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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 249 | Diciembre 2002
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Internacional

Comercio mundial: tigre y conejo en la misma jaula

CAFOD

El precio que por el maíz que siembran y venden reciben los agricultores mexicanos ha caído desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994. Este Tratado, firmado entre dos países desarrollados y uno en vías de desarrollo, ha tenido graves consecuencias para quienes trabajan en el campo. Yo vendo maíz, pero el precio es muy bajo, la vida es ahora más dura que antes para nosotros. En mi pueblo, seis de mis amigos ya se han ido buscando trabajo, se lamenta Sebastián Sánchez, un joven productor de 18 años. Lo que pasa es que las reglas del comercio mundial meten al conejo y al tigre en la misma jaula: así ve las cosas Sarath Fernando, contraparte de CAFOD en Sri Lanka.

HAY MÁS COMERCIO, PERO HAY MÁS HAMBRE Y MÁS HAMBRIENTOS

Las reglas del comercio internacional son injustas y constituyen un robo a los pobres del mundo. Según el Informe de Comercio y Desarrollo 1999 de la UNCTAD, los países en desarrollo pierden cada año 500 mil millones de libras esterlinas (700 mil millones de dólares) a consecuencia de estas injustas reglas. Esta cantidad significa catorce veces la cantidad de ayuda internacional que estos países reciben del mundo desarrollado. Las reglas del comercio internacional son injustas porque ponen a competir a los débiles con los fuertes: los agricultores pobres se ven obligados a competir con las grandes empresas transnacionales de la agroindustria. Estas reglas han sido elaboradas por las transnacionales para favorecer a las empresas de los países ricos. Estas reglas, que proponen la liberalización comercial, han multiplicado por diez el comercio en el mundo durante los últimos treinta años, y en esos mismos treinta años duplicaron el hambre en África.

Hoy en día, el mundo produce más alimentos que nunca antes, alimentos suficientes como para brindarle a cada persona que vive sobre el planeta una dieta sana. Sin embargo, la cuarta parte de los niños y niñas del mundo -200 millones- están tan malnutridos que no crecen con normalidad y seis millones de niños menores de cinco años mueren de hambre cada año. Un comercio justo podría poner fin a este innecesario sufrimiento. Pero las instituciones que establecen las normas del comercio internacional han fracasado, un fracaso debido a las reglas de un comercio injusto.

ALGUNAS VERDADES SOBRE EL COMERCIO INTERNACIONAL

Las consecuencias nocivas son ignoradas

Uno de cada cuatro seres humanos sobre el planeta es un campesino o una campesina pobre o es miembro de una familia campesina. Lejos de beneficiarse de la liberalización del comercio en todo el mundo, las evidencias muestran que todos ellos pagan costos cada vez más altos y han visto incrementada su inseguridad.

Algunos ejemplos. En Zambia, más de la mitad de la población del país es de pequeños productores agrícolas. En este país, el comercio agrícola fue liberalizado desde principios de los años 90 como una medida de los Programas de Ajuste Estructural impuestos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Desde entonces la pobreza se agudizó entre los campesinos.

En Mozambique, uno de los países más pobres del mundo, el gobierno no puede ayudar a los campesinos brindándoles subvenciones para fertilizantes o mejorando caminos que son intransitables o subsidiándoles el transporte para sus productos. Sin embargo, desde la liberalización del comercio, a mediados de los años 90, los pequeños agricultores mozambicanos, que son más del 80% de la población, deben competir con las grandes empresas agrícolas de Sudáfrica, que cuentan con una importante subvención económica.

También en Mozambique: cuando en 1995-96 el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial presionaron al gobierno de este país para que eliminara los impuestos a la exportación de semilla de marañón no procesada, las procesadoras de este producto quebraron y 8 mil 500 personas perdieron su puesto de trabajo. En vez de vender sus productos a las procesadoras locales, los agricultores vendieron sus semillas a comercializadores de la India, que les ofrecieron precios más altos, para luego bajarlos. En este barrio esto ha sido terrible, todo el mundo ha perdido su trabajo, no hay dinero, no hay comida, dice Antonio Adija, un procesador quebrado de Monapo.

Desde 1997, la liberalización del comercio y de las inversiones alentó a las compañías multinacionales a incrementar sus actividades en Filipinas. Pero, lo mismo que las empresas pueden crear empleos, también pueden destruir subsistencias. El campesino Barceliso Mariquit y su familia habían cultivado siete hectáreas de tierra, que arrendaban en Lugait, Mindanao, desde 1949. Pero cuando el propietario vendió sus tierras a la compañía suiza Alsons, Barceliso contempló horrorizado cómo sus plantaciones de maíz, coco y plátano se las tragaba una gigantesca cantera de cemento. Sentimos que no podemos hacer nada porque la compañía es la única que puede decidir lo que va a hacer con esas tierras, explicaba impotente.

Se emplean dos parámetros diferentes

La Unión Europea (UE) presiona a los países pobres para que abran sus mercados a los productos europeos, mientras que los gobiernos de los países europeos protegen a sus productores con aranceles y subsidios. Hay evidencias que el dumping de los productos lácteos subsidiados por la UE en América Latina y África oscila entre el 40% y llega hasta el 100% del precio mundial, provocando un impacto devastador en los empleos y en el sustento diario de los productores lácteos latinoamericanos y africanos.

Las empresas dominan

A los diferentes grupos de cabildeo de las grandes empresas transnacionales se les permite influir en las normas del comercio mundial. Trece grandes empresas, entre ellas General Motors y Monsanto, han influido en muchos gobiernos para que se incluyeran los Derechos de Propiedad Intelectual (DPI) en las negociaciones comerciales de la Ronda Uruguay. En esas negociaciones, 96 de los 111 miembros de la delegación de Estados Unidos que negociaban los Derechos de Propiedad Intelectual pertenecían a empresas privadas. Mientras esto sucede, la mitad de los países miembros más pobres no pueden permitirse ni siquiera el lujo de mantener a un solo representante en la sede de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Ginebra.

El comercio injusto explica la deuda externa

Las injusticias en el comercio mundial son causas fundamentales que explican la deuda externa del Tercer Mundo. Sin reformas fundamentales en el comercio internacional, los países pobres no estarán en la posibilidad de obtener de los intercambios comerciales el dinero que necesitan para garantizar su solvencia. Transformando el comercio injusto, existe la posibilidad de prevenir que los países pobres caigan en el futuro en nuevas deudas impagables.

ALGUNAS VERDADES SOBRE LA OMC

La OMC es la institución que fija las reglas del comercio internacional, reglas que tienen siempre un gran impacto en las comunidades pobres de todo el mundo. Con su creciente influencia, la OMC podría sacar a millones de familias de la pobreza o hundirlas en sufrimientos aún más grandes.

La OMC fue creada el 1 de enero de 1995 como sucesora del Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), un acuerdo firmado después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) para reducir los obstáculos al comercio internacional. El GATT se desarrolló a través de ocho “rondas” de negociaciones internacionales, dedicadas sobre todo a regular el comercio de productos manufacturados. La culminación del GATT fue la Ronda Uruguay (1986-94), que incluyó por primera vez acuerdos sobre la agricultura, sobre los servicios y sobre los derechos de propiedad intelectual. Estos tres acuerdos hicieron surgir por todo el mundo serias preocupaciones sobre el impacto que tendrían en el desarrollo de los países pobres.

Hasta el mes de abril del 2001, 142 países se habían adherido a la OMC como miembros y otros 30 países estaban interesados en hacerlo. Las funciones principales que cumple hoy la OMC son: la aplicación de los acuerdos de la Ronda Uruguay, la aplicación de mecanismos de resolución de diferencias cuando un país sospecha que otro país está violando las normas de la OMC, la evaluación del cumplimiento de la liberalización del comercio en los diferentes países, y la actuación como foro mundial para futuras negociaciones comerciales.

El máximo órgano para la toma de decisiones en la OMC es la Reunión de los Ministros de Comercio, que se celebra cada dos años. Unos 500 funcionarios apoyan los consejos, comités y conferencias ministeriales de la OMC en Ginebra. Analizan también la evolución del comercio mundial y proveen asistencia técnica a los países en desarrollo. Gran Bretaña contribuye con alrededor de 3.5 millones de libras esterlinas al presupuesto anual de la OMC, que es de 50 millones de libras esterlinas.

El máximo órgano permanente de la OMC es el Consejo General, que se reúne varias veces al año. Está constituido por los representantes de todos los países miembros que tienen embajadores en Ginebra. También existen varios consejos y comités especiales como el Tribunal de la OMC, conocido como Órgano de Solución de Diferencias. El Director General de la OMC entre 2002-2005 es Supachai Panitchapakdi, de Tailandia.

La OMC describe así su objetivo: Ayudar a que los flujos comerciales sean fáciles, libres, equitativos y previsibles. En la práctica, la OMC fomenta políticas de liberalización del comercio que benefician a las grandes empresas y hace muy poco para ayudar a los pobres. Un ejemplo: el Acuerdo de la OMC sobre Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) otorga a las empresas el derecho de patentar variedades de plantas y semillas.

Existe un fundado temor de que esto pondrá en peligro el sustento de los agricultores de los países pobres. Belene Apale, que cultiva arroz orgánico en el valle de Salug, Filipinas, teme que si las variedades de las plantas autóctonas del valle son patentadas por las empresas multinacionales, los campesinos tendrán que pagar por el uso de semillas que han sembrado sus antepasados durante generaciones. Es ésta una contradicción preocupante: mientras la gran mayoría de la riqueza de biodiversidad del planeta se encuentra en los países del Tercer Mundo, los recursos científicos y legales necesarios para descifrar los códigos genéticos de miles de especies y para registrar patentes están en el Primer Mundo industrializado.

¿EXISTE VERDADERA DEMOCRACIA EN LA OMC?

Quien domine el comercio del mundo, domina las riquezas del mundo y por lo tanto domina al mundo, decía Sir Walter Raleigh (1552-1618). Teóricamente, la OMC debería ser una organización muy democrática. A diferencia del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, donde la distribución de votos está en función de las contribuciones financieras que hace cada país, en la OMC todos los países miembros tienen un solo voto. Pero, en la práctica las cosas no funcionan así: los grandes ganan y los pequeños pierden, porque las decisiones se toman a puertas cerradas y son fruto de concesiones que los grandes trafican entre ellos mismos.

Este toma y daca favorece a los países que constituyen grandes mercados. Países con una gran población con mucho dinero para gastar, como Estados Unidos, tienen una gran ventaja en las negociaciones de la OMC frente a países tan pequeños y pobres como Bangladesh, que busca desesperadamente vender sus productos en Estados Unidos y que está dispuesto, por eso, a hacer grandes concesiones para conseguirlo. La denominada Cuadriga, compuesta por Japón, Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, termina dominando la mayoría de las decisiones que toma la OMC.

En la sede de la OMC en Ginebra se celebran en promedio doce reuniones cada día laborable. Mientras los países ricos mantienen negociadores permanentes en Ginebra -el equipo de Estados Unidos es nada menos que de 250 personas- y hacen viajar cada vez que les conviene a sus expertos cuando se discuten temas específicos, la mitad de los países más pobres del mundo no tiene capacidad financiera para mantener ni siquiera a un representante en la sede de la OMC. Mantener una Misión ante la OMC en Ginebra cuesta 900 mil dólares anuales, de acuerdo al Departamento de Comercio e Industria de Gran Bretaña. Sin representación permanente, los países pobres no pueden hacer ni lo mínimo identificando los problemas, dando seguimiento a las propuestas y defendiendo los intereses nacionales.

En la OMC, los negociadores de los países poderosos mantienen a menudo relaciones muy estrechas con las grandes empresas transnacionales. El negociador de los Estados Unidos para los temas agrícolas al comienzo de la Ronda Uruguay era nada menos que el ex-vicepresidente de Cargill, empresa norteamericana que controla el 60% del comercio mundial de cereales. Durante la Cumbre de la OMC en Seattle, en 1999, los principales negociadores de la OMC se reunían con representantes del cabildeo de las grandes empresas. Era una forma de compensar a estas empresas por las donaciones que habían hecho para cubrir los costos de la Cumbre.

QUÉ EXIGIMOS EN NUESTRA CAMPAÑA

Acabar con el hambre

Se pregunta Nelson Mandela: ¿Beneficia la globalización solamente a los poderosos, financieros, especuladores, inversionistas y comerciantes? ¿No ofrece nada a los hombres, mujeres y niños arruinados por la violencia de la pobreza? CAFOD considera que si la reducción de la pobreza fuera un objetivo de la OMC, la OMC debería verse obligada a hacer cambios fundamentales en sus políticas actuales, ya que éstas no consiguen reducir a la pobreza, más bien la están aumentando por todo el mundo.

Yo llevo cuatro años asistiendo a reuniones sobre comercio internacional y me cuesta escribir tan sólo dos líneas explicando cómo mi país se ha beneficiado con todo esto, le contaba a CAFOD un delegado de un país africano ante la OMC. En la agricultura, la promesa era liberalizarla y el pronóstico era que las cosas mejorarían. Pero ha ocurrido lo contrario y ahora lo que tenemos es una total inseguridad alimentaria. De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), las políticas actuales reducirán el número de hambrientos de 800 millones a 580 millones en 2015, lo que dista mucho de lo acordado por los dirigentes de 186 países en la Cumbre Mundial sobre Alimentación (1996), que planteó reducir a la mitad, a 400 millones, el número de malnutridos y hambrientos del mundo para esa fecha. CAFOD considera que una evaluación del impacto que sobre la pobreza tienen las políticas de la OMC debe ser parte integrante de todas las futuras negociaciones comerciales.

Proteger a los pequeños agricultores

El Acuerdo sobre Agricultura (AsA) de 1995 es un acuerdo comercial que tiene potencialidades para ayudar o para dañar aún más a millones de personas pobres en todo el mundo. El objetivo de este Acuerdo es liberalizar el comercio de productos agrícolas reduciendo aranceles y otros obstáculos comerciales, entre ellos los subsidios a los agricultores. En el año 2000 se iniciaron en Ginebra nuevas negociaciones del AsA.

Este Acuerdo tiene muchos defectos. Es muy estricto con medidas como los aranceles, que son fáciles, baratas y aplicables por los países pobres, y es muy condescendiente con medidas como los subsidios a los agricultores, que los países ricos aplican, mientras se prohibe a los países pobres aplicarlos, no teniendo tampoco recursos fiancieros para hacerlo. El AsA falla también porque no elimina en forma sustancial la protección con que los países ricos defienden sus mercados. La OMC ha reconocido que el AsA puede dañar a los países en desarrollo y por esto acordó darles una ayuda adicional en la así llamada Decisión de Marrakesh, pero esta Decisión nunca ha sido aplicada.

Las cosas van de mal en peor. En muchos países subsaharianos de África son campesinos que tienen pequeñas parcelas con suelos de baja calidad, que carecen de dinero para comprar maquinaria agrícola, fertilizantes y pesticidas y que no cuentan con transporte para sacar sus cosechas a los mercados, quienes producen hasta el 85% de los alimentos del país. Muchos de estos productores rurales son mujeres. Todas estas personas son altamente vulnerables y están afectadas negativamente porque el AsA prohibe a los gobiernos de los países pobres ofrecer créditos favorables a los campesinos pobres, recorta el subsidio al transporte rural y reduce los aranceles que protegen a los campesinos pobres del impacto de las importaciones de productos agrícolas.

Las crecientes importaciones que hacen los países pobres están afectando mucho a los pequeños productores agrícolas de todo el mundo. Un estudio del impacto de la Ronda Uruguay sobre el comercio agrícola de los países pobres constató que en dos años el valor de las importaciones de alimentos se incrementó en promedio en un 83% en 48 países pobres y una avalancha de importaciones hizo caer la producción agrícola en 29 países pobres. El estudio concluyó que cambios tan agudos y repentinos podrían tener implicaciones considerables en la desnutrición de la población de estos países, donde el 40% de la población ya pasa hambre.

CAFOD considera que el AsA no tiene en cuenta el papel crucial de la agricultura en la subsistencia de las comunidades pobres. Una de cada cuatro personas en el mundo y el 70% de la población de los países menos desarrollados vive de la tierra. Los países más vulnerables del planeta son aquellos en donde gran parte de los ingresos nacionales proviene de la agricultura, donde gran parte de la agricultura es de subsistencia, donde gran parte de la población vive de trabajar la tierra, donde la infraestructura de caminos y de otro tipo es precaria y donde existe poca alternativa de empleo para la población rural. Es de gran importancia que la agricultura siga siendo fuente de subsistencia de la mayoría de la población de estos países.

DEMANDAMOS UNA CAJA PARA EL DESARROLLO

Demandamos un trato especial para los países pobres y para los productos que producen los campesinos en esos países. El Acuerdo sobre Agricultura contiene el concepto de las cajas para describir las cláusulas que permiten a ciertos productos una excepción de las normas de la OMC. CAFOD demanda de la OMC la introducción de una caja especial, la Caja para el Desarrollo, para aquellos cultivos que son alimentos básicos en los países pobres o para los productos que son cultivados principalmente por campesinos y campesinas muy pobres.

Estas normas permitirían el empleo de subsidios y de barreras comerciales para proteger el sustento de los pequeños productores rurales. El objetivo debería ser atacar el hambre y reducir la pobreza incrementando la producción de los cultivos básicos de los países pobres, incrementando la seguridad alimentaria especialmente para los más pobres, brindando a los pobres del campo oportunidades para ganarse la vida, y protegiendo a los campesinos muy pobres de las importaciones baratas y subsidiadas.

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