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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 217 | Abril 2000
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El Salvador

Notable derrota de ARENA y triunfo relativo del FMLN

ARENA sufrió la mayor derrota de su historia política. Pero la derecha ganó las elecciones. El FMLN se alzó con un significativo triunfo. Pero varios factores relativizan su victoria. El notable abstencionismo fue una señal de alerta. Y el masivo respaldo a la memoria de Monseñor Romero una señal de esperanza.

Ismael Moreno, SJ

Aunque la izquierda de El Salvador no sale de la euforia tras su triunfo en las elecciones del 12 de marzo, los resultados electorales le dejan abiertos muchos más desafíos y dilemas que optimismos y seguridades. La falta de un análisis serio y frío sobre los factores que llevaron a los resultados de los comicios, y sobre los desafíos y dilemas que se abren para la izquierda, puede hacer que, más temprano que tarde, la izquierda lo pague muy caro. Resulta útil rastrear algunos de los factores que explican los resultados electorales.


Derrota de ARENA y victoria de la derecha

El FMLN ganó 78 de las 262 alcaldías del país. Entre ellas, 8 de las 14 cabeceras departamentales, incluyendo la de San Salvador, en donde Héctor Silva, que venía gobernando la capital en los últimos tres años, resultó reelegido. En la Asamblea Legislativa, el FMLN consiguió 31 diputados. ARENA sólo 29. El Partido de Conciliación Nacional (PCN) se ubicó en la tercera posición con 14 diputados, mientras que la Democracia Cristiana, el Centro Democrático Unido (CDU) y el Partido de Acción Nacional (PAN) se repartieron los otros 10 diputados, hasta completar los 84 escaños que conforman la Asamblea Legislativa.

Exactamente, a los 20 años de que su fundador, el Mayor Roberto D’Aubuisson, contratara y pagara a un matón profesional para que asesinara a Monseñor Romero, ARENA sufrió la mayor derrota de su historia política. Esto obliga al partido de la derecha salvadoreña a un debate interno para redefinir no sólo su papel en la nueva coyuntura, sino su propia existencia en el escenario político nacional. La derrota de la derecha es relativa. El Partido de Conciliación Nacional (PCN), el más antiguo representante de la derecha nacional, se ubicó en una posición muy privilegiada con 14 diputados. Con sus votos, puede salvaguardar los intereses más oscuros y mezquinos de su élite dirigente, entre quienes destacan oficiales del ejército en retiro con negocios subterráneos e inconfesables.

Es previsible una alianza estratégica entre ARENA, el PCN y el PAN en la Asamblea para cortar de un tajo cualquier propuesta de la izquierda, en un ambiente político que tiende a favorecer la búsqueda de alternativas que superen las de una derecha cada día más desgastada. No puede dejar de tenerse en cuenta que fue la derecha en conjunto, representada en los tres partidos, la que "ganó" las elecciones sumando un total de 600 mil votos, equivalentes al 48% de los mismos. El aumento de votos conseguido por el FMLN fue significativo, respecto a los obtenidos en 1997: creció en un 15%.

Todos estos números y porcentajes, que involucran a hechos y a personas que jugarán papeles importantes en las próximas decisiones de la Asamblea Legislativa, pueden abrir un panorama de alta polarización que deberá definirse en concertaciones o en negociaciones entre los diversos partidos políticos. Los resultados apuntan o a una concertación basada en el respeto de los intereses nacionales o a una confrontación entre los intereses del gran capital y los de las mayorías populares. Según los intereses que pesen más en la Asamblea Legislativa, así será el panorama político que vivirá El Salvador a partir de mayo, cuando tomarán posesión los nuevos legisladores.


Héctor Silva y Paco Flores: factores decisivos

Dos factores fueron los decisivos en los resultados electorales: la figura de Héctor Silva y la de Francisco Flores. En torno a ellos dos se movieron las principales estrategias del FMLN y de ARENA.

La decisión tomada por Héctor Silva y su equipo en diciembre sobre los énfasis que pondrían en la campaña electoral fue determinante para enrumbar el proceso a su favor. Y la decisión de Francisco Flores y de su partido ARENA, en relación con el conflicto de los trabajadores de la salud y los énfasis de la campaña electoral del partido en el poder, también resultaron decisivos para su derrota ante el FMLN.

Después de los resultados que arrojó la encuesta privada que Silva encargó y que revelaban simpatías por su persona y antipatías por los principales dirigentes del FMLN, el alcalde capitalino y su equipo decidieron apostar a una campaña que resaltara la persona de Silva y los logros municipales, situando al FMLN en un lejano segundo plano. Esta decisión definió decisivamente el rumbo y le aumentó los votos al FMLN.


La fracasa estrategia de ARENA

ARENA decidió que su campaña debía centrarse en la capital, segura de que tendría un total control en el resto de las alcaldías. Así, concentró todas sus fuerzas en recuperar la alcaldía de San Salvador. El enemigo a derrotar era Héctor Silva. Venciéndolo, frustraría su irresistible ascenso hacia la Presidencia de la República. La disputa por la capital fue una anticipada lucha para impedir que el FMLN, con Silva a la cabeza, se coloque en posición ganadora en las elecciones presidenciales del 2004.

ARENA eligió al empresario Luis Cardenal para competir con Héctor Silva. La consigna era atacar de frente. Silva y su equipo decidieron no responder a ninguno de los ataques, y presentar únicamente a la ciudadanía los logros municipales de estos años, destacando a la persona del alcalde. Cardenal sucumbió y su estrategia de ataque se constituyó en un factor adverso. Y al concentrar ARENA todas sus baterías en la capital, descuidó el interior, lo que permitió, tanto al FMLN como al PCN, avanzar en el resto del país.


Otro mal cálculo de ARENA

La campaña electoral comenzó en medio de la tormenta: el conflicto del gobierno con los trabajadores de la salud. ARENA apostó a prolongar indefinidamente la negociación con los trabajadores sindicalizados del Seguro Social y con el sindicato de los médicos de esta institución, haciendo de su intransigencia otra pieza de su estrategia electoral para debilitar al FMLN. Según los analistas y dirigentes de ARENA, una prolongación del conflicto de la salud redundaría en un desgaste del FMLN, al que se responsabilizaba de la crisis.

El Presidente de la República, cumpliendo estrictas orientaciones del Comité Ejecutivo Nacional (COENA) de ARENA, ocupó campos publicitarios en todos los medios para rechazar cualquier diálogo con los huelguistas. Empleó siempre una agresiva retórica desgastada que se demostró, finalmente, era una obsoleta opción política.


La gota que colmó el vaso: una voz conocida

La gota que colmó el vaso de las equivocaciones llegó el lunes previo al domingo 12 de marzo, fecha de las elecciones, cuando un contingente de la Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO) de la Policía Nacional Civil (PNC) se presentó en las instalaciones de los hospitales con armas y garrotes y comenzó a lanzar gases lacrimógenos no sólo contra los huelguistas, sino también contra los enfermos y sus familiares, que a esas horas hacían cola para realizar las visitas cotidianas. El director de la PNC, Mauricio Sandoval, reconoció que había dado la orden de atacar a los huelguistas en nombre del mantenimiento del orden público y el respeto a la ley. Las imágenes de la televisión fueron elocuentes y no quedó duda de la torpeza e irresponsabilidad de la acción policial.

La gente vio la televisión y escuchó al director de la PNC. La gente recordaba perfectamente esa voz. Era la misma que unas horas antes de la masacre de la UCA, en noviembre de 1989, instigaba en cadena nacional para que se ajusticiara a Ignacio Ellacuría y a los jesuitas de la UCA por ser responsables de la ofensiva guerrillera con que el FMLN sacudía a San Salvador. El jesuita Rodolfo Cardenal, Vicerrector de Proyección Social de la UCA, al analizar los resultados electorales, no dudó en afirmar que Mauricio Sandoval, ordenando la acción represiva contra los huelguistas de la salud, contribuyó decisivamente a que ARENA perdiera los votos que le hubieran dado mayoría de diputados.


Huelga en la Salud: el tiro por la culata

Cuentan que la noche del 6 de marzo, horas antes de la acción represiva contra los huelguistas de los hospitales, el propio Alfredo Cristiani convocó de emergencia a todos los miembros del COENA para decidir acabar de una vez por todas con la huelga. Decisión errada. Durante toda su evolución, y hasta el final, la huelga contribuyó a que la gente le perdiera todo respeto al Presidente Flores, y a que responsabilizara de la prolongación del conflicto al gobierno por negarse a negociar con los huelguistas. Todos sabían que el FMLN no sólo no había instigado la huelga, sino que había trabajado por llegar a un acuerdo negociado.

Esto quedó en evidencia cuando ARENA, quemando un último cartucho en una acción desesperada, hizo públicas las pláticas que el coordinador general del FMLM había sostenido con el gobierno en torno a la huelga. El gobierno argumentó que los huelguistas eran manipulados por el FMLN. Pero el FMLN mostró las pruebas de las reiteradas negativas del gobierno para aceptar el diálogo con los sindicalistas en huelga.

Fue hasta el 9 de marzo, al día siguiente de finalizar la campaña electoral, que el gobierno logró un acuerdo negociado con los huelguistas, como resultado de la decisión tomada por Cristiani y su equipo de no llegar al día de las elecciones cargando con una huelga que sólo derrotas había significado para los areneros. En los tres días previos a las elecciones, el Presidente de la República y los voceros de ARENA se concentraron en explicar a los salvadoreños el esfuerzo del gobierno y del partido ARENA para poner punto final a la huelga. Ya era tarde. El Presidente Flores pedía a la ciudadanía que no equivocara su voto apoyando a quienes estuvieron detrás de la huelga, pero sus esfuerzos de última hora resultaron inútiles.


FMLN: euforia demasiada y peligrosa

En las elecciones del 12 de marzo, el FMLN se constituyó en la primera fuerza política del país. La euforia y la fiesta fueron la tónica de dirigentes y bases. No es para menos. Si dos meses atrás el ambiente tendía a ser de derrota -exceptuando las fundadas esperanzas puestas en Héctor Silva- la alegría es explicable. No obstante, las declaraciones triunfalistas de los dirigentes del FMLN tienden a dar la impresión de que con los resultados electorales se han esfumado los conflictos internos que arrastra el partido de izquierda desde hace tiempo e inducen a hacer creer que los resultados electorales se debieron exclusivamente a la campaña desarrollada por el Frente. Todavía peor, el triunfalismo busca hacer creer que los resultados de las elecciones fueron un premio a la labor realizada por el FMLN en las municipalidades y principalmente, en la Asamblea Legislativa.

Una euforia desproporcionada que obvie los datos de la realidad puede crear un espejismo de peligrosas consecuencias. El FMLN no ganó las elecciones sólo con sus propios méritos. Los votos por el FMLN no fueron un premio de los ciudadanos a la gestión del Frente en las alcaldías y en la Asamblea Legislativa. La reelección de Silva en la capital ha premiado la gestión, no tanto del Frente, sino la de Silva y su equipo de trabajo. Y es cierto también que las simpatías por Silva irradiaron a todo el país y arrastraron a un sector del electorado, que se decidió, por el carisma de Silva,a votar por el FMLN. Pero todos los otros factores que definieron los resultados electorales fueron externos al FMLN.


Voto de castigo a ARENA

Los analistas coinciden en señalar que, más que un triunfo del FMLN, los resultados electorales del 12 de marzo fueron la derrota de ARENA. La gente repudió al gobierno, dio un voto de castigo a la gestión del Presidente Flores, y votó en contra de un gobierno y de un partido sin capacidad y sin disposición de resolver los conflictos. Las elecciones del 12 de marzo castigaron a ARENA pero no premiaron a nadie. Naturalmente, el castigo a ARENA redundó en favor del FMLN. ARENA se ganó el voto de castigo, pero el FMLN no se ganó los premios. Los dirigentes del FMLN lo analizan igual, lo saben perfectamente. Y ocultar esta realidad con expresiones grandilocuentes y triunfalistas es una manera irresponsable de evadir la tarea de reflexionar a fondo sobre las enseñanzas que surgen de un triunfo para el que no hicieron méritos.


FMLN: relativo triunfo

Existen otros factores que hacen todavía más precario el relativo triunfo del FMLN. El claro ascenso del PCN es uno de ellos. Este partido supo sacar buena tajada de las crisis y de los errores de los dos partidos mayoritarios. Mucha gente que votaba por ARENA lo hizo esta vez por el PCN, considerado la reserva histórica de la derecha en caso de duda. Y las elecciones del 12 de marzo representaron para la derecha salvadoreña una de esas situaciones, oscura y dudosa. El PCN pasó de 11 diputados en las elecciones de 1997 a 14 en las de marzo del 2000. Esto demuestra que el núcleo duro de la derecha nunca duda de su identidad, y vio en el PCN su única alternativa.

En la Asamblea Legislativa, el FMLN deberá negociar con una derecha que cuenta con 29 diputados del partido ARENA y con 14 del PCN, 43 votos de una misma tendencia. Los diputados del FMLN -sobre los que pesan muy justificadas sospechas y dudas- están ante un dilema. O negocian con esta derecha con responsabilidad, buscando abrirle camino en la Asamblea a los intereses de la sociedad civil. O negocian con esta derecha dando la espalda a los intereses populares. Si hacen esto último, dejarán de ser, y para siempre, un partido de izquierda. Lo que está claro es que la negociación no podrá evitarse en este nuevo período legislativo. O se negocia o se avanza sin remedio hacia la ingobernabilidad. Ante este dilema está no sólo la izquierda. También la derecha y el gobierno que la representa.


Abstencionismo: advertencia a todos

El otro factor que hace aún más relativo el triunfo del FMLN es el alto abstencionismo. Seis de cada diez salvadoreños con derecho a votar convirtieron el día de las elecciones en un día de descanso para ir a la playa o para quedarse en casa viendo en la televisión las corridas de toros. Comparadas las elecciones del 12 de marzo del 2000 con las de 1994 y las de 1997, la apatía de la sociedad salvadoreña aumentó en un 14%, lo que significa que desde 1994 el número de votantes disminuyó en 135 mil personas.

En el abstencionismo se diluyen las fronteras de derecha y de izquierda. Ambas tendencias son reprobadas por quienes responden con la indiferencia a sus propuestas y a sus conflictos. Y aunque la política seguirá siendo espacio privilegiado tanto para el ascenso económico como para el servicio desinteresado en favor del país, los políticos no pueden dejar de escuchar el mensaje de los salvadoreños que, mayoritariamente, les han advertido con su silencio e indiferencia, que repudian a quienes han separado la ética de la política y han identificado la política con la corrupción y con el abuso de poder. El abstencionismo debía ser una gran preocupación para todos los partidos políticos, sean de derecha o de izquierda, hayan alcanzado o no cuotas de poder.


Notable confianza en la izquierda

Tantos datos de la realidad, que relativizan el triunfo del FMLN, no ocultan la confianza que tantos salvadoreños y salvadoreñas depositaron en la izquierda. El FMLN fue respaldado por los votos de cerca de medio millón de salvadoreños, y con un porcentaje 2.5% superior al de los votos que respaldaron al partido de izquierda en las elecciones de 1997. Unas 50 mil personas más votaron ahora por el FMLN. Para el FMLN y para sus dirigentes, el nuevo período legislativo y municipal se convierte en un inmenso desafío si quiere responder a tanta población que sigue confiando en los ex-guerrilleros.

El desafío de responder al compromiso de campaña -"Gobernar al servicio de la gente"- resultará muy complejo para el FMLN. Este compromiso se ha de concretar en los gobiernos municipales, en donde el FMLN ha tenido su más claro triunfo y en donde mejor podrá definir su cercanía o su distancia con la población.

El otro escenario está en el Legislativo. Puesto que la distribución del número de diputados obliga a la concertación y a la negociación, una tentación previsible de los diputados del FMLN será, sin duda, negociar con ARENA o con el PCN a espaldas de la gente con el fin de asegurarse las cuotas de poder que ya tienen. En las legislaturas anteriores los diputados del FMLN han sido, en su conjunto, y salvando notables excepciones, muy timoratos a la hora de luchar por los intereses nacionales y populares, por proyectos que la gente identifique como suyos y que den respuesta a grandes problemas nacionales.


FMLN: los desafíos de esta hora

Los desafíos y tareas que tiene el Frente tras su triunfo son:-

Situar la euforia dentro de un correcto análisis: el FMLN sacó ventaja del voto de castigo a ARENA, y de la realidad: las alternativas a ARENA eran limitadas: o el FMLN o el abstencionismo.

Priorizar un programa de servicios a las comunidades desde las plataformas municipales.

Crecer en la confianza de la gente que los votó. Para ello, priorizar la cercanía y el diálogo con la población hasta lograr que toda actuación y decisión, tanto municipal como legislativa, sea expresión de un "mandato" popular.

Fortalecerse internamente y ante la sociedad como una oposición coherente e independiente, para ir avanzando hacia la definición de una alternativa real en las próximas elecciones presidenciales, cuidando de no caer en el "electoralismo".

Concertar desde San Salvador con el Presidente de la República, para lograr que el proyecto de transformación de la capital sea factible. Y concertar desde la Asamblea Legislativa para llevar adelante proyectos de ley que, viables económica y socialmente, respondan a las mayorías.

Apostar por una gobernabilidad que tenga en cuenta los intereses de las mayorías y no los de los grandes empresarios, y no sea el resultado de pactos a espaldas de la gente.

Encarar el debate pendiente al interior del partido, tomando distancia de los intereses de personas y grupos, de las luchas por cuotas de poder o de cualquier tipo de revanchismo, centrándolo en la necesidad de redefinir los rasgos del país y de la izquierda para hacer frente a los problemas y desafíos de la mayoría excluida.

Poner en el tapete de ese debate la coherencia que debe existir entre la vida privada y la vida pública de dirigentes políticos y funcionarios públicos, para ir acortando distancias entre la ética y la política.


La subversiva memoria de Monseñor Romero

Corresponde también a la izquierda, como trascendental desafío, el recuperar la memoria subversiva del pueblo. Una señal sin precedentes del poder de esta memoria la tuvo el FMLN y toda la sociedad salvadoreña sólo días después de las elecciones, en la apoteósica celebración del vigésimo aniversario del asesinato de Monseñor Romero, el 24 de marzo. En las muy variadas celebraciones y conmemoraciones -masivas, culturales, juveniles, alegres, solemnes- no sólo se expresó la actualidad del ejemplo, de la palabra y de la esperanza del más universal de los salvadoreños, de quien es reconocido en el mundo como San Romero de América, profeta y mártir del continente, sino que se confirmó que las propuestas y modelos sostenidos por los sectores del gran capital desde hace tantos años han sido y son, por injustos y excluyentes, por carecer de la utopía de un futuro compartido por todos, rechazados por las mayorías populares.

Un sector de la sociedad salvadoreña se ha expresado a través del voto. Y mucha gente que no se manifestó con el voto, se expresó recordando a Monseñor Romero, resucitándolo una vez más, como él ya lo predijo.

Los votos no lo dicen todo sobre el sentir de los salvadoreños. Las movilizaciones masivas durante la gran semana de celebración de los 20 años del martirio de Monseñor Romero significaron la votación más indiscutible de la sociedad salvadoreña en favor de la justicia, de la paz y de la verdad. Significaron la votación más expresiva en contra de quienes lo mataron y de quienes desde el poder y con sus proyectos, siguen engañando a la nación y ejerciendo violencia contra los pobres.

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