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  Número 261 | Diciembre 2003
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Nicaragua

Henry Ruiz: "No tenemos salida ni a corto ni a mediano plazo"

En la más reciente crisis de Nicaragua cobró especial relevancia la palabra y la actitud de Henry Ruiz, una de las figuras históricas más respetadas en el sandinismo. ¿Qué piensa el legendario Comandante “Modesto” de lo que está ocurriendo en Nicaragua?Lo compartió con Envío en una charla que transcribimos.

Henry Ruiz

Caracterizar completamente la crisis más reciente que vive Nicaragua es muy difícil. Los hechos exteriores que están presentes pueden servir para darnos un rastro y seguirlo. El primer elemento que observo es una crisis política agravada por una intervención obscena, descarada, de la embajada gringa contra las principales fuerzas políticas del país. Sin duda, esa intervención corrompe los otros elementos que configuran la crisis, porque de algo deben darse cuenta estos señores, los gringos: que aquí hubo una lucha fuerte, frontal y a muerte que ha dejado un recuerdo aun en las generaciones que no se vieron confrontadas. Esa injerencia resiente -históricamente hablando- la dignidad del nicaragüense porque, además, la forja de ese valor se hizo enfrentando precisamente a los gringos. La década del 80 está aún en la nariz de todos nosotros.

Y ahora, de repente, se aparece en Nicaragua un personero muy importante, el Secretario de Estado de Estados Unidos, el General Colin Powell -representante de una de las más reaccionarias administraciones en la historia de los gobiernos norteamericanos, que tiene un claro corte fascista- a decirnos cómo se tienen que hacer las cosas.

Y tiene todavía el descaro de señalar que las cosas han cambiado porque su gente está en el gobierno y reconoce que participó, veinte años atrás, en una guerra contra nosotros. Todo esto es la continuidad de la intervención histórica de los yankis en nuestros asuntos, del diktat político: mandan a un alto funcionario a decir quiénes deben estar y quiénes no deben estar. En mi opinión, señalar que Daniel Ortega debe irse por obsoleto y que Alemán debe irse porque es un delincuente, un ladrón, lo único que logró fue facilitarles a los dos la alianza que hicieron. Alguien descubrió que los dos eran iguales y los dos se agarraron de la mano y comenzaron a triturar la institucionalidad del país.

El mandato de los yankis ha sido un mandato contraproducente, de poca inteligencia y yo diría, obscenamente intervencionista. Ha provocado también que algunos levanten los ojos juntos y digan: esto no debe ser. Pero a renglón seguido, el Presidente de la República comenzó a utilizar esa intervención como un mandato: hay que hacer esto y lo otro. Cuando los gringos ordenan a los liberales que deben unirse contra los sandinistas y abandonar los recelos entre ellos -“Únanse contra los sandinistas”, fue la orden- esto viene a cambiar toda la política y a producir alianzas y des-alianzas, uniones y desuniones en el Parlamento.

La Iniciativa para los Países Pobres Altamente Endeudados, conocida por sus siglas en inglés como HIPC, ha sido colocada hoy en el lugar de aquel cáliz de los cruzados, en el lugar del Santo Grial: hay que salvar la HIPC porque hay que salvar a Nicaragua. Y al que no contribuya en ese esfuerzo lo inculpan de antipatriota, de ser un criminal contra el pueblo de Nicaragua. Son más de cuarenta países los que están en línea para recibir los supuestos beneficios de la HIPC. En América Latina, sólo dos han entrado y en África uno o dos, y tienen más de quince años de estar sometidos a los peores rigores del esquema de ajuste del Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, aquí los políticos se autoexigen armando leyes y más leyes para alcanzar el “cáliz”.

Como en su plan de trabajo la embajada norteamericana en Managua ya tiene la orden de que hay que acabar con los sandinistas, rápidamente incluyen esa labor de destruir a los sandinistas y otras tareas más como parte de la ruta hacia la HIPC, la vía del “cáliz”. Por eso producen la iniciativa de una Ley de Carrera Judicial con un dictamen de minoría.

Los diputados de todas las tendencias habían negociado durante meses y habían alcanzado ya un acuerdo de consenso sobre las reformas al Poder Judicial, pero de repente, de la mano yanki, aparece un dictamen de los diputados liberales de Alemán con el respaldo del gobierno, en el cual se propone explícitamente expulsar de todos los tribunales de justicia del país a los funcionarios de origen sandinista. Utilizan el artificio de que no podrán ser jueces o magistrados aquellos que hayan pertenecido a algún órgano represivo. ¡Si represivo es siempre todo aparato del Estado! El dictamen de minoría establece una discriminación contra todos los nicaragüenses. Porque en la Asamblea Nacional hay señores a quienes se les olvida que fueron somocistas, que pertenecieron a la Guardia Nacional. Por ejemplo, el diputado Enrique Quiñónez, actual jefe del grupo parlamentario del PLC. Para que los somocistas pudieran protegerse de lo que establece esa ley, la ley tendría que tener una discrecionalidad de tal envergadura que tendría que especificar que “aquellos que estuvieron en los órganos de represión sandinista no van a tener derecho a ejercer su profesión...” y tendría que añadir: “... pero nosotros, liberales, ex-miembros de la Guardia o de la Seguridad de Somoza sí podemos, porque nosotros estamos bendecidos por los gringos”.

Ambos partidos, el PLC y el FSLN, tienen hoy influencias poderosas en el Poder Judicial. La integración de la Corte Suprema de Justicia está prácticamente dividida entre sandinistas y liberales en 50 y 50 por ciento, lo que me parece es una política oportunista, no de principios sino de antiprincipios, porque la justicia se tasa ahora por influencias y por dinero y esta forma de hacer justicia en los tribunales conduce a abusos. Pero que esto sea lo que está ocurriendo no justifica que se deba responder con discriminaciones mayores. Cada vez que un juez prevarica con un abogado debe ser corregido y para ello deben funcionar los mecanismos de disciplina que ya existen. Y somos los ciudadanos los que debemos luchar para que esos mecanismos funcionen. Sin embargo, aquí hay una determinada cantidad de jueces denunciados por incurrir en distintos procedimientos anómalos, ilegales, y las comisiones institucionales de la Corte Suprema de Justicia no hacen nada, precisamente por la enorme influencia política que en ella ejercen ambos partidos.

En la crisis actual, aunque en un segundo nivel, está la crisis social, donde existen poderosos elementos potencialmente mutantes que todavía no se logran expresar. ¿Cómo sobrevive el nicaragüense común, a quien le están diciendo todos los días que el producto interno bruto crece? Con frecuencia observamos nuevos edificios comerciales y cómo las tarjetas de crédito, el dinero plástico, se mueven de un lado para otro. Pero también el que tiene tarjeta dice que la economía está muy mal. A veces son las épocas festivas, como la navideña, las que nos enseñan en qué situación está el mercado. Y ahorita en diciembre vos ves el mercado “palmadón”, con pocos clientes. Cuando la economía crece y está generando riqueza, ves que los mercados se mueven y la gente hasta cambia su porte. Yo no veo que eso esté pasando en Nicaragua.

Otra realidad es que el trabajador con una determinada calificación está yéndose a Costa Rica, un país que da la impresión de que ya tiene problemas de saturación de mano de obra, porque están atrapando a muchos compatriotas indocumentados que ingresan ilegalmente y nos los devuelven por miles. Pero el nicaragüense insiste en irse para allá. Intenta cruzar el “paso de las Termópilas”, lo regresan y vuelve a insistir una y otra vez. Esa insistencia, ¿es acaso porque quiere ser costarricense? No. Sencillamente, porque no encuentra oportunidades de trabajo en su país. Nosotros estamos hoy tan mal que antes los nicaragüenses miraban hacia Estados Unidos como el paraíso en donde iban a resolver sus problemas. Ahora el paraíso está más cerca, es Costa Rica. Ya nuestras pretensiones de caminar hacia donde están los horizontes del bienestar se reducen a pasar a Costa Rica o a buscar en la parte norte de Honduras.

Estamos tan mal que en la zona cafetalera del Norte lo que los trabajadores le piden al dueño de la hacienda cafetalera es que los deje quedarse ahí: “No me pagués, pero dame dónde vivir y sólo me das un poquito de comida y un poquito de trabajo”. Estamos llegando a unos niveles extremos de incapacidad económica, y eso sin duda ninguna va a crear otro tipo de crisis. Y cuando los dos tipos de crisis -la política y la social- se junten, sin duda alguna, algo tendrá que suceder.

El gobierno terminó inventándose un programa llamado Plan Nacional de Desarrollo, fundamentado en recursos externos y en financiamientos hipotéticos. No es, no existe, no hay un programa que diga: con estas fuerzas nuestras comenzamos a hacer tales y tales cosas. Eso no lo dice este plan del gobierno.

Creo que nuestro país debe tener una salida, pero no está ni en el corto ni en el mediano plazo. Son muchos los límites que tenemos. Somos, por ejemplo, un país que no dispone de suficiente electricidad y que tiene una pésima planta de industria eléctrica. Igual le sucede a California. Y las soluciones que encontraron allá no les sirvieron y, como resultado, tienen ahora un nudo de problemas que no alcanzan aún a resolver. Pero ellos sí pueden decir: vamos a resolverlos. Nosotros no podemos decirlo. Según los personeros del gobierno, vendrán a resolverlo unas empresas extranjeras que muy pronto van a poner plantas energéticas basadas en el petróleo, pero hasta ahora nosotros no tenemos petróleo, por lo tanto lo tendremos que comprar y lo tendremos que comprar en dólares. El consumo energético, tan básico, es muy, muy incierto. Señalo específicamente este asunto de la energía porque es esencial para desarrollar la industria y para cualquier otra actividad.

También es esencial el problema del aprendizaje. Son enormes los saldos de gente que no están recibiendo educación porque no hay escuelas públicas o porque las que hay son ahora “autónomas”, es decir, semiprivadas y los padres tienen que pagar. La madre o el padre no tiene dónde colocar al niño, no tiene pan para que coma. No hay suficientes escuelas o la gente no manda a sus hijos a ellas porque no tiene trabajo y no tiene dinero con qué pagar. Si hubiera escuelas gratuitas, los padres lucharían para librarse de las demandas del niño que pide comida en su casa, y por lo menos tendrían la escuela como refugio donde tenerlo al menos durante un tiempo del día. Ya tenemos a más de un millón de niños y jóvenes fuera del sistema educativo. Según cifras del Ministerio de Educación, son 860 mil los que quedaron fuera de las clases en el año 2003 y 300 mil los que abandonaron los estudios durante el ciclo escolar. Esto significa que el 20% de la población no está teniendo acceso a la educación. Y eso generará en el futuro una fuerza de trabajo vegetativa, sin ninguna calificación. Si no tenés lugar donde trabajar y no tenés planta industrial, ¿para qué te calificás? Tampoco tenés donde entrenar a la gente para calificarla. Y no hay oportunidades para ir a la escuela para empezar a calificarte... Es un conjunto de factores de carácter estructural que ya anuncian un daño brutal para el futuro del país.

Cuando hoy hablás de industria, tenés que hablar de una industria caracterizada por una alta productividad. Y esto significa trabajadores calificados y medios de capital. Pero en Nicaragua no tenemos ni idea de qué tipo de capitalistas van a venir invertir. A veces hablan de los “clusters” como si se tratara del esquema chino de desarrollo. Por sus propias características, los chinos aprovecharon este esquema. Pero su fuerza de trabajo estaba calificada.

Un trabajador chino puede hacer un trabajo sofisticado en cualquiera de los momentos de un proceso industrial en la agricultura, en el laboratorio, en la tecnología. Aquí van a venir esas famosas zonas francas para formar los “clusters” -como los llaman los norteamericanos-, y no van a pagar impuestos y les van a dejar que contaminen el agua, que destrocen los bosques. Vendrán y traerán a cuatro o cinco cuadros principales del extranjero y tratarán a los nacionales como esclavos. ¿Y qué va a pasar después? Esto no es desarrollo, esto no te deja nada. Si vas a pensar en salidas para el país, tenés que pensar de acuerdo al progreso que se ha logrado a través de la historia en todo el mundo. Y la educación ha sido siempre esencial para cualquier progreso. Antes de sentarse a hablar de cualquier plan, hay que hablar de la educación y hay que empezarla a ver como inversión en el proceso de formación de capital humano. No hay otro camino. Eso nos enseña la historia.

Si una virtud tuvo la revolución sandinista, como la más destacada entre todas, y que no tuvo nunca discusión, fue la educación. En aquellos años se llenaron las universidades. Ahora nos critican por haber metido en ellas a “chapiollos”, con apenas un cierto grado de educación para que pudieran calificarse rápidamente.

Sí, lo hicimos, pero no porque estuviéramos atropellando las normas del conocimiento y de la educación, sino porque había cierto empirismo y lo que necesitábamos era una cierta formación para dar oportunidad de gestión y administración en la sociedad a la mayor cantidad de gente y lo más rápidamente posible.

El Estado tiene que jugar un papel en la sociedad, en lo que es esencial. Y he señalado dos cosas esenciales: la energía eléctrica y la educación. Hay muchas otras. Lo que pasa es que mientras estemos colgados del neoliberalismo, de la concepción filosófica de que la empresa privada lo debe hacer todo, Nicaragua no tiene ninguna posibilidad de salir adelante. Hasta personeros como Enrique Iglesias, presidente del BID, están hablando de manera natural de que se debe construir una economía mixta, donde el Estado tenga una participación y determinadas tareas, y la iniciativa privada asuma otras tareas. Ahora están buscando la filosofía adecuada para hallar la definición de qué debe ser una “economía mixta”.

Ya están diciendo también, y lo están hablando de manera abierta, que se trata de enfrentar los problemas de manera correcta y por lo tanto, de formular políticas que definan y practiquen la justicia social. Hemos llegado a un momento de la historia en el cual los medios de producción y las fuerzas productivas son ya tan capaces que generan enormes riquezas, pero a la par producen también una inmensa pobreza. Como un volcán Momotombo: la riqueza en el cucurucho, y en sus faldas todo es pobreza. Eso es lo que está pasando con el sistema.

Y en Nicaragua nos han obligado a aceptar eso. Además de estar empobrecido, este país tiene una casta pequeña que se lleva el excedente social, y el resto está jodido. Aquí están jodidos todos los que se dedican a la actividad agropecuaria, tan indispensable. Están jodidos los caficultores, los ganaderos. Ahí andan buscando, inventando, de repente descubriendo que el queso se podría industrializar...
¡Qué maravilla, pues! Ahora, con el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica, regresamos de nuevo al “cucurucho” político. Como los gringos quieren el TLC, entonces nosotros decimos que hay que hacerlo. Y comenzamos a tomar mentiras como argumentos diciendo que debemos firmarlo porque si no nos quedamos en el atraso. ¿A qué atraso se refieren?

Voy a decir algo que suena fuerte, incluso para mí. Me ha dado tristeza admitir la veracidad del documento escrito por esa funcionaria de la embajada norteamericana en Managua, el que fue distribuido entre los periodistas norteamericanos que acompañaron a Colin Powell en su visita a Nicaragua el 3 de noviembre.

Ella escribió una cruda descripción de la sociedad nicaragüense, de los funcionarios del gobierno, de su clase política, y del estado de pobreza del país, sólo superado por Haití. Es verdad que fue un escrito injerencista, pero eso no quita que la descripción que hizo estuviera bastante ajustada a la realidad. La sociedad está dividida en los dos bloques que describió ese documento. Y es por esa terrible docilidad política de algunos que se han afianzado en Nicaragua liderazgos tan terribles.

Me parece también que el factor moral está incidiendo de una manera dramática en la crisis nacional. Hay una cierta desmoralización en el país. ¿Qué valores como categorías morales tiene actualmente la sociedad nicaragüense? ¿Es más solidario el nicaragüense hoy que ayer? En 1998, el huracán Mitch nos puso a prueba. Siempre recuerdo la repugnante voz de Alemán, en ese momento Presidente, burlándose de la alcaldesa de Posoltega Felícita Zeledón, que alertaba de la tragedia en su municipio. Si Alemán tuviese sensibilidad, se hubiera salido de su borrachera y habría ordenado que fueran a atender la alerta que lanzó la alcaldesa mucho antes que ocurriera el deslave del volcán Casita, que causó la muerte de dos mil ochocientas personas. O hubiese enviado a alguien a constatar el problema para prevenirlo. El sentimiento de solidaridad es preocuparse no solamente por mi familia sino por el próximo, por aquel al que me aproximo. Y la solidaridad no es sólo un deber del gobernante.

En Nicaragua está aumentando la corrupción. La corrupción es intrínseca al sistema que nos han impuesto, pues si no hay corrupción no funciona. Si se va a vender la empresa estatal de telecomunicaciones, alguien tendrá que robar en ese proceso. Así ha funcionado siempre el sistema. Y ésta es ahora la decepción de los teóricos del neoliberalismo, viendo que las prácticas de corrupción se han incrementado a nivel mundial, violentándose los antiguos sistemas de contabilidad, las auditorías, todo. Esto es un problema mundial. En el caso nuestro, el comportamiento, la conducta del ciudadano frente a esos hechos, resulta triste. Muchos dicen: “Es cierto, Alemán robó, pero hizo”. Se trata de una sentencia terrible, y surge desde la base. Si fuera desde arriba que surgiera, no me preocuparía, pero lo dicen desde la base, lo dice el ciudadano común. Dice que está bien que haya robado. Como en otro tiempo se dijo: “Bueno, ellos tenían derecho a llevarse cosas”. Este criterio está en la formación de la base moral de la sociedad, de la gente.

Es verdad que, aunque en Nicaragua hay gente que así lo piensa, todavía no hemos decaído tanto como para pedir masivamente que vengan definitivamente los gringos y nos adopten, nos lleven, nos conviertan en condado. ¿Qué seríamos? Porque ya ni estado libre asociado seríamos, ahora que los gringos hasta se quieren deshacer de Puerto Rico. Menos mal que nos queda todavía una perspectiva nacional. Pero es muy grande la frustración que hay hoy en el país. El espíritu de rebeldía está aplacado. Por eso es que menciono como indispensable la moral, que no es otra cosa que el sentido, la conciencia de la historia. A pesar de todo, yo confío en el despertar de las fuerzas progresistas y democráticas de verdad. Y lo digo sin ambigüedades: debemos luchar, debemos preocuparnos por terminar con esta somnolencia, con este “yoquepierdismo” que se ha ido construyendo a través de la frustración. Alguien inventó una figura cultural equivocada al afirmar que el nicaragüense es el Güegüense. El nicaragüense es Güegüense sólo ante el interventor extranjero, ante la autoridad extranjera. Y ante esa autoridad sí son válidas todas las simulaciones posibles. Pero el nicaragüense también es Diriangén, aquel cacique indígena que resistió hasta la muerte la invasión española en el siglo XVI. Es con ese espíritu de rebeldía que no debemos perder de vista lo que está sucediendo. Y es ese espíritu el que renace ahora, con la protesta contra los pactos y contra el caciquismo, tratando de buscarle una solución a lo inmediato a esta última crisis política, aún cuando todavía no tengamos claro un derrotero mayor.

La gente empobrecida no parece preocupada por lo que está ocurriendo porque los caudillos los tienen dormidos. Los liberales de abajo dicen de Alemán que “robó pero hizo”. Y en el caso de Daniel, sus bases te dicen: “El comandante sabe lo que está haciendo”. Es como si estuvieran hipnotizados o todo esto de ahora no es más que el resultado de que los han baboseado desde hace rato. Nosotros, los sectores revolucionarios, los intelectuales, estamos obligados a hacer un cierto ruido con una cierta armonía para que escuchen los oídos de las gentes pobres, tanto liberales como sandinistas.

¿Cómo romper el círculo? No quiero caer en aquello de que “no hay mal que por bien no venga” o en lo otro de que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Me parece que ya debe haber síntomas de incomodidad en las bases empobrecidas. Los liberales son los que están gobernando y ellos dijeron que iban a resolver el problema de la desocupación creando miles de empleos, pero son poquísimos los empleos que se han creado. Ahí hay ya un primer desencanto que tiene que ver con los intereses básicos de la gente. Frente a los liberales está el discurso, en mi opinión populista, que tiene Daniel. Porque cuando le llegan a decir a él: “Comandante, usted manda, deme trabajo”, tampoco hay respuesta. Este factor autoeducativo es violento. La gente se dice: “¿Para qué voy a ir allí si nada me dan?” La ausencia de soluciones va a ir creándole a la gente una percepción distinta de la realidad y así se irá formando otra conciencia política. Otro factor que me parece va a incidir es que el ciudadano va a comenzar a chocar con una realidad dura como es la que plantea el nuevo Código Procesal Penal. Esto va a ir tocando cada vez más a la gente de abajo. A medida que la gente vaya a los tribunales a dirimir entre lo mío y lo tuyo, o porque la golpean o porque le matan a alguien, la gente comenzará a percibir que aquí no hay justicia, que aquí se ha ido conformando un esquema económico y un esquema jurídico con unos mecanismos de solución que no funcionan para los ciudadanos y que sólo funcionan para los políticos, para quienes tienen poder y dinero.

Aquí va a estallar la lucha de clases -eso que ahora se llama “explosión social”, porque el neoliberalismo ha avanzado tanto ideológicamente hablando que hasta nos prohiben que recurramos a los términos conocidos-. Y estos caudillos van a ser incapaces de controlarla. Algunos van a querer aprovecharla en tal o cual dirección, pero estas crisis que se van gestando desde abajo encuentran sus propias salidas. Y como en estos años también se han hecho muchas cosas positivas desde abajo, porque no todo se ha hecho arriba ni todo lo han hecho los caudillos, también ha ido creciendo una base, un sector organizado, y esta gente va a saber incidir en la conciencia de la gente más empobrecida.

El Ejército ha jugado un papel clave en la crisis nacional. El Ejército está obligado a resistir el embate norteamericano para conservar la institucionalidad. El Ejército y la Policía tienen que resistir. Porque si en realidad hay en gestación una crisis como la que he descrito -que como toda crisis muta de lo pacífico a la violencia-, y no es suficiente el recurso de la Policía para mantener la estabilidad, una orden del Presidente para que el Ejército vaya a las calles a imponer orden significaría cambiar la historia de nuestro Ejército. Aunque son apolíticos, los militares están obligados a mantener la institucionalidad. Creo que ése es el enorme avance que hoy tiene nuestro Ejército. En medio de un panorama difícil, donde no hay una fuerza revolucionaria con un rumbo claro, sino un partido coyunturalista ante un partido, el liberal, que también es coyunturalista, y ante el gobierno que tenemos, que no tiene idea de lo que está pasando, este Ejército tiene que analizar hacia dónde va nuestra sociedad y evitar que los gringos le vengan a decir lo que tiene que hacer.

Creo que los jefes del Ejército cometieron un pecado -aunque todavía no lo califico totalmente así- al haber mandado tropas nicaragüenses a Irak. No hay que olvidar que los gringos están buscando cómo intervenir en nuevos conflictos. Recuerdo una frase del jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld: “Nosotros tenemos capacidad para varios frentes de guerra. Vamos a hacer un paseo en Irak, pero si se nos antoja otro lugar, ahí entraremos, porque tenemos un ejército para entrar en todas partes”. Desde hace dos años están en Afganistán y ahora tienen graves problemas y están buscando como salirse.

Se metieron en Irak y ya están locos buscando cómo salirse, diciéndole a la OTAN: “Métanse ustedes”. Con la llamada “coalición internacional” para la guerra en Irak, los norteamericanos crearon un precedente involucrando en sus guerras a ejércitos de otros países, que actúan como mercenarios de Estados Unidos con la venia de los políticos. Y a eso colaboraron los compañeros de nuestro Ejército, que deben ser apolíticos, pero resistir con una política correcta.

En esta última crisis hemos visto fuerzas de la sociedad nicaragüense que están invocando como “salida” el golpe de Estado. Lo hemos visto especialmente en los editoriales del diario “La Prensa”, que también paga encuestas que vayan en esa dirección. Pareciera que se está gestando aquí una fuerza fascista. Esto es muy peligroso. ¿Tumbar la institucionalidad con un golpe de Estado a cambio de qué? ¿Y después? A mí lo que me importa no es la conducta política de los principales mentores del sistema, lo que me importa que camine es la institucionalidad.

¿Y si la rompemos, qué? Con un golpe de Estado tendríamos a una persona, a algunas personas, dotadas de poderes extraordinarios que dictarían decretos. ¿A qué conduciría eso aquí en Nicaragua? ¿A masacres como la reciente de Bolivia? Sólo una mentalidad radical de derecha puede estar pensando en ese tipo de “salida”. La derecha intentó algo contra el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, con el total apoyo de la embajada gringa en Caracas y no pudo hacer nada, porque detrás de Chávez había una resistencia. Y hoy siguen insistiendo en removerlo empleando los mecanismos que tiene la misma Constitución creada por el chavismo.

Aquí en Nicaragua existen mecanismos constitucionales para remover al Presidente si fuera necesario. Pero, ¿es esa la tarea? Alguien nos ha dicho que hay que quitarlo por inepto, pero ¿qué nos ofrece a cambio? ¿Quién encabezaría el Estado? ¿Tropas? ¿Ortega, Alemán? Me parece que es el peor camino que podemos imaginar.

Alguien me preguntaba estos días si frente a la injerencia norteamericana y la sumisión del gobierno a sus dictados, yo no hubiera hecho lo mismo que hizo Daniel: juntarse con Alemán, el otro proscrito por Estados Unidos. En primer lugar, yo no hubiera hecho antes tantas cosas para parecerme tanto al otro. Lo correcto ahora es una política de resistencia, de moral y de ética sandinista, tal como la aprendimos. Actuando así posiblemente nos buscarían y nos señalarían como “lo peor”, pero sería un juicio totalmente equivocado. Porque si fuéramos buscados y señalados por ser una fuerza revolucionaria, que conservamos lo que hicimos, que resistimos, que somos éticos, la gente vería que tenemos razón. Aun cuando los gringos nos multiplicaran sus maldiciones, la gente vería una solución. Ahora no es eso lo que está ocurriendo con el FSLN. En El Salvador, es posible que el FMLN pierda las elecciones presidenciales de marzo, pero ha venido aumentando su caudal de votantes y amaga con una victoria frente a la derecha. Y eso que van ni más ni menos que con Shafik Handal como candidato presidencial, un comunista, un miembro del directorio histórico del FMLN.

Los gringos se pasan llevando a Daniel Ortega porque allá en Washington están toditos los que pelearon contra la Revolución. Ahí están todos los que estuvieron en tiempos de Reagan: Róger Noriega, John Poindexter, el mismo Powell. Para ellos, se trata también de una revancha de tipo personal. Pero si el sandinismo y el Frente Sandinista hubieran hecho resistencia durante todos estos años, aunque es cierto que hubieran sido años difíciles para los sandinistas -porque eso hubiera exigido una conducta, un comportamiento distinto ante la cultura consumista que nos ha invadido ideológicamente-, tendríamos hoy consistencia política y moral. Y esta nueva crisis la podríamos superar de otra manera. ¿Que me iban a derrotar en el parlamento? No importa, porque cuando vaya nuevamente a las elecciones me van a volver a elegir. Hasta que llegue el momento en que logre cambiar la correlación. En cambio, lo que he hecho es comprometerme permanentemente con otras conductas. El sandinismo no debe ser defendido haciendo marañas. Eso es absurdo. Nuestra defensa no debe estar basada en mecanismos oscuros, en artificios. Tu doctrina, tu ética, tu moral, expresada en la práctica cotidiana: eso es lo único que te defiende, eso es lo único que te hace consistente.

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