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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 338 | Mayo 2010
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Honduras

“Estoy así porque me fui para Estados Unidos”

Este testimonio de un migrante hondureño, cuya vida fue truncada abruptamente por las amputaciones que le causó el tren en el que soñaba llegar a Estados Unidos, muestra el rostro de la migración irregular, ésa que es coronada a menudo por tragedias, ésa que revela que irse a Estados Unidos no es siempre la mejor solución.

José Luis Hernández

Yo me fui la primera vez para Estados Unidos cuando tenía 16 años. No tenía idea de lo que era el camino. Nada más me habían contado, pero yo quería experimentar si era verdad tanto que se decía. Y desde que entré a la frontera de Honduras con Guatemala ya era ilegal, porque no dejan pasar ahí. Desde ahí empezó mi camino. Allí tuvimos que rodear la frontera de Aguascalientes porque no llevaba mi cédula de identidad. Después pasé todo Guatemala y no hubo ningún problema. Después llegué a Tapachula, en México, donde me asaltaron. Me quitaron todo el dinero. Desde allí me fui a puro tren hasta llegar a Ixtepec, en Oaxaca. Ahí me agarraron otra vez y me regresaron para Honduras.

DEMOSTRARLES QUE PODÍA

Esa primera vez yo miré muchas cosas tristes, pero aún así me quise volver a ir. No sé los demás por qué lo hacen, sabiendo lo que pasa en el camino. En mi caso fue porque los amigos, cuando uno regresa al país, le dicen: “¿Y no que ibas a llegar a Estados Unidos? ¿Y no que te las sabías todas y que ibas a llegar? ¡Y mirá dónde estás otra vez, sin ningún peso, sin nada!” Yo les decía: Para que veás que sí me las sé todas, me voy a ir otra vez. Y hoy sí voy a pasar porque ahora ya conozco el camino. Y eso fue lo que me motivó a irme otra vez, porque quería demostrar que sí podía pasar.

Como al año me volví a ir. Tenía 17 años cuando entré a la frontera de Aguascalientes. Igual que la primera vez tuve que rodear, porque no traía mi cédula de identidad. Llegué a la frontera de Guatemala con México y ahí empezó mi calvario. No fue a mí al que asaltaron, sino a un amigo que llevaba todo el dinero. Igual, tuvimos que ir a puro tren desde Tapachula.

Para llegar a Tapachula habíamos aguantado mucha hambre. Me acuerdo una vez que la bulla era que estaban violando a una muchacha que era hondureña. Eso es horrible, porque uno quiere hacer algo. Uno quisiera ser como Superman para tener superpoderes. Pero estos grupos andan bien armados y es de balde que uno intente hacer algo, porque te matan. No me acuerdo del lugar donde una mara había matado a un muchacho. Todo eso es duro.

Y tanta hambre que uno aguanta... A veces hay que pasar dos días sin comer, porque los trayectos que hacen los trenes de una ciudad a otra llevan bastante tiempo. Por eso es que uno aguanta hambre y bastante frío. Seguí mi camino aguantando frío y viendo cómo la gente se cae del tren y cómo el tren les corta una pierna. Llegamos a Torreón, donde nos dieron comida, y allí pude dormir esa noche. Al otro día salía un tren para Juárez, y en ése nos fuimos en la mañana.

EL QUE SE DUERME SE CAE,
YO NO ME DORMÍ, ¡ME DESMAYÉ!

Ya cuando estábamos para llegar a Chihuahua me estaba quitando los zapatos ahí donde van acoplados los vagones, porque no aguantaba mis pies de ir ahí en ese lugar y después de caminar tanto. A veces, cuando dicen que van migrantes en tal parte del tren, entonces uno se tira del tren y se va caminando, para rodear a la policía de migración. Si te pasa eso, uno camina hasta un día o dos. Por eso mis pies estaban enyugados. Por eso me estaba quitando un tenis y cuando me iba a quitar el otro me caí, pero… ¡no fue que me dormí, sino que me desmayé! Porque uno se cuida de no dormirse para no caerse, pero yo no me cuidé.

Nunca imaginé que me iba a desmayar, pero me desmayé porque había aguantado hambre y sed. Mi cuerpo iba todo débil. Recuerdo que cuando me iba a quitar el segundo zapato, me quedé en oscuras y caí al suelo. Entonces el tren me jaló así, para las llantas. Y me amputó esta pierna, mi pierna derecha. Después, no sé cómo, metí un brazo
y también el tren me agarró el brazo. Y esta mano nomás, también me la machacó el tren. Quedé en medio
de las dos líneas y por encima mío pasaron todos los vagones.

Los muchachos compañeros que iban en el tren no se pudieron tirar, porque iba muy rápido. Gritaron que se había caído un muchacho, que era yo. Por suerte andaba por ahí un señor. Llegó donde mí, pero no hallaba qué hacer.
Me preguntaba a mí qué hacer, por los nervios, al ver una pierna por allá y un brazo por acá. Yo sólo gritaba ¡Auxilio, auxilio!, porque no podía ni hablar. Él reaccionó y llamó a la Cruz Roja. Si no, me hubiera desangrado. Gracias
a Dios que me caí entrando ya a Belice.

YA NO LE MIRABA SENTIDO
A MI VIDA

Hay gente a la que le pasa esto, igual que a mí, y se muere porque se desangra. A veces es sólo una mano
o una pierna lo que el tren les amputa. Y se mueren porque no hay dónde los atiendan. A mí me llevaron al hospital. Me acuerdo que los médicos decían: “Éste a saber qué tiene que hacer todavía en este mundo, porque no lo mató ese tren…” Y hasta yo me admiro de cómo no me mató ese tren si quedé caído en medio de las dos líneas. Y todavía pasaron sobre mí un montón de vagones y no me arrastraron. De veras es un milagro ¿verdad?

Una mano la tenía completa, pero parece que no me la trataron a tiempo y se fue… Otro duro golpe. Me acuerdo que cuando al otro día desperté, según yo, sólo era una pierna la que me faltaba. Porque la sensación del cuerpo es como que ando mi pierna y mis dos manos, todo normal. Pero cuando me miré así… Sólo me acuerdo que pensaba en mis papás, en mi familia. Porque uno se va a Estados Unidos por ayudarlos y ahora será carga, y eso es bien duro.

Yo nada más lo que hacía era llorar. Ya no le miraba sentido a mi vida. Allí los médicos me ponían inyecciones para que yo pudiera seguir durmiendo. Al tercer día no me podía mover, porque tenía golpes en todos lados. Cuando uno sale de su tierra sabe que corre este tipo de riesgos, pero estando así, como yo estaba, uno piensa más en los papás, en la familia de uno… ¡Púchica! Mis papás siempre me cuidaban de pequeño… Ellos son los que lo aconsejan a uno para que no se vaya y uno no les hace caso…. Todo eso piensa uno. El propósito mío era comprar mi casa y mi carro y ayudarlos a ellos más que todo. Y pensar que uno ya no va a ser de bendición para la familia sino de carga, eso es horrible.

DOS AÑOS
PARA AGARRAR FUERZAS

De Belice me llevaron a Juárez y de allí al Distrito Federal. Gracias a Dios allí me regalaron una prótesis, que es la pierna con la que ahora camino. Yo me siento afortunado porque, en mi misma situación, a otros nada más les dan los primeros auxilios en México y después los mandan para su país de origen. En cambio, a mí me tuvieron en México casi dos años. Y esta prótesis que ando, en mi país no la hubiera podido comprar y en México me la regalaron, y vale como 50 mil pesos mexicanos. Después, las consecuencias... No quería regresar a mi país porque no quería que me vieran cómo había quedado. Pero regresé a Honduras porque la familia siempre está con uno, en las buenas y en las malas. Me atendieron, me mostraron su amor hacia mí y como que agarré un poquito de fuerzas y ya me sentí más a gusto.

Pero en mi país la gente es muy, muy dura, porque parece que falta mucha cultura tal vez... Ya estoy en Honduras, pero ya no valgo nada. Y todo esto es muy duro… Los amigos, los que decían ser amigos míos… ya se han alejado.
Y uno ya no puede darse el lujo, por ejemplo, de ir a comer a un comedor, porque la gente lo ve a uno como diciendo “Ya viene éste, ya me va a correr la clientela”. Y aunque lo vean así, uno tiene que pagar un colectivo, un taxi.
Y es muy duro.

MI GUITARRA YA NO CANTA

Desde que tenía seis años tocaba guitarra y era la admiración de mis amiguitos y de la gente mayor. Les gustaba y me miraban tan chiquito… Cuando regresé a mi país, pensé que ya no iba a poder: Es muy duro. Mirar mi guitarra en mi cuarto y pensar que ya no la iba a tocar otra vez. Mi familia decidió vender la guitarra para que yo no la viera, para que no me pusiera mal al verla. A veces sueño que estoy tocando mi guitarra, porque cuando sueño, en el sueño tengo todo mi cuerpo. Al despertar la realidad es otra. Es increíble: en El Progreso, donde
yo vivo, habemos 26 muchachos amputados… ¡Y por el mismo tren! La situación es muy difícil. Yo quisiera estar así como estoy sólo yo, y no ver a otros en mis mismas condiciones, porque sé lo que se sufre. Y digo yo: ¿Qué va a ser de nosotros, tanta gente así, y sólo en El Progreso? Valdría la pena hacerle concientización a la gente, para ver de qué forma podemos ayudar a los jóvenes y hacerles entender que no es la mejor idea irse para Estados Unidos.

MI HISTORIA
ES UNA LECCIÓN TRISTE

Ésta es mi historia. Uno cree lo que le aconsejan hasta que ya está así, en mis condiciones. Hay gente campesina, de los campos, que se va para Estados Unidos. Esa gente cree que no puede salir adelante aquí. Si perdió la cosecha se echa, y ya sólo piensa en irse para Estados Unidos. Y la verdad es otra, pues todo está en usar la cabeza.

Espero pues que capten el mensaje que les quiero transmitir. Así es la mentalidad en nuestros países, la mentalidad de los centroamericanos: que no podemos seguir adelante, que no puedo construir mi casa aquí en mi país, que no puedo hacer plata aquí en mi país, que mejor me voy para Estados Unidos... Espero, pues, que les haya servido de algo mi historia y que nos sirva para reflexionar y, más que todo, para concientizar a la gente. Y para pensar: ¿Por qué tanta gente se va para Estados Unidos? ¿Y qué se puede hacer para que no se vayan?

La mayoría nos vamos porque no encontramos trabajo. Yo tengo muchos sueños y espero en Dios que se me hagan realidad. Y yo siquiera tengo el valor de hablar, siquiera tengo el valor de enfrentarme a la gente. Pero la mayoría de los que están así, conmigo, como estoy yo, están así, con la mente agachada. Ni siquiera quieren salir de sus casas, porque tienen miedo de enfrentarse a la gente, que los vean así… Yo siquiera tengo el valor y quisiera hacer algo.

En otro congreso que tuvimos, esta idea me surgió a mí. Yo no sé mucho de migración, pero quiero empaparme bien del tema y quién mejor que yo para hablar de los riesgos que corren los que se van para Estados Unidos. Quiero ir, con un permiso especial, a la universidad, a dar charlas. Y clases a los colegios. Y después, al final de la charla, decir: Yo estoy así porque me fui para Estados Unidos.

TESTIMONIO PRESENTADO EN EL CONGRESO DE INVESTIGADORES ORGANIZADO POR EL SERVICIO JESUITA PARA MIGRANTES (SJM) EN GUATEMALA, NOVIEMBRE 2008.

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