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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 228 | Marzo 2001
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Nicaragua

El "casting" para la película electoral

¿Habrá aún tiempo y espacio, voluntad y poder de convocatoria, para construir una alternativa al bipartidismo del pacto? Si no es así, nos acercamos, peligrosamente, al "no hay por quién votar" y a la violencia.

Equipo Nitlápan-Envío

Tras un diseño inicial del guión de la película electoral, realizado entre diciembre y enero, los meses de febrero y marzo se ocuparon en el casting: confirmación de algunos papeles estelares y una intensa búsqueda de protagonistas, papeles secundarios, actores de reparto, confiando en mantener cautiva a la crew, a esas gentes anónimas que yendo y viniendo sirven de telón de fondo o de coro.

Aunque todavía no está concluida la tarea de selección y contrato de todos los actores, el tiempo corre y apremia: el Consejo Supremo Electoral (CSE) anunció ya el calendario electoral que concluirá con las elecciones del domingo 4 de noviembre. En mayo los partidos y alianzas que participarán deben entregar las firmas de respaldo que exige la ley. En julio deben quedar inscritas las fórmulas presidenciales y las listas de diputados de los competidores.

El cebo

Por más que el Presidente Alemán no pierde ocasión de declarar que el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) lleva una fórmula presidencial de lujo (Enrique Bolaños-José Rizo), los liberales temen enfrentar solos la poderosa maquinaria electoral del FSLN. No pueden dejar de reconocerle a quienes son sus aliados en el pacto y sus rivales en las urnas una probada y organizada habilidad maliciosa ante la que no será suficiente ningún "lujo"... ni ninguna observación especializada en detectar "fraudes".

No querían tampoco los liberales que el Partido Conservador (PC) compitiera solo, restándole así una buena cantidad de votos antisandinistas que podrían hacer la diferencia entre una derrota o una victoria del PLC. La posibilidad de que Violeta de Chamorro participara en las elecciones como candidata presidencial de una gran alianza alternativa a alemanistas y danielistas, introdujo más temor en las filas del PLC. Los liberales se dedicaron a ensalzar los méritos de doña Violeta sugiriéndole que "como dama símbolo de la democracia no desgastara su prestigio entrando de nuevo en política", a la vez que insistían en la alianza con los conservadores. Para alentarla, ya habían seleccionado a Enrique Bolaños, hasta ayer conservador, para el protagónico papel de candidato presidencial.

La falta de financiamiento para llevar adelante una campaña electoral solos -la alianza Pellas-Alemán ha cortado los fondos al PC-, las ambiciones políticas y un persistente antisandinismo ablandaron al PC, acercándolo a la propuesta del PLC: ir juntos en una misma casilla en una alianza que aglutinara el voto antisandinista -se empeñan en llamarlo el "voto democrático"-, recibiendo a cambio varias candidaturas seguras en las listas de diputados, y promesas de cargos en el gabinete de gobierno y en embajadas. La posibilidad de la alianza tuvo un mayoritario rechazo de la opinión pública -como lo demostraron varias encuestas- y dividió al ya dividido Partido Conservador. Un grupo, consciente de que una alianza con el PLC -dominado por Alemán a pesar de la candidatura de Bolaños- sólo confirmará su tendencia "zancuda" y sepultará por un buen tiempo la posibilidad de que el partido renazca.

Otro grupo, el de los más oportunistas y recientes en el partido, mordiendo la roja manzana. Fue en esta difícil coyuntura, y buscando conservar la popularidad tan inexplicablemente acumulada, que Pedro Solórzano -el forrestgump criollo, uno de los actores más cotizados- renunció a actuar y dejó la presidencia del PC, nada menos que para ir a caer, días después, en pláticas con Alemán, en busca de un papel de estrella en la trama electoral liberal, desde la que poder garantizar la trama económica Pellas-Alemán.
El PC en pleno se decidió por un camino intermedio que no significara decir ni sí ni no a Alemán. Tratando de ganar tiempo, presentaron una contrapropuesta a los liberales: habría alianza PC-PLC si antes de la alianza -y antes de las elecciones- había una reforma electoral profunda.

La condición

La Ley Electoral surgida del pacto Alemán-Ortega ha sido cuestionada nacional e internacionalmente por sus objetivos excluyentes, reñidos con el pluralismo político y con la democracia. La Ley fue diseñada como una carrera de obstáculos insalvables para descalificar a partidos, alianzas y candidatos. Varias encuestas han demostrado los altos porcentajes de consenso que la reforma electoral tiene entre la ciudadanía. Los conservadores supieron elegir: abanderar la reforma electoral ante los liberales los prestigiaba como políticos con visión nacional, y como la reforma era un tema tan complejo les serviría durante semanas como test del margen de maniobra que tenían con los liberales.

La propuesta de los conservadores suponía un cambio sustancial de la Ley. Entre las reformas más significativas estaba eliminar la bipartidización de los Consejos Electorales regionales, departamentales y municipales y los de todas las juntas receptoras de votos. También pedían que se restauraran las asociaciones de suscripción popular y que todos los partidos que habían perdido su personería jurídica por las arbitrariedades del CSE la recuperaran.

Por profunda, la propuesta de reforma era prácticamente inviable. No sólo por las dificultades de aglutinar, en la actual dispersión parlamentaria, la mayoría cualificada necesaria para aprobarla en la Asamblea Nacional (57 votos), sino por la presión de un calendario electoral que se echa encima y complica los cambios, facilitando excusas para no hacerlos. Sin embargo, con voluntad política la reforma era posible. La hacían imposible las voluntades de los políticos que diseñaron la Ley -liberales y sandinistas- precisamente para sacar ventaja de su carácter excluyente.

Lazo roto

Durante semanas se especuló sobre si las reformas llegarían o no a la Asamblea Nacional, si llegadas se aprobarían o no, si tantos o cuántos votos las respaldarían, si los liberales aceptarían unas reformas y otras no, si los conservadores estaban demandando solamente las reformas o buscaban "algo más", si los conservadores estaban ganando tiempo o si eran los liberales los que buscaban hacérselo perder, desprestigiando a sus dirigentes al embarcarlos en una tarea estéril y desgastando al partido, exhibidas ante la opinión pública sus pugnas internas.

Para evitar más desgastes, el PC puso al PLC un plazo fatal para decidir sobre las reformas: 4 de marzo. El Presidente Alemán designó una comisión de juristas liberales para estudiar las reformas. El 1 de marzo los especialistas en interpretar leyes -y en interpretarlas según la voluntad presidencial- dictaminaron que las reformas propuestas por los conservadores eran inviables por contradecir la Constitución. El 2 de marzo, y tras una votación de sus directivos de 15 contra 8, el PC anunció que toda posibilidad de alianza con el PLC terminaba.

Tras rechazar la alianza con el PLC, el PC tenía la posibilidad de competir solo en su casilla con sus propios candidatos y algunos aliados "chiquitos". O podía transformar su casilla verde en una "casilla universal" y multicolor agrupando a partidos, grupos y personalidades políticas que adversan el pacto Ortega-Alemán y que fueron sacados del set de filmación por decisiones arbitrarias del CSE. Las fisuras en el Partido Conservador se ahondaron. Tras negarse a hacer reformas a la Ley Electoral, el Presidente Alemán explicó, risueño, que la alianza que había buscado el PLC no era exactamente con el Partido Conservador sino con la familia conservadora, dejando claro que el objetivo de su iniciativa no había sido otro que dividir a esa familia. Lo consiguió.

Epidemia

Los dirigentes del Partido Conservador jugaron un papel determinante en la desnaturalización del Movimiento Patria en 1999. Posteriormente, jugaron un papel fundamental en la destrucción de la Tercera Vía, que iba a participar en las elecciones municipales buscando construir una alianza nacional, alternativa y representativa del centro-izquierda, sumando al sandinismo crítico del FSLN y de su actual dirigencia. El Partido Conservador logró participar en las elecciones municipales sólo por las presiones internacionales y con el apoyo mañoso del FSLN, pero después de obtener este "privilegio", fue incapaz de acoger en su casilla una alianza amplia y representativa, dedicándose a un discurso antisandinista, tan simple como desfasado. El Partido Conservador ha demostrado padecer de las mismas tendencias hegemonistas y excluyentes de los dos partidos pactistas.

La carta

Este historial y la indiscutible ambigüedad que generaban las conversaciones PC-PLC, alejaban la posibilidad de que Violeta de Chamorro se decidiera a encabezar una gran alianza de tercera vía.


El 8 de febrero, la ex-Presidenta Chamorro envió un mensaje a los medios de comunicación, en el que daba a entender que existía la posibilidad de que aceptara la candidatura presidencial del PC si éste hacía de su casilla la casilla universal de una gran alianza antipacto.

Lo más significativo de este mensaje eran las palabras que dirigía al PC: El Partido Conservador, que es el único que tiene personería jurídica, tiene la gran oportunidad histórica para, en un acto de generosidad patriótica, ofrecer su casilla sin condiciones de ninguna clase para lograr la gran unidad antipactista. Esta actitud generosa y sin condiciones del PC era la condición que doña Violeta ponía para empezar a pensar en la posibilidad de participar como candidata. Esto no sucedió, y durante un largo mes expectante no hubo señas de que fuera a suceder.

Con honores

El 7 de marzo, a pesar de que una encuesta de la UCA la perfiló como potencial ganadora de los comicios, venciendo a Bolaños y a Ortega (ver página 11 de este mismo envío), doña Violeta declinó -¿definitivamente?- la candidatura presidencial que los directivos del PC llegaron a ofrecerle. Me lo dicta el corazón, dijo. Esa noche, en los cuarteles del PLC y el FSLN las cúpulas respiraron: ninguna prima donna haría sombra a sus estrellas.

Tampoco tendría el PLC que verse enfrentado a la ingrata tarea de inhibir a doña Violeta. Ya estaban dispuestos. Ya tenían lista y afilada la excusa que cercenaría esta posibilidad: nada menos que el Presidente Alemán advirtió que, según los Estatutos del PC, para ser candidato presidencial del partido se requiere ser miembro activo del mismo al menos durante un año antes de la inscripción. Y como doña Violeta no cumplía este requisito, podría no quedar libre de ese ácido con que el pacto castiga a cualquier líder político que pretenda saltar los obstáculos impuestos a la participación política.

El 8 de marzo, Violeta de Chamorro escribió una carta a la nación en la que explica por qué declinó la candidatura que le ofreció el Partido Conservador. Reafirmaba que Nicaragua necesita una tercera alternativa que se imponga al sistema corrupto que han establecido los dos caudillos pactistas. Daba una única razón para declinar, una razón obvia, visible y lamentable: Propuse a los dirigentes conservadores y a todas las fuerzas políticas que favorecen la unidad, trabajar sin descanso y deponer los intereses partidarios para conformar la ansiada unidad... Veo con preocupación que dicha unidad no se ha concretado. Y volvía a advertir al PC: Si un partido sigue actuando solo, o se encierra en su propio círculo en una alianza pequeña y limitada, dejando por fuera a otras fuerzas, no conseguirá convertirse en la esperanza democratizadora que tanto necesitamos en este momento crucial.

Tijeras

El principal promotor de la candidatura presidencial de Violeta de Chamorro fue, desde enero, incluso ostentosamente, el ex-General del Ejército Joaquín Cuadra, dirigente del excluido Movimiento de Unidad Nacional (MUN). El notable papel protagónico de Cuadra en esta etapa del casting -imposición de agenda y calendario a los conservadores, declaraciones diarias presionándolos- causó rechazos y contradicciones en las filas del PC y justificadas suspicacias en muchos sectores -desmedido afán de protagonismo de Cuadra, conocidos vínculos del ex-General con Daniel Ortega-. A pesar de todo, parecía que la actuación de Cuadra contaba con la simpatía de la propia doña Violeta, que habría confiado al ex-militar sandinista y amigo el actuar con beligerancia para acelerar las decisiones de unidad indispensables para que ella se decidiera a arriesgar su prestigio en una nueva aventura política.

El rechazo a la actuación de Cuadra no es suficiente para explicar el rechazo consistente del PC a incluir al sandinismo en una alianza nacional de tercera vía. Este antisandinismo es incompatible con una visión nacional, con el proyecto de quienes se dicen "preocupados por la nación". La nación nicaragüense ni se entiende ni se puede asumir sin tener en cuenta al sandinismo. Enfrentar al FSLN en nombre de "la democracia", sin hacer una distinción entre sandinismo y FSLN, sólo contribuye a mantener en la impunidad al antidemocrático alemanismo. Los líderes conservadores sólo hablan de que "no vuelva la noche oscura" del sandinismo. Con la misma insistencia debían hablar de que "no continúe el día sombrío" del alemanismo. La historia reciente de Nicaragua debe ser reinterpretada honesta, crítica y ponderadamente si de veras se quiere trabajar por un proyecto de nación. En este repaso histórico es indispensable separar el sandinismo del actual FSLN. Es un dato inexcusable de la realidad nacional que el sandinismo no está únicamente representado en el FSLN y en su corrupta dirigencia.

Decepción

El 25 de febrero, exactamente once años después de que en 1990 reconociera su derrota electoral frente a Violeta de Chamorro, Daniel Ortega fue ratificado como candidato presidencial del FSLN. Los más de 700 congresistas del partido rojinegro ratificaron también, sin ningún debate, todas las candidaturas para diputados surgidas de la cuestionada -por su falta de transparencia- consulta interna del FSLN celebrada un mes antes.

La candidatura de Daniel Ortega fue tema de debate hasta el último momento, ya no tanto entre la opinión pública nacional y no sandinista, que daba por segura su ratificación en el Congreso, sino por un sector del FSLN. En vísperas del Congreso, una docena de militantes del FSLN -algunos pertenecientes a la Dirección del FSLN como Víctor Hugo Tinoco, otros vinculados a la Izquierda del FSLN como Mónica Baltodano, y otros independientes de cualquier corriente como Vilma Núñez- hicieron público un documento titulado El camino hacia la victoria, en el que afirmaban -en clara alusión a Daniel Ortega-: La mayoría estamos insatisfechos con la conducción del partido y cuestionamos un liderazgo desgastado por sus erráticas decisiones, sus actuaciones reñidas con la ética, y la incoherencia de sus acciones políticas. Los firmantes hacían varias propuestas al Congreso: un debate para hallar otro candidato presidencial, la inclusión de candidatos a diputados representativos de todas las corrientes de opinión existentes en el FSLN y en el sandinismo y representativos también de los aliados, y la búsqueda de una gran alianza patriótica en torno a un programa realmente democrático y popular.

El documento tuvo mucho eco en los medios de comunicación y un nulo impacto entre los congresistas, que acudieron a este evento seleccionados de antemano con procedimientos calculadamente antidemocráticos para convertir el Congreso en un acto de entusiasta anticipación de la victoria del FSLN y especialmente, de exaltación de Daniel Ortega.

Cuestión de fe

Daniel Ortega teme ser "gallo perdedor" por tercera vez, tanto se lo han repetido sus adversarios. A falta de gallardía para declinar su candidatura, ha decidido enfrentar el riesgo con fe, con una fe religiosa. Nicaragua unida es la tierra prometida, con Daniel Presidente un futuro refulgente fue una de las consignas que se estrenó en el Congreso, mientras Managua se llenaba de mantas con flores y otras consignas. Como ésta: ¡El pueblo adelante, Dios mediante! O esta otra: Juntos somos la vida, ¡juntos somos la Tierra Prometida! La canción de campaña, que también se estrenó ese día, sirviendo de fondo a todo el discurso de Ortega en el Congreso, tiene ritmo de espiritual negro propio de sesiones de "sanación". Con el estribillo ¡Ojalá!, el argentino Piero desliza su suave voz para presentar al electorado un inédito "programa": Necesito siempre ir de la locura a la paz, de la oscuridad a la luz, de lo irreal a lo real...

Se anuncia así una campaña muy sincrética: propaganda espiritual, seudorreligiosa, para captar votos, y tácticas militares y de la extinta seguridad del estado para "defenderlos". En un país tan empobrecido y sin brújula como es hoy Nicaragua, este sincretismo podría rendirle una abundante cosecha de votos al FSLN durante la larga campaña electoral de 75 días con que el país será acosado y abusado por la clase política.

La crisis

La candidatura presidencial del FSLN no admitió ningún debate. Sí hubo debate en torno al nombre del elegido para ser compañero de fórmula de Daniel Ortega como candidato a Vicepresidente. Durante semanas, el nombre más escuchado para asumir este papel estelar en el reparto rojinegro era el ex-Contralor Agustín Jarquín, que firmó una alianza o convergencia electoral -la llama nueva mayoría- entre la Unidad Socialcristiana y el FSLN para las elecciones municipales del 2000, a cambio -se supo después- de esta candidatura vicepresidencial y de varias -¿siete, cinco, tres, dos, alguna?- candidaturas a diputados para otros dirigentes socialcristianos. A cambio también -se sabía desde el comienzo- de que el FSLN asumiera un plan de gobernabilidad que desde hace unos meses había estado elaborando Agustín Jarquín.

Mientras Jarquín se afianzaba como el más seguro de los candidatos a Vicepresidente, el FSLN venía ampliando el elenco de sus aliados en la convergencia electoral: los evangélicos del Movimiento de Unidad Cristiana (MUC); el banquero Álvaro Robelo que trajo consigo el "sello" del partido que fundó en 1996, Arriba Nicaragua; una fracción del Partido de la Resistencia, y un grupo de políticos costeños con Steadman Fagoth a la cabeza.

¡Bye, bye..!

En vísperas del Congreso se amplió el debate sobre los papeles secundarios que acompañarían a Ortega en su papel protagónico: no sólo quién sería Vicepresidente sino si el FSLN abriría o no las listas de sus diputados a sus aliados: cuántas candidaturas darles, por qué dárselas, si las habían pedido de antemano o no, si las merecían, por qué las querían y, especialmente, a quiénes de los electos en la Consulta Popular del FSLN habría que sacar de las listas para darles sitio a los aliados...

Contar con candidaturas a diputaciones -las primeras de las listas, que son las seguras ganadoras-, para obtener después un escaño en la Asamblea Nacional, es una aspiración natural de cualquier político, que sabe que esta función le proporciona espacios de debate y de decisión fundamentales para concretar iniciativas legislativas y sacar adelante un programa político, que sabe que este cargo, fundamental en una democracia representativa, le permite realizar su vocación de servidor público. Contar con estos espacios es también, en un país como Nicaragua, tener uno de los empleos más cotizados: por su alto salario, por los privilegios concomitantes, y por los vínculos que para viajes y para futuros -o paralelos- negocios, obtienen quienes acceden a la Asamblea Nacional. No es fácil renunciar a la posibilidad de ser diputado ni tampoco es fácil dejar de aspirar a serlo.

Quienes más insistían en obtener diputaciones eran los socialcristianos del grupo de Jarquín. El debate fue tenso, pasó del ámbito de las reuniones a puerta cerrada a los medios, y se prolongó demasiado. En este proceso, la imagen de quien como Contralor de la República fuera ejemplo, nacional e internacional, de coherencia y honestidad, se deterioró aun más de lo que ya lo estaba por su inexplicable alianza con el FSLN. No está de más recordar que al decidirse por esta alianza, en septiembre 2000, Jarquín afirmó reiteradamente que nunca aceptaría ir en fórmula con Daniel Ortega. Por no contar éste con suficiente aceptación más allá de los simpatizantes de su partido, y por considerarlo un candidato perdedor.

El debate cambió de rumbo cuando Daniel Ortega reafirmó días después del Congreso que los únicos candidatos a diputados que llevará el FSLN en sus listas serán los militantes ya electos en la Consulta Popular, todos ellos conocidos por su lealtad al danielismo. Advirtió Ortega que para los socialcristianos y otros aliados quedarían solamente cargos en un futuro gobierno si el FSLN ganaba. También anunció que en abril se sabría quién sería su compañero de fórmula, advirtiendo que había ampliado el repertorio, no descartando a ningún dirigente político o empresario para jugar este papel. Se habló del liberal Alvarado, del conservador Solórzano, del empresario Manuel Ignacio Lacayo, del inclasificable Álvaro Robelo... Estamos haciendo gestiones en diversas direcciones y no podemos descartar a nadie, dijo Ortega, colocándose él mismo al frente del casting.

La pregunta

La evidente torpeza con que los dirigentes del FSLN se manejaron en el Congreso, el triunfalismo que caracterizó este evento, la exhibición de intolerancia que mantienen a pulso, las declaraciones poco respetuosas sobre los aliados del FSLN, el discurso agresivo y lleno de retórica vacía de Tomás Borge y de Daniel Ortega en el Congreso, plantean la pregunta de por qué el FSLN insiste no sólo en no cambiar sino en hacer ostentación de que no ha cambiado y de que no piensa cambiar, por qué insiste en asentar tan neciamente el miedo que provoca en sectores nacionales e internacionales su regreso al gobierno con Ortega a la cabeza.

Una respuesta es que aun cuando Daniel Ortega juega para ganar, otro sector del FSLN podría estar jugando para perder: no les interesa estar al frente del Ejecutivo en un país tan inviable como éste, pero sí les interesan las diputaciones, desde las que pueden conservar importantes espacios de poder político y económico ya pactados, y acceder a nuevos. Por eso no quieren compartirlas con ningún aliado. Otra respuesta, que suena más veraz, para explicar la exhibición de arrogancia de la que hacen gala los dirigentes del FSLN tiene que ver con la seguridad de victoria con que cuentan gracias al bien entrenado aparato electoral que han organizado y que ya probó su eficacia en las elecciones municipales.


Pólvora verde

El segmento de la "familia conservadora" que no pactó con el PLC decidió participar en las elecciones formando "otra" alianza liberal-conservadora distanciada del corrupto entorno alemanista: la fórmula Vidaurre-Alvarado. El dirigente conservador Noel Vidaurre -muy controversial dentro del PC por su afán protagónico y con serias dificultades para abrir el PC a una alianza pluralista por su afán hegemónico- venía trabajando, incluso desde antes del pacto Alemán-Ortega, por su candidatura presidencial. Últimamente, continuó con beligerancia ese trabajo al interior del PC para sacar adelante su opción e imposibilitar la de doña Violeta. Por su parte, José Antonio Alvarado, el gran disidente del PLC, fundador del excluido PLD, estuvo activo trabajando -reuniones en su casa, declaraciones en los medios, búsqueda de fondos, visitas a diplomáticos-, tanto por hacer realidad la casilla universal presidida por doña Violeta como por sacar adelante la alianza con Vidaurre.

La participación del PC en las elecciones no significa que competirá una opción de tercera vía. El voto del PC no supera un limitado centro-derecha. Aunque la fórmula Vidaurre-Alvarado no es ganadora, le conviene mucho al FSLN porque restará votos antisandinistas y liberales al PLC. El carisma de Alvarado entre un sector del PLC está probado. Sin embargo, se trata de una fórmula muy frágil. Alvarado fue "inhibido" desde hace meses por el Presidente Alemán, que buscó "demostrar" que no tenía convenientemente legalizada su nacionalidad nicaragüense y por tanto, estaba inhibido para optar a cualquier candidatura para cargos públicos. Y aunque después Alvarado obtuvo un triunfo jurídico cuando le fue aceptado un recurso de amparo contra esta caprichosa trama, el Presidente Alemán, ignorando ese amparo declaró: ¡Que se presente como candidato, que vamos a inhibirlo!

Búsqueda frenética

En los 45 días de este febril y vertiginoso casting, la casilla electoral del partido Camino Cristiano (CC) -casilla segura que no requiere presentar firmas- también estuvo, al menos por unos días, disponible para ser transformada en la casilla universal antipacto. Pero la dirigencia de este partido evangélico ha sido tan ambigua, y sus diputados han estado durante los años de gestión de Arnoldo Alemán tan al servicio del proyecto liberal, que no garantizan solidez para un proyecto pluralista de este tipo. La dirigencia del CC no tiene poder de convocatoria para unir a tantos grupos dispersos. Sin embargo, es tan sorprendente el casting electoral en Nicaragua, que los dirigentes del CC declararon haberse reunido, para recibir insumos y sugerencias, nada menos que con representantes de 24 organizaciones políticas...

Lo más probable es que Camino Cristiano, como el Partido de la Resistencia que conserva los sellos de esta agrupación, concurran a las elecciones en alianza con el PLC, como ha anunciado insistentemente el propio Presidente Alemán. A cambio, dirigentes de ambos partidos entrarían en las listas de diputados del PLC y ambos partidos conservarán sus personalidades jurídicas.

¿Violencia en las calles?

Tres presidenciables aparecieron en el escenario: Bolaños, Ortega y Vidaurre, siendo Ortega el único realmente inamovible. Los papeles para vicepresidenciables quedaron pendientes. Como en este film no parecen contar mucho los principios, sino los finales, todo puede suceder. Incluso un sí de doña Violeta. Hasta ahora, la trama de la película promete poco suspense y anuncia tal vez un final con mucha violencia. El PC solo, con Vidaurre o con otro, no puede ganar, pero sí puede evitar una victoria del PLC con suficiente margen sobre el FSLN.

A Ortega le favorecen la participación del PC y la abstención que motivará la falta de una alternativa de tercera vía. El techo del voto cautivo del FSLN lo acerca más a una victoria apretada con el PLC que a una victoria con amplio margen. Tras una campaña que será prolongada, agresiva y polarizada, la posibilidad de una victoria del FSLN o del PLC con un virtual "empate técnico" podrían colocar al país ante el abismo de la violencia.

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