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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 281 | Agosto 2005
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Nicaragua

Los vuelos de Garza para romper el nudo gordiano

El papel determinante de Estados Unidos en la política de Nicaragua ha sido una constante histórica. El “embajador extraordinario” Oliver Garza vuela ya sobre el territorio político nacional y las miradas de toda la clase política siguen sus vuelos, pendientes de lo que hace o piensa hacer.

Equipo Nitlápan-Envío

El 22 de julio llegó a Nicaragua Oliver Garza, embajador de Estados Unidos en Nicaragua durante el gobierno de Arnoldo Alemán. Concluida la gestión como embajadora de Bárbara Moore, y a pesar de que Bush nombró hace unos meses a Paul Trivelli como su sustituto, Garza fue enviado antes y en misión especial -especialísima, dijeron voceros de la embajada- con el título oficial de Encargado de negocios interino.

Los “negocios” de los que vino a encargarse fueron claramente explicitados antes de su llegada: deshacer el pacto del PLC con Daniel Ortega y su grupo: “O con Estados Unidos o con Ortega”; y unificar electoralmente a la derecha antisandinista: “Cualquier cosa menos el regreso del FSLN al gobierno”. La interinidad de su misión dependerá del tiempo que tarde en conseguir esto. Parece ir rápido.

LO GORDO DEL NUDO

El pacto PLC-FSLN, del que ha derivado el conflicto Legislativo-Ejecutivo, es un auténtico “nudo gordiano”. Porque, a pesar de su ilegitimidad, está cuidadosamente anudado legalmente. Y porque hay un “gordo” en el centro de esos amarres. “El gordo” y “Gordomán”: así es conocido Arnoldo Alemán en la calle y en las publicaciones de humor político.

El futuro de Alemán -su libertad, su protagonismo en la política nacional, su control del PLC, partido que lo reconoce como líder- explican este pacto, están en sus causas y tienen que ver con sus consecuencias.

Hasta ahora, nadie ha podido deshacer este nudo. Toda la artillería nacional e internacional desplegada por el Presidente Bolaños ha resultado ineficaz. El goteo de cancelación de visas para viajar a Estados Unidos con que el Departamento de Estado ha venido castigando a los liberales arnoldistas no ha surtido efecto. (Este mes fueron dos más los desvisados: el Presidente del Poder Electoral y protegido del Cardenal Obando, Roberto Rivas, y la dirigente y diputada del PLC María Haydée Osuna). La OEA estrenó a su Secretario General, José Miguel Insulza, con la misión de deshacer el nudo, o al menos amarrarlo de otra forma. Y nada logró. La OEA mantiene en Nicaragua al enviado especial Dante Caputo con el mismo difícil objetivo.

A Oliver Garza -con carrera en el Departamento de Justicia, y gran amigo de Alemán durante su gobierno, latino más cercano a los devaneos y caprichos de la política criolla que funcionarios estadounidenses del estilo Bárbara Moore-, Washinton le ha encomendado quebrar el nudo gordiano. Magno destino.

POWELL, MOORE, FISK…

Hasta ahora, los desaciertos de la política de Estados Unidos durante el gobierno de Bolaños han contribuido a que el nudo se enrede y se tense más. En 2003, y por boca del entonces Secretario de Estado Colin Powell, Bolaños recibió la orden de abandonar sus acuerdos con Ortega -los que habían hecho posible que Alemán fuera desaforado, enjuiciado y sentenciado- para recuperar el respaldo del PLC. Pero no recuperó nada.

A finales de aquel año la embajadora Bárbara Moore fue la diseñadora, con Bolaños y los diputados del PLC, de una nueva directiva liberal en la Asamblea Nacional. Según Moore -que reconoce haber actuado de cocinera- esto enrumbaría las buenas relaciones entre el PLC y Bolaños.
La receta no cuajó. Porque Alemán seguía preso. Y la lealtad de los diputados a su líder se mantuvo incólume. Después de las elecciones municipales de 2004, el Subsecretario de Estado Dan Fisk llegó al país a hablar con escaso tacto diplomático de los caudillos Ortega y Alemán como políticos obsoletos, desechables y rechazados por Estados Unidos. Consecuencia: el PLC se acercó aún más al FSLN, resentido por la impertinente mano que los hería a ambos.

A pesar de las evidencias de esta errada diplomacia, la llegada de Garza a los cielos nacionales fue precedida de más sal en las mismas heridas. Declaraciones extensas y bien publicitadas de dos altos ex-funcionarios del gobierno Bush, Roger Noriega y Otto Reich -quien no dudó en llamar a Alemán ladrón-, reiteraron el rechazo de Estados Unidos al líder del PLC y la urgencia de que ese partido abandonara su pacto con el FSLN si quería conservar su amistad con el gobierno del Norte. Rematando, la embajadora saliente Bárbara Moore confesó abiertamente, al despedirse, que con frecuencia Estados Unidos, sin que lo sepa el pueblo, es invitado a intervenir en la política nacional. Y solícitos, intervenían.

UNA ESTRAGEGIA “GORDIANA”

Tras las evidencias numéricas que le aportaron las tres anteriores derrotas, la estrategia electoral de Daniel Ortega como candidato del FSLN por cuarta vez se basa en crear un escenario donde compita con un antisandinismo dividido entre arnoldistas y bolañistas. Esta división le garantizaría la victoria. Y quien le garantiza esa división es el propio Arnoldo Alemán.

Su liderazgo incuestionable en el PLC, su férrea decisión de seguir ejerciendo el control en el partido y participando en política, su habilidad para maniobrar y los rechazos y ascos que la gran empresa privada -que financia campañas- y que el gobierno de Estados Unidos -que ejerce presiones- han acumulado hacia Alemán tienen capacidad de mantener dividido al antisandinismo. De hecho, las divisiones provocadas por el factor “gordiano” han llenado de turbulencia todos los días del gobierno de Bolaños.

Mantener preso a Alemán hasta muy poco antes de las elecciones fomentaría la división de los liberales y del antisandinismo y la podría prolongar hasta la hora de votar. La liberación de Alemán le conviene a Ortega, pero no ahora, no tan pronto, sino mucho más cerca de la fecha de los comicios, o incluso inmediatamente después.

Todo mundo sabe que, aunque los barrotes que mantienen preso a Alemán son los graves delitos que cometió, quien tiene la llave y el candado de esa cárcel es Daniel Ortega, por el control que ejerce y mantiene en el Poder Judicial en general, y en especial en la Sala Penal del Tribunal de Apelaciones, donde está radicada la causa de Alemán, sentenciado a 20 años en primera instancia en diciembre 2003.

LA FUGA DE ALEMÁN

Garza llegó al país con un diálogo “nacional” estancado; con el delegado de la OEA Dante Caputo tratando de abrir “hendijas” para revitalizar ese diálogo y al menos hacerlo “tripartito” con la participación del gobierno; y en marcha el proceso para retirarle la inmunidad a Bolaños y a siete de sus ministros para llevarlos a los tribunales acusados de delitos electorales. Garza inició sus vuelos en pleno desorden institucional. Pero con una ventaja a su favor: soplan por todos lados aires electorales. Y la cercanía de las urnas lo mueve todo y los mueve a todos en Nicaragua.

El 25 de julio, recién llegado Garza, con un plan urdido con paciencia y valiéndose de recursos financieros y de relaciones políticas y personales de su propio entorno liberal, Alemán brindó al país, a Garza y a Ortega una hábil señal de su habilidad: se fugó delante de las narices de su carcelero. Un verdadero gol dentro del irresponsable juego de un pacto diseñado para lograr empates en una fórmula de “alternabilidad” que desconoce los intereses de la mayoría de la gente.

Beneficiado con la figura jurídica de régimen de convivencia familiar -libertad condicional antesala de la libertad definitiva- que le otorgó Roxana Zapata, jueza de ejecución de sentencia y vigilancia penitenciaria -escalón menor y administrativo-, que se basó en un informe forense que determina que padece enfermedades crónicas de difícil manejo carcelario, Alemán circuló libre por Managua durante 60 horas. Las empleó en ir a la Catedral a agradecer a la imagen de la Sangre de Cristo; en asistir a una misa por su difunto hermano, en donde tuvo una breve “homilía” sobre el amor; y en hacer una visita con su esposa al Cardenal Obando. Sus declaraciones fueron emotivas, su rostro aparecía compungido. Anunció que pasaría los últimos años de su vida dedicado a criar a sus pequeños hijos.

OTRA TRAGIFARSA

La fuga conmocionó a la opinión pública. Pero no sorprendió a nadie. Que Alemán va a salir libre se da por un hecho. Cómo y cuándo es lo que discuten los políticos, todos sin excepción. Nadie cree que Alemán vaya a permanecer preso durante veinte largos años. Sin embargo, ver de nuevo a Alemán libre hablando en los noticieros y saberlo moviéndose por Managua no dejó de ser impactante.

Llovieron las interpretaciones sobre la sorpresiva fuga. ¿Quién era responsable? ¿Quién le dio la lima para cortar los barrotes? ¿Por qué túnel evadió la celda? Bolaños responsabilizó con palabras durísimas a Daniel Ortega. La embajada de Estados Unidos, a las fuerzas infames del pacto político. Descompuesto, Daniel Ortega hizo responsable, con inocultable desconcierto, al recién llegado Garza. Él habría promovido la fuga dentro de lo que llamó el pacto de los corruptos Bolaños-Alemán. En varios extensos discursos, Ortega se empeñó a fondo en asentar la interpretación de una conspiración imperialista.

Pero recuperó de inmediato la llave del calabozo: como efectivamente la sentencia de la jueza Zapata era muy frágil legalmente, por no decir absurda, los jueces sandinistas del Tribunal de Apelaciones, actuando de oficio y a toda velocidad, la revirtieron y ordenaron que Alemán regresara de inmediato a su hacienda-cárcel. Y allí quedó. Hasta nueva trama.

Aunque la decisión de Apelaciones tenía pleno sustento legal, todo mundo la interpretó políticamente, cada quien a su favor. Para Ortega, imperaba de nuevo la ley y se detenía la conjura imperial. El gobierno vio en el regreso a la cárcel de Alemán un triunfo del pueblo, un éxito más de la sociedad civil que repudiaba el pacto y que con su presión le había torcido el brazo a Ortega, obligándole a rectificar a través del Tribunal de Apelaciones. En el PLC reinó el desconcierto y regresaron a su habitual interpretación: Alemán es inocente, salió legalmente y permanece preso como fruto del pacto Bolaños-Ortega del año 2002.

En la efímera fuga de Alemán se evidenció, una vez más, una de las más graves consecuencias institucionales del pacto: está instalada ya en el país una total falta de credibilidad en los tribunales de justicia, aun cuando actúen según la ley. Después de tantas tragifarsas, ya nadie cree que ningún juez en ningún caso sonado decida en nombre de la ley. Ya nadie cree en la ley.

LOS SAM-7 Y EL TLC

En el camino para deshacer el “nudo gordiano”, Oliver Garza tenía dos tareas previas y complementarias: lograr que el PLC aprobara el TLC Centroamérica-Dominicana-Estados Unidos y lograr que el PLC respaldara a Bolaños en la destrucción de los Sam-7, misiles tierra-aire de fabricación soviética que el Ejército de Nicaragua conserva en sus arsenales desde los años 80.

En el tema de los Sam-7, los diputados del PLC se desmarcaron muy pronto del respaldo que, dentro del pacto, venían dando al FSLN, y que habían expresado juntos en una Ley de Armas que ataba las manos a Bolaños para decidir unilateralmente la destrucción de los cohetes. “Vamos a reformarla”, dijeron los arnoldistas, anunciando así la primera “presa” atrapada por la Garza en vuelo.

La aprobación del TLC la habían mantenido pendiente como una importante pieza para negociar la libertad de Alemán. La mejor justificación para retrasar la aprobación era esperar hasta ver si el Congreso de Estados Unidos aprobaba o no el TLC. Finalmente, el 27 de julio, y tras intensas presiones de Bush, un debate cargado de sofismas ideológicos y por diferencia de sólo dos votos, la Cámara de Representantes lo aprobó.

Los votos de los arnoldistas y de los bolañistas son suficientes para que Nicaragua apruebe el TLC. El FSLN, que reflexionó muy tardíamente en este tratado, y que optó por el silencio o por el discurso retórico durante mucho tiempo, se opone a su aprobación. En vísperas del receso parlamentario de agosto, el TLC era el pivote en torno al cual giraban los arnoldistas, debatiéndose entre distanciarse del FSLN y resistiéndose a renunciar tan pronto a tan jugosa pieza de negociación. Ponerle “precio político” a los votos es práctica habitual de todos los diputados de la Asamblea.

ENTRAREMOS EN EL TLC

Una vez aprobado por Estados Unidos, Honduras, El Salvador y Guatemala, no hace sentido que Nicaragua se quede fuera del TLC. ¿Hace sentido que entre? En medio del actual desorden político, la entrada al TLC representa un claro espaldarazo a los grupos económicos vinculados al gobierno Bolaños. Las ganancias inmediatas que Nicaragua obtendrá con el TLC se concentran en los rubros de azúcar y maní, donde dominan el Grupo Pellas y el Grupo BANPRO. Y si es obvio que el TLC transformará a Nicaragua en una gran maquila, hay que tener en cuenta que si hasta ahora “maquila” en Nicaragua era sinónimo de “chinos”, son cada vez más numerosos los grupos económicos nacionales que respaldan a Bolaños y que invierten en la maquila, incluidos los Pellas.

Nicaragua no estaba preparada para el TLC. Tampoco las 30 leyes o los plazos que ha pedido el FSLN para retrasar la aprobación la prepararían. Tampoco, aunque el BID y la cooperación internacional coloquen en el país bastantes recursos para apoyar la adaptación de la pequeña y mediana producción al nuevo ecosistema “teleciano”, se lograrán frenar los impactos negativos.

Y esto, principalmente, porque no existe en Nicaragua una institucionalidad pública adecuada para manejar estos recursos con eficiencia, con lo que se corre el peligro de que sean malgastados o alimenten más corrupción. Y esto sucede porque no ha existido ninguna voluntad política para transformar esa institucionalidad. Y porque tampoco existe una visión nacional del país que queremos ser y una estrategia de cómo adaptar el TLC a un destino nacional compartido. La vida en el TLC, como la vida dentro del mercado, estará basada en el principio de “sálvese quien pueda”.

“TRAGAR LA AMARGURA”

Garza llegó a Nicaragua tras el impacto anual de la conmemoración del 19 de Julio.
En los últimos años, la celebración del aniversario de la revolución se ha ido convirtiendo en un ceremonial en torno a la figura de Daniel Ortega. Se ha ido despojando de sus contenidos políticos para ir adquiriendo características “religiosas”: es una tradición y un rito en torno a un “santo” al que se ama, se teme, del que se depende y del que se esperan favores; es también una romería con todos sus elementos: molote, fiesta, guaro, amigos; y es también una expresión de compromiso personal y colectivo en una fecha simbólica que evoca “trascendencia”. Están así presentes en la plaza todos los componentes de “lo religioso”.

A pesar de esta involución, cada año, tan masiva concentración, sigue despertando temores políticos en los adversarios de Ortega. ¿Ganará esta vez? Se tendrán que tragar la amargura cuando ganemos, advirtió Ortega este año, despertando fantasmas.

Para disipar temores sobre una victoria del FSLN y atraer al PLC al rebaño gubernamental, los vuelos de Garza han coincidido en una contraofensiva económica anti-pacto. El Banco Mundial levantó el veto que tenía a importantes préstamos, congelados por la crisis institucional, y anunció que respaldará al gobierno Bolaños durante todo el próximo año electoral. Por otra parte, Nicaragua entró en la Cuenta del Milenio -invento de Bush para países muy pobres que luchan contra la corrupción- y 175 millones de dólares entrarán a las arcas públicas en los próximos cinco años. Y por otra parte, el FMI sigue mostrando extrema flexibilidad en los plazos y condiciones previos a la firma de un nuevo acuerdo con Nicaragua.

EL “NEGOCIO” CENTRAL

Garza vino fundamentalmente a platicar con Arnoldo Alemán, a entenderse con él. De eso depende deshacer de una vez por todas el nudo gordiano. Garza tiene mucho que negociar con Alemán. El gobierno de Estados Unidos sabe que, tras sustraer recursos públicos, Alemán habría “lavado” parte de ese dinero a través de bancos estadounidenses. La Justicia de Estados Unidos tiene pendiente esta causa penal. Y con ella ha venido presionando a Alemán. Un equipo de investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos visitó Nicaragua estando ya Garza en el país para tomar decisiones en este asunto. Alemán tiene pendiente también una causa penal con la Justicia de Panamá. Fue en bancos panameños donde el entonces Presidente desarrolló la más amplia “lavandería”. Éste es una causa penal mucho más avanzado y sobre el que Estados Unidos también puede influir.

La impunidad de Arnoldo Alemán es el centro de la negociación Garza-Alemán. La impunidad y la consecuente libertad. Estados Unidos esta dispuesto a transar. ¿Libre e impune bajo la figura de una amnistía? Es la vía más factible, más rápida. Bastan los votos de arnoldistas y bolañistas. Esto le quitaría a Ortega la llave del calabozo.

A CAMBIO DE QUÉ
SE ROMPE EL NUDO GORDIANO

¿Transar libertad-impunidad a cambio de qué? ¿Que Arnoldo Alemán acceda a retirarse totalmente de la política nacional? ¿Que se vaya del país? ¿Que renuncie al control del PLC? ¿Que acepte realizar alguna forma tutelada de elecciones primarias en el PLC para darle paso a un candidato presidencial “ganador” realmente capaz de derrotar a Ortega, como Eduardo Montealegre?

¿Elecciones primarias también para conformar una lista de candidatos a diputados donde entren políticos vinculados al sector empresarial bolañista? En este caso, ¿qué dosis de arnoldismo estaría dispuesto a aceptar Estados Unidos en la fórmula presidencial con Montealegre o en las listas de diputados del PLC, todo a cambio de que Alemán acepte pasar a un segundo plano?

La esencia del modelo de gobierno diseñado por Alemán y Ortega en el pacto se basa en trasladar mucho más poder a la Asamblea Nacional, para desde ahí controlar más el Ejecutivo, de tal forma que quien gane o pierda de ellos dos no lo pierda todo ni lo gane todo. Si Garza no logra echar para atrás las reformas constitucionales, el nudo gordiano de este pacto se mantiene, se deshace o se debilita según sea la composición de los diputados del Parlamento.

UNA BANCARROTA ÉTICA

Consumada esta transacción, la lucha contra la corrupción, de la que ya sólo quedaba el justo anhelo -¿cuán masivo es?- de que, al menos Alemán, el promotor de la hipercorrupción institucionalizada fuera castigado, se haría añicos. Aquella insurrección jurídica de consecuencias éticas que empezó a tambalear los dos pilares de nuestra cultura política -la idea del Estado-botín y la impunidad-, saludada con entusiasmo en el año 2002 por el Procurador Alberto Novoa -quien inició, con la jueza Gertrudis Arias la causa contra Alemán-, ¿en qué se convertiría?

Las evidencias de que esta transacción está en marcha aparecen a diario en declaraciones de los dirigentes del PLC, que buscan mejorar sus relaciones con Bolaños y distanciarse del pacto con Ortega, declaraciones cada vez más antisandinistas y más contemporizadoras con Bolaños. Unos más y otros menos. Los vuelos de Garza han alborotado el gallinero liberal y las declaraciones de sus dirigentes revelan muchas tensiones internas.

ORTEGA: EL MÁS AFECTADO

Daniel Ortega será el más afectado. Su estrategia de pactar con Alemán, que tan descomunal costo político le ha traído, habría sido estéril. Y su sed de llegar a la Presidencia para demostrar que puede ser un buen gobernante, en tiempos de paz y ya sin guerra, quedaría sin saciar.

Culminada la transacción Garza-Alemán, ¿dónde quedaría la justificación teórico-política-histórica que el intelectual sandinista Orlando Núñez se ha empeñado a fondo en hacer del pacto, presentándolo como una alianza anti-oligárquica y anti-imperialista destinada a despolarizar el país y beneficiar a los más pobres?

RECTIFICAR:
LA ÚNICA SALIDA

¿Hay salida para Ortega y para el FSLN que él controla? Solamente la de rectificar. ¿Y qué significaría “rectificar” en este momento para el FSLN? Evidentemente, no significaría elevar el tono de la retórica anti-imperialista denunciando a Garza como jefe de la conjura de los corruptos. Si Garza transa hoy con la corrupción de Alemán, Ortega también transó con ella desde 1998 y pensaba seguirlo haciendo si su pacto hubiera prevalecido sobre esta “conjura”.

¿Hay salida para el FSLN? Si uno se atiene a las encuestas y a los cálculos estadísticos de elecciones anteriores, Montealegre, encabezando al antisandinismo unificado, tiene capacidad para derrotar a Daniel Ortega. Pero Herty Lewites, encabezando al sandinismo y a otras fuerzas progresistas que lograra aglutinar, tiene capacidad de derrotar a Montealegre. Esto quiere decir que, bajo las banderas del danielismo, el FSLN no tiene la oportunidad de volver al gobierno, pero sí pudiera tenerla bajo las banderas del sandinismo.

Rectificar significaría retomar las banderas del sandinismo, las de Sandino: soberanía nacional y justicia social. Significaría volver a la gente, no sólo a buscar sus votos sino a inspirarlos con un programa, no retórico, sino posible, concreto, factible. Aún con TLC en la región y con la avalancha neoliberal en el mundo, hay espacios para pensar y actuar de otra forma y enfrentar ese “pensamiento único” con un pensamiento de izquierda y con cuotas de soberanía.

Rectificar significaría decirle la verdad a Nicaragua y dar buen ejemplo en la vida personal. Significaría renunciar a la intimidación y al vanguardismo. Significaría reunir tantos vigores dispersos en estos años de autoritarismo dentro del FSLN y convocar a los sandinistas que se fueron. Significaría abrirle la puerta a la popularidad de Lewites y a quienes le acompañan en este esfuerzo y, re-encontrados los sandinistas, convocar a quienes están indignados y dolidas por estos largos años de insensibilidad y de injusticia social para organizar una reflexión que genere palabra, ideas, cambios y propuestas.

¿Una utopía? Sin duda. Más difícil de construir que lo que le resultará a Garza deshacer el nudo gordiano.

HABLA LA HISTORIA

Hace casi 80 años, en 1927, otro estadounidense, Henry L. Stimson, fue enviado por Washington para “arreglar” el conflicto entre los principales grupos políticos nicaragüenses. Del Pacto del Espino Negro impuesto por Stimson surgió el inmortal Sandino. Y poco más tarde, el somocismo.

Imposible predecir todo lo que puede resultar de los vuelos de Garza. Lo que sí puede asegurarse es que la ansiada estabilidad de nuestras instituciones será inalcanzable mientras Estados Unidos insista en crear balances de poder que no reflejan las necesidades y las aspiraciones de la sociedad nicaragüense. Inalcanzable, mientras nuestra clase política insista en hacer uso del poder de Washington para consolidar su propio poder. Mientras insista en vivir siempre pendiente de los vuelos y revuelos de las garzas del Norte.

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