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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 134 | Enero 1993
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El Salvador

Polémica por la depuración militar

La depuración es el corazón de la desmilitarización y está es el corazón de los acuerdos de paz.

Omar Serrano

El tema de la depuración de la Fuerza Armada está en el centro de atención de todos los salvadoreños. El incumplimiento del Presidente Cristiani de las recomendaciones de la Comisión Ad-hoc -creada en los acuerdos de paz para evaluar en derechos humanos a los oficiales salvadoreños- recibió un amplio rechazo nacional e internacional. Y la depuración incumplida generó una nueva crisis al interior de los protagonistas militares del largo proceso de negociación: La Fuerza Armada y el FMLN.

Según el calendario de ejecución de los acuerdos de paz, el 31 de diciembre de 1992 el Presidente Cristiani debía girar la orden general para dar de baja por la vía administrativa a los 102 oficiales señalados por la Comisión Ad-hoc como graves violadores de los derechos humanos. El 1 de enero debía ejecutarse esa orden. Pero no hubo ni la orden esperada ni su ejecución. El mismo 1 de enero, la ONU emitió un comunicado denunciando el incumplimiento del gobierno salvadoreño. Y diferentes fuerzas políticas y sociales de El Salvador comenzaron a expresarse en el mismo sentido, exigiendo la depuración.

Ante las presiones, Cristiani emitió el 4 de enero una orden adicional secreta - que anexó a su formalista e incompleta orden general de fin de año - y envió a la sede de la ONU al Ministro de la Presidencia, Oscar Santamaría, y al General Mauricio Vargas explicar la situación.

¿Cuál era en definitiva esa situación? Después de idas y venidas, de los 102 señalados para la depuración, Cristiani había separado del ejército sólo a 87 - a 37 de ellos con métodos muy discutibles, como enviarlos al extranjero a misiones diplomáticas -, dejando pendiente nada menos que hasta mayo/94 la depuración de 15 altos oficiales. Estos 15 - entre los que todo el mundo sabe que están Ponce, el Ministro de la Defensa y Zepeda, el Viceministro - son los más altos oficiales, los coroneles y generales, el núcleo directriz de la famosa "Tandona", militares renuentes a la negociación y siempre al acecho con la amenaza de un golpe de Estado.

Fisuras en la Fuerza Armada

Aunque las posiciones que el incumplimiento generó al interior de la Fuerza Armada no se hicieron públicas, se pueden identificar tres posturas entre los militares. En primer lugar, están los 15 militares que no han sido depurados. Al resistirse a este paso - esencial dentro del proceso de desmilitarización - provocaron una gran inseguridad en el Presidente Cristiani. En segundo lugar, están los oficiales jóvenes. Además de ver en la salida de estos 15 la oportunidad para ascender a cargos de relevancia dentro del ejército, ven también en ella la ocasión histórica de limpiar la tan desprestigiada imagen de su institución. Entre ellos hay movimientos de presión para que se cumpla a cabalidad la depuración. En tercer lugar están los 87 militares ya depurados, muy descontentos, no tanto porque se van, sino porque no se van con ellos los otros 15.

Las únicas voces disonantes han sido las del siempre polémico Coronel retirado Sigifredo Ochoa Pérez y la de un depurado anónimo. Ochoa criticó públicamente al presidente Cristiani por no cumplir. El "anónimo" declaró su desagrado porque el gobierno no le dio oportunidad de defenderse de las acusaciones por las que se le dio de baja.

Hay que señalar que nadie en El Salvador creía realmente que la Comisión Ad-hoc - integrada por 3 civiles - realizaría tan a fondo su delicada misión, aun a riesgo de sus vidas. Porque es un acontecimiento histórico, sin precedentes en la historia salvadoreña, que los militares hayan sido "puestos en el banquillo" por los civiles. La honestidad del trabajo realizado por la Comisión, que no debe medirse cuantitativamente - cuántos deben ser depurados, cuántos fueron examinados - ni escrupulosamente - no están todos los que son y tal vez, aunque no tan probable, no son todos los que están -, fue la que paradójicamente desencadenó la crisis.

Una brecha en el FMLN

Cinco organizaciones componen el FMLN, inscrito legalmente como partido político el 14 de diciembre, en vísperas de la desmovilización del último 20% de sus combatientes y con ello, del fin oficial del enfrentamiento armado en El Salvador.

El Partido Comunista (PC), las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y la Resistencia Nacional (RN) están de acuerdo básicamente en cuatro importante puntos referidos a la depuración. Primero, que el Secretario General de la ONU debe ser el juez en este trascendental asunto. Segundo: las decisiones tomadas por la Comisión Ad-hoc no pueden ser modificadas sustantivamente y si, por ejemplo, recomendó la baja de un oficial, el gobierno no puede destinarlo como agregado militar en el exterior. Tercer aspecto en el que hay consenso en el FMLN: se podría flexibilizar el calendario, extendiendo el tiempo en algunos casos por razones de estabilidad del país y por facilitar la continuidad en la ejecución de otros acuerdos, aún no concluidos. Según un vocero del FMLN, esta flexibilidad sólo sería aplicable a 7 de los 15 oficiales pendientes de depuración, porque esos 7 fueron piezas clave en el proceso de negociación y en el logro de los acuerdos. En cuarto lugar, el máximo de tiempo de "flexibilidad" para estos 7 oficiales sería sólo de seis meses.

Con una lógica muy pragmática y sin tener suficientemente en cuenta la lógica política del precedente histórico que se estaba sentando, el ERP - y en particular, su máximo dirigente, Joaquín Villalobos - inició una negociación con Cristiani sobre los términos de flexibilización del calendario - incluso hasta mayo/94 -, a cambio de un paquete económico -social que incluiría asuntos no resueltos o insuficientemente resueltos en los acuerdos de paz. Entre ellos, una negociación más favorable al FMLN en el tema de la nueva Policía Nacional Civil, mayores prestaciones económicas para la reinserción en la vida civil de unos 600 cuadros del FMLN, más frecuencias radiales y una de TV, cerrar ya la negociación sobre las mejores tierras del inventario elaborado y reclamado por el FMLN, etc. Este llamado "paquete Joaquín" - en la medida en que se fue conociendo- información oral que adolecía de altas dosis de vacíos y de rumores, propiciadas por la confidencialidad que envuelve el tema de la depuración - generó una fuerte polémica en la sociedad civil y en el propio FMLN, que aparecía dando un involuntario aval a los militares.

Mayoritariamente, la sociedad salvadoreña reclamó el total cumplimiento de la depuración. A nivel internacional fue unánime el rechazo a aceptar cualquier variante a la depuración recomendada por la Comisión. El grupo de Países Amigos (Colombia, España, México y Venezuela), el Consejo de Seguridad de la ONU y hasta los mismos Estados Unidos explicitaron su rechazo a la violación de los acuerdos de paz en este punto. La firme postura de la ONU, que sigue exigiendo la depuración total y se niega rotundamente a mediar en cualquier nueva negociación con cualquier "nuevo paquete" y la "vapuleada" que recibió el "paquete Joaquín" o cualquier otro "paquete" por parte de la opinión pública salvadoreña, cohesionó de nuevo al FMLN, después de su inocultable crisis. Shafick Handal, coordinador general del partido FMLN, ratificó la necesidad de una total y rápida depuración, porque ésta es "el corazón y el alma" del proceso de paz.

Algo más de tiempo

Es de suponer que desde el inicio de su mandato, Cristiani se comprometió a mantener al frente del Ministerio de Defensa, hasta terminar su período presidencial, al General René Emilio Ponce. En varias ocasiones, Cristiani ha dicho que Ponce le ha ayudado mucho a sacar adelante el proceso de negociación. Pero más aún, es de suponer que los 15 militares pendientes de depuración han amenazado al Presidente Cristiani con revelar datos que lo involucrarían a él mismo en las violaciones a los derechos humanos que se señalan a los militares, especialmente en el caso de la masacre de los jesuitas en noviembre/89, ya que faltan por hacerse públicos los "autores intelectuales".

Después de la crisis de enero, todo el mundo - dentro y fuera de El Salvador - le está dando un tiempo prudencial a Cristiani para que cumpla finalmente con la depuración. Con su total "silencio", los militares están esperando que el tiempo vaya pasando, que la depuración se pierda en el olvido y que la avalancha de comunicados de las diferentes fuerzas políticas y sociales se queden en eso, en simples comunicados, y no se pase a acciones concretas como serían movilizaciones masivas de la sociedad civil o el recorte o retención de la ayuda económica que al gobierno salvadoreño dan los Estados Unidos o la Comunidad Europea.

Las ventajas de la depuración


La depuración es una primera ruptura con esta Fuerza Armada del pasado y un precedente de lo que ella puede esperar en el futuro si no respeta los derechos humanos. La ruptura radical es históricamente necesaria, porque la permanencia en el ejército de los oficiales violadores de los derechos humanos y responsable de delitos comunes, sobre todo de los máximos responsable, por un largo período, implica consolidar la impunidad, así como permitir que la corrupción se siga extendiendo en una institución que debería distinguirse por la honestidad y el servicio desinteresado a la nación.Sentar un precedente es igualmente necesario porque la nueva tanda de oficiales que sustituirá a la actual tampoco garantiza, por su formación y experiencia, el apego irrestricto a la Constitución y al derecho internacional. Habrá que esperar varios años antes de que los militares formados conforme a los nuevos principios controlen el ejército. Por eso, el impacto de la depuración puede tener un efecto ejemplarizante para las tandas de oficiales que están esperando su turno.

La resistencia que el Alto Mando de la Fuerza Armada está presentando a la depuración es una muestra más de la necesidad de sentar un precedente, rompiendo con el pasado. La propuesta del Presidente Cristiani significa que la Fuerza Armada aún retiene poder suficiente como para bloquear la depuración. En otras palabras, el reducido grupo de altos jefes militares que controla el ejército tiene poder de veto sobre las decisiones del Presidente de la República y, por lo tanto, la Fuerza Armada sigue siendo, de hecho, deliberante, lo cual es abiertamente inconstitucional. Con esta estructura de poder, el golpe de Estado es innecesario. En la práctica, se percibe la imagen de que el presidente de la república es una especie de "prisionero" de la Fuerza Armada.(Comunicado de la UCA de El Salvador, 7 enero 93)


¿División en el FMLN?

¿Qué hay de fondo en la "división" del FMLN que se expresó en esta coyuntura? Siempre ha habido contradicciones y esta vez afloraron, aunque ha habido momentos más críticos.

Actualmente, existe en sectores del ERP y de la RN la visión de que lo que se está viviendo actualmente en El Salvador, como producto de los acuerdos de paz, es un "consenso" de fuerzas políticas y sociales y que de aquí en adelante hay que lograr que la sociedad civil tenga la hegemonía, lo que se logrará con un consenso nacional. Para lograr el más amplio consenso, el FMLN debe moverse hacia "el centro", pues solamente desde una posición centrista se logran los consensos y sólo desde ahí se puede atraer a los sectores sociales y políticos mayoritarios, aún vacilantes en su definición.

Las otras tres fuerzas que conforman el FMLN, FPL, PC y PRTC sostienen - con matices - que lo que se ha logrado con los acuerdos de paz no es un consenso y que los acuerdos son la resultante de una determinada correlación de dos fuerzas, pero de dos fuerzas opuestas. Por tanto, lo que hay que hacer en este momento es continuar manteniendo esa correlación y esa especie de tensión, pero desde una posición de izquierda. Porque ya existen en el país suficientes partidos políticos que se presentan como centristas: la Democracia Cristiana, el Partido de Conciliación Nacional, el Movimiento Auténtico Cristiano, etc. El FMLN tiene el reto de presentarse como fuerza alternativa, como fuerza transformadora, como izquierda, y desde esta posición ser flexible, tratando de incorporar a otros sectores y fuerzas políticas y sociales del país.

La "crisis" actual del FMLN tiene mucho que ver con la dosis que cada quien juzga debe ponerse en la concertación o en la confrontación. No es fácil precisar de antemano o acertar siempre en cuál es la más eficaz de las dosis, porque el país entero está saliendo de la guerra y entrando a la vez en una paz concertada - con bastantes acuerdos (tierras, nueva Policía, etc.) aún no terminados -, y en el momento pre-electoral. Muchos desafíos a la vez para toda la sociedad y para el FMLN, que es parte de esa sociedad.

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