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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 132 | Noviembre 1992
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Nicaragua

Los evangélicos son cada vez más políticos

Lla población evangélica es mayoritariamente pobre. Entre los evangélicos, sandinismo y liberalismo son las tendencias políticas preferidas. Hoy, tanto las Iglesias evangélicas históricas como las pentecostales están unidas por el deseo de participar en política. Un partido político evangélico podría ser uno de los tres principales contendientes en cualquier campaña electoral.

Roberto Zub

En Nicaragua, el protestantismo es un fenómeno religioso en expansión. Su ritmo de crecimiento en la última década lo hace arrastrar un enorme caudal humano. Pretendemos ofrecer una aproximación cuantificada a este sector religioso dinámico, activo y organizado, que posee en Nicaragua más de 2 mil templos, decenas de escuelas, radioemisoras, un canal de televisión, clínicas, servicios médicos ambulantes, hospitales, periódicos y revistas, más de 20 institutos de formación doctrinal, imprentas, centros de reflexión, formación y desarrollo, una universidad, una facultad de teología, una escuela de música y otra de enfermería a nivel superior, además de una voluminosa estructura social, que lo convierte en un poder económico, cultural y religioso. En su conjunto, y compartiendo símbolos similares, es la sociedad civil más organizada que existe en Nicaragua.

Teniendo en cuenta que los evangélicos representan un voluminoso caudal de votos, conviene analizar sus opciones ideológicas y sus prácticas políticas. Particularmente, intentamos contribuir a conocer cuál fue la participación evangélica en las elecciones de 1990 en Nicaragua; determinar las tendencias políticas y algunas de las características que adoptó su comportamiento en un determinado momento histórico de la nación y sus actuales lealtades partidistas; analizar si existe relación o diferencia entre el voto de la población de Managua en general y el de la población evangélica; y valorar las potencialidades y/o factibilidades para un partido evangélico en Nicaragua. Tratamos también de establecer términos comparativos -diferencias y similitudes - entre 6 diferentes denominaciones evangélicas.

La llegada de los evangélicos a Nicaragua

La penetración evangélica en la región del Pacífico nicaragüense tuvo lugar durante la Revolución Liberal del Presidente José Santos Zelaya en 1893. Zelaya inció la reforma liberal promoviendo la modernización de las estructuras económicas, jurídicas, sociales y religiosas del país. Los misioneros evangélicos que llegaron en 1893 coincidieron con esos postulados reformistas. Y contribuyeron tanto como los liberales, a abrir nuevos espacios religiosos frente la hegemonía de la Iglesia Católica.

En esa época, ser liberal y evangélico eran dos dimensiones convergentes, como lo era el ser conservador y católico. Intereses religiosos y políticos fueron de la mano y determinados eclesiásticos y el Estado se unieron para imponer un proyecto económico liberal con pluralismo religioso. En este sentido, los proyectos misioneros de las Iglesias Centroamericana, Bautista y otras, obedecían en gran medida a iniciativas de organizaciones internacionales que enviaban misioneros a Nicaragua con el fin de disputar el terreno religioso, social y político a la Iglesia Católica.

Seis denominaciones evangélicas en 24 barrios de Managua

Para este trabajo se escogieron 6 denominaciones evangélicas del área urbana de Managua: Iglesia de Dios, Iglesia Asambleas de Dios, Iglesia Bautista, Misión Cristiana, Iglesia de Cristo e Iglesia Cuadrangular. Estas 6 denominaciones - entre las más de 100 existentes - poseen particularidades, historia, perspectivas y características propias.

A todas las denominaciones se les aplicó la misma encuesta. La primera pregunta averiguaba la denominación del encuestado. Para la selección de las personas, se consideró que lo más conveniente era trabajar con listas de miembros de Iglesias, pues se observó que en todas, las proporciones entre mujeres y hombres, jóvenes y adultos no son iguales, lo que no permitía dar igual valor a cada estrato. En cuanto a edades y sexo, la lista de los miembros facilitó realizar las encuestas en igual proporción a la estratificación real de las Iglesias. Para que el universo por denominación también fuera representativo, se estableció un mínimo de 30 personas encuestadas por denominación. Estas 30 encuestas como mínimo se harían en no menos de 3 barrios y 4 congregaciones (iglesias) diferentes, proporcionalmente al tamaño de esas iglesias.

La investigación se realizó en 24 barrios del área urbana de Managua y en el poblado de Ticuantepe. Los barrios fueron: La Primavera, Larreynaga, San Luis, Rubenia, Reparto Schick, Miguel Gutiérrez, Altagracia, Acahualinca, Campo Bruce, El Riguero, El Dorado, Bolonia, Pueblo Nuevo, San Judas, Batahola Sur, Santa Rosa, Mercado Oriental, José Dolores Estrada, El Calvario, Waspán, Santa Ana Sur, Ducualí, Villa Libertad y 10 de Junio. Las personas encuestadas viven mucho más dispersas, ya que entre los evangélicos se acostumbra a ir a la iglesia del barrio vecino.

Quiénes contestaron la encuesta

En total, se aplicaron 248 boletas a igual número de personas en estas proporciones:



En el universo encuestado existen personas entre 1 y 53 años de estar bautizadas. Según datos proporcionados por la encuesta, Misión Cristiana y las Asambleas de Dios son las Iglesias que más bautizados registraron en el último decenio, seguidas de la Iglesia de Dios. La Iglesia Bautista registra menor número de bautizados en los últimos diez años, comparada con las demás denominaciones, aunque es la Iglesia que tuvo el mayor número de bautismos o crecimiento en décadas anteriores, principalmente en los años anteriores 1970.

Si se toma la variable "bautismo" como una escala de crecimiento, es notable que las Iglesias de orientación pentecostal son las que más han crecido durante la década de los 80. Probablemente existe una relación entre ese crecimiento y la revolución sandinista, en el sentido de que los pentecostales atacaron la revolución de manera casi generalizada, por lo que se convirtieron en refugio para los sectores antisandinistas. Se plantea, pues la hipótesis de que los pentecostales bautizados en el período de la revolución - como tendencia - votaron preferencialmente por la UNO y lo hicieron en menor grado los que se convirtieron al pentecostalismo en períodos anteriores.

El auge y desarrollo pentecostal en Managua es un ejemplo típico de la formación pentecostal. Históricamente, ésta ha crecido asociada a la anomia, a una forma de cristalización de actitudes y a una reformulación de la solidaridad frente a dicha anomia. Entendemos por anomia "una situación social caracterizada por el colapso del sistema de los valores socialmente aceptados y de las normas de comportamiento, que se refleja en una crisis de la influencia reguladora de la sociedad sobre el comportamiento de los individuos", como la define Adam Schaff.

Muy probablemente, muchas de las personas convertidas al pentecostalismo inmediatamente después del triunfo de la revolución estaban sufriendo ansiedad por el cambio político. Otra hipótesis sería que, en gran medida, el pentecostalismo representó una reacción a la revolución - que rompió las estructuras sociales existentes -, ante lo cual algunos sectores sociales buscaron comunidades religiosas donde encontrar algún tipo de confraternidad y afinidad ideológica no sandinista.

El 52.8% de los encuestados ocupan algún cargo en su Iglesia (pastores, diáconos, maestros, superintendentes u otros -tesoreros, músicos, secretarios/as, administradores, presidentes y vicepresidentes de jóvenes, de juntas y sociedades femeninas, predicadores, evangelistas, co-pastores, etc.) El 47.2% no tiene función ninguna en la estructura de su Iglesia. Resulta sorprendente que más de la mitad de los miembros tengan algún cargo, lo que lleva a suponer que se trata de sociedades altamente organizadas y/o que desarrollan un trabajo participativo, compartido y democrático.

En cuanto a la distribución por sexo, la encuesta refleja la tendencia general: existe una población femenina considerablemente superior a la masculina. El 62.1% de la población evangélica encuestada son mujeres y el 37.9% son varones.

Las edades de los encuestados oscilan entre 16 años cumplidos a la fecha de las elecciones de febrero/90 y los 83 años, que tiene el mayor de los encuestados. La edad que ocupa el más alto rango está entre los 37 y los 46 años y representa al 24.4% de los encuestados. Por otra parte, la población evangélica más adulta se encontró entre los bautistas, tanto entre los 57-66 años como entre los 67-83. Casi el 60% del total de los encuestados de esa edad son bautistas. Lo anterior puede significar que la población bautista - como tendencia - es de mayor edad que la del resto de Iglesias y también que el crecimiento bautista más acelerado se produjo hace varias décadas.

Ingresos y estudios de los encuestados

La variable ingreso o clase social no es ajena a las cuestiones políticas. Los resultados de la encuesta indican que la preferencia de voto está socialmente diferenciada.

En primer lugar, están los que por su trabajo o debido al desempleo no perciben ningún ingreso. Estos representan al sector de amas de casa, jóvenes, estudiantes o ancianos que, por su condición, son dependientes del salario de otras personas de la familia. Representan el 11.3% del total de los encuestados.

Los que tienen salarios menores de 300 córdobas (60 dólares) al mes, representan el 40.7% y son el sector mayoritario de la población evangélica. Quienes tienen un ingreso mensual entre 301 y 700 córdobas son el 24.2%. En general, la encuesta refleja que la población evangélica es mayoritariamente un sector pobre de la sociedad nicaragüense.

En base a la escala de ingresos se concluye que la Iglesia Cuadrangular y la Misión Cristiana representan a los sectores más pobres, pues ocupan los primeros lugares en personas con ingresos menores a los 300 córdobas y no tienen ninguno con más de 1,200. La clase media está más presente en la Iglesia de Cristo y la Iglesia de Dios. Y los bautistas en primer lugar y la Iglesia de Cristo en segundo, representan a los sectores con mayores ingresos.

Respecto del nivel académico alcanzado, la categoría que predomina (33.1%) es la de quienes no han concluido la primaria y después, la los que no han concluido la secundaria. El 5.6% de los encuestados no ha cursado ningún tipo de estudios, pero todos saben leer y lo hacen en público leyendo la Biblia en la iglesia.

En cuanto a estudios universitarios, es notable la diferencia existente entre las denominaciones. Entre los encuestados que concluyeron la universidad, el 70% son bautistas. En cambio, de la Iglesia Cuadrangular sólo uno tiene la secundaria completa y ninguno tiene estudios universitarios, lo que refleja que entre los miembros de esta Iglesia el índice promedio de educación es muy bajo. Esto evidencia que en realidad, existen denominaciones evangélicas de clase media y otras de extracción muy popular.

Según una encuesta realizada en 1987 por el Instituto de Investigaciones ITZTANI UCA, el nivel de estudios de los managuas era: analfabetos 6.1%, alfabetizados 2%, primaria incompleta 20.2%, primaria completa 11.1%, secundaria incompleta 32.3%, secundaria completa 9.1%, universidad incompleta 11.1% y universidad completa 8.1%. Comparando este perfil de la población general de Managua con el de la población evangélica encuestada, se aprecia que los evangélicos poseen un promedio educativo significativamente más bajo que el de la población general de Managua.

Esta apreciación se refuerza al observar la actividad laboral de los encuestados. Las ocupaciones que más abundan entre los evangélicos son la de ama de casa, seguida de la de técnicos y de quienes trabajan en el comercio informal. En cuarto lugar están las empleadas domésticas y sólo en quinto los profesionales. El mayor porcentaje es el de ocupaciones de los sectores más pobres con escasa formación.

Al profundizar sobre la permanencia en el actual trabajo, la categoría que prevalece es la de más de tres años de trabajo constante: el 62.5% tiene un trabajo estable y el 69.8% no fue afectado por el cambio de gobierno ni sufrió compactación laboral.

Esta estabilidad en el empleo puede fundamentarse, en parte, en el hecho de que un considerable porcentaje de los encuestados trabajan por cuenta propia. Son mecánicos, artesanos, técnicos, profesionales, comerciantes, amas de casa, etc.

Denominación evangélica y estrato social

Todos estos datos reflejan una estratificación social más o menos determinada entre las denominaciones encuestadas. Existen diferencias en el ingreso, ocupación, escolaridad, en las características de la vivienda y en otros indicadores. Las capas sociales más altas y especializadas pertenecen a las denominaciones no pentecostales y cuentan con preparación técnica, ingresos y ocupación superiores. Estas diferencias no son recientes. Tienen su origen probablemente en la época de mayor auge de los bautistas e Iglesias de Cristo - la primera mitad de este siglo -, cuando estas denominaciones junto a los liberales estructuraron un proyecto, adquirieron una profesión con mayores posibilidades económicas y se integraron a las clases medias nicaragüenses.

Los bautistas y los miembros de la Iglesia de Cristo pertenecen a capas sociales sensiblemente más altas y su participación política es mucho mayor que la de los miembros del pentecostalismo. Esa diferencia, naturalmente, no obedece precisa o únicamente a razones religiosas, sino también a motivos sociales. Los puestos políticos que ocupan los feligreses, el capital humano y financiero que poseen y el peso de sus instituciones en la vida nacional, hacen la diferencia entre las Iglesias históricas y las pentecostales.

Las actuales diferencias sociales entre estos dos grupos tienen sus orígenes en el pasado. La adscripción a una denominación evangélica era entonces un fenómeno ligado al ascenso político del liberalismo. Históricamente, eran las capas liberales las que se convertían al protestantismo y no pocos protestantes se hicieron liberales para desarrollar posiciones políticas e ideológicas que pudiesen incidir en el orden jurídico y económico del país. Ciertamente, la ruptura con el tradicionalismo económico y jurídico en Nicaragua coincide con el momento en que llega al poder el liberalismo y en que surge el protestantismo.

Ambos proyectos rechazan la autoridad política y religiosa tradicional. Por el contrario, el pentecostalismo tiene una data histórica más reciente y no se inscribe en el marco del auge del liberalismo, sino que su desarrollo obedece al auge de la pobreza. Esta hipótesis podría validarse estadísticamente teniendo en cuenta que la población nicaragüense tenía una peculiar predisposición hacia el protestantismo de corte bautista en las décadas anteriores al 70 y hoy la población prefiere el pentecostalismo como alternativa religiosa no católica.

En otro aspecto, se observa que la escolaridad de las capas evangélicas encuestadas, en relación a la del resto de la población de Managua, es significativamente más baja. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el tipo de enseñanza superior que orienta el protestantismo contrasta con la de los católicos. En Managua, con pocos años de diferencia, surgieron dos universidades confesionales: la Universidad Centroamericana (UCA) y la Universidad Politécnica (UPOLI), católica y bautista respectivamente. Mientras la UCA ofrece una formación de tipo humanista y con acento en las ciencias sociales, la UPOLI orienta su formación hacia una la enseñanza técnica y pretende formar profesionales en ciencias mercantiles, acentuando las carreras lucrativas a corto plazo.

Un refugio en un mundo caótico

Por los indicadores obtenidos en la encuesta, se puede afirmar que los evangélicos en Nicaragua tienen una extracción mayoritariamente popular. El éxito del protestantismo en el mundo popular se explica - como dice el sociólogo chileno Humberto Lagos - porque ofrece "un proyecto de vida global que implica: respuestas coherentes a las ansiedades del pueblo; certezas y seguridades en una sociedad incierta e insegura; personalización de los fieles, quienes adquieren condiciones de sujetos activos en un proyecto que sienten propio; progreso social y autovaloración positivas".

En mayo de 1986, el Vaticano difundió un documento producido por los episcopados de diversas partes del mundo y por Comisiones Pontificias que trabajaron por más de 3 años. El texto aborda las razones de la difusión de los movimientos religiosos afirmando que estos responden a "la necesidad de pertenencia a una comunidad, a una cultura, de poseer una identidad propia y ser tratado como persona concreta, con necesidad espirituales, necesidades éstas que no encuentran respuestas en la actual situación de crisis de las estructuras sociales y tradicionales".

En el mismo documento, el Vaticano agrega que el relativo éxito de lo religioso en nuestro tiempo se debe, en parte, a la "estructura despersonalizada de la sociedad actual, creada en Occidente y ampliamente exportada al resto de mundo, que origina múltiples situaciones de crisis en el nivel tanto individual como social". Ante esta situación, "las sectas se presentan a sí mismas como la única respuesta, la 'buena nueva' en un mundo caótico".

En síntesis, el documento afirma que la base del fenómeno religioso al que se llama secta, se halla en la destrucción de las estructuras sociales tradicionales, de los modelos culturales y de los mismos valores tradicionales, causada por la industrialización, la urbanización, las migraciones, el rápido deterioro de los sistemas de comunicación, a la imposición de sistemas tecnocráticos completamente racionales que dejan a muchos individuos desorientados, inseguros y en consecuencia, vulnerables. Reconoce el Vaticano que las sectas "ofrecen, al perecer, un calor humano, atenciones y apoyo en el marco de una pequeña comunidad y dan además, respuestas simples, bellas y rápidas a preguntas complicadas".

El voto evangélico en las elecciones del 90

En el contexto de las negociaciones de paz para Centroamérica, iniciadas en Esquipulas, Guatemala, por los presidentes de los cinco países del área, el gobierno de Nicaragua acordó adelantar las elecciones presidenciales y celebrarlas el 25 de febrero de 1990.

En ese contexto nació la Unión Nacional Opositora (UNO) agrupando a 14 partidos y fracciones, con el fin de presentar una candidatura única y fuerte de oposición al sandinismo. La UNO recibió el apoyo de los Estados Unidos. Otros 8 partidos se presentaron a las elecciones, aunque con casi ninguna trascendencia, dada la extrema polarización del país.

Los resultados de las elecciones dieron el triunfo a la UNO con 777.552 votos, (40.8% de los votos emitidos). En Managua los resultados arrojaron cifras similares a las nacionales: 53.2% para la UNO y 42.6% para el FSLN.

Diversos analistas han especulado mucho sobre el comportamiento electoral de los evangélicos. Los cálculos de los más conservadores han sostenido que al menos el 80% de los evangélicos habrían votado por la UNO. En la Semana Teológica del Centro Ecuménico Antonio Valdivieso de agosto/90, se llegó a afirmar que entre el 90 y 95% de los votos evangélicos fueron para la UNO. Es preciso analizar esta cuestión según los datos de esta encuesta, observando de entrada que la abstención entre los evangélicos no fue significativa.

Al preguntar a los encuestados por la tendencia política de su simpatía no se les especificó si se trataba de la simpatía actual o previa a las elecciones y lo más probable es que las respuestas se refieran al momento de la encuesta. Pero como las simpatías no cambian tan rápido ni con tanta frecuencia, esto que permite creer que la opinión de 1991 no dista mucho de la de 1990.

La categoría más numerosa (35.9%) es la de los que no tienen ninguna simpatía hacia ningún partido político. El 29% de los encuestados simpatizan con el FSLN (según la encuesta de ITZTANI, en 1988 el 28.3% de la población de Managua se identificaba con el FSLN). El 9.7% simpatiza con el Partido Liberal (un sector de los liberales estaba en la UNO) y sólo el 10.5% simpatiza con la coalición ganadora de las elecciones, la UNO.

Aunque un sector significativo (35.9%) de los encuestados manifiesta un aparente apartidismo, confesando que no simpatizan con ningún partido, alrededor del 60% expresan su simpatía por algún partido político, entre los que el sandinismo y el liberalismo son las tendencias preferidas.

Se quiso conocer también si las personas que simpatizaban con un determinado partido fueron coherentes y si votaron por ese partido de su simpatía y a aquellos que manifestaron tener simpatías, se les preguntó si habían votado según esa simpatía.

Las respuestas revelan que sólo el 46.8% votaron según su simpatía. El 12.9% confiesa explícitamente que no lo hicieron. Y tienen conciencia - tal vez lo expresan - de que las alternativas existentes en las elecciones no eran afines a sus gustos o intereses. A pesar de esa contradicción, recurrieron a las urnas para cumplir con el deber ciudadano de votar. (Según preguntas cruzadas de nuestra encuesta, el 23.8% de los encuestados no votó en las elecciones de 1984)

El bloque de quienes no saben si votaron según su simpatía es muy numeroso y ocupa el segundo lugar con el 33.9%. Se considera que éstas son personas que votan sin criterios políticos definidos y que creen que un "buen" cristiano no debe simpatizar con "nada de este mundo" por razones religiosas. Sin embargo, cumplen con el deber cívico o legal.

Vísperas electorales

También se quiso saber sobre el momento en el que los encuestados decidieron por quién iban a votar, pues a partir de esta pregunta se podrían elaborar algunas hipótesis sobre las razones por las que el FSLN fue derrotado en las elecciones.

Se profundizó entonces en el análisis de quienes tomaron su decisión electoral el mismo día de las elecciones, sobre la hipótesis de que un alto porcentaje de decisiones de ese mismo día de las elecciones podría significar que una parte de la población quería votar por el FSLN, pero que esperando algo que no llegó - tal vez la derogación de la ley del Servicio Militar Patrótico (SMP) - habrían variado su opción.

Si agrupamos al 70.6% de los que tomaron su decisión al conocer al candidato con el 6% de los que decidieron varias semanas antes del día de la votación - todos los que desde bastante tiempo antes sabían por quién votar -, resulta que el 76.6% ejercieron el voto de manera consciente o pensada con anterioridad. El 14.1% que decidió su voto el mismo día de unas elecciones tan trascendentales para Nicaragua, representa probablemente al sector que esperaba que el FSLN derogara la ley del el (SMP).

En este 14.1% se jugaron las elecciones. Estos votos decidieron el triunfo de la UNO, y esto se ve más claro si esta misma proporción se aplica al voto del total de la población del país. La pregunta es saber por qué esperaron hasta el mismo día de las elecciones para decidir por quién iban a votar y qué tendencia política representan. ¿Hubiera ganado el FSLN si hubiera derogado la ley del SMP al cerrar su campaña, el 21 de febrero? No tenemos una respuesta, pero es muy probable que hubiera obtenido más votos o que su derrota hubiera sido con un menor margen.

La asistencia a un mitin o acto de la campaña electoral refleja, en alguna medida, el grado de apoyo y/o conciencia política que poseen los electores. Un 75.4% de los evangélicos encuestados no se movilizó durante la campaña electoral a actos de ningún signo político. El 24.2% participó en algún acto de la campaña electoral. Las denominaciones que más participaron en actos políticos de la campaña electoral son: la Iglesia de Cristo (38.7% de los encuestados), los bautistas (34.7%) y Misión Cristiana (29.3%). Las Asambleas de Dios ocupan el primer lugar en abstención: sólo el 7.1% participaron en mitines, seguidos de la Iglesia Cuadrangular con un 12.5%. Esa diferencia entre las denominaciones es significativa y procede probablemente de sus concepciones o énfasis religiosos. Esto también confirma que los sectores religiosos más conservadores responden en menor grado a las convocatorias políticas.

A los que participaron en actos o mitines de la campaña electoral se les preguntó de qué alianza o partido político era el acto al que asistieron. El más alto porcentaje de participación en actividades del FSLN lo tiene la Iglesia de Cristo con 35.5%, seguida de los bautistas (28.6%). Las Asambleas de Dios tienen el índice más bajo de participación, tanto en los actos del FSLN como en los de la UNO. Misión Cristiana, Iglesia de Cristo y los bautistas participaron más que los pentecostales en los actos de la campaña de la UNO.

Al preguntar a los encuestados si su Iglesia o denominación publicó alguna carta o comunicado orientando a los fieles por quién votar, la respuesta del 98.4% fue que no hubo orientación explícita indicándoles por quién debían votar. Las orientaciones que dieron algunas Iglesias u organismos evangélicos como el CEPAD, el CNPEN, la Convención Bautista y otros, fueron únicamente llamados para inscribirse y participar en las elecciones a fin de cumplir con el deber ciudadano.

Preguntamos también si en sus Iglesias hubo revelaciones o profecías que señalaban a algún candidato por quien votar. La respuesta del 96.6% fue negativa, el 2% no sabe y el 2% afirma que recibió orientaciones y las siguió al votar.

El cambio que deseaban al votar

Al diseñar la encuesta, se presupuso que los encuestados se negarían a responder a una pregunta directa sobre el modo como ejercieron su voto. Por esta razón, se les formularon algunas preguntas indirectas por las cuales conocer las intenciones de voto y así deducir con el mayor acierto posible las respuestas. Con este objetivo se preguntó: ¿qué tipo de cambio considera el más conveniente para Nicaragua?

La gran mayoría de los encuestados (56.9%) quería un cambio "fuerte", lo que indicaría la derrota del FSLN. Este 56.9% que deseaba un "cambio fuerte" es un porcentaje bastante cercano al que obtuvo la UNO en las elecciones. En general, los miembros de Iglesias pentecostales querían un cambio más radical que los de Iglesias de corte más histórico. El segundo lugar lo ocupan las respuestas de los que querían "algunos cambios". Los que escogieron esta opción son mayoritariamente de las Iglesias no pentecostales, o sea, las Iglesias históricas.

Es importante señalar que la mayoría de la población encuestada quería cambios y sólo el 3.6% deseaba que "todo siga igual". Quienes respondieron así son principalmente personas que residen en el área suburbana de Managua, pertenecientes a la Iglesia de Cristo. Estos ciudadanos querían un FSLN sin cambios.

De todo esto, surge la pregunta: en este cuadro político, ¿tiene sentido o hace alguna diferencia ser o no ser evangélico? Y si hace diferencia pertenecer a una u otra denominación, ¿cómo saber si el pueblo vota por el programa de un partido o si es la persona de los candidatos la que lo determina o si esto no tiene ningún sentido para los evangélicos? Más preguntas. ¿Dónde está la frontera entre lo religioso y lo político? Los pentecostales, que nacieron de las entrañas del capitalismo desarrollado del siglo XX, ¿mantienen una orientación favorable a ese sistema o existen para combatirlo? Y si fuera así, ¿de qué modo? ¿Son las creencias, la educación, el género, el empleo, el ingreso u otras variables las que actúan y determinan el voto de los ciudadanos?



La denominación y el voto

A los encuestados se les hizo una pregunta directa: ¿por quién votó usted en las elecciones del 25 de febrero de 1990? La última columna de este cuadro refleja el porcentaje de votos que los encuestados dieron a cada partido. Puede observarse que la opción electoral del sector evangélico refleja una tendencia ligeramente diferente a la del resto de la población de Managua.

Si se compara el voto por el FSLN, y en alguna medida por el Partido Social Cristiano (PSC) y el Partido Liberal, las diferencias son significativas. La mayor se da con respecto al FSLN: la población de Managua en general votó por el FSLN en un 42.6%, mientras que el voto evangélico fue sólo del 28.6%, es decir, un 12.2% inferior. También tiene alguna significación comparar el voto evangélico por el Partido Social Cristiano y por el Partido Liberal, con el porcentaje que estos partidos obtuvieron a nivel nacional. Si los resultados nacionales a favor de estos dos partidos hubieran sido iguales a los que refleja esta encuesta, ambos partidos hubieran alcanzado una mayor representatividad en la Asamblea Nacional, meta que no lograron.

La comparación de la opción electoral entre las diversas denominaciones, tanto en favor de la UNO como por el FSLN ofrece también una diferencia significativa. Miembros de la Iglesia Cuadrangular votaron en un 68.8% por la UNO y las Asambleas de Dios en un 60.7%, poniéndose así a la cabeza del voto por la UNO entre las denominaciones encuestadas. Las Iglesias que menos votaron por la UNO fueron las bautistas con un 38.8% y la Iglesia de Dios con un 38.5%. Esta última resultó la denominación más diversificada o pluralista en términos del voto de sus miembros: votaron por 6 partidos diferentes.

Por otra parte, los bautistas y la Iglesia de Cristo tienen el más alto porcentaje de votos a favor del FSLN, sin que por ello alcanzaran el porcentaje de la población total de Managua. Las denominaciones que menos votaron por el FSLN son las pentecostales: Iglesia Cuadrangular y las Asambleas de Dios. Esto se explica partiendo de la hipótesis de que durante los últimos años el pentecostalismo encontró adeptos entre una población inestable y desarraigada por los fuertes cambios estructurales, económicos, políticos, sociales y por la guerra, a quienes ofreció una alternativa de inserción y estabilización social. Interpretaba esta población que el FSLN era causa de su problemática socio-económica y por eso votaron por la UNO.

La tercera fuerza política electoral - no así en simpatía - entre los evangélicos son los Partidos Social Cristiano y Liberal, ambos con el 4% de votos. Las simpatías por el PSC se concentran más entre los miembros de la Iglesia de Dios y la Cuadrangular y los liberales son preferidos principalmente entre los bautistas y la Iglesia de Dios. El resto de partidos que se presentaron a las elecciones tiene una menor o ninguna significación entre los evangélicos.

Opiniones políticas de los evangélicos

Tratamos de hallar una expresión numérica que sintetizara la información acerca de las características políticas de la población evangélica. La agenda política de un sector del protestantismo durante los últimos años del gobierno sandinista estuvo marcada por la abstención y la censura hacia quienes pretendían tener una militancia política o expresar una posición positiva hacia el FSLN. Sin embargo, pasando por alto las muchas diferencias que existen entre los pentecostales y las Iglesias históricas, el tema común hoy parece ser la participación política, con la voluntad expresa de crear un partido evangélico en Nicaragua. A juzgar por los indicadores, son los pentecostales quienes más claman por tal partido. Y los que tienen una militancia política más afin al FSLN, son los que manifiestan tendencialmente con más claridad el no estar de acuerdo con la creación de ese partido.

En general, las opiniones mayoritarias al preguntar sobre las relaciones entre los evangélicos y el gobierno sandinista están entre "buenas" y "regulares". Las respuestas reflejan que dichas relaciones han sido bastante normales, satisfactorias. El contraste más significativo está cuando se compara la opinión de las denominaciones entre sí. Los bautistas, seguidos de la Iglesia de Cristo, escogieron preferencialmente las opciones "buenas" y "regulares" con un alto índice en la alternativa de "excelentes". En cambio, un 41.1% de las Asambleas de Dios y un 23.1% de la Iglesia de Dios opinan que las relaciones han sido "malas".

Para la mayoría de los nicaragüenses son conocidos los enfrentamientos del FSLN con sectores relevantes de la Iglesia Católica, principalmente con el Cardenal Obando Bravo. Pero también se dio una confrontación significativa con importantes sectores evangélicos, principalmente las Asambleas de Dios, cuyos fieles, tan pronto triunfó la revolución, vieron en ella un instrumento del marxismo, ideología que fomenta el ateísmo y la lucha de clases.

Aunque muchos representantes de denominaciones evangélicas no pentecostales reivindicaron el pensamiento marxista, su contribución tocó más el macro-análisis de la sociedad que las congregaciones concretas de fieles. Ejercieron la dirección intelectual y definieron numerosas acciones para contribuir a un proceso revolucionario en el que descubrieron la ocasión para crear un nuevo orden social y un sistema de vida más favorable para las mayorías.

A pesar de la existencia de un sector evangélico comprometido con el FSLN, entre 1982-83 muchos templos evangélicos fueron tomados arbitrariamente y se inició una campaña de irrespeto a los pastores y creyentes por parte de los Comites de Defensa Sandinista (CDS), lo que suscitó nuevos elementos de contradicción, diferencias y confrontación con algunos sectores pentecostales. Con la toma de los templos pentecostales se produjo una completa ruptura ideológica y política entre sandinismo y pentecostalismo. Amplios sectores del pentecostalismo se convirtieron en promotores de una resistencia a la ideología y a la organización impulsada por el gobierno sandinista, buscando experiencias alternativas y paralelas en la sociedad.



Conviene señalar algunos aspectos históricos que quedaron al margen de la encuesta, pero que reflejan el carácter de las relaciones FSLN-evangélicos. Un dato histórico: ningún otro Presidente de la República, antes que Daniel Ortega, ni ningún otro gobierno de Nicaragua, antes que el gobierno sandinista, se había relacionado de manera tan estrecha con los evangélicos. El Presidente Ortega y muchos otros Comandantes de la Revolución asistieron a varios cultos, y a campañas evangelisticas - como las del predicador puertorriqueño Yiye Avila - a actividades desarrolladas por el CEPAD, CEPRES,CIEETS, CNPEN y otros organismos evangélicos. Además, algunas Iglesias tuvieron acceso organizar de manera regular cultos en las cárceles y a bautizar a presos en los ríos.

Muchos pastores, principalmente en las zonas de guerra, se incorporaron a las Comisiones de Reconciliación y Paz. Gustavo Parajón, pastor de la Primera Iglesia Bautista de Managua, fue escogido por el Presidente Ortega como ciudadano notable ante la Comisión Nacional de Reconciliación creada en el marco de las negociaciones de paz de Esquipulas. En el período del gobierno sandinista se distribuyeron y vendieron en Nicaragua más Biblias que bajo cualquier otro gobierno anterior. Otra concesión importante que benefició a muchos evangélicos fue la exoneración del Servicio Militar a pastores y estudiantes de teología. También facilitó el gobierno el ingreso de diversas donaciones del extranjero, principalmente por medio del CEPAD.

Los medios de comunicación, al igual que la educación o la religión, logran incidir y modificar los valores de la sociedad y tienen efectos, tanto sobre la vida en general, como sobre la actitud de las personas en lo político o social. A la pregunta de cuál es el periódico que leen con mayor frecuencia, la encuesta revela que existe un empate en el porcentaje de lectores de La Prensa y El Nuevo Diario a nivel general, aunque no así en lo particular de cada denominación.

Al contrastar esta respuesta con la que se refiere a las relaciones entre el gobiernio sandinista y los evangélicos se percibe que quienes con preferencia leen Barricada opinan que las relaciones entre los evangélicos y el gobierno sandinista fueron excelentes o buenas y quienes preferencialmente leen La Prensa o ningún periódico, opinan que las relaciones fueron malas.

Presente y futuro

Es interesante conocer la valoración de los encuestados hacia el gobierno de la UNO y cruzar esta pregunta con la del voto de 1990.

Pertenecer a una u otra denominación no tiene aquí una significación especial. Las opiniones de todos respecto al gobierno de la UNO estan divididas en porcentajes casi iguales entre "buena", "regular" y "mala". Esto significa que no existe una polarización ni extremismos entre la población encuestada.

Las respuestas sobre la militancia en un partido político están bastante equilibradas entre quienes afirman que un evangélico puede estar afiliado a un partido político y quienes opinan lo contrario. Los porcentajes por denominación vuelven significativas la diferencias.

El 64.3% de las Asambleas de Dios, el 56.4% de la Iglesia de Dios y el 56.3% de la Iglesia Cuadrangular - todas de la corriente pentecostal -, opinan que un evangélico no deber estar afiliado a un partido. Entre los bautistas un 34.7% y en las Iglesias de Cristo un 25.8% manifiestan que un evangélico no debe afiliarse a un partido político. Es importante cómo cambia el cuadro al preguntar sobre un futuro partido evangélico. En este caso, las respuestas por denominación se invierten considerablemente.

Las respuestas afirmativas pasaron del 50.8% al 70.6% al preguntar a los encuestados sobre un partido evangélico. Aunque no se puede afirmar que estar de acuerdo con la creación de un partido evangélico significa mecánicamente la voluntad de afiliación, sí puede suponerse que cualquier contradicción desaparecería en gran medida al estar ese partido creado y dirigido por evangélicos. Al avalar de una manera mayoritaria la creación de un partido evangélico, quienes responden están diciendo implicítamente que no tienen lealtades con los actuales partidos políticos del país.







Hacia un partido político evangélico

Observando las respuestas por denominación, los bautistas - que votaron mayoritariamente por el FSLN - rechazan en un 53.1% el partido evangélico. En cambio, en las Asambleas de Dios sólo el 12.5% lo rechazan. Esto puede significar que existe un determinación religiosa, denominacional, que marca las diferencias y que por eso, ese partido podría surgir encontrando su asidero principal entre los sectores pentecostales. La pregunta acerca de quién cree que puede dar la solución a los problemas económicos de Nicaragua pretende medir en alguna medida la conciencia político- religiosa de los evangélicos.

Es notorio observar que para resolver los problemas económicos del país las opciones que se escogen preferentemente son de carácter religioso. El 31.5% cree que sólo un gobierno evangélico puede resolver los problemas y la respuesta "Dios" ocupa el segundo lugar con el 16.5%. Esta alternativa no estaba en la encuesta sino que surgió de las respuestas de los encuestados. En tercer lugar, con 14.5%, están los que no saben o tal vez no ven factible entre las alternativas políticas y religiosas la solución a los problemas de Nicaragua.

Un dato importante es que el partido evangélico y Dios aparezcan asociados estrechamente con la política y con la solución a los problemas de Nicaragua. La vieja dicotomía religiosa de que Dios está separado del mundo parece no reflejarse en la opinión contemporánea de los evangélicos, a pesar de que en la historia reciente de Nicaragua su ideal ha sido que el Estado tenga únicamente la legitimidad religiosa, pero sea a-confesional y laico.

Si se llega a crear un partido entre los evangélicos y en él participan las principales denominaciones y tiene el apoyo del liderazgo más calificado del país, ese partido podría ser uno de los tres principales contendientes del poder político en las próximas elecciones. La razón es simple: la población evangélica se estima en unas 500 mil personas, de las que más del 70% considera que el país podría resolver sus problemas si hubiera un gobierno evangélico. Gran parte de estos ciudadanos podría escoger como opción electoral al partido evangélico en las próximas elecciones.

De acceder un partido confesional al poder político y conociendo el celo de la jerarquía católica nicaragüense, no sería remoto suponer que, en algún sentido, podrían repetirse historias medievales. Inclusive, próximas luchas por la supremacía ideológica podrían darse en el escenario nicaragüense entre pentecostalismos y catolicismo. Este día parece no estar lejos: en el norte del país y en el mes de abril de 1992, hubo fuertes enfrentamientos entre evangélicos y católicos en el municipio de El Jícaro.

En un comunicado suscrito por más de 40 líderes de esa zona, bajo el título de "Declaración de pastores y líderes evangélicos del Norte de Nicaragua ( Matagalpa, 28 mayo 1992), se expresa que autoridades católicas "han emprendido una campaña que lesiona los derechos ciudadanos de los evangélicos de esa localidad, llegando al extremo de organizar manifestaciones religiosas en las que se han gritado frente a los templos evangélicos ¡Muerte a los herejes! y se han creado leyes municipales que prohiben a los evangélicos el uso de megáfonos..."



No debe sorprendernos que la religión esté tan ligada a la hegemonía política cuando por centurias esto fue así. La lucha de un sector religioso por el poder político no descarta nunca la posibilidad de imponer un fundamentalismo moralista a toda la sociedad.

Todo hace indicar que estamos presenciando el fin de una época, en la que los pentecostales se preocupaban porque "la política es sucia" e invadía los espacios religiosos y porque la Teología de la Liberación apoyaba tales posturas. La encuesta refleja que hoy ocurre lo contrario: son las Iglesias evangélicas y principalmente las pentecostales, las que desean invadir con la religión el espacio de lo político.

Al acercarse las próximas elecciones, podremos ver seguramente a los pastores haciendo trabajo partidista y a los políticos tradicionales usando un lenguaje religioso para atraer a la militancia evangélica. Esta situación podrá ser aún más explotada porque el fin del milenio estará cercano, lo que no pocos aprovecharán para relacionarlo con "el milenio religioso", doctrina central del pentecostalismo, que habla de la llegada de una época de oro en la que Cristo retornará a la tierra para reinar por mil años junto a su pueblo escogido. De hecho existe actualmente en América Latina un movimiento teocrático que plantea la necesidad de constituir una red internacional de Iglesias del Reino. Hablan de preparar las condiciones políticas para la venida de Cristo, ya que él no regresa por falta de "condiciones políticas" en el mundo. Su principal exponente es Earl Paulk.

En este contexto, los partidos tradicionales ligados a gremios y sindicatos obreros, o partidos como el FSLN de amplio espectro, podrían ser sustituidos por partidos confesionales, religiosos, juego en el que lo político pierde su especificidad.

Históricamente, cuando la política ha estado permeada por lo religioso, tendía a ser totalizante y totalitaria. Los efectos en Nicaragua de un partido de corte confesional - de quienes asumen la actividad política como si fuera una actividad religiosa -, pueden ser impredecibles tanto para la religión como para política.

Respecto a la invasión de categorías y formas de pensamiento de origen religioso en el campo político, señala el teólogo protestante José Míguez Bonino: "Estamos siendo testigos hoy, en todas partes del mundo, de un despertar de simbiosis entre religión y política. Las revoluciones musulmanas, la participación masiva de sectores evangélicos conservadores en la política norteamericana, las pretensiones religiosas de los gobiernos militares y la preocupación política de las comunidades de base en América Latina,...Todos demuestran en variadas y conflictivas maneras, el hecho de que la vieja conexión entre religión y política de ninguna manera ha desaparecido de nuestro, así llamado, mundo secularizado".

Al hacer un balance del significado de esta investigación, podemos percibir una tendencia a ciertos condicionamientos socio-políticos sobre la conducta religiosa e incluso sobre los contenidos de la fe. La sociedad y el espíritu del mundo contemporáneo determinan o configuran las actuales formas de la fe y del quehacer de la Iglesia, que hoy está perdiendo algunos de sus temores a lo político. La religión entendida como resignación ante el mundo y la sociedad da paso a una nueva posición sobre la transformación del mundo: hay que ascender políticamente para "reformar el mundo" poniéndolo bajo la administración cristiana.

Partido de Justicia Nacional:"Nuestro plan de gobierno: los principios bíblicos"

El Partido de Justicia Nacional nació por acta constitutiva - tiene solicitada la personería jurídica - el 22 de febrero de 1992 en un congreso celebrado en el Olof Palme, asegurando que si no gana las elecciones de 1996, será al menos la segunda fuerza política del país."No estamos jugando a hacer un partido, vamos a lograrlo a pesar de lo antidemocrático de la Ley de Partidos Políticos y haremos lo que ningún partido ha hecho hasta ahora: presentaremos las 143 juntas a nivel nacional que exige la ley para la formación de un partido", asegura Jorge Díaz, presidente provisional del nuevo partido. Díaz es un médico de 32 años, casado, con tres hijos, miembro de la Misión Bautista Internacional y sin pasado político."No estableceremos alianzas con nadie, la mayoría de los partidos y de los políticos están mal vistos por el pueblo y eso nos restaría autoridad moral", dice Díaz.

En su opinión, la reacción de la Iglesia Católica debe ser tolerante y espera que la dirigencia de esta Iglesia Morava es mucho más optimista: "Ellos apoyarían el proyecto", prevé. De ser así el PJN tendría garantizado un buen porcentaje del voto costeño."Basaremos nuestra campaña en los derechos humanos y los principios bíblicos, que regirán nuestro plan de gobierno" explica Díaz.

"Estamos hablando sólo de la Biblia, de servir a los pobres, de castigar la violación, de atacar el machismo como factor de desunión familiar, es decir, de construir un Estado según la Biblia".Según Díaz, el propósito del PJN es crear un Estado que favorezca el desarrollo sin mayores cargas impositivas, con un sistema parlamentario que acabe con la pretensión del sistema presidencialista de sustituir a Dios, un gobierno que se preocupe por la explosión demográfica y por la conservación de la naturaleza.

Afirma que harán un partido semejante al de Jorge Serrano, quien al igual que Fujimori en el Perú subió a la presidencia en gran medida por el voto de los evangélicos. Sólo en los departamentos de Jinotega y Matagalpa el PJN afirma que el 50% de los campesinos son evangélicos.

"Nosotros amantes de la patria, conscientes de la historia política de Nicaragua en donde ha sobresalido el sufrimiento, dolor y la lucha entre hermanos, conscientes de la pérdida de valores morales y espirituales y de la carencia de un liderazgo efectivo, venimos ante ustedes en respuesta a la necesidad imperante de la nación, trayendo un mensaje de esperanza, lleno de amor, justicia y verdad con el cual esperamos ver resplandecer a Nicaragua a través de la verdadera gestión pública", dice la invitación a militar en el PJN, partido que tiene como consigna "Aquí hacemos falta todos".

Dios es la respuesta

Llevamos a cabo esta investigación en un país donde la economía, la política, la cultura y la religión han pasado por profundas crisis. Donde las variables de los cambios estructurales y de la guerra han tenido hondas consecuencias en los individuos. Ante este contexto de cambios, las grandes mayorías se sienten impotentes y limitadas, sienten que con sus propias fuerzas no alcanzan ni para sobrevivir ni para vivir.

La respuesta es negarse a sí mismos para darle lugar a lo sobrenatural y a Dios. En este contexto de carencias y limitaciones, donde el individuo necesita valorarse y encontrar un sentido a la vida, para muchos no fue la revolución sino el pentecostalismo quien ofreció una vivencia y una acogida. Sus cultos diarios ofrecieron un apoyo, fuerza, paz y gozo en medio de las adversidades.

La prolongación de la crisis económica y su vinculación a la violencia y al impacto de la creciente desigualdad del ingreso y del nivel de vida entre pobres y ricos, hizo que los individuos con esa experiencia votaran preferencialmente por la UNO, rechazaran al FSLN y desearan hoy un partido evangélico. ¿Por qué? De manera general se ha comprobado que el pentecostalismo es más pobre que las Iglesias históricas y que, a la par, tiene un mayor éxito entre la población. Como hipótesis, existe la posibilidad de que el pentecostalismo llegue más a las masas empobrecidas por la relación que existe entre su mensaje, sus formas simbólicas y el universo de la cotidianidad de los oprimidos.

Ellos incorporan la cotidianidad de lo sagrado en la vida de las personas que sufren privaciones de todo tipo. Se corrobora así la hipótesis planteada por la mayoría de los sociólogos en el sentido de que los más empobrecidos y marginados son los destinatarios preferenciales de los programas religiosos de corte pentecostal y que el pentecostalismo está en expansión comparativa respecto a las Iglesias históricas. ¿Cómo podrían sobrevivir muchos nicaragüenses sin los cultos pentecostales y sin los "milagros" que le hacen olvidar su dolor al pueblo?.

El pentecostalismo significó un refugio para las masas pobres anti-sandinistas. Para los ricos, el refugio fue el exilio. Los que se bautizaron durante los primeros cinco años de la revolución, años de profundos antagonismos ideológicos y de serias restricciones económicas, manifiestan una tendencia más marcada a votar por la UNO que los que se habían convertido en años anteriores.

Esto significaría que no son los años de adoctrinamiento los que determinaron el voto, sino que lo determinaron los factores que proceden de la realidad económica, social y política. Los miembros de la IQ - los más pobres entre las 6 denominaciones encuestada - y por otra parte, los de menores ingresos y educación, de menor edad y mujeres de entre las restantes denominaciones, es decir, los más vulnerables de la sociedad, son los que más votaron por el cambio y en contra del FSLN. Si esto es así, no existe una relación causal entre ser pentecostal y una tendencia específica en el voto, sino que son los individuos con determinada posición ideológica previa quienes buscan el pentecostalismo como opción religiosa con la que comparten un universo ideológico.

Tres son las posiciones

Nuestra hipótesis es que las hasta ahora los evangélicos no han participado de manera activa, como sector, en la política, pero que hoy ya avanzan hacia ese fin. En los años anteriores, la prioridad del trabajo de esa minoría fue consolidarse hacia el interior para afianzar su crecimiento cuantitativo, pero sobre todo, para construir su identidad como sector y como grupo. Hoy, revalorizados, con una identidad bastante definida, conscientes de su capacidad y reconocidos social y políticamente como sector, están adquiriendo conciencia de la importancia de articularse políticamente, de lanzarse hacia la arena partidaria y política, tanto por necesidad que sienten como sector social, como tarea que les impone la vivencia de su fe en un contexto dado.

Existe en toda América Latina un descontento popular con los partidos tradicionales: están en crisis y no han podido resolver la dependencia y la miseria cada vez mayor de los pueblos. En este continente empobrecido, los protestantes - la mayoría son pentecostales, pobres y marginados - se están encauzando hacia la constitución de partidos políticos.

Ante esta novedosa perspectiva, existen al menos tres posiciones básicas que se debatieron en la consulta continental sobre "La participación de los evangélicos en el poder político en América Latina" que se celebró en octubre/91 en Buenos Aires, Argentina. Los que defienden la formación de partidos evangélicos confesionales. Los que promueven la inserción dentro de los actuales partidos exigiendo valores éticos y cuotas de poder. Y los que consideran que hay que crear partidos amplios de inspiración evangélica aprovechando la imagen, liderazgo y representación que poseen como sector social. Esta última parece ser la línea que prevalece en el Partido de Justicia Nacional de Nicaragua. El tiempo irá diciendo su palabra.

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