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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 240 | Marzo 2002
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Nicaragua

Microsalarios y megasalarios: megadesigualdad y microdesarrollo

La historia económica de Nicaragua ha tenido patrones de acumulación que explican nuestro subdesarrollo. Los abismos salariales reflejan una injustísima distribución de la riqueza, que está también en las raíces de nuestra pobreza y de nuestro atraso

José Luis Rocha

Nicaragua es un país de contrastes brutales. Midiendo los ingresos de los nicaragüenses estamos obligados a pasar del microscopio electrónico al telescopio sideral, del milímetro al kilómetro, del gravímetro a la báscula. Sólo una abusiva metáfora puede emplear la misma palabra -salario- para designar lo que se paga a un mozo de hacienda y lo que se paga a un gerente de banco. Es algo así como llamar vaso indistintamente a un dedal y a una olla.

Megasalarios que no garantizan ni eficiencia ni honestidad

Como saldo de una revolución que pretendía crear condiciones más equitativas de acceso a los servicios básicos -salud, educación, agua potable-, quedó un desequilibrio más pronunciado en los beneficios, capacidades y oportunidades de los diferentes estratos sociales. Existen muestras físicas de este desequilibrio. En Managua, por ejemplo, los cines que antes estaban diseminados por toda la ciudad, ahora están concentrados en tres centros comerciales.

No importa: los precios de ese servicio son prohibitivos para quien carece de vehículo. El sistema es coherente porque quien no puede financiar el desplazamiento tampoco puede pagar el cine. De esta forma, la distribución de los centros de diversión corresponde a la distribución de los ingresos y ambas distribuciones expresan el balance de poder resultante, la economía del poder. En este balance, el extremo más polémico han sido los monumentales salarios de los funcionarios estatales de mayor rango. Megasalarios que ni siquiera nos han librado del instinto delictivo de los ladrones. Porque estos megasalarios no han bastado para saciar la descomunal voracidad de estos políticos de carrera que tienen demasiado clara su meta: las arcas del Estado.

Se suelen aducir dos argumentos en defensa de los megasalarios del sector público. Es necesario pagar muy bien a los funcionarios más competentes. Se debe compensar a estos profesionales por los buenos salarios que dejan de percibir en la empresa privada. Dada la débil institucionalidad del país, la corrupción desbocada, la masa de proyectos de ley engavetados y las privatizaciones en razón de que el Estado es un mal administrador -aunque sólo se denigre a ese ente abstracto y no a los muy concretos malos administradores de todos conocidos-, no parece que funcionarios públicos tan competentes hayan mostrado excesiva brillantez en su de-sempeño laboral. El segundo argumento parece tener mejor base, porque la empresa privada realmente ha mejorado considerablemente los salarios de sus ejecutivos. Tenemos así una estrategia de reforzamiento recíproco, de justificación mutua. Dos elementos de un mismo sistema que perpetúa la desigualdad.


La Price Waterhouse Coopers y sus megasorpresas

La ostensible bonanza de los ejecutivos de la empresa privada nicaragüense fue revelada en un reciente estudio. La empresa auditora Price Waterhouse Coopers actualiza anualmente el sistema empresarial de información salarial. Esa actualización pretende suministrar información útil como elemento de juicio y análisis para realizar una comparación sobre la práctica vigente relacionada con la administración de sueldos, evaluar las tendencias de las compensaciones otorgadas a los ejecutivos en el medio nicaragüense, actualizar las políticas y planes de remuneración, seleccionar políticas de compensación para los principales ejecutivos con base en datos confiables, efectuar comparaciones de sueldos y salarios básicos como un elemento para facilitar el proceso de contratación de personal y evaluar los niveles de remuneraciones de una compañía en relación a la práctica predominante en el medio nicaragüense.

La Price Waterhouse recopila y presenta de manera confidencial datos reales y actualizados sobre las políticas, niveles y componentes de los salarios, las remuneraciones totales concedidas a los principales ejecutivos y personal de ventas, así como datos de los diferentes niveles de retribución asignados al resto de puestos (administrativos y obreros). Las empresas participantes pagan el estudio para saber cómo están los salarios de sus empleados en relación a la cotización de mercado y con esa información se preparan para no pecar por exceso ni por defecto: no pagar tanto que suponga costos excesivos ni pagar tan poco que sus profesionales sean presa fácil de las ofertas de otras empresas. De hecho, el es-tudio sirve también para medir varias correlaciones de fuerzas en el medio nicaragüense. Entre otras, consumidor vs. oligopolios, obreros vs. profesionales, profesionales de mediano nivel vs. ejecutivos principales.

El último informe, fechado en junio 2001, se basa en la información recabada en 33 empresas, 42% nacionales y el resto multinacionales. Con una cobertura de 8,070 puestos de trabajo, la muestra se considera suficientemente representativa de lo que ocurre en el mercado nacional.

Aunque, según reconoce el informe, a partir del segundo semestre del año 2000 la economía nicaragüense enfrentó factores tan adversos como el incremento de los precios internacionales del petróleo, el declive del precio internacional del café -que representa la cuarta parte de las exportaciones nacionales- y la quiebra del Interbank y el Bancafé con el consecuente impacto sobre las reservas internacionales y el gasto público, los salarios de los ejecutivos sólo reflejaron bonanza económica.

Con los datos del cuadro podemos comparar los salarios de los ejecutivos de la empresa privada en Nicaragua y en Costa Rica. En promedio, un Gerente General en Nicaragua gana anualmente 12 mil dólares más que sus homólogos en Costa Rica. Un Sub-Gerente General en Nicaragua obtiene en un año casi 25 mil dólares más de lo que conseguiría en Costa Rica. De los 16 cargos registrados en la tabla, 7 están considerablemente mejor pagados en Nicaragua.



El estudio de la Price Waterhouse también reveló que en Nicaragua el 38% de los ejecutivos recibe un bono anual, el 13% recibe comisiones anuales y al 9% se le ha asignado un vehículo. Estos beneficios representan sustanciales aditamentos. Medida su relación porcentual con el sueldo ordinario, suman en promedio un 184% del mismo: la comisión anual representa el 112% del sueldo, 16% el bono anual, casi 20% los gastos del vehículo, 8.46% la vivienda, 2% el seguro de vida, 3% el seguro de hospital, 2.35% una llamada "cuota de clubes", 13% las dietas, 6% los gastos de representación y 2% otros complementos. En promedio, los costos del vehículo para un ejecutivo -entre su depreciación, seguro, mantenimiento y combustible- ascienden a más de 15 mil dólares anuales. Una cantidad suficiente para edificar cuatro aulas de clase, siempre y cuando no las construya el FISE. Por supuesto, de estos beneficios para los ejecutivos sacan menor partido las mujeres. Sólo el 23% de los ejecutivos nicaragüenses son ejecutivas.

Los que sacamos el peor partido somos todos los nicaragüenses y los socios minoritarios de estas empresas. Los nicaragüenses somos estafados porque una buena parte de estos beneficios adicionales son registrados contablemente como costos operativos de la empresa, y por tanto no están sujetos a carga tributaria. En otras palabras, un porcentaje respetable de lo que reciben estos ejecutivos no aporta un solo centavo al fisco, y por tanto la bonanza económica de estos personajes no se convierte en carreteras ni en escuelas ni en salud. Es simplemente una forma de "evasión legal".

Los socios minoritarios también llevan las de perder porque muchos de estos ejecutivos bien pagados suelen ser al mismo tiempo los socios mayoritarios de las empresas, que bajo este sistema sustraen parte de los beneficios de la empresa, haciéndola menos rentable en su conjunto aunque muy lucrativa para los particulares. Doble play: reducen las ganancias totales en beneficio personal y las absorben bajo figuras contables que escapan a la declaración de renta. Como se ve, la copa de champán derrama escasas gotas sobre los que están al pie de ella, esperando ansiosamente a que, según nos prometen, rebalse.

Siguiendo las pistas a las paradojas del subdesarrollo, en el mismo informe descubrimos que el país centroamericano a la cabeza en incremento salarial de los ejecutivos en el período 1995-2000 fue Nicaragua con 74%. Así, el país más pobre de la región paga mejor y concede mayores aumentos salariales a sus ejecutivos. En los países más pobres se perciben las mayores diferencias salariales, incluso en altos estratos, según la Price Waterhouse: Dentro de las posiciones ejecutivas mejor remuneradas por país encontramos sorprendentemente que Nicaragua y Honduras son los países que muestran una brecha salarial superior (72.77% y 53.31% respectivamente) entre la Gerencia General y el resto de Gerencias Funcionales. El país que muestra menor brecha salarial entre los cargos mencionados es Costa Rica con un 7.35%.

Microfinancieras: a la altura

Tan desiguales políticas salariales van invadiendo gradualmente todos los ámbitos. Podemos comparar los salarios de los ejecutivos con los de los gerentes de las microfinancieras, instituciones que se presumen sin fines de lucro y que aún dependen, en cierta medida, del subsidio de la cooperación externa. Una consultoría destinada a realizar un sondeo del mercado salarial en las siete microfinancieras más fuertes de Nicaragua mostró que los salarios de sus gerentes generales oscilaban entre los 1,600 y los 5,000 dólares. De hecho, tres de ellas pagaban 5 mil dólares a sus gerentes generales, cifra que significa un ingreso anual de 65 mil dólares, un monto superior a lo que se paga por cualquier gerencia funcional en Nicaragua y superior incluso a lo que gana un Sub-Gerente General en Costa Rica. A eso se suman beneficios adicionales: seis de las microfinancieras pagan a sus gerentes seguro de vida colectivo, cinco pagan por uso de vehículo propio, cinco otorgan un bono anual discrecional, dos entregan un bono de juguetes para los hijos y seis costean el teléfono celular. Al igual que la microfinancieras, otras asociaciones sin fines de lucro están realizando denodados megaesfuerzos por situarse a la altura y anchura de estos tiempos...

Salarios mínimos demasiado mínimos

En el otro extremo hay que situar los microsalarios. Son para la microgente, los liliputienses, los casi invisibles ciudadanos de Nicaragua. La gran oferta con que el país pretende imantar a los inversionistas extranjeros es su abundante mano de obra barata. Contumazmente se apela a esta virtud, exhibida con procacidad pornográfica por los gerentes de la zona franca, pese a que The Wall Street Journal ha señalado repetidas veces que en muchos inversionistas ejercen mayor atractivo otros rasgos: seguridad ciudadana, calificación de la mano de obra y un código laboral que constriña el poder de los sindicatos. Por eso prefieren invertir en Costa Rica.

En el sector agropecuario, el salario mensual en Nicaragua equivale a un ingreso diario de 20 córdobas (1.45 dólar), precio de media entrada a un cine de Managua, o de dos cer-vezas, o de tres litros de leche, o de diez pasajes de bus en la capital. Algunos economistas han calculado que ese salario ha sufrido en los últimos diez años un descenso de su capacidad adquisitiva del 30%. En otras palabras, un mozo de hacienda gana en promedio hoy el 70% de lo que ganaba en 1990, y eso a pesar de la notoria contribución del sector agropecuario al crecimiento de nuestro producto interno bruto y al volumen de nuestras exportaciones.

Las leyes no exigen más, sino menos, de lo que pagan las empresas. El salario mínimo promedio nacional oficialmente establecido apenas asciende a 30 córdobas diarios (2.2 dólares), precio de seis vasos de fresco, de tres pasajes en bus de Managua a Masaya -trayecto de 28 kilómetros-, de tres paquetes de cigarros. En Costa Rica, el salario mínimo es de 223 dólares mensuales: 7.4 veces el salario mínimo de Nicaragua.



Megasalarios: récord centroamericano

Si Costa Rica es la Suiza centroamericana, Nicaragua -a juzgar por los salarios de nuestros ejecutivos y nuestros más encumbrados funcionarios estatales- debe ser una especie de fusión de Japón y Noruega en sus mejores tiempos. El caso más eximio -y conocido- fue de Luis Durán, quien por estar al frente de la Secretaría Técnica de la Presidencia y ser el responsable del diseño de la Estrategia de Reducción de la Pobreza ganaba mensualmente 23 mil 500 dólares, un ingreso muy superior al que tiene la mayor parte de las municipalidades del país. Por citar un único ejemplo: la Alcaldía de Siuna sólo ingresó en el año 2000 el 50% del salario de Durán, y con ese monto prestó los servicios que pudo a una población de aproximadamente 70 mil habitantes.

Nicaragua paga los mejores salarios de Centroamérica a su Presidente, Ministros, Viceministros y diputados. En la tabla siguiente presentamos los salarios que pagaba la administración de Arnoldo Alemán a sus ministros, en contraste con el resto de salarios de ministros en Centroamérica. Se trata de cifras oficiales, y de todos es sabido que las partidas extraoficiales que recibían "por debajo de la mesa" eran mucho más generosas que las oficiales.

En el caso de Costa Rica hemos asumido como válida la cifra más alta proporcionada por las distintas fuentes, cuyos datos para ese rubro oscilaban entre los 1,200 y los 3,000 dólares. Aun así, Costa Rica es el único país centroamericano donde los ministros reciben un salario mensual inferior a la renta per cápita nacional anual. El resto de países de la región superan con mucho ese monto, y Nicaragua constituye el caso extremo, con ministros cuyo ingreso mensual representa el 2,012% del ingreso per cápita anual.

Los salarios de los ejecutivos y los altos cargos del sector público no guardan relación con la situación económica del país. El monto en dólares de las exportaciones de Costa Rica en el 2001 fue casi ocho veces el de Nicaragua. Mientras Costa Rica tuvo ese año un saldo positivo en su balanza comercial de 262 millones de dólares, Nicaragua tuvo un déficit de 1 mil 275 millones, permaneciendo fiel a su prolongada y creciente trayectoria deficitaria. Ese mismo año, el PIB per cápita en Nicaragua representó apenas el 12% del PIB per cápita de Costa Rica. En otras palabras, por cada 100 dólares que gana el ciudadano promedio en Costa Rica, un ciudadano equivalente en Nicaragua obtiene apenas 12 dólares. Y mientras Costa Rica aumentó en el último año casi 240 dólares en el ingreso per cápita, Nicaragua sólo subió 21 dólares.



Recortes de "la Nueva Era": ¿de megasalarios a macrosalarios?

En un mundo mínimamente racional -no el mejor de los mundos posibles de Leibnitz-, uno esperaría que los salarios de los ministros fueran un reflejo de la prosperidad de la "empresa nacional" que administran. En Nicaragua sucede exactamente lo contrario: un país en bancarrota paga los mejores salarios a sus ministros. Paradoja del subdesarrollo: los países en quiebra premian a sus malos administradores con los mejores salarios. Y ni siquiera entramos a examinar otro dato: la capacidad técnica y probada honradez de nuestros ministros en relación a la de sus homólogos de Costa Rica, baremo que los dejaría aún peor parados. Porque en esta área nuestro problema es más estructural y guarda relación con la carencia de un marco jurídico que apunte a un servicio civil profesional para incrementar la capacidad instalada, optimizar los costos de entrenamiento y conservar la memoria institucional. Imposible todo esto mientras la Ley de Servicio Civil y Carrera Administrativa siga engavetada, y también imposible, aun después de que salga a hacer vida pública. La raíz cultural es muy profunda.

Eduardo Montealegre, nuevo Ministro de Hacienda y Crédito Público, anunció medidas correctivas a estos desequilibrios. Según cálculos gubernamentales, representarán un ahorro de 72 millones de córdobas. Entre otras medidas, se eliminó el uso oficial de tarjetas de crédito, se prohibieron las dietas a los funcionarios públicos por participar en juntas directivas de empresas estatales, se redujo la tabla de viáticos al exterior (por ejemplo, a los funcionarios de categoría A que viajan a Estados Unidos se les redujo el viático diario de 400 a 243 dólares).

Entre todas las medidas de austeridad anunciadas, la más sonada fue una reducción -oficialmente, se dijo que era del 35%- de los salarios del Presidente, Vicepresidente, ministros, viceministros, presidentes de entes descentralizados, secretarios de la presidencia y secretarios generales. Mientras el nuevo gobierno destacó el hecho -muy positivo- de que "a partir de ahora todo se pondrá sobre la mesa", lo que significa que no existirán complementos salariales surgidos de fondos ocultos, de las "cajas negras" que se manejaron en gobiernos anteriores, la sociedad civil ha demandado mayor precisión y detalle sobre el contenido específico de estas medidas.

¿Por qué el escepticismo? La innecesaria y artificial separación entre sueldo y estipendio en la planilla mensual de los altos funcionarios, lejos de aclarar las cosas ocasiona dudas y conjeturas sobre el efecto real de la reducción. Porque sueldo y estipendio son dos conceptos de igual significado técnico y, por tanto, sueldo y estipendio están gravados con el Impuesto sobre la Renta (IR). Si a este artificio agregamos que la tabla salarial publicada por el gobierno contiene los salarios netos, ya deducidos los impuestos: IR y cotizaciones a la Seguridad Social (INSS), resulta al final que los salarios brutos o salarios nominales de los altos funcionarios de Nicaragua siguen siendo los más altos del istmo centroamericano y tienen nivel de países desarrollados, lo que contradice el Plan de Austeridad del gobierno Bolaños. No exagera el pueblo cuando dice que pasaron de megasalarios a macrosalarios. (Compárense los cuadros de la página siguiente).





Los salarios los recibirán en córdobas y sin ajustarlos a la oscilación diaria en el tipo de cambio. en la tabla, aparecen
según el tipo de cambio oficial del día en que el gobierno anunció su plan de austeridad, 1 febrero 2002.

** Las cifras en esta columna son ligeramente superiores a las que el gobierno anunció como totales y que aparecen en el cuadro de arriba. Al anunciar el Plan de Austeridad, porque el gobierno "redondeó" las cifras.

"Sincerando" el botín de los diputados

Por mucha buena voluntad que tenga el Ejecutivo en su Plan de Austeridad, un ministro de ese Ejecutivo gana 150 veces más que una trabajadora de la maquila. Por su parte, el Legislativo ha dado a entender, por varias vías, que mantendrá incólumes los salarios de los diputados. Y no sólo los salarios, sino los privilegios. Componen un botín destacable.

A mediados de febrero, después de anunciado el Plan de Austeridad del Ejecutivo, se desató una polémica nacional al descubrirse -se suceden los "descubrimientos" sobre la corrupción- la prolongada evasión fiscal protagonizada durante años por los diputados, mal llamados "padres de la patria", desde hace muchos años. Los 92 diputados ante la Asamblea Nacional -en esta legislatura son 93 porque Arnoldo Alemán ocupa un escaño como "diputado surgido del pacto"- devengan 5 mil dólares mensuales, por los que han venido pagando, en concepto de impuesto sobre la renta, la ridícula suma de ¡siete dólares al año! La polémica tuvo algún éxito y Alemán, como Presidente del Legislativo, no tuvo más que anunciar que en este proceso de sinceramiento de los salarios de los diputados, de ahora en adelante pagaremos el impuesto sobre la renta sobre el total de nuestros ingresos.

Resulta técnicamente inexplicable el desglose de los ingresos mensuales de un diputado en Nicaragua. Esos 5 mil dólares se descomponen en un salario nominal de 350 dólares (sobre esta cantidad pagaban el IR), en 1,800 dólares en viáticos y gastos de representación y en 1,500 dólares por asistir a reuniones de trabajo. A esto hay que sumar 200 galones de combustible mensuales. Por aparte, se les da un seguro médico y otros beneficios que se desconocen. Cuentan también con un privilegio del que no goza ni siquiera el Presidente de la República: mientras son diputados pueden introducir al país dos vehículos sin pagar impuestos: una exoneración de casi 70 mil córdobas en cada vehículo de cada diputado.

A esto hay que sumar lo que el Estado les entrega a cada uno para "proyectos comunales y otorgamiento de becas". En el Presupuesto 2002 esta cantidad sumaba más de 36 millones de córdobas, lo que representa casi medio millón de córdobas para cada diputado. Para colmo, por la privatización de la empresa estatal de comunicaciones, ENITEL, el año 2002 los diputados decidieron aumentar esta cantidad en 2 millones de dólares, lo que les garantizará a cada

uno millón y medio de córdobas más para estas "obras". Dos millones que administra cada uno de ellos sin que exista ninguna rendición de cuentas, ningún control ni ninguna información. Con toda razón se pregunta Julio Francisco Báez, experto en derecho fiscal: Si la esencia de la democracia reside en el poder local, en el municipio, ¿por qué razón estos recursos no se destinan a las alcaldías, y los diputados se dedican a la función para la que fueron electos, que es producir leyes? Es un escándalo que en el año 2001 la cantidad que recibieron 92 diputados para sus "obras" significó el 37% de lo que recibieron los 151 municipios del país.


Sistema de acumulación: el Estad-botín

Acceder a un alto cargo público se ha convertido en Nicaragua en una de las más seguras fuentes de acumulación de capital. El colapso del Partido Conservador en las elecciones pasadas, cuando estaba en el umbral de convertirse en el paraguas jurídico de una tercera vía capaz de aglutinar a muy variadas opciones políticas, se debió, entre otros factores, a que los "dueños" de dicho partido, la militancia con poder, se negó a ceder sus posiciones en la plancha de candidatos a diputados, gesto con el que habrían mostrado una genuina voluntad de apertura. No querían renunciar a un jugoso ingreso mensual, que ellos pensaban garantizado, aun cuando su mezquindad llevó al partido a la bancarrota y a la postre se quedaron "sin Beatriz y sin retrato".



En Nicaragua han existido diversos sistemas de acumulación. La mayor parte de ellos pasan por el Estado. Elecciones, golpes de estado, intrigas, alianzas con los Estados Unidos, han allanado el camino hacia la silla presidencial y permitido el Estado botín: la piñata sandinista, la chamorrista, la alemanista... precedidas por muchas otras piñatas: la somocista, la de los treinta años del Partido Conservador, la de la Revolución Liberal.

Cada piñata creó una nueva élite y añadió más apellidos a la lista de los elegidos. La revolución sandinista dejó también su élite, y no suprimió las anteriores, aunque sí las hizo migrar temporalmente. Los beneficiarios más conspicuos de esa piñata no son ni siquiera los ahora perseguidos hermanos Centeno. Los principales beneficiarios aguardan a que el velo de la historia cubra la génesis de su capital para ingresar por la puerta delantera a la nobleza y a que así como ya se sientan juntos un Jerez y un Borge, mañana coman en el mismo plato un Pellas y un Ortega.

A lo largo de nuestra historia, el sometimiento militar ha tenido como objetivo clave hacerse con el aparato estatal para premiar al guerrero, cuyo prestigio podía ser ganado en batallas, en intrigas o en pactos. Otro medio de acumulación fue la gran hacienda agroexportadora. Pero aún ésta misma, en sus primerísimos orígenes, sólo fue en parte posible gracias al Estado, que expropiaba las tierras de los indígenas y las vendía baratas o las concedía a precios ridículos bajo el pretexto de promover algún rubro de interés nacional: primero el ganado, luego el café, ahora la camaronicultura. Los políticos se otorgaban a sí mismos, en su carácter de empresarios, tierras que harían producir en presunto beneficio de la patria. Para acabar de rayar el cuadro, desde el Estado regulador se garantizaba una estructura tributaria regresiva y se aceleraba el proceso de concentración de tierras. Una historia no muy distinta de la que hoy padecemos. Actualmente, a lo que asistimos es al surgimiento de una nueva especie de acumuladores. Ahora tenemos al "ejecutivo emprendedor", una nueva raza, no tan novedosa si atendemos a sus condiciones de posibilidad: oligopolio y nepotismo.

Oligopolio y nepotismo

Es obvio que en la esfera gubernamental la carrera política permite el acceso a los elevados cargos no menos que el nepotismo. Esta realidad está documentada hasta la saciedad y consagrada por la costumbre que, en ausencia de leyes específicas, determina lo que es ley. Pero, ¿qué ocurre en la empresa privada, a la que se atribuye marcar el compás de los voluminosos salarios estatales? No todos los profesionales están tan bien remunerados como los privilegiados de la primera tabla que mostramos. Son muchos los llamados y pocos los escogidos.

Excelentes profesionales entran a trabajar a las grandes empresas y no obtienen un aumento salarial en tres años, mientras repentinamente ven colocarse a recién graduados de "apellidos señalados" en los mejores puestos y con salarios muy superiores a los que solían asignarse a dichos cargos. Para percatarse de este destino manifiesto que cultiva a una casta de predestinados y nos condena a la inmovilidad social no es preciso aplicar una encuesta. Basta cotejar los apellidos de los miembros de las Juntas Directivas -que son los socios mayoritarios- con los apellidos de los ejecutivos mejor pagados. Ellos son quienes reciben parte de su salario en bonificaciones, gastos de representación, pago por servicios profesionales en trabajos extras, etc., disminuyendo así las utilidades de la empresa y estafando así a sus socios minoritarios.

Si el nepotismo es la base cultural, la condición de posibilidad financiera es el oligopolio. Una o dos empresas absorben la prestación de determinado servicio o la venta de un producto. Así tienen un control absoluto de los precios y obtienen pingües ganancias. En los países más pobres de Centroamérica solamente una compañía ofrece el servicio de telefonía celular: sólo Bellsouth en Nicaragua y sólo Celtell en Honduras. En El Salvador prestan ese servicio tres compañías, dos en Panamá y cuatro en Guatemala. De ahí los precios. Mientras en Nicaragua el minuto en plan postpago vale 0.35 de dólar, en Costa Rica se paga 0.09, en Honduras 0.28 y en El Salvador 0.11 de dólar. Las tarifas del plan prepago son más elevadas.

Los oligopolios en Nicaragua nos garantizan los precios más elevados para gran cantidad de productos, lo que crea otra víctima del sistema: los consumidores, que se suman a los contribuyentes y a los socios minoritarios. La víctima final son los empleados de bajos cargos, porque tanto la empresa privada como el sector público siguen el modelo gerencial taiwanés: altos salarios para los gerentes y sueldos de hambre para los obreros. Esto ha producido una estructura de distribución de los ingresos que raya en la megadesigualdad.

Sumergidos en el abismo de la megadesigualdad

En el gráfico, construido en base a las cifras de la encuesta de nivel de vida que el Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos (INEC) realizó en 1998, podemos observar la distribución del ingreso en Nicaragua por quintiles, es decir, por cinco grupos del 20%, de menor a mayor concentración de la riqueza. En el quintil número 1 tenemos al 20% más pobre, que consume únicamente el 5.3 % del gasto total. En contraste, el quintil número 5 muestra la posición del 20% más rico de los nicaragüenses, consumidor del 51.3%. En un país de una distribución perfectamente equitativa del ingreso, el gráfico mostraría una línea recta horizontal.

Mientras más combada sea la curva, el gráfico expresa una mayor inequidad. Y en este caso, esa abrupta subida entre el cuarto y el último quintil muestra cómo está concentrada una gran cantidad del consumo en el grupo de los más ricos. Más recientemente, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su informe del año 2000 sobre Desarrollo Humano, denunció que el 20% más pobre de los nicaragüenses controla únicamente el 4.2 % del ingreso y que el 20% más rico controla el 55.2%, lo cual supone una diferencia de 13 veces entre el ingreso de los más pobres y el de los más ricos.

A primera vista, este dato no parece tan grave. Nos sitúa a la par de Costa Rica. La diferencia entre los más pobres y los más ricos es de 16.6 veces en Honduras, de 17.1 en El Salvador y de 30 veces en Guatemala. La gravedad es que esa diferencia en Nicaragua se hace realidad sobre un PIB per cápita que no llega a los 500 dólares. De modo que a la desgracia de que el pastel está mal repartido, se añade la desagradable sorpresa de que no hay pastel, sino un diminuto panecillo.

Utilitarismo: los devotos de la copa de champán

Como toda situación incapaz de suscitar consenso espontáneo, la desigual distribución de los ingresos necesita de justificaciones. No aquí, en Nicaragua, donde la ley de la selva -¿o de una selva sin siquiera ley?- hace que las ideas sean superfluas. Pero en muchas partes del mundo no han faltado quienes se toman la molestia de razonar sobre el tema. La justificación tradicional proviene de la ética utilitarista, una visión que desprecia lo mal que estén algunos individuos porque lo que importa es el bienestar del conjunto, es decir, el incremento de la suma total de bienestares individuales. Se asume que la acumulación de algunos puede producir más bienestar general que una distribución equitativa de la riqueza.

El atractivo del utilitarismo consiste en que ofrece un principio muy sencillo sobre cuya base puede desarrollarse una concepción de lo recto consistente y completa. Y, para ciertos grupos, tiene la ventaja de que puede justificar la acumulación y la desigual distribución de los ingresos. Al principio de utilidad le es indiferente cómo se distribuye la suma de satisfacciones de los individuos.

Los preceptos de justicia de esta concepción ética se derivan del único fin de alcanzar el máximo saldo neto de beneficios. Se propugna que las mayores ganancias de algunos compensan a las menores pérdidas de otros. Y aunque la historia ha demostrado reiteradamente que este sistema no culmina en la máxima suma de beneficios, algunos se aferran a él. El modelo taiwanés lo pone en práctica y se encuentra, en diferentes versiones, más difundido de lo que sus mismos promotores sospechan. A él se adscriben los devotos del crecimiento por el crecimiento y los de la teoría de la copa de champán, metáfora del programa económico que apuesta a que una acumulación de capital en las altos estratos se traducirá a largo plazo en beneficios para los pobres, porque cuando la copa se rebalse, la acumulación producirá nuevas fuentes de empleo y mejores salarios para la clase obrera. El utilitarismo es a la vez una concepción de la justicia donde se propone que los individuos obtengan en conjunto lo que saben que no podrán obtener cada uno por separado. De esta forma, la acumulación puede ser presentada no sólo como lícita, sino como necesaria.

"Como las abejas, ahorraban y acumulaban"

Hace un cuarto de siglo el economista sueco Assar Lindbeck observó que las actitudes hacia las desigualdades, y los motivos, así como las consecuencias, de intentar eliminarlas, difieren también enormemente entre los mismos científicos sociales. Mientras que son muchos los que consideran las desigualdades como un gran defecto de un sistema económico y social, otros las consideran principalmente como un subproducto del éxito de una sociedad al aportar oportunidades para la autorrealización de los individuos, como puede ser que la sociedad deje que los individuos elijan libremente entre el consumo y el ocio, entre el consumo presente y el futuro, etc.

Más de medio siglo antes, Keynes encontró que la Europa del siglo XIX estaba organizada de tal forma que la mayor parte de los ingresos iban a parar a la clase menos dispuesta a consumirlos y que eso explicaba la acumulación capitalista, fuente de inversiones y desarrollo: Los ricos nuevos del siglo XIX no estaban hechos a grandes gastos, y preferían el poder que les proporcionaba la colocación de su dinero a los placeres de su gasto inmediato. Precisamente la desigualdad de la distribución de la riqueza era la que hacía posibles de hecho aquellas vastas acumulaciones de riqueza fija y de aumentos de capital que distinguían esta época de todas las demás. Aquí descansa, en realidad, la justificación fundamental del sistema capitalista. Si los ricos hubieran gastado su nueva riqueza en sus propios goces, hace mucho tiempo que el mundo hubiera encontrado tal régimen intolerable. Pero, como las abejas, ahorraban y acumulaban, con no menos ventaja para toda la comunidad, aunque a ello los guiaran fines mezquinos.

De acuerdo a Keynes, las inmensas acumulaciones de capital fijo que se constituyeron en esa época, "para beneficio de la humanidad", no hubieran podido nunca llegar a formarse en una sociedad en la que la riqueza se hubiera dividido equitativamente. El pastel aumentó gracias a que el puritanismo impuso el deber de ahorrar a los ricos y la obligación se ser sumisos a los obreros.

Por qué estamos donde estamos: cuatro razones

La historia económica de Nicaragua no se ajusta en modo alguno a este patrón. La acumulación de los grupos poderosos no ha repercutido sobre el desarrollo global del país. Existen, por lo menos, cuatro razones que han dirigido la acumulación del gran capital hacia otros rumbos.

En primer lugar, el capitalista nicaragüense -grande, mediano y pequeño- ha optado por el consumo ostentoso y no por el ahorro. Por si esto fuera poco, ese consumo se concentra en bienes de importación, en un país con creciente déficit comercial. Apenas huelen una mejoría en los precios del café, los cafetaleros corren al banco para solicitar un préstamo con el que financiar otra casa en el mar o el último modelo de camioneta o un viaje a Europa en primera clase.

En segundo lugar, se han producido abruptas y recurrentes migraciones de capital como consecuencia de las oscilaciones políticas. En tercer lugar, en los últimos veinte años se han producido dos sucesivas transferencias de bienes de capital -confiscaciones, indemnizaciones, recuperaciones, son los mecanismos legales-, que han hecho pasar muchos medios de producción por manos de tres propietarios, algunos de ellos bastante neófitos en su administración y palmariamente ineficientes.

En cuarto lugar, precisamente la acumulación por excelencia en Nicaragua -la concentración de tierras- ha generado un estancamiento tecnológico porque, ante la disponibilidad de tierras, los terratenientes optan por incrementar la producción a base de aumentar el área cultivada y no se ocupan de mejorar los rendimientos por manzana. Este sistema de concentración extrema de la riqueza ya habría fracasado extrepitosamente en cualquier país del mundo, por una depresión de la demanda, pero en Nicaragua la cooperación externa y las remesas están ahí para salvarlo.

Distribución de riquezas: tema ético

Al principio de utilidad se le suele oponer su rival tradicional: la doctrina contractualista, visión ingenua que propugna que una especie de contrato garantiza el respeto de ciertos derechos y da por supuesta una primigenia igualdad de condiciones entre los individuos que suscribieron ese contrato. Aquí se sitúan quienes de buena fe apuestan por el estado de derecho, minimizando el hecho de que, aun en su aplicación más impoluta, el estado de derecho -que es un estado o situación dada del derecho- es la expresión de una correlación de fuerzas de la que sacan mayor provecho los que pegan primero, es decir, los que empezaron a correr los cien metros planos con cuarenta metros de ventaja.

La visión alternativa es aquella en que la historia se en-tiende como la sucesión de distintas correlaciones de fuerzas. En su versión más positiva, se proyecta una creciente aproximación a la igualdad, sabiendo que jamás llegaremos al principio de "cada quien según su capacidad y a cada quien según su necesidad", que sería una extensión al ámbito nacional del mecanismo de distribución de una familia: de la olla común que abastecen los adultos con sus ingresos, se nutren todos los miembros del núcleo familiar.

En cualquier caso, se trataría de una visión más realista, que asume la compleja naturaleza del ser humano, no da la historia por terminada, y muestra claramente la distribución existente como el efímero resultado de un balance de poderes en un momento dado. La evidencia de que este tema de la distribución de la riqueza tiene un peso ético que incomoda a los grupos de poder lo prueba el hecho de que haya sido tan efectivamente barrido del ámbito académico y que actualmente predominen representaciones de la realidad donde las desigualdades económicas reciben explicaciones técnicas o incluso climáticas, pero no históricas ni políticas.

Revelaciones

El saldo de Nicaragua en producción de bienestar y en distribución de la riqueza es muy revelador. Muestra la nula capacidad de negociación de los sindicatos, los pocos que existen. Exhibe la rapiña de cierto estrato de los profesionales y la correlación de fuerzas en su favor. Marca el surgimiento de un nuevo modelo de acumulación: un avance respecto del modelo tradicional del Estado-botín, aun cuando no se acaba de desligar enteramente de ese sistema. Señala cuál es el dreno hacia el que corre la plata de la cooperación internacional y por qué los 600 millones de dólares anuales que Nicaragua en promedio ha recibido en la última década no han mitigado la pobreza.

No nos sorprendamos de que la violencia se dispare. Si de concepciones de justicia se trata, existen por montón. El problema es cuando se enfrentan en la calle, como lo explica el narrador colombiano Fernando Vallejo en "La Virgen de los Sicarios": ¿Cómo puede matar uno o hacerse matar por unos tenis?, preguntará usted que es extranjero. Mon cher ami, no es por los tenis: es por un principio de Justicia en el que todos creemos. Aquel a quien se los van a robar cree que es injusto que se los quiten puesto que él los pagó; y aquel que se los va a robar cree que es más injusto no tenerlos.

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