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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 249 | Diciembre 2002
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Nicaragua

Recesión en 2002 ¿Crecimiento en 2003?

El programa del FMI para Nicaragua -firmado a inicios de diciembre- tiene bases muy frágiles. El atolladero político en que está entrampado el país aumenta las incertidumbres. Sólo tenemos más ajuste. Y aún no tenemos un plan de desarrollo

Néstor Avendaño

La economía de Nicaragua cayó en el tercer trimestre de 2002. Han sido tres caídas consecutivas del nivel de actividad económica del país. Aunque faltan los datos del último trimestre, sabemos ya que no se trata de una simple desaceleración económica, como dicen algunos funcionarios públicos cuando interpretan las últimas tres caídas trimestrales registradas en este año como una tasa de crecimiento menor pero siempre positiva. Lo que realmente se observa en la economía desde marzo 2002 es una tasa de crecimiento negativa.

BREVE REPASO A LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS

La debilidad económica de Nicaragua puede percibirse fácilmente y no es necesario ser economista para detectarla. Con la crisis del café, la agricultura ha dejado de ser el motor del crecimiento económico nacional, y las áreas sembradas de productos de exportación y de granos básicos se han reducido en este último ciclo, aún cuando se han obtenido mejores rendimientos en la cosecha del maíz por el uso de semilla certificada del Programa Libra por Libra, y en la cosecha del frijol por las buenas condiciones climáticas en la época de “primera”.

La matanza industrial de ganado vacuno ha disminuido debido a que Estados Unidos y Puerto Rico, principales compradores de la carne exportada por Nicaragua, están comprando carne a menor precio en Australia y Nueva Zelanda y, por otro lado, han caído las exportaciones de ganado en pie a México, Guatemala y Honduras. Además, la matanza de pollos ha disminuido levemente, aunque la producción de huevos ha mostrado un gran dinamismo.

La producción pesquera también ha retrocedido por la veda de la captura de langosta en mayo, el exceso de oferta del camarón de cultivo en el mercado internacional proveniente de Vietnam, China y Brasil -que provocó la caída de su precio- y la menor captura de pescado observada desde el segundo trimestre del año debido a las limitaciones de financiamiento, que han reducido el número de barcos dedicados a esta actividad. Sólo la captura de camarón marino ha crecido en este año.

La producción industrial manufacturera ha desacelerado en gran medida su crecimiento, aunque no se ha contraído, y es sostenida por el procesamiento de leche pasteurizada, café, aceite vegetal y alimentos para aves, y la mayor producción de cerveza. Ha caído levemente la producción de bebidas gaseosas y grandemente la de rones. Las alzas de precios del petróleo han incidido en una menor producción de gasolina super y kero-turbo, y las empresas maquiladoras de zona franca han visto reducido el número de pedidos de vestuario desde el exterior.

La extracción de oro ha crecido notablemente por la estabilidad social lograda en el Triángulo Minero y por el aumento del precio internacional del oro. La construcción se ha contraído por el menor financiamiento externo a las inversiones públicas y el bajo nivel de la inversión privada, que en los últimos meses se ha concentrado en construcciones residenciales, incidiendo esto en un leve aumento de la producción de cemento y de la extracción de piedra cantera.

El comercio y el transporte se han visto afectados debido al mayor desempleo y, por ende, a la falta de generación de ingresos en la población, que se explica por las caídas de la producción agropecuaria e industrial y las menores importaciones de materias primas y bienes de consumo.

La generación de servicios gubernamentales también tiende a disminuir, no obstante el aumento de 550 puestos de trabajo en el sector educativo y de 90 en la administración pública, aunque se eliminaron 147 empleos en el área de salud. En el área de servicios, sólo crecen notablemente la provisión de energía eléctrica y de agua potable, por las inversiones reales realizadas en estos sectores. Crece, sobre todo, la actividad bancaria, por el alto retorno de sus inversiones financieras en bonos CENIs subastados por la banca central en 2001.

2002: CRECIMIENTO CERO... Y PODRÍA SER NEGATIVO

El Banco Central de Nicaragua estima una serie trimestral del Índice Mensual de Actividad Económica, que integra 37 indicadores que mueven 11 actividades económicas, con una cobertura del 93% del Producto Interno Bruto. La serie trimestral de este índice refleja este comportamiento en 2002: una caída de 9.5% en el primer trimestre del año en relación con el último trimestre de 2001, otra caída de 14.3% en el segundo trimestre de 2002 con respecto al trimestre anterior; y una caída más de 2.4% en el tercer trimestre de 2002 frente al segundo trimestre de este año.

Tomando en cuenta la variación interanual, la producción en Nicaragua muestra una reducción de 1.5% en el tercer trimestre de 2002, comparada con la del mismo período del año 2001. Y el gobierno dice -y el FMI lo acepta- que la economía crecerá 1% este año. Yo opino, con optimismo, que tendremos un crecimiento cero, y podría ser negativo si Nicaragua no sale pronto del atolladero político en que se encuentra desde inicios de este año.

Lo que se observa es un crecimiento negativo del Producto Interno Bruto. Según la interpretación estricta, con sólo dos crecimientos trimestrales negativos consecutivos de la producción se supone una recesión económica. Así, puedo afirmar que desde marzo de 2002 Nicaragua está transitando en una recesión económica.

Y en las condiciones actuales del sector productivo, los funcionarios públicos afirman -y el FMI también lo acepta- que Nicaragua crecerá económicamente 3% en 2003. ¿Con cuáles sectores? ¿Con cuál demanda externa, si Estados Unidos y la Unión Europea evalúan reducir las tasas de interés por el prolongado “valle” económico que transitan? ¿Con cuál demanda interna, si hay más desempleo y menos inflación? ¿Cómo, si a solicitud del FMI el gobierno aumentará la carga tributaria en 1 punto porcentual del PIB a mediados del próximo año? ¿De qué forma, si la confianza inversionista está alterada por el imperante ruido político?

LOS PUNTOS CLAVE DEL PROGRAMA DEL FMI

El FMI cree que es posible un alto crecimiento económico con una baja tasa de inflación en Nicaragua a partir de 2003 con una política fiscal prudente y transparente que contenga un mayor gasto en la lucha contra la pobreza, una reducción gradual de la deuda pública interna y un “fortalecimiento” de las reservas oficiales de la banca central.

Yo creo que con el nuevo planteamiento del FMI para Nicaragua para los próximos tres años se beneficia al sector financiero en detrimento del sector productivo. Supongamos que Nicaragua consiga realmente un crecimiento económico de 3%: el aumento de la producción, que sería equivalente a 75 millones de dólares, sería entregado a los banqueros en concepto de pago de sus inversiones en títulos valores emitidos por la banca central. Hace unos meses, el arzobispo argentino Jorge Bergoglio decía: Algunos creen que hay que rezarle al Fondo para que nos mande plata porque con eso se sale de la crisis, pero no es así. Con eso no salimos de ningún lado. Simplemente, nos endeudamos más. Creo que esa frase es válida en Nicaragua. Veamos porqué.

¿Cómo ve el FMI el crecimiento económico en el mediano plazo? El FMI calcula que la economía de Nicaragua crece 1% en 2002, 3% en 2003, 4.5% en 2004 y 5% en 2005, pero ignora las fuentes sectoriales y la concentración para el futuro crecimiento de la producción. Aparentemente, esas tasas de crecimiento son forzosas para que entre 1998 y 2015 Nicaragua pueda reducir a la mitad la proporción de personas cuyo ingreso es menor a un dólar diario, de acuerdo con una meta asumida por los países que integran la ONU en la llamada Cumbre del Milenio. Ante esta meta, urge que el gobierno deje de teorizar en el campo del crecimiento y el desarrollo económico y comience a “facilitar” la formulación y ejecución de la cartera de proyectos de inversión del sector privado, especialmente para los propietarios de pequeñas y medianas empresas agropecuarias y manufactureras.

El FMI exige una segunda fase de la reforma tributaria. Sin una estrategia y una política pro-productiva, el gobierno elevará a mediados de 2003 la carga tributaria en 1% del PIB sobre una base anual. Con la recesión económica imperante en el país, continuar elevando la carga tributaria es una irresponsabilidad fiscal, porque se profundizará la recesión. Sería más aconsejable que en su afán de recaudar más ingresos tributarios, el gobierno mejorara el cobro de los impuestos ya establecidos, tratando de reducir tanto la regresividad de la estructura tributaria -disminuyendo la participación de los impuestos indirectos, los que más afectan a los pobres, en la recaudación fiscal- como la evasión y la elusión de los grandes contribuyentes y de los estratos de población de altos ingresos.

El FMI exige el ajuste fiscal. La reducción del déficit fiscal y las pérdidas de la banca central de 9.2% del PIB en 2002 a 6.3% en 2003 se buscará con la ampliación de la base tributaria, la eliminación de la tasa cero en la aplicación del IGV y de las exoneraciones de las importaciones, y la contención del gasto primario (sin pago de intereses) en 35% del PIB con la opción de reducirlo aún más si no se logra la meta de ingresos tributarios. En este escenario presupuestario, el gasto en la lucha contra pobreza y la carga del servicio contractual de la deuda del gobierno representan el 35% y el 37% del total del gasto gubernamental respectivamente. El pago de la deuda interna se impone sobre la atención gubernamental a la población más pobre. Y en esto está de acuerdo el FMI.

UNA DEUDA INSOPORTABLE E INTOLERABLE

¿Con qué base se cuenta para incrementar las reservas internacionales, punto crucial en el programa del FMI? El gobierno se ha comprometido a reunir 185 millones de dólares en 2003 mediante: la ayuda de 78 millones de dólares en divisas líquidas de libre disponibilidad que otorgarían principalmente el BID, el Banco Mundial y Taiwán; 41 millones de dólares por la privatización de empresas públicas, especialmente el capital accionario estatal de ENITEL; y 66 millones de dólares por el ajuste fiscal y la recuperación de activos de los bancos quebrados en forma fraudulenta. Así, el Banco Central de Nicaragua incrementaría en 30 millones de dólares sus reservas internacionales y reduciría en 70 millones su deuda interna en concepto de emisión de CENIs indexados al dólar en poder de los banqueros.

La deuda externa y el acervo público son los ejes en los que descansaría la estabilidad macroeconómica de nuestro país, con metas de reformas estructurales muy dependientes de la cooperación mutua necesaria entre la Asamblea Nacional y la Presidencia de la República y del cumplimiento de las metas macroeconómicas establecidas por el FMI. No se observa el ánimo estatal para impulsar el proceso de diversificación de la base exportadora nacional y el aumento del volumen de las exportaciones, lo que constituye la verdadera base estructural para la construcción de las reservas internacionales oficiales.

Y está también el pago de la deuda del Gobierno Central. El pago contractual de intereses y amortizaciones de la deuda gubernamental en 2003, equivalente a 415 millones de dólares, representa el 67% de los ingresos corrientes del gobierno proyectados para el próximo año. Restando el alivio interino proporcionado por la HIPC -que el gobierno programó en el presupuesto-, lo que significa la condonación de 98 millones de dólares en pago de la deuda externa, la carga del servicio de la deuda gubernamental se reduce al 51% de los ingresos corrientes. Esta carga no es soportable ni tolerable en términos presupuestarios para un país muy pobre y altamente endeudado como es Nicaragua.

En septiembre de este año, el FMI y el gobierno habían identificado un monto de 221 millones de dólares en concepto de alivio en el pago de la deuda externa para 2003 y, por la transparencia en el manejo de los recursos públicos, ese alivio -llamado interino en la iniciativa HIPC- debería estar identificado en el Presupuesto, tanto en los ingresos como en los gastos para la lucha por la reducción de la pobreza.

Los organismos de la sociedad civil reunidos en el Consejo Nacional de Planificación Económica y Social (CONPES) podrían solicitar a las autoridades gubernamentales una adecuada transparencia en este caso y propiciar una discusión sobre una posible estrategia de reestructuración “soberana” de la deuda pública interna.

EL GOBIERNO Y LOS BANCOS DEBEN NEGOCIAR LA DEUDA INTERNA

El pago de la deuda interna del Banco Central de Nicaragua (BCN) por su emisión de CENIs indexados al precio del dólar, que devengaron exageradas tasas de interés entre 18% y 20% a finales del año 2001, que luego fueron reducidas a 7.41% en mayo de este año, y que han vuelto a subir a 14.6% a finales de noviembre 2002, descansa en la recuperación de los activos de los bancos quebrados por fraudes. Excluyendo los CENIs por quiebras bancarias, la actual deuda de corto plazo del Banco Central por la emisión de sus títulos valores es igual al 90% de las reservas internacionales oficiales. Técnicamente, la autoridad monetaria del país está en bancarrota.

El pago de esa deuda no significa que la banca comercial expandirá rápidamente los recursos crediticios al sector empresarial para apoyar la producción y un mayor crecimiento económico, como lo ha dicho el Presidente de la República, sino el desplome de dichas reservas y el riesgo de la pérdida de la libre convertibilidad del córdoba frente al dólar.

En la búsqueda de una salida realista a este problema, el gobierno y los acreedores internos -en este caso la banca privada local- deberían negociar la reducción de las elevadas tasas de interés de esos papeles y hacer un programa de pagos realista frente a la disponibilidad de recursos presupuestarios, sin desviar la ayuda de la comunidad internacional para reducir la pobreza, que en 2001 afectaba a 2.4 millones de nicaragüenses, a casi la mitad de nuestros compatriotas. Pero el gobierno pretende estandarizar los términos de esta deuda para hacerla más atractiva a los inversionistas. En este caso, la transparencia tendría que ser aún más obligatoria porque “las operaciones financieras con información privilegiada constituyen un acto de corrupción”.

Detalles sobre estos puntos clave del programa del FMI ayudan a demostrar la falta de consistencia de las bases del nuevo acuerdo económico trienal con el FMI que el gobierno firmó en diciembre 2002. Parece así que este nuevo Programa PRGF no es nada más que el viejo Programa ESAF con un poco más de gasto social.

PREGUNTAS DE DIFÍCIL RESPUESTA

Queda claro que el crecimiento hipotético para 2003 está en dudas y lo está por tres puntos del programa económico de 2003 que hoy se basan en hipótesis y abren preguntas de difícil respuesta.

Una:

Nicaragua recibirá ayuda de 78 millones de dólares en divisas líquidas para apoyo a la balanza de pagos, pero no si firma el acuerdo con el FMI, sino sólo si cumple las metas de ese programa, que son principalmente reformas estructurales que demandan de una mutua colaboración entre la Asamblea Nacional y el Poder Ejecutivo. ¿Habrá esa colaboración? No vemos por ningún lado esa indispensable armonía.

Dos:

Es crucial que el Banco Central de Nicaragua obtenga aproximadamente 66 millones de dólares por la venta de activos de los bancos quebrados fraudulentamente. ¿Será posible esta empresa con la inestabilidad social asociada con la crisis del café en el Norte del país, en donde están muchos de esos activos en las fincas cafetaleras?

Y tres:

El gobierno aspira a recibir 41 millones de dólares por el proceso de privatización, principalmente del 60% del capital accionario de ENITEL, a sabiendas que el 40% de ese capital, ya privatizado el 2001, se encuentra actualmente en un limbo jurídico. ¿Cómo resolverá esto?

Si una de esas tres hipótesis no se cumple, se cae todo el programa económico. Pero, sobre el supuesto de que se cumpliese, con esos recursos, el programa económico contempla -y el FMI condiciona- aumentar en 30 millones de dólares las reservas internacionales del Banco Central, pagar 70 millones a los banqueros locales por sus inversiones financieras en las subastas de CENIs -que es deuda de la banca central- y destinar, por supuesto, el remanente al pago de la deuda externa, estimado, ya con el alivio interino de la Iniciativa HIPC, en 117 millones de dólares. Con todo esto, pronostico que el crecimiento económico de Nicaragua en 2003 se aproximará al 1% y no al anunciado 3%.

¿Y EL PLAN DE DESARROLLO?

Parece que la misión técnica del FMI que negoció con los funcionarios nicaragüenses obvió o ignoró la situación política del país para el establecimiento de estas metas. También parece que los funcionarios gubernamentales mostraron poca experiencia en el manejo de estas discusiones, probablemente porque son muy jóvenes en el ejercicio público.

Para avanzar, creo que es necesario no sólo eliminar la partidización que afectó a las instituciones durante el gobierno anterior, sino también rescatar la calidad técnica de las instituciones públicas relacionadas con la administración de la economía, principalmente el Banco Central de Nicaragua y el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio. Y es necesario también que los técnicos y funcionarios públicos que nos representan en esos diálogos “secretos” con el FMI, especialmente los del Ministerio de Hacienda y Crédito Público y los del Banco Central de Nicaragua, sepan que no lograremos un crecimiento del mercado interno sin una distribución equitativa del ingreso, que la vigilancia macroeconómica del FMI no resuelve el problema de la pobreza y que Nicaragua, después de haber transitado quince años consecutivos por la senda del ajuste económico, lo que demanda a gritos es un plan de desarrollo.

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