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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 338 | Mayo 2010
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Nicaragua

Cargill: en las entrañas del monstruo

Desde hace diez años opera en Nicaragua un monstruo de los agronegocios. Su cabeza es invisible. Sus tentáculos destruyen los derechos de los trabajadores que sudan en sus plantas. Nombre: Cargill. Edad: 145 años. Sede central: Minneapolis. Ernesto, un nicaragüense, conoció sus entrañas.

William Grigsby Vergara

Cargill es una multinacional privada que ha crecido desmesuradamente, hasta convertirse en una de las mayores corporaciones estadounidenses a nivel mundial por el volumen de sus ganancias. Sus actividades incluyen la compra, venta, procesado y distribución de granos y otros productos agrícolas, el cultivo y venta de pienso para ganado y aves y la venta de ingredientes para la industria farmacéutica.

EL GIGANTE INVISIBLE

Para darnos una pequeña idea de las dimensiones de este monstruo podemos repasar algunos de sus “récords” mundiales: En el año fiscal 2009, Cargill ganó 3.33 billones de dólares, 16% menos del récord de 3.95 billones de dólares que había ganado en 2008. Su facturación durante 2009 fue de 116.6 billones de dólares. Según Greg Page, Presidente y director ejecutivo de Cargill: “El año (2009) ha tenido dos mitades. Cargill presentó resultados récord hasta diciembre (2008). En la segunda mitad de 2009 la facturación bajó considerablemente en el momento en que la economía mundial se encogió por primera vez en seis décadas. Pero al final, el efecto neto se tradujo en el segundo mejor año en los 145 años de historia de la compañía”.

Cargill es responsable del 25% de toda la exportación de granos de Estados Unidos. Provee un 22% de la carne que se consume en el mercado estadounidense. Emplea a más de 158 mil trabajadores directos en 1,100 lugares de 66 países. Es el mayor exportador de productos agrícolas en Argentina y el más grande productor de aves en Tailandia. ¿Han probado los nuggets de pollo de McDonald’s? Todos los huevos de los que nacieron esos pollos y fueron usados en los McDonald’s de Estados Unidos pasaron por las plantas de Cargill.

“El gigante invisible de los agronegocios” -como lo bautizó el economista y teólogo canadiense Brewster Kneen- llegó a Nicaragua hace diez años y ya ha hecho estragos. Su poder destructor alcanzó a un ciudadano nicaragüense, cuyo nombre verdadero omitiremos por razones de seguridad. Lo llamaremos Ernesto.

CÓMO TRANSFORMAR GRAVES ACCIDENTES
EN “PRIMEROS AUXILIOS”

Ernesto sobrevivió a la explotación y las intrigas de Cargill, pero su paso por las entrañas del monstruo lo ha marcado profundamente, al punto de decidirse a demandarlos por la vía laboral y penal.

Durante tres años Ernesto trabajó como responsable de Seguridad Industrial y Salud Ocupacional en Cargill con la responsabilidad, entre otras, de informar directamente al Gerente del País de la Unidad de Negocios de Nutrición Animal de la empresa.

Cargill ha tenido como lineamiento global una política corporativa de Medio Ambiente, Seguridad y Salud, conocida por sus siglas en inglés como EHS (Environment - Health- Safety). Como termómetro para medir esta política en cada unidad de negocio en cada país, Cargill mide las horas sin accidente de tiempo perdido (accidentes que no ameriten subsidio de la seguridad social). Mide también la no ocurrencia de enfermedades de origen laboral (las que atiende el sistema de seguridad social de cada país).

Esta vara de medida se aplica por igual a los empleados y a los contratistas que hacen las subcontrataciones. Cuando ocurre un accidente de tiempo perdido o se presenta una enfermedad laboral diagnosticada por el sistema de seguridad social, se crea toda una paranoia organizacional y se desata una especie de cacería de brujas para encontrar al culpable.

La idea -nos cuenta Ernesto- es “tapar el sol con un dedo”, evitar que el accidentado llegue al sistema de seguridad social para evitar que la empresa pague el subsidio correspondiente. Entonces, en lugar de “accidente de tiempo perdido” lo ocurrido se clasifica según la nomenclatura global de Cargill como “primeros auxilios”, un accidente “leve y sin baja” y el empleado es reubicado “con su consentimiento” y con documentación firmada, en un área en donde pueda trabajar sin que sufra molestias en la parte del cuerpo lesionada.

Cargill, empresa transnacional experta en este tipo de maniobras, está presente y actúa así en Guatemala, Costa Rica, Nicaragua y Honduras, países de nuestra vulnerable región. En las instalaciones de Cargill en estos cuatro países hay un médico contratado (un empleado directo de la empresa o un subcontratado bien remunerado) quien, descaradamente, se encarga continuamente de evitar que los accidentes laborales entren al sistema de seguridad social. Así se evita que el accidente sea reportable al sistema estadístico de la casa matriz en Minneapolis. Y así las plantas acumulan millones de horas sin accidentes, que después los gerentes exhiben orgullosos en grandes rótulos a la entrada de sus empresas.

RAZÓN SOCIAL: TIP TOP

Desde el punto de vista legal Cargill no existe en nuestro país. Su razón social en Nicaragua es Tip Top Industrial S.A. Desde el área de Nutrición Animal, área donde Ernesto trabajó como médico, Cargill utiliza la marca de otro monstruo global de los alimentos, la suiza Nestlé, dueña de la marca PURINA, muy bien posicionada en el imaginario popular nicaragüense. Esta marca no es de Cargill, pero Cargill paga derechos para usarla. Cargill tiene tanto dinero que se da el lujo de comprar identidades corporativas, ya conocidas y posicionadas entre la gente y con mucho tiempo de moverse en el mercado, atrayendo así a una amplia gama de consumidores.

Las transnacionales tienen “cabezas” invisibles pero tienen unidades de negocio y marcas que son independientes y reconocibles entre sí. La unidad de negocios de Nutrición Animal de Cargill tiene en Nicaragua la misma razón social de Tip Top Industrial, pero en la jerarquía mundial de Cargill es otra cosa distinta de la unidad de Nutrición Humana. Esto significa que la producción y venta de pollo es un negocio diferente a la venta de concentrados para consumo animal.

Las marcas de Cargill en Centroamérica son: Purina, Pollos Tip Top y Cainsa (en Nicaragua), Cinta Azul (en Costa Rica), Pollo Norteño y ALCON (en Honduras), Doggie y Gati (en toda Centroamérica). Y Biocamaronina (en Nicaragua, Honduras y Guatemala). Cargill es uno de los principales proveedores, sino el principal, de alimentos para las granjas camaroneras que desde Centroamérica exportan camarón a Europa y Estados Unidos desde Centroamérica.

FRENTE A SINDICATOS CÓMPLICES

Ernesto llegó a Cargill con cierta ingenuidad para pronto darse cuenta de los cuestionables procedimientos y arbitrariedades que la empresa ejecuta. Confiesa que su primera reacción ante las evidencias fue renunciar, para no ser testigo ni cómplice de las injusticias que se cometían. Sin embargo, decidió desenfundar la espada contra el dragón y luchar para apagar el fuego de sus fauces. Prefirió enfrentar al monstruo desde adentro, retarlo y sortearlo para que no siguiera ocurriendo lo que ocurría.

En la planta de alimentos balanceados, donde laboran 88 trabajadores directos, Ernesto, siquiatra de profesión, graduado de la UNAN-Managua en 2007 -el mismo año en que entró a trabajar a Cargill-, notó que cuando se accidentaba o se hería un trabajador, los sindicatos de Cargill no sólo no hacían nada, sino que contribuían a reubicar al empleado para soslayar la situación. Si hay títeres al servicio de Cargill -dice- son sin duda alguna sus sindicatos “vendidos, traidores y cómplices de los grandotes de la empresa. Yo quise hacer lo correcto y darle su derecho al subsidio a la gente accidentada, pero me empezaron a aplicar medidas de represión para detenerme”.

LOS QUE HACEN
LOS TRABAJOS MÁS DUROS

Para que todo funcione a la perfección en Cargill y el monstruo pueda moverse flexiblemente, la corporación aplica un método que el capitalismo salvaje ha hecho ya habitual: la tercerización del trabajo. Se contratan y se subcontratan los servicios más riesgosos y más penosos de la empresa. Se mantiene así un sistema que se convierte en el látigo que emplean las transnacionales para mantener en vilo a los modernos esclavos del siglo 21.

La idea es hacer más con menos. Lo hacen con los llamados “contratistas” y “subcontratistas”. Los contratistas tienen bajo su mando a una serie de subcontratistas, a su vez contratados y subcontratados. Cargill utiliza al contratista como intermediario para castigar al subcontratista y violar sus derechos. Y a la hora de cualquier problema, de cualquier clase, con el subcontratista, la responsabilidad cae sobre el contratista y Cargill se lava olímpicamente las manos.

Los subcontratistas son los que hacen los trabajos más peligrosos. Son los empleados de Cargill que mueren cada año en todo el mundo porque trabajan sin ninguna seguridad. Son los que podan árboles, los que limpian los baños, los que levantan pesados sacos... Realizan todos los trabajos en donde hay mayor probabilidad de un accidente grave o mortal. Trabajan en andamios, silos, maquinarias, en donde es fácil lesionarse. Son los que trabajan en su propio país como trabajan los emigrantes fuera de su país: con menores salarios y sin derechos. Son los que mueren en el anonimato, los que no tienen vacaciones, los que reciben la mitad del aguinaldo.

Mientras esto sucede, en la Asamblea Nacional de Nicaragua duerme un anteproyecto de ley que espera que alguien lo despierte. La “Ley reguladora de la subcontratación y tercerización del empleo” no la aplica todavía el Ministerio del Trabajo (MITRAB) a ninguna empresa que opera en Nicaragua.

Los subcontratistas ni siquiera tienen derecho a comer en el comedor de la empresa. Son los pobres. “¿Y quiénes son los pobres? Los que no dan la vida por supuesta, aquellos para quienes vivir es su máxima tarea y la cercanía a la muerte indigna es parte de su cultura. Pobres son los que mueren antes de tiempo”, reflexiona Ernesto, recordando ideas del teólogo salvadoreño Jon Sobrino.

“REPRESALIAS ESTÉTICAS PARA QUE ME FUERA”

Los trabajadores que están en Nutrición Humana de la empresa en Nicaragua son unos 1,300 directos e indirectos. La mayoría trabajan en el kilómetro 17 de la carretera a Masaya. Allí, Ernesto tuvo que desarrollar una estrategia para encarar a Cargill. En unos meses ya querían que renunciara por la forma “demasiado justa” con la cual intentaba dignificar a los empleados.

Cuando Ernesto llegó a Cargill la mayoría de los trabajadores subcontratados no estaban asegurados, como establece el Código del Trabajo. En una ocasión, uno de ellos se quebró la mano, pero fue “reubicado” en el taller de un contratista de la empresa. Ernesto se enteró e hizo un escándalo a nivel legal exigiendo que todos los contratistas y subcontratistas tuvieran un seguro integral del Instituto Nicaragüense de Seguro Social (INSS) para así evitar violaciones de derechos humanos como ésta.

Cada vez que Ernesto lograba algo para los trabajadores, sus superiores mutilaban sus responsabilidades para presionarlo. Primero segaron sus facultades en el área de medio ambiente, luego en el área de seguridad. Finalmente se quedó sólo con el área de salud ocupacional. “Era una represalia bien estética para que me fuera”: así lo explica él.

Como nuestro protagonista no logró cambiar las cosas por la vía interna, decidió apoyarse en el Estado y en sus instituciones. Acudió al MITRAB y al INSS. Cuando llegó a esas instancias, aunque ya era perseguido por la jerarquía de Cargill, no se podían deshacer de él tan fácilmente. Ernesto estaba muy bien ubicado: en su puesto tenía también poder dentro de la línea de mando de la empresa. Sus perseguidores debían acudir a medidas coercitivas, pero de forma camuflada y discreta, para evitar una crisis demasiado obvia.

POR DEFENDER A LOS PEONES DE CARGILL

Ernesto enfrentó varios casos. En una ocasión un trabajador se fracturó las dos piernas al caerle un andamio en la construcción de una bodega. Anteriormente, ya otro trabajador había tenido una contusión severa cuando un montacargas le prensó el pie y lo dejó inválido por varios días. Al trabajador con las piernas fracturadas querían reubicarlo para que trabajara aunque fuera sentado, en vez de mandarlo a su casa a descansar. Ernesto recibió presiones de su jefe, que estaba en Honduras ese día, para que “reubicara” a la víctima, pero él se negó. Cuando regresó de Honduras, el jefe, aliado al gerente de producción, dio la orden de que, una vez terminado el subsidio de diez días, el trabajador lesionado fuera castigado con dos semanas sin salario por cometer el “delito” de accidentarse.

Con una actitud parecida a la de Rosa Parks, cuando, sola ella, se enfrentó al racismo norteamericano, Ernesto presentó un archivo de los casos conocidos al MITRAB y al INSS. La tercerización del trabajo complicaba las cosas. Cargill se ahorraba mucho dinero al no contratar directamente a los subcontratados y al dar órdenes a los intermediarios para luego no asumir las consecuencias de sus decisiones. Con la tercerización del trabajo, a estos trabajadores inferiores les violan sus derechos, manteniéndolos en indefensión ante la empresa. Los convierten en peones en el moderno feudo de Cargill. El contratista, como intermediario de las contrataciones, puede hacer lo que sea con estos subcontratados peones.

Ernesto no pudo tolerar lo que veía. “Y como no me iba pese a las presiones, el 5 de marzo de este año 2010 me dieron la carta donde cancelaban mi contrato”. Antes, Ernesto fue amenazado por el gerente general de Cargill en Nicaragua. Le dijo que la empresa contaba con un médico que trabajaba en una clínica de la empresa para atender a los trabajadores, pero que, a diferencia de Ernesto, sí lograba evitar dar subsidios a empleados y contratistas, y que si Ernesto mantenía su posición cerrarían esa clínica. Lo hicieron. Cuando Ernesto fue desempleado planeaban subcontratar a un médico del Hospital Militar.

El otro problema que enfrentó este nicaragüense de 34 años para lograr algo con sus denuncias es que Cargill existe en todas partes, pero no está en ninguna. No podía atacarlo directamente. Su cuerpo en Nicaragua es Tip Top, pero ¿dónde está su cabeza? ¿En Minneapolis? Y si está allí, ¿qué podía hacer el Estado nicaragüense? Ernesto estuvo atrapado entre la inmunidad de Cargill y la impotencia del gobierno nacional.

COMPITIENDO SIEMPRE
CON VENTAJAS

La filosofía de Cargill es no competir donde no tiene ventajas. Esto significa competir donde no haya muchas leyes y donde el gobierno no se meta mucho con ellos. Para Cargill, Nicaragua es un buen terreno para trabajar y por eso están aquí.

Ernesto asegura que en Nicaragua el gerente de la empresa tapa con mucha habilidad los problemas de seguridad laboral. “Si los verdaderos grandotes de Cargill se dieran cuenta de los accidentes que sufren los trabajadores de sus empresas en Nicaragua y las bajas que han tenido por incidentes que son escondidos dudarían si seguir o no en nuestro país”.

Cargill no se ha limitado a la explotación laboral en sus plantas. También ha competido suciamente en el terreno comercial. Montó recientemente un puesto de venta en el Mercado Oriental para vender sus pollos Tip Top a bajos precios, en competencia desleal con pequeños negocios independientes de venta de pollos, posicionados en ese Mercado desde hace años. Gracias al escándalo que tuvieron que hacer las vendedoras para recuperar sus ventas, intervinieron los concejales de la alcaldía de Managua y tras varios meses de cabildeo, la alcaldía puso fin a la presencia de Tip Top en el Mercado Oriental.

DANIEL ORTEGA:
“EN NICARAGUA TIENEN TODAS LAS GARANTÍAS”

Cargill no saca ventajas de enfrentar al Estado, tampoco puede darse “color” haciéndolo. El surgimiento de otro monstruo en crecimiento, Albalinisa (ALBA-Alimentos), preocupa hoy a Cargill, a diferencia de las ventajas que vio hace diez años, cuando clavó sus garras en territorio nacional, en un contexto político diferente.

A pesar de esto, Ernesto ha llegado a creer que puede existir alguna complicidad de Cargill con el actual gobierno del FSLN. Las constantes e impunes violaciones de Cargill a los derechos de los trabajadores y la escasa reacción que ha tenido, tanto el MITRAB como el INSS, frente a sus continuas denuncias, le permiten sospechar. ¿Será miedo institucional o un trato a espaldas del pueblo? Cualquiera de las dos posibilidades dejaría muy mal parado al gobierno de Daniel Ortega, que dice poner arriba a “los pobres del mundo”.

En los primeros días de su gobierno, en enero de 2007, el Presidente Daniel Ortega recibió en Managua al magnate de Cargill, Warren Stanley. A pesar de que Cargill es una transnacional emblemática de las corporaciones que hoy dominan el mundo del “capitalismo salvaje” -reiteradamente denunciado por Ortega en sus discursos-, y a pesar de que el modelo de desarrollo que representa Cargill es la antítesis de la Seguridad y Soberanía Alimentaria que el gobierno de Ortega dice promover, entre otras medidas con el bono productivo alimentario distribuido dentro del programa Hambre Cero, el recién estrenado Presidente Ortega tranquilizó a Stanley.

Le dijo: “Aquí van a tener todas las garantías y la seguridad para seguir con sus inversiones... Estamos convencidos que la inversión que usted tiene en el país, el empleo que está generando, el impacto directo e indirecto en términos económicos y sociales van en la dirección del combate de la pobreza… Nicaragua es un país que está dispuesto a seguir trabajando y a seguir ampliando estas inversiones. Lo importante es que se sientan bien, que se sientan tranquilos y que se sientan seguros”.

SEDUCIDO POR CARGILL

Ernesto fue seducido por Cargill. La empresa le ofreció un salario de casi 1 mil dólares mensuales. Además, una alimentación excelente y seguro médico en el Hospital Metropolitano de Managua. Un anzuelo infalible para pescar a cualquiera. En unos meses, y a pesar de las tácticas de ocultamiento de la empresa, Ernesto se daría cuenta que tendría que pagar un precio muy alto por estos beneficios. Su salario dejó de hacerle caricias y se metió de cabeza en una lucha por exigir justicia a la multinacional.

Cargill le ofreció privilegios a Ernesto, lo que nunca hace con el obrero, a quien le cercenan la libertad desde que lo contratan. Cuando empezó a trabajar, Ernesto conoció de un posgrado de Higiene y Seguridad en la Universidad de Ingeniería (UNI) de Managua. Le llamó la atención. El posgrado costaba 1,800 dólares. Ernesto se matriculó por sus propios medios. Cuando se lo contó a su jefe, éste ofreció pagarle la mitad del curso. “Cuando ven que tenés potencial, quieren irte moldeando para meterte en sus estructuras. Entonces te hacen ese tipo de ofrecimientos”, cuenta Ernesto.

VIOLACIONES AL MEDIO AMBIENTE Y A LA SALUD

Ernesto laboraba también en el Km. 32 y medio de la carretera Masaya-Catarina, donde se procesa el alimento para las granjas avícolas. Allí fue testigo de otra violación de Cargill, esta vez al medioambiente.

Ernesto explica que hay alimentos que, al vencerse, son enterrados, por toneladas, en los predios de las plantas. En 2008, una cantidad de alimento procesado para camarón fue producido aunque no pasó las pruebas de calidad, y vendido a granjas camaroneras. Después, a pesar de reconocer el error y retirar el producto el alimento procesado que permanecía en la planta no fue reciclado. ¿Qué hicieron? Mandar a los subcontratistas a enterrarlo en una finca perdida por Sébaco.

“Si vos enterrás de esa forma alimentos vencidos de este tipo, estás enterrando antibióticos que pueden crear resistencia bacteriana, que pueden llegar a las fuentes de agua y contaminar el medioambiente”. Ernesto informó de esto a los inspectores del MITRAB y del INSS. Una colaboradora del Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra también hizo la denuncia ante una entidad gubernamental. Fueron desoídos. Ernesto insistió a lo interno de la empresa argumentando que enterrar de esta forma productos vencidos, que no cumplen estándares de calidad, es ilegal según la Ley del Medio Ambiente. Escribió correos a la asesora legal y a la regente ambiental de la planta responsable. Fueron ignorados.

“Si los entes reguladores del gobierno no hacen nada, ¿cómo lograrlo yo solito?”, puntea Ernesto, con frustración.

Cargill también contaminaba por ruido y cometía delito contra la tranquilidad pública, según lo tipifica el nuevo Código Penal. El ruido que hacía el generador donde trabajaba Ernesto violaba la norma con el objetivo de ahorrar energía. La ley establece como límite 55 decibeles a un metro del vecindario, pero en la planta llegaban incluso a 90 decibeles. Ernesto también lo denunció. Cargill bajó el ruido en 10 decibeles, pero continuaba la violación a la norma. Cínicamente, Cargill le dijo a Ernesto que “no tenía plata” para invertir en mecanismos para reducir el ruido. Como la gente de los alrededores empezó a quejarse, llevaron su inconformidad hasta el Ministerio de Salud (MINSA) y el inspector de la institución llegó a la planta de Cargill. Pero, para sorpresa de todos, ni siquiera tenía un sonómetro para medir la cantidad de decibeles y demostrarle a la empresa que estaba violando la ley. Una prueba más de la incompetencia del gobierno frente a este monstruo.

Es la actuación de Cargill en todas partes. En agosto de 2006, en São Paulo, Brasil, se realizó el Encuentro Internacional de Trabajadores de Cargill. En esta ocasión el secretario regional latinoamericano de la Unión Internacional de los Trabajadores de la Alimentación, Gerardo Iglesias, habló así: “Combatiremos sin tregua a esta transnacional, que ha creado un nuevo feudalismo, causando a sus trabajadores graves enfermedades por el intenso ritmo de trabajo al que los somete, adoptando prácticas antisindicales y causando serios problemas socio-ambientales en los países donde se instala”.

EL GRAN COSTO EMOCIONAL

El costo emocional que tuvo para Ernesto su paso por Cargill ha sido elevado. Siendo siquiatra, tuvo que acudir a un colega para recibir ayuda. El médico le recomendó que renunciara en diciembre de 2009, cuando observó que la paroxetina (antidepresivo con efecto ansiolítico) no le estaba funcionando. El siquiatra le sugería que abandonara un ambiente tan hostil y buscara unas vacaciones para recuperar el equilibrio y desintoxicarse de la empresa. Ernesto fue diagnosticado con un cuadro ansioso por maltrato laboral y por no permitirle desarrollar a plenitud sus funciones médicas en la empresa donde trabajaba. Pero, a pesar de esta epicrisis, continuó trabajando unos meses más hasta que el 5 de marzo de 2010 lo despidieron, aplicándole el artículo 45 del Código del Trabajo.

Cuando dieron por terminado su contrato, el gerente le pidió a Ernesto que firmara por medio de una abogada el finiquito, expresando que, aunque se iba satisfecho de la empresa, no tendría ningún vínculo con ella, ni por correo ni por llamadas ni de ningún modo. De esta forma, la empresa esperaba evitar una demanda. Ernesto no firmó. Tras su negativa, Cargill le negó su liquidación y la depositaron en una conciliación judicial ante un juez de Masaya. La abogada hizo otra acta notariada para sustentar que no le daban la liquidación (unos 80 mil córdobas, el equivalente a unos 4 mil dólares). Cuando la abogada le preguntó a Ernesto por qué no firmaba el finiquito, le contestó escueto: “Uso mi libertad de no querer firmar”.

¿EL PRÓXIMO CAPÍTULO?

Cargill tomó medidas persecutorias contra Ernesto desde que notó su espíritu de rebeldía ética. Según la retórica corporativa, estas medidas son conocidas como “mobbing laboral” y representan un delito en varias partes del mundo. Desde junio de 2007 hasta marzo de 2010, cuando lo despidieron, Ernesto fue acosado y vigilado interna y externamente por sus acciones en la empresa. Desempleado, recibió llamadas de la misma abogada que finiquitó su contrato preguntándole si iba a demandar a Cargill. Al asentir, la abogada le pidió una reunión con el gerente general de la empresa, su ex-jefe. ¿Una compensación económica para que no demande a la empresa?

Ernesto espera una respuesta de las autoridades del INSS, el MITRAB y el MINSA, a quienes ha escrito directamente relatándoles la ejecución insuficiente de los mandos intermedios de la empresa. Desde una de estas instituciones se le comunicó que ya la Ministra había leído, analizado y estudiado el documento, y que había coordinado una inspección del Director General de Seguridad para hacer auditorías interdisciplinarias en Cargill. La primera inspección dio resultados positivos, confirmando las denuncias de Ernesto. ¿Qué pasará después, cuál será el próximo capítulo de esta historia?

“PARA MI CURRÍCULO DE VIDA”

Cargill ha sido denunciado en varios países por violar los derechos humanos y medioambientales. Es la primera vez que la empresa enfrenta una denuncia de este calibre en Nicaragua.

En julio de 2005, el Fondo Internacional de Derechos del Trabajo llevó a juicio a Cargill, a Nestlé y a Archer Daniels Midland (ADM) ante la Corte Federal de los Ángeles (California) en representación de un grupo de niños de Mali que fueron traficados hasta Costa de Marfil para trabajar forzadamente durante doce-catorce horas diarias, sin paga, sin comida y con golpes frecuentes. Los tres niños, que representaban a sus compañeros, lo hicieron de forma anónima, por miedo a la venganza de los dueños de los cultivos de cacao donde trabajaban. Cargill fue denunciado por tráfico, tortura y trabajo esclavo de niños que cultivan y cosechan para las compañías que importan a Cargill desde África.

En noviembre de 2007, Cargill, uno de los más grandes productores de carne en el mundo, anunció que retiraba del mercado más de un millón de libras de carne picada por una posible contaminación con bacteria E. Coli. En octubre de ese mismo año Cargill había tenido que retirar más de 800 mil libras de carne picada por la misma razón.

Hay un eslogan en Cargill que enuncia como verdad suprema: “La seguridad es primero”. ¿Seguridad de quién? La historia ha demostrado que en todos los tiempos la lucha por la reinvindicaciones laborales ha sido de las más heroicas, ha provenido de “los de abajo”, de los pobres, y es la sangre derramada de los trabajadores la que ha generado cambios. En Cargill la seguridad no es primero para los más débiles, sino para las orcas que comen y tragan, las que dirimen desde sus puestos gerenciales.

Ernesto hace una reflexión final sobre su paso por este monstruo despiadado. “Para mi currículo de trabajo esto es un menos, pero para mí currículo de vida esto es un más. Vine a Managua a estudiar medicina a los 16 años después de pasar mi infancia en Boaco, donde nací. Ahora estoy presionando al Estado para que enfrente a Cargill y le haga cumplir las leyes que protegen a los trabajadores nicaragüenses. Mantendré mi demanda personal contra el gerente general. Seguiré hasta las últimas consecuencias. No me interesa tanto el currículo de trabajo sino el de mi vida”.

Al presentar el libro en que denuncia las prácticas de Cargill, después de una extensa investigación sobre el gigante invisible -invisible porque sólo nos muestra lo que quiere que veamos- su autor, Brewster Kneen, explica así su motivación: “La gente, los productores, tenían que saber de qué se trata Cargill para decidir. Lo importante es comprender el sistema dominante, aprender que entre los pies de este gigante también hay espacios a partir de los cuales combatirlo. Tenemos que aprender a ver esos espacios para saber qué acciones tomar: si seguimos el juego de Cargill o si cambiamos de rumbo”.

Ernesto decidió abrir un espacio entre las garras del monstruo.

COMUNICADOR SOCIAL.

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