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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 281 | Agosto 2005
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Guatemala

“No hay que pintar de maya el Estado, pero...”

Envío escuchó las opiniones de Rigoberta Menchú, Álvaro Pop y Rosalina Tuyuc, reflexionando sobre la participación de los indígenas mayas en el Estado, en el gobierno, en las políticas públicas, en las nuevas instituciones. Terminado el conflicto militar, ¿dónde están los mayas? ¿Qué hacen? ¿A qué aspiran? ¿Qué proponen?

Juan Hernández Pico, SJ

Cada vez que uno sale de Guatemala y regresa después de dos o tres semanas, la sensación que le invade es de un creciente desaliento. Las cosas parecen no moverse, estancadas, petrificadas, sin capacidad de avances sustanciales o frustradas en los que ya se dieron.

Un ejército reducido a una tercera parte de su tamaño durante la guerra vuelve a desfilar enseñando los dientes en el Día del Ejército, después de siete años sin hacerlo. El Vicepresidente anuncia que si el presupuesto del 2006 no cumple con las exigencias de los Acuerdos de Paz para el gasto social, “mucha gente abandonará este gobierno”. “¿Y usted también?”, le preguntan los periodistas. “Sí”, responde, e inmediatamente se vuelcan sobre él incontables presiones para que se desdiga. Montones de cadáveres se apilan cada semana producto de crímenes que nunca son llevados por el Ministerio Público a los tribunales de justicia, a pesar de toda la nueva parafernalia de la Policía Nacional Civil y del aumento de fiscales. El esfuerzo del Presidente, mancomunado con el de los otros cinco presidentes entroamericanos y el de la República Dominicana para ir a Washington a mendigar la aprobación del TLC, del DR-CAFTA, la nueva cara del imperialismo norteamericano en la era de la globalización, como diciendo “Por favor, señores miembros del Congreso, húndannos más en la dependencia y en la pobreza.” Mientras, las leyes que en Guatemala iban a ser enviadas al Congreso para salirle al paso a las desventajas del TLC duermen el sueño de los justos...

En un acto público reciente, mi colega Ricardo Falla expresó su convicción de que el actual desaliento es el resultado inevitable de análisis centrados únicamente en las altas esferas del poder. Sin embargo, dijo, si miráramos hacia abajo, si analizáramos la realidad de los gobernados, si tomáramos en cuenta la actividad de la sociedad civil, no sólo en la capital, sino en el interior, tal vez veríamos cómo nuestros países se mueven, cómo están saliendo del estancamiento, como hay un trabajo pujante de desarrollo y liberación, cómo la gente avanza con un entusiasmo y una capacidad insospechadas. Desde arriba, el país, parece estancado y condenado al desencanto. ¡E pur si muove!

LAS GRANDES PREOCUPACIONES

Envío participó en diálogos en los que la Premio Nobel de La Paz Rigoberta Menchú, de etnia maya quiché, y el Licenciado Álvaro Pop, de etnia maya quekchí, investigador en el Centro de Investigaciones Regionales para Mesoamérica (CIRMA), compartieron sus ideas, mostrándonos mucho de lo que hoy se mueve desde abajo en la participación maya en la política.

El diálogo estuvo surcado por varias preocupaciones fundamentales. Las alianzas históricas de los ladinos con los indígenas en Guatemala y la cultura de alianza. Una élite indígena como sujeto de la participación política con falta de sustentación en cuadros y con el descabezamiento de los liderazgos durante el conflicto interno. El racismo y la discriminación y su agudización actual. El campo de la política indígena como diverso y no como unitario, con el peligro de la dispersión y del protagonismo aprendido de la experiencia política occidental.

La importancia de una futura Asamblea Nacional Constituyente que refunde a Guatemala creando su Segunda República. La espiritualidad maya, ecuménica, en contraste con la religión maya. La memoria y la herencia del genocidio. La educación del pueblo indígena y la Universidad Maya. La agenda política de los indígenas y las perspectivas de apostar al poder del Estado. Guatemala como sociedad en estado de pre-conflicto y la vigencia de los acuerdos de paz.

¿PARTICIPAN LOS INDÍGENAS EN EL GOBIERNO?

¿Han participado los y las indígenas en el gobierno en Guatemala? Casi todos los gobiernos -habla Álvaro Pop- han hecho alianzas con los pueblos indígenas. La alianza del gobierno central con los pueblos indígenas de Occidente, por ejemplo, impidió la consolidación del Sexto Estado, el Estado de Los Altos. Sin embargo, la historia no recoge la autoría de los indígenas en la política, y menos la de las mujeres y los jóvenes. Con los revolucionarios de izquierda, las alianzas fueron más clasistas que étnicas. Surgieron en un momento movimientos panindios. Pero con los Acuerdos de Paz, la prioridad pasó a la cultura y a la espiritualidad. Siempre ha habido algunos grupos indios que creen en el Estado. COPMAGUA y la URNG hicieron alianza con el PAN y casi llegaron a un cogobierno. Algunos líderes indígenas eligieron cooperar con el Presidente Portillo (Doña Otilia Lux de Cotí, Demetrio Cojtí...). El Presidente Berger no ha tenido una estrategia muy definida, pero ha sido ejecutor del Gran Conciliador que es el Vicepresidente Eduardo Stein, con Rigoberta, por ejemplo, quien además dialoga de tú a tú con Berger. Pero esto no se traduce en asignación de recursos a los pueblos indígenas: apenas el 0.2% del presupuesto. Eso sí, más del 50% del presupuesto municipal está de derecho en manos de alcaldes indígenas, que se convierten en enemigos públicos en su lucha perdedora para que también sea así de hecho. De todas maneras, todo esto sería diferente si no hubieran existido los años 80, cuando descabezaron el liderazgo indígena. Hoy, han sido mujeres indígenas las que han encabezado, la aprobación legislativa del Convenio 169: las diputadas en el Congreso 1996-2000 Aura Marina Otzoy, Rosalina Tuyuc y Manuela Alvarado, y fue Otilia Lux quien puso su sello personal en lo que hizo en Cultura como Ministra.

A una pregunta de los asistentes a este diálogo sobre la capacidad de los ladinos para sacar partido de la diversidad y hacer progresar estas alianzas, respondió Álvaro Pop: En Guatemala no conocemos bien a los ladinos. La enorme mayoría de los estudios sociales son sobre los indígenas. Incluso el director de inversiones del Banco Mundial, Shelton Davis, estuvo diez años en Santa Eulalia, Huehuetenango, como antropólogo. De ahí que CIRMA intente recientemente cambiar esa situación a través de su proyecto de investigación, publicación y exposición pública sobre la diversidad de Guatemala: ¿Por qué estamos como estamos? Porque los ladinos apenas han sido hasta ahora los no-indígenas; entre ellos hay una gran diversidad bilingual, alemán-castellano, inglés-castellano, árabe-castellano, hebreo-castellano, cantonés-castellano... El problema sólo se da cuando el bilingüismo se plantea o sucede como quekchí-castellano, quiché-castellano... Y para participar como indígenas se nos ponen veinte mil condiciones. Pero el diálogo es el principio de la acción.

“SOMOS SOBREVIVIENTES
DEL HORROR Y DEL SILENCIO”

Habla Rigoberta Menchú: El asunto de la participación es asunto de una élite indígena y no es malo que lo reconozcamos. Los últimos 40 años nos han empobrecido. Quienes tenemos esa edad somos sobrevivientes del horror y del silencio. Arrastramos la “goma” del genocidio. Hasta los años 70 hubo consensos comunitarios, luego los conflictos los deshicieron. Antes no existían las Patrullas de Autodefensa Civil ni los paramilitares. ¿Podremos revivir los liderazgos naturales, los que tuvo mi papá -asesinado en la quema de la Embajada de España en 1980- y el papá de Álvaro? Creo que sí, desde los Consejos Municipales de Desarrollo, por ejemplo. Pero el descabezamiento de los liderazgos no fue sólo de los nuestros, sino que también de los ladinos.

No están en nuestras manos los vientos internacionales, como el TLC. El movimiento revolucionario se estrelló con la lucha de clases y no hizo honor a la identidad indígena. Yo me he sentido parte de la izquierda guatemalteca.
Tal vez, sin serlo tanto, habría hecho más contribución. Fuimos demasiado clasistas y militaristas: un ejército por otro ejército. No entendió la izquierda guatemalteca la pluriculturalidad. En la participación hay que ver procesos y tiempos. Hay que crear una cultura de la alianza. Hemos sabido denominar muy bien lo que queremos ser, pluriculturales, multiétnicos, plurilingües, pero ¿cómo se hace? De todos modos, ¿qué hacemos si hoy nos dan la mitad del poder? “Lo perderemos mañana” -le contestó Álvaro Pop-. “No, lo perdemos hoy”, cerró Rigoberta Menchú.

¿UNIDOS O DISPERSOS?

¿Hay unidad o diversidad en el campo de la participación política indígena? No hay unanimidad ni unión sobre la participación política -responde Rigoberta Menchú-. Unos dicen “partido”, otros dicen “movimiento”. Un gran obstáculo para cualquiera de los dos son los recursos, el dinero. Hay una gran diversidad de los orígenes de donde hemos salido y nuestra educación occidental nos lleva al protagonismo. Pero aunque haya mucha dispersión hay mucha esperanza en este momento en Guatemala, y la veo muy fértil. Hay líderes. ¡Nos faltan cuadros! Ser diversos no significa necesariamente ser dispersos. Yo no creo en un Estado indígena dentro de otro Estado ladino, ni mucho menos separado. En este momento nadie tiene todo en sus manos. Ya sería un gran logro que resolviéramos los problemas de la tierra, con el catastro o con los tribunales agrarios. Estamos atrasados 150 ó 200 años en muchos temas, por ejemplo en el tema de la reforma agraria. No hay sistema. Los empresarios guatemaltecos tienen su pequeño sistema de calcular sus pérdidas y ganancias de hoy para mañana, pero eso es muy chiquito. Están asustados con el TLC y van a robar el lenguaje que un día fue de la izquierda. Ésta es la primera vez que coincido con los dueños del agro guatemalteco. Pero, ¿qué somos, capitalistas chinos, europeos o gringos? No veo sistema hoy entre los ricos de Guatemala. Y si no hay sistema, ¿por qué no crear uno?

Contesta también Álvaro Pop: La palabra “división” no ayuda al hablar de la participación. Hay diversidad. A los ladinos no se les pide unión. Vean, por ejemplo, la salida de la Cámara de Comercio del CACIF. Se trata de dos familias que se disputan las concesiones sobre la electricidad: la producción y la comercialización. ¿Un partido político indígena? ¿Etnificar la política? No, éste es un punto de diferencia con Demetrio Cojtí. No creo que haya que pintar de maya al Estado. Eso es como religiosizar la política, como eclesializar o confesionalizar al Estado. Otra cosa es que haya varios partidos políticos de base indígena.

En este punto, una voz de la concurrencia se mostró disconforme con esta manera de ver y enfatizó que actualmente no hay sólo diversidad sino también desunión y competencia que divide a las comunidades indígenas, especialmente en Ixkan. “Allá, al regreso del refugio en México, unos se hicieron a pedirle perdón al ejército y otros se pusieron en contra. Lograron una mayoría para doblar la rodilla. También a la Iglesia se la involucró como URNG. Teníamos división en nuestras comunidades, no sólo diversidad, y hoy la sigue habiendo, de partidos políticos y de lucha entre ellos. ¿Será posible encontrar lo común?”

¿CUÁNTO RACISMO?
¿CUÁNTA DISCRIMINACIÓN?

¿Qué decir del racismo y la discriminación? Responde Rigoberta Menchú: El racismo y la discriminación se van agudizando de nuevo. Nosotros hemos sido la masa dominada. Y la masa, aún dominada, se considera como un peligro. El racismo es estructural, cultural, legal -no se tipifica la discriminación como delito-, es cultural y es también religioso. Yo he perdido la fe en que los ladinos de poder, de empresa, cambien. Claro que algo han cambiado. En los años 60 y 70 era más valioso hablar con el chucho, con el perro, que con el indio. Pero todos los currícula que yo presenté como candidatos para el gobierno y la administración de Berger, ninguno fue aceptado a excepción de Salazar Tezahuic, que quedó en Cultura. Hombres, mujeres, abogados, profesionales, quedaron fuera. Esto es una secta -me dije-, un clan. Nunca vamos a entrar ahí. No entraron los de Xela (Quetzaltenango, sede de la burguesía indígena), entraron los de la Zona 14 o los de la Zona tal. Se aferran a lo que tienen -poder económico, militar, coercitivo- y no lo pueden soltar. Se endurecen. Hasta el TLC los está endureciendo. Yo he conocido ricos más ricos que ellos y reyes más reyes que ellos.

Hemos avanzado en la conceptualización -multiétnicos, multilingües, a veces pluriculturales-, pero llegar a decir “respeto a nuestras civilizaciones”, eso no. “Incluir” se usa como parte de la piscina del racismo.
Y es malo para todos porque estamos en la misma sucia piscina. Todavía se dice que “si son indígenas no deberían ser ministro de la defensa, ni jefe de Estado, ni empresario”. Por eso les molesta que yo sea empresaria de farmacias populares. No me importa que me llamen la propietaria. Empecé en la capital porque si no se siembra ahí... Hoy hay dos farmacias en Xela, dos en Cobán, una en Escuintla, una en Tiquisate y una en Quiché. Y están también los Consultorios Rigoberta Menchú, con 75 consultas diarias.

Habla Álvaro Pop: El racismo es un sistema profundo, es racial -la nariz de Tecún Umán-, de clase, étnico.
La discusión sobre el racismo en la Asamblea Constituyente de 1945 fue muy profunda. Ahora, en cambio, después de los Acuerdos de Paz, perdimos la consulta popular para las reformas constitucionales, que reconocían nuestras culturas, nuestras etnias, nuestras lenguas. Y, sin embargo, el tema está avanzando. Tal vez en dos años tengamos una Asamblea Nacional Constituyente, tal vez en menos tiempo, y haya otra oportunidad, esta vez aprovechada. Hace falta meterle candela a la Constituyente. Refundar la República: una Segunda República. También aquí hay que construir la democracia. Cuesta porque hay dolores profundos, resentimientos hondos. Y en la Iglesia, sistemas ancestrales... Más que perseguir el mal, hay que construir la salud.

Desde la audiencia vino este aporte: “Si sos negro o sos blanco, indio o ladino, capitalino o del interior, no pasan de 500 familias los que pueden ir a curarse a Houston o a Nueva York, y no pasan de un millón de familias los que pueden vivir. El resto -otro millón y medio de familias- no come sino una vez al día.”

¿Y LA ESPIRITUALIDAD MAYA?

¿Qué decir sobre la espiritualidad maya? Habla Álvaro Pop: Hoy la espiritualidad maya está oficialmente condenada y extraoficialmente practicada. En los mercados siempre hay materiales para los altares mayas: candelas de diferentes colores, pom (incienso)...

Le preguntaron a Pop: “Algunos extranjeros o ladinos quieren apropiarse de la espiritualidad. Gente que conoce su nawal (el símbolo de su identidad y pista para discernir su camino en el calendario maya) apenas hace un año y ya quiere ser chuchkajaw (sacerdote maya). Es una falta de respeto. Pero ellos son nuestros hermanos. ¿Podemos dar la espiritualidad para crear armonía?”

Y respondió Álvaro Pop: Mi posición personal es que la espiritualidad maya es tan profunda y tan generosa que no es sólo de los mayas. No digo la religión sino la espiritualidad. La espiritualidad está muy hundida en la idiosincrasia de estas etnias, en la identidad de la mitad de la población del país.

Habla Rigoberta Menchú: La religión no debe confundirse con la espiritualidad, que es una forma de vida. La guerrilla reducía la espiritualidad maya exactamente al folclorismo. Hay un misterio aquí y es la espiritualidad.

Me atrevo a afirmar que los indígenas del planeta practican una misma espiritualidad con diversas formas y diversos materiales. Los mayas somos los únicos que vemos en el fuego lo que vemos. Afortunadamente, la creación no fue un invento de los seres humanos, y su diversidad tampoco. Las consecuencias del abuso del agua, del aire, las han anunciado los pueblos indígenas. A muchos amigos los he visto morir de cáncer y tenían todo. Lo mismo con la droga. Los mayas y los pueblos indígenas son profundamente ecuménicos. Yo soy católica, pero he estado muy cerca de los luteranos. Yo no idealizo a los mayas. Todas las culturas pagamos la cuota del dolor producido por la humanidad.

¿CUÁL ES LA AGENDA POLÍTICA
DE LOS INDÍGENAS?

¿Cuál es la agenda política a corto y largo plazo? Habla Rigoberta Menchú: La política la ejercemos con vergüenza, como con culpabilidad moral. Me dicen: “Te veo en la prensa, te veo en el gabinete, y ¿tú quién eres?” No hay que ver la participación con esquemas rígidos, hay procesos. En los Acuerdos de Paz nos sometieron a reglas de participación occidentales con las comisiones paritarias, donde rara vez avanzábamos por consensos.
Al contrario, acabamos en los hoteles. Pero la agenda separada nunca podrá ser una agenda de gobierno. Yo no veo mi persona ni mi regreso a Guatemala como parte del poder. Ni tampoco para el 2007. Yo me siento cosignataria de los Acuerdos de Paz, yo los apoyé. Una de mis metas es trabajar por los Acuerdos de Paz. Yo hice el decreto que firmó Berger nombrándome Embajadora para los Acuerdos de Paz. Pero que no sea parte del poder no quiere decir que no quiera tener una agenda guatemalteca, que no quiera ver el Estado por dentro. Sí, estoy en el gabinete. Pero, hasta la mitad del año pasado se trataban en el gabinete los problemas de seguridad. Ahora ya sólo se tratan en el gabinete de seguridad. Hay ya compartimentación.

De la misma información que uno maneja hay otras cinco versiones por otro lado. También a Rosalina Tuyuc (comisonada presidencial para el programa del resarcimiento a las víctimas del conflicto armado interno)
le han quitado de su programa el genocidio. Y pidieron perdón por el asesinato de Myrna Mack, pero le dicen a COPREDEH (Comisión Presidencial para los Derechos Humanos) que ya no les traigan más casos. No se ve la tragedia de las masacres, el genocidio. Los que enciendan la llama de la indemnización sí van a tener seguidores. Con la SAE nos desconcertó el nombramiento presidencial de Villacorta (era viceministro de gobernación), porque él y el ministro Vielman son cuadros de la derecha. Nos hace falta un liderazgo tolerante. Este gobierno me preocupa. Estoy con el vicepresidente, con SEGEPLAN, porque ahí está todavía Hugo Beteta, y con FONAPAZ, donde está Asig, que es muy honesto. Pero lucho por otras cosas, los Acuerdos de Paz, las Metas del Milenio. Más vale estar a la sombra de una ceiba que de un pino raquítico. A la alta empresa privada les pasa un poco como a nosotros, que no tienen cuadros. Quieren ser Presidentes en 2007. Nosotros, ¿para qué queremos ser Presidente? ¿De qué serviría ir a las elecciones de 2007, si no tenemos cuadros? Lo que lograría es que me envenenen o que me roben el alma.

“HAY DOS GUATEMALAS”

Álvaro Pop relató: Hace unos dos meses vino una misión danesa a evaluar el país después de haber invertido tanto en él. Encontraron una sociedad en estado de pre-conflicto. Existen problemas agrarios, problemas indígenas, pobreza, incapacidad del Estado de salir al paso de los problemas. Y es que esta administración no tiene operadores políticos. Por eso no hay que temer una figura líder. Al contrario, hay que explorar nuevos procesos de democracia. Equilibrar los derechos individuales con los derechos colectivos para caminar así hacia la solidaridad. Dicen los “establecimientos” del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional que la vigencia de los Acuerdos de Paz no puede ser mayor de diez años, porque en este país en diez años hay un cambio generacional. Entonces, dicen: o los firman de nuevo o van a la guerra de nuevo. Es terrible. En esta administración se quiere, por eso, llegar a la Ley Marco de los Acuerdos de Paz, pero si no es de rango constitucional y no lleva consigo cambios en la Constitución, ¿cómo va a lograr lo que quiere, que del cese al fuego se pase al desarme del país? Y así con los demás problemas pendientes. Por eso dije antes que lo importante es poner todas las energías hacia una Asamblea Constituyente.

Hubo un aporte desde la audiencia: “En este país hay dos Guatemalas diferentes. Una en la municipalidad, entre los jueces, que funciona con los códigos, que son estatales. Y otra, la del pueblo, que no se rige con los códigos, sino por costumbre, y así resuelve el robo de una gallina o de una señorita o el problema de la borrachera.”

“NECESITAMOS MILES
DE UNIVERSITARIOS MAYAS”

Habla Álvaro Pop: La época de la USAC ya terminó con el gobierno del Ramis (Ramiro de León Carpio, 1993-96). La USAC siempre pretendió hacer profesionales para la política. Desde Arzú comenzó la era de la Universidad Rafael Landívar. ¿Podrá la URL repensar el país? Este es el gran desafío de la nueva Rectora. ¿O dejará que el testigo pase a la UFM, a la Universidad Francisco Marroquín? Hace falta una política de becas con este criterio: ¿Qué profesional quiero formar para luego contratarlo para mi empresa, para mi universidad, para mi gobierno? Y desde luego, no entregar títulos de postgrado salidos de cajitas de cornflakes.

Tomó la palabra Rigoberta Menchú: ¿Cómo podemos agilizar en este país la formación de recursos humanos? No depende eso sólo de los indígenas, también depende de las Universidades. No veo el desarrollo de Guatemala sin una política global de educación. Donde entre la interculturalidad. La Academia de Lenguas Mayas logró que los idiomas fueran oficiales, pero no hay intérpretes del castellano. Nos hacen falta 30 mil becas universitarias sin condicionamientos de carreras. Se mandaron 700 estudiantes de medicina a Cuba. 200 llegarán el año próximo. ¿Cuántos irán a nuestros consultorios médicos populares? Creo en la Academia, pero hagamos un aporte mayor. La educación superior de los mayas no puede ser un apéndice de la universidad. Por eso hago mi crítica a la URL. ¿Por qué no tener jesuitas mayas, con toda su formación?

¿La Universidad Maya? La idea empezó hace muchos años, en el 93-94. Con Doña Otilia entra en los programas de gobierno. Si hubiera 35 universidades mayas no bastarían para educar a los 10 mil, 30 mil, 50 mil, que quieren educarse en la universidad. Ya existe un equipo preparatorio, Los pilares son la tremenda experiencia que han tenido los Hermanos de La Salle. La gran cantidad de profesionales que han salido del Instituto Santiago, que ellos dirigen. La gran cantidad de maestros indígenas. PRODESA ha sido fundamental (un proyecto de educación superior de los Lasallistas). Hay más de 20 organizaciones empeñadas en esto. Y hay convenios con la USAC. También el movimiento Xeljú (del exalcalde de Xela, Rigoberto Quemé) está dentro del esfuerzo. El centro del proyecto y del sueño es la cosmovisión maya. Pero todas las carreras tienen que ser compatibles con las de otras universidades. No puede ser una universidad aislada. El cuerpo rector tal vez esté constituido en seis meses.

“HABÍA MACHISMO
EN NUESTRA CULTURA”

En otro diálogo, con religiosas, religiosos y laicos, participó Rosalina Tuyuc, indígena kakchiquel de Comalapa, Chimaltenango, quien fundó, aún durante la guerra, la Confederación Nacional de Viudas de Guatemala (CONAVIGUA), y fue diputada por el Frente Democrático Nueva Guatemala (FDNG) en 1996-2000, y en 2004 fue nombrada Comisionada Presidencial para el Resarcimiento de las Víctimas de la Guerra por el Presidente Berger. Recogemos algunas de sus ideas.

El servicio es algo que se trae desde el nacimiento. En mi caso, además, tuve una preparación cristiana para el compromiso. Pero no fue fácil porque había machismo en nuestra cultura. Los catequistas entendían que las mujeres no podían tocar la Biblia porque tenían mucho pecado. Y porque estuve como un año fuera de mi pueblo, estudiando enfermería, me sentían como una gran guerrillera.

En los 80 yo tenía mucho miedo, pero mucho deseo de ayudar a la gente. Sentí mucho miedo, pero hay una fuerza mucho más grande que te ayuda. Cuando Dios nos da una tarea, Dios sabe cómo uno se puede defender.
Lo que más me dolió en mi vida es tener que dejar la familia, el pueblo, los amigos. Mi padre me dijo: “Vayan ustedes, están jóvenes. Nosotros estamos viejos y tenemos culpa de haberlos traído al mundo.”

Cuando empezamos las asociaciones religiosas, nunca pensamos que en 10 ó 15 años íbamos a ser mártires. Pensamos en ayudar, pensamos en acompañar, pensamos en ser servicio para la imagen y semejanza de Dios. Hemos perdido a muchos, muchos amigos, muchos catequistas, todos los desaparecidos del pueblo. No es que olvide uno a Dios, pero ¿será verdad que está acompañándonos? Es un pecado dudar de Dios.

“ME SENTÍA CULPABLE
Y SÓLO DESEABA MORIR”

Vine a trabajar en la ciudad como sirvienta. No por ganar un salario, sino por sobrevivir. Con miedo, durante dos años, sin salir de la casa. En el 82 fue secuestrado mi padre por el ejército. El dolor más grande, es perder a un papá. Yo me dije: formará parte del listado de desaparecidos. Cuando mi esposo desapareció, ya sentí que la vida no tenía sentido. Sin familia, sin esposo. Estaban mis niños, que no entendían. Yo tuve que decir que mi esposo se había ido con otra mujer. Y ellos lo sentían, que no tenían regalos.

Durante muchos años me sentí culpable. Nunca siente uno, cuando empieza, las consecuencias de trabajar por el pueblo. Abandoné a mis hijos sin dejar de vivir con ellos. Lo que yo deseaba era morir. Fui a unas religiosas y me entendieron y me dijeron: “Están los niños.” Juré hincada no volverme a meter en otro grupo. Tuve la esperanza de que salieran los niños adelante y que la familia estuviera bien. Aunque uno encuentre otro esposo, otra familia, nunca es lo mismo. Deseé que me capturaran con los niños. Pero me levanté vendiendo artesanías. Soñé muchas veces cómo me iban a secuestrar y cómo me libraba. Yo entendí el valor de la vida, que no es como un animalito, una planta, que puede uno comprar o sembrar otras del mismo color. Pero la vida se va y no vuelve nunca.

“BUSCAR LA PAZ Y LA VERDAD
TIENE UN PRECIO”

Aunque yo había hecho una promesa, me metí de nuevo al frente de una organización. “Rosalina -me dijeron-, tú puedes hablar español”. Toqué puertas de religiosos y religiosas, entendí el compromiso de ayudar a las víctimas, el compromiso ético, moral. Pero otras religiosas y otros religiosos no nos entendieron. Éramos “los guerrilleros”, “los comunistas”. Como diputada todavía me intimidaron: “Vas a aparecer colgada en tal zona”. En Nebaj empecé la búsqueda de los cementerios clandestinos. La búsqueda de la paz tiene un precio, y la búsqueda de la verdad. Uno de los logros en este camino es vencer el miedo, y señalar la verdad y señalar las injusticias.

Otro de los logros son las mujeres indígenas: antes eran sólo obligaciones, ahora conocen sus derechos, aunque no tengan escuela, pero se han plantado con el ejército y con los alcaldes. Otro logro, quitar el reclutamiento forzoso. Quizá otro de los logros es el romper el silencio. Así quedaron muchos registrados en el Informe REMHI y en el de la CEH. Y el otro, desarticular las Patrullas de Autodefensa Civil y los paramilitares, con nuestros hermanos y nuestros cuñados. Aunque ahora fue ya cuestión política el que se hayan reactivado. El trabajo por la paz está aún en camino porque no se ha desvelado aún la verdad. No se puede olvidar mientras no hemos encontrado tantos desaparecidos.

Yo creo firmemente que la vida no es sólo presente, es pasado y es futuro. Porque creo esto es por lo que trabajo. Soy capaz de perdonar cuando tenga enfrente alguien que me pida perdón. Yo tengo un hermano sacerdote y discutimos con él mucho. Yo entiendo desde la misión de la Iglesia. Pero amanece un nuevo día y viene la imagen de mi padre. Los que lo vieron colgado, torturado, sólo me lo dijeron cuando yo lo buscaba. Los militares sólo decían: “¡Necia, Rosalina!” Y yo: “¿Para qué tenemos los tribunales?”. Primero verdad, luego justicia, y luego creo en el perdón.

“ESTE TRABAJO LO HAN PEDIDO LOS MÁRTIRES”

Es muy duro estar en el gobierno porque sé que ellos financiaron la guerra. Unos la ejecutaron y otros la financiaron. Somos a veces las víctimas quienes tenemos que hacer el trabajo que corresponde al Estado.

Yo fui a consultar a Monseñor Julio (Cabrera), que también es, como yo, de Comalapa. Y él me dijo: “Este trabajo usted no lo ha buscado sino que este trabajo lo han pedido los mártires. No tiene permiso de salir de este trabajo. No permita que se use el dinero en otras cosas.” Y los ancianos me decían: “Ésa es tu cruz.” Tengo esa firme esperanza de que este país tiene que cambiar. Y de que nosotros los pueblos indígenas, aunque somos los más golpeados por la discriminación y el racismo, tenemos que dejar de hablar de la guerra y construir la paz. La paz es una tarea de todos.

“DEJAR DE LLAMARLOS
COMUNISTAS O GUERRILLEROS”

Con respecto a mi trabajo en el Gobierno, de Comisionada del Presidente para el Resarcimiento de las Víctimas, decirles que la Comisión se formó el 6 de junio del 2004 para atender a las víctimas de la guerra: a los reclutados forzosamente, a los desaparecidos y sus familiares, a las mujeres violadas, a los asesinados y sus familias. Tenemos que levantar un registro de beneficiados. Se sabe de un número aproximado de 45 mil desaparecidos, de un total de 250 mil víctimas. Para eso tenemos un presupuesto de 300 millones de quetzales (40 millones de dólares).

Primero, el resarcimiento es resarcimiento cultural: recuperar el idioma, resarcir por desplazamiento forzoso, por pérdida de ropa, de domicilio, por quemas de bosques, por haber cegado nacimientos de agua. También es resarcimiento sicosocial: atender a los enfermos con enfermedad provocada por el dolor sufrido. También es resarcimiento material: reparar viviendas quemadas o demolidas y recuperar la tierra perdida. Con proyectos productivos. También es resarcimiento de la dignidad: dejar de llamar a las víctimas comunistas o guerrilleros, y hacer de ellas ciudadanos que dan nombre a monumentos u obras públicas.

También es resarcimiento financiero. No pagar la vida, que no tiene precio, sino acudir a subsidiar la soledad,
el desplazamiento, la incapacidad, la pérdida de la memoria y el envejecimiento prematuro. Las viudas van a ser priorizadas. Es un resarcimiento para víctimas civiles. Algunos ex-patrulleros pueden entrar, pero como víctimas -por ejemplo, por reclutados forzosamente-, pero no pueden entrar los que acudieron a recibir el primer pago que les hizo ya el gobierno de Portillo. Es un trabajo muy difícil, porque se sigue condenando a las víctimas. La mitad de la Comisión son miembros nombrados por el Gobierno de Berger, y la mitad son propuestos por la sociedad civil. Es un programa de trece años. No va a alcanzar para hacer todo. Fundamentalmente porque no se ha logrado desarticular al ejército. Ahí están de nuevo los patrulleros. El Estado invirtió mucho en la guerra, pero no quiere invertir en la armonía y en la paz.

“SI NO ES CON LA IGLESIA...”

Yo quiero que la Iglesia siga siendo voz. En la búsqueda de la justicia, que tiene que ver con el poder militar y con los jueces. En el acompañar a las comunidades en las exhumaciones y a las personas “violadas”. En el trabajo del resarcimiento. Que la Iglesia sea uno de los aliados. Hay que superar las dificultades de la falta de confianza, del defecto del diálogo, del miedo a la desconfianza. Hay que consolidar que somos aliados en la búsqueda de la justicia y de la paz. De parte de la Jerarquía yo siento que a partir de la muerte de Monseñor Gerardi, han bajado bastante. Pero ya lo han empezado a recuperar en el caso de la minería, con la exigencia de respeto a las comunidades. Consolidar eso que todos firmaron. Colaborar en la reconstrucción del tejido social. La guerra vino a sembrar mucha desconfianza.

Que la opción esté al lado de los pobres, no de los políticos, mucho menos de los militares, mucho menos de la oligarquía. Respetar los procesos con base en la cosmovisión de los pueblos mayas. Si no es con la Iglesia, ¿en dónde podemos esperar? Cuando hablamos de los pobres, ahí están los indígenas y los no indígenas. Y la lealtad a Dios. Los indígenas y los pobres no están aquí solamente, sino en cualquier otra parte del mundo. Siento una tendencia de los Estados de criminalizar a los pobres. Ahí está el papel de los religiosos del respeto a la vida.

UN AIRE FRESCO

Desde las palabras, ideas y acciones de estos tres indígenas mayas se respira un aire fresco que ayuda a construir la esperanza. Los tres definen desafíos para los que hoy ocupan el poder en Guatemala y para quienes quieren aportar a Guatemala con acciones, ideas y palabras.

CORRESPONSAL DE ENVÍO EN GUATEMALA.

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