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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 354 | Septiembre 2011
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Nicaragua

Educación: ¿Qué debería priorizar este gobierno o un nuevo gobierno?

Josefina Vijil, Doctora en Pedagogía, educadora durante años en el aula de clase y formadora de docentes, identificó las prioridades que Nicaragua tiene hoy para mejorar la educación pública, en una charla con Envío que transcribimos.

Josefina Vijil

A pesar de que la situación de la educación pública en Nicaragua sigue siendo precaria, y como la educación sólo se puede analizar y planificar con una perspectiva de mediano y largo plazo, quiero empezar reconociendo que en las últimas tres décadas nuestro país ha experimentado avances. Ha habido una expansión cuantitativa en el acceso a la educación primaria y como resultado, las generaciones más jóvenes tienen hoy más años de escolaridad que las precedentes. También ha habido un avance importante en paradigmas pedagógicos que han hecho sentir el derecho a la educación de forma masiva y más concreta. Hasta hace unos años entendíamos el derecho a la educación sólo como el derecho a ir a la escuela y hoy ya empezamos a entenderlo como el derecho al aprendizaje. Comenzamos a entender que si los niños no aprenden nada en la escuela o si lo que aprenden no les sirve de nada no se está respetando su derecho a la educación. El reclamo por una educación de calidad tiene hoy un lugar central que antes no tenía. También hemos avanzado en iniciativas innovadoras, en experimentación educativa, en programas educativos exitosos.

Sin embargo, durante años pensamos ingenuamente que promoviendo un acceso masivo a la educación conseguiríamos avanzar en la equidad social y en la movilidad social. Y en los últimos años hemos visto que no es así. Que, aunque se ha ampliado el acceso a la educación y aunque la educación ha mejorado algo, Nicaragua sigue siendo un país con una enorme inequidad, con un abismo entre los sectores más ricos y los más pobres de la sociedad. Según la encuesta de nivel de vida de 2005 -últimos datos oficiales de los que disponemos- el quintil de menores ingresos del país tiene como promedio 2.7 años de escolaridad, mientras que el quintil de mayores ingresos tiene en promedio de 8.3 años. Es un indicador de que los avances en el acceso a la educación no han generado la equidad que esperábamos. No hay duda de que la educación es un factor de desarrollo, pero la equidad de una sociedad no sólo depende de la educación. Mientras le brindemos a la población más pobre una educación de pobre calidad, la educación no contribuirá ni al desarrollo de esa población ni al desarrollo del país. Y eso es lo que hoy está ocurriendo.

Aunque ha habido un gran avance en el acceso a la educación, en los últimos años hemos empezado a observar un estancamiento. Lo observamos al ver la tasa neta de escolarización, un indicador que se utiliza para saber cuántos niños y niñas de determinada edad están en el nivel educativo correspondiente a esa edad. En 1980 el 70% de niños y niñas en edad de primaria (7-12 años) asistía a la escuela y en 2008 -el último año del que tenemos cifras oficiales con ese mismo indicador- ya era el 87%. Sin embargo, entre 2005 y 2008 este indicador apenas se movió entre 85% y 87%. En el nivel de secundaria (13-17 años) también ha habido avances: en 1980 acudía a la secundaria el 22% y en 2008 ya era el 45%. Pero, a partir de 2005 también podemos observar un estancamiento en el mejor porcentaje alcanzado.

Lo mismo podemos observar en la educación preescolar. En el año 2000 tenía acceso el 29% de niñas y niños
(3-6 años) y en 2008 ya era el 58%. Hay que decir que el avance en preescolar se ha logrado por el esfuerzo de muchas organizaciones de la sociedad civil que han apoyado durante años los preescolares comunitarios, que son los que dan la mayor cobertura, a pesar de que las maestras de esos preescolares apenas ganan una octava parte del salario que gana un docente de primaria empleado en el sistema de educación pública. Les pagan mal, les pagan atrasado y tienen las peores condiciones del gremio docente. Hay que decir también que las cifras de la cobertura del preescolar son cifras promedio. Diferentes investigaciones han mostrado que en las regiones del Caribe y el área rural la cobertura es mucho menor. Y hay que decir que debemos celebrar que la sociedad nicaragüense empieza a convencerse de la importancia de la educación preescolar y de la necesidad de la estimulación temprana de la infancia.

¿Por qué el estancamiento que hoy observamos en la escolarización, tanto en primaria como en secundaria y en preescolar? Al parecer, porque ya terminó la etapa de expansión “fácil”. ¿Quiénes se están quedando fuera? Los más pobres, los muchísimos que abandonan la escuela en el primer grado de primaria, los que no van a llegar a la escuela si no realizamos acciones diferentes y complementarias. Como sociedad debemos plantearnos cómo trabajar con los niños y niñas más pobres, con quienes nunca fueron a la escuela o con quienes se salieron no más comenzar. Y es desde esa óptica que debemos plantearnos las prioridades que debe afrontar este gobierno si continúa en el poder o un nuevo gobierno si gana las elecciones.

Después de la Estrategia Nacional de Educación, que analizamos en Envío hace más de un año, el partido de gobierno ha elaborado el Plan Estratégico 2011-2015, que no nos ha facilitado ni ha colocado en la página web del Ministerio de Educación, pero que logré obtener por caminos extraoficiales. En el Plan hay datos importantes a tener en cuenta. En cuanto a la tasa de “finalización” en cada nivel educativo -tasa de”supervivencia” le llama el Plan-, la supervivencia en primaria en 2004-2009 fue del 42%. Sólo 42 de cada 100 niños y niñas que entraron a primer grado finalizaron ese nivel educativo en los años previstos. Quienes se salen son siempre los más pobres, jugando en la deserción escolar un rol importante el trabajo infantil, un problema sobre el que hay muchas maneras de pensar y muchas opiniones, pero al que hay que ponerle mucha atención por ser uno de los principales expulsores de niños
y niñas de las escuelas.

Los datos del Plan Estratégico del gobierno indican que quienes logran cruzar todo el umbral de la primaria sobreviven más en la secundaria. Aun así, también las tasas de supervivencia en la secundaria son bajas: en 2007-2009 la supervivencia en lo que hoy se llama el noveno grado fue del 53%. Estamos, pues, ante tasas de abandono escolar sumamente altas, que le cuestan a la familia y al país y que influyen negativamente en la autoestima de niños, niñas y adolescentes. El gobierno se ha planteado ganar en 2015 “la batalla del sexto grado”: que toda la población en edad escolar complete los seis grados de primaria. ¿Será posible ganar esa batalla en el tiempo planteado por el Plan, cuando hoy tenemos a un 10% de niños y niñas en esas edades que no llegan a las aulas de primaria, y cuando sólo el 42% de quienes llegan culmina ese ciclo? Aun cuando debe ser una meta importante para la sociedad nicaragüense en el mediano plazo, ¿es realista ese desafío en el tiempo previsto?

Desde mi punto de vista, Nicaragua tiene que enfrentar como país cuatro desafíos en materia educativa. El primero es plantearnos la meta de avanzar en la escolaridad obligatoria de toda la población, garantizándoles a todos los nicaragüenses doce años de escolaridad. Estoy de acuerdo con la batalla del sexto grado y con la batalla del noveno grado -ambas planteadas por el actual gobierno- y estaría de acuerdo con la batalla del doceavo grado. Con lo que no concuerdo es con que podamos lograrlo ni en tres ni en cinco años. Quisiéramos, pero no es posible. Sin embargo, como nación, debemos de ponernos esa meta para alcanzarla en 10, en 20 o en 30 años y en el camino debemos de ir poniéndonos metas intermedias, siempre en esa dirección. Entonces, el primer desafío que tenemos es lograr que la población nicaragüense logre más años de escolaridad.

El segundo desafío es asegurar la permanencia de niños y niñas en el sistema educativo. Que los que entran se queden y terminen hasta completar los aprendizajes necesarios. Según datos oficiales, las edades en las que los niños permanecen más en la escuela son 7-10 años. Antes de los 7 años el porcentaje es bajo y después de los 12 años la matrícula comienza a caer de manera importante. Entonces, debemos hacer esfuerzos, no sólo en el acceso, sino en la permanencia.

En cuanto a la permanencia, creo que debemos debatir la necesidad de continuar implementando programas compensatorios: esos programas que se han implementado por toda América Latina y que consisten, fundamentalmente, en dar a las familias más pobres una ayuda económica a condición de que envíen sus niños a la escuela y al centro de salud, donde les miden peso y talla, vinculando así la educación a la nutrición. En Nicaragua le criticamos a esos programas -que se implementaron en los años 90- que no mejoraban la calidad de la educación, pues que un niño llegue a la escuela no garantiza que aprenda. En otros países se les ha criticado que la entrega de la ayuda económica tenía propósitos clientelistas y partidarios. Éste es un tema controversial, pero la conclusión a la que hemos llegado después de muchos estudios y debates es que las niñas y niños de los sectores más pobres sólo asistirán a la escuela si sus familias tienen algún estímulo para enviarlos. Y que se debe incluir como objetivo importante, además de las que existían -la asistencia-, algunas vinculadas a la calidad de la educación, que garanticen que niñas y niños no sólo lleguen a la escuela, sino que aprendan.

El tercer desafío, sin el que estos dos no significarán nada, es el de la calidad educativa. No se trata de regalar títulos, se trata de aprender. Y eso depende de la calidad de la educación que se recibe. Hay varios conceptos para definir la calidad educativa. Creo que debemos aterrizar el que la UNESCO ha ido adoptando. Una educación de calidad es la que brinda a la persona aprendizajes fundamentales. ¿Cuáles son? Aprender a leer comprensivamente. Aprender a expresar las ideas de forma oral y escrita. Desarrollar un pensamiento lógico matemático. Conocer y aplicar el método científico. Aprender el método para investigar. Hoy, en el mundo de la comunicación y la información, de nada servirá acceder a Internet si no sabemos cómo usar esa información y necesitamos enseñar un método que permita a los niños convertir esa cantidad de información en conocimiento para, como decía Freire, que puedan “decir su propia palabra” y posicionarse en lo que están investigando. Calidad es también interiorizar valores. Sin una educación de calidad no servirá que muchos lleguen a la escuela y que muchos finalicen la escuela.

Hoy se hace énfasis en proporcionar computadoras a los alumnos. Acceder a computadoras es importante, pero deben tener programas que mejoren el aprendizaje en el aula de clase. Si las computadoras no tienen esos programas o si el profesor no los sabe usar, las computadoras se convierten en un distractor. Si nadie enseña a los alumnos a investigar de nada servirá la información que les brinda una computadora. Debemos estar claros que la tecnología no hace la calidad, es sólo un instrumento para lograrla, aunque de especial importancia en Nicaragua, porque la tecnología podría ayudarnos a compensar el déficit de docentes que hoy tenemos.

El cuarto desafío es responder a la demanda de mayores, mejores y más diversas opciones educativas: más cobertura territorial en las escuelas de secundaria y más opciones de educación técnica. La única salida profesional en Nicaragua no puede ser la universidad. Porque ni todos quieren ir a la universidad ni todos necesitan ir. Y porque hay muchas especialidades que son carreras técnicas y no requieren de estudios universitarios.

Sólo podremos dar respuesta a estos cuatro desafíos con determinadas condiciones de posibilidad. La primera condición son los propios docentes, las maestras, los maestros, los profesores. Necesitamos urgentemente romper el círculo vicioso de la calidad educativa, que depende de un conjunto de factores -infraestructura, materiales didácticos, currículo adecuado, contexto social-, pero ante esa complejidad somos muchos los educadores y educadoras que pensamos que el factor que rompería ese círculo vicioso son los docentes. Un docente bien formado, con las herramientas necesarias para crear situaciones de aprendizaje en el aula de clase, con un rol de liderazgo que influya en la familia, es lo que hará la diferencia. Hoy no estamos invirtiendo en formación docente lo que Nicaragua necesita invertir.

En Nicaragua necesitamos docentes formados con calidad, adecuadamente remunerados y que puedan gozar de una carrera docente. Existe una Ley de Carrera Docente, pero en la práctica no existe carrera docente, porque el docente que quiere escalar en el sistema educativo tiene que salirse del aula de clase, no puede hacer carrera dentro del magisterio. Y por eso los mejores abandonan el aula y se van a labores administrativas.

El salario nominal del magisterio ha mejorado algo, pero sigue siendo muy bajo. Los docentes de primaria tienen un salario básico que anda por los 4,050 córdobas y en secundaria por los 4,700 córdobas (1 dólar = 23 córdobas), en ambos casos con el último incremento del 7% que hubo en el mes de julio de 2011, más la antigüedad y el zonaje. Desde 2010 se le suma el “bono solidario” de 700 córdobas que les da este gobierno. ¿Les alcanza para vivir? Un estudio de Eduquemos, presentado en mayo de 2011, muestra que entre 2005 y 2011 se ha abierto una brecha entre el salario del magisterio y el costo de la vida: en 2005 lograban comprar el 89.5% de los productos de la canasta básica y en 2008 compraban sólo el 41.3%. Estamos así ante un gran problema: de docentes con formación deficitaria, con pocas posibilidades de carrera profesional y pobremente remunerados sólo podemos esperar un pobre desempeño educativo.

Además, existe ya una representación social dominante en el país en la que la profesión de maestro y maestra se ha desvalorizado mucho. Este proceso de desvalorización comenzó en los años 70, no sólo en Nicaragua, sino en toda América Latina, cuando se masificó notablemente el acceso a la educación, la matrícula se incrementó mucho y hubo que formar masivamente a maestros... Entonces, el sistema educativo nacional colapsó. Se creó un círculo vicioso: mala formación, bajos salarios, poco prestigio. La única manera en que podemos revalorizar poco a poco la profesión es mejorando la formación del magisterio, pagándoles bien y convirtiendo el magisterio en una carrera. Hoy, ni siquiera los propios docentes quieren que sus hijos estudien magisterio, quieren que vayan a la universidad y estudien otras cosas donde ganen más que sus miserables salarios. Muchas maestras graduadas en Nicaragua emigran a Costa Rica donde ganan más como empleadas domésticas que aquí como maestras. Desde hace años la profesión docente ha venido experimentando en Nicaragua un proceso de “proletarización”: cada vez peor remunerada, cada vez con menor prestigio. ¿Quiénes llegan hoy al magisterio? Los más pobres, quienes no tienen otra opción.

En Nicaragua más del 15% de la niñez en primaria y el 30% en secundaria asiste a colegios privados. Algunos estudios han demostrado que los colegios privados obtienen mejores resultados que los públicos, aunque no siempre. Generalmente, los privados pagan mejor a sus maestros y por eso tienen mejores maestros, mejor infraestructura y mejores materiales. Deberían tener mejores resultados por las mejores condiciones con que cuentan. Sin embargo, están afectados por el mismo problema: baja calidad en la formación inicial de sus docentes e insuficiencia en la formación que después de ejercer se les brinda.

El desafío de la formación de los docentes es muy grande. He trabajado con Fe y Alegría, con CIASES y con la UCA en la Escuela Normal de Lechecuagos, la única escuela normal rural que hay en el país, privada y no subvencionada. ¿Qué nos encontramos allí? Seguimos recibiendo a muchachas y muchachos con el quinto año de bachillerato completado, lo que ya no es una situación general, pues las normales están recibiendo ahora a estudiantes con sólo el tercer año aprobado, lo que ha representado un retroceso. Llegan sin saber leer comprensivamente, sin saber expresar sus ideas de forma oral y escrita, sin terminar de haber construido el pensamiento lógico matemático. Llegan sin haber desarrollado pocas de las competencias que caracterizan la calidad educativa que tendrán que impartir. ¿Cuál es la tendencia generalizada en otras escuelas normales? Obviar esas carencias con las que llegan, decir “si ya no lo aprendieron ya no es tiempo de enseñarles todo eso”. Y centrarse sólo en enseñarles didáctica.
Pero así no se resuelve el problema de fondo, más bien se profundiza. Porque si no han desarrollado en su anterior formación estas competencias básicas la didáctica que les enseñen no les servirá de nada. Y porque trasladarán esas deficiencias a la siguiente generación.

Nadie da lo que no tiene. Nadie puede enseñar a leer comprensivamente si no sabe leer comprensivamente, nadie puede enseñar a pensar lógicamente si no piensa lógicamente. La formación de base es un problema serio y no se resuelve tapándose los ojos. Ante esta situación, estamos terminando de validar en la escuela normal de Lechecuagos un programa de dos años y medio para la formación inicial de docentes rurales. Y ya hemos comprobado que dos años son insuficientes. En esa formación inicial incluimos talleres vespertinos de lectura comprensiva, de redacción, de pensamiento abstracto, de crecimiento personal. La realidad nos ha convencido de que no podemos formar a un buen docente si no compensamos su deficiente formación en el bachillerato. Un problema similar tienen hoy las universidades con los alumnos y alumnas que ingresan trayendo una muy deficiente formación en su bachillerato.

La formación en servicio de los docentes -la capacitación de los docentes que ya están dando clases en las aulas- también es deficitaria. No se da una formación suficiente y los modelos con los que se da ya están agotados, son muy teóricos y no les sirven para cambiar sus prácticas de aula. Requerimos mayores procesos de acompañamiento de aula y mayor inversión en capacitación docente en los temas centrales de la calidad: lectura, escritura, pensamiento lógico.

La formación de los docentes es un tema que me apasiona. Y pienso que mientras no abordemos seriamente un problema tan complejo no vamos a resolver los otros desafíos que la educación tiene pendientes en Nicaragua. Actualmente hay docentes jóvenes a los que todavía estamos a tiempo de formar, pero hay otros con los que ya no podemos hacer nada, porque ellos mismos no quieren cambiar, quieren seguir haciendo más de lo mismo. Necesitamos una nueva generación de docentes formados con calidad que hagan el cambio. Y eso no lo lograremos ni en cinco ni en diez años. Será un proceso de mediano y largo plazo, que necesitamos planteárnoslo ya y enfrentarlo ya.

Ese desafío necesita una mirada de largo plazo y una mirada de país. Y la falta de esas miradas ha sido un grave problema de fondo en Nicaragua. Todos los gobiernos ven solamente su período, niegan todo lo que han hecho los gobiernos anteriores y quieren construir todo de la nada y todo nuevo, sin evaluar los esfuerzos anteriores. Si en noviembre tuviéramos un nuevo gobierno no podría desconocer todo lo que el actual gobierno ha hecho en materia educativa considerándolo todo malo. La continuidad es necesaria, no existe nunca la “nueva educación”. Lo que necesitamos es dar continuidad a todo lo que se hizo bien, evaluándolo, mejorándolo a partir de la investigación y trazándonos metas concretas.

Y ésa es otra condición de posibilidad para enfrentar los desafíos que tenemos: trazarnos metas, evaluar y dar continuidad a lo bueno. La Ley General de Educación -el documento normativo del que hoy disponemos- establece como meta para la educación obligatoria para toda la población tan sólo siete años. Somos el único país en América Latina que se propone solamente siete años: el tercer nivel de preescolar y los seis años de primaria. ¿Nos conformaremos con eso, aspiraremos sólo a eso? En todos los países latinoamericanos, incluso en los centroamericanos, la meta son nueve años de escolaridad o doce años. Creo que debemos de proponernos metas más altas y avanzar hacia ellas con una mirada de largo plazo y con el compromiso de todos los gobiernos de dar continuidad a los esfuerzos hechos por otros. Mientras no lo hagamos así, mientras mantengamos una mirada de corto plazo, mientras impongamos el “borrón y cuenta nueva” seguiremos arrastrando los mismos problemas que hoy arrastramos.

Además de formar bien a los docentes y de trazarnos metas de largo plazo, otra condición de posibilidad para enfrentar los desafíos que tenemos en la educación es la de desarrollar un sistema de supervisión, monitoreo y estímulo de los docentes. Necesitamos acompañar a los docentes en el aula de clases, que es donde se construyen todos los procesos de aprendizaje. También necesitamos supervisar el trabajo de los docentes en el aula. Esto supone enfrentar mil pequeños desafíos cotidianos.

Veamos algunos. En Nicaragua, la Ley establece 200 días de clase anuales, mil horas de clase al año. Es muy poco. A pesar de lo poco que es, en 2010 se perdió más del 30% de las jornadas de clase: por feriados dobles, por talleres de los docentes... Necesitamos supervisar las aulas de clase, cómo se aprovecha el tiempo, a qué hora entra el maestro y a qué hora se va -en muchas escuelas entran tarde y salen temprano-, cuánto duran los recreos, que a veces son eternos, hasta de una hora.

Otro problema en el aula es que se ha disparado en los últimos años la extra-edad: niños y niñas que están en un grado inferior al de su edad. Nos hemos encontrado a niños y niñas en niveles de hasta diez años por debajo de su edad. Niños de hasta 12 años en primer grado, cuando en ese grado están los de 6-7 años. Según datos del Plan Estratégico del actual gobierno, el 53% de quienes están actualmente en primaria están en extra-edad, con dos o más años de retraso. Y en el primer ciclo de secundaria está en extra-edad el 62%. Son cifras importantes. Eso hace más difícil la labor educativa a cualquier docente. Peor aún si el curriculum es como el actual, atiborrado de contenidos onceptuales, sin énfasis en los procedimientos, sin foco en los aprendizajes y sin darle dirección al docente.

El curriculum actual es obligatorio. Un curriculum adecuado debería ser un marco normativo que indicara a los docentes qué es lo que los niños deberían aprender en un año para que el maestro se moviera hacia esas metas estableciendo prioridades. El problema del curriculum nicaragüense es que no enfoca las prioridades. Un ejemplo: muchas veces aparece en el curriculo como objetivo del perfil del egresado “donar sangre”, pero no aparece “leer comprensivamente” o “pensar lógicamente” Esto añade a los problemas estructurales que tenemos problemas cotidianos que se enfrentan en el aula de clase y que impiden avanzar en la calidad educativa. Que se pretenda también que todos los docentes planifiquen lo mismo al mismo tiempo tampoco es adecuado porque los niños no aprenden nunca al mismo ritmo. La programación obligatoria de contenidos impone una camisa de fuerza al docente. Y provoca en el docente dos actitudes. Una, no importarle lo que el niño aprenda o no aprenda, porque igual le pagan aprendan o no y, por tanto, siguen sus clases tal cual las programaron, independientemente de cómo asimilan niños y niñas. Y otra actitud: fomenta una cultura de “cumplimiento”: cumplo y miento, con lo que todos salimos perdiendo y nunca sabemos qué está pasando realmente en el aula de clases, puesto que lo escrito por el docente en su plan no es realmente lo que hace. Esto ya ha pasado en otros momentos. Por ejemplo, cuando la promoción automática de primero a tercer grado, muchos docentes que no estaban de acuerdo con la política llevaban un doble registro: uno para el Ministerio de Educación, donde todos los niños pasaban, y otro para ellos, donde los niños se quedaban en el mismo grado. Con este tipo de procedimientos es imposible conocer lo que realmente pasa en el aula y en el centro educativo y, por eso, es imposible mejorarlo.

La programación homogénea es contraria a los avances de la pedagogía. Desde principios del siglo 20 uno de los elementos que más se ha reivindicado en las nuevas corrientes pedagógicas es el de las diferencias: los diferentes ritmos de aprendizaje, los diferentes contextos de los alumnos, las diferentes estrategias educativas…La diferencia es un derecho que niños y niñas tienen y si el sistema impone que todos avancen al mismo tiempo y al mismo ritmo violenta ese derecho. El “niño promedio” no existe, es una abstracción.

¿Hay alternativas al problema de las diferencias de edad en las aulas? Hay una tendencia en América Latina desde hace años a reivindicar la metodología de trabajo multigrado: una modalidad educativa normalmente utilizada en ámbitos rurales, donde un mismo profesor atiende a la vez a alumnos de varios grados. Se emplea en lugares en donde o bien hay pocos niños de una misma edad o en donde faltan maestros para los diferentes grados. Esta modalidad, a pesar de su complejidad, entraña un conjunto de potencialidades pedagógicas y podría ser bien utilizada en Nicaragua. La estamos reivindicando porque cada vez vemos que hay más diferencias entre los niños en las aulas de clase, no sólo diferencias de edad, sino diferencias culturales, de intereses, de experiencias. Un profesor bien formado en la metodología multigrado puede obtener resultados positivos, pero tiene que estar bien formado y debe tener acceso a materiales que le permitan producir sus propias guías de trabajo para crear situaciones de aprendizaje cooperativo. Un elemento central para el éxito del multigrado es hacer las combinaciones adecuadas de grados.

Los casos más exitosos son combinaciones de dos grados: el primero y el segundo juntos, tercero y cuarto, quinto y sexto. Hay situaciones en las que es muy difícil trabajar. Por ejemplo, si se combina el primero con el sexto grado, o si un solo maestro tiene que enseñar todos los seis niveles de la primaria. Otra complejidad es un aula con grupos de más de 30 estudiantes de grados diferentes. En esas condiciones el docente no puede hacer milagros. En casos así se requieren necesariamente más docentes si se busca una educación de calidad para todos los niños y niñas.

Otra condición de posibilidad para enfrentar los desafíos educativos que tenemos pendientes en Nicaragua
es contar con materiales didácticos de apoyo para los docentes y para los alumnos. Y usarlos. En una investigación reciente hemos descubierto que hay muchas escuelas, muchísimas, que tienen libros de cuentos y de texto, pero no los usan. Otra condición es mejorar la infraestructura escolar. El 40% de nuestras escuelas no tienen agua potable, a muchísimas se les está cayendo el techo, muchas escuelas rurales carecen de servicios sanitarios y los niños tienen que ir al campo a hacer sus necesidades. ¿Qué aprendizaje de calidad puede haber en lugares así?

Necesitamos también ampliar la oferta de escuelas de secundaria y de escuelas técnicas. Una vía es crear nuevas escuelas secundarias con nuevos docentes, pero otras vías pueden ser los internados, los profesores itinerantes…Hay muchas experiencias en América Latina que nos pueden servir, unas más exitosas que otras. Necesitamos ampliar también la oferta del preescolar. La educación temprana es obligatoria en Nicaragua desde 2006, cuando salió la Ley General de Educación, pero hasta hoy hemos hecho poco para ir cumpliendo con la meta de que el tercer nivel de preescolar sea obligatorio para todos los niños y niñas. Necesitamos también contar con indicadores claros para medir los esfuerzos educativos que se van haciendo para cumplir con esta meta.

Y naturalmente, necesitamos aumentar la inversión pública en la educación. Desde el año 2006 estamos invirtiendo en todo el sistema educativo entre el 4.8% y el 5% como porcentaje del PIB, algo totalmente insuficiente. Si, como ya se ha estudiado, el 6% del PIB se va en exoneraciones fiscales que benefician a grupos privilegiados -una cantidad mucho mayor que la que se dedica a la educación- estamos ante una inequidad manifiesta. Que Nicaragua dedique el 6% del presupuesto nacional a las universidades es también un tema que debemos debatir porque en las universidades públicas se invierte una gran cantidad de recursos y no se rinde cuentas de cómo se invierten. Revisar el 6% no debe ser una bandera de la derecha. Tampoco la alternativa es quitarle recursos a las universidades para dárselos a la primaria. Nicaragua necesita una universidad pública como la que tuvo en los años 60, una universidad pública que tenga una palabra coherente e importante ante la situación del país, una universidad que aporte al desarrollo del país con investigación, innovación y propuestas de intervención.

Aunque no son comparables, ahora quisiera repasar algunos de los planteamientos que sobre educación hace el Plan Estratégico 2011-2015 del actual gobierno y algunas de las propuestas políticas que sobre educación aparecen en el programa de gobierno de la oposición que hoy tiene una mayor intención de votos, la Alianza PLI-UNE.

Ambos documentos plantean la educación básica universal. La Alianza se plantea los doce años de escolaridad para toda la población y el gobierno habla de “la batalla por el sexto grado” y “la batalla por el noveno grado”. El gobierno concreta la batalla por el sexto grado asegurando que en todas las escuelas públicas del país existirá la primaria completa. ¿Qué significa esto? ¿Que en todas las escuelas se impartirán los seis grados de primaria o que todos los estudiantes en edad de primaria completarán los seis grados? Lo primero es mucho más fácil. Hay otras contradicciones: según el dato oficial, la tasa neta ajustada de escolaridad en primaria es ya del 93% y se afirma que en 2015 llegará al 97%, lo que se acerca a la meta, pero no es aún la primaria “universal”. En “la batalla por el noveno grado” el gobierno presenta como dato oficial una tasa neta ajustada de escolaridad del 79% y se propone llegar al 85%, lo que tampoco es la “universalización” del noveno grado. Los indicadores que ofrecen desmienten la meta a la que aspiran.

También se habla de estas dos “batallas” con informaciones contradictorias. Cuando el Plan analiza escenarios para ver los recursos necesarios, habla del escenario tendencial, del escenario intermedio y del escenario ideal. Para 2015 la tasa de escolarización primaria aparece en el escenario ideal llegando al 90%. Eso indica que conseguir la universalización de la primaria en los próximos cinco años es una meta imposible, como ya lo hemos dicho. Requiere de más tiempo. Si es así, ¿por qué decir que harán lo que no se puede hacer? Lo mismo sucede cuando hablan de la batalla por el noveno grado: el escenario tendencial es de apenas el 50% y el ideal es del 75%. Porque es totalmente imposible universalizar el noveno grado en Nicaragua en 2015. Eso requiere del mediano y del largo plazo. No deben plantearse metas inviables. La dirección es adecuada, hacia allí debemos ir ampliando los niveles de escolaridad de la población, pero las metas deben ser realistas y se deben establecer las estrategias adecuadas para lograrlas con metas intermedias que nos permitan ir evaluando si vamos en la dirección correcta, para hacer los ajustes necesarios. Y muy importante: cualquier meta debe plantearse como un esfuerzo de todo el país, de toda la sociedad, y no de un gobierno. Eso es fundamental como condición de éxito, pero no queda claro en el Plan.

Hay que recordar aquí que al comienzo del gobierno del FSLN en 2007, el primer ministro de educación de este gobierno, Miguel de Castilla, destituido en 2010, planteó lo que él llamó “la batalla por el primer grado”: que todos los niños y niñas finalizaran el primer grado y pasaran al segundo grado. Un gran acierto, una meta estratégica para el país, ya que es en el primer grado en donde se da la mayor fuga de alumnos: el 17% de niñas y niños abandona la escuela precisamente en el primer grado. Pues bien, este esfuerzo no aparece ahora por ningún lado en el Plan Estratégico del gobierno. Tampoco lo retoma el programa de la Alianza, aunque debería ser una prioridad para el país.

El Plan y el programa de la Alianza hablan de flexibilizar la oferta de educación secundaria y educación técnica, aunque no concretan cómo lo harán. En cuanto a la calidad de la educación, el Plan resulta mucho más completo en sus planteamientos de lo que era la anterior Estrategia. El gobierno habla, por fin, de priorizar lectura, escritura y matemáticas y de mejorar la formación docente. Plantea crear un sistema de desempeño, formar a directores y subdirectores, establecer un sistema de acompañamiento, supervisión y monitoreo, habla de un curriculum “pertinente y relevante”, establece un sistema nacional de evaluación de los aprendizajes…Todo esto representa avances, porque hasta ahora se planteaba la calidad educativa de forma abstracta, con una conceptualización poco clara.

El programa de gobierno de la Alianza menciona temas trascendentales para la calidad. Entre ellos, mejorar la formación docente creando Escuelas Normales Superiores, el perfeccionamiento docente, la formación de los mejores docentes especializándolos en la enseñanza de preescolar y primeros grados de primaria, la formación de directores de escuelas e institutos. También propone que niños y niñas aprendan a leer en los primeros grados. Todas estas propuestas son muy importante para lograr la calidad educativa.

En relación a las condiciones de posibilidad, el Plan del gobierno plantea la meta de que los pobres accedan a la escuela y permanezcan en ella y dice que para lograrlo van a priorizar las comunidades rurales, las comunidades indígenas y afrodescendientes y van a incorporar lo que llaman “prácticas de género”. Ya no hablan de “enfoque de género”, aunque no sé lo que ese cambio significará. Es un avance que se señalen las prioridades porque antes no lo hacían. Lo que falta es ver cómo la inversión pública se concreta para responder a esas prioridades. Un incremento sustancial del presupuesto para educación no aparece contemplado en el Plan. El programa de la Alianza sí plantea invertir en educación el 7% del PIB.

Durante tres años seguidos ha ido bajando en Nicaragua el presupuesto en educación, a pesar de que ha ido aumentando la recaudación de impuestos. El indicador objetivamente verificable de que existe voluntad política para mejorar la educación pública es lo que el Estado invierte en educación, aun cuando sólo con financiamiento no se resuelven los problemas. Porque no se trata sólo de invertir más sino de invertir en donde se debe invertir. Es necesario invertir prioritariamente en mejorar la formación de los docentes, en las escuelas normales, en los formadores que están formando a esos docentes, en material para los docentes. En Nicaragua un docente puede pasar dos años de formación sin tener un buen libro que leer, sin ningún material de estudio y de referencia. ¿Cómo podrán enseñar si no han tenido la oportunidad de tener materiales para reflexionar y poder reconstruir su propio conocimiento? Se trata, pues, de invertir más pero de invertir en lo prioritario. Hace unos años se invirtió en Nicaragua una gran cantidad de recursos en crear un instituto que se llamó IDEAS, para formar a los niños superdotados de Nicaragua. Una iniciativa interesante, pero ¿es una prioridad en este país?

Sobre el sistema de supervisión del trabajo docente, el Plan del gobierno lo enuncia, pero no dice cómo lo hará. Y ojo:
un plan de supervisión del magisterio puede convertirse en un arma de doble filo, porque los sistemas de supervisión también han sido usados con un enfoque clientelista cuando no son adecuadamente definidos, rectoreados y administrados. Esos planes son una necesidad, pero deben ser diseñados y administrados de manera muy profesional y rigurosa.

Ambos documentos mencionan la necesidad de materiales didácticos y de apoyo. Ambos también hacen énfasis en mejorar la infraestructura escolar. Ambos dicen que ampliarán la oferta de preescolares. En el Plan del gobierno se mantiene el programa que han bautizado “Amor para los más chiquitos”, que hace mucho énfasis en los esfuerzos que harán las familias, aunque eso no obvia la obligación del Estado para brindar este importante nivel educativo.

La participación de padres y madres de familia en las actividades escolares es fundamental, porque no toda la educación la pueden asumir los docentes. En todas las investigaciones que hemos hecho, en Nicaragua y fuera de Nicaragua, vemos que niños y niñas que tienen el apoyo de sus padres y madres aprenden más. Pero las familias no sólo deben participar en las kermeses, sino en la labor pedagógica del aula de clase. Es importante lo que las familias pueden hacer en la casa leyéndoles o contándoles cuentos a niños y niñas, promoviendo que lean. Esta costumbre ha demostrado ser fundamental para el buen aprendizaje de la lectura y los maestros deberían recordársela a padres y madres.

Observamos que las familias que menos participan en las escuelas son las más pobres o porque tienen que trabajar o porque les intimidan la escuela y los profesores. El proyecto de “autonomía escolar” que se implementó en Nicaragua en los años 90 tuvo sus perversiones y tuvo como resultado una baja en la matrícula porque se cobraba, pero también dejó experiencias positivas: en algunas escuelas madres y padres controlaban si sus niños estaban aprendiendo o no, si los docentes llegaban temprano o tarde o si no llegaban… Esa participación habría que mantenerla y estimularla. Hoy, los consejos de padres de familia que hubo en las escuelas se han suprimido y han sido sustituidos por los Consejos del Poder Ciudadano. Y las familias ya no deciden nada que no pase por los CPC ni tienen valor sus señalamientos o sus denuncias. También en la escuela se han cerrado muchos espacios de participación y se privilegia a quienes son del partido de gobierno. Pero la Ley de participación educativa está vigente, no se ha derogado y en nombre de esa ley, padres y madres de familia tienen derecho a exigir participar en la escuela de sus hijos. Legalmente tienen derecho a que se les escuche y a cuestionar la actual privatización de la participación a favor de quienes son o simpatizan con el partido de gobierno.

Otro elemento importante de mencionar, y que debería cambiar, es que actualmente los directores y directoras de centros educativos tienen poca capacidad de acción, muy poca autonomía. Los directores se quejan de la poca autoridad que se les asigna, del poco espacio con que cuentan para incidir en la labor de los maestros y la presión que se mantiene sobre ellos. Esto es un serio problema porque diferentes estudios, nacionales e internacionales, demuestran que la asesoría y supervisión que ejerce el director en un centro educativo es clave para mejorar la calidad de la educación. Parte del éxito en los aprendizajes reside en que el director se responsabilice de los problemas de la escuela y, por ello, se involucre prioritariamene en lo que acontece en el aula y comparta la responsabilidad de asegurar que el maestro en el aula está cumpliendo con su trabajo, que es que los niños aprendan.

Hay pocos estudios que nos indiquen, con suficientes datos e información, el nivel de alfabetización que hoy tiene Nicaragua. El gobierno dice que la tasa de analfabetismo es sólo del 3.5% a nivel de toda la población. Ésa es la cifra oficial, pero no hay estudios independientes que la corroboren. El Plan Estratégico plantea continuar los esfuerzos de alfabetización y continuar la educación de los alfabetizados para que no se conviertan en analfabetos funcionales, que es lo que suele ocurrir. La cifra oficial de quienes ya alfabetizados han continuado en procesos de educación de adultos es muy baja aún y el Plan indica que se esforzará por aumentarla.

El Plan del gobierno plantea establecer un modelo educativo de responsabilidad compartida. Pero lo concretan en la participación en el esfuerzo educativo de las instancias del Poder Ciudadano, sin mencionar por ningún lado a las ONG y a los movimientos sociales que trabajamos en Nicaragua en educación. Sólo cuentan con los funcionarios de las instituciones estatales y gubernamentales y con las instancias del partido de gobierno. También plantea el gobierno alinear y armonizar los recursos de la cooperación para orientarlos a las prioridades educativas del país.

El programa de la Alianza plantea fortalecer las instancias de participación en los diferentes niveles, desde el nacional hasta el centro educativo. El Plan del gobierno se plantea asegurar la merienda escolar y entregar útiles y uniformes escolares a niñas y niños de preescolar y primaria, priorizando a los más pobres. El programa de la Alianza propone impulsar programas que otorguen a las familias que viven en pobreza extrema los medios necesarios para enviar a sus hijos a la escuela y fortalecer la merienda escolar.

El Plan Estratégico que el gobierno ha elaborado parece más completo y más serio que la anterior Estrategia Educativa.
Se plantea metas en la dirección correcta, aunque algunas metas faltan y no queda claro cómo van a cumplir las metas que plantean. El principal problema de este Plan es que está siendo manejado por un grupo de personas que no dan participación ni dan información a otras instancias de la sociedad que trabajamos en educación. Para quienes hacemos investigación esto es un problema muy serio porque tenemos que trabajar con cifras antiguas y andar adivinando los resultados de los procesos que el gobierno está impulsando. Eso es lo que ha pasado, por ejemplo, con los programas Sandino 1 y Sandino 2, que el gobierno brindó para concluir la primaria y la secundaria de forma acelerada. No conocemos los resultados, no contamos con información para evaluarlos. Lo que sí sabemos es que en educación lo que sirve es el aprendizaje, no el diploma. Un diploma conseguido aceleradamente puede servir a veces para lograr un trabajo, pero sin las competencias necesarias y sin un aprendizaje adecuado, ¿para qué servirá? Los procesos educativos son muy complejos y la situación educativa en Nicaragua es muy precaria y por eso la evaluación de los esfuerzos que todos estamos haciendo es una tarea urgente.

Creo que los problemas de la educación que tiene Nicaragua se deben resolver poco a poco, con acciones no necesariamente glamorosas. El gobierno se plantea la batalla por el sexto grado en el marco de una campaña electoral y con un gran boom publicitario, cuando Nicaragua no ha resuelto aún el problema del primer grado. Tenemos que seguir planteándonos la batalla del primer grado y simultáneamente la del sexto grado y la del noveno grado, en un marco temporal de mediano y largo plazo. Tenemos que seguir viendo cómo mejorar el salario del magisterio, supervisando lo que pasa en el aula de clase para que niños y niñas aprendan lo que tienen que aprender... Hay un conjunto de acciones que hay que hacer y que no se hacen porque son de largo plazo y, por eso, no las puede capitalizar un solo gobierno. Por no asumir acciones de este tipo seguimos tropezándonos con la misma gradita. Por eso no avanzamos y por eso nos quebramos cada vez más dientes.

La educación no es aún una prioridad en Nicaragua. Sólo fue una prioridad en 1980, cuando la Cruzada de Alfabetización. En 1980 el país “se cerró” y todo se orientó a conseguir aquella trascendental meta educativa. Después ya nunca más la educación volvió a ser una prioridad.

Nuestra sociedad tiene que cambiar su visión de la educación. La sociedad nicaragüense aspira a muy poco en materia educativa. Aspiramos prácticamente a tener un mal pupitre en un aula para que nuestros hijos se sienten allí y escuchen cualquier cosa que el maestro les enseñe. No. Tenemos derecho a que nos enseñen bien, a una buena escuela, a una educación de calidad. Porque la educación es lo que va a desarrollar las potencialidades de las personas y, en consecuencia, las potencialidades de nuestro país. Debemos aspirar a más, y no con una visión instrumental: no debemos pensar en mejorar la educación para que el país sea más productivo, sino para que las personas puedan desarrollar todas sus potencialidades y tener más oportunidades. Si lo conseguimos, Nicaragua se desarrollará.

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