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  Número 216 | Marzo 2000
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Nicaragua

Dora María Téllez: el sandinismo en la "tercera vía"

El pacto Alemán-Ortega ha hecho nacer una alianza política de centro-izquierda inédita en el país. ¿Qué se propone en el corto y en el mediano plazo? ¿Qué perspectivas tiene? ¿Qué hace un sector del movimiento sandinista dentro de esta alianza? Dora María Téllez, Presidenta del Movimiento de Renovación Sandinista, y una de las más entusiastas constructoras de esta alianza, lo explicó a envío en una charla que transcribimos.

Dora María Téllez

Uno de los grandes objetivos de Arnoldo Alemán en el pacto con el FSLN era "comprar" a la oposición organizada. Su cálculo era correcto: en situación de crisis, sólo el FSLN podía plantearle una oposición organizada. En el pacto, el FSLN se vendió a Alemán, y se vendió barato. Comprado el FSLN, Alemán reducía sus problemas internos. El resto de la oposición está menos organizado, y el pacto tiene como meta hacerle más difícil que se organice. Comprada la oposición organizada, lo que le queda enfrente al gobierno liberal es una oposición dispersa, una oposición escondida en la conciencia de la gente.

Todo proceso electoral contribuye a organizar políticamente a la gente. El pacto se produjo en vísperas electorales y tiene como componente esencial las reformas a la Ley Electoral. Los pactistas sabían que la organización de la oposición era un proceso en marcha y con la nueva Ley Electoral buscan ponerle el máximo de dificultades y obstáculos a ese proceso.

Para las elecciones municipales de noviembre del 2000, la meta es impedir a toda costa que se organice una tercera alternativa, que aparezcan candidatos alternativos a los que llevan el PLC y el FSLN. La inhibición de Pedro Solórzano como candidato para alcalde de Managua da la medida de este propósito excluyente y del tipo de pacto que es éste, que no es un pacto de "tirar la piedra y esconder la mano", sino de "tirar la piedra y enseñar la mano". El pacto busca excluir y busca atemorizar. Por eso, uno de los límites de este pacto está en la reacción popular. Si no la hay, los pactistas van a seguir actuando con creciente descaro e impunidad.

La nueva Ley Electoral busca excluir y atemorizar. Pretende dificultar la emergencia de nuevos partidos y la pervivencia de los que ya hay. Las nuevas normas se orientan a esos objetivos. Veamos algunas. Todo partido, aunque ya tenga personalidad jurídica, está obligado a recoger 75 mil firmas si quiere presentar candidatos a las elecciones municipales, y las tiene que recoger en sólo 45 días. Todo partido que quiera permanecer con vida tiene que presentar candidatos en el 80% de los 150 municipios del país. Si dos partidos se quieren juntar en una alianza, tienen que recoger 150 mil firmas, si son tres 225 mil firmas, y así. Para poder conservar su personalidad jurídica, el partido debe obtener en las elecciones el 4% del total de votos, si dos partidos van en alianza, el 8%, y así. Quieren imposibilitar al máximo las alianzas electorales. Resultado: mientras más partidos se juntan, se les hace más difícil, mientras menos se juntan, también se les hace más difícil. Como decía el político socialista Domingo Sánchez, "prohibido escupir y prohibido tragarse la saliva."

Todo nuevo partido está obligado a contar con 150 comités municipales, que han de ser elegidos e instalados en cada municipio en presencia de un delegado del Consejo Supremo Electoral. En el mejor de los casos, si el CSE facilitara la presencia de un delegado cada semana, se necesitarían 150 semanas para crear un nuevo partido. De los partidos existentes, el que no participe en las elecciones municipales desaparece automáticamente. Las asociaciones de suscripción popular quedaron totalmente eliminadas. Todo cambio de nombre, emblema o símbolo en un partido equivale a formar un nuevo partido. Estas son sólo algunas de las nuevas normas. El objetivo de la nueva Ley Electoral, administrada por el nuevo Consejo Supremo Electoral, es poner todos los obstáculos a cualquier competidor con posibilidades para impedir que entre a la boleta electoral. Y si entrara, el objetivo es preparar el fraude.

¿Qué hacer ante este cerrado escenario político, el más inmediato en el corto plazo? El liderazgo político debe tener capacidad de enfrentar los problemas, capacidad de imaginar salidas y capacidad de producir propuestas. En las buenas y en las malas. Para responder a esta situación, lo primero es estar claros que después del pacto el juego es a vida o muerte. O el pacto se impone destruyendo política, económica y socialmente el país y Nicaragua se hunde en una nueva crisis, o el país toma un nuevo rumbo. Para que sea así, el primer paso es participar a fondo en el proceso electoral municipal. Y esto es lo que hemos decidido.

Desde noviembre de 1999, antes de que se consumara el pacto y convencidos de que se iba a consumar en los peores términos, un grupo de partidos empezamos a reunirnos para encontrar una salida al bipartidismo pactista, o más exactamente al monopartidismo liberal avalado por el zancudismo del FSLN.

Conscientes de que el pacto ha abierto una coyuntura de vida o muerte, decidimos formar una alianza. La integran el Movimiento Democrático Nicaragüense (MDN), la Unidad Socialcristiana, el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), el Proyecto Nacional (PRONAL) que fundó Antonio Lacayo, el Movimiento Nosotros Podemos que fundó Manuel Ignacio Lacayo al consumarse el pacto, los conservadores de la APC que dirige la Dra. Miriam Argüello, el MUR, Lucía Salvo -como empresaria independiente sin partido- y Mariano Fiallos, del FSLN, ex-Presidente del CSE, como personalidad política independiente. Estas son las fuerzas originales de la alianza de tercera vía. Las fuerzas varían en cada departamento y municipio según las características propias de cada lugar.

La primera pregunta que nos hicimos al decidir la alianza fue: ¿a qué vamos a renunciar?, ¿qué es lo que estamos dispuestos a perder como partidos para ganar como país? Lo primero que decidimos perder fue la personalidad jurídica de cada uno de nuestros partidos, para ir como un único partido. Además de renunciar a la personalidad jurídica, decidimos asumir el nombre y la bandera de un partido, el que tuviera menos connotaciones ideológicas y resultara más fácil de asimilar para todos. Elegimos al MDN. El MDN -ahora Movimiento Democrático- le ha dado alojamiento a todos los partidos y grupos de la alianza. Esta decisión nos permite recoger sólo 75 mil firmas. Con esta decisión, la personalidad jurídica de cada uno de nuestros partidos ha muerto. Y si no logramos cambiar las cosas en las elecciones, será una muerte más prolongada. Pero dimos este paso con una convicción: ¿para qué queremos personalidad jurídica si con el pacto entramos en semejante crisis política? Preferimos tener una fuerza política real, aunque no tengamos papeles legales.

¿Por qué nos decidimos por el MDN? El MDN no ha participado nunca solo en elecciones. Tiene un nombre que expresa lo que todos deseamos: un movimiento por la democracia. Su bandera roja y blanca, sin muchas connotaciones simbólicas, nos pareció la opción más adecuada para lo que necesitamos en esta coyuntura.

Después de decidir la alianza, y tras estas renuncias tan importantes, llegamos a acuerdos mínimos. Primero, el MDN se comprometió a garantizarle a todos los grupos que forman la alianza que las decisiones colectivas se van a cumplir.
Segundo, ganadas las elecciones presidenciales en el 2001, cada partido podrá recuperar su personalidad jurídica. Mejor será si seguimos juntos, como en la Concertación chilena, pero aun así cada uno podrá tener su personalidad jurídica.
Tercero, vamos a hacer un trabajo de propaganda conjunto y complementario a lo largo y ancho del país.

Cuarto, no existen cuotas de poder para cada partido al momento de seleccionar a los candidatos, porque no se trata de la repartición de un pastel, sino de buscar, encontrar y proponer a la población a los mejores candidatos, a los más honestos y con mayor respaldo popular, sin importar de qué partido de la alianza son o si no tienen ningún partido. Quinto, no existe candidato presidencial de la alianza, sólo hay aspirantes, y será hasta diciembre del año 2000 que se seleccionará al candidato, mediante una elección primaria o mediante una encuesta realizada por un tribunal de encuestadores.

Para entrar en la boleta electoral de las elecciones municipales vamos a cumplir con todo el proceso legal que nos exige la Ley Electoral. Vamos a recoger en todo el país 100 mil firmas que nos respalden. Y si con cualquier excusa nos tratan de impedir que entremos en la boleta electoral, estaremos en las calles y en todos los foros nacionales e internacionales defendiendo nuestro derecho de participación. A la hora de las elecciones, vamos a poner fiscales en todas las mesas electorales y vamos a pedir observación internacional en todas las mesas para evitar el fraude.

La alianza está abierta a fuerzas políticas, fuerzas sociales, organizaciones de la sociedad civil, personas individuales o personalidades. Estamos hablando con grupos evangélicos, con organizaciones indígenas, con comunidades cristianas, con pequeños y medianos productores, con todo el que se acerca y quiere participar. Todos tienen un lugar. No es una alianza de hegemonismo político porque no hay cuotas. Vamos a elaborar un código de ética que regule las características básicas de los candidatos y las mismas actuaciones de la alianza en términos éticos. Porque uno de los problemas claves en la actual crisis nacional es la pérdida de las fronteras éticas en todos los terrenos.

El objetivo político inicial es sumar fuerzas alrededor de varios puntos básicos. El primero, restablecer las condiciones mínimas de la democracia y establecer instituciones realmente democráticas. Consideramos que la institucionalidad nacional ha sido destruida y que la Constitución está sesgada en la práctica para servir a un gobierno autoritario. Esto nos exige un proceso profundo de reforma institucional que haga imposible que alguien vuelva a montar un gobierno autocrático, autoritario y dictatorial como el actual a partir de la institucionalidad vigente. El país demanda cambios estructurales de fondo en las instituciones, cambios que hagan imposible, por ejemplo, que los diputados sean incondicionales de los caudillos que controlan el poder, incapaces de debatir sobre los problemas más trascendentales del país.

Tenemos que restablecer también la transparencia en el Consejo Supremo Electoral, en la Contraloría y en la Corte Suprema de Justicia. Tenemos que construir una institucionalidad sólida, que no dependa de la voluntad de ninguna persona, para que los ciudadanos no queden en la indefensión. El Estado de Derecho, la institucionalidad, la distribución del poder y la descentralización e independencia de los aparatos de poder deben ser una realidad para que sea real la defensa de los derechos humanos de cada ciudadano.

Segundo objetivo: luchar para erradicar la pobreza. El 80% de los nicaragüenses son pobres, el 50% son miserables, tenemos 800 mil emigrantes. Todo lo que digamos más allá de estas cifras es pura decoración. La extrema pobreza es el principal problema de Nicaragua. Cada vez hay más pobreza y cada vez hay más pobres. Tenemos que formular e implementar una estrategia que busque soluciones drásticas, inmediatas y contundentes al problema de la extrema pobreza. No existe en el país una estrategia para enfrentar la pobreza como tampoco existe una estrategia de desarrollo económico. Lo que tienen los pactistas es una estrategia de apropiación de los centros de poder económico.

Tercer objetivo: lucha contra la corrupción y la impunidad. La corrupción está descomponiendo toda la sociedad, ha ido envolviéndonos a todos, creando circuitos que nos afectan a todos, que disuelven los patrones de referencia y que hacen que el cumplimiento de la ley se convierta no en una solución sino en un problema. La corrupción está ligada a la impunidad de quienes tienen poder. Sólo es impune quien puede, no quieren quiere. El sistema judicial debe ser restablecido. El sistema judicial tiene graves problemas históricos, que se agravarán con los resultados del pacto, que bipartidizan las instituciones. La retardación de justicia es gravísima: antes de que se les declare inocentes o culpables, los nicaragüenses que no tienen poder permanecen en las cárceles un promedio de siete meses. Si tienen poder ni siquiera comparecen a los juzgados, son impunes. No hay justicia en Nicaragua. Este país necesita de jueces justos que diriman imparcialmente los conflictos de la sociedad.

Cuarto objetivo: crear condiciones para el crecimiento económico nacional. Nicaragua está en los últimos lugares de América Latina que los inversores eligen para invertir, en gran medida por la corrupción, por las mordidas y las coimas que, por adelantado y en efectivo, hay que pagar a los funcionarios que van apareciendo en una larga fila que termina en el propio despacho presidencial. ¿Qué seguridad puede tener un inversor con tanta pobreza, con un sistema judicial en donde predominan jueces que sirven a los intereses de los caudillos de dos partidos políticos, y con reglas de juego no claras?

Los inversionistas no vienen y los nicaragüenses más pobres se van. Hay miles y miles de jóvenes que no tienen ni trabajo ni estudios ni oportunidades y que se refugian en el crack. ¿Hasta dónde podemos soportar el desangramiento migratorio? ¿Hasta dónde podemos soportar tanta corrupción y tanta pobreza? El proceso de descomposición debe de ser atajado con una firme voluntad política.

Estos son objetivos básicos de convergencia en el Movimiento Democrático, en la tercera vía, objetivos que convertiremos en un programa y en una estrategia de largo plazo para el país.

En la alianza vamos a asegurar que todos nuestros candidatos van a ejecutar todas las decisiones programáticas que tomemos en conjunto, vamos a asegurarnos que nuestro programa no sea sólo una lista de bonitas promesas para atraer los votos de la gente que después no se cumplen.

La alianza es anti-pacto, pero sólo como una definición circunstancial. Buscamos restablecer la democracia, pero también profundizarla. Esto significa participación ciudadana en los procesos de toma de decisión de los órganos de poder. El MRS ha propuesto la idea de hacer parlamentos ciudadanos en las municipalidades, para sustituir a los cabildos, que sólo son reuniones con el derecho a presentar quejas.

Los parlamentos ciudadanos se formarían con quienes la comunidad elija como sus representantes y tendrían capacidad de tomar decisiones. Este proyecto es un planteamiento que pretendemos sea acogido dentro del programa municipal del Movimiento Democrático.

En esta tercera vía el referente es programático, no es ideológico. Entre los que hemos conformado la alianza, no estamos conciliando posiciones ideológicas, ni siquiera las estamos discutiendo. Porque el problema de Nicaragua no es ideológico, es muy práctico y muy urgente: es la masa de pobres que crece. Tenemos que dar con una estrategia que enfrente este
problema de la pobreza. Queremos discutir temas vinculados al desarrollo económico, a una estrategia de desarrollo rural, a la participación ciudadana, temas de género, la resolución definitiva de los problemas de propiedad, temas de medio ambiente, la propiedad comunitaria de los indígenas... Esos son los asuntos que queremos discutir.

Son muchísimos los sandinistas que nos han expresado su deseo de sumarse al Movimiento Democrático y han empezado a participar. La fuerza del sandinismo en la alianza crecerá según se vaya desarrollando la correlación interna. Y la correlación mejorará según sea la participación. Si aportamos más, si trabajamos más, si organizamos más, si tenemos un proyecto claro y lo sabemos presentar y defender, aumentará el peso específico del sandinismo en la alianza.

¿Qué tan madura está la gente para una tercera vía que rechace al PLC y al FSLN? Creo que la gente está más madura de lo que imaginamos para una alternativa como ésta. La población entiende el planteamiento de la tercera vía, porque le da un mensaje distinto, de equilibrio, de salir de una polarización, de un rumbo nuevo que puede darle estabilidad al país.

La gente ve en la tercera vía distintos intereses representados y eso le gusta. Y de eso se trata, de que haya distintos intereses representados. Que estén grandes empresarios, que estén quienes fuimos guerrilleros, que estén ex-dirigentes de la contra, que estén sandinistas, que esté un ex-jefe del ejército, que estén muchos colores. La gente le viene pidiendo desde hace rato a los políticos que seamos capaces de organizarnos en una alternativa en la que nos unamos todos.

Alemán y Daniel quieren que las próximas elecciones se conviertan en una disputa entre sandinismo y antisandinismo. A ambos les conviene esa polarización histórica, porque esta polarización asusta a la gente. Pero la actual coyuntura ha creado una polarización diferente y nueva, la polarización pactismo-antipactismo, o mejor dicho, pactismo-democracia. Esa será la disyuntiva en las próximas elecciones.

Creo que la tercera vía arrastrará un importante caudal de votos del sandinismo, y también le va a arrancar un caudal de votos flotantes a los liberales, votos que fueron claves en la victoria de Alemán en el 96. Yo apuesto a que el PLC y el FSLN van a sufrir una derrota formidable en las elecciones municipales.

El pacto ha fragmentado aún más al movimiento sandinista. En el sandinismo, existe hoy una mayoría que no depende de la subordinación disciplinada al danielismo, sino de su propia opción política. Son gente que busca una opción coherente con sus principios, una opción que represente la defensa de los intereses de los pobres, la defensa de la soberanía nacional, la defensa de la democracia. Junto a estos sandinistas hay otros sectores que son antipactistas y buscan el fortalecimiento de las instituciones democráticas, que quieren reglas de juego claras, que aspiran a que no haya corrupción, y que entienden que la pobreza es el problema fundamental del país.

Una fuerza de izquierda debe hacer alianzas con otros grupos, pero para construir democracia y luchar por los pobres. La alianza del FSLN con Alemán, el pacto, no busca eso. Nada más ajeno al sandinismo que el bipartidismo. Sandino planteó una tercera opción, una opción de los pobres contra las dos opciones oligárquicas. ¿Y qué es lo que tenemos con el pacto? Dos oligarquías políticas y económicas, repartiéndose Nicaragua. Lo lamentable es que una de esas oligarquías se quedó con nuestros colores rojinegros, con los símbolos que tanto nos costaron y por los que tantos entregaron su vida. Con esos símbolos juegan. Sólo hasta que se lo permitamos.

El movimiento sandinista no está contenido ya en un solo partido, como fue en los años 80. Además de que hay dos partidos sandinistas, el sandinismo tiene hoy muy distintas manifestaciones y presencias, tiene un liderazgo político, un liderazgo social y un liderazgo en los medios de comunicación. Nada de esto lo controla ya el FSLN. La característica clave del movimiento sandinista en la actualidad es su oposición mayoritaria al pacto y la búsqueda de una identificación programática apropiada al momento actual de Nicaragua y del mundo.

Es hora de tomar decisiones. El MRS tomó la decisión de integrar esta tercera vía y de trabajar en ella. Hay muchos sandinistas que están por fuera del FSLN queriendo unirse a nosotros en la alianza. Todos los días recibo llamadas de gente que quiere hacer algo. Muchos sandinistas de la generación que protagonizó la Cruzada de Alfabetización están buscando cómo apoyar este esfuerzo. Esto es muy esperanzador, porque es la recuperación de la actividad política de una generación de jóvenes que estaba sin hacer nada en política, sin saber qué hacer. Esta alianza de tercera vía puede servir también para reagrupar a una buena parte del sandinismo.

En la actual realidad política de Nicaragua tenemos sólo dos opciones si somos izquierda: o compramos la polarización sandinismo-antisandinismo o no la compramos. Los pactistas nos quieren llevar a comprar la polarización sandinismo-antisandinismo. Quieren hacernos creer que esa polarización es equivalente a la contradicción derecha-izquierda. Ese es el juego de Alemán y de Ortega. Pero, ¿realmente Daniel Ortega, la cúpula del FSLN, el FSLN representan a la izquierda en este país, actúan como una oposición de izquierda?

¿Qué es lo que ha hecho que un sandinista como Mariano Fiallos, casi candidato a la Presidencia por el FSLN en 1996, y nominado como Canciller del gobierno si ganaba el FSLN ese año, haya apostado por la tercera vía? Ya vio suficiente, ya entendió que no hay mucho que hacer en el FSLN después del pacto. ¿Qué es lo que hace que un sandinista como Joaquín Cuadra, 24 horas después de retirarse de la jefatura del Ejército, declare que el pacto es un despojo a los ciudadanos, colocándose clara y rotundamente en oposición al pacto del FSLN con el gobierno y apoyando una tercera vía?

El movimiento sandinista tiene que ir buscando su convergencia en torno a una nueva identidad programática y en torno a la construcción de un nuevo liderazgo, consecuente con los principios del sandinismo, capaz de aglutinar a la sociedad en torno a un proyecto de futuro para el país y decidido a hacer del sandinismo una fuerza que contribuya a la unidad de todos los nicaragüenses.

La tercera vía tiene el planteamiento de buscarle un rumbo democrático al país y para hacerlo trata de reunir y aprovechar las reservas humanas que aún quedan en Nicaragua. Es un esfuerzo adecuado a esta coyuntura dramática. Tengo la confianza de que va a funcionar. Tengo la confianza de que si logramos entrar en la boleta electoral de las elecciones municipales, vamos a ganar la inmensa mayoría de las alcaldías. Y vamos a abrir una nueva esperanza para Nicaragua.

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