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  Número 253 | Abril 2003
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México

Claroscuros zapatistas: el riesgo del sectarismo

Mientras en México se sucedían las manifestaciones contra la guerra en Irak, el Subcomandante Marcos quiso explicar por qué los zapatistas querían viajar a Europa a luchar por la paz, y por qué decidieron no hacerlo. Revelaciones que han puesto nuevamente de manifiesto los logros del zapatismo, y también su sectarismo y sus contradicciones.

Jorge Alonso

Etados Unidos ha impuesto al mundo una guerra de invasión, unilateral, ilegal, injusta y genocida que cobrará innumerables víctimas inocentes. Ante ellos, un creciente clamor mundial exige el cese de tan sangrienta y destructora agresión. En una de las múltiples y nutridas marchas del nuevo movimiento mundial por la paz, la celebrada en Madrid el 15 de marzo, el Premio Nobel José Saramago destacó que la opinión pública en contra de la guerra ya se había convertido en una nueva potencia mundial. En México, las manifestaciones por la paz han sido múltiples, continuas y por todos los rincones.

Afortunadamente, el gobierno de Fox, que se había mostrado tan sumiso a los intereses estadounidenses, mantuvo en esta ocasión una digna defensa de la soberanía frente a las presiones y amenazas del gobierno de Bush, quien pretendía que el voto de México en el Consejo de Seguridad avalara su demente afán belicista. Esto le valió al Presidente mexicano el apoyo, tanto de la clase política como de la mayoría del pueblo. Sólo algunos dirigentes empresariales se sumaron a las exigencias del gobierno estadounidense, argumentando posibles males económicos causados por represalias del gobierno de Estados Unidos contra los intereses mexicanos.

Alguno de esos dirigentes llegó a decir que “los principios eran para principiantes”. Finalmente, después de que, por primera vez en la época de la alternancia, se logró una importante unidad nacional, el gremio empresarial, sin mucho entusiasmo, terminó cediendo y dio su aval a la actitud de Fox. Para la mayoría de los mexicanos la sangre de la población civil de cualquier pueblo del planeta no era negociable en el mercado de promesas y amenazas de Estados Unidos. El gobierno mexicano estuvo a la altura de esta convicción y representó la vocación pacifista del pueblo mexicano y el multilateralismo que ha caracterizado la política exterior
de México.

MENSAJE DE MARCOS EN ITALIA

El zapatismo estuvo presente de muchas maneras en el gran movimiento pacifista que recorre hoy el planeta. En una de las multitudinarias marchas por la paz celebrada en Italia se escuchó un texto enviado por el EZLN: “La guerra de Bush es la guerra del dinero para desatar el miedo”. El mensaje de Marcos fue leído por la madre del activista italiano asesinado en Génova en la marcha antiglobalización de hace dos años. Marcos recordaba que Bush actúa como “policía mundial” gracias a un gran fraude electoral. Y planteaba que para los zapatistas la única fortaleza del débil es su dignidad, que lo anima a luchar para resistir al poderoso, para rebelarse.

Decía: “La pregunta no es si podemos cambiar el rumbo asesino del poderoso, sino si podríamos vivir con la vergüenza de no haber hecho todo lo posible para evitar y detener la guerra”. Marcos llamó a universalizar el NO, que es “un no a la guerra, al miedo, a la resignación, a renunciar a ser humanos. Es el NO de la humanidad contra el neoliberalismo”.

EZLN QUIERE VIAJAR A EUROPA

Paralelamente a este pronunciamiento, contra la guerra en Irak, y en el contexto de una serie de comunicados con destinatarios en México, Marcos trató de dar una explicación pública a sus intentos de realizar un viaje zapatista a Europa.

Desde finales del año 2002 el EZLN exploraba si en lo internacional podría rescatar lo que había ido perdiendo, con fracasos, en el ámbito mexicano. El plan era mandar una delegación a Europa con el fin de apelar ante los organismos internacionales para tratar de conseguir el reconocimiento de los derechos y la cultura indígenas, apoyándose en quienes en México y en el mundo han simpatizado con la causa indígena.

El plan era repetir una marcha semejante a la realizada en México en 2001, con algo fundamentalmente diferente. Si en aquella movilización por la geografía mexicana los zapatistas se habían limitado única y exclusivamente al tema indígena, en esta marcha internacional ligarían ese tema a las luchas que existen en el mundo, en particular las que tienen que ver con el reconocimiento de las diferencias, con las resistencias y las rebeldías, y muy especialmente con la oposición a los preparativos de guerra que ya había echado a andar Estados Unidos en contra de Irak.

Los zapatistas pensaban que Europa era un terreno donde el belicismo internacional podría ser contrarrestado sacándolo de su lógica, y que esa fuerza podría irradiarse al resto del mundo. En sus mensajes, Marcos aclaraba que no era que los zapatistas se sintieran con capacidad de provocar semejante movimiento internacional, aunque sí con las posibilidades de contribuir, junto con otras fuerzas que ya se movían en Europa, a echarlo a andar. Pensaba que era la oportunidad de participar más directamente en la construcción de “un mundo en el que quepan todos los mundos”. Marcos aclaraba que los zapatistas no pensaban ir a Europa “”de bien portados”, sino con palabras de rebeldía.

1995: ZEDILLO QUIERE ACABAR CON LOS ZAPATISTAS

Estaban indagando cómo y cuándo ir, cuando el 2 de noviembre del 2002 una persona hizo contacto con la Comandancia General zapatista a través de alguien que había sido muy cercano a los círculos del poder político y económico mexicano entre 1993 y 1996. Una vez que se pusieron de acuerdo en las condiciones de discreción y de secreto, los zapatistas tuvieron acceso al mensaje que esa persona les enviaba afirmando que tenía información que podía serle útil al EZLN y adelantándoles: “Si les interesa díganme. Se trata de Acteal”. Marcos explicó que no era la primera vez que gente disidente del gobierno les hacía llegar información, a veces cierta y a veces falsa.

En sus mensajes, Marcos sintetizó todo lo que les fue revelado. En los meses posteriores a febrero de 1995, una vez que fracasó la traición de Zedillo al EZLN y la ofensiva militar en Chiapas que la había acompañado, y agotado el teatro de la detención de Raúl Salinas de Gortari, los generales Renán Castillo -que era no sólo el jefe militar sino el gobernador de hecho en Chiapas- y el Secretario de la Defensa Nacional, Cervantes Aguirre, insistieron en la necesidad de activar grupos paramilitares para enfrentarlos a los zapatistas. Castillo había estudiado en Estados Unidos y Cervantes estaba en muy buenas relaciones con el Ministro de Defensa estadounidense. Planeaban una opción llamada “Colombia” con el respaldo del Departamento de Estado. Pero Zedillo no acababa de decidirse.

APARECE EN ESCENA “UN PERSONAJE ESPAÑOL”

Ese mismo año apareció en México un personaje del gobierno español, que era íntimo del Presidente Zedillo que asistió a reuniones en que se tocaban asuntos de Estado. En una de tales reuniones Zedillo le comentó sobre los zapatistas y el problema que representaba acabar con ellos, pues tenían de su lado a la opinión pública mexicana.

El personaje español propuso destruir la legitimidad de los zapatistas: si los zapatistas luchaban por los indígenas, había que hacerlos luchar con los indígenas. Y puso a Zedillo como ejemplo lo que se había hecho en España, donde se habían creado grupos para contrarrestar el independentismo vasco. El hispano sostenía que “matar y secuestrar asesinos no era un crimen sino un favor a la sociedad”. Detalló cómo los grupos creados por el gobierno español no sólo hacían eso, sino que también perpetraban atentados terroristas para achacarlos a ETA. Argumentó que nadie profundizaba cuando los muertos eran terroristas, y que había decisiones graves que debían tomarse “por razones de Estado”.

En este intercambio, Zedillo replicó que esa receta no serviría en México porque los zapatistas no eran terroristas. El español tenía la solución: “Hagámoslos terroristas”. Se debía crear un grupo armado indígena, hacer que enfrentara a los zapatistas, que pelearan y hubiera muertos, que después entrara el ejército a poner en paz entre todos... y problema resuelto. Dada su propia experiencia, el español ofreció contribuir con consejos. Naturalmente, no era una oferta gratuita: el gobierno mexicano tenía que cooperar con el español extraditando vascos de ETA residentes en México. Zedillo objetó que no era seguro que esos vascos fueran etarras, pero el personaje español aclaró que eso no era problema, pues ellos se encargarían de hacerlos pasar por tales. Además, ofreció el apoyo del gobierno español en las negociaciones comerciales de México con Europa. Para concluir, el español se ufanó: “¡Si en algo somos expertos los españoles es en exterminar indígenas!”. De toda esta información que les llegó a los zapatistas, Marcos infiere el resto.

1997: EN ACTEAL SE CONSUMA EL “PLAN ESPAÑOL”

A partir de entonces, Zedillo ordenó la activación de los grupos paramilitares. El gobierno español dio asesoría, y a cambio el gobierno incrementó la extradición de los supuestos etarras. El 22 de diciembre de 1997 un grupo paramilitar marchó a enfrentarse con los zapatistas. Éstos se replegaron para evitar un choque entre indígenas, y avisaron a los no zapatistas de la amenaza. En Acteal permaneció el grupo Las Abejas, desarmado y confiado en que siendo neutral, nada les pasaría. Y en Acteal, se consumó el plan: la matanza de civiles, en su mayoría mujeres y niños, se produjo mientras la policía y los militares esperaban pacientemente para entrar a poner paz en el “enfrentamiento entre indígenas”. Pero no hubo enfrentamiento sino una masacre y la verdad se descubrió gracias a los medios de comunicación.

La noticia de la masacre de Acteal dio la vuelta al mundo. El 10 de marzo de 1998 el Presidente del gobierno español Felipe González fue entrevistado por el periodista mexicano Luis Hernández. González dijo que hechos como el de Acteal creaban siempre una tremenda conmoción al vivir ya el mundo en una globalización mediática, pero se lamentó de que situaciones mucho más graves ocurridas en otros lados no llegaran a traspasar las barreras de la comunicación.
Ahora, Marcos glosa aquella entrevista: “Para González todo era un problema de exageración de los medios”. Y se pregunta Marcos si Felipe González no sería el español que platicó con Zedillo sobre los paramilitares y la extradición de vascos...

Para complementar este contexto, Marcos enumera las veces que Zedillo y Felipe González se encontraron como Jefes de Estado. Y en una exaltada interpretación de los hechos, llega a decir que la razón del viaje de Aznar a México en febrero del 2003 no fue para convencer a Fox sobre el voto mexicano en la ONU a favor de la guerra de Bush, sino para que no dejara viajar a los zapatistas a España.

¿POR QUÉ IR A ESPAÑA, POR QUE EL PROBLEMA VASCO?

Después de relatar toda esta trama, Marcos explica por que el planeado viaje zapatista a Europa debería iniciar en territorio español y por qué tendría que tocar el tema del País Vasco. Si había difundido toda esta trama había sido también para justificar por qué el zapatismo se había visto obligado a abordar el tema vasco. En sentido estricto, quien había metido el tema vasco en la lucha indígena era el propio gobierno español. “Los zapatistas consideramos nuestro deber -relata Marcos- ir a España a demostrarle al Rey, a Felipe González, a José María Aznar y a Baltasar Garzón que mienten con eso de que ‘si en algo son expertos los españoles es en exterminar indígenas’ puesto que seguimos vivos, resistiendo y rebeldes”.

Y afirma que si los zapatistas no podían provocar una matanza en España, sí podían provocar un debate. De ahí nació su iniciativa denominada Una oportunidad a la palabra. “Estaba además -dice Marcos-, el problema de que el tema vasco era tabú entre las fuerzas progresistas y sólo podía ser tocado para condenar el terrorismo de ETA, olvidando cuidadosamente dos cosas: una, el terrorismo de Estado, y otra, que ETA no es la única fuerza que lucha por la soberanía de Euskal Herria”.

Marcos reconoce que los zapatistas ignoraban que tocar el tema vasco causaría tantos resquemores, pero consideraban que era su deber tocarlo. Recordó que el 17 de noviembre del 2002, en la presentación de la revista Rebeldía, insinuaban ya hacia dónde se dirigían sus palabras y que días después decidieron lanzar “una provocación”, que tenía como objetivo a Felipe González, aunque el que cayó herido en su ego fue el juez Baltasar Garzón. El EZLN -aclara- nunca se propuso mediar en el conflicto vasco, ni decirle a los vascos lo que debían hacer o dejar de hacer. Acepta que las propuestas de los zapatistas pudieron haber sido torpes o ingenuas, aunque no deshonestas, “sin dobleces ni acuerdos en lo oscurito”. También aclara que la información que habían recabado sobre la trama de Zedillo y el “personaje español” pensaban hacerla pública en su gira y cuando avanzaran las demandas penales ante los organismos internacionales.

Marcos volvió a defenderse de las críticas recibidas de todos lados recriminándole el meterse en el asunto vasco, un asunto que desconocía, y alegó que tenía más conocimientos de ese asunto de lo que muchos pensaban: sabía de la conexión del terrorismo del Estado español con el mexicano.

ARGUMENTOS DEFENSIVOS Y CALIFICATIVOS OFENSIVOS

Hechas todas estas precisiones, Marcos anunciaba que los zapatistas habían decidido cancelar su viaje a la península ibérica. Pero no dejarían el tema. Reiteró que su iniciativa había sido limpia y honesta, pero que pronto se había visto rodeada de la condena y la incomprensión “de quienes se dicen progresistas, los cuales, presionados por los medios, no quisieron ver el desenlace”.

Para ellos sólo tenía un “sentido reproche” y nada más, porque el rencor no se alimenta contra quienes “pudiendo ser mezquinos, han sido generosos en otras ocasiones”. Y prosiguió con su desahogo: “Del lado de la izquierda alguien se atrevió, de manera sucia y mezquina, a sugerir que el deslinde que el EZLN hizo frente a ETA era una condición del gobierno español para permitir el viaje de la delegación zapatista a tierras ibéricas”. Apeló a la historia: el deslinde del EZLN con respecto del terrorismo databa desde su fundación.

Y seguía y seguía dándole vueltas a sus argumentos: si habían decidido abstenerse de participar en el encuentro Una oportunidad a la palabra no era porque les desvelaran “las críticas, reproches o acusaciones mezquinas”, sino porque en términos de su ética no podían participar en un encuentro que no contaría con el aval de todas las fuerzas nacionalistas del País Vasco, con lo que se corría el riesgo de que el encuentro se convirtiera en un tribunal donde juzgar a los ausentes, en vez de en un espacio de discusión y reflexión sobre los caminos del País Vasco. Finalmente, ofrecía disculpas a todas las personas del País Vasco a quienes había herido o lastimado, esperando que algún día lo perdonaran.

Respecto al reto a debatir que le había lanzado el juez español Baltasar Garzón, explicó que los zapatistas habían esperado el tiempo suficiente, pero que el retador, que era Garzón, había preferido guardar silencio. Marcos acusó a Garzón de aducir leyes a falta de razones. Y de nuevo volvió a los adjetivos “Antes acusamos a Garzón de ser un payaso grotesco. No era cierto. Es sólo un hablador y un cobarde”. Marcos concluía esta serie de comunicados agradeciendo a las organizaciones vascas que habían respondido positivamente a la iniciativa del EZLN y esperando que algún día pudiera realizarse el encuentro propuesto.

CRÍTICAS A DIESTRA Y SINIESTRA

Hacia fuera, y también hacia dentro, y desde inicios del año 2003, Marcos retomó con bríos el ejercicio de la palabra, pidiendo que se entendiera su largo silencio y ahora, su renovada palabra.

Sobre los temas mexicanos, Marcos recordó que, con el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre la contrarreforma a la Ley indígena, los tres poderes de la Unión se habían unido para decretar la cancelación definitiva de la vía del diálogo y la negociación para dar solución al alzamiento zapatista. Apoyado en las estadísticas oficiales, ubicó el número de los indígenas en cada estado de la República Mexicana, y apelando a las notas que el mismo había recogido en la marcha zapatista del 2001, hizo un recuento de los problemas y las luchas de los distintos pueblos indígenas.

Acre su crítica contra toda la clase política mexicana. A pesar “del nuevo viejo PRI” -dijo- la historia resistía frente a la muerte. Del senador priísta Manuel Bartlett, quien había promovido la contrarreforma a la Ley indígena, apuntó que cuando estuvo frente al gobierno de Puebla había usado terrenos expropiados para la creación de un centro comercial, un club de golf y un exclusivo complejo habitacional. Barteltt -decía- quiere hacerse pasar como un “patriota” defensor de la soberanía nacional oponiéndose a la privatización de la industria eléctrica, pero no hay que caer en su engaño, pues eso será hasta que le lleguen al precio, “de preferencia en dólares”. Al gobierno priísta veracruzano lo acusó de represor: bajo la dictadura del PRI el gobierno federal había utilizado la política exterior como tapadera de una política de terror interna.

Hizo un repaso Marcos de los que ya están aspirando a candidatos para las elecciones presidenciales del 2006. Consideró que la campaña de la esposa del presidente Fox pretende convertir a 80 millones de mexicanos en “limosneros agradecidos”. Al Secretario de Gobernación, Santiago Creel, lo llamó “sicópata”. Y calificó el proyecto de Fox y del PAN como un esfuerzo por favorecer a la gran empresa y “transformar la nación y su historia en negocio”.

Según Marcos, en el PAN no hay ninguna disputa ideológica: todos los grupos sostienen el mismo proyecto económico, político, social y cultural y las pugnas internas se deben a matices en intereses políticos y económicos. En el caso del gobernador panista de Morelos, destacó Marcos que expropiaba terrenos campesinos para abrir paso a maquiladoras y era señalado como cómplice del crimen organizado.

Las críticas más duras las vertió Marcos contra el PRD. Afirma que antes fue un partido de izquierda pero en la actualidad se ha convertido “en un partido sin principios ni programa”, sumado a la lógica de la clase política y sólo aspirando a ser el peso que modifique la balanza, con lo que resulta “una izquierda agradable a la derecha”. En respuesta a las críticas que habían hecho al PRD los comandantes y comandantas zapatistas, la dirigente perredista Rosario Robles, aceptando que la votación de los senadores del PRD en la cuestión indígena había sido un error, había llamado ya a los zapatistas a no pelear “entre amigos”. Pero Marcos no escuchó. Seguía con el pleito. Volvió a acusar a Cuautémoc Cárdenas de ser el responsable del sentido de ese voto, y al PRD de haber elegido ser “cómplice de la derecha”.

EN ABIERTO PLEITO CON EL PRD

Marcos hacía ver que la Ley indígena, tal como fue aprobada, había sido el triunfo de la clase política en contra de los pueblos indios, y que, si bien los diputados perredistas habían votado en contra de ella, posteriormente habían estado aprobando las leyes reglamentarias de la contrarreforma. Según Marcos, el PRD llevaba ya tres años votando a favor del neoliberalismo y en contra de los mexicanos. Puso como ejemplo el hecho de que en diciembre de 2002 varios legisladores del PRD votaron con el PRI y el PAN en el sentido de no exigir que se suspendiera la aplicación del capítulo agropecuario del TLC.

Acusó al gobierno perredista de Michoacán de haber tratado de romper la organización indígena por medio de cooptación, empujándola hacia las posiciones del gobierno para diluir su resistencia. Del jefe de gobierno perredista del Distrito Federal opinó que “controlaba” los movimientos sociales, pensaba que “la simulación era todavía efectiva”, y concluía que el lema de “la ciudad de la esperanza” se reducía a la esperanza de su titular de llegar a la Presidencia de la República.

En el Distrito Federal -decía Marcos- “se ha perdido la capacidad de asombro ante la corrupción”. Expresaba su oposición al plan “cero tolerancia”, importado de la experiencia neoyorkina por las autoridades capitalinas perredistas, pues se verían reducidas las garantías individuales y avanzaría el pensamiento conservador, en un intento por hacer un cerco para excluir o recluir a los pobres de la ciudad de México. Finalmente, veía que el gobierno de la capital favorecía a los empresarios. Como muestra, el patronato del Centro Histórico, encabezado por Carlos Slim, el hombre más rico de México y de América Latina.

Otra serie de críticas cayeron sobre las elecciones internas del PRD. El Subcomandante se preguntaba cuánto había gastado en anuncios de radio y televisión, no pareciéndole que un partido de izquierda recurriera a encuestas para elegir a sus candidatos y que promocionara nombres y rostros en lugar de principios y programas. El hecho de que el 67% de los municipios ganados por el PRD se perdieran después -argumentaba- se debe a que ese partido gobierna como el PRI y el PAN. Según Marcos, es evidente que el discurso del PRD no llega a los jóvenes ni a los indígenas ni al movimiento campesino. Para Marcos, en el PRD hay “una nueva clase política que vive del presupuesto” y, por esto, descalificó la argumentación de que, como no hay otra cosa, hay que seguir votando por el PRD.

SE ATISBA “UNA REBELDÍA INTELIGENTE”

Marcos se refirió también en sus mensajes a los medios masivos de comunicación, a los que ve debatirse “entre la mentira y el escándalo fácil”. No dejó de lado el tema de la Iglesia católica. Aludió al obispo Onésimo Cepeda, como un ejemplar de ese alto clero que se reproduce en el territorio repartiendo bendiciones en los campos de golf, en los restaurantes de lujo, “en las soberbias mesas en las que todo abunda menos la dignidad y la vergüenza”. Representaba -dijo- a esa iglesia que adora a los dioses del poder y del dinero y que es indulgente “con el crimen hecho gobierno y empresa”, mientras condena al fuego infernal la rebeldía de quienes piden justicia y paz. A pesar de esto, no deja de percibir Marcos la existencia de otra iglesia, “la que habla de humildad y honestidad”, la que elige estar del lado de los marginados.

En sus comunicados trató también de la sobreexplotación sufrida por los trabajadores. Hace ver Marcos cómo en la lógica del gran capital la producción de alimentos no es prioritaria. El neoliberalismo extrema una riqueza que asquea, una corrupción desenfrenada frente a la pobreza extrema y promueve la bonanza del rico construida sobre el despojo a los pobres. En este paisaje de crecimiento de la pobreza, Marcos atisba el camino de “una rebeldía inteligente”. Habló de una resistencia que mucho exige y poco luce. De la autogestión, que avanza a pesar de los obstáculos de las autoridades federales y estatales. De la experiencia del buen gobierno frente a la ineficiencia oficial. Marcos detecta muchos grupos rebeldes, sobre todo de jóvenes, en “una rebeldía dispersa y fragmentada”. Recordó el triunfo de los campesinos de Atenco, tras “una lucha que pedía no creer en los políticos sino en lo que los pueblos pueden hacer”.

MARCOS “NO QUIERE TENER AMIGOS”

Los comunicados de Marcos levantaron todo tipo de reacciones. Los gobernadores priístas de Veracruz y Oaxaca declararon que estaba “mal informado”. El perredista Cuauhtémoc Cárdenas escribió a principios de febrero una carta a la comandancia zapatista. Consideraba que, como vocero de esa comandancia, Marcos repetía el infundio -por él ya desmentido- de que Cárdenas había indicado a los senadores del PRD que votaran por la contrarreforma indígena. Le preocupaba a Cárdenas que un movimiento social como el EZLN, con el que se podía coincidir o discrepar, pero que se había conducido con verdad, cayera en la mentira.

Demandaba que la comandancia solicitara a su vocero Marcos que les diera a conocer de dónde había obtenido la información tan detallada con la que intentaba probar que Cárdenas había indicado a los senadores del PRD cómo votar. No quería pensar que se trataba de una mentira que, a sabiendas de que lo era, se quisiera convertir en verdad a fuerza de repetirse. Reiteraba que mantenía su convicción y su disposición para contribuir, en la medida de sus capacidades y posibilidades, para que se alcanzara una paz con justicia y dignidad en el conflicto que se vivía a partir del levantamiento zapatista.

El representante del PRD ante el Instituto Electoral, quien comprobó la ilegal desviación de fondos del sindicato petrolero hacia la campaña presidencial priísta, Pablo Gómez, también intervino en la contienda. Para él era evidente que Marcos “no quiere tener amigos”. Gómez recordó que no era la primera vez que Marcos atacaba al PRD y reiteró que el voto de los senadores perredistas había sido “un error”, reconocido ya por el PRD en muchas ocasiones. Y señaló también como un error la firma del EZLN de uno de los documentos de San Andrés que no había incluido la autonomía de los pueblos indios a través de la creación de una instancia de gobierno regional con atribuciones amplias. Gómez destacó que mientras el PRD reconocía su error, Marcos no admitía que había renunciado a la defensa de la reivindicación política más importante del movimiento indígena: la autonomía regional. La defensa perredista hecha por Gómez concluía que Marcos sólo aceptaba “subordinados”, y que una de sus características era darse “a pontificar”.

En esta discusión participó también otro perredista que había intervenido en el proceso de los acuerdos de San Andrés, haciendo ver que la firma de dichos acuerdos no correspondía exclusivamente al EZLN, sino a un grupo más grande de representantes del movimiento indígena mexicano.

EN MARCOS PREVALECE “LA AMARGURA”

Marcos respondió, siempre provocativamente. Al gobernador de Veracruz le aceptó la invitación para visitar ese Estado, aunque solicitaba información de si el verdadero gobernador en funciones, Alejandro Montano, estaba enterado de tal invitación; preguntándose también si, debido a las acusaciones en su contra por ligas con el narcotráfico, no se habría dado ya a la fuga. Marcos decía esperar que su visita no fuera aprovechada para encerrarlo en las cárceles veracruzanas.

A Pablo Gómez le repitió que el PRD no era de izquierda, y que había partidos políticos que no tenían registro.
A Cárdenas le respondió que los zapatistas no eran mentirosos y recordó que Cárdenas había interpelado a su hijo Lázaro cuando era senador con esta frase: “¿Eres un senador del EZLN o del PRD?”, considerando doloroso que Cárdenas, en quien los zapatistas creían ver a una persona comprometida con la paz y la justicia con dignidad para los pueblos indios de México y para todos los mexicanos, hubiera pensado así y dicho eso. Y hablando del gobierno perredista en Michoacán, insistió que lo integraban personas que primero traicionaron sus principios, luego la verdad, y luego a sus amigos -los zapatistas-, a los que habían acusado de mentirosos.

El senador perredista Ortega lamentó el tono que utilizaba Marcos en sus mensajes. Lo que prevalece en ellos -opinó- más que una confrontación ideológica o de tesis política “es la amargura”. Ortega expresó su desacuerdo con la práctica de descalificar a los contrincantes con insultos, agresiones personales y mentiras.

UN CORRIMIENTO HACIA POSICIONES SECTARIAS

Desde noviembre del 2002 se edita una revista, Rebeldía, en la que escriben zapatistas e integrantes del Frente Zapatista y en la que se incluyen artículos de militantes y académicos de otras partes del mundo. En los primeros meses del 2003 ya habían aparecido cuatro números. Para algunos observadores de lo que sucede en México y de lo que allí se lee, en el zapatismo se ha ido dando un corrimiento hacia posiciones sectarias en lo nacional. Como si en los hechos hubiera caído en el olvido la magistral consigna zapatista de luchar por un mundo donde quepan muchos mundos, todos los mundos. Tal vez el encerramiento, y la falta de avances, tras tantas iniciativas frustradas, contribuyan a ello.

En 1994 los zapatistas convocaron a la Convención Nacional Democrática, pero como prevalecieron los grupos sectarios, aunque no por responsabilidad de los zapatistas, este esfuerzo resultó inoperante. En el Frente Zapatista se repitió este fenómeno y el Frente no ha podido crecer. En el recuento que hizo Marcos en sus comunicados de los movimientos sociales en los estados recorridos por los zapatistas, pocos se pudieron reconocer. Lo peor se encuentra en la división de muchas comunidades en las regiones zapatistas.

Le ha costado al zapatismo reposicionarse en esta nueva etapa de su lucha. Los zapatistas no quieren vivir sujetos a políticas asistenciales, pero hay sectores en las regiones que dominan para quienes la resistencia ha sido muy larga y están cansados. Nunca faltan las resistencias puntuales, pero a veces hay contradicciones. Además, esas resistencias aisladas no logran mucho para el desarrollo de las comunidades, mucho menos para la transformación de la sociedad. Por lo demás, resistencias aisladas siempre han existido.

LO CLARO Y LUMINOSO DEL ZAPATISMO

El zapatismo habló y sigue hablando, de “una nueva forma de hacer política”: no la política del gobierno sino la de la resistencia. Y pide globalizar la disidencia. Esto sigue siendo válido. Y, pese a los últimos tropiezos, sería injusto no reconocer lo que el zapatismo ha contribuido a desatar en el mundo: la aspiración a una globalización de otra naturaleza, humana y respetuosa de las diferencias. El zapatismo ha sido muy exitoso en lo internacional desde el Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo celebrado en Chiapas.

En México, su causa ha sido la causa de gran parte de los golpeados por el neoliberalismo en este país. Y es de una profunda veta democrática y muy novedosa su consigna de no aspirar al poder sino a que los que manden lo hagan obedeciendo a los ciudadanos. Su lucha por la cultura y los derechos indígenas ha sido también consistente. Sin embargo...

Y LO OSCURO Y PREOCUPANTE

Sin embargo, hay que reconocer lo evidente: el capital ha logrado ejercer un poder absoluto con una densa red de instituciones internacionales que imponen su visión y sus reglas, poder arrogante y extremo que se personifica hoy en la superpotencia mundial estadounidense que ataca a Irak. Por el lado de los movimientos contra el neoliberalismo ha ido avanzando también el que demanda otro mundo, el que se erige en contra de la guerra, de toda guerra. Existe una gran potencialidad en la indignación y el rechazo de la injusticia, en la rebelión contra los poderosos y en la esperanza de otro mundo posible. Pero el enemigo es muy fuerte. Hace falta una red de organizaciones políticas, de partidos fuertes y de movimientos sociales que pueda proponer, en el seno del movimiento global que resiste, un proyecto alternativo más allá del capitalismo. En ese proyecto no pueden, no deben caber los sectarismos.

En el caso mexicano, es evidente el fenómeno de la partidocracia, que ciertamente hay que combatir, pero nunca con sectarismos y siempre tratando de encontrar formas de sumar aliados y de ampliar las convergencias. El zapatismo no debe olvidar que ha aportado al internacionalismo del siglo XXI un nuevo universalismo basado en el reconocimiento de las diferencias y en la lucha por un mundo donde quepan muchos mundos, todos los mundos. Ahora, el zapatismo tiene que buscar fórmulas para que en suelo mexicano, al igual que en el nuevo “suelo global”, los sectarismos no excluyan a ningún “mundo”.

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