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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 285 | Diciembre 2005
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Nicaragua

El Güegüense: Patrimonio de la Humanidad

El 25 de noviembre de 2005 la UNESCO declaró al Güegüense, obra maestra, teatro bailado o baile teatralizado del siglo XVII, tesoro cultural de Nicaragua, como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Equipo Envío

El 25 de noviembre de 2005 la UNESCO declaró al Güegüense, obra maestra, teatro bailado o baile teatralizado del siglo XVII, tesoro cultural de Nicaragua, como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

En la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad la UNESCO entiende como Patrimonio Cultural Inmaterial “las prácticas, representaciones y expresiones, los conocimientos y las técnicas que procuran a las comunidades, a los grupos y a los individuos un sentimiento de identidad y de continuidad con su historia y su cultura”. Los objetos, los espacios culturales, los ritos, las representaciones teatrales, los textos literarios orales o escritos asociados a estas expresiones integran el Patrimonio Cultural e Inmaterial (Intangible) de la Humanidad.

El patrimanio cultural inmaterial se manifiesta en tradiciones y expresiones orales, en artes del espectáculo, en prácticas sociales, rituales y festividades, en conocimientos y prácticas relacionados con la Naturaleza y el universo, en las técnicas propias de la artesanía tradicional.

El patrimonio cultural inmaterial se transmite de generación en generación, lo recrean permanentemente las comunidades y los grupos en su propio medio en función de su interacción con la Naturaleza y con su Historia. La salvaguarda de este patrimonio es una garantía de que la diversidad cultural de la Humanidad sea sostenible. La UNESCO tiene cuatro programas importantes en este campo: la Proclamación de las obras maestras del patrimonio oral e inmaterial de la Humanidad, los Tesoros humanos vivos, las Lenguas en peligro y la Música tradicional del mundo.

En el año 2005 se hizo la Tercera Proclamación de obras maestras merecedoras de ser consideradas Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Entre el 21 y el 24 de noviembre, un jurado de 18 miembros -ninguno nicaragüense-, presidido por la Princesa Basma Bint Talal de Jordania, analizó y evaluó 70 candidaturas con sus respectivos expedientes y eligió 43 obras maestras, como ejemplos excepcionales de la riqueza y la diversidad del patrimonio cultural e inmaterial de la Humanidad, entre ellas el Güegüense de Nicaragua. En el año 2001 y en el 2003 habían sido seleccionadas otras 47 obras maestras.

Nicaragua contaba ya, en las Ruinas de León Viejo, con un Patrimonio tangible de la Humanidad y aspira a que la ciudad de Granada y la Catedral de León sean declaradas también con esta distinción. Contaba también con la declaración de la Danza, Lengua y Baile de los Garífunas -uno de los pueblos que habitan el Caribe nicaragüense- como Patrimonio intangible de la Humanidad.

Al describir los valores del Güegüense, la UNESCO lo caracteriza como un “drama satírico” que es una “enérgica expresión de protesta contra el sistema colonial”, considerándola como “una de las más significativas expresiones latinoamericanas de la época de la Colonia”. En el personaje del Güegüense aprecia su capacidad para “socavar la autoridad española”. Y señala que en Nicaragua “hacerse el güegüense” sigue significando actualmente ser capaz de ese hábil desafío de socavar el poder y la autoridad. Nuestro Güegüense recibió esta distinción junto a otras obras maestras de la Humanidad.

En América Latina, lo acompañaron:

- El Rabinal Achí, de Guatemala, drama oral y bailable del siglo XV, que refleja las tradiciones pre-hispánicas del pueblo maya, específicamente las del pueblo de Kajyub, capital de la región de Rabinaleb en el momento de la Conquista española. Con música, relatos hablados y bailes de enmascarados narra el conflicto entre “rabinales” y “quichés”. La Colonia española y el conflicto armado en la zona en donde nació esta tradición la han colocado en peligro de extinción por la folklorización y trivialización actual de sus contenidos.

- Las Carretas de Bueyes de Costa Rica, que desde mitad del siglo XIX transportaban, coloridamente decoradas, el café hasta los puertos del Pacífico de ese país. En el siglo XX cada región comenzó a pintarlas con un diseño propio. Hoy estas carretas y sus ruedas pintadas son emblema artesanal de Costa Rica.

- El Baile-Drama Cocolo, nacido en la República Dominicana a mediados del siglo XIX entre los migrantes de habla inglesa que llegaban a la isla a cortar caña de azúcar, y que se conserva en San Pedro de Macorís. “Cocolos” era el término despectivo con el que se llamaba a esta gente. La comunidad Cocolo sigue bailando y representando su drama en Navidad, en el Carnaval y en las festividades de San Juan. Los cocolos conservan una cultura africana-inglesa-dominicana a la que se aferran como señal de identidad.

- La Samba de Roda, baile brasileño nacido entre los esclavos negros de Bahía en el siglo XVII. Este baile, con coreografía y poemas, influenció la samba, actual icono de la identidad brasileña.

- El Espacio Cultural del Palenque San Basilio, población de 3,500 habitantes cercana a Cartagena, Colombia, que desde el siglo XVII conserva las estructuras propias de los palenques, formados por los esclavos negros que huían de sus amos y del horror de la esclavitud. San Basilio ha sobrevivido hasta hoy con su propia identidad cultural y el palenquero es la única lengua americana con base en la lengua española y con sintaxis características de la lengua bantú.

- El Arte Textil de los Taquiles, en Puno, orilla peruana del Lago Titicaca. Los Taquiles hablan la lengua quechua y conservan en el espacio cultural de su isla tradiciones andinas pre-hispánicas.

En sus tejidos, que elaboran mujeres y hombres, se reflejan tradiciones antiquísimas. Los chullos -sombreros tejidos que cubren las orejas- y los cinturones con dibujos del calendario agrícola y ritual son especialmente valiosos por sus diseños tradicionales.

En África recibieron distinción, la danza ritual y curativa Vimbuza, de Malawi; la danza ritual y cultual Gulu Wamkulu de Malawi, Mozambique y Zambia; el espacio cultural de los pueblos pastores de Mali, que celebran los festivales Yaraal y Deegal; la música orquestal de las comunidades Chopi de Mozambique; el ritual de adivinación Ifa de Nigeria; el rito de iniciación Kankurang del pueblo Mandinga de Senegal y Gambia; las ropas confeccionadas con corteza del pueblo Baganda del sur de Uganda; el ritual de iniciación masculina Makishi, practicado por varios pueblos del occidente de Zambia; y las danzas Mbende-Jerusarema del pueblo Zezura Shona de Zimbabwe.

Entre los pueblos árabes fueron proclamados el Ahellil de Gourara, ceremonial musical y poético del pueblo Zenete de los oasis del suroeste de Argelia; el espacio cultural del pueblo Bedu de Petra y del Wadi Rum, en Jordania; la feria festiva anual de Tan-Tan, que congrega a tribus nómadas de Marruecos; y las narraciones de crítica social conservadas en la tradición oral Hikaye de Palestina.

En Europa recibieron esta honrosa distinción la música polifónica de los Ghegs del norte de Albania; el Duduk, un obóe fabricado en Armenia con madera de melocotón; la procesión de Gigantes y Dragones de Bélgica y de Francia; la Bistristsa Babi, bailes rituales arcaicos de la región Shoplouk de Bulgaria; la Danza de los Reclutas de la República Checa; el canto de los tenores de Cerdeña, en Italia, expresión de la antigua cultura de los pastores de la región; la danza ritual Calus del sur de Rumania; los Olonkho, textos poéticos y épicos Yakut de los pueblos turco-mongoles, hoy dentro de la Federación Rusa; la Fujara, flauta tradicional de los pastores del centro de Eslovaquia; el Patum, festival tradicional de origen medieval de Berga, en Barcelona, España; y la ceremonia religiosa danzante y musical de los Mevlevi, una orden sufí del siglo XIII, que se sigue practicando en comunidades de Turquía.

En Asia y el Pacífico se distinguieron como Patrimonio de la Humanidad las canciones de los Bauls de Bangladesh; la Danza de Máscaras y Tambores de la comunidad Drametse de Bhutan; el Teatro de Sombras Sbek Tom de los Khmer de Camboya; las canciones, bailes y folklore del pueblo Uyghur Muqam de Xinjiang, una de las minorías étnicas más numerosas en la República Popular China; la Ramlila, representación teatral-musical del texto del Ramayana en la India; las espadas Kris de Indonesia, armas del siglo XIV consideradas objetos espirituales con poderes mágicos; el teatro Kabuki del Japón; el teatro Mak Yong de Malasia; el Urtiin Duu, canciones tradicionales de los pastores nómadas de Mongolia; el Canto épico Darangen del pueblo Maranao de Filipinas; el festival Gangneung Danoje, que celebra a las deidades masculina y femenina de la montaña Taebaek del norte de Corea; y el espacio cultural de la cultura Gong en las montañas centrales del Vietnam.


Bien acompañado está el Güegüense.
Nos felicitamos y lo celebramos.

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