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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 240 | Marzo 2002
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El Salvador

Imágenes y realidades en la hora del TLC

Se cumplieron diez años de la firma de la paz y sobran las asignaturas pendientes. Se acerca la hora del TLC de Estados Unidos con Centroamérica: sobran los sueños grandilocuentes y falta un movimiento social que lo negocie antes de que nos lo impongan.

Roberto Cañas

Marzo se prometía denso en El Salvador. El 16 de marzo, el gobierno salvadoreño realizaría una ceremonia donde el principal invitado sería el Secretario General de Naciones Unidas Kofi Annan, quien llegaría al país para dar por finalizada la verificación del más alto organismo internacional al cumplimiento de los Acuerdos de Paz suscritos por el gobierno y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en enero 92, hace ahora diez años. El 24 de marzo, el Presidente de Estados Unidos George W. Bush visitará durante unas horas el país. El anuncio y los preparativos de estas dos visitas se convirtieron de inmediato en centros alrededor de los cuales comenzó a gravitar toda la vida nacional.

País de éxito, país líder

Cada día se evidencia más claramente la alianza entre los dueños de los medios de comunicación social, el partido de gobierno y el poder económico del país, alianza estratégica por el creciente peso que los medios tienen en la formación de la opinión pública. Los grandes periódicos, las emisoras radiales y los canales de televisión usan todo su poder para hacer prevalecer sus preferencias políticas e ideológicas, decidiendo lo que es noticia y lo que se debe callar.

Desde el primer momento, los medios se esforzaron en presentar las visitas de Annan y de Bush como claros espaldarazos a la gestión del Presidente Francisco Flores y a su gobierno, buscando vender la idea de que El Salvador es un país en paz y en desarrollo, un país de éxito que representa la mejor opción para ser el líder centroamericano del Tratado Libre Comercio (TLC) de Estados Unidos con Centroamérica. Una imagen muy alejada de la realidad.

Sumidos en la desconfianza

Hace diez años, con la firma de los Acuerdos de Paz se cerró un período crucial de nuestra historia. Los Acuerdos pusieron fin a un conflicto armado que duró en su última etapa diez años y que trastocó todos los aspectos de la vida social dejando la trágica estela de más de 75 mil muertos e incontables heridas que aún no cierran.

Los Acuerdos dieron paso a reformas políticas importantes. Se supeditó el poder militar al civil, limitando las funciones del Ejército a la defensa de la soberanía nacional y de la integridad del territorio. Del autoritarimo se transitó a la democracia. La reforma se concentró en la creación de nuevas instituciones estatales: la Policía Nacional Civil, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, el Tribunal Supremo Electoral, el Consejo Nacional de la Judicatura. Otras, ya existentes, como la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía General de la República sufrieron cambios. El objetivo de todos los cambios institucionales fue instaurar un sistema político -desconocido en El Salvador- basado en los principios de la legalidad y de la legitimidad.

Pero las reformas jurídico-políticas no han producido todos los resultados esperados. Y el país real se sume en una nata de desesperanza y desconfianza, y la población ha perdido credibilidad en los partidos políticos, en el gobierno central, en la Asamblea Legislativa y en el sistema judicial.

El informe anual sobre derechos humanos que elabora el Departamento de Estado de Estados Unidos dice en el apartado sobre El Salvador, que "el sistema judicial sufre de ineficiencia y corrupción". Desde hace años lo viene señalando. Añade que la corrupción en el Órgano Judicial y en la Fiscalía General ha contribuido a la impunidad.

Incluso las entidades que fueron creadas por los Acuerdos y que marcaban, en buena medida, el derrotero de la transición, son también blanco de una progresiva desconfianza ciudadana. La Policía Nacional Civil y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, instituciones que a principios de su gestión recibían altos índices de respaldo y credibilidad son juzgadas hoy con altos niveles de desconfianza debido a sus actuaciones.

Temas económicos: el mayor déficit

Donde la arquitectura de los Acuerdos de Paz, desde su mismo diseño, fue deficitaria fue en el tema económico y social. Diez años después, lo que se acordó o no se ha cumplido o se liquidó rápidamente, como fue el caso del Foro para la Concertación Económica y Social, instrumento creado como el espacio en donde el gobierno, los empresarios y las asociaciones de trabajadores dirimirían mediante el diálogo y la negociación los conflictos de la postguerra.

El Foro fue liquidado por el gobierno y el sector privado en 1993, en aquel momento por temor a que aprobara la ratificación de convenios que el Estado salvadoreño había firmado con la Organización Internacional del Trabajo y que el poder político y el económico consideraban lesivos a sus intereses.

Las causas sociales del conflicto

Desde que la visita de Annan fue anunciada, el FMLN consideró que no era adecuado participar en una ceremonia en la que el gobierno iba a dar por concluido un proceso aún inconcluso, y peor aún, recibir el espaldarazo que fabricaban de previo las imágenes mediáticas. Los efemelenistas razonaron su posición. Consideran que, al menos en cinco puntos, ha habido incumplimientos importantes. Señalan en primer lugar que hay regresiones en el proceso de desarrollo y funcionamiento de la Policía Nacional Civil (PNC) y que existen violaciones a ley de la PNC. En segundo lugar, resaltan un boicot económico del gobierno contra la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos: se destinan pocos recursos presupuestarios para su funcionamiento y, peor, se obstaculizan las investigaciones que realiza. En tercer lugar, manifiestan que hay importantes incumplimientos con los lisiados de guerra, entre otras cosas en cuanto a sus pensiones, y piden la realización de un nuevo censo de lisiados. En cuarto lugar, el FMLN subraya la falta de servicios que mejoren las condiciones de vida de la mayoría de la población. Por último, hacen notar que una instancia de tanta importancia como el Foro para la Concertación Económica y Social no funcionó.

"Asustaron a la comunidad internacional"

El gobierno tenía todo listo, y valiéndose del hábil manejo de los medios del que viene haciendo gala, había preparado las condiciones para que el acto del 16 de marzo fuera visto por la opinión pública no sólo como la conclusión de la verificación del cumplimiento de los acuerdos, sino como la conclusión del mismo proceso de los acuerdos de paz.

Fracasó en su intento. Apenas diez días antes del acto que pondría en el pecho del gobierno ese "broche de oro", Kofi Annan anunció que no viajaría a El Salvador. Al anunciar en conferencia de prensa la cancelación del viaje de Annan, la Canciller María Eugenia Brizuela responsabilizó al FMLN de sabotear el acto "asustando a la comunidad internacional con sus planteamientos". Dirigentes del FMLN habían viajado a Nueva York a hablar con Annan para explicarle su posición. En sus declaraciones, la Canciller mezcló información con argumentos poco serios, como cuando afirmó que ella "había trabajado por reparar el daño causado al país por el FMLN por la quema de la bandera de Estados Unidos y el respaldo dado públicamente a Osama Bin Laden", refiriéndose a los confusos hechos ocurridos el 15 de septiembre del pasado año en los que un grupo de simpatizantes del FMLN participó en actos de repudio al gobierno de Estados Unidos.

Con la cancelación de la visita de Annan, el gobierno también suspendió el acto. Ya no le interesa. El único sentido que daba a esta ceremonia era aprovechar la presencia del Secretario General de la ONU para dar por terminado el cumplimiento de los acuerdos de paz, desembarazándose así de un compromiso que ya le resulta demasiado incómodo e irritante, y aprovechar la llegada de un funcionario internacional de primer nivel para crear una imagen mediática favorable al gobierno de Flores, presentándolo como merecedor del respaldo internacional.

La realidad se impuso sobre la imagen

En este caso, las imágenes ya calculadas y preparadas no podrán ocultar la realidad. Y la realidad es que diez años después de la firma de los Acuerdos de Paz no se han superado muchas de las causas que generaron el conflicto armado. Los déficits sociales que provocaron la guerra han seguido y siguen acumulándose. Casi la mitad de la población continúa percibiendo ingresos inferiores al costo de la canasta básica de consumo. Se mantiene elevado el porcentaje de la población que presenta graves carencias en salud, nutrición, educación, vivienda acceso al agua potable y al saneamiento. El Salvador presenta una de las desigualdades más altas del mundo en la distribución del ingreso. El 20% más rico de la poblaciónpercibe, en promedio, ingresos 18 veces más altos que el 20% más pobre.

"La paz no cambió lo fundamental"

De estas realidades habla la población, especialmente la población rural, la que más sufrió con la guerra, que siente decepción y frustración. Aunque no puede dejar de reconocerle algunos logros de la paz, Pablo Alvarenga, líder comunitario de Cinquera también conocido como "Don Lito", expresa lo que es el sentir de muchos: "Con los acuerdos de paz hay algunos cambios que tenían que haber sido grandes, pero con el amañamiento se han ido reduciendo. Antes de la guerra había un gran control sobre nuestra vidas. Hoy podemos reunirnos y decir lo que pensamos, aunque para los oídos sordos de las autoridades, que no quieren escuchar. El cambio principal es que ya no hay represión. Dejamos de ser nómadas en nuestra propia tierra. Este cambio tiende a desvanecerse y a no ser apreciado por las nuevas generaciones. Pero también está el otro pero... Antes del año 1978 vivíamos una miseria horrorosa. Después de los acuerdos de paz nos han acorralado en lo económico con el neoliberalismo. Lo que producimos nosotros cada vez tiene menos valor. La paz no cambió lo fundamental, la estructura quedó intacta. Y esa estructura hace que todo vuelva a ser como antes: vivimos en la pobreza".

"Ahora hay población y hay producción"

Es más optimista la perspectiva de dos mujeres de Arcatao -también zona de guerra-, una mayor y otra joven. Rufina Romero y Evelia Sánchez. Dice Rufina, de 55 años: "Para mí los acuerdos de paz sí nos han dejado algo. Por ejemplo, la expresión de la mujer se ha mejorado. Antes no teníamos la oportunidad de hablar. Después de los acuerdos también pudimos tener acceso a los municipios. En los tiempos de guerra Arcatao estaba sin nada, ahora en todos los cantones hay población y producción. Ahora los alcaldes se dan a conocer con las comunidades y no como antes, que eran indiferentes, no nos tomaban en cuenta. Ahora sí nos dan la oportunidad de participar, por lo menos así es en los municipios de Chalatenango".

Y dice Evelia, de 19 años: "Los acuerdos fueron buenos porque evitaron que más gente siguiera muriendo. Para el tiempo de la guerra, según me cuentan mis padres, no se podía vivir con tranquilidad. Las autoridades de ese tiempo no entendían de otra cosa que no fuera matar. Yo lo poco que me acuerdo es que andábamos de arriba para abajo. Eso por lo menos ya no existe. Que se terminara esa situación fue bueno para todos los que vivíamos en esta zona".

Marzo glorioso con sangre de mártires

El 24 de marzo es la otra fecha importante en este denso marzo salvadoreño. Esta fecha en El Salvador es desde hace 22 años una fecha histórica, y no lo comenzará a ser este año porque el Presidente de los Estados Unidos haya decidido volver la vista hacia América Latina y escoger a El Salvador para acercarse a Centroamérica tras la tragedia del 11 de septiembre.

El 24 de marzo ocupa un lugar central en nuestra historia porque ese día fue asesinado el pastor, hermano y amigo del pueblo Monseñor Oscar Romero. Lamentablemente, el Arzobispo de San Salvador Fernando Sáenz Lacalle, anunció que por la llegada de Bush las actividades oficiales de la Iglesia Católica en memoria del obispo mártir se trasladaban al 23 de marzo.

Más de veinte años después de aquel espantoso asesinato, la jerarquía católica y los medios de comunicación buscan pasar a Monseñor Romero a un segundo plano. Como en aquellos años, cuando sus homilías -denuncia, profecía y esperanza- intentaron acallarse por muchas vías, también por la violencia.

En marzo, los salvadoreños tampoco olvidan al padre Rutilio Grande, asesinado en El Paisnal hace 25 años. Desde el 1 de marzo la Alcaldía Municipal de El Paisnal, la Iglesia y las comunidades cristianas recordaron a aquel cura bueno que al ser matado influyó tanto en que Monseñor Romero se decidiera a ponerse del lado de la vida y a denunciar la represión gubernamental. Hace 25 años, Rutilio Grande reclamaba así en sus homilías: "Queremos ser la voz de los que no tienen voz para gritar contra tanto atropello contra los derechos humanos. Que se haga justicia, que no se queden tantos crímenes manchando a la patria, al ejército. Que se reconozca quiénes son los criminales y que se dé justa indemnización a las familias que quedan desamparadas".

Soñando con el país de las maravillas

En su tiempo, Rutilio Grande denunció graves injusticias que aún no han sido superadas. Injusticias de una realidad de grave subdesarrollo que los medios tratan de decorar con imágenes. Cuando se conoció que Bush visitaría El Salvador en su gira latinoamericana, los miembros del gobierno y los líderes de la gran empresa privada se pusieron a soñar.

El primer paso lo dio el Presidente Flores, quien corrió a Washington a coordinar en la Casa Blanca con la asesora de seguridad del gobierno de Estados Unidos Condolezza Rice la agenda de la visita. Y la prensa salvadoreña comenzó a difundir "análisis" como el que tituló así: "Presidente encuentra alma gemela". Se refería a la reunión de Flores con Rice. "Condolezza Rice y Francisco Flores -comentaban- encontraron cosas en común. Ambos nacieron en hogares de clase media alta y sus padres se esforzaron, desde la infancia, en darles la mejor educación que su dinero podía comprar".

Desde ese momento los sueños y las alegres cuentas "de la lechera" no han cesado. Las primeras proyecciones gubernamentales sobre el impacto que tendría la firma de un TLC con Estados Unidos hablan de un país de las maravillas. Se menciona la generación de por lo menos 250 mil empleos en los primeros cinco años de vigencia del acuerdo, se dice que se triplicarán las exportaciones nacionales, y se atraerán inversiones por 5 mil millones de dólares. Flores ha sentenciado que el TLC representa "una nueva era de prosperidad económica para El Salvador".

"Más cocineros pueden arruinar la sopa"

También sentenció el Presidente: "Mas cocineros pueden arruinar la sopa". Y fue una sentencia tajante. Flores ha descartado que alguien más que "los actores principales" se involucren en la negociación. Para él son tres estos actores: los negociadores comerciales del gobierno, los miembros de la gran empresa privada y el sector laboral.

Es una nueva expresión de una política autoritaria y de exclusión, esencia misma de la política de gobierno del partido ARENA. Los "cocineros" que deben quedar fuera para no "arruinar la sopa" son muchos. Son todas las instancias y organizaciones sociales y ciudadanas, con las que deberían de proponerse y generarse procesos de consulta amplios que permitan analizar las ventajas y los problemas de un acuerdo comercial entre una región sumamente empobrecida y la primera potencia económica del planeta.

Para el presidente Flores el TLC sólo tiene ventajas: "Generará más empleos en todas las áreas, no solo en la industrial; habrá un mercado en el que los salvadoreños en Estados Unidos podrán comprar productos salvadoreños; se estimulará la economía nacional; se fomentará la competencia y la calidad entre productores y productos; la generación de trabajo beneficiará sobre todo a las mujeres en el área textil; y el acuerdo ayudará a combatir la pobreza en el área rural". El país de las maravillas.

La agenda debe abrirse

Dada la trascendencia que tendrá para Centroamérica la firma del TLC con Estados Unidos es fundamental que desde ya se empiecen a discutir aspectos sustanciales. La incorporación de una agenda social que asegure, entre otros los derechos de los trabajadores. Se trata de una cuestión clave, puesto que para los gobiernos y para los negociadores del TLC "la competitividad" de nuestros países está basada fundamentalmente en ofrecer a los extranjeros "mano de obra barata". También, la cláusula medioambiental, que asegure que este "libre comercio" no terminará con los pocos recursos naturales con los que cuenta la región, especialmente El Salvador, uno de los países más devastados ecológicamente en el continente. También deben analizarse en el TLC, como aspectos esenciales, acuerdos migratorios y derechos de la mujer, pues son mujeres las trabajadoras mayoritarias en las maquilas.

Sólo con un poderoso movimiento social

Tal como están hoy las cosas en El Salvador no se avizoran razones que fundamenten que el gobierno salvadoreño privilegiará la lógica del bienestar y de la calidad de vida de la población sobre las dinámicas y la lógica del comercio. El gobierno de ARENA no parece entender que el TLC es un medio y no un fin. Y que no se puede anteponer la libertad de comercio a la libertad de las personas, ni el bienestar de unas empresas al bienestar de la sociedad, ni la realización de las ganancias a la realización del ser humano.

Habría que hacérselo entender. Pero si no se logra organizar un movimiento social fuerte, con capacidad de presión y de movilización política, que pueda desarrollar campañas centroamericanas de incidencia, el TLC se nos impondrá con la lógica del capitalismo salvaje, con las salvajes consecuencias que ya nos podemos imaginar.

Más que nunca, los centroamericanos necesitamos estar informados y unidos, para crear, potenciar o forzar espacios donde participar, y así contribuir a que el imparable TLC esté inserto dentro de una estrategia regional de desarrollo político social con visión de largo plazo, que enfrente las profundas brechas sociales, territoriales y de ingresos que arrastramos en nuestras historias.

¿Será mucho soñar, pensar, que la coyuntura centroamericana de los próximos años estará marcada por la organización de ese poderoso movimiento social en respuesta al TLC?

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