dirección Nacional se confirmó la expulsión. La reacción de Guadamuz fue furiosa. Desde los micrófonos de Radio Ya llegó a acusar a Daniel Ortega de abusar sexualmente de Rafael, el hijo mayor de su esposa Rosario Murillo, y comenzó a respaldar apasionadamente la denuncia de violación sexual que la hermana de Rafael, Zoilamérica, había hecho pública en marzo de 1998 contra Ortega, insistiendo en escabrosos detalles.

Esa fue la gota que derramó el vaso. Daniel Ortega resolvió arrebatarle la emisora. El 22 de diciembre de 1999, con la ayuda de Marenco y Cerna, organizó un grupo paramilitar que, sin amparo judicial, ingresó en el local de Radio Ya y la ocupó por la fuerza. Con la excusa de prestaciones sociales no pagadas, queja que abanderó un grupo de cuatro periodistas de Radio Ya, tres jueces, acompañados de 80 policías antimotines fuertemente armados, embargaron simultáneamente los estudios de la radio y las dos plantas transmisoras.

SIN NADA Y CON SED DE VENGANZA

Guadamuz se había quedado sin nada y con sed de venganza. Había perdido a sus amigos, a su partido, a su radio. Y para remate, el hombre al cual culpaba por no haber ganado en 1996, Herty Lewites, era ya el candidato del FSLN a la alcaldía de Managua en las municipales del 2000. Por eso, pocos meses después de perder la radio, Guadamuz aceptó la propuesta del partido Camino Cristiano y corrió como su candidato a alcalde, con la esperanza de arrastrar a una parte del electorado sandinista, pero apenas pudo alcanzar el 1% de los votos.

En el año 2001 -entre las elecciones municipales y las generales- su metamorfosis fue total: ingresó al Partido Liberal Constitucionalista y fue nombrado como representante suplente del PLC en el Consejo Supremo Electoral. Formó parte del equipo de campaña del candidato Enrique Bolaños, con la certeza de que una vez en el poder, le devolverían su radio o los equipos embargados para fundar otra emisora o le nombrarían director de Radio Nicaragua. Pero no consiguió nada: ni le devolvieron la radio ni le dieron otra frecuencia ni le obsequiaron la dirección de la emisora oficial del Estado.

Desilusionado y desalentado, Guadamuz se refugió en un programa de comentarios llamado Dardos al centro -había comenzado a hacerlo en Radio Ya-, que transmitió en varias emisoras y posteriormente también en un canal de televisión local de escasa influencia. En los últimos meses había aceptado dirigir el departamento de prensa de Radio Corporación, la emisora de la extrema derecha del país, contra la que había luchado durante tantos años primero desde La Voz de Nicaragua y desde la Radio Ya después. Hasta ella llevó también sus “dardos”.

EL ÚLTIMO DARDO

A las doce y media del mediodía del 10 de febrero, salía de su trabajo en Radio Corporación y llegaba al canal 23, cuando minutos antes de ingresar, William Hurtado García, ex-subalterno del coronel Lenín Cerna en la Dirección General de la Seguridad del Estado (DGSE), lo abordó al bajar de su vehículo, sacó un revólver 38 y le disparó tres veces. Guadamuz cayó mortalmente herido. El primer disparo le perforó el hígado, el segundo iba dirigido al corazón y dejó una seña en la mano izquierda, con la cual intentó protegerse. El último disparo lo realizó Hurtado cuando el cuerpo se desplomaba en el pavimento: la bala le entró por la espalda y le salió a la altura del cuello.

Selim, su hijo, de 16 años, quien solía acompañarlo por razones de seguridad y caminaba detrás de su padre, actuó con una celeridad y un admirable dominio de la situación: lanzó certeramente el bolso que llevaba contra el asesino y lo golpeó. Luego corrió tras él. En la huída, Hurtado disparó dos veces sobre el muchacho sin acertar. Cuando hacía el segundo disparó, se cayó. Inmediatamente, Selim lo alcanzó, lo dominó con una llave en el cuello y lo tiró en la acera. Varias personas acudieron en su auxilio y golpearon al asesino hasta reducirlo. Lo retuvieron allí hasta que llegó la policía.

Sabiéndolo ya controlado, Selim regresó junto a su padre, aún vivo, y gritó pidiendo ayuda. “Llamá una ambulancia”, fueron las últimas palabras de Guadamuz. Ayudado por varios periodistas, Selim subió a su padre a una camioneta. Llegó ya muerto al hospital. Gran parte de estas impactantes escenas fueron filmadas por un periodista del Canal 23 y repetidas una y otra vez por todos los canales de televisión nacionales.

PRIMEROS DATOS DEL ASESINO

Una vez en poder de la Policía, se descubrió que Hurtado llevaba puestos dos pantalones y dos camisas, una vestimenta encima de la otra. Le incautaron la pistola con la cual cometió el crimen y una libreta de apuntes, en donde entre otras cosas tenía anotados 17 números telefónicos, 8 celulares y 9 convencionales. Según su cédula de identidad, Hurtado nació en 1960 y se dedicaba al comercio. La Policía confirmó que el autor de los disparos perteneció a la DGSE hasta 1987, cuando fue dado de baja y condenado a cinco años de prisión. Se supo después que por falsificar la firma del entonces Ministro del Interior Tomás Borge, con el objetivo de obtener 1,200 pantalones jean, tan escasos en aquella época. Logró su libertad unos días después de las elecciones de 1990. Hurtado participó en la toma de la casa de la Unión Nacional Opositora (UNO) en 1990 y también estuvo vinculado al Frente Revolucionario Obrero Campesino (FROC) que lideraba Víctor Manuel Gallegos, alias Pedrito El Hondureño, y al Frente Unido Andrés Castro (FUAC).

Al día siguiente del asesinato, la Policía capturó a dos personas más: a Margarita Membreño, esposa de Hurtado, y a Luis Alfredo García, abogado y también ex-miembro de la DGSE, dueño del revólver que usó el asesino. García compró el arma en una tienda del Ejército en Managua, nunca la legalizó y sostiene que se la robaron de su automóvil a fines de enero, robo que no reportó puesto que no tenía registrada el arma. García perteneció a la DGSE hasta poco antes de 1990. En 1984 se desempeñó como jefe de Seguridad en el Aeropuerto Internacional de Managua. Después pasó a trabajar en las oficinas de Relaciones Públicas del Ministerio del Interior.

“UN MILLÓN DE SANDINISTAS QUERÍA MATARLO”

A Membreño le incautaron en su casa una hoja manuscrita por Hurtado, según confirmaron los peritos de la Policía. En ella le dejaba instrucciones precisas de cómo actuar: Llamar al teléfono 2774505, Departamento Cinco de la Policía y decir que te llamás Irma Montes, que llamás para informar que en el sector de la Colonia Centro América, en la calle del Canal 23, se ha estado viendo un carro todo sospechoso, que el carro es un Toyota moderno, color beige, vidrio oscuro, que no sabés la placa porque no anda placa atrás. Que en el carro andan dos sujetos todos sospechosos, que ya tienen tres días de andar en esa calle, que ese carro se aparece entre las 12 y las 12:30 del mediodía y que por favor manden una patrulla y que los paren y los registren. Tenés que llamar a las 11:50 am.

El comisionado Julio González, jefe de las investigaciones policiales, presume que “Hurtado buscaba con esto distraer a la Policía para que a la hora de los hechos, lo primero que nosotros hubiésemos hecho es buscar ese vehículo, y de esa forma él saldría de la escena”. Vio en este mensaje una prueba de la complicidad de Membreño y de una operación planificada. Al día siguiente del crimen, González informó a la opinión pública que Hurtado repetía a los policías que lo interrogaban: “Soy revolucionario de los legítimos y no de los que se dicen revolucionarios, y actué por cuenta propia”. Y añadía: “En Nicaragua hay más de un millón de personas que querían matar a Guadamuz, y yo soy uno de ellos”.

El 20 de febrero William Hurtado compareció ante los tribunales. Mantuvo la versión de que actuó solo, sin ningún cómplice, y pidió dejaran libre a su esposa y a García. “Me declaro culpable del ilícito que se me imputa -dijo-, asumo la responsabilidad personal e individual”. Precisó: “No acepto que se califique este hecho como un asesinato, sino más bien como un homicidio doloso, porque no hubo planificación previa. Fue un impulso personal... Los mismos oficiales de la Policía llegaron a la conclusión de que no es un complot por una serie de valoraciones técnicas que hicieron en su momento, porque en un complot se especifica el más mínimo detalle y se contempla la fuga del que comete un ilícito”. Y reiteró: “Hay más de un millón de sandinistas que pudieron haber ejecutado esta actividad, partiendo del carácter grotesco, denigrante y ofensivo de Guadamuz... No respetaba a vivos, menos a muertos. En sus editoriales atacaba a gente muy querida para mí...”

UNA CONSPIRACIÓN
Y UN ASESINATO POLÍTICO

Todos los indicios apuntan a una conspiración. La gran pregunta es sí Hurtado sólo conspiró con su esposa y su amigo, o si simplemente fueron contratados por otros para ejecutar el crimen. En el primer momento, la Fiscalía informó que, en coordinación con la Policía, trabajarían en varias líneas de investigación, asumiendo varias hipótesis. Que efectivamente Hurtado actuó por cuenta propia, como reacción a la posición política de Guadamuz. Que alguien del FSLN lo contrató para matar, por venganza o para evitar que revelara mas información sobre algunos de los dirigentes del partido o para impedir que volviera a tener alguna radio bajo su control. Que antisandinistas lo mandaron a asesinar para desprestigiar al FSLN en las próximas campañas electorales. Que alguien lo contrató para “pasarle la cuenta” por alguna deuda, porque se rumoraba que Guadamuz estaba en malas condiciones económicas. O por razones pasionales, dado que había tenido problemas recientes con su esposa y eran muy conocidas sus aventuras extramatrimoniales. Pero cuatro semanas después, ni la Policía ni la Fiscalía habían informado nada de los resultados de sus investigaciones.

En la opinión pública, la teoría más difundida es la de la conspiración política, sobre la base de las declaraciones del hijo mayor de la víctima, Carlos Guadamuz De Castro, quien dos horas después del crimen acusó directamente a Daniel Ortega, a quien su padre consideraba su mayor enemigo y de quien temía atentara contra su vida. “Él es el verdadero autor, detrás del que disparó hay alguien más, el verdadero autor está en otro lado. Espero que esta vez no salgan con que el asesino estaba bolo, drogado y que no sabía lo que hacía. Él tenía una pistola, estaba al acecho como un matón y no fuera de sí, y disparó a quemarropa, sabía lo que estaba haciendo. Eso no fue planeado de un día a otro”, dijo Guadamuz hijo, al salir del hospital donde fue depositado el cadáver de su padre. Y remató: “La gente tiene que saber que a mi padre siempre lo amenazaron, pero nunca temió por su vida. Si toda la vida has recibido amenazas llega un tiempo en que no las tomás en cuenta. Espero que esto se investigue a fondo, aunque no confío en la justicia de este país”.

El muchacho también mencionó desde el primer momento a Dionisio “Nicho” Marenco, y ha mantenido sus acusaciones todos los días, respaldado por sus hermanos y por la viuda. Determinados medios de comunicación centraron las sospechas en particular sobre Marenco -ya en campaña como candidato por el FSLN a la alcaldía de Managua en las elecciones de noviembre- y sobre Lenín Cerna.

TOMÁS BORGE: “NO TENGO NI LA MENOR DUDA
QUE ESTÁ HECHO PARA CULPAR AL FRENTE”

La reacción de los dirigentes del Frente Sandinista ha sido dispar. Horas mas tarde del crimen, el jefe de prensa del FSLN, Freddy García Eschke, firmó un breve comunicado en el cual en nombre de su partido “condena firmemente este acto criminal y demanda de las autoridades correspondientes el total esclarecimiento de estos hechos”. “Como posición de principios -dice el texto- proclamamos que las ideas se combaten con ideas, por lo que condenamos firmemente este crimen que no solamente atenta contra la libertad de expresión y difusión de las ideas, sino que contra el más sagrado de los derechos humanos, como es la vida. Deseamos fervientemente que hechos de esta naturaleza nunca más se vuelvan a repetir y que los nicaragüenses podamos vivir en paz”.

El mismo día del asesinato, Tomás Borge, diputado y vicesecretario general del FSLN, fue el primero en referirse al crimen: “Este crimen está hecho para culpar al FSLN, no tenemos la menor duda”. A su juicio, “es inconcebible que el Frente Sandinista haya sido el protagonista o el que ha concebido este crimen, por lo tanto, hay que pensar seriamente que quienes cometieron este delito están interesados en golpear o desprestigiar al Frente Sandinista, en el marco de la próxima campaña electoral, y a Nicho Marenco, en particular. Me llamó la atención que el crimen se cometiera al ingreso de un canal de televisión, en las vísperas de una campaña electoral. Y también me llamó la atención las llamadas telefónicas que hicieron a ese canal, en las cuales le achacaron la responsabilidad del crimen a Nicho Marenco. El sentido común más elemental te indica que Nicho Marenco o el FSLN cualquier cosa podrían hacer menos poner en riesgo su campaña electoral. Ese crimen está hecho para culpar al Frente Sandinista. De eso no tengo ni la menor duda”.

Borge dirigió la atención hacia otro lado: “Me llama la atención que la embajadora de Estados Unidos, Barbara Moore, esté visitando todo el país, tratando de unificar a las llamadas fuerzas democráticas contra el Frente Sandinista. Antes del asesinato, nosotros nos preguntábamos: ¿qué van a hacer los Estados Unidos para impedir la victoria electoral del Frente Sandinista? ¿Calumniarnos? ¿Decir cosas del pasado? ¿Que éramos traficantes de drogas? Especulábamos sobre eso, quizás lo que iban a hacer era este asesinato. Tampoco lo puedo afirmar, porque es muy difícil sin tener suficientes elementos de juicio. No es más que un razonamiento un poco lógico, que no lo descarto, como no descarto que haya sido un hecho individual. Lo que sí descarto totalmente es que el pobre Nicho, que es un alma de Dios, esté detrás de un crimen que evidentemente lo va a perjudicar”.

Borge se preguntó: “¿A quién beneficia el crimen? ¿Beneficia al Frente Sandinista? ¿Si no beneficia al Frente Sandinista, a quién beneficia? ¿A quién perjudica? Perjudica al Frente Sandinista. Beneficia a otros, al PLC o a la derecha de este país”.

Un par de semanas después del crimen, Tomás Borge barajó tres hipótesis. Fue un grupo de gente extremista “que siempre hay en toda organización”. Fue un acto individual. O fue una conspiración de la derecha con cuadros sandinistas porque eso le daba mucha mayor credibilidad. Y agregó: “Carlos Guadamuz no tenía credibilidad. ¿Qué razón, qué lógica puede haber de un pensante, de un cuadro que es candidato como es Nicho, y sabe que cualquier cosa le puede afectar negativamente, para mandar a matar a alguien que para nosotros no era problema?”

NICHO MARENCO: “NO ME SIENTO RESPONSABLE,
NO TENGO NADA QUE OCULTAR”

Nicho Marenco habló dos días después del asesinato y consideró como una “desgracia” que Carlos Guadamuz haya trasladado a sus hijos “responsabilidades por un problema que Carlos tenía, casi patológico, contra Daniel, contra el Frente, contra mí, contra un poco de gente, después de que él se peleó con el Frente. Las diferencias políticas de él con nosotros le llevaron a crear una serie de insultos, de calumnias y de decires espantosos, realmente insoportables. A partir de ese momento Carlos entró en una metamorfosis y se convirtió en el enemigo más salvaje que tenía el Frente, y ahora el muchacho está repitiendo lo que dice el padre. Yo me pongo a pensar: ¿a quién no atacó Carlos Guadamuz? Desde la Presidenta Chamorro, pasando por el ex-Presidente Alemán y el actual Presidente Bolaños, Sergio Ramírez, la hija de Sergio Ramírez, la Dora María Téllez, Mónica Baltodano, William Grigsby, Julio López... Con quien él se iba peleando, se lanzaba con una virulencia tremenda. Él estaba no abusando, ¡estaba sobreabusando de la libertad de expresión!”.

Marenco desmintió categóricamente cualquier vínculo con el crimen y descartó las advertencias que Guadamuz hizo en muchas oportunidades sobre el peligro que le acechaba y que atribuía a sus antiguos hermanos. “El Frente Sandinista no tiene absolutamente nada que ver en esto. En cualquier caso, el hecho de que alguien diga que vos sos responsable de lo que te pase, para mí no tiene absolutamente ningún valor. Lo que hacía Guadamuz era curarse en salud de que lo podían fregar. Y si vos ves la lista de insultos y de personas que él tuvo en su contra, es casi toda Nicaragua, porque no hay un personaje que se haya escapado de las diatribas y los insultos que él profería”.

Nicho condenó claramente el asesinato: “Yo creo que nadie tiene derecho a matar a nadie. Ahora, que haya autores intelectuales, no lo sé”. Y reconoció que “afecta al país, al proceso electoral, al clima inversionista, a la estabilidad de un país que se preciaba de ser el más seguro de Centroamérica. Aquí casi nunca había hechos de este tipo, mucho menos contra la gente de prensa. ¿Qué si va a afectar mi campaña? A mí me tiene sin cuidado. Si la población percibe que fue el Frente quien hizo esto, obviamente va a tener un costo. Si la población entiende que nada tiene que ver, pasará como un accidente más. Pero yo no me siento responsable de nada, ni tengo nada que ocultar ni me molesta lo más mínimo. Me pueden decir lo que deseen. Yo estoy tranquilo y sigo con mi campaña”.

DANIEL ORTEGA: “NADA ES MÁS FÁCIL
QUE MANIPULAR MUERTOS”

Después de un prolongado silencio que creó expectativas, once días después de los hechos, y en una fecha emblemática, Daniel Ortega habló por primera vez. Y no se refirió explícitamente al crimen, mucho menos lo condenó. El 21 de febrero, en conmemoración del 70 aniversario del asesinato del General Sandino, el secretario general del FSLN ocupó tres tribunas -la del municipio de Ciudad Sandino, la del barrio capitalino Memorial Sandino y la de Niquinohomo, la ciudad natal del legendario guerrillero- para repetir en las tres, casi exactamente, el mismo discurso.
Primero se refirió a la traición de la que fue víctima Sandino y que le costó la vida. Luego recordó la campaña de infamias que organizó su asesino, el dictador Anastasio Somoza García, para desprestigiarlo. Y comparó aquella situación con la que ahora vive el FSLN. Luego recordó la acción justiciera de Rigoberto López Pérez, cuando ejecutó “al traidor”, al asesino de Sandino. “Y continuó la dictadura calumniando a Sandino, y decían que Rigoberto era un asesino porque había hecho justicia con Somoza. Parecía que aquella campaña de terror y de difamaciones iba a tener por siempre de rodillas al pueblo de Nicaragua; porque fue hasta en el año 1960, 61, 62, que empezó a levantarse nuevamente la bandera roja y negra de Sandino...”

Después recordó otros pasajes históricos del FSLN, con la misma tónica: denunciar lo que considera son calumnias contra su partido. Finalmente, habló del momento actual: “Ahora que estamos en esta campaña electoral han recrudecido nuevamente la guerra sucia, porque ellos son expertos en guerras sucias. Así como han manipulado en otro momento situaciones trágicas, ahora intentan manipular muertos, para tratar de confundir al pueblo nicaragüense, para tratar de evitar una victoria del Frente Sandinista y la Convergencia Nacional... No les queda más que la manipulación y nada más fácil que manipular a los muertos... Estamos viendo ahora cómo tratan de manipular una muerte, después que el FSLN tomó una posición muy clara...” Y continuó el discurso. No hizo ninguna otra alusión de ningún tipo al crimen de Guadamuz.

HENRY RUIZ: “EN RÍO REVUELTO
GANANCIA DE PESCADORES”

Entre los ex-dirigentes sandinistas, excluidos por el propio Ortega por no someterse a sus dictados, las opiniones también exculparon al FSLN. El ex-miembro de la Dirección Nacional del FSLN, Víctor Tirado López, recordó que el Frente “nunca realizó este tipo de actos terroristas durante la lucha contra Somoza, cuando se podían hacer, mucho menos ahora, cuando hay más amplitud para hacer política. No, no sospecho del comandante Ortega. No sé por dónde puede venir este golpe tan condenable, y no sospecho... Es un error político cualquiera que haya sido el autor. No hay elementos ni argumentos para acusar al Frente Sandinista. A lo mejor lo hizo la derecha, basándose en un hombre de izquierda. Cargarlo al FSLN es meter en el mismo saco a los militantes activos y a otros sandinistas que no están dentro, que no son danielistas pero que respetan al FSLN. No se debe condenar a todos por un solo acto”.

Otro ex-miembro de la Dirección Nacional histórica, Henry Ruiz, “Modesto”, comparte básicamente ese criterio: “No es bueno especular. Tampoco hay que decir que fueron los liberales para que la culpa caiga sobre el Frente. Mejor dejemos que la Policía investigue. Para mí no está en discusión si Carlos era un hombre polémico o si usaba un lenguaje fuerte. Cada cual habla como quiere, es su derecho. Hay unos que hablan fino y otros más abiertos. Aquí no sólo era Guadamuz, hay varios locutores y hay unos diputados que tenían un programa lleno de improperios. Uno se puede enojar con ellos, pero no tiene por qué ir a matarlos. La policía tiene que determinar si hubo una mano que financió”.

“Lo que no puedo atreverme a decir es que esto tiene un móvil político. Pudo ser un fanático. No hay que olvidar que el crimen organizado se mueve en Nicaragua. El asesino actuó con todo el rigor con que operan los que matan. La delincuencia está creciendo en el país y eso es peligroso. Existe la coincidencia de que los involucrados fueron de la Seguridad del Estado, pero yo no comparto que eso los vincule al FSLN. Hay que recordar que en la Seguridad había mucha gente y hoy unos te honran como ciudadanos de bien, pero hay otros que son unos desgraciados. Hay abogados que salieron de ahí y son unos cochinos, y otros que son excelentes ciudadanos. Lo que pasa es que en río revuelto ganancia de pescadores. Esto es un crimen contra la libertad de expresión. Retroceso sería si dejamos que casos como éste se consoliden, se repitan y queden impunes”.

LENÍN CERNA: “EL ERROR FUE HABER TOLERADO TANTO TIEMPO SU PRESENCIA”

Si en el caso de Daniel Ortega, el problema de sus discursos fueron sus silencios, puesto que no sólo no quiso condenar el crimen sino que ni siquiera nombró a su antiguo camarada, las declaraciones del coronel retirado Lenín Cerna echaron toda la leña al fuego. El 25 de febrero, ante una batería de periodistas y sin que nadie lo provocara, explotó: “El señor Guadamuz fue un traidor, eso es lo que se ve todo el tiempo. Porque él renunció cuando estuvo en Cuba al Frente Sandinista. En 1979 regresó a Nicaragua. El comandante Daniel Ortega le dio una oportunidad para la radio La Voz de Nicaragua. Posteriormente renunció al Frente Sandinista y se fue con Camino Cristiano y por último se fue con el PLC. Y digo que si hubo un error de parte nuestra, y particularmente del Comandante Daniel Ortega, fue haber tolerado tanto tiempo su presencia”.

Cerna habló del asesino: “William Hurtado fue de la Seguridad del Estado. Hurtado participó en una oficina secreta nuestra, donde se manejaba la documentación de la Seguridad, y fue un excelente compañero, tuvo un problema, pero hay cosas que todavía no se escriben y que se van a escribir algún día para saber la participación de cada quien. De tal manera que Hurtado, para nosotros, no tiene un mal expediente. En el caso de Luis Alfredo García, igualmente fue un compañero, fue ayudante de mi oficina, un muchacho abnegado, venido de una condición humilde, con un gran esfuerzo logró graduarse. ¿Su delito es haber sido de la Seguridad del Estado? Bueno, eso es cosa de los que opinan”.

Continuó así el diálogo entre los periodistas y Cerna:
“– ¿Eran disciplinados?
– Como muchos compañeros. Yo te digo que incluso periodistas fueron de la Seguridad del Estado.
– ¿Qué relación tenía actualmente con ambos?
– Pues ninguna, porque, por distintas razones, yo estoy en un tipo de trabajo y ellos definitivamente están en otra situación o estaban en otra situación.
– ¿Pero ellos trabajaron en los comandos electorales del FSLN en las elecciones pasadas?
– Sí.
– Entonces tenían alguna relación con usted...
– Todos los sandinistas que se consideran como tales deben de participar en la defensa de los intereses del sandinismo”.

UNA APOLOGÍA DEL CRIMEN
Y DEL ACTOR DEL CRIMEN

Semejantes declaraciones causaron dos reacciones. Por un lado, los sectores antisandinistas las denunciaron como una prueba de la participación del FSLN en el crimen. Por otro, desde el sandinismo, un rechazo frontal. Por ejemplo, Julio López Campos -quien hasta 1998 fue un destacado dirigente del FSLN- las calificó como imperdonables. “Fueron la apología del crimen. Y la apología del actor del crimen. Un partido como el nuestro, no puede, no debe en ninguna circunstancia expresarse de esa manera. Cuando uno lee todas las declaraciones de los dirigentes sandinistas, ni una sola de ellas ha condenado el crimen... Rechazamos con convicción y con fuerza y con energía los intentos de quienes han querido sacar ventajas políticas de este crimen. Porque nos resulta una ruptura con la moral, con la ética y con las normas básicas de la lucha política. Pero también hemos dicho, y lo dijimos con toda franqueza: resulta imperdonable que no se haya condenado el crimen. Y que no se haya tenido la entereza de condenar también al actor del crimen. Eso sólo abre los espacios para las especulaciones, las acusaciones y toda suerte de injurias”.

Y añadió: “El problema de fondo aquí es que cuando uno pone el Partido en manos de la mentalidad de la Seguridad y la Contrainteligencia, uno corre muchísimos riesgos. Porque un Partido, cualquier partido político, y sobre todo cuando tiene una vocación popular y revolucionaria, es un Partido que cree en la gente, que confía en la gente. El Partido siempre está convencido que, por la vía de la conciencia, por la vía de la lucha, por la vía de la explicación, los ciudadanos pueden cambiar y pueden incorporarse a las causas justas. Pero cuando la mentalidad que dirige al Partido, que organiza al Partido, lo hace desde la mentalidad de la Contrainteligencia y de la Seguridad, entonces el primer criterio no es la confianza, sino la desconfianza. Y allí donde el Partido ve compañeros, la mentalidad de la Seguridad y la Contrainteligencia ve sospechosos. Ahí donde el Partido ve al compañero que flaquea, la mentalidad de la Inteligencia, de la Contrainteligencia y de la Seguridad, ve al traidor potencial. Y hemos advertido a tiempo, y hemos hablado en privado sobre esto. Y no se ha querido entender. No se puede dirigir un Partido con una mentalidad policíaca. Por ese camino podemos ir al colapso de nuestra organización”.

ROSARIO MURILLO: “MI CONCIENCIA RECHAZA ESTOS ACTOS DE BRUTALIDAD E INCULTURA”

La más sorprendente de las reacciones vino de la propia familia de Daniel Ortega. Su esposa, Rosario Murillo, circuló, con fecha 26 de febrero, una carta pública dirigida a él, en la cual tampoco menciona directamente el asesinato, aunque lo condena, y en la que también se declara ofendida por las declaraciones de su marido, de Tomás Borge y de “otros líderes”. “Los tristes, trágicos, acontecimientos de las semanas anteriores -escribe Murillo- han dejado en mi boca un más que amargo sabor. Por un lado, mi conciencia rechaza estos actos de brutalidad e incultura, y por otro, nuestra familia, y vos y yo, somos víctimas expuestas, indirectas y directas, de la barbarie y sus consecuencias”.

“No podemos aprobar acciones que no fortalecen la identidad mítica del sandinismo. Podemos entender y comprender motivaciones, pero no creo que la mayoría de las y los sandinistas, y enfatizo, no creo que nosotras, las mujeres sandinistas, estemos de acuerdo en reivindicar, validar o justificar acciones o actores que, aún con intenciones explicables, demeritan, debilitan, opacan y apagan, en gran medida, la llama votiva de nuestro ideario y nuestra práctica revolucionarias... Me siento en pleno derecho de reclamar que seamos coherentes. Una cosa es el lenguaje fuerte (y aún este tiene un límite), y otra la arrogante aprobación de actitudes o actos, impropios de una cultura civilizada y justa”.

“Como ser humano, como mujer y madre, como escritora, pensante, aportativa, me ofende, debo decirlo, la lectura que obligadamente -porque no soy ciega, ni sorda- hago de declaraciones como las tuyas, como las de Tomás y otros líderes, en semanas y días anteriores, incluso ayer (Cerna habló el 25). Me ofende y debo decirlo. Estoy segura de que muchas compañeras y compañeros comparten este sentimiento. Y no contribuimos, con nosotros mismos o con el país, en presente y futuro, en cultura y humanidad, si no lo decimos, y si no nos exigimos respeto y cambio”.

EL CRIMEN GOLPEA DOS CANDIDATURAS

El discurso de Ortega fue una argumentación dizque “histórica”, para compararse a sí mismo con Sandino, y para indirectamente homologar a Rigoberto con los asesinos de Guadamuz. Y las declaraciones de Lenín Cerna fueron una clara redención de los asesinos y una categórica descalificación de Guadamuz en tanto víctima. Ambos personajes, de hecho, reivindican el asesinato como una acción política correcta. Algo así como “yo no lo hice, pero está bien hecho”.

Más allá de lo repugnante que resultan éstas y otras declaraciones de dirigentes sandinistas, y las naturales sospechas que despiertan, las consecuencias políticas del caso Guadamuz hacen descartar la presunción de que el crimen haya sido planificado por el FSLN como partido. Tan graves son esas consecuencias, por manipulación o por vinculación, que los sandinistas corren serio peligro de perder la Alcaldía de Managua y mucho más. De hecho, la figura de Daniel Ortega también ha sido golpeada, y por lo tanto, su eventual candidatura presidencial.

Pero que los dirigentes del FSLN involucrados directamente en las candidaturas no estén involucrados, no significa que ningún militante, grupo o dirigente sandinista esté involucrado. Siguiendo la lógica de las preguntas policíacas, se pueden formular de una manera distinta a como lo hizo Tomás Borge: ¿a quién dentro del Frente Sandinista beneficia el homicidio de Carlos Guadamuz?

EL ASESINO NO PARECE UN FANÁTICO SOLITARIO

Nadie ha descartado aún a los servicios de inteligencia norteamericanos o a las huestes arnoldistas como probables asesinos intelectuales. Pero resulta muy difícil creer que un revolucionario de los legítimos -como se autodefinió William Hurtado-, contratado por esta derecha como matón, sea tan leal que no busque cómo disminuir su condena delatando a sus patrones y prefiera pudrirse en la cárcel solo y desamparado. El más grave error de Hurtado fue subestimar la reacción de Selim, el hijo de Guadamuz. Sin el arrojo de este muchacho, el asesino estaría ahora seguramente disfrutando de su libertad y de otras cosas más muy lejos de Nicaragua.

Las declaraciones de Hurtado parecen provenir de un fanático, que se siente orgulloso de su acto brutal, satisfecho con la misión cumplida, a gusto con los efectos causados. Pero no parecen las de un fanático solitario. La habilidad jurídica y la frialdad terrorífica de la cual hizo gala en sus primeras declaraciones ante los tribunales, y los vínculos demostrados con su esposa y con García, nos conducen a pensar que se trata de una conspiración. Pero, ¿pudo actuar Hurtado sólo con dos cómplices? ¿Su plan de fuga era contratar un taxi, caminar o usar un autobús? Difícil de creer. Lo más probable es que tenía al menos un cómplice más que no ha aparecido.

Y más importante: ¿a cambio de qué lo hizo? ¿Simplemente para convertirse en un justiciero, animado por su fanatismo talibán? ¿O por la recompensa de la tenebrosa fama que se ha ganado? ¿O por dinero? ¿O porque tiene un jefe que necesitaba de ese crimen para fortalecer sus posiciones políticas? ¿Quién o quienes serían capaces de planificar esta acción terrorista?

FSLN: DOS GRUPOS DE PODER

A partir de 1997, se han conformado en el FSLN distintos grupos de poder. Desde el congreso de 1998 hay dos principales. Uno, el llamado Bloque de Empresarios, que ejerce la mayor influencia en todas las esferas. Sus cabezas visibles son los hermanos Manuel y Ricardo Coronel Kautz, Herty Lewites y Alejandro Martínez Cuenca. Detrás de ellos está el general retirado Humberto Ortega, y su poderoso caballero Don Dinero, quien públicamente se distanció del FSLN desde principios de 2001, cuando censuró la designación de su hermano como candidato presidencial. Aunque no parece interesado en postularse para Presidente, el ex-jefe del Ejército ha invertido todos sus esfuerzos en articular un grupo lo suficientemente fuerte como para, si no determinar, al menos tener una influencia decisiva en la toma de decisiones de la organización, una de las cuales, por supuesto, es la designación de los principales candidatos.

El otro grupo de poder está integrado, entre otros, por los combatientes históricos, la mayoría de los ex-militares y ex-oficiales del Ministerio del Interior, los activistas y dirigentes de las organizaciones sociales y los profesionales del partido. Están encabezados por Daniel Ortega, Lenín Cerna, Tomás Borge y Dionisio Marenco.

Para las elecciones municipales del año 2000, los Empresarios lograron ubicar a Herty Lewites en la alcaldía de Managua. Una buena selección: Lewites es muy popular y ha tenido una muy buena gestión edilicia. Para las elecciones de este año 2004, Daniel Ortega se les adelantó a cualquier maniobra, y antes de siquiera planificarse las elecciones primarias en el FSLN, tan temprano como abril de 2003 -19 meses antes de las votaciones- lanzó como candidato a Dionisio Marenco, uno de los hombres de su mayor confianza, y le puso como compañero de fórmula a una personalidad incuestionable: el popular ex-campeón mundial de boxeo Alexis Argüello. Su mensaje fue claro: esta vez la alcaldía de Managua es mía. Uno de los candidatos que más atraía a los Empresarios era Isidro García, cuñado de Lewites y actual director de proyectos de la Alcaldía de Managua. Pero no tuvo tiempo ni de arrancar. Como premio de consuelo, le han ofrecido la candidatura para concejal, entre los primeros siete de la lista.

Pero el Bloque respondió: en una maniobra astuta al mejor estilo del General Ortega, a principios de octubre 2003, más de dos años antes de las elecciones generales, el alcalde de Managua se autopropuso como candidato a la Vicepresidencia de la República. En privado, algunos empresarios comentaban que la jugada consistía en preparar el terreno para que, cuando llegue el momento, Herty Lewites sea el candidato presidencial. “Tenelo por seguro -decían-, Daniel no volverá a ser candidato”. Un triunfo de Marenco en Managua fortalecería la candidatura de Daniel Ortega, no sólo por su significado político, sino también por la formidable plataforma que implica la alcaldía capitalina.

¿QUIÉNES PAGARÁN EL PRECIO MÁS ALTO?

Otra hipótesis muy verósimil es que la conspiración haya sido planeada y ejecutada por un grupúsculo fanático, extremista, fundamentalista. De hecho, este tipo de grupos subyacen desde hace muchos años en las estructuras del FSLN y de cuando en cuando son utilizados por los propios dirigentes para realizar determinadas acciones. Como la toma militar de Radio Ya en 1999, por ejemplo. Esos grupos gozan de una relativa autonomía que a menudo se torna incontrolable. Su principal característica es que se consideran como revolucionarios legítimos. Unos se identifican hasta la idolatría con Daniel Ortega. Otros, los menos, con Tomás Borge. ¿Será que uno de esos grupos planificó el asesinato de Guadamuz y lo hicieron por cuenta propia para quedar bien con el “jefe”? ¿Será que Cerna y Ortega ya están enterados de todos los detalles, y por eso ni condenan el acto criminal ni a sus ejecutores?

Si el homicidio de Guadamuz no se esclarece totalmente de manera creíble y convincente, ¿quién, quiénes, pagarán el precio más alto? A quien más interesa que la Policía haga bien su trabajo es al FSLN.

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