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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 298 | Enero 2007
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América Latina

Una chakana para las radios comunitarias

El avance de la izquierda en América Latina es tema de análisis político diario en todo el mundo. ¿Avanzan las radios comunitarias, las radios populares, las radios de “izquierda”? Más bien, parecen estancadas desde hace años. Las cuatro estrellas de la Chakana, esa brújula celeste que es la Cruz del Sur, dan pistas para enrumbar el camino, para encontrar un norte. Un norte que es el Sur.

José Ignacio López Vigil

Los aymaras la llaman Pusi Wara, las cuatro estrellas. Pero su nombre más común es Chakana, que significa escalera, puente hacia las alturas. Desde hace milenios, la honran en todos los países andinos. Y estaba representada en el centro del Templo del Sol, en Cusco, ombligo del mundo.

La Chakana, más tarde conocida como la Cruz del Sur, es la constelación sagrada que ordena la existencia de nuestros pueblos originarios. Estas estrellas, que apuntan siempre hacia el Polo Sur Celeste, señalan para los hombres y mujeres de los Andes su dirección en la vida, su horizonte y el de sus antepasados.

La Chakana es la brújula cósmica que les muestra el camino a seguir, un reloj brillante que marca el ritmo de las cosechas y las siembras, la llegada del invierno y el verano, los tiempos de la fiesta.

BUSCANDO EN EL CIELO
CUATRO PUNTOS CARDINALES

¿Y qué tiene que ver este símbolo indígena con las radios latinoamericanas? Me pregunto si no podemos levantar la vista a la Chakana estelar, subir por sus peldaños, y encontrar en sus cuatro puntos cardinales algunas pistas para enrumbar la práctica de las radios comunitarias en América Latina.

Basta abrir los ojos. O mejor, los oídos. Basta visitar algunas emisoras populares, que hace pocos años estaban en los primeros lugares de audiencia y de incidencia, para descubrir que ya no lo están, que vagan perdidas en una noche oscura.

¿Qué ha pasado? ¿Cuándo y dónde y por qué se rompió nuestra rosa de los vientos? ¿Será que hemos perdido la perspectiva de nuestro trabajo radiofónico? Conozco algunas emisoras que, insatisfechas con su actual posición en el rating, han elaborado el marco lógico, han experimentado el FODA, han realizado la planificación estratégica, se han subido al árbol de los problemas y ahora están envueltas en una reingeniería institucional. Pero no logran salir de su estancamiento. No logran superar la insoportable levedad de sus programaciones.

Lejos de mí el cuestionar la utilidad de estos instrumentos de evaluación si se saben aplicar y después llevar a la práctica. Pero en esta conversación prefiero mirar la Chakana e inspirarme en sus cuatro estrellas para repensar el quehacer de nuestras radios. Para retomar la senda que lleva hacia el Sur.

SAL A BUSCAR A TU AUDIENCIA:
VOLVER A LAS RADIOS CALLEJERAS

¿Será que hemos involucionado? ¿Dónde quedó el locutor, sonriente y polvoriento, que regresaba desde aquella remota comunidad trayendo un par de entrevistas en su grabadorita reportera? ¿Dónde está la periodista que iba y venía, en moto o en bici o en lo que hubiera, trayendo las voces de los moradores del barrio? En aquellos años 70 y 80, las conductoras de revistas, los animadores de programas juveniles, salían de la radio, transmitían desde el mercado, reunían gente en la plaza, entraban en las casas haciendo encuestas, levantaban la antena en los clubes de madres y en las cooperativas, zapateaban hasta el último rincón del área de cobertura de su emisora.

Ahora no. Ahora salimos poco. O nunca. La cabina se ha vuelto un útero frío -por el aire acondicionado- donde vivimos y nos movemos a gusto. El cordón umbilical que nos vincula con la realidad y nos hace oír lo que queremos es el cable del teléfono. Nos llaman diez amiguitos y nos felicitamos pensando que toda la ciudad está pendiente de nosotros. Espejismos auditivos.

¿Por qué abandonamos la calle y nos agazapamos en la emisora? ¿Falta de personal, falta de recursos para pagar la gasolina, el chofer, la conexión? ¿O simple comodidad? Precisamente en estos tiempos, cuando gracias a los celulares podemos transmitir con inmediatez desde cualquier parte, estamos más ausentes que nunca.

La radio moderna es una radio de exteriores, que entra en contacto directo con sus oyentes y nutre sus secciones con palabras frescas, recogidas al calor de los acontecimientos. Y no pensemos solamente en los reporteros del informativo que cubren el Congreso y las comisarías. Hay que ir más afuera y más lejos. Los temas de la radiorevista mañanera pueden debatirse desde las esquinas y en los colegios. Los concursos pueden realizarse en las paradas de buses y a la salida del cine. Los sociodramas pueden grabarse en la misma comunidad. Los deportes, desde la misma cancha. Ya es hora de romper aguas y sacar los micrófonos al aire libre. La calle es el lugar natural de la producción radiofónica.

Augusto Boal decía que se puede hacer teatro en todas partes… ¡incluso dentro de las salas de teatro! Valga la glosa y digamos nosotros que se pueden hacer programas de radio… ¡hasta en las cabinas de las emisoras!

Una programación callejera. Una radio que no espera que vengan a ella, sino que sale al encuentro de su audiencia. De esta manera, las cabinas dejan de ser el punto único de difusión para convertirse en cruce de caminos, confluencia de muchas voces emitidas desde los más variados lugares. Una emisora itinerante, como bien la describe Cebrián Herreros. Una radio móvil que, por eso mismo, resulta movilizadora.

En realidad, no estamos descubriendo nada nuevo porque esta participación directa de la audiencia fue la bandera, la consigna permanente, de las radios populares latinoamericanas durante décadas. Se trata, entonces, de volver al primer amor. Cuando estás enamorado, buscas, saltas la tapia, no te importa la hora, vives a la intemperie, como la amada del Cantar con su cabeza cubierta por el rocío de la noche. La primera estrella de la Chakana te señala el camino: enamórate de tu audiencia. Y sal a buscarla.

¿IMPARCIALES EN ESTE MUNDO INJUSTO?
VOLVER A LAS RADIOS QUE OPINAN

Cuando comienzo un taller de periodismo, suelo preguntar: ¿Cuántos expedientes han abierto contra esta radio, cuántos vidrios rotos, cuántas llamadas a medianoche, “no se metan en lo que no les importa”, cuántas veces han querido comprarlos con dinero o callarlos con difamaciones? ¿Nunca? Qué extraño.

Porque un medio de comunicación no puede contentar a todos. Si opinas, tendrás enemigos. Si investigas la corrupción, tendrás más enemigos. Si la radio se compromete en las luchas populares, cosechará odios y amores.

Digámoslo al revés. Si una emisora no ha sido acosada y acusada, si no recibe amenazas de los poderosos, si no desespera a los ricos y a los politiqueros, si no la quieren sacar del dial… es que no tiene mucha incidencia. Incidencia ciudadana, se entiende.

Revisemos nuestros noticieros. ¿Cómo son, qué incluyen, qué ofrecen a la audiencia? Noticias, noticias, noticias y más noticias.

¿Y cuándo opinan? Nunca. O casi nunca. ¿Cuándo toman posición explícita frente a las violaciones de los Derechos Humanos? Cuando ya los demás lo han hecho y resulta políticamente correcto. Pero, ¿no dicen estas radios en su misión y visión que quieren llegar a ser líderes de la opinión pública? ¿Y cómo lograrán este objetivo si ni siquiera opinan?

Por supuesto, nos estamos refiriendo a una opinión responsable, nunca demagógica. Una opinión a partir de hechos verificados, sustentada en datos y argumentos, abierta a otras posibles interpretaciones, respetuosa de la posición contraria. Pero opinión, al fin y al cabo. Opinión clara y firme frente a las injusticias y la corrupción.

Con noticias y sólo noticias -y esto lo saben hasta los canillitas vendedores de periódicos- no se impacta en la opinión pública. Además, hoy en día, a través de Internet, la oferta informativa se ha vuelto inagotable. Sólo en Google hay 700 fuentes de noticias en español. ¿Qué tienen tus noticias que no tengan las demás?

Este vacío editorial en los noticieros y en la programación de las emisoras comunitarias merece una reflexión. ¿Por qué no opinan? A veces, he escuchado esta sorprendente respuesta: “porque somos imparciales”.

¿Imparciales? ¿Quién dijo que el buen periodismo debe ser imparcial? Plurales sí, porque damos oportunidad a todas las voces y respetamos todas las opiniones. Independientes también, porque nuestra opción política no debe sesgar el relato honesto de los hechos que ocurren.

Pero no somos ni podemos ser imparciales. El mundo en el que vivimos es insultantemente discriminador y excluyente, con media humanidad bajo el nivel de la pobreza y 40 mil niños y niñas muriendo de hambre cada día. Bastaría el presupuesto militar de los países ricos durante un año para sembrar de escuelas y hospitales y viviendas dignas todos los países del mal llamado Tercer Mundo.

No hay imparcialidad que valga. Una emisora con entrañas, con sensibilidad social, tomará parte -no es lo mismo que partido- y pondrá sus mejores energías en favor de las causas ciudadanas, aún con el riesgo que ello implica.

MÉTETE, COMPROMÉTETE,
TOMA POSICIÓN, PROMUEVE EL DEBATE

”Es que nuestra radio es cristiana y...“ Con mayor razón, entonces. Jesús de Nazaret no fue nada imparcial. Bendijo a los pobres y maldijo a los ricos. Quien se lavó las manos fue Poncio Pilato, el gobernador asesino.

¿Cómo es posible que nuestras radios hayan abandonado la responsabilidad de opinar sobre lo que ocurre en la sociedad? A veces, me pregunto si una mala comprensión de la educación popular nos llevó por esos derroteros. Con un exceso de respeto, nos definimos como albañiles, acarreadores de ladrillos. Dijimos que nuestra misión no era construir la casa, sino aportar elementos para que los oyentes vayan formando su propia opinión. Para que la gente piense por su propia cabeza. Esto sigue siendo una gran verdad, pero a medias. Porque nosotros, los periodistas, también somos gente y tenemos cabeza.

¿Quién mejor situado y documentado que los jefes de prensa, los directores y directoras de los medios, para analizar lo que está pasando? En la actualidad, se nos presenta como novedoso el TLC, que no es otra cosa que la rancia ley de la selva. Se nos disfraza como “costo social” el hambre de las mayorías y como “daños colaterales” el exterminio de civiles en guerras imperiales, como la que llevan adelante Estados Unidos e Inglaterra contra el pueblo de Irak. ¿Quién mejor que nosotros para desenmascarar estos eufemismos? El temor a imponer nuestro punto de vista no nos exime de la responsabilidad de proponerlo. Albañiles, sí. Pero también arquitectos del pensamiento. Creadores y creadoras de opinión.

Radios que no opinan ni dejan opinar. Ni lavan ni prestan la batea, como dicen en República Dominicana. Emisoras que practican una autocensura disimulada, presentada como coherencia con los principios institucionales. En las radios católicas no se habla de condones ni de abortos. En las radios feministas no aparecen los machistas. Las radios de izquierda no invitan a la derecha porque la derecha, según arguyen, no las invita a ellas. Sectarismos.

Estas radios, que se llaman educativas, no practican el formato más educativo de todos, las mesas de debate. Porque en un debate se confrontan posiciones y la audiencia puede ir formando su propia opinión. Así se entrenan los músculos de la mente.

Necesitamos radios libres con una línea editorial bien definida y que, precisamente por ello, por la seguridad de sus convicciones, no sólo toleren, sino favorezcan la expresión de todos los puntos de vista, incluyendo los contrarios a esa misma línea. La segunda estrella de la Chakana te infunde el valor que necesitas: métete, comprométete, toma posición. Y promueve la cultura del debate.

ANTE LA COMPLEJIDAD DE LA VIDA DIARIA:
VOLVER A LAS RADIOS INTERMEDIADORAS

En aquellos años, las radios populares latinoamericanas se propusieron -y lo lograron- devolver la voz a un pueblo secularmente silenciado. Muchas emisoras, a lo largo y ancho del continente, llevaron los micrófonos hasta los sitios más remotos para que la gente común hablara, expresara sus problemas y frustraciones, sus alegrías también. Este esfuerzo resultó altamente educativo en el sentido socrático del término, el de hacer nacer ideas a través de palabras. Nuestros ancestros se hicieron hombres y mujeres gracias al lenguaje. Hablando nos hicimos humanos. Y hablando en público nos hacemos ciudadanos.

La recuperación de la palabra por el pueblo sigue siendo un objetivo y una metodología de toda emisora con sensibilidad social. Pero hay que recuperar algo más decisivo, el poder. No construiremos democracia participativa mientras la ciudadanía no tenga más y más control sobre las instancias públicas que le deberían estar subordinadas, pero que no le rinden cuentas, ni siquiera se dejan evaluar por ella.

¿A dónde apelará un ciudadano si en el hospital público no le prestan la debida atención? ¿En dónde protestará una ciudadana si los servidores públicos están coludidos con los infractores privados? ¿En qué espacio denunciarán si la justicia no les hace justicia? Los medios de comunicación masiva se han convertido hoy en espacios privilegiados de denuncia y resolución de conflictos.

¿Puede una emisora hacer más llevadera la carga nuestra de cada día? Tradicionalmente, las radios latinoamericanas se caracterizaron por su utilidad. Los servicios sociales eran los programas de máxima sintonía, especialmente en las zonas campesinas. Allí, la radio hacía las veces de correo, telégrafo y teléfono. Que la mula se perdió. Que Josefina parió un varoncito. Que lleven los sacos de café a la otra vereda. Que los rezos por el abuelito serán mañana al mediodía. Este noticiero familiar se volvía más imprescindible en situaciones de emergencia o de desastres.

Con menos zonas de silencio en la región, los servicios sociales han ido pasando a un segundo plano. Sin embargo, la complejidad de la vida urbana revela nuevas y más variadas necesidades. La mayoría de la gente pasa el día esquivando, o tratando de esquivar, las innumerables violaciones -grandes, medianas y pequeñas- de sus Derechos Humanos.

EL “QUINTO PERIODISMO”
LO EJERCE EL “QUINTO PODER”

El llamado quinto periodismo, el periodismo de intermediación -ejercido por el quinto poder, el de la ciudadanía- busca precisamente eso, contribuir a solucionar los mil y un problemas de la vida cotidiana.

Periodismo de intermediación. ¿De qué se trata? En las emisoras, populares y comerciales, siempre ha habido gente que viene y protesta. A través de cartas y líneas abiertas, las radios latinoamericanas han sido, además de correos y teléfonos públicos, bocinas para alzar la voz contra los abusos del poder y hasta buzones de desahogo para llorar sobre la leche derramada. Pero, ¿y después? No basta la denuncia si no se interpela a las autoridades responsables. Y no basta la interpelación si no se da seguimiento a los casos denunciados -con la eficaz estrategia del zancudo- hasta que se resuelvan.

La intermediación se suele definir como una negociación asistida. En este sentido, requiere de un elemento neutral para ayudar a que las partes involucradas en un conflicto alcancen un arreglo por consenso.

No es exactamente éste el sentido de lo que planteamos, porque nosotros no somos neutrales. Cerramos filas con la ciudadanía, nos alineamos claramente, apasionadamente, a favor de los Derechos Humanos. No somos jueces, desde luego, no nos corresponde dictar sentencia. Tampoco somos Estado ni pretendemos suplantar el mandato de los servidores públicos.

Somos periodistas. Como tales, facilitamos los micrófonos -o las cámaras o el papel- para que el reclamo de la ciudadanía llegue a donde debe llegar. Hacemos oír la voz de la gente ante las instancias responsables cuando éstas se han mostrado irresponsables. Y si la gente no puede hablar directamente, prestamos nuestra voz para que las autoridades escuchen, para hacer valer la denuncia y encontrar una solución justa. Somos pontífices en el sentido exacto de la palabra: relacionamos las dos orillas. Y también cruzamos el puente, junto al pueblo que avanza.

El periodismo de intermediación no se conforma con ayudar a resolver un caso particular, ni siquiera veinte casos. Las soluciones individuales tienen un gran valor, no cabe duda, tanto para los beneficiarios directos como para quienes escuchan los resultados a través de la emisora. Pero multiplicaremos la eficacia si presionamos para transformar esos procesos de resolución de conflictos en políticas públicas que impidan que se repitan. Si el problema es de muchos, la solución tiene que pensarse a más largo plazo.

¿Quieres marcar la diferencia?, te pregunta la tercera estrella de la Chakana. ¿Quieres tener incidencia y que tu radio sea tomada como fuente informativa? Practica el periodismo de intermediación.

CON SENTIDO, CON COLOR Y CON CALOR:
VOLVER A LAS RADIOS ESTÉTICAS

He aquí un misterio radiofónico de difícil explicación: hoy, cuando tenemos todas las comodidades para producir -Internet para investigar, computadoras para libretar, multipistas para editar- producimos menos y peor.

¿Será que las nuevas tecnologías nos tienen hipnotizados y olvidamos que el principal software -el imprescindible-es nuestro cerebro, especialmente el hemisferio derecho, el de la creatividad?

El imperio norteamericano pretende imponer el pensamiento único. Su industria cultural, el gusto único. En estos tiempos donde se globaliza el aburrido american way of life, se vuelve urgente afirmar la diversidad cultural y recuperar la estética latinoamericana de los medios de comunicación. En nuestro caso, de la radiodifusión.

La radio es voz. Pero una voz triple. Están nuestras voces, las humanas. Y está la naturaleza, que también habla, y que conocemos como efectos sonoros. Y está la voz del corazón, que no otra cosa es la música. Tres voces que dan el sentido, el color y el calor a la producción radiofónica. Tres voces para lograr la armonía y la belleza del lenguaje radiofónico.

Pero nosotros hacemos radio con sólo dos voces, música y palabras. ¿Dónde se nos perdieron los efectos, protagonistas de las imágenes auditivas, las que siempre reclamaba Mario Kaplún? ¿Cómo estimular la imaginación de la audiencia sin escenarios sonoros? Los efectos de sonido han quedado evacuados, prácticamente, de nuestras producciones.

¿Y por qué? Una vez escuché a un sesudo periodista colombiano diciendo que esos son recursos infantiles. Una radio profesional no pierde tiempo en nimiedades. Lo importante son los contenidos. ¿De veras? Me gustaría darle de comer a ese ilustre colega carne hervida. Así, sin salsa ni pimienta, sin ensalada, sin nada. A ver a qué le sabe.

La belleza de la producción radiofónica exige un buen uso de los efectos sonoros y no solamente en los programas dramatizados, sino en los informativos, en las revistas, en los testimonios, en los spots, a lo largo y ancho de la programación.

RECUPERAR LA MAGIA
DE LAS DRAMATIZACIONES

Hemos amputado el lenguaje radiofónico y también sus géneros. ¿Cuándo abandonamos el género dramático, con el que se estrenó la radio, tan característico de la cultura emotiva de nuestros países, tan acorde con el realismo mágico en que vivimos? ¿Quién inventó la paticoja definición de la radio como “música y noticias”? Eliminando el género dramático empobrecemos la estética radiofónica, su veta más dinámica y original. Porque la radio es arte. No en vano todas las letras de artista se hallan en la palabra radialista.

Y no estoy pensando con nostalgia en las radionovelas de los años 50 -formato que viene siendo recuperado por algunas audaces productoras-, sino en las mil aventuras del lenguaje narrativo, del teatro, de los cuentos, los personajes inesperados, los diálogos humorísticos, los sketches, las personificaciones, los sociodramas, la cabina siempre tan formal convertida en una esquina caliente. Un sinfín de formas dentro del maravilloso mundo de la ficción.

Ya oigo el pretexto: no tenemos escritores ni elenco de actores ni presupuesto de producción... Tal vez lo que no tenemos es imaginación. ¿Qué se necesita para hacer entrar un dinosaurio en una cabina de radio? Basta con trucar la voz, poner un efecto de pisotones y rugir “¡Soy el Tiranosaurius Rex!” Bastante más sencillo y económico que en televisión, ¿no es cierto? Porque la radio es imaginación, como bien sabía Orson Welles, que aterrorizó a medio mundo con sus marcianos de fantasía.

Producción propia e intercambio de producciones. Antes hablé de la urgente necesidad de recuperar la radio callejera. Pero tenemos que recorrer, con igual entusiasmo, las nuevas avenidas virtuales. Gracias a su multidireccionalidad, el Internet nos permite recibir y enviar voces y formatos producidos en las cuatro esquinas del continente y hasta del mundo. Con estos insumos enriqueceremos nuestras programaciones. La calidad de los productos recibidos será el mejor estímulo para mejorar la nuestra. Porque el buen ejemplo también se contagia.

Trabajo en “Radialistas Apasionadas y Apasionados”, un pequeño centro de producción con sede en Lima y con perspectiva de género y ciudadanía. Al principio, enviábamos sólo libretos a una reducida lista de usuarias y usuarios. Luego, la lista creció y también los recursos. Ya podíamos grabar los radioclips y colgarlos en la web. Actualmente, nos están bajando un promedio de mil audios por día. El éxito creciente que cosechamos se debe, entre otras razones, a que el nicho de las noticias está saturado, mientras que el de los programas dramatizados -que podríamos llamar educativos-, se encuentra casi vacío. (www.radialistas.net).

Ahora, con el auspicio de Unesco, hemos inaugurado una Radioteca, un portal interinstitucional, al estilo wiki, para intercambiar audios. (www.radioteca.net) No se subirán programas perecibles por aquel sabio consejo salsero: ¿Y para qué leer un periódico de ayer? La Radioteca estará surtida con programas más duraderos, desde las grandes series de la radio latinoamericana -las de Serpal, por ejemplo- hasta las nuevas producciones de muchas emisoras y redes que quieren compartir lo que hacen con otros colegas del continente. El pronóstico de esta iniciativa es muy bueno. Y la razón es la misma: la necesidad de contar con otro tipo de materiales, de calidad y vigencia, para fortalecer las programaciones. Muchos radialistas no se resignan a “música y noticias”.

Redescubriendo los efectos sonoros y la producción dramatizada, embellecemos la programación y la cargamos de emociones. También conjuramos así la rutina del lenguaje discursivo. La cuarta estrella de la Chakana, la más brillante, te propone una radio más estética y, por lo mismo, más ética. Por aquello que decía José Martí: La verdad llega más lejos cuando se la dice bonitamente.

¿QUÉ DEBE SER
UNA RADIO COMUNITARIA?

Cuatro estrellas y cuatro retos. Salir de cabina y hacer una radio callejera. Opinar y tomar posición frente a las injusticias. Intermediar entre ciudadanía y autoridades para ayudar a resolver esas mismas injusticias. Y embellecer la programación recuperando la integralidad del lenguaje radiofónico y sus variados formatos.

Sin ingenuidad ni presunción, me atrevo a desafiar a las radios comunitarias pertenecientes a tantas redes a que experimenten, si no lo están haciendo ya, estas propuestas. No tendrán que esperar años, ni siquiera meses, para reposicionarse en los primeros lugares de audiencia. Y en los primeros de incidencia que es, a fin de cuentas, lo que buscamos.

Una radio es mucho más que una emisora que transmite programas. Una radio es un espacio de construcción de valores ciudadanos. Es una defensoría del pueblo al aire libre. Un proyecto político no partidario que toma partido a favor de las mayorías nacionales. Un puente de doble vía para todas las manifestaciones culturales. Un poder delegado que devuelve el poder soberano a su única titular, la ciudadanía. Una radio comunitaria es un compromiso con la liberación y la integración de los pueblos de América Latina y el Caribe. La antigua y siempre luminosa Chakana nos señala el camino. Siguiendo la dirección que marca esa brújula celeste, encontraremos nuestro norte, que es el Sur.

COORDINADOR DE “RADIALISTAS APASIONADAS Y APASIONADOS”. PALABRAS EN EL 50 ANIVERSARIO DE RADIO SANTA MARÍA. REPÚBLICA DOMINICANA, NOVIEMBRE 2006.

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