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  Número 285 | Diciembre 2005
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Nicaragua

¿Tiempos nuevos? Tiempos de güegüenses

El año 2005, año de la gran crisis, llega a su fin. La crisis se congeló con la Ley Marco para entrar de lleno en el año 2006, año de la gran decisión, con una contienda electoral que será caliente y reñida por las novedades que ya se anuncian. La mayor, que en los terrenos controlados por los caudillos bailan los güegüenses.

Equipo Nitlápan-Envío

La obra de arte El Güegüense o Macho-Ratón, escrita en castellano y náhuatl por autor anónimo en el siglo XVII, el texto teatral más antiguo de los que conserva América Latina, tesoro cultural de Nicaragua, fue reconocido por la UNESCO como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Lo celebramos. Es un máximo y merecido reconocimiento a los valores literarios y culturales de una obra brillante, en la que algo -¿mucho, todo, cuánto?- de la identidad mestiza de los nicaragüenses del Pacífico alcanza universalidad.

DOS FORMAS
DE SER GÜEGÜENSES

Un viejo buhonero y mestizo -con más de indio que de blanco-, recorre Mesoamérica, con sus dos hijos, comprando y vendiendo todo tipo de mercaderías en tiempos de la Colonia española. En Nicaragua, el gobernador español Tastuanes está en quiebra y en crisis. Con su alguacil mayor, su escribano y su regidor, busca imponerse, poner orden, ejercer control, cobrar impuestos. También al viejo Güegüense, que se hace el sordo, convierte al gobernador en su cliente, lo enreda, lo engaña, se burla de él, no le paga un peso y “le da vuelta” una y otra vez en diálogos hilarantes. Y baila, baila y baila. Al final, llega tan lejos en sus habilidades orales y comerciales que consigue casar a su hijo Forcico con Suche Malinche, la hija del gobernador. Ése es el argumento de esta auténtica obra maestra de palabras, de músicas y de danzas.

¿Qué significa ser güegüense? ¿Es ésa la esencia de los nicaragüenses? La polémica siempre se aviva, dividiendo a los que polemizan entre quienes consideran que el Güegüense nos afrenta y abochorna por ser mentiroso, mañoso, irresponsable y vulgar y quienes lo reivindican por ser astuto, pícaro, igualado y rebelde ante la autoridad. Aunque nos apuntamos a la lectura en positivo de los malabarismos verbales, danzarios y políticos del Güegüense, hay que reconocer que en Nicaragua circulan los dos tipos de Güegüense, el sinvergüenza y el rebelde. El que enreda para beneficiarse de la mentira. Y el que lo hace para burlarse del poder y vencerlo.

UN DESAFÍO
AL PODER AUTORITARIO

El Güegüense es universal -y ahora la UNESCO lo reconoce- por estar plenamente enraizado en un espacio y un tiempo concretos. Y es también una obra política porque habla de relaciones de poder. Del poder autoritario y arbitrario ejercido en un modelo ya en crisis, que es desafiado, desde abajo y en una correlación muy desigual, por el humor, el ingenio y la resistencia. El Güegüense denuncia y enfrenta el poder colonial y en la victoria final del mestizo se anuncia otro rumbo para otra historia. Ésta es la lectura en positivo de esta obra maestra.

El Güegüense, presentado ahora ante el mundo como icono de Nicaragua, como señal de identidad de nuestro país, tiene plena vigencia en la actual coyuntura política. Nicaragua termina el año 2005 atrapada en un tastuánico esquema de poder, tan autoritario como arbitrario, que pretende prolongarse, a pesar de que ha hecho crisis, controlando cualquier posible alternativa que lo cuestione. Y empieza el año 2006 con un proceso electoral que se presenta con novedades, como un desafío a la imaginación, a la habilidad y a la resistencia, en una muy frágil correlación de fuerzas. Y es por eso que han ido apareciendo los güegüenses.

BOLAÑOS EN “LUNA DE MIEL”

Durante prácticamente todo el año, las instituciones y la clase política -y ciertos sectores de la sociedad, los más informados- vivimos pendientes del conflicto entre el Presidente Bolaños y el Legislativo, dominado por el esquema de control diseñado en el pacto Ortega-Alemán.

Este conflicto fue fabricado por Alemán y Ortega para compartir el poder institucional y alternarse en él; Alemán pretendiendo también recuperar su libertad en el desorden creado y Ortega pretendiendo además demostrar su probada capacidad para desordenarlo todo y ordenarlo y estabilizarlo después a voluntad. El pacto es la obra de un par de güegüenses… en la lectura negativa del personaje.

El conflicto se congeló con la Ley Marco. El más aliviado con esta conclusión fue y es el Presidente Bolaños. Su rostro lo confirma a diario. También la OEA, que medió en la crisis hasta conseguir hibernar las reformas constitucionales, que estuvieron en el centro de la crisis. Ojalá que esta armonía, que esta luna de miel dure bastante, dure por lo menos hasta que yo me vaya, confiesa el Presidente, tranquilo ya porque podrá terminar su mandato sentado en la silla presidencial y no en zozobra y azareado con amenazas de juicios y cárcel. Después del susto, Bolaños anunció que el año 2006 será inolvidable por su progreso.

En esta “luna de miel”, Bolaños consiguió, además de la ratificación del TLC, volver a “encarrilar” a Nicaragua en el programa con el FMI con la aprobación en noviembre del Presupuesto 2006, confeccionado según las directrices del Fondo y con la anuencia acrítica de su equipo en el Ejecutivo. Aunque aún le queda casi un año de gestión, Bolaños ya no tiene más baraja que mostrarnos. Está tan satisfecho como acabado. Al iniciar su mandato quiso ser el mejor Tastuanes de la historia nacional y terminó enredado y confundido por la danza interminable de dos güegüenses matreros.

POR PRIMERA VEZ

El Presupuesto 2006 fue aprobado con los votos del PLC y de los diputados que apoyan a Bolaños, expresión “hacia la derecha” de la “luna de miel” que abrió la Ley Marco, aunque Bolaños reiteró que agradecía la aprobación, en primer lugar, a la mano de Dios.

A juicio del economista Adolfo Acevedo, lo más positivo del Presupuesto 2006 es que, por primera vez éste cumple con el mandato constitucional que establece registrar todas las fuentes de ingresos y la totalidad de los egresos de la administración pública. También por primera vez se registran en el Presupuesto las proyecciones de la totalidad de los préstamos y donaciones esperadas.

Hasta ahora, se dejaba de registrar una parte importante con el propósito deliberado de reducir la base de cálculo de varias asignaciones fijadas en la Constitución: Universidades (6%), Poder Judicial (4%), Municipios (6% en 2006, 7% en 2007, hasta llegar al 10% en 2010, según la reforma hecha este año). Este avance en la transparencia es resultado de las presiones de la sociedad civil.

Al evaluar el Presupuesto, Acevedo vuelve a señalar lo que siempre señala como más preocupante en éste y en anteriores Presupuestos aprobados durante el gobierno Bolaños: el pago de la deuda gubernamental, interna y externa, que en 2006 absorberá nada menos que el 20% del gasto estatal, siendo dos veces y media más lo que el país pagará en deuda interna a los banqueros privados nacionales que lo que pagará en deuda externa a la banca internacional.

LA DEUDA INTERNA:
EL DEDO EN LA LLAGA

Algo menos de la mitad de la deuda interna corresponderá al pago de bonos de indemnización por las propiedades confiscadas durante el gobierno sandinista de los años 80. Y algo más de la mitad, al pago de los bonos CENIs emitidos tras las quiebras bancarias de 1999 y 2000, en la que participaron liberales, sandinistas y conservadores. Todos.

Acevedo y su equipo, en la Coordinadora Civil, han demostrado que la operación de emisión de los bonos CENIs careció de base legal y que se efectuó violentando la Constitución, la Ley Orgánica del Banco Central, la Ley de la Superintendencia de Bancos, la Ley General de Bancos y otras. Ahora anuncian que tienen en su poder pruebas que demuestran que fue, en gran medida, una enorme operación deliberada de saqueo del erario público. En concreto, algunas listas de préstamos que fueron “reclasificadas” de manera coludida, ilegal y fraudulenta entre el Banco Central y los bancos que asumieron la cartera de los bancos quebrados, principalmente el Banpro y el Bancentro, del ahora candidato presidencial liberal Eduardo Montealegre.

MÁS DEUDA: MENOS SALUD, MENOS EDUCACIÓN

Este proceso de reclasificación de la cartera fue un elemento clave de todo el proceso que culminó con la emisión de los CENIs, porque fue a través del mismo que se determinó arbitrariamente cuál sería el monto total de bonos a emitir.

La reclasificación -dice Acevedo- pudo haber multiplicado varias veces el costo que el Estado tuvo que asumir como resultado de las quiebras. Sabemos que la mayoría de los CENIs emitidos por quiebras bancarias no correspondió al “respaldo de depósitos del público”, como argumentan algunos funcionarios del gobierno Bolaños y del gobierno Alemán. Gran parte de los bonos se explica por la operación fraudulenta de reclasificación de la cartera de crédito a favor de clientes privilegiados.

No está de más recordar el costo de convertir el pago de la deuda interna en la primera prioridad absoluta en la asignación de los recursos presupuestarios de la nación. Priorizando a la banca nacional, Nicaragua no puede disponer de los recursos indispensables para atender urgencias en la educación y la salud públicas y por eso, nuestro país se ha incapacitado para poder cumplir con las Metas del Milenio.

UN DISEÑO DE PODER
YA EN QUIEBRA

Los reclamos hechos en noviembre a los diputados que aprobaban el Presupuesto por médicos y enfermeras en demanda de aumento salarial; y por los alcaldes de los 153 municipios del país, en demanda de que se mantuviera el porcentaje de las transferencias acordadas por la ley, no lograron romper la “luna de miel” que ha “estabilizado” al país. Y es que todas las energías políticas están ya orientadas a la estratégica disputa electoral y todas priorizan el escenario político del próximo año.

El año 2006 será de grandes incertidumbres. Animadas con novedades políticas. Alemán y Ortega hubieran querido enfrentarse solos en las elecciones. El pacto entre ambos es también una apuesta a consolidar fatalmente el bipartidismo y a perpetuar elecciones polarizadas entre sandinismo y antisandinismo. Pero, a pesar de que este diseño de bipartidismo institucional es de largo alcance, y a partir de este año fue adobado con la fórmula de la alternabilidad para garantizar que el que pierda también gane, el esquema está en quiebra.

EL GÜEGÜENSE LEWITES

Ortega aspiraba a competir frente a un liberalismo dividido. Ese esquema se lo quebró Herty Lewites, un güegüense -en versión positiva-, que ha entrado a jugar a su mismo terreno. Lewites habla y enreda, desafía riéndose y juega con terquedad en una correlación de fuerzas profundamente desigual, ya que, aunque en creciente crisis, Ortega tiene aún mucho poder tastuánico.

La situación es frágil. Pero desafiante. El peligro es que Lewites, el movimiento que encabeza y todos los nicaragüenses, terminemos enredados. Su güegüensismo lo ha consolidado como personalidad capaz de disputarle el poder a Daniel Ortega y como figura que genera empatía en la gente más diversa. En el camino ha jugado calisténicamente: aspirando a compartir fórmula presidencial con Ortega, presentándose como aliado de Bolaños, como ungido de “Diosito”, pasos tal vez necesarios porque cualquiera que quiera erigirse como candidato independiente tiene que bailar alguna de las danzas del poder en Nicaragua -en el Güegüense premiado hay 14 diferentes-.

Pero ese baile tiene que terminar. Terminado el baile, caen las máscaras. Lewites tiene que saber y calcular muy bien en qué momento se revela como un candidato capaz de unificar a la nación, más allá del sandinismo -liberado del danielismo-, capaz de atraer a esa mayoría de nicaragüenses que, por su pobreza y falta de oportunidades, son los destinatarios privilegiados de un programa de izquierda de carácter nacional.

El baile tiene que terminar para articular un discurso claro y honesto, consistente y atractivo, que le explique a los nicaragüenses lo que significa formar parte de una Nación -ser parte de un sueño y un proyecto colectivo-, que nos recuerde lo que significó Sandino en nuestra historia.

¿GÜEGÜENSES ROJOS?

¿Y en los predios de Alemán? Con el importante giro que le ha dado Lewites a la contienda, aspiraría a que el candidato que él designe desde su “cárcel” compitiera con un sandinismo dividido. Hay aún muchos interrogantes en las “oficinas” del Regidor de El Chile. ¿Competirán uno o dos liberales? ¿Se unificará el liberalismo? ¿En torno a la maquinaria del PLC y el candidato de Alemán (¿Rizo-Alvarado? ¿Rizo con algún conservador? ¿Rizo con Vidaurre?) o en torno al banquero Montealegre (¿es todavía el candidato de Estados Unidos?)? ¿Cuánto aguantará Montealegre en tienda aparte?

Los liberales no han terminado de definir su juego. Pero ya han sido capaces de dividir al gobierno de Bolaños entre quienes apoyan a Alemán a través de Rizo y quienes apuestan por Montealegre, mientras Alvarado, en nombre del APRE, juega a dos bandas. ¿Quién es el güegüense en el campo liberal? Unos dicen que Rizo, otros que Alvarado. Difícil de saber, porque estos personajes bailan un Güegüense mudo. Se mueven incansablemente pero sospechando lo que quieren, no ofrecen nada que no conozcamos.

¿Y Montealegre? No es Güegüense porque no hay en él pizca de humor ni de autenticidad. El banquero parece disfrazado para un Halloween electoral: un candidato que luce natural en las fotos oficiales y enmascarado de “pueblo” entre las marchantas de los mercados.

¿CUÁNTA ES LA QUIEBRA?

¿En torno a qué se unificará el liberalismo, en torno al antisandinismo? ¿Tiene vigencia la bandera antisandinista que enarboló doña Violeta, Alemán y Bolaños, con Herty Lewites en el escenario manteniendo tanto arrastre popular? La última encuesta de Borge y Asociados (noviembre 2005) -importante, por ser la única empresa que acertó con el triunfo de Violeta de Chamorro en 1990- brinda pistas para empezar a considerar la novedad de que Nicaragua parece ya no estar dividida entre sandinistas y no sandinistas. Tampoco lo está entre pactistas y antipactistas. ¿Lo está entre danielistas y antidanielistas? Todo se ha ido moviendo.

Todo se puede seguir moviendo. Está en quiebra el modelo tastuánico de control institucional. ¿Cuánta es la quiebra, cuánto se ha movido, cuántos independientes frente a este poder se han sumado ya al baile, a la indignación, a la rebelión? Una elección transparente y con cuatro opciones -la banda de Ortega, la banda de Alemán, la opción liberal y banquera de Montealegre y la opción sandinista de Lewites- permitiría medir cuánto se ha movido políticamente el país y en qué dirección, cuánto se separa ya la población de los caudillos, cuánto ha madurado la conciencia sandinista secuestrada por el danielismo, cuánto se ha erosionado el liderazgo de Alemán por el lastre de sus actos de corrupción.

Una elección entre estas cuatro opciones sería reñida y nos daría, independientemente del Presidente que resultara electo, una Asamblea Nacional sin la actual mayoría del pacto, tal vez ya sin ninguna mayoría, y por tanto un Parlamento plural donde habría que aprender a negociar entre grupos más o menos similares.

UNA CAMPAÑA DURA

El año 2005 termina sin que Arnoldo Alemán haya conseguido su libertad ni en los tribunales por falta de pruebas ni en la Asamblea por medio de una amnistía. Termina sin que Daniel Ortega haya conseguido “estabilizar” una situación que le asegure la victoria electoral. Ni ambos juntos ni ninguno de los dos por separado tiene ya el control de la situación. Tampoco el control del voto cautivo de sus partidos. En la encuesta de Borge, Ortega aparece en tercer lugar de preferencias y el PLC -que hasta abril no anunciará quién será su candidato presidencial- aparece bastante más abajo, en el cuarto lugar.

Herty Lewites va en primer lugar y Montealegre en segundo. Esto resulta una verdadera novedad. ¿Se mantendrá durante los próximos largos meses que nos separan de los comicios? Este vuelco augura una campaña electoral muy agria. La campaña va a ser muy dura -dijo a Envío Dora María Téllez, que juega con Lewites-, será de puras bolas recias. Porque ni Arnoldo Alemán ni Daniel Ortega van a quedarse sentados y afligidos viendo cómo los pasan al tercero y al cuarto lugar. Todo el año será una conspiradera y vamos a ver de todo. Todo tipo de espectáculos, de piruetas de los candidatos, de tiros y de obuses.

EL GÜEGÜENSE
DEL TERCER VÉRTICE

En una certera imagen, el pensador Emilio Álvarez Montalván planteó hace unos meses que el poder tastuánico en Nicaragua era como un “triángulo de las Bermudas” capaz de absorberlo todo, de liquidarlo todo. En los vértices de ese triángulo situó a Alemán, a Ortega y al Cardenal Obando. Ahora, también en el vértice de Obando se aprecian novedades y movimientos.

Le toca ser aquí el güegüense -en versión positiva- al nuevo arzobispo de Managua, Monseñor Leopoldo Brenes, que sonríe siempre, habla a todos suave y persuasivamente, y toma distancia del poder tradicional y de los temas políticos para bailar a su propio ritmo. A finales de noviembre, Brenes -caracterizado por su estilo pastoral e inclusivo, y por eso, cristiano- fue electo Presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua hasta el año 2008, cargo que durante 30 años ocupó -de derecho o de hecho-el Cardenal Obando.

Como Vicepresidente, fue electo Monseñor Bernardo Hombach, obispo de Granada, del mismo estilo pastoral de Brenes. Y como secretario, Monseñor René Sándigo, obispo de Juigalpa, un franciscano que también baila con ellos. Monseñor Brenes ha dicho que está “acomodando” cargos en la Iglesia arquidiocesana, buscando poner en ellos a quienes tengan “cercanía” con él como nuevo arzobispo.

PASO A PASITO
SE CAMBIAN LAS COSAS

Una fuente ligada a las estructuras eclesiásticas de Managua comentó a Envío el significado de este “acomodo” en uno de los vértices más sólidos del triángulo: Era necesario un cambio. El Nuncio Jean Paul Gobel jugó un papel crucial en que Roma acelerara el retiro de Obando de la Arquidiócesis. Obando conserva aún mucho poder simbólico -se lo reconocen permanentemente y en forma de pleitesía la mayor parte de la clase política-, pero los cambios jurisdiccionales desde que dejó en mayo de ser Arzobispo lo irán desplazando. Está perdiendo influencia en la Iglesia.

Son cambios positivos y beneficiosos para la Iglesia -comenta nuestra fuente-. Porque Monseñor Brenes está sustituyendo a vicarios, párrocos y curas, a quienes el Cardenal premió por su lealtad y a los que fue configurando a su imagen y semejanza política e ideológica. Está poniendo en su lugar a sacerdotes más cercanos a la gente y más solidarios con los pobres. Sacerdotes más religiosos, pastorales, que no quieren protagonismo político ni han estado vinculados a la corrupción.

Todos aprecian que Monseñor Brenes es diferente. Lo suyo no es andar haciendo análisis políticos ni dando opiniones para apoyar a una o a otra de las bandas. No le interesa el protagonismo de las misas en Catedral ni anda buscando a los periodistas. Le deja a Monseñor Hombach las declaraciones más “comprometidas”.

El problema -nos dicen- que el Cardenal Obando no acepta retirarse. Desde que salió del cargo, está visitando parroquias urbanas y rurales a las que antes ni llegaba. Para mantener su base social. Quiere demostrarle a Roma que él es indispensable en el país. Actitud de caudillo, ¿no? No habrá más solución que darle un cargo en Roma. Lo preocupante es que se irá sin que nadie le pida cuentas de cómo dejó financieramente la arquidiócesis, sin que nadie aclare cuántas y cuáles propiedades que deberían estar a nombre de la Iglesia están hoy a su nombre.

Es esa fuerza de poder, de dinero y de influencias la que no tiene Monseñor Brenes. Y esa fuerza lo amenaza. Pero ahí va él, paso a pasito.

LOS MEJÍA GODOY:
NUESTRO ORGULLO NACIONAL

Y para cerrar con broche de arte -y de esperanza- este año de incertidumbres, que da paso a uno aún más incierto, aunque promisorio por la acción de los varios güegüenses que desafían el poder de maneras diversas, una noticia complementaria de la premiación del Güegüense, por lo que tiene que ver con la dignidad nacional. Dos iconos de la identidad nicaragüense, Carlos Mejía Godoy y Luis Enrique Mejía Godoy fueron condecorados por el Presidente Bolaños con la máxima distinción cultural de nuestro país, la Orden Rubén Darío.

Carlos y Luis Enrique son un orgullo nacional. Como lo es el Güegüense. Nadie como estos dos artistas hizo tan universal la música nicaragüense y tan entrañables a tantísimos personajes de la cultura popular: a Clodomiro el Ñajo, a la Tula Cuecho, a Quincho Barrilete y a Panchito Escombros, a Josefana que por la Costa va, a María y su fantasía…

Nadie como ellos, orgullosos de ser hijos de un pueblo pequeño, pequeño como un gorrión, con medio siglo de sueños, de esperanza y de valor, le dieron a la insurrección antisomocista y a la revolución sandinista un sello tan novedoso de belleza, con canciones inolvidables, de guerra y de paz, que son patrimonio de la nación y que viven en la memoria colectiva de quienes luchan por la justicia y la soberanía en Nicaragua y en toda América Latina. Nadie como ellos, hijos de Sandino y viniendo del sandinismo, han logrado un consenso nacional tan amplio y apasionado por su pasión por Nicaragua.

En el acto de condecoración, ambos hablaron a coro, intercambiándose las palabras y las canciones. Luis Enrique dijo: Nuestros padres nos enseñaron a amar a Nicaragua y a defenderla, no sabemos hacer otra cosa que cantar con honradez y dignidad. Nunca hemos estado anclados en el pasado y siempre hemos luchado para que no le pongan cadenas a nuestros sueños, nos corten las alas o nos secuestren la esperanza.

Y dijo Carlos: Nosotros somos como un ladrillo de barro, que venimos chupando la lluvia, el viento, el canto de los pájaros. Si hemos cumplido o no, el pueblo mismo lo dirá. Nuestro compromiso es seguir componiendo canciones para Nicaragua. La vida es doblemente hermosa cuando se tiene una razón para vivirla y luchar por construir un sueño.

Palabras de Güegüenses. Güegüenses en el arte por su sentido del humor y por su fina, acertada y constante provocación -nos provocan a pensar críticamente, a compartir y a vivir sintiendo-, por su alegría y por su dignidad frente a todo poder y autoridad.

UN AÑO MÁS

Cerramos el 2005, un año más. Lo cerramos con el teatro de la democracia en quiebra. Y empezamos 2006, un año más. Que sea un año en el que construyamos alguna realidad mejor con el chingaste de tantos sueños frustrados, en el que organicemos alguna esperanza reuniendo tantas desesperanzas acumuladas. Que el Güegüense nos inspire y nos dé sus claves.

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