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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 298 | Enero 2007
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Centroamérica

Quién tiene el poder en Centroamérica (1): Más desiguales y cada vez más integrados

Centroamérica ha sufrido un quiebre estructural en las últimas tres décadas y hoy vive de un nuevo modelo económico, articulado en torno a las maquilas y a los emigrantes y sus remesas. Hoy, la región está experimentando una acelerada integración real que lideran los grandes grupos económicos y las empresas transnacionales. ¿Consecuencia? Tendencias negativas y preocupantes para la democracia y el desarrollo.

Alexander Segovia

El cambio que ha vivido Centroamérica, sus economías y sus sociedades en los últimos 30 años, es dramático. Cuatro factores han incidido en este cambio: los conflictos armados centroamericanos y todas sus consecuencias, las reformas económicas implementadas en los países, la globalización y sus efectos, y cambios demográficos profundos. Todo esto ha alterado los patrones de acumulación y crecimiento en nuestras sociedades. Y ha producido un quiebre estructural, con dos grandes consecuencias. Ha significado el fin de las economías agroexportadores por primera vez en nuestra historia y con ello, el fin del dominio político de las élites y oligarquías tradicionales, vinculadas a la tierra y a la producción agraria. A la vez, ha significado la emergencia de un nuevo modelo económico del que se benefician nuevos grupos de poder. El nuevo patrón de crecimiento en Centroamérica, incluido el de aquellas economías que todavía mantienen un sector agropecuario grande -la nicaragüense y la guatemalteca- ya no se basa en la agricultura, sino en el dinamismo de los servicios y el comercio.

A pesar de un cambio tan drástico, seguimos haciendo análisis de una Centroamérica que ya no existe, seguimos pensando nuestra región como un espacio donde el poder está concentrado en una élite agraria reaccionaria, y seguimos analizando la realidad país por país.

NUNCA TANTA DESIGUALDAD,
NUNCA TANTA INTEGRACIÓN

Nunca hemos visto en Centroamérica niveles tan profundos de desigualdad. Y nunca hemos visto avanzar tan rápidamente la integración centroamericana. La presencia de nuevos y poderosos grupos económicos que concentran cada vez más riqueza explica la desigualdad. Igualmente, son esos grupos económicos, y no los Estados, quienes están moviendo aceleradamente la integración regional.

En Centroamérica siempre ha habido grupos económicos poderosos. Lo novedoso es que estos grupos están ya globalizados y ya no tienen como único espacio de acumulación el mercado nacional, sino el mercado regional y el mercado internacional. Algunos de estos grupos centroamericanos están invirtiendo ya en 15 o más países.

También es novedosa la integración regional que estos grupos económicos ya regionalizados, junto a las empresas transnacionales que operan en Centroamérica, están fomentando. En los años 60 y 70 la integración regional se asentaba básicamente en el comercio. Y básicamente, en el comercio de bienes industriales. Aquella fue una integración llevada adelante por élites nacionales que exportaban a Centroamérica y por empresas transnacionales, con un espacio de acumulación que era el nacional. Era promovida por instituciones oficiales de la integración, que pesaban mucho. Lo novedoso de la integración, real que hoy está sucediendo es que está dirigida por el mercado y no por los Estados centroamericanos. Y por eso, tiene poco o nada que ver con lo que piensan, dicen y firman los gobiernos. No deja de resultar preocupante que esta integración se esté dando en la práctica y sin regulaciones.

La actual integración tiene varias dinámicas. La primera es la del comercio, un factor que siempre ha estado ahí, pero que ya no es el más importante. La segunda es la que genera el turismo, que está integrando a la región muy rápidamente y en la que participan, además de las grandes empresas, pequeños y medianos empresarios y la población centroamericana en su conjunto. La tercera dinámica es la de los mercados laborales, la de nuestra fuerza laboral. Es una de las dinámicas integradoras más reciente, menos conocida, más dinámica y con un dinamismo creciente en los próximos años. Se conoce mucho de la migración nicaragüense hacia Costa Rica. Se conocía antes de la migración salvadoreña hacia Honduras. Ahora tenemos migración entre todos los países. El caso más reciente es el de zonas de El Salvador que se están llenando de nicaragüenses y hondureños a falta de la mano de obra salvadoreña que se ha ido a Estados Unidos. Es tal esta integración que hay académicos que dicen que ya no tiene ningún sentido hablar de cinco mercados laborales, que tenemos que hablar de uno solo y fragmentado.

La cuarta dinámica es la que más tiene que ver con el cambio en el poder en la región. Es la integración que se está dando con las inversiones intra-centroamericanas, ya no en agricultura o industria sino en negocios que hace 25-30 años ni siquiera se nombraban: turismo, servicios de energía eléctrica, comunicaciones, centros comerciales, bienes raíces. Los grupos hegemónicos que dominan Centroamérica hoy están vinculados a la economía de servicios, a los bienes raíces y al sector financiero. Ya no a la agricultura tradicional, aunque en Guatemala los grupos agroindustriales y agrícolas siguen siendo aún muy poderosos.

UN ESTUDIO NOVEDOSO,
COMPLEJO Y EXPLORATORIO

¿Qué implicaciones tiene para el desarrollo y la democracia la integración que impulsan los grupos económicos globalizados de la región? ¿Qué incidencia tienen estos grupos en las decisiones políticas y en la configuración de los sistemas políticos centroamericanos?

Para responder a estas preguntas recopilamos, sistematizamos y analizamos información cuantitativa y cualitativa sobre la nueva integración económica regional, sobre los grupos económicos centroamericanos y sobre las empresas transnacionales que operan en Centroamérica. Entrevistamos a empresarios, políticos y académicos de la región buscando conocer específicamente qué mecanismos utilizan para incidir en las políticas públicas. Finalmente validamos la primera versión de nuestro estudio con académicos y personas conocedoras de la realidad centroamericana.

El tema de estudio era novedoso y complejo. No se trataba de obtener un “quién es quién” en Centroamérica: quiénes son los más ricos, quienes tienen más poder. La investigación tenía un enfoque más dinámico: cómo utilizan el poder que tienen. Era un estudio exploratorio. Es notable la falta de información cuantitativa y cualitativa sobre las inversiones intra-centroamericanas y sobre las operaciones de los grupos económicos. Por esto, las conclusiones y hallazgos del estudio son puntos de partida para investigaciones posteriores sobre la economía política de la integración centroamericana.

EL FENÓMENO DE LA “INTEGRACIÓN REAL”:
MANIFESTACIONES, CARACTERÍSTICAS

Existe un acuerdo bastante amplio en los círculos académicos y gubernamentales de la región de que la integración económica de Centroamérica se ha fortalecido notablemente en los últimos 15 años. Este consenso está respaldado por el significativo crecimiento del comercio intra-regional. Según datos del SIECA, entre 1990 y 2004 aumentó de 671.2 millones a 3 mil 439.7 millones de dólares. Una mayor integración regional se constata también en el incremento de las inversiones intra-centroamericanas e internacionales realizadas por los grupos económicos centroamericanos que operan a escala regional y por las empresas transnacionales con presencia en el área. Resultado: desde principios de los años 90 se registra una creciente integración empresarial, sobre todo en las actividades relacionadas con el comercio y los servicios: básicos, turísticos, profesionales y financieros. La integración financiera, impulsada por los principales bancos de Centroamérica, ha sido acompañada por una creciente dolarización “de hecho”. En el año 2003, en los países aún no dolarizados -Panamá y El Salvador ya lo están-, el 40% de los activos totales del sistema financiero estaba en dólares.

La nueva integración centroamericana presenta otras manifestaciones, poco estudiadas. Por ejemplo, la creciente unificación de los mercados laborales que realizan trabajadores y profesionales que han emigrado a otros países de la región en busca de mejores oportunidades de trabajo y mayores salarios. También se expresa en la integración territorial que han desarrollado las poblaciones y las autoridades locales de zonas fronterizas, basándose en especialidades productivas y en características económicas de los territorios en las cuales las fronteras nacionales tienen poco o ningún significado. Los ejemplos más conocidos son el río San Juan entre Costa Rica y Nicaragua; la zona de El Trifinio, entre El Salvador, Guatemala y Honduras; y el área del Golfo de Fonseca, entre El Salvador, Honduras y Nicaragua.

No hay que confundir la integración real -la empresarial- con esta otra integración, más amplia y compleja, con la cooperación inter-gubernamental, con todas esas iniciativas conjuntas desarrolladas por dos o más países que pueden abarcar prácticamente todos los ámbitos de la vida económica, social, política y cultural de los países. La cooperación en la lucha contra enfermedades contagiosas, en el combate al narcotráfico y al crimen organizado, así como las iniciativas dirigidas a reducir el impacto negativo de los desastres na¬turales, son ejemplos de esta cooperación inter-gubernamental.

El nuevo proceso de integración económica ha ocurrido fuera del marco de los instrumentos de integración regionales, a pesar de que desde finales de los años 80 se despertó un nuevo interés por la integración institucional, con nuevos acuerdos y con la renovación de los tratados formales de la integración. Lo que hemos visto después es que la integración económica de los últimos 15 años no responde, como en la década de los 60, a una política de integración elaborada por los gobiernos del área y por la institucionalidad de la integración plasmada en acuerdos formales, sino que obedece a acciones individuales de los empresarios nacionales y extranjeros y a iniciativas de la población centroamericana y de algunos gobiernos locales.

Uno de los principales desafíos que enfrentan hoy los gobiernos centroamericanos y las instituciones de la integración centroamericana es cómo institucionalizar el proceso de integración real que se está dando y cómo readecuarlo para que contribuya al desarrollo y a la democracia de la región.

LA ORIENTACIÓN: HACIA AFUERA
EL MOTOR: LA GLOBALIZACIÓN

La actual integración económica regional es en gran medida consecuencia directa del proceso de globalización económica, que en su fase actual se caracteriza, entre otras cosas, por la mundialización del libre comercio; por la creciente presencia en el escenario mundial de empresas transnacionales que funcionan como sistemas internacionales de producción integrada y que, de manera creciente, concentran sus inversiones en actividades vinculadas a los servicios; por la expansión y la considerable movilidad de los capitales, unida a la persistencia de las restricciones al movimiento de mano de obra; y por el acceso masivo a la información en “tiempo real” gracias al desarrollo de tecnologías de información y comunicación.

La integración de los 90 se caracteriza por su orientación hacia fuera. Y su objetivo principal es integrar de forma eficiente a Centroamérica a la economía internacional, especialmente a Norteamérica, a través del aumento de los flujos de comercio e inversiones. Esto la hace sustancialmente distinta a la integración de hace cuatro décadas, que tenía¬ como objetivo central promover la industrialización de la región.

La globalización es uno de los factores que más ha contribuido a la modernización e internacionalización de los principales grupos económicos nacionales de Centroamérica. Ante una mayor competencia internacional y ante la limitación de los mercados locales, estos grupos comenzaron paulatinamente a expandir sus operaciones hacia el mercado regional e internacional. Sus movimientos coincidieron con la mayor presencia de las empresas transnacionales en la región. Atraídas por los procesos de apertura, liberalización, privatización y desregulación de las economías centroamericanas, aumentaron sus inversiones en Centroamérica comprando empresas estatales y adquiriendo empresas privadas, principalmente las del sector industrial tradicional, históricamente propiedad de grupos familiares. Así, desde principios de los años 90 los grupos económicos centroamericanos y las empresas transnacionales comenzaron a “integrar” a Centroamérica expandiendo sus actividades. Cada vez más poderosos económicamente, esto aumentó su influencia política y social.

A LA SOMBRA
DEL CONSENSO DE WASHINGTON

El segundo factor que ha contribuido al fortalecimiento de la integración económica regional, también relacionado con la globalización, es la aplicación, en todos los países centroamericanos de las reformas económicas basadas en el Consenso de Washington. Y aunque los tiempos, los ritmos y el alcance de las reformas fueron diferentes en cada país, todas tuvieron como piedra angular -al igual que en el resto de América Latina- la liberalización del comercio, una reducción de las barreras arancelarias y no arancelarias y la negociación de tratados comerciales con países extra-regionales. Las reformas comprendieron también políticas de privatización de empresas estatales y de concesión de servicios públicos, medidas de desregulación de las actividades económicas y de los mercados -incluyendo el laboral-, reformas fiscales y reformas financieras.

Estas reformas tuvieron un profundo impacto en las economías centroamericanas. Por una parte, movieron a una nueva integración de la región con la economía internacional, particularmente con Estados Unidos y México. Por otra, contribuyeron a aumentar los flujos de comercio e inversión dentro de la región. En particular, los procesos de privatización y de concesión de servicios públicos generaron un aumento de la inversión intra-centroamericana e internacional. Y las medidas de apertura y de desregulación económica, junto con las medidas tomadas por algunos gobiernos del área para facilitar el tránsito de mercancías entre los países -El Salvador, Guatemala y Honduras han avanzado en la eliminación de barreras comerciales, simplificación de trámites aduaneros y eliminación de puestos fronterizos-, unidas al logro de una relativa estabilidad macroeconómica, influyeron en el comercio intra-regional.

HA SURGIDO UN NUEVO MODELO ECONÓMICO

El tercer factor que ha contribuido a la mayor integración económica de Centroamérica es el proceso de quiebre estructural registrado en la región en las últimas tres décadas, que provocó, entre otras cosas, el fin del modelo agroexportador tradicional, basado en el dinamismo de las exportaciones agrícolas tradicionales a mercados extra-regionales. Por primera vez en nuestra historia los países de Centroamérica ya no son economías agroexportadoras. Y por primera vez, Centroamérica ya no está dominada por élites agrarias tradicionales y oligarquías -al menos como las entendimos históricamente-, vinculadas a la tierra y a la producción agraria. En el nuevo modelo económico centroamericano, basado en el dinamismo de las exportaciones no tradicionales agrícolas e industriales (maquila) y de las actividades relacionadas con los servicios y el comercio, el mercado regional constituye el espacio natural de acumulación para los grupos económicos globalizados de la región, un espacio que conocen perfectamente.

Este quiebre estructural explica el inusitado interés mostrado por los países del llamado Triángulo del Norte (El Salvador, Guatemala Honduras) en el proceso de integración en los años 90. Para las empresas transnacionales el mercado regional también es importante porque constituye una plataforma para acceder al mercado de Estados Unidos. Además, en los últimos años y gracias al aumento del ingreso disponible provocado por las remesas familiares, el mercado regional representa un mercado interno ampliado y con poder de compra en el que vale la pena invertir.

MAQUILAS Y EMIGRANTES:
PILARES DEL NUEVO MODELO

El nuevo modelo económico centroamericano descansa hasta hoy en tres pilares fundamentales que lo diferencian tanto del modelo agroexportador tradicional como del modelo imperante en el resto de América Latina.

El primer pilar es la nueva inserción internacional de Centroamérica, basada en una nueva integración con Estados Unidos a través de las migraciones y de las exportaciones de maquila. Alrededor de este pilar se articula y funciona el nuevo modelo.

La maquila se ha convertido en la mayoría de los países en el rubro más importante de exportación y en una de las actividades más dinámicas, pese a sus notables limitaciones en términos de encadenamientos productivos. Como la maquila que prevalece en la región utiliza intensivamente mano de obra no calificada, contribuye a la generación de empleo, sobre todo femenino, aunque de baja calidad. La exportación de maquila contribuye también a la generación de divisas y a una incipiente transferencia tecnológica.

Las migraciones de centroamericanos hacia Estados Unidos han generado una nueva fuente de divisas, las remesas familiares, que hasta hoy han permitido superar la restricción externa al crecimiento y han contribuido a preservar la estabilidad financiera y cambiaria. Y como las remesas representan un excedente económico adicional, contribuyen al financiamiento de la inversión, refuerzan los patrones de consumo y constituyen uno de los principales instrumentos redistributivos con que cuenta el modelo, contribuyendo de esta manera a la reducción de la pobreza.

Desde otra perspectiva, las migraciones hacia Estados Unidos constituyen en la mayoría de países de la región uno de los principales mecanismos de ajuste global del nuevo modelo, al quitarle presión al mercado laboral local, lo que a su vez amplía los espacios de maniobra para definir e implementar políticas públicas, contribuyendo a la estabilidad social y política. Así, en el nuevo modelo el ajuste del mercado laboral se realiza principalmente mediante la salida de trabajadores hacia el exterior y no a través del aumento del desempleo.

LA IMPORTANCIA DE LA ESTABILIDAD FINANCIERA

El segundo pilar del nuevo modelo económico centroamericano es la estabilidad financiera y cambiaria. Este pilar no es nuevo. Constituyó uno de los pilares del antiguo modelo de desarrollo. Lo nuevo es su fundamentación: a diferencia del modelo agroexportador, en el que la estabilidad cambiaria y la baja o moderada inflación descansaba en las divisas generadas por los productos primarios de exportación, ahora se sustenta en la disponibilidad de dólares proveniente de las nuevas fuentes de divisas, particularmente de las nuevas exportaciones no tradicionales y de las remesas familiares.

Además, la estabilidad financiera y cambiaria juega ahora un rol distinto al que desempeñó en el modelo agroexportador. En el modelo agroexportador generaba una base sólida para el comercio intra-regional y colaboraba a que la inversión nacional y extranjera invirtiera en el Mercado Común Centroamericano. En el nuevo modelo, el rol fundamental asignado a la estabilidad financiera y cambiaria es favorecer la acumulación de capital en el nivel nacional y regional en las actividades vinculadas con los servicios -particularmente, los servicios financieros- y en la industria maquiladora, y atraer inversión extranjera a la región, tanto en actividades de exportación hacia Estados Unidos, como en sectores de servicios y comercio que operan en el nivel nacional y regional.

La estabilidad financiera y cambiaria tiene funciones diferentes, dependiendo de la modalidad que el nuevo modelo ha asumido en los distintos países. En la variante salvadoreña es considerada un elemento central para lograr el objetivo de convertir a El Salvador en una plaza financiera y de servicios regional y para integrar totalmente la economía salvadoreña a la norteamericana.

¿MODELO PRODUCTIVO O MODELO ESPECULATIVO?
¿PRODUCCIÓN O CONSUMO?

Los que defienden el modelo actual dicen que el debate entre lo productivo y lo especulativo tiene poco sentido, porque en una economía de mercado los recursos van donde los asigna el mercado, y donde los asigne el mercado es lo mejor. También dicen que por qué tenerle miedo a las economías de servicios, si las economías más desarrolladas son economías de servicios.

Los que no apoyamos el modelo actual decimos que, efectivamente, las economías desarrolladas son de servicios, pero están fundamentadas en una base productiva moderna, eficiente y competitiva. Y el modelo actual de Centroamérica no está fundado en bases productivas fuertes, sino en los emigrantes y sus remesas. La capacidad de consumo de las sociedades centroamericanas ha aumentado sensiblemente en los últimos quince años, y esto es bueno, porque una sociedad que consume más significa que está mejor. Pero, ¿se consume porque hay empleo? No, se consume más por esa fuente externa que son las remesas.

En el modelo previo, el modelo agroexportador, la banca era la gran financiadora de los grupos agroexportadores, que tenía su base en la agricultura. Hoy la banca centroamericana se ha independizado de los sectores locales y ahora la banca ya no está vinculada con la producción real. Su lógica ahora es hacer ganancia en cualquier sector, en el más rentable. Y por eso, los que estudian esta evolución pronostican que en los próximos cinco, diez años, el 70% de todos los créditos de la banca centroamericana serán para el consumo personal y no para las empresas.

Este cambio en la forma de distribuir las riquezas, de distribuir los excedentes, en el control de la banca, es realmente dramático. Aunque hay matices, porque no es lo mismo la estructura productiva de Costa Rica -que es la economía que se acerca más al modelo productivo-, que a la estructura de El Salvador, en donde en 20 años la agricultura pasó a representar menos del 10% del PIB, en donde el 70-80% de todo el crecimiento se da por el dinamismo de los servicios, y en donde, y por eso, la banca salvadoreña es la más importante de la región.

DEL ESPACIO NACIONAL AL ESPACIO REGIONAL
Y APOYADOS POR EL ESTADO

El tercer pilar del nuevo modelo económico centroamericano lo constituye el mercado regional. Tampoco aquí hay novedad, porque este mercado fue uno de los pilares del anterior modelo centroamericano. Lo nuevo es su rol dentro del nuevo modelo: generar una base sólida que permita ampliar los espacios de acumulación de los principales grupos económicos nacionales y de las empresas transnacionales que operan en la región, vinculados a la banca, el comercio y los servicios, incluyendo servicios básicos como las telecomunicaciones y la electricidad.

Esta nueva concepción del mercado regional es lo que explica el surgimiento de la integración real, la que llevan a cabo en la práctica los sectores empresariales transnacionalizados de la región, para quienes es el mercado regional y ya no el nacional su espacio natural de acumulación. El espacio regional-territorial centroamericano tiene importancia vital para el nuevo modelo, aprovechando economías de escala y especialización productiva.

El nuevo modelo económico centroamericano se caracteriza por su orientación hacia afuera, por el papel protagónico asignado a los empresarios, por el rol central otorgado al mercado en la asignación de recursos y por la consiguiente redefinición del papel del Estado, aunque éste continúa teniendo un papel central. Al igual que en el modelo agroexportador, la participación del Estado ha sido decisiva en la configuración del nuevo modelo.

Su función principal ha consistido en generar y garantizar las condiciones básicas para la instauración de un régimen económico basado en el mercado y liderado por el sector empresarial, especialmente el de los grandes empresarios. Entre los principales mecanismos utilizados para este fin el Estado ha empleado las privatizaciones, el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica, la reducción de impuestos y el otorgamiento de exenciones y exoneraciones, la liberalización de precios internos y en general, la desregulación de las economías.

LA HORA DE LOS GRANDES GRUPOS ECONÓMICOS
Y DE LOS GOBIERNOS EMPRESARIALES

¿Quiénes han sido los actores del reciente proceso de integración económica? Aunque lo han impulsado básicamente los mismos actores económicos que lideraron el proceso del Mercado Común Centroamericano -las empresas transnacionales y los grupos económicos nacionales- el entorno económico, social y político en el que se desenvuelven hoy es diferente, y por tanto sus actuaciones e interrelaciones son distintas.

En el caso de las empresas transnacionales, su interés por Centroamérica ya no se reduce, como en el pasado, a sacar provecho de las oportunidades que brinda un mercado ampliado -y protegido-, sino que hoy conciben la región como una plataforma importante para exportar hacia Estados Unidos. Además, y a diferencia del pasado, las inversiones de estas empresas en la región se han diversificado, lo que las hace más influyentes, no sólo porque tienen más poder económico, sino también porque controlan buena parte de los servicios públicos básicos -telecomunicaciones, distribución de energía eléctrica-, que cuatro décadas atrás estaban en manos del Estado.

En el caso de los grupos económicos, éstos han registrado un proceso de modernización y diversificación que hace que sus actuaciones sean diferentes de las del pasado. En primer lugar, la mayoría de estos grupos ya no tienen como sus ejes principales de acumulación la agricultura tradicional de exportación y la industria tradicional, como sucedía en los años 60 y 70.

Ahora, sus principales intereses económicos se encuentran en los nuevos sectores dinámicos: servicios, exportaciones no tradicionales -incluyendo la maquila-, turismo y comercio. En segundo lugar, la mayoría de estos grupos están globalizados y conciben el mercado centroamericano, y no el nacional, como en el pasado, como su espacio natural de acumulación. Todo esto, a la vez que ha aumentado su influencia en el ámbito regional, les ha permitido establecer alianzas estratégicas con las empresas transnacionales para operar juntos en los diferentes países, aunque en la mayoría de los casos, desde una posición subordinada.

FAVORECIDOS POR LOS PROCESOS DE PAZ

El cuarto factor que ha incidido en el proceso de integración es el advenimiento de los procesos de paz y democratización, que generaron un clima favorable de estabilidad política y social. Además, desde principios de los años 90 llegaron al poder gobiernos pro-empresariales y empresariales, sobre los que han tenido una influencia significativa los grupos de poder económico. Esto les ha permitido expandirse regionalmente, lo que ha favorecido la integración empresarial. Este ambiente político es sustancialmente distinto al de la época del Mercado Común Centroamericano, cuando nuestros países eran gobernados por regímenes autoritarios, basados en alianzas entre militares y empresarios apoyadas por Estados Unidos.

CONSECUENCIAS PREOCUPANTES
PARA LA DEMOCRACIA Y EL DESARROLLO

Sin duda, el actual proceso de integración económica regional ha tenido beneficios importantes para la región en inversión, empleo, mejor aprovechamiento de las capacidades productivas regionales. También ha ayudado a una nueva inserción internacional de la región. Además, representa una buena oportunidad para que las empresas centroamericanas puedan prepararse regionalmente para competir en los mercados internacionales.

Sin embargo, esta integración también ha desencadenado o profundizado tendencias preocupantes en relación a la democracia y al desarrollo de la región. Entre las más negativas destacan una mayor concentración de la riqueza regional en pocas manos y un cambio en la correlación de fuerzas políticas a favor de los grupos económicos regionales y de las empresas transnacionales. Todo esto ha ocurrido en un ambiente de elevados niveles de pobreza, la que si en la década de los 90 disminuyó en términos relativos, aumentó en términos absolutos.

EL TLC CON ESTADOS UNIDOS ACENTUARÁ
LOS DESBALANCES REGIONALES

A este desbalance de poder regional -social, económico y político- ha contribuido además el debilitamiento del Estado y la redefinición de su rol; la crisis de los partidos políticos y su cuestionamiento social y político; la debilidad de actores sociales como las clases medias y el movimiento sindical; la ausencia de fuerzas de izquierda modernas y propositivas; la llegada al poder de gobiernos pro-empresariales y empresariales; y la hegemonía intelectual e ideológica de la corriente neoliberal en la región, que reivindica la supremacía del mercado sobre el Estado y que convierte a los empresarios en el principal actor social dentro del modelo socioeconómico.

Este desbalance se acentuará todavía más al entrar en vigencia el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (CAFTA-DR), que inevitablemente contribuirá a reforzar -al menos a corto y mediano plazo- el proceso de concentración de poder económico y político en los ya influyentes grupos económicos nacionales e internacionales que operan en la región. Las condiciones iniciales de partida del tratado favorecen claramente a estos grupos, que son los que tienen dinero, información, contactos e influencias suficientes para aprovechar las ventajas que ofrece el tratado y para evadir sus costos potenciales.

La situación es más preocupante si se considera que debido a la fragilidad de las finanzas públicas y a la debilidad institucional estatal, los gobiernos centroamericanos no están en la capacidad de diseñar y aplicar políticas integrales de desarrollo y de apoyo a los sectores afectados por el tratado, especialmente a la población rural pobre -la más numerosa y la que depende de actividades agrícolas-, que es la más susceptible de sufrir los impactos negativos del tratado. (Continuará)


DIRECTOR DE INVESTIGACIÓN DEL PROYECTO
“TRANSFORMACIÓN ESTRUCTURAL EN AMÉRICA CENTRAL” DE LA UNIVERSIDAD CENTROAMERICANA
JOSÉ SIMEÓN CAÑAS DE EL SALVADOR.

VERSIÓN RESUMIDA Y EDITADA POR ENVÍO
DEL ESTUDIO “INTEGRACIÓN REAL Y GRUPOS DE PODER ECONÓMICO EN AMÉRICA CENTRAL. IMPLICACIONES
PARA EL DESARROLLO Y LA DEMOCRACIA EN LA REGIÓN”, FINANCIADO POR LA FUNDACIÓN FRIEDRICH EBERT,
Y DE UNA CHARLA DEL AUTOR EN EL SEMINARIO ANUAL DEL APOSTOLADO SOCIAL DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS EN CENTROAMÉRICA. SAN SALVADOR, SEPTIEMBRE 2006.

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