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  Número 384 | Marzo 2014
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América Latina

Izquierda y Progresismo: 10 tesis sobre un divorcio

Con distintos matices y variantes, los gobiernos “progresistas” de América Latina ya no cuestionan el mito del progreso, practican un intenso extractivismo, se resignan ante la corrupción y apuestan a un hiperpresidencialismo. ¿Es esto izquierda?

Eduardo Gudynas

Los gobiernos de la nueva izquierda han dominado el escenario político latinoamericano reciente. En viraje sustancial, suplantaron a presidentes conservadores y neoliberales, y actualmente están presentes en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela.

UNA CRECIENTE DESILUSIÓN

Se trata de un conjunto variado. Existen diferencias notables, por ejemplo, entre los modos de hacer política de Evo Morales y los de José Mujica en Uruguay. Pero, más allá de su diversidad, tienen muchos elementos compartidos que explican que sean parte de un mismo conjunto. Además, son efectivamente distintos de gobiernos conservadores o neoliberales. Son gobiernos progresistas, entendiendo el “progresismo” como una cristalización reciente de una identidad política específica. Es una denominación adecuada, usada en varios países, y que deja en claro que todos comparten la fe en el progreso, con sus particulares modos de organizar la economía, las relaciones sociales y la apropiación de los recursos naturales.

Frente a estos gobiernos hay un creciente debate. No me refiero a las clásicas críticas de la derecha, que los acusa de antidemocráticos, ni a las de una izquierda muy dogmática, que los denuncia como conservadores. Los señalamientos provienen de un número significativo de simpatizantes, militantes e incluso conocidos líderes de izquierda, que están lejos de ser dogmáticos, y que se sienten desilusionados, alejados o incluso enfrentados con este progresismo.

Una de las razones de este malestar parece deberse a que el progresismo comienza a apuntar en sentidos que son significativamente distintos a los trazados por la izquierda que le dio origen. Y como “izquierda” es también una categoría plural, estas comparaciones deben hacerse con precaución. La izquierda que lanzó al progresismo se nutrió de muy variadas tendencias, aprendió de sus errores y se renovó. Mucho de eso se debió a que convergió en lo que podría llamarse una “izquierda abierta”, parafraseando el “marxismo abierto” de Ernest Mandel, que intentaba no ser dogmático, era tolerante y aceptaba aportes diversos.

Esto les permitió establecer relaciones estrechas con movimientos y organizaciones populares -especialmente indígenas y campesinas-, destronar al neoliberalismo, fortalecer el Estado y atacar la pobreza. Fue una sinergia exitosa que fructificó en conquistar gobiernos, lanzar procesos de cambio y superar durísimas oposiciones internas, tal como ocurrió en Argentina, Bolivia o Venezuela. Con el paso del tiempo, en el seno de esta izquierda emergió el progresismo con una identidad política propia, que apuntaría en una dirección distinta. Estaríamos ahora frente a una “gran” divergencia entre izquierda y progresismo.

¿Cuáles son los temas en los cuales izquierda y progresismo están difiriendo? Se pueden identificar algunas cuestiones donde las propuestas progresistas actuales son diferentes a las de la izquierda que cobijó al progresismo.

1 – DESARROLLO

Más allá de sus pluralidades, la izquierda latinoamericana de las décadas de 1960 y 1970 criticaba en profundidad el desarrollo convencional, aunque mantuvo una actitud refractaria ante las cuestiones ambientales. La izquierda de aquellos años cuestionaba, tanto las bases conceptuales del desarrollo, como sus prácticas concretas, como la de hacer de nuestros países proveedores de productos primarios.

El progresismo actual ha abandonado en buena medida este debate y acepta las bases conceptuales del desarrollo. Festeja el crecimiento económico y también los extractivismos. Es cierto que en algunos casos se denuncia al capitalismo, e incluso hay intentos alternativos -por ejemplo, las empresas nacionalizadas-, pero prevalece la inserción en el capitalismo. Las discusiones están en cómo instrumentalizar el desarrollo, si con más o con menos Estado, pero no se cuestiona el mito del progreso.

2 – DEMOCRACIA

Al menos desde fines de los años 70, las izquierdas latinoamericanas hicieron suyo el mandato de la democracia. La idea de llegar al poder por las armas fue desechada. Así lo entendieron desde Pepe Mujica a Hugo Chávez. No sólo eso, sino que se buscó ir más allá de las elecciones nacionales hacia la llamada radicalización de la democracia, hacia su profundización. Se crearon los presupuestos participativos, se promovieron referéndums y se buscó diversificar la participación ciudadana.

El progresismo, en cambio, está abandonando ese entusiasmo y se contenta con el instrumento electoral clásico, las elecciones. Profundiza la democracia delegativa y llega a extremos hiperpresidencialistas.

3 – DERECHOS HUMANOS

Aquella izquierda incorporó la defensa de los derechos humanos, especialmente cuando luchaba contra las dictaduras militares. Fue un aprendizaje notable, donde el viejo ideal de igualdad se articuló con la salvaguarda y ampliación de los derechos. Hoy, las actitudes han cambiado, pues cuando se denuncian incumplimientos en derechos humanos, vemos reacciones progresistas defensivas. En lugar de atender esos problemas, se cuestiona a veces a los denunciantes o se critica la institucionalidad jurídica. Incluso ponen en duda la validez de algunos derechos, como ha hecho el Presidente ecuatoriano Rafael Correa afirmando que los derechos de la Naturaleza son “supuestos”.

4 – CONSTITUCIÓN Y LEYES

La izquierda abierta insistía en recuperar el papel de la Constitución Política del país como el marco básico compartido por toda la sociedad. En Bolivia, Ecuador y Venezuela se aprobaron nuevas Constituciones, con innovaciones en cuanto a los derechos y con nuevos ordenamientos normativos. Se proponía reforzar la independencia, la imparcialidad y las capacidades del Poder Judicial.

Ahora, el progresismo da señales contradictorias. Se incomoda con las obligaciones que le impone su propia Constitución e incluso opera sobre ellas para aligerar controles políticos, sociales o ambientales. Se toleran arbitrariedades en el cumplimiento de exigencias legales, se manipulan leyes o se presiona al Poder Judicial. Y en algunos momentos parecería que se erosionan las nuevas Constituciones.

5 – CORRUPCIÓN

La izquierda de fines del siglo 20 era una de las más firmes luchadoras contra la corrupción. Ése era uno de los flancos más débiles de los gobiernos neoliberales, y en aquellos años la izquierda atacó una y otra vez en ese terreno, desnudando negociados, favoritismos empresariales y muchos etcéteras.

Ahora, aquel ímpetu parece menguar. Hay varios ejemplos que muestran que no se han manejado adecuadamente casos de corrupción de figuras clave dentro de los gobiernos progresistas y en la asignación de fondos públicos se terminan repitiendo viejos vicios. Ante esto asoma una actitud de cierta resignación y tolerancia.

6 – MOVIMIENTOS SOCIALES

Durante décadas la izquierda latinoamericana cultivó una estrecha relación con los grupos subordinados y marginados. El progresismo inicial resulta de esa simbiosis, ya que gracias a indígenas, campesinos o a movimientos populares urbanos alcanzaron llegar al gobierno. Desde esos sectores surgieron no sólo votos, también ideas, prioridades y dirigentes y profesionales que ahora están en las oficinas estatales.

El progresismo parece alejarse de varios de esos movimientos, no comprende sus demandas, se pone a la defensiva, intenta dividirlos y si no lo consigue, los hostiliza. Gasta mucha energía en calificar quién es revolucionario y quién no lo es. Perdió los nexos con organizaciones indígenas, ambientalistas, feministas, de derechos humanos… Ante estas actitudes, la desazón se extiende entre líderes sociales que en el pasado fueron atacados por gobiernos neoliberales y ahora vuelven a serlo desde el progresismo.

7 – JUSTICIA SOCIAL

La izquierda clásica concebía la justicia social bajo un amplio abanico temático: desde la educación a la alimentación, desde la vivienda a los derechos laborales… El progresismo, en cambio, apunta sobre todo a una justicia como redistribución económica, enfocada en la compensación monetaria para los más pobres y en el consumo masivo para el resto. No niego ni la importancia de esas ayudas para sacar de la pobreza a millones de familias, ni la relevancia que tiene que los sectores populares accedan a servicios y bienes necesarios. El punto es que la justicia es mucho más que bonos y la calidad de vida es mucho más que comprar televisores. No se la puede reducir al economicismo de la compensación monetaria.

8 – INTEGRACIÓN Y GLOBALIZACIÓN

La izquierda logró relanzar la integración regional y continental. Y combatió esquemas de liberalización comercial como el ALCA, los TLC, el IIRSA (Infraestructura Regional Suramericana). El progresismo lanzó algunas iniciativas muy interesantes, como el Tratado de Comercio de los Pueblos, el Sucre, el Banco del Sur y algunos de los convenios del ALBA. Hoy se mantiene la retórica latinoamericanista, pero no se logran políticas continentales en sectores claves como la energía, los agroalimentos, la industria. Hay avances en algunos planos, como la integración cultural, pero los Estados siguen compitiendo comercialmente y no pocas veces los vecinos hacen trampas comerciales. Y, finalmente, todos han aceptado la gobernanza global del comercio.

9 – INDEPENDENCIA Y CRÍTICA

La izquierda mantenía una estrecha relación con los intelectuales, y más allá de discusiones puntuales, respetaba la rigurosidad y la independencia. Incluso buscaba ángulos originales, hurgaba en lo que estaba oculto y navegaba en una pluralidad de voces.

El progresismo da señales de cada vez gustarle menos la crítica independiente y prefiere escuchar a los intelectuales amigos. Y cuando ellos escasean dentro del propio país, los traen del Norte, aprovechando lo poco que saben de las realidades nacionales. Desconfía de análisis exhaustivos y prefiere las felicitaciones y el apoyo publicitario. Denuncia a los librepensadores y reclama seguidores fieles. La crítica es apresuradamente rotulada como traición neoliberal.

10 – DISCURSOS Y PRÁCTICAS

En un plano que podríamos calificar como cultural, el progresismo elabora diferentes discursos de justificación política, a veces con una retórica de ruptura radical que resulta atractiva. Pero sus prácticas son bastante tradicionales en muchos aspectos. Los discursos en defensa de la Pachamama se distancian de la gestión ambiental. Se cita a Marx y a Lenin, pero los acuerdos productivos son con corporaciones transnacionales. Se reivindica la industrialización, pero prevalece el extractivismo. Se proclama responder a los movimientos sociales, pero se clausuran organizaciones ciudadanas. Se felicita a los indígenas, pero se invaden sus tierras. Y así sucesivamente.

POR CAMINOS DIVERGENTES

En la actualidad, el progresismo parece tomar un camino distinto al de la izquierda. El progresismo nació como una expresión reciente en el seno de la izquierda latinoamericana. Maduró como una particular mezcla e hibridación de distintas condiciones culturales y políticas, pero quedó enmarcado en las ideas occidentales del desarrollo. No es una postura conservadora ni neoliberal, lo que explica que sus defensores lo presenten como una expresión de izquierda, y como ha sido exitoso en varios frentes, cuenta con apoyos electorales. Pero en la actualidad el progresismo parece tomar un camino distinto al de la izquierda. Quedó enmarcado en el desarrollo convencional, y lo ejecuta a su manera, ajustando la democracia y apelando a compensaciones monetarias. Es un camino propio que comulga con el mito del progreso.

Tal vez este progresismo rectifique su rumbo en algunos países, retomando lo mejor de la izquierda clásica, para construir otras síntesis alternativas que incorporen efectivamente temas como el Buen Vivir o la Justicia en sentido amplio.

Sean ésas u otras las síntesis, en todos los casos deberá desligarse del mito del progreso. Dicho de otro modo: menos progresismo y más izquierda. En cualquier caso, si persiste en prácticas como el extractivismo o el hiperpresidencialismo se alejará definitivamente de la izquierda.

INVESTIGADOR EN CLAES (CENTRO LATINOAMERICANO DE ECOLOGÍA SOCIAL) CON SEDE EN URUGUAY.

TEXTO DIFUNDIDO POR EL SERVICIO
ALAI-AMÉRICA LATINA. EDICIÓN DE ENVÍO.

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