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  Número 217 | Abril 2000
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Nicaragua

William Grigsby: "En el sandinismo, hay que fortalecer la división para consolidar la unidad"

La radiodifusión nicaragüense y el movimiento sandinista tienen en William, "el Chele" Grigsby, a uno de sus más auténticos valores. Representando a la Izquierda del FSLN, William habló con Envío de la evolución del sandinismo y de perspectivas de futuro, en dos charlas que transcribimos.

William Grigsby

En Nicaragua, el sandinismo es un formidable universo con el que hay que contar y del que podemos sentirnos orgullosos. Seiscientos mil nicaragüenses nos sentimos sandinistas. En ese amplio movimiento sandinista, entendido en el sentido más amplio de la palabra, se incluyen todos los nicaragüenses cuyos orígenes político-ideológicos están en el sandinismo, aunque nunca hayan pertenecido al FSLN y aunque ya no pertenezcan al FSLN ni militen en la política activa, pero que se siguen sintiendo sandinistas y se identifican con la herencia programática de Sandino.

En el movimiento sandinista podemos distinguir hoy tres grandes segmentos. El segmento mayoritario es el de los que están desencantados, no sólo del FSLN sino de la política en general. En este segmento se combina una íntima convicción sandinista, una expresión política apática, ajena al quehacer partidario, y una casi nula perspectiva política.

Es tanto el desencanto de muchos de estos sandinistas, que han caído en la trampa del adversario ideológico, cuya meta es precisamente que nos desencantemos tanto que desertemos de la política, para que dejemos el quehacer político en manos de los corruptos. La meta es lograr que digamos: "yo no me meto en nada, no quiero saber nada de nada, la política no me da de comer, para nada pasé tantos años haciendo tantos sacrificios, no creo en nadie, tantos esfuerzos no sirvieron para nada..." Todos los compañeros y compañeras que tienen este estado anímico y asumen esta posición de indiferencia, de apatía, de rechazo a la militancia política, caen en la trampa del adversario, que busca no sólo liquidarnos y aniquilarnos, sino arrinconarnos, expulsarnos del espectro político y sacarnos del juego por la vía de la apatía.

Una cosa es estar desencantados, defraudados, entristecidos, enfurecidos por todo lo que hemos sufrido o hemos visto sufrir, por todo aquello de lo que hemos sido testigos o por lo que hemos vivido en carne propia, por todo lo que nos ha pasado a nosotros los sandinistas dentro de nuestro Frente Sandinista ,y otra cosa es llegar al extremo de ya no comprometernos en nada.

No es fácil asumir hoy compromisos. El que se siente sandinista sabe que en el espectro político nicaragüense sólo hay una fuerza que procura la defensa de los intereses de la gente, y que esa fuerza es el sandinismo. Pero al mismo tiempo, son cada día más los sandinistas que saben que la expresión partidaria de esa fuerza se aleja cada vez más de los intereses de la gente, que esa expresión partidaria no representa ya, ni mucho menos, a la mayoría de los sandinistas. Hoy, las siglas FSLN cobijan a una minoría del sandinismo. Ya no es como hace cinco o seis años, como hace diez años, cuando esas siglas cobijaban al noventa y nueve por ciento de los sandinistas. Hoy apenas cobijan a un veinte por ciento, o quizás a muchos menos.

En momentos electorales como el de 1996, los sandinistas de este primer segmento depositan su voto manteniéndose fieles a la bandera rojinegra, pero hasta ahí nomás. No son capaces de hacer vida política ni siquiera trabajan para que otros concurran a las urnas a depositar su voto por la bandera rojinegra. Han abandonado cualquier activismo. El desencanto los ha convertido en simples electores pasivos.

El segundo segmento dentro del movimiento sandinista es infinitamente inferior en número al del extenso conglomerado del sandinismo apático. Es el de quienes están militando en el partido FSLN o en un sindicato o en un gremio de afiliación sandinista. Por su militancia política, desarrollan algún trabajo político en favor del sandinismo.

En esta franja del sandinismo políticamente organizado no todo es blanco y negro. Hay muchísimos matices. Y a la luz de los acontecimientos políticos ocurridos a partir de 1998, estos sandinistas están cada día más confundidos. Muchos aún se sienten representados, o mejor dicho identificados, con la figura emblemática de Daniel Ortega, pero ya saben o intuyen que lo que está ocurriendo dentro del FSLN es muy diferente de lo que ellos esperaban.

Todos los que hemos estado militando activamente en el FSLN esperábamos una oposición beligerante al somocismo, queríamos ver las estructuras del partido volcadas hacia la defensa de los intereses de la gente, aspirábamos a ver al FSLN poniéndose al frente de la gente para luchar contra el neoliberalismo y frenarlo, queríamos verlo decidido a reconquistar la conciencia y el corazón de la gente. Pero ya llevamos padeciendo tres años de somocismo, y nada. En lugar de hacer oposición, la dirigencia política del FSLN lo que ha hecho es un cogobierno con el somocismo y, en lugar de defender los intereses populares, ha pactado para defender sus intereses personales.

La izquierda, o quien representa a la izquierda en Nicaragua, el FSLN, se ha desfigurado de tal manera que ya parece la misma cosa que la derecha. La izquierda nicaragüense carece de una propuesta propia, de un modelo de sociedad alternativo al que estamos viviendo. No existe una propuesta que explique a la ciudadanía cómo hacer una Nicaragua distinta a la que vivimos.

Desde el derrumbe del bloque socialista y desde la derrota electoral del FSLN, no hemos logrado proponer, diseñar, madurar, construir nuestra propuesta de sociedad, nuestro modelo de sociedad desde el que decirle a la gente: ésta es la sociedad que queremos, la queremos hacer de esta manera y tenemos que dar estos pasos para alcanzarla.

Lamentablemente, la dirección política del FSLN, en lugar de trabajar por encontrar ese modelo, por asentar las principales líneas de esa propuesta, ha optado por sumarse al modelo vigente. El pacto significa también la cooptación, el reclutamiento de la dirección política del FSLN por el neoliberalismo. La dirección política del FSLN se ha sumado al neoliberalismo. Un día aprobando la privatización de la seguridad social, el otro día eliminando la suscripción popular de la ley electoral... ¿Qué harán al día siguiente? Ya no lo sabemos.

El segmento militantemente organizado bajo la bandera del FSLN o bajo cualquier organización gremial identificada con el FSLN, no sólo se ha visto reducido a ser casi únicamente un esqueleto organizativo, sino que ha involucionado ideológicamente. Porque la dirección política de las estructuras del FSLN ha involucionado. Su descomposición es ya de tales proporciones que muchos califican a estos dirigentes como "traidores". Un apelativo que difícilmente se escuchaba no hace diez años sino apenas hace sólo seis meses, aparece ahora por cualquier lado y en la boca de cualquier sandinista.

Hay un tercer segmento dentro del sandinismo. Son los compañeros y compañeras que se sienten sandinistas, que no son apáticos, que están activos políticamente, pero que están en contra de la dirigencia actual del FSLN y que no regresarán nunca al FSLN mientras continúe al frente esa dirigencia.

Sin embargo, lo ocurrido en los dos últimos años ha servido para que muchos de los sandinistas que se fueron del FSLN y que continúan activos políticamente, y que en algún momento pudieron rondar ideológica y políticamente a la derecha, hayan revisado sus posiciones y hayan dicho: volvamos a nuestras raíces.

Teniendo en cuenta todo lo ocurrido y teniendo en cuenta estos tres segmentos dentro del movimiento sandinista, nos encontramos un mapa político del sandinismo cualitativamente diferente al de hace apenas dos años. En el año 90, en el 91, en el 92, teníamos discusiones ideológicas dentro del FSLN. Y había algunos que planteaban que el antiimperialismo no tenía sentido, que el socialismo no tenía sentido, que las luchas populares no tenían sentido, que teníamos que renunciar a todo esto para inscribirnos únicamente en la defensa de la democracia formal.

Eran discusiones álgidas, que nos consumieron horas, días, semanas enteras. Algunos de los que defendían estas posiciones se fueron definitivamente del FSLN y hoy se avergüenzan de haber sido sandinistas alguna vez. Algunos militan en cualquier partido de la derecha y hasta en el PLC se encuentran algunos de ellos. Algunos siguieron siendo sandinistas, pero fuera del FSLN y rechazando a sus dirigentes.

Diez años de capitalismo crudo en Nicaragua han convencido a todos los sandinistas, a los que se fueron del FSLN, y a los que nos quedamos, de que hay que encontrar otra salida, de que hay que buscar una nueva salida. No la sabemos, pero sí sabemos que hay que buscarla. Estamos muchos en esa búsqueda. Preferimos esa búsqueda, que significa luchar, a someternos al sistema, que significa rendirse.

Dentro de la búsqueda de ese nuevo paradigma de sociedad para Nicaragua, que es constante y es permanente, que es un proceso, estamos convencidos de que no podemos excluir a ningún sandinista. No podemos decir: el que está dentro de las estructuras es sandinista y el que está fuera no es sandinista. Pensar así es ya obsoleto, no tiene nada que ver con lo que hoy vivimos ni con lo que nos ha ocurrido.

En esta búsqueda confluyen hoy distintos esfuerzos, desde distintas experiencias y desde distintos escenarios. Yo no puedo descalificar a Mariano Fiallos porque esté en la "tercera vía". No estoy de acuerdo con su decisión, pero no lo descalifico. Y siento que tengo en común con él, como persona y como movimiento, muchas banderas democráticas y también revolucionarias. Y lo mismo sucede con tantos otros sandinistas.

La situación nacional es gravísima. Mientras la expresión política de cientos de miles de sandinistas o no existe o cuando existe está muy atomizada, mientras los que militan no tienen una estrategia común para la sociedad, no mantienen una lógica común, ni política ni ideológica, sino que trabajan a la zumba marumba, de acuerdo a lo que cada quien piensa que es lo mejor, el somocismo ha logrado consolidarse como una fuerza política organizada, ha ampliado su influencia en amplias capas de la sociedad y tiene ahora muchísimos más recursos financieros, políticos, humanos y materiales que hace apenas tres años. Y no sólo porque se hicieron con el poder, sino porque han sabido fortalecer su instrumento partidario, el PLC, porque el capital somocista se reproduce y crece, y porque se multiplican los vicios somocistas en la forma de hacer política en Nicaragua.

Especialmente, se multiplica la corrupción, que es el estilo somocista de hacer política, hoy plenamente restaurado en Nicaragua, en donde todos, o casi todos, hacemos una inmediata analogía entre funcionario público y ladrón. Y todos, o casi todos, pensamos que conseguir un trabajo en el Estado significa la oportunidad de poder robar.

El somocismo ha sido totalmente restaurado en Nicaragua. El somocismo como fuerza política, como capital económico, y como "valores" ha regresado. Los contravalores, los antivalores del somocismo están permeando a toda la sociedad, hasta hacerse casi hegemónicos, mientras los valores sandinistas han retrocedido.

En el sandinismo predomina una tendencia a la dispersión, nos hemos convertido en una fuerza centrífuga, alejándonos del núcleo central del sandinismo, que históricamente ha sido el FSLN. Y no sólo nos alejamos de ese centro, sino aún peor, nos distanciamos y repelemos ese centro.

¿Qué podemos hacer? Debemos de buscar nuevos núcleos que nos aglutinen. Sería ideal encontrar un único núcleo aglutinador, pero eso es imposible a corto plazo. Pero podemos formar seis, siete, diez núcleos en torno a los cuales irnos reagrupando. Después, esos diez núcleos se agruparán en cinco y finalmente, refundaremos un nuevo núcleo alrededor del cual reunirnos todos los sandinistas, con un nuevo proyecto político, con un programa de gobierno, con una nueva dirigencia.

Esos tres elementos -dirigentes, proyecto, programa- los vamos a encontrar en los tres grandes segmentos que hoy componen el sandinismo: la franja mayoritaria de los sandinistas que no quieren saber nada de la política, la franja militante organizada en el esqueleto del aparato del FSLN y la franja de los sandinistas que trabajan activamente en política pero no quieren ya saber nada del FSLN. De estas tres franjas tiene que surgir un nuevo liderazgo y nuevas formas de organización, que nos permitan reencontrarnos con nosotros mismos y reformular el proyecto de sociedad que anhelamos construir en Nicaragua, un proyecto que se transforme en un programa de gobierno que entusiasme a la mayoría de la sociedad nicaragüense.

¿Qué nos une a los sandinistas de los tres segmentos? Nos une en primer lugar el ser sandinistas. Todos reconocemos en Sandino a nuestro padre ideológico. Sandino, y todo lo que significa Sandino de justicia social, de dignidad nacional, de espíritu de lucha, de latinoamericanismo, todo lo que nos enseñó Sandino con su lucha y con su pensamiento, eso nos une.

Pero, ¿qué más nos une hoy? ¿Qué otra bandera puede ser asumida con total fidelidad y de inmediato por cualquier sandinista? Con tanto consenso como la bandera de Sandino no tenemos ninguna más. Sin embargo, existe hoy una bandera que puede agrupar a la mayoría de los sandinistas, excepto a los del aparato. Y es la bandera contra la corrupción. Contra la corrupción de los funcionarios públicos encabezados por Arnoldo Alemán. Contra la corrupción social, contra la corrupción ideológica, contra la corrupción en todas sus expresiones. La corrupción atraviesa hoy todos los estamentos de la sociedad y contamina todas sus actividades. La corrupción se ha introducido como un virus canceroso en la sociedad y está destrozando a una velocidad vertiginosa sus bases esenciales.

Si la bandera contra la corrupción nos une, de la lucha contra la corrupción podríamos derivar todas las acciones imaginables en el campo político. Si estamos contra la corrupción en el sistema de salud, proponemos restaurar la gratuidad en el sistema de salud. Si estamos contra la corrupción en el sistema educativo -corrupción que se traduce en determinados planes de estudio, en cobros ilegales, en el maltrato al gremio de los maestros-, proponemos que la educación vuelva a ser una responsabilidad que asuma el Estado con una participación activa de la ciudadanía. Y así con tantos temas.

El sandinismo está indignado con todo lo que está pasando en Nicaragua con este gobierno. En el Estado la robadera es diaria, es diaria la saqueadera del erario público. Pero lo que más desalienta a los sandinistas es ver que los dirigentes políticos del FSLN se han sentado a negociar con el hombre más corrupto que ha pasado por el gobierno de Nicaragua en los últimos 50 años, Arnoldo Alemán Lacayo, y hasta le han regalado una diputación para que nadie pueda juzgarlo nunca por esta corrupción. Los sandinistas deberíamos levantar la bandera de que en el gobierno sandinista que derive del resultado electoral del 2001 vamos a iniciar procesos judiciales contra todos los ladrones, contra todos los que han saqueado el Estado, empezando por Arnoldo Alemán. Esa debería ser nuestra primera bandera política.

La bandera contra la corrupción es una bandera eminentemente sandinista y revolucionaria. Estar contra la corrupción es una posición revolucionaria. Porque significa cambiar las cosas. Significa una transformación radical de las instituciones de la sociedad para que se pueda evitar esa corrupción. Porque significa una transformación total del quehacer político y de la forma de hacer política.

Nuestra generación de sandinistas tiene todavía una última oportunidad. La generación de sandinistas que nos sigue lo tendrá mucho más difícil si nosotros no aportamos nuestros últimos granos de arena para evitar que se consolide la dictadura con fachada democrática que nos han impuesto mediante el pacto, para impedir que nuestra economía termine de entregarse a las transnacionales. Los sandinistas de nuestra generación todavía tenemos mucho que hacer.

La unidad del sandinismo es un requisito indispensable para acometer todo lo que tenemos que hacer. No será posible reproducir el pensamiento de Sandino en las nuevas generaciones si seguimos dispersos, si seguimos trabajando con tanta inercia. Tenemos una última oportunidad en esta generación para llegar a las nuevas generaciones con el pensamiento de Sandino, para entusiasmarlas con su ejemplo, y para que ellas tomen esa antorcha y la continúen llevando en alto durante los próximos siglos.

Para aprovechar nuestra última oportunidad, para llegar al momento de la reorganización del sandinismo, de la refundación del sandinismo -como queramos llamar a este proceso-, debemos tener la capacidad y la humildad de deponer posiciones mezquinas. Tendremos que hacer muchos esfuerzos personales para olvidarnos de muchas cosas que hemos dicho, de muchas cosas que nos han dicho, de muchas cosas que nos han hecho y que hemos hecho. Y para aceptar que es mucho más lo que hemos hecho que lo que nos han hecho. Tenemos que tener la suficiente humildad y sabiduría para dejar muchas cosas a un lado y buscar la reunificación del sandinismo, buscando lo que nos une.

Si la inmensa mayoría de los sandinistas estamos contra la corrupción y estamos contra el pacto, no podemos dejar que una minoría se apropie del legado histórico de Sandino y se apropie del FSLN. No podemos regalarle a esa minoría nuestro tesoro. Tenemos que evitar que la confiscación del FSLN que se ha operado en estos últimos años se consolide. Y la única manera de evitar que eso ocurra es reunificándonos bajo banderas concretas y bajo programas concretos. ¿Con quiénes? En el camino lo veremos. Primero todos juntos, y poco a poco irá surgiendo ese nuevo liderazgo que todos anhelamos.

Si nos ponemos todos a trabajar en esa dirección, si logramos finalmente la reunificación, si la construimos sobre la base de tareas concretas, sobre la base de luchar, rescataremos al FSLN. Personalmente estoy persuadido de que este esfuerzo es la única salida que tenemos a la situación tan dramática que hoy enfrenta Nicaragua.

Henry Ruiz, el Comandante Modesto, decía hace veintipico de años que los sandinistas tenemos que tener "paciencia estratégica y celeridad táctica". Es un consejo que sigue teniendo vigencia. La paciencia estratégica la tenemos que tener hasta lograr la refundación del sandinismo. La celeridad táctica la necesitamos para frenar los efectos del pacto.

La meta estratégica de refundar al Frente Sandinista es de largo plazo, eso no se hace de la noche a la mañana. Tenemos que trabajar en esa dirección con todos los sandinistas que están fuera, con todos los sandinistas que estamos dentro, con los sandinistas que no están en ningún sitio, con los sandinistas que tienen otra expresión organizada y tienen su propia lógica política. Tenemos que apostar y hacer un esfuerzo porque a un mediano plazo cronológico nos encontremos todos en un frente común. ¿Cómo se va a llamar ese frente? No sabemos, pero ése debe ser el objetivo.

Pero, a la vez, tenemos que tener celeridad táctica porque los tiempos políticos en Nicaragua conspiran contra ese objetivo. Tenemos elecciones municipales en el 2000, tenemos elecciones presidenciales en el 2001, y tenemos el congreso del Frente Sandinista en el 2002. Y hay que trabajar con celeridad táctica para estos tres momentos.

Todo lo que ha ocurrido nos ha hecho evolucionar, de una manera a veces imperceptiblemente esperanzadora. Es posible fortalecer la opción sandinista en la medida en que cada quien vaya fortaleciendo sus propios espacios. Recuerdo una cita de Henry Ruiz, que fue muy condenada públicamente en aquella época, en el año 78. Decía Modesto: "Tenemos que fortalecer la división, para consolidar la unidad". Me parece una idea de gran profundidad. Porque en la medida en que los distintos estamentos sandinistas somos fuertes, crecemos, tenemos éxito en nuestras propias alternativas, en esa misma medida vamos a fortalecer al conjunto del sandinismo. Y no al revés. No es por la vía de la liquidación de las opciones sandinistas que no están dentro de las estructuras que vamos a lograr la unidad. No es por esa vía. Vamos a fortalecernos encontrando los puntos que tenemos en común.

Alguien me decía un día, discutiendo estos problemas, que lo que podríamos hacer es convertir al Frente Sandinista en un Frente, con distintas agrupaciones sandinistas, con una dirección colegiada que represente a las distintas agrupaciones, cada una con su autonomía.

Esa es una manera de ver las cosas. En la Izquierda del FSLN tenemos otra manera de verlas. Nuestra táctica es hoy disputarle la hegemonía política a la burguesía, que se ha apoderado de la dirección del Frente Sandinista, recuperar el control del Frente Sandinista para que la hegemonía sea revolucionaria, popular. Disputarles la hegemonía y vencerlos. Eso no se logra de la noche a la mañana. No somos aún mayoría, pero creo que podemos lograr esa mayoría dentro del FSLN a mediano plazo, y trabajando. No queremos expulsar a nadie del FSLN, queremos asumir el control revolucionario del Frente Sandinista, que es distinto. No creemos que la solución pase por extirpar de ninguna manera a la dirección política actual ni por eliminar a ningún dirigente. Creemos que la solución pasa por cambiar la correlación de fuerzas, desde las bases, para renovar al FSLN sobre posiciones revolucionarias. Nuestra lucha no es contra personas, es por ideas. No es contra una persona, sino contra sus ideas, contra su manera de dirigir el FSLN, contra su manera de hacer política en Nicaragua, reducida sólo a politiquear. La actual dirigencia del FSLN no tiene derecho a manejar el Frente como si fuera una empresa privada y ellos la junta de accionistas.

Nosotros no aspiramos a cambiar al Frente Sandinista cambiando a su Dirección. Vamos a cambiar al Frente Sandinista desde abajo, en la medida en que abajo la correlación de fuerzas vaya variando hacia posiciones revolucionarias. Sabemos que éste será un proceso accidentado y doloroso.

Desde esta perspectiva, en la Izquierda del FSLN hemos decidido darle apoyo a todos los candidatos del FSLN a las elecciones municipales, aunque algunos no nos gusten nada y algunos nos gusten mucho más que otros. De todas formas, a ninguno vamos a darle un cheque en blanco, sino que vamos a exigirles que firmen compromisos con las bases que van a votarlos. En la Izquierda del FSLN no estamos contra la "tercera vía", estamos por el Frente Sandinista, por cambiar al FSLN. Tenemos puntos en común con los compañeros sandinistas que están en la "tercera vía", pero no por eso vamos a cambiar de bando ni vamos a apoyar a sus candidatos.

Si no apoyáramos a los candidatos del FSLN, nos saldríamos, por la vía de hecho, del FSLN. Y eso sería como colocar el pecho desnudo para que nos acribillen a balazos desde la dirección del FSLN. Si el objetivo es permanecer adentro para ganar la pelea y ganar la hegemonía, no podemos darles ninguna excusa para que nos saquen ni para sentirnos excluidos ante las bases sandinistas. Y las bases sandinistas están hoy muy confundidas. Yo viajo bastante por Nicaragua y hay compañeros y compañeras sandinistas que no entienden las discusiones en torno al pacto. Por falta de información en primer lugar. Pero también porque están viviendo una situación tan dramática que se aferran a los símbolos que conocen y que tanto han significado para ellos. Y esos símbolos son Daniel y la bandera rojinegra. Ese aferrarse a los símbolos es una realidad política con la que hay que contar. Si asumimos esa realidad, veremos que resulta muy difícil que un compañero sandinista que no tiene un buen nivel de información entienda que, por estar contra el pacto, tiene que votar por un candidato que no sea del FSLN. Es una opción que no tiene ninguna lógica para el común de los sandinistas.

Un partido político se crea para alcanzar el poder, pero un partido político revolucionario se crea para alcanzar el poder y desde ahí cambiar la sociedad. De nada nos sirve que el FSLN alcance el poder si lo que va a hacer es administrar las políticas neoliberales, aunque lo haga poniendo más énfasis sociales. Nuestro objetivo es cambiar las estructuras de la sociedad nicaragüense porque son injustas y porque no resuelven los problemas de los nicaragüenses. Este modelo de sociedad está fracasado. Nos lo dicen los índices de pobreza, de desnutrición, de hambre, de desempleo.

Si somos revolucionarios tenemos que cambiar este modelo. Y si queremos cambiar este modelo, necesitamos un proyecto alternativo que cuente con el respaldo masivo de la ciudadanía. No nos servirá de nada llegar al poder con el 35% de los votos -como Daniel Ortega acordó en el pacto con Arnoldo Alemán-, porque aun si ganáramos, tendríamos únicamente el respaldo de la tercera parte de la ciudadanía, lo que hace casi imposible emprender cambios estructurales. El FSLN necesita cautivar no sólo un cierto respaldo electoral, sino la conciencia de la mayoría, ofreciéndole un modelo diferente de sociedad. Si se conforma con menos se convertirá en un partido electorero más.

El FSLN fue fundado por Carlos Fonseca con el objetivo de cambiar la sociedad nicaragüense. Lo logramos en el 79, avanzamos durante diez años, y durante estos últimos diez años hemos retrocedido tanto que estamos situados más atrás que lo que estábamos antes del 79. Por lo tanto, tenemos hoy por delante la misma misión: transformar la sociedad nicaragüense. Y eso no se logra simplemente ganando las elecciones, necesitamos ganar la conciencia de los ciudadanos ofreciéndoles un nuevo modelo de sociedad. Se trata de volver a hacer la revolución, pero ahora sin armas. Es un desafío enorme. El sandinismo tiene capacidad para enfrentarlo con éxito.

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