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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 228 | Marzo 2001
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Nicaragua

¿Por quién votar? Una encuesta crucial

Tres semanas antes de que declinara ser de nuevo candidata a la Presidencia, encabezando una gran alianza alternativa al PLC y al FSLN, esta encuesta de IDESO-UCA le daba a Violeta Barrios de Chamorro el triunfo electoral en primera vuelta el 4 de noviembre.

Equipo IDESO-UCA

Las elecciones de noviembre 2001 se anuncian polarizadas. Dos figuras muy polarizantes de ese pasado que Nicaragua necesita superar, Enrique Bolaños y Daniel Ortega, dominan el escenario. El mes de febrero se caracterizó por la búsqueda, calculada y ansiosa, de una alternativa despolarizante, de una opción que reduzca el alto abstencionismo que caracterizó las elecciones municipales, de una alianza contra el bipartidismo impuesto por el pacto PLC-FSLN.

A mediados de febrero, cuando el Partido Conservador había puesto como condición al Partido Liberal Constitucionalista la reforma de la excluyente Ley Electoral para hacer una alianza PLC-PC que enfrentara al FSLN, y cuando estaba en alza la posibilidad de que la ex-Presidenta Violeta Barrios de Chamorro se lanzara, bajo la bandera verde, como candidata presidencial de una gran alianza nacional multicolor para enfrentar al PLC y al FSLN, precisamente entonces, el Instituto de Encuestas y Sondeos de Opinión (IDESO) de la Universidad Centroamericana (UCA) realizó (17-18 febrero) una encuesta entre 600 managuas en edad de votar.

La encuesta demostró que los managuas querían una reforma de la Ley Electoral y andaban buscando una candidatura que les permita escapar a la camisa de fuerza bipartidista impuesta por el PLC y el FSLN, un candidato con honestidad, vocación de servicio y capacidad por quien valga la pena votar, lo que no parecen encontrar en el reducido menú electoral elaborado por el pacto. Así pueden resumirse los resultados de la encuesta de IDESO, que buscó conocer la opinión de los capitalinos sobre las reformas a la Ley Electoral y sobre las candidaturas a la Presidencia de la República. La encuesta tiene un margen de error de 4% y una confianza del 95% para la estimación de los principales parámetros. Aunque los resultados de esta encuesta no son extensibles mecánicamente a todo el país, no dejan de ser significativos: la población de Managua representa el 25-29% del electorado nacional y concentra un 42% de la población urbana del país.


Rechazo al bipartidismo: una constante con diversas expresiones

Antes, durante y después de las elecciones municipales de noviembre del 2000, el electorado nicaragüense ha dado muestras bastante claras de buscar opciones electorales que no sean ni el PLC ni el FSLN. Los distintos sondeos de opinión que diferentes firmas o institutos de encuestas realizaron antes de las elecciones municipales mostraron con- sistentemente esta tendencia. En una encuesta que IDESO-UCA llevó a cabo en todo el país dos meses antes de las elecciones de alcaldes, el 46% de la población entrevistada manifestó que su inclinación por el abstencionismo obedecía a la falta de credibilidad del sistema electoral y de las ofertas partidarias existentes.

A quienes "no creen" en las encuestas pre-electorales, los resultados de las elecciones municipales les evidenciaron que un significativo sector del electorado no se sintió representado ni en el PLC ni en el FSLN. Según el Consejo Supremo Electoral (CSE), la tasa de abstencionismo en las elecciones fue del 44.2%, porcentaje que sorprendió a muchos y que muchos coincidieron en interpretar como un rechazo al bipartidismo excluyente impuesto por el pacto. A esta interpretación hay que sumar esta otra: muchos ciudadanos consideraron que los dos partidos políticos que se presentaron como alternativa al PLC y al FSLN -Partido Conservador y Camino Cristiano- no eran alternativas reales y no merecían su voto. Fueron muchos los nicaragüenses que actuaron guiados por el "no hay por quien votar".

En esta encuesta de febrero 2001, IDESO-UCA quiso verificar a posteriori cuánto abstencionismo había habido entre los managuas en las elecciones municipales de noviembre 2000. Los resultados no están muy alejados de las cifras oficiales: el 37% de los ciudadanos capitalinos confesó no haber votado en las elecciones para alcalde y concejales. La cifra tiene mayor relevancia teniendo presente que entrevistamos a población realmente existente, sin tener como base de referencia un padrón electoral que, por sus innumerables "impurezas" (inclusión de difuntos, migrantes, etc.), contribuyó a inflar la población electoral con "votantes inexistentes".

Nuestra encuesta reflejó otra expresión de rechazo al bipartidismo excluyente: el 59% de los capitalinos expresó oposición a que el Partido Conservador se aliara al PLC en una misma casilla electoral. Para los managuas esta alianza no serviría de alternativa al bipartidismo sino que lo consolidaría, reduciéndose las elecciones presidenciales a una versión ampliada del bipartidismo, donde los dos grandes y únicos contendientes seguirían siendo el FSLN y el PLC, cobijando éste al Partido Conservador.


Rechazo a la excluyente Ley Electoral

Después de celebradas las elecciones municipales, otra expresión del rechazo del electorado nicaragüense al bipartidismo excluyente y de su búsqueda de una opción distinta al PLC y al FSLN apareció en los resultados de la consulta ciudadana realizada por el Grupo Cívico Ética y Transparencia entre más de 90 mil ciudadanos de todo el país. En esta ocasión, el 62.8% de los encuestados se manifestó a favor de una reforma a la Ley Electoral para las elecciones presidenciales del 2001. También se preguntó sobre las Asociaciones de Suscripción Popular, eliminadas en la actual Ley Electoral. El 67.3% de los consultados respondió que debe restablecerse esta fórmula de participación política y ciudadana.

Tras la consulta, Ética y Transparencia elaboró una propuesta de reforma a la Ley Electoral. El Partido Conservador elaboró su propia propuesta, para presentarla al PLC. La encuesta de IDESO sondeó la opinión ciudadana sobre las más importantes reformas contenidas en ambas propuestas. El 59% de los entrevistados estuvo de acuerdo con reformar la Ley Electoral antes de las elecciones presidenciales de noviembre 2001. En las respuestas se expresa un deseo de mayores espacios, de mayor flexibilidad, de menos exclusión.
Otra expresión del malestar ciudadano ante los subproductos del bipartidismo y del pacto es el rechazo de los managuas a la diputación que Arnoldo Alemán ocupará automáticamente cuando concluya su período presidencial. Un 66.8% se opone a este inconcebible privilegio -incluye inmunidad- que el FSLN le regaló en el pacto y que explica muchas de las concesiones que Alemán hizo en este acuerdo al FSLN.



Tanto el PLC como el FSLN, autores de la Ley Electoral, han cerrado sus oídos a la opinión de la ciudadanía, y aunque la reforma a la Ley Electoral cuenta con un consenso mayoritario, los dirigentes de ambos partidos han rechazado cualquier reforma, alegando que esto "favorece la polarización", que "es mejor hacerlas en el 2003", que "requieren de un estudio a fondo", etcétera, etc.

Respaldo a la candidatura de Violeta Barrios de Chamorro

Resulta sintomático que ocho meses antes de las elecciones, al igual que en los meses previos a las elecciones municipales, la encuesta detectara una masa considerable de indecisos en búsqueda –o en espera- de la aparición de opciones partidarias alternativas. Un 24.3% de nuestros entrevistados dijo no simpatizar con ningún partido político y el 41.5% no se ubicó en ninguna tendencia ideológico-política: centro, izquierda, derecha.

La encuesta refleja una considerable "demanda electoral insatisfecha", mucha gente sin simpatía específica. Y dentro del grupo de los que sí la tienen se descubre una relativa -y curiosa- tendencia o sensibilidad a votar por candidatos y no por partidos concretos. El mayor signo de esta tendencia fue el respaldo con intención de voto que detectamos en favor de Violeta de Chamorro, que sólo por haberse anunciado como eventual candidata apareció como una opción "opuesta al pacto".

El 10 de enero del 2001, durante la presentación de una nueva edición del libro de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en el 23 aniversario de su asesinato, su viuda, la ex-Presidenta de Nicaragua, se expresó con notable energía contra el pacto Alemán-Ortega, dos caudillos de dudoso compromiso con la causa de la democracia. Para muchos de los asistentes a aquel evento -políticos, diplomáticos, militares y representantes de la sociedad civil- aquel discurso era el presagio de su candidatura presidencial, para conducir una alianza nacional que enfrentara el pacto y la corrupción.

¿Tendría respaldo popular esta candidatura? ¿O el poder de convocatoria de doña Violeta es ya sólo una leyenda? Durante los años 90, especialmente después de iniciado el gobierno de Arnoldo Alemán, muchas encuestas han confirmado con consistencia que la ex-Presidenta mantiene una opinión muy positiva entre la población nicaragüense, que su popularidad no se ha desgastado. Multitud de factores explican este hecho político. Lo que ninguna encuesta había medido es la intención de voto para su eventual candidatura presidencial. La encuesta de IDESO quiso medir eso precisamente: no sólo su popularidad como persona, sino el respaldo con que contaría, después de once años, para ser de nuevo Presidenta de Nicaragua.

La encuesta arrojó resultados sorprendentes. Si las elecciones hubieran sido en los días de febrero en que se realizó la encuesta, doña Violeta ganaría las elecciones en primera vuelta con el 36.2% de los votos, seguida por el candidato del FSLN, Daniel Ortega, que obtendría el 24.7% y en un tercer lugar el candidato del PLC, Enrique Bolaños con el 14.2%. Un 12.3% de los encuestados dijo que no votaría por ninguno de los tres y un 7% que lo haría por otros partidos. El 5.5% no contestó a esta pregunta.

Si es significativo el respaldo que tendría una candidatura de doña Violeta aun antes de lanzarla, muy significativo resulta también que aún cuando ella se ha expresado en términos muy críticos de los máximos líderes del PLC y el FSLN, un importante porcentaje de la intención de voto a su favor provenga de electores que se identifican con estos dos partidos. Significativo también el porcentaje de simpatizantes del Partido Conservador que la respalda. Más significativo, el porcentaje de gente que la respalda y que se identifica como "sin partido". Entre éstos podemos incluir a buscadores de alternativas al bipartidismo y a potenciales abstencionistas si se mantuviera la camisa de fuerza bipartidista. No puede pasar desapercibido que la encuesta se realizó en Managua, donde el FSLN tiene arraigo y donde hacía tan sólo tres meses resultó electo con amplio margen el candidato del FSLN, Herty Lewites.






La búsqueda de políticos honestos

¿Por qué resulta atractiva doña Violeta? Son muchas las razones, y no las investigamos a fondo en nuestra encuesta. Sin duda, una clave importante parece estar en su honestidad. Mientras Alemán y Ortega, máximos dirigentes del PLC y el FSLN -aunque con considerables diferencias entre ellos- encabezan la lista de personajes que tienen entre la población una imagen más negativa, doña Violeta encabeza la lista de los más honestos. Es de resaltar que en la encuesta no se le presentó a los entrevistados una lista de nombres, sino que se les hizo una pregunta abierta: De las personalidades políticas, funcionarios o ex-funcionarios públicos del país, mencione a los dos más corruptos. Y a continuación: ¿Podría ahora mencionar a los dos más honestos?

Los resultados demuestran claramente que la honestidad sigue siendo una carta fundamental para atraer las simpatías del electorado. En este sentido, otra de las preguntas incluida en la encuesta de IDESO fue: ¿Considera usted que se le debe permitir postularse a candidatos a diputados a personas que han sido señaladas de participar en actos de corrupción? Un contundente 97.5% de los entrevistados dijo que esto no era correcto.

Queda claro que la población nicaragüense -representada en este caso por la población de la capital- está demandando alternativas, y esto se manifiesta en la persistencia de importantes segmentos del electorado «en espera», a la expectativa de que un líder -o una lideresa- con carisma y con honestidad y transparencia aparezca en la escena electoral. Tres semanas después de nuestra encuesta, doña Violeta declinó cualquier candidatura, quedando más cerrada la escena. ¿Será ilusa la espera? ¿Habrá por quién votar?

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