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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 264 | Marzo 2004
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Nicaragua

Una sangre, una amnistía y una paradoja

La sangre de Carlos Guadamuz. La obcecación en amnistiar a Alemán Y la paradoja de este gobierno -total apoyo internacional y erosión del apoyo nacional-. ¿Qué evolución tendrán estas tres realidades?

Equipo Nitlápan-Envío

Cuando en diciembre de 2003 “finalizó” la crisis política que mantuvo en vilo al país durante doce días, era previsible que aquel no sería el último capítulo, sino tan sólo uno más de los penúltimos. En Nicaragua las crisis se encadenan unas con otras desde hace demasiados años. Los tres vértices del fatal triángulo del poder en que el país y la población se vieron atrapados en la crisis de diciembre siguen ahí. Hay sangre en uno de los vértices, el del FSLN. La obcecación por la libertad de Alemán sigue siendo central en el vértice liberal para escarnio de la nación. Y en el otro vértice, el gubernamental, se acentúa a diario la paradoja que caracteriza la gestión del Presidente Bolaños.

LA SANGRE DE GUADAMUZ

El asesinato del periodista y político Carlos Guadamuz el 10 de febrero estremeció al país. Un mes después, las incógnitas en torno a quiénes derramaron esa sangre continúan siendo motivo de justificada preocupación. El crimen quebró, inesperadamente, una pauta de la política nacional, que diferencia positivamente a Nicaragua del resto de países de Centroamérica. De ahí el estupor, la incertidumbre. A pesar de las continuas confrontaciones, de la guerra -con tan frescas huellas en la vida de todos- y de la polarización siempre vigente, el asesinato político no ha sido una característica en Nicaragua, ha sido una excepción. La notable libertad de expresión que desde los años 90 se viene expandiendo y consolidando en Nicaragua -con ambigüedades, naturalmente- constituye una perla radiante, conquistada con enormes esfuerzos. Un auténtico lujo que llama la atención y brilla aún más sobre las raídas vestiduras de un país tan empobrecido.

¿PERIODISTA O POLÍTICO?

¿El 10 de febrero se asesinó a un periodista o a un político? ¿Las balas eran una señal de advertencia de alguno de los grupos de poder al periodismo nacional de que los días de disfrutar de ese lujo están ya contados, que tanta libertad ya no tiene cabida? Ésa fue una de las interpretaciones más escuchadas en las primeras horas que siguieron al asesinato de Guadamuz.
Pero, aunque en Guadamuz no puede separarse al periodista del político, y aunque cada día más y en todo el mundo, el asesinato de un periodista es siempre un asesinato político, las evidencias de los días que siguieron fueron orientando la reflexión personal y colectiva hacia la certeza de que víctima y verdugos eran políticos. Y de que era en el vértice del FSLN en donde se encontraban los principales perjudicados y también los principales implicados. Fue el mismo asesino quien comenzó a conducir las reflexiones en esa dirección: Hay más de un millón de sandinistas que querían matar a Guadamuz, y yo soy uno de ellos, declaró horas después de disparar sobre él.

EN LA MISMA FECHA

Hay sangre en uno de los vértices del triángulo del poder. Es difícil imaginar que el asesinato de Guadamuz se esclarezca totalmente. ¿Está la sociedad preparada no sólo para saber la verdad, sino para sacar sus consecuencias? Aún sin que haya esclarecimiento, el asesinato de Guadamuz -y muy especialmente las reacciones de algunos dirigentes del FSLN- insinúan ya, en varios sentidos, hasta dónde ha llegado la descomposición en las estructuras y en la cúpula que hoy controla el FSLN. Trágica constatación.

En el otro vértice del triángulo, el de los liberales del PLC, pudo verse, incluso en la misma fecha, hasta dónde ha llegado la impudicia, hasta dónde están dispuestos a llegar para liberar a Alemán de la justa condena que le corresponde pagar por el saqueo del Estado. Otra trágica constatación. Horas después de que Guadamuz fuera asesinado, los arnoldistas introdujeron por fin en la Asamblea Nacional el anteproyecto de decreto de amnistía que venían anunciando. Su contenido es impactante, insólito.

UN CONTENIDO QUE CONSTERNA

La amnistía propone, nada más y nada menos, que “perdón y olvido” para todos los funcionarios y empleados públicos que en los últimos catorce años -entre el 14 de marzo de 1990 y la fecha de entrada en vigencia del presente Decreto-, hubieran cometido cualquiera de los delitos tipificados en cuatro legislaciones nacionales -incluyen todo tipo de delitos contra los bienes del Estado (fraude, peculado, malversación, etc., etc.), y también los delitos sexuales, los delitos electorales y los delitos de lavado de dinero. Para atraer al consenso en torno a la liberación de Alemán -condenado a 20 años por lavar dinero público en beneficio privado-, los arnoldistas tiraron “carnadas” en todas las direcciones: el decreto amnistiaría también la “piñata” de los sandinistas, las acusaciones que por delitos contra bienes del Estado penden sobre tantos funcionarios pasados y actuales, las que por delitos sexuales penden sobre varios políticos y las que por delitos electorales penden aún sobre el Presidente Bolaños y varios altos funcionarios de su gobierno.

DE ANTOLOGÍA

Si el contenido produce una auténtica consternación, los considerandos que lo encabezan son de antología: Considerando 1) que la paz y la estabilidad social de la nación son las necesidades más prioritarias y urgentes que la nación nicaragüense políticamente organizada necesita alcanzar para la bienandanza del Estado y sus cometidos fundamentales; que este estado de gracia sólo podrá lograrse mediante el reencuentro y reconciliación de todos los nicaragüenses; que la paz, la estabilidad, y la reconciliación nacionales son presupuestos necesarios e indispensables para que los habitantes de la Nación puedan marchar unidos y con la esperanza de un cambio fundamental en la interrelación de todos los nicaragüenses. 2) Que es sumamente importante y urgente restablecer la armonía y la vinculación fraternal de todos los ciudadanos para dedicarse a reparar los daños y desajustes causados a la nación por constantes confrontaciones sociales. 3) Que para alcanzar este estado de gracia y estabilidad se requiere del perdón y el olvido de los errores en que se hubiere incurrido en el desempeño de funciones públicas o privadas... Por todo esto, se proponía decretar esta desmesuradamente amplia amnistía.

UN PASO EN FALSO

A pesar de todas las carnadas, nadie podía casarse con semejante aberración jurídica y ética. La opinión pública, los medios de comunicación, la más amplia gama de voces en la sociedad civil, la embajadora de Estados Unidos, el Ejecutivo, los diputados danielistas, los bolañistas, todos, expresaron de las más diversas formas y de manera continua su oposición a la materialización de semejante decreto.

Pero los arnoldistas no dieron marcha atrás ante la avalancha de sustentadas opiniones contrarias. El único problema que tenían, y que confesaban sin ningún pudor, era carecer de los votos suficientes para aprobar el decreto en el plenario. Durante quince días dedicaron todas sus energías a encontrar las brechas, las fisuras, el mejor día, la hora exacta, el minuto en que pasar el decreto a comisión en la Asamblea Nacional para así tenerlo listo para su aprobación en el momento más oportuno.

El 25 de febrero, forzando todos los procedimientos parlamentarios, decidieron dar este paso, pero la pretensión fue bloqueada por una mayoría de diputados y la sesión parlamentaria terminó en un fenomenal bochinche. El Parlamento quedó paralizado desde ese día, y el empecinamiento de los arnoldistas en hacer legal la ilegalidad cometida comenzó muy pronto a revertírseles como boomerang.

UNA NUEVA CRISIS

Las torpezas cometidas por el arnoldismo revitalizaron a Daniel Ortega, que retomó orondo el papel de árbitro nacional: o la junta directiva de la Asamblea -dominada por cuatro arnoldistas-, que había pasado ilegalmente a comisión el decreto reconocía su error renunciando a sus cargos o sería destituida. O se destrababa la parálisis en el Legislativo, y también en la Corte Suprema -cinco meses paralizados tribunales de apelaciones y juzgados en todo el país por la tensión Ortega-Alemán- o Arnoldo Alemán sería trasladado de su hacienda-cárcel a la Cárcel Modelo, una de las cosas que más teme Alemán.

En pocos días, Ortega consiguió el voto 47 necesario para hacer realidad la destitución de la directiva. Y desde hace mucho cuenta con jueces y magistrados para llevar o traer a Alemán a donde considere que le es más útil. Mientras, los arnoldistas tomaron conciencia del paso en falso que habían dado, pero se negaron a renunciar y mantuvieron que seguirían buscando la amnistía: si no podía ser por decreto, sería por ley. Sus amenazas iban contra Bolaños: si no se aprobaba la amnistía, retirarían el apoyo a leyes prioritarias para el Presidente: la ley de carrera judicial, ley sobre bienes del Estado, reformas a la ley del presupuesto... Hasta el TLC con Estados Unidos se negarían a aprobar. Como nos viene sucediendo desde hace tanto tiempo mes tras mes, terminando de escribir este texto, la crisis continuaba, candente y desgastante.

¿UNA TRAMPA?

El decreto de amnistía recibió de todos lados calificativos muy fuertes, que le quedaban cortos: apología de la corrupción, vergüenza nacional, aberración jurídica y moral, patente de corso para la impunidad... La actitud de quienes lo proponían fue también ampliamente criticada.

Tan obsceno el texto y el procedimiento que, desde dentro del liberalismo disidente, comenzaron a oirse voces -Jaime Morales Carazo, Eliseo Núñez junior, las más destacadas- que consideran que los diputados que promueven la amnistía -Jamileth Bonilla, Wilfredo Navarro y Enrique Quiñónez a la cabeza- no buscan realmente liberar a Alemán sino que le tienden una trampa. Buscan mantenerlo durante el mayor tiempo posible encerrado en su hacienda-cárcel y dependiendo de las estrategias de estos sus leales, ansioso diariamente por la hora de su libertad... Esta dependencia y esta ansiedad, abonada por estrategias condenadas al fracaso, darían a este grupo de políticos extremistas del PLC suficiente tiempo para adueñarse completamente del PLC.

NO ES EL TIEMPO NI EL MOMENTO

La perspectiva del hábil diputado del PLC René Herrera sigue siendo la más sibilina: criticó fuertemente los procedimientos empleados para imponer la amnistía y estaría dispuesto a destituir, junto a sandinistas y bolañistas, a la junta directiva de la Asamblea. Para él, el único problema es “el momento”. Hace meses, Herrera criticaba la impaciencia de otros arnoldistas por liberar a Alemán. Su estrategia -repetía entonces- era más lenta, pero más segura. Era de largo plazo, y vinculaba también -como hace el decreto de amnistía- la salida de Alemán de la cárcel a la estabilidad nacional.

Herrera reiteró esta posición durante esta nueva crisis: Nunca lo he negado, sería mentiroso, quiero la libertad de mi hermano Arnoldo, pero las cosas tienen su tiempo, momento y oportunidad, y éste no es el tiempo ni el momento. ¿Cuál será ese tiempo y momento? ¿Está la sociedad nicaragüense preparada para aceptar la libertad de Alemán? ¿Y para asumir las consecuencias que de ella se derivan? ¿Será que la sociedad nicaragüense no tendrá otra opción que la tolerancia a ciertos niveles de corrupción y a la total impunidad?

CANDIL DE LAS CALLES

En el otro vértice del triángulo en que el país se mueve, y continúa atrapado, está el Presidente Enrique Bolaños, el “gobierno de la nueva era”. En este vértice crece a diario la paradoja: creciente apoyo internacional y decreciente popularidad nacional. Candil de las calles y oscuridad en su casa.

Desde el punto de vista internacional se evalúa la gestión de Bolaños como un éxito total. Total. Se le ve como un estadista arrojado que se atrevió a poner en la cárcel a un ex-Presidente por su corrupción, y como un eficiente administrador que ha puesto en orden las muy desordenadas finanzas públicas. Se le ve como un luchador anticorrupción, especialmente por haber desarrollado un estilo de gestión en relación al control sobre los bienes públicos radicalmente diferente a lo que había sido la práctica de gobiernos anteriores. Un estilo más ordenado, más transparente, más empresarial. Se le compara con sus colegas de Centroamérica y de América Latina y todas estas virtudes brillan aún más en su expediente internacional.

También se le considera acompañado de un equipo de gobierno que, además de ordenar las finanzas públicas, lo secunda en este nuevo estilo de gobierno y ha sido capaz de elaborar una estrategia nacional de desarrollo, alabada porque se ve en ella un marco de políticas públicas muy coherente y muy vinculada a lo que internacionalmente se conoce hoy como “un sano manejo de la macroeconomía”.

FALLARON LOS PRONÓSTICOS

Enrique Bolaños ha sacado excelentes calificaciones con el Fondo Monetario Internacional y con el Banco Mundial. Esto quedó reflejado en el ingreso de Nicaragua, en enero, al punto de culminación de la Iniciativa HIPC. Se refleja permanentemente en los volúmenes de ayuda externa que continúa recibiendo Nicaragua. A pesar de que el pronóstico que compartíamos todos era un descenso drástico de la ayuda externa, a causa de la mala experiencia de la comunidad donante con los últimos gobiernos, este descenso no se ha producido.

Se pronosticó que el aumento de cooperación internacional recibido por Nicaragua en 1998-99 sería una burbuja efímera, sólo motivada por el cataclismo del huracán Mitch, tragedia que fue acompañada de imágenes internacionales de tanto impacto. Se pronosticó que esta burbuja estallaría y que el descenso se haría evidente precisamente en 2002, coincidiendo con el inicio de la gestión de Bolaños. Pero esto no ha sucedido. Y el gobierno Bolaños ha conseguido un flujo considerable de recursos de ayuda externa bilateral y multilateral, siendo lo más significativo no tanto el que haya aumentado el volumen sino que no se haya producido el descenso pronosticado.

APOYO DE AMPLIO ESPECTRO

Todo esto explica, aunque no justifica, la vanidad que despliega Bolaños al autoalabarse en cualquier ocasión que se le presenta. Su ego se crece ante el respaldo internacional. Y no se trata únicamente del respaldo del gobierno Bush, tan denostado en el escenario mundial. Es más amplio, es prácticamente unánime. La ayuda del gobierno de Suiza se ha incrementado, la ministra de cooperación de Suecia y la de Holanda visitaron recientemente Nicaragua ofreciendo una ayuda oficial incrementada... Todas las evidencias coinciden. El respaldo a Bolaños es de amplio espectro: desde los gobiernos europeos de izquierda hasta la administración de extrema derecha de Estados Unidos.

Y así como el apoyo del gobierno de Estados Unidos -como la historia nos ha demostrado una y otra vez- no depende de la ostentosa sumisión de Bolaños, sino que responde sencillamente al pragmatismo estadounidense, el apoyo de los gobiernos de Europa -satisfechos con el orden impuesto por el gobierno y con los principios básicos de su gestión- nunca hubiera existido si se hubiera percibido el más mínimo asomo de una continuidad del estilo de gobierno de Arnoldo Alemán.

Está claro que los gobiernos de Europa no están satisfechos con la gestión gubernamental en áreas claves como la educación y la salud y en todo lo que ha sido y sigue siendo la estrategia de reducción de la pobreza. Pero aún en eso ven un significativo buen principio. Y aún con eso no le restan respaldo.

UN DIFÍCIL COMIENZO

La paradoja del gobierno de Bolaños es ésa: tanto apoyo incondicional en el ámbito internacional y tanto desgaste nacional. Es una paradoja con algunas justificaciones. Cuando Bolaños asumió el poder en enero 2002 la magnitud del desequilibrio en las finanzas públicas nicaragüenses, era tal que sólo podía compararse con los descomunales déficits de los años 80, cuando la guerra obligó a hacer gastos extraordinarios.

Si en los dos últimos años de Alemán este gigantesco desequilibrio no fue condenado o tratado de ordenar por el FMI, si el FMI lo toleró, fue por el temor que dominaba en los organismos internacionales a una victoria presidencial de Daniel Ortega. En aquel caos, el FMI declaró “en suspenso” el ajuste estructural y se dedicó únicamente a monitorear el marcado deterioro de las finanzas públicas.

Lo primero que Bolaños tenía que demostrar a los organismos internacionales era que no habría ninguna continuidad con el gobierno de Alemán. Para demostrarlo, tuvo que actuar drásticamente en el saneamiento de las finanzas nacionales. Y una de las medidas que tuvo que tomar fue un severo recorte de las inversiones públicas.

Los organismos internacionales le dieron un año de prueba a Bolaños. Verlo determinado a sanear y a ordenar fructificó en un nuevo acuerdo de ajuste estructural con el FMI. Este primer año de prueba estuvo extremadamente tensionado por el conflicto Bolaños-Alemán y sembrado de tácticas y estrategias gubernamentales para retirar del escenario político a Arnoldo Alemán, que se cansó de vociferar durante 2002 que el gobierno de Bolaños “no arranca”. Naturalmente, no arrancaba porque estaba a prueba recortando con severidad el gasto público y también porque quien vociferaba había dejado en quiebra al país.

UN FRENAZO BRUTAL

El programa de inversiones públicas -alimentado por los fondos extraordinarios que llegaron a Nicaragua como consecuencia del impacto internacional que tuvo la devastación causada por el huracán Mitch- hizo de Arnoldo Alemán el “presidente constructor”, calificativo con el que aún lo aplauden y lo añoran sus simpatizantes del PLC, ese 25% -incluso más seguramente-, que expresan en las encuestas que quieren verlo libre aunque haya robado. “Robó, pero hizo”, piensan muchos. Y bastantes lo dicen.

Las inversiones públicas -caminos, carreteras, escuelas, centros de salud, construcciones- son las que más réditos políticos permiten cosechar a los gobernantes. Hasta este año 2004, y después de pasar las “pruebas”, Bolaños ha podido empezar a retomar algunos programas de inversión pública, los contenidos en el Plan Nacional de Desarrollo.

La contracción del gasto público en 2002 y 2003, los dos primeros años de gobierno de Bolaños, han provocado un frenazo brutal en el crecimiento económico del país. Las tasas de crecimiento en 2002 y en 2003 (1% y 2.3%) están por debajo de la tasa de crecimiento poblacional y muy por debajo de los pronósticos optimistas que había hecho el FMI, aunque no era previsible nada mejor con el problema financiero que existía y con el saqueo del erario público protagonizado por Arnoldo Alemán.

Es un hecho que el necesario ajuste de las finanzas públicas se ha dado a costa del crecimiento económico del país. El FMI pudo haber sido más flexible, exigiendo recortes del gasto público y de las inversiones mucho más graduales, para no afectar tanto el crecimiento económico nacional, como de hecho ha ocurrido.

Cuando el gobierno lanzó el primer documento-borrador de su Plan Nacional de Desarrollo proyectaba tasas de recuperación de la economía relativamente rápidas y elevadas ya a partir del año 2004 y 2005. Actualmente, las cifras oficiales muestran que ha habido una reducción significativa del optimismo inicial, porque ya se sabe que esto no será posible.

MÁS POBRES Y MÁS POBREZA

Aunque los funcionarios no lo quieren decir, cualquier optimismo ha quedado fuera de la agenda oficial. En los próximos dos años las tasas de crecimiento van a estar por debajo de las que en el consenso del FMI y del Banco Mundial se llama “la tasa potencial” de Nicaragua, la tasa a la que podría crecer el país. La “tasa potencial” de crecimiento económico que estos organismos fijaron para Nicaragua es de 5% anual, tasa que sería suficiente para que empezara a reducirse la extrema pobreza. En los cálculos que ellos hacen, estiman que un crecimiento per cápita del 2% anual permitiría reducir la extrema pobreza y Nicaragua podría cumplir las Metas del Milenio en 2015 en cuanto a salud, educación, mortalidad materna, mortalidad infantil, alfabetización, nutrición, etc., etc.. En la medida en que Nicaragua no crece al 5% no puede alcanzar esas metas.

Ya está claro que no las va a cumplir, que apenas podrá cumplir con alguna. Ya el mismo FMI reconoce que más de la mitad de los indicadores de avance hacia las Metas del Milenio muestran que en Nicaragua no se ha cumplido lo que se había programado para reducir la pobreza. Y ya citan ejemplos en indicadores clave como la tasa de mortalidad infantil y el analfabetismo.

En el año 2005, cuando se haga una nueva encuesta de nivel de vida, los resultados demostrarán que en los tres primeros años de gobierno de Bolaños la pobreza, tanto en términos absolutos como en términos relativos, se ha incrementado. Seguramente, el gobierno tratará entonces de darle un muy bajo perfil a estas estadísticas y acomodará el discurso para responsabilizar por esto a la corrupción que institucionalizó el gobierno de Alemán.

OSCURIDAD DE LA CASA

Con todos estos datos internos, y a pesar de la popularidad internacional, Bolaños no logrará su sueño, lo que anunció al tomar posesión del gobierno: ser reconocido y recordado como el mejor gobernante de Nicaragua.

Existen justificadas razones en la macroeconomía nacional -desordenada y afectada por el saqueo- para explicar la erosión de popularidad sufrida por Bolaños, oscuridad en su casa mientras deslumbra en las calles internacionales. Otras evidencias no son tan justificables.

No ha existido un discurso más humilde y atravesado de sensibilidad social para explicar todo lo que ha pasado y sigue pasando. Y así como el discurso de Bolaños en su campaña electoral era “arremangarse las mangas” todos para “trabajar juntos” -discurso muy adecuado para la dura realidad del país que se disponía a gobernar-, a la hora de instalarse en el gobierno, Bolaños no ha dicho, en más de dos años de gestión, que hay que “ajustarse el cinturón” todos para “ahorrar juntos”.

Símbolo de esta falla que tanta popularidad le ha restado es su terco apego al doble salario, de casi 20 mil dólares mensuales. Y aunque no se puede decir que en su gobierno exista el obsceno despilfarro de recursos y el abierto latrocinio que caracterizó el gobierno de Alemán, sí continúan existiendo altísimos salarios para círculos de funcionarios ineficientes pero cercanos familiarmente al Presidente o funcionales a sus intereses políticos de organizar un liberalismo sin Alemán.

LA BRECHA SALARIAL

La correlación de fuerzas políticas que hay en el país, esos dos capos entre los que permanece atrapado Bolaños -así los llamó él mismo este mes-, explican que haya querido rodearse de amigos, familiares, leales y hasta oportunistas, y que los retenga pagándoles altos salarios, bajo el supuesto de que, como el país carece de un liderazgo calificado, los altos funcionarios deben estar muy bien pagados. Se traslada así a la gestión pública el esquema de la empresa privada con un claro matiz de elitismo: los gerentes tienen que ser muy bien pagados si se quiere que sean eficientes.

Pero este gobierno no es tan eficiente como dice ser. Y además, es obvio que la eficiencia en la gestión de los servicios públicos no la garantizan los gerentes muy bien pagados. En mayor medida, la eficiencia depende de un servicio civil profesional y de contar con maestras y médicos al menos dignamente pagados.

La sensibilidad para entender la ineficiencia que genera una brecha salarial tan injusta como la que hoy se mantiene en Nicaragua ha faltado totalmente en este gobierno. Si en los dos grandes partidos políticos -PLC y FSLN- todo se ve “cupularmente”, desde arriba, de igual manera ve las cosas este gobierno, donde una cúpula tecnocrática decide, actúa, representa y moldea al país.

EL PLAN DE DESARROLLO

El gobierno tampoco ha podido pasar de las “buenas intenciones” expresadas en el Plan Nacional de Desarrollo. Lo que hasta ahora se ha puesto ya en práctica del Plan -proyectos de caminos, subsidios del Instituto de Desarrollo Rural en las zonas ganaderas para la compra de equipos de procesamiento de leche, etc.- muestra un muy débil impacto. Lo que hay hasta ahora son pequeñas cosas limitadas a islotes. En gran medida, esta debilidad se debe a que el gobierno ha sido incapaz de articular un consenso nacional alrededor del Plan.

Desde que se polarizó el debate sobre el PND, inmediatamente de publicado éste, hasta el sol de este día el gobierno no ha hecho un esfuerzo sistemático por armar los consensos mínimos que son necesarios para empujar su implementación.

Los funcionarios, sí, andan cumpliendo con los requisitos formales de participación del Plan. El Presidente Bolaños, sí, visita los departamentos para aprobar el correspondiente plan departamental de desarrollo incluido en el Plan para este año -todo lo que se va a hacer en inversiones públicas en 2004-, pero esto no pasa de ser una formalidad y no sustituye el esfuerzo por construir un consenso con las fuerzas vivas del departamento. Se funciona cupularmente: cumplir con las formalidades, darle a la participación su contenido formal y después tomar las decisiones a nivel de cúpula.

Todo sería diferente si hubiera capacidad para articular a las fuerzas locales. Pero en este gobierno hay una manifiesta incapacidad para negociar y para establecer consensos. En los municipios esto no se explica ni por la partidarización ni por la polarización política que domina el escenario nacional. Localmente, esto no constituye un obstáculo real.

Lo que se aprecia en el actual gobierno es una cúpula nacional liberal que actúa con un estilo tecnocrático y autoridades departamentales, alcaldes y funcionarios locales liberales que funcionan con un estilo político muy tradicional. Aunque no hubiera habido roces entre el bolañismo y el arnoldismo, aunque Alemán y Bolaños estuvieran de amigos, este problema existiría. Son dos formas de concebir el trabajo, dos enfoques de la gestión pública que no ensamblan. Como el agua y el aceite.

LA IMPOPULARIDAD INTERNA

La magnitud del problema de Nicaragua es tal que el gobierno necesita montar a todo mundo en un mismo barco. Y eso no se ha entendido. El unánime respaldo internacional y la misma naturaleza tecnocrática de su concepción política les hace creer que con recursos financieros, con apoyo internacional y con su propia sabiduría basta y que con eso el barco se mueve y llega a puerto.

La permanente disposición del gobierno a servir los intereses del gobierno de Estados Unidos erosiona también la popularidad interna de Bolaños. Además de todo lo aprendido durante el gobierno sandinista, el pueblo de Nicaragua siempre ha tenido una cultura que tiene raíces en Sandino: soberanía nacional y orgullo por la dignidad nacional. Hoy, hasta analistas de la derecha critican la avasalladora e irrespetuosa política de Estados Unidos hacia la Nicaragua real en la que estamos viviendo y sobreviviendo. Si Bolaños y los altos funcionarios de su gobierno tuvieran dos dedos de frente, o dos dedos de dignidad, hubieran variado su política de sumisión permanente. Más bien, la incrementan a diario.

Después de más de dos años de gobierno, Bolaños sigue
confiando más en los recursos del extranjero que en los recursos de la nación. “De fuera vendrán los que de ésta me sacarán”: ésa es la lógica, la filosofía de este gobierno desde el primer día. Esa lógica ha sido constante y se traduce ahora en una fe ciega en el TLC con Estados Unidos. Bolaños exhibe su genialidad y brillantez, confía en ella y en la élite de funcionarios que lo rodea y en los recursos externos, pero no transmite al país que tenemos muchos recursos y capacidades y que saldremos adelante con confianza en nosotros mismos. Esta actitud también está contribuyendo a la reprobación nacional.

NO HACE Y NO SIENTE

En el partido actual de Bolaños, la Gran Unidad Liberal -partido creado a la sombra del Estado- se manifiesta el estilo de gobernar de Bolaños. ¿Será un fracaso anunciado su participación en las elecciones municipales? Es probable.

En el fracaso político que el Gul ya está experimentando se expresa la contradicción entre “el agua” y “el aceite”: una dirigencia liberal elitista que trata inútilmente de ganar a bases liberales muy tradicionales. En ese fracaso se expresará también el impacto de dos años de recesión económica, contrastados con la imagen que queda en la memoria popular del “presidente constructor”, a quien todavía muchos comparan con el presidente que no hace nada... y que no siente nada.

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