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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 132 | Noviembre 1992
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Internacional

¿Está la respuesta en los países del Sur?

El Siglo XXI comenzó ya en la década de los 90 y entraron en crisis todos los paradigmas conocidos. ¿Con qué reflexiones, con qué convicciones, con qué alternativas enfrentar la avalancha del Norte contra el Sur?

Xabier Gorostiaga

La teoría de la dependencia que dominaba nuestro análisis económico hace 20 años se entremezcló con la Teología de la Liberación y fue esa mediación la que acompañó las profundas transformaciones políticas, sociales y teológicas de los años 60 y 70: la revolución cubana, el movimiento guerrillero, el populismo militarista de Velasco Alvarado en Perú, la lucha latinoamericana por la recuperación del canal de Panamá en tiempos de Torrijos, la experiencia del socialismo en libertad de Chile, las insurrecciones revolucionarias en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, la revolución en Grenada, la continua lucha por la democracia y la equidad en todo el continente y la irrupción masiva de los pobres en la vida de la Iglesia.

Todo ha cambiado

Todo esto supuso una forma de pensar, un horizonte, una visión de futuro y nuevos sujetos sociales. Hoy sufrimos una crisis de paradigmas, sobre todo después del colapso del socialismo estatista de Europa del Este y de la derrota elecotoral del Frente Sandinista. Por otro lado, la involución tanto de la Iglesia Católica como de la Iglesia Protestante en sus niveles jerárquicos, acompaña "religiosamente" estos acontecimientos, al tiempo que la pobreza, el desempleo, la marginación de nuestros países y la exclusión de las mayorías de nuestros pueblos se imponen como el hecho dominante en 1992. Necesitamos encontrar hoy las nuevas mediaciones sociales, para enfrentarnos a la avalancha del Norte contra el Sur, del Capital contra el Trabajo y a una profunda crisis de civilización.

¿Cuáles son los sujetos históricos de esta nueva era? ¿Cuál es el tipo de mediaciones para entender, analizar y enfrentar las rápidas y profundas transformaciones de este fin de siglo? ¿Cuáles son las propuestas alternativas frente a esta avalancha? Posiblemente el mayor reto y la necesidad más urgente a los 500 años del llamado "descubrimiento" de América es saber preguntar, encontrar los nuevos sujetos transformadores de nuestra sociedad y las nuevas mediaciones analíticas, culturales y teológicas, para poder pronunciar una palabra que responda a la angustia de nuestros pueblos desde la inspiración evangélica. El Siglo XXI comenzó ya en la década de los 90 y son cuatro los hechos dominantes que permiten calificar la entrada al nuevo siglo:

Crisis de paradigmas y pérdida de contrapesos mundiales

La caída del muro de Berlín y el colapso de la experiencia del socialismo estatista de forma tan rápida y contundente, ha provocado una crisis de paradigmas y ha abierto una era de perplejidad y de incertidumbre. Este fenómeno está acompañado por el unipolarismo mundial de Estados Unidos, al que ya no se le enfrentan contrapesos económicos, políticos ni militares. Incluso el Este comienza a competir con el Sur por los escasos recursos líquidos mundiales y por la atención política del Oeste.

La revolución tecnológica

La profunda y rápida revolución tecnológica de las dos últimas décadas, en electrónica, en tecnología espacial, en biotecnología, en informática, etc., ha provocado dos fenómenos que implican una transformación del eje de acumulación mundial. La acumulación se da hoy más en la "intensidad del conocimiento" que en la intensidad del capital productivo e incluso del financiero. La acumulación en el conocimiento punta es el eje de la acumulación moderna.

Por otro lado, la revolución del management, los nuevos métodos de gestión global producto de las telecomunicaciones, la informática y el transporte han permitido crear un área de acumulación que ha sido clasificada como acumulación flexible. Esta acumulación flexible, producto de la concentración y centralización del poder económico, financiero y tecnológico permite concentrar los beneficios en aquellos eslabones intersectoriales que sirven de entrecruce a la producción: comercialización, financiamiento y servicios especializados.

Estos eslabones globales de acumulación flexible están cada vez más concentrados y centralizados en un número menor de Bancos y Compañías transnacionales - que por otro lado tienden hacia una fusión -, en buena parte controlados por el capital financiero, de alta velocidad y de fuerte intensidad especulativa. La explosión financiera de este capital flexible tiene tasas de crecimiento superiores al 100% anuales, mientras que las tasas de crecimiento de la economía real varían entre 2% y 4% del PIB.

Concentración y centralización del poder

La revolución tecnológica y el eje de acumulación en el conocimiento, ha provocado un nuevo fenómeno histórico: la concentración y centralización del poder. Cada vez más el poder tiende a reducirse a un número más pequeño de población y de países. Esto provoca una concentración del poder económico, financiero, tecnológico, político y militar como no se había dado antes en la historia. A los 500 años de la conquista de América la brecha que separa al Norte (20% de la población mundial) del Sur (80% de la humanidad) es muy superior a la brecha que se daba entre las metrópolis y las colonias de todos los tiempos anteriores.

La desmaterialización de la producción

La desmaterialización de la producción, producto de la revolución tecnológica, permite lograr la misma unidad productiva con menos materias primas, provocando una reducción estructural permanente del valor de las materias primas y un detrimento estructural en los términos de intercambio entre el Norte y el Sur - países con tecnología y países sin tecnología -.

La revolución tecnológica produce también la robotización creciente del trabajo productivo y de los servicios, disminuyendo el valor y la necesidad del trabajo humano por unidad de producto. Esto conduce a una pérdida de la capacidad negociadora del trabajo frente al capital, tanto en el Norte como en el Sur. Y dentro del propio trabajo, el trabajo manual pierde valor frente al cerebral.

Por tanto, las ventajas comparativas del Sur - materias primas y trabajo - se vuelven estáticas frente a la dinámica de la producción tecnológica moderna. Incluso se transforma la tesis de los "rendimientos decrecientes", base de la teoría de la competencia perfecta, que con las nuevas tecnologías se transforman en "rendimientos crecientes". La revolución tecnológica aumenta la asimetría y las barreras para los competidores más débiles y con menor capacidad de conocimiento técnico (know how). La centralización y concentración del conocimiento y poder se da en todos los espacios de la vida - económico, militar, político - y en las nuevas áreas de expansión de la acumulación mundial, como son el espacio y los fondos marinos.

Pobreza creciente, hecho dominante

Una desigualdad que es una necesidad del sistema

Lógica y a la vez contradictoriamente con la revolución tecnológica y la modernidad, la pobreza creciente y la exclusión se han convertido en el hecho social y político dominante de nuestra era.

El reciente informe del PNUD, "Desarrollo Humano 1992", afirma que el último decenio se ha caracterizado en el mundo entero por el crecimiento de la desigualdad entre ricos y pobres, bien sean éstos países o poblaciones. En 1989 la quinta parte más rica (mil millones de personas aproximadamente) contaba con el 82.7% del ingreso, el 81.2% del comercio mundial, el 94.6% de los préstamos comerciales, el 80.6% del ahorro interno y el 80.5% de la inversión.

Si en términos de distribución el panorama es insostenible, lo es igualmente en materia de recursos: los países ricos poseen aproximadamente la cuarta parte de la población del mundo, pero consumen el 70% de la energía mundial, el 75% de los metales, el 85% de la madera y el 60% de los alimentos. Tal patrón de desarrollo - concluye el PNUD - sólo es sostenible en la medida en que se mantenga la desigualdad extrema, pues de otra manera los recursos mundiales no alcanzarían. La desigualdad no es una deformación del sistema. Es una necesidad del sistema para su crecimiento y su permanencia.

Se ahonda aceleradamente la brecha entre ricos y pobres

Lo significativo es la aceleración de la brecha. En 1960, el 20% más rico registraba ingresos 30 veces más elevados. En 1990 era 60 veces. Pero si se tiene en cuenta la distribución desigual en el seno de los países, tanto del Norte como del Sur, el 20% más rico de la gente del mundo registra ingresos 150 veces superiores al 20% más pobre. Según el informe, la peor disparidad nacional es la de Brasil: 26 veces entre el 20% más rico de la población y el 20% más pobre.

Otra afirmación contundente del informe del PNUD es que los mercados globales no operan libremente. La condición de socios desiguales le cuesta a los países en desarrollo 500 mil millones de dólares anuales, o sea 10 veces más de lo que reciben en ayuda exterior. Por otro lado, 20 de los 24 países más industrializados son hoy más proteccionistas de lo que lo eran hace 10 años, mientras se exige total liberalización del mercado a los países más pobres. Según el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), sólo el 7% del comercio mundial se encuentra en conformidad con los principios del libre comercio. El resto es un mercado administrado.

Por otra parte, desde 1970 la participación en el comercio internacional se ha reducido drásticamente para los países del Sur. De 3.8% a 1% para el Africa Sub-Sahariana; de 5.6% a 3.3% para América Latina y el Caribe. El creciente proceso de marginación está afectando a 1.700 millones de personas que en forma acelerada son excluidas.

El desarrollo derrochador de un 20% de la humanidad, que devora los recursos del mundo botando sus desechos en forma contaminante, ha sido la causa más importante de la crisis del medio ambiente. Crisis ambiental, hoy también incrementada por la pobreza de las tres cuartas partes de la población mundial, que causan tensiones "iguales y a veces aún mayores" a los sistemas ecológicos.

La "deuda ambiental" junto con la "deuda social" y la emigración internacional sin precedentes - unos 75 millones de personas se trasladan cada año en carácter de refugiados, desplazados o trabajadores emigrantes - son las causas más importantes de la inestabilidad mundial hoy, al término de la guerra fría. Ante esto, el informe de Naciones Unidas sugiere la creación de un Consejo de Seguridad del Desarrollo y la reforma del Banco Mundial, del Fondo Monetario, del GATT y de los Programas de Naciones Unidas con el fin de asegurar una mejor gestión de la economía mundial en interés de todos los países y de todos los pueblos.

En plena revolución tecnológica y en un mundo que se ha unificado y se ha transformado en una aldea global, con una ciudadanía universal, la brecha social, política, económica, tecnológica y militar es hoy superior a la de hace 500 años.

En 1492 Europa descubrió que su interpretación y visión del mundo estaba equivocada: lo que realmente se descubrió era la unidad del mundo y de la historia. A 500 años, ése descubrimiento se ha hecho realidad en un mundo unificado por la tecnología. Sin embargo, esa unidad es polarizante, contradictoria, inestable, falsa y peligrosa y está provocando una auténtica crisis de ingobernabilidad.

Una élite global, una revolución liberal y la revolución mundial de la derecha

Existe hoy una jerarquía geo-económica que regula y administra la concentración y centralización del poder económico, político, tecnológico, financiero y militar del mundo. La reestructuración de las Compañías y Bancos Transnacionales le ha permitido, en base a mergers (fusiones), la diversificación de sus actividades y la flexibilidad de su acumulación. Estos nuevos mega-conglomerados, organizados en torno a las estructuras tecnológicas y a las matrices científicas, permite a estos grupos gran flexibilidad para adaptarse a las nuevas demandas, en gran parte creadas por ellos mismos con el control de los medios de comunicación. Mitsubishi, por ejemplo, tiene actividades en 90 sectores de la economía mundial.

La continentalización de las economías y la nueva división internacional del trabajo al servicio de estos mega-grupos, junto con la integración sometida en forma creciente de los países del Este ha transformado a esta jerarquía geo-económica en la élite orgánica del capitalismo transnacional.

El Grupo de los Siete se ha convertido en un Estado Paralelo Global

Estos actores globales, nacidos de alianzas y de la intersistematicidad de la economía mundial, crecieron bajo el apoyo de los créditos y de la política de los gobiernos del Grupo de los Siete y de los países del Norte, con el fin de dominar la competitividad internacional. Hoy son estas élites globales las que definen las reglas del juego, tanto en la tecnología como en la producción, la comercialización y las finanzas, de tal manera que el Grupo de los Siete se ha convertido en Estado Paralelo Global al servicio de estos intereses. Los organismos multilaterales, e incluso las propias Naciones Unidas, carecen del espacio financiero y político para regular e implementar el desarrollo internacional.

El Fondo Monetario y el Banco Mundial, dependientes en gran medida del Grupo de los Siete, son parte de la burocracia internacional que protege y conserva la lógica del capital transnacional dominante y a su élite global. La reestructuración global del sistema económico que está acaeciendo en la década de los 80 y 90, se realiza desde el Norte sin ningún contrapeso ni capacidad competitiva en el Este ni en el Sur.

El neoliberalismo no es un proyecto económico, es un proyecto de sociedad

La revolución neoliberal y la ideología neoconservadora conforman el proyecto ideológico legitimante de esta élite global. El neoliberalismo no es, por tanto, un proyecto económico sino un proyecto de sociedad, de Estado, de relaciones internacionales y de relaciones sociales en cada sociedad. El llamado "fin de la historia" encubre una auténtica revolución de la derecha mundial ante el colapso del Este, la profunda crisis de la izquierda y el debilitamiento de la capacidad de negociación del Trabajo y del Sur a nivel global.

Esta revolución de la derecha impacta fuertemente en el mundo de la ideología y de la religión. La involución de la Iglesia Católica, con el aumento del centralismo y del control del Vaticano, la limitación de espacios a los episcopados nacionales y continentales, la censura a los teólogos de la liberación y a la teología política en Europa, son parte del mismo fenómeno. En el mismo sentido, la expansión acelerada de las sectas evangélicas y de los grupos carismáticos dentro del catolicismo, promoviendo una religion pietista y un escapismo trascendentalista, corresponden a este fenómeno global.

Un poder opaco: estructuras de poder de baja visibilidad

La intersistematicidad de estos fenómenos crea estructuras de poder de baja visibilidad, pero con una real capacidad de dominación invisible. "La guerra metafísica" del Informe de Santa Fe, que preanunciaban los ideólogos de la era Reagan al comienzo de los 80, es hoy un fenómeno histórico comprobado. Posiblemente pocos ideólogos de la derecha lo habrán plasmado con tanta claridad como el propio Brezezinski, miembro fundador de la Comisión Trilateral y asesor permanente de las diversas administraciones norteamericanas desde esa época: "En la sociedad tecnotrónica, el rumbo al parecer lo marcará la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados, que caerán fácilmente en el radio de acción de personalidades magnéticas, quienes explotarán de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular las emociones y controlar la razón". No sólo la razón sino también la esperanza.

La reestructuración del eje de acumulación internacional corresponde y necesita esta recolonización ideológica del Nuevo Orden Mundial, como requirió hace 500 años la legitimación papal para la conquista de América, llamado en aquel entonces el "Nuevo Mundo". Las protestas de los Dominicos con el "Grito de La Española" de fray Antonio de Montesinos en 1511, el papel profético de Bartolomé de Las Casas y del primer Obispo mártir de América Latina, Antonio Valdivieso en Nicaragua, junto con "la mayoría de los frailes de este Reino", que denunciaba el Virrey Toledo del Perú a su Majestad Felipe II, no fueron suficientes para detener la conquista ni el sistema colonial. Tampoco la protesta sin propuesta podrá revertir la neocolonización opaca de este fin de siglo.

El monopolio del pensamiento planetario

La creación de políticas macroplanetarias que permitan la administración global del mundo exige un monopolio del pensamiento planetario que legitimice el monopolio de la acumulación a escala global. El control de los medios, de las imágenes, de los deseos y demandas, es un elemento fundamental para garantizar la legitimidad que permita la estabilidad de este poder global. El control de la investigación, del conocimiento, e incluso del pensamiento alternativo, es un pre-requisito de la nueva reestructuracion global. La crisis de las universidades y la agonía de los centros de investigación y ONG que no se sometan a esta lógica del capital y del mercado, es un fenómeno recurrente en todo el mundo e incluso en las propias Iglesias.

El "darwinismo económico" provocado por el neoliberalismo, que el propio Papa califica en su última encíclica de "capitalismo salvaje", requiere de un totalitarismo tecnológico que mantenga en un apartheid técnico al Sur. La reducción del presupuesto de la educación superior, el control político de las universidades, el énfasis en la educación primaria fomentado por el Banco Mundial en el Tercer Mundo, no pueden ocultar la finalidad de mantener a las grandes masas de nuestros pueblos como minusválidos tecnológicos y minusválidos pensantes, incapaces de comprender y transformar la sociedad "tecnotrónica".

La gran capacidad del neoliberalismo no ha sido la de crear eficiencia y crecimiento, sino la de destruir cualquier alternativa que no responda a su lógica de mercado, al lucro como motor de la sociedad y a la aceptación del poder opaco como algo inevitable en el Nuevo Orden.

El Nuevo Orden Mundial lleva consigo una Nueva División Internacional del Conocimiento en la era de la revolución tecnológica. La democratización del conocimiento es, por tanto, una de las demandas fundamentales de un orden alternativo.

La geo-cultura de la desesperación

El poder opaco requiere no sólo de la hegemonía geo-económica sino también de la hegemonía geo-cultural. La ideología del mercado y el automatismo de mercado, que postulan la capacidad de resolver los problemas de la pobreza, desempleo y destrucción ecológica por su propia dinámica, implican la necesidad de una homogenización y uniformidad del mundo. Las múltiples y variadas marcas de productos que se encuentra cualquiera en cualquier rincón del mundo responden a un homogéneo sistema productivo y cultural. Esta modelación del mercado exige una modelación de la cultura.

Franz Hinkelammert, que ha trabajado profundamente esta temática, narraba en la reciente Semana de Teología de Nicaragua la anécdota del Presidente mundial de la McDonald inaugurando la sede McDonald en Moscú. "Como parte del proceso de democratización en los países del Este - decía - podrán los moscovitas comer la misma hamburguesa que se come en todo el mundo, con el mismo tamaño, sabor y salsa". Esta democracia a lo "Big Mac" está produciendo también un cristianismo a lo "Big Mac" y una cultura a lo "Big Mac".

Esta homogenización del mercado y su automatismo dejan un futuro lleno de promesas pero sin proyectos ni esperanza. Desaparecen incluso conceptos como Desarrollo, Autodeterminación, Soberanía. Es la cultura del consumo y de la democracia sin proyecto.

Los países que han levantado la esperanza de algo nuevo - Nicaragua y El Salvador en los 80 - necesitaban ser no sólo destruidos sino desacreditados y convertidos en una espúrea esperanza de pueblos románticos porque rompian el proceso de homogenización iniciado por Reagan. La geo-cultura de la desesperanza y la "teología" de la invevitabilidad, requieren hoy una proyección global para permitir la homogenización de la nueva reestructuracion promovida por la élite del poder global.

La desesperanza garantiza estabilidad al dominador. El desgaste de la esperanza es una necesidad del sistema como preanunciaba Brzezinski. Este nihilismo de valores lo retrotrae Franz Hinkelammert hasta el propio Nietzche. La necesidad de la aceptación de lo inevitable se ha impuesto en amplios sectores de la intelectualidad y de la propia Iglesia latinoamericana, incluso en la misma izquierda política. Posiblemente, éste sea el mayor logro del neoliberalismo. Privados de la esperanza, ya no hay ninguna razón para luchar por la vida y se acepta como vida la sobrevivencia cotidiana.

Una cultura del sometimiento

Esta cultura del sometimiento permite que el proyecto global sea exclusivamente reservado al capital y a la élite del poder transnacional. Con el fin de la guerra fría ya no se requiere estigmatizar al "imperio del mal". Basta satanizar como "tugurio de mal" a los países del Sur y a los sectores del Norte que comparten con los empobrecidos del Sur, un horizonte alternativo de esperanza para el Siglo XXI.

Esta geo-cultura de la desesperación, que conlleva la inevitabilidad y el sometimiento producido por la guerra metafísica, es parte del nihilismo de Nietzche y de una dialéctica maldita que frente a la pobreza, al subdesarrollo, al desempleo creciente en tiempos del cólera, del sida y de la droga, ante la amenaza de un suicidio colectivo por la crisis ambiental, no propone alternativas, menos todavía soluciones, dejando que la "mano invisible", esta vez la de la muerte, sea la constructora de la vida.

La democracia apática

El Norte, el 20% más rico de la humanidad, puede considerarse democrático, porque dos tercios de su población participa de los beneficios de su sistema. Sin embargo, esa democracia del Norte provoca que dos tercios de la humanidad no tengan la base material suficiente para construir su propia democracia y satisfacer las mínimas necesidades que el anhelo democrático ha creado también en el Sur. Así, el mundo se divide en una minoría del Norte donde dos tercios gozan de democracia, a costa de que en la gran mayoría del Sur sólo un tercio la disfrute.

Las máscaras democráticas se van cayendo progresivamente en América Latina: la "democracia de baja intensidad", que requiere una mano autoritaria e injerencista para la transición; la "democracia restringida", que exige limitar las demandas no sólo económicas sino también participativas para no caer en la anarquía; la "democracia de fachada", que ofrece la legalidad de los derechos democráticos y la incapacidad de implementarlos; la "democracia tutelada", que requiere un poder externo que proteja y administre la constitución de la misma. Todas estas "democracias" llevan como requisito la apatía democrática, que se manifiesta en un abstencionismo electoral creciente, tanto en el Norte como en el Sur.

El nuevo intervencionismo

El fin de la guerra fría todavía no ha llegado al trópico. Sea por el unipolarismo global, sea por la propensión de todo poder hegemónico en recesión de acudir a la intervención, sea por la misma propensión de todo poder hegemónico en recesión de acudir a la intervención, sea por la misma ingobernabilidad de sus vecinos del Sur del continente, o sea por las tres tendencias a la vez, se percibe una creciente interferencia e intervención de Estados Unidos en América Latina.

El más sutil pero patente de los instrumentos para esta intervención es el financiero, apoyado en los organismos internacionales, que establecen auténticas camisas de fuerza sobre las políticas económicas nacionales. Por otro lado, el creciente proteccionismo de los principales países industriales, interfiere en las propias reglas del juego impuestas por estos organismos financieros internacionales, manteniendo e incluso incrementando el clásico deterioro de los términos de intercambio latinoamericanos.

El manejo del endeudamiento una vez superada la crisis de mediados de los 80, lleva consigo también trueques (swaps) de diversa índole, que permiten intervenir en el control del medio ambiente, en la reconversión industrial, en la utilización de los recursos naturales. El narcotráfico, por su parte, ha servido a Estados Unidos - país promotor de la principal demanda de drogas en el mundo - de excusa para intervenir militar y comercialmente en varios países de la región. (El caso Noriega tenía un trasfondo de otros intereses: controlar el Canal e impedir que Japón dominase el puente y la plataforma comercial Pacífico-Atlántico).

Una homegenización jurídica impuesta y una instrumentalización de los procesos de democratización

Lo más peculiar del nuevo intervencionismo son los aspectos jurídicos y "democráticos". La reciente resolución de la Corte Suprema de Estados Unidos para poder extraditar a ciudadanos de otros países o los acuerdos jurídicos sobre legislación bancaria y comercial - sin llegar a los extremos del fenómeno panameño - indican un proceso de homogenización jurídica impuesta, sin participación de los parlamentos nacionales y sin lograr el consenso requerido entre diversos países, como ha sucedido por ejemplo en la Comunidad Europea. Por esto, la incorporación de propuestas jurídicas hechas por el Sur en torno a los cambios globales es un elemento clave.

La instrumentalización de los procesos de democratización -procesos generalizados en América Latina en la última década - es el aspecto más determinante de este nuevo intervencionismo. La implementación de una "democracia neoliberal inducida", tanto por las políticas financieras del Banco Mundial y del Fondo Monetario como por las prácticas de instituciones creadas por la AID y por la ayuda bilateral de los países industrializados, requiere de un análisis concertado en toda América Latina.

Efectos de estas políticas intervencionistas se aprecian en los procesos de desmilitarización, de creación de las nuevas Policías, en los sistemas de educación y en los procesos de reducción de los Estados. Se crea así un "Estado paralelo" de instituciones privadas, que planifican el país bajo las directrices de un plan externo. Las pautas comunes inducidas en general sobre el continente, permiten calificar a este "intervencionismo democrático" como una "democracia de baja intensidad", que prosigue la estrategia de guerra de baja intensidad para controlar los procesos de democracia autonómica.

La "promoción de la democracia"

La "promoción de la democracia" ha servido para manipular a los partidos políticos, financiar campañas electorales, determinar el contenido de los derechos humanos e incluso administrar los procesos democráticos emergentes en varios países. Los casos quizás más extremos han sido Panamá, Nicaragua, Haití, Perú, donde en forma extrema se revelan algunas tendencias llevadas a cabo más sutilmente. Esta "democracia de baja intesidad" requiere un "análisis coprológico", en el sentido de determinar las causas de las heces y detritus de una democracia pervertida por el intervencionismo extranjero - aumento de la pobreza, corrupción, polarización política, pérdida de consenso y proyecto nacional, etc.-, para poder analizar el carácter del proyecto de democracia neoliberal que se quiere imponer hoy sobre América Latina.

La posibilidad de una democracia consensuada en América Latina se ve seriamente dificultada por este nuevo injerencismo. Este "análisis coprológico de la democracia neoliberal" es importante para descubrir las alternativas que se requieren para profundizar y nacionalizar la democracia sin dejarse llevar por formalidades engañosas de la democracia funcional o formal.

A la larga, el injerencismo democrático no hace más que aumentar el tensionamiento de los sujetos sociales que buscan una salida democrática a la crisis. Uno de los mayores obstáculos para una genuina democracia en el Sur, radica en los condicionamientos impuestos por la interferencia del Norte.

La cosecha de los años 80

La llamada "década perdida" en términos económicos, supuso para Centroamérica tres y hasta cuatro décadas perdidas, sobre todo en el caso de Nicaragua. Sin embargo, la década de los 80 fue la década de la sociedad civil. La irrupción de los sectores populares organizados en la vida civil, en forma revolucionaria en Nicaragua y El Salvador - en parte también en Guatemala -, pero sobre todo una nueva presencia cívica de las masas empobrecidas y marginadas, es un fenómeno que ha cambiado en forma definitiva el tejido social de la región.

Esta experiencia, quizás no tan efervescente, se percibe en una nueva dinámica que se manifiesta a través del crecimiento de los ONG, de la vinculación de las organizaciones campesinas, indígenas, de mujeres, ambientalistas, de pobladores y el movimiento emergente del estudiantado - sobre todo universitario - en toda América Latina.

El "Movimiento Lavalás" (la avalancha) de Haití, que consiguió derrotar a la dictadura más prolongada de América Latina sin violencia guerrillera, sin un partido político organizado, sin un plan alternativo de gobierno, con un líder carismático pero sin experiencia política, Jean Bertrand Aristide, refleja la potencialidad y al mismo tiempo la vulnerabilidad de esta fuerza popular emergente.

La cosecha de los 80 ha madurado en los 90 a pesar de la propia crisis haitiana y nicaragüense y se ha transformado en crisis de ingobernabilidad, demostrando la fuerza irreductible de la sociedad civil, a pesar de las presiones dominantes sobre estos pueblos. La falta de un proyecto alternativo, capaz de encauzar en forma constructiva la dinámica de la sociedad civil, fomenta una cultura de resistencia y un "poder de reto" al proyecto neoliberal, a la espera de conseguir un proyecto propio con viabilidad de funcionamiento en las condiciones actuales.

Búsqueda de convergencia, consenso, concertación y negociación

Una tendencia común se percibe en estas organizaciones populares: la búsqueda de un nuevo poder, social y político, con base económica autogestionada, en una dinámica que proviene desde abajo y desde adentro de su propia realidad sectorial. La lucha por conquistar el poder estatal - muchas veces, sobre todo en el pasado, con lucha armada - ha sido en buena parte sustituida por la lucha por una construcción de un nuevo poder social. El Estado y el poder estatal no aparecen como el factor determinante de los objetivos. Es la creación de un poder alternativo capaz de definir posiciones negociadoras frente al capital, el Estado, la cultura y las relaciones internacionales lo que se está buscando.

La multipolaridad y multiplicidad de estos nuevos sujetos sociales, hace que lleven consigo, a veces implícita y no formulada con precisión, una agenda heterogénea que combina diversas identidades y formas de lucha. Sus estrategias organizativas son múltiples. Sin embargo, se percibe en todos ellos un rechazo al verticalismo y al vanguardismo jerárquico. El leninismo organizativo colapsó en América Latina antes de la crisis del Este. La tendencia a buscar alianzas, consensos, participación y diálogo es un fenómeno tanto cultural como político y económico.

Con diversos niveles de maduración se percibe la búsqueda de una base económica propia, autogestionada y lo más autosuficiente posible. Al mismo tiempo, reconociendo sus limitaciones, buscan alianzas nacionales e internacionales. En este sentido, la vinculación horizontal que se da entre estas organizaciones va creando coordinadoras de diverso género, que se comienzan a entrelazar también a nivel internacional a través de ONG, Iglesias, sindicatos, movimientos de mujeres, ecologistas y de pequeños productores que inician un comercio alternativo.

Por otra parte, la visión de una integración latinoamericana, la mayor participación de Brasil y el Caribe y la búsqueda de una propuesta de inserción global en conjunto con otros movimientos políticos del Sur y del Norte, configura un conjunto de características semejantes que esbozan un nuevo mapa político para 1994, cuando se realizarán elecciones en unos 15 países de América Latina.

Autonomía orgánica de los sectores populares

El fenómeno político más característico de estos movimientos populares es su autonomía en relación con las instituciones que los prohijaron en el pasado, sean éstas partidos, Iglesias, ONG e incluso las empresas o el propio Estado.

La relación con los partidos políticos refleja una tendencia hacia una autonomía orgánica. Es decir, una clara autonomía, que rechaza en forma cada vez más insistente el ser correa de transmisión de cualquier partido o cúpula política de un sector popular concreto. A la vez, se consolida una tendencia a buscar una organicidad política amplia en base de alianzas y consensos, que van creando un nuevo espectro político superando la antigua formación de Frentes con su vanguardia específica. De la misma forma, intentan superar el instrumentalismo del Estado, con el fin de ser una palanca democratizadora de éste, superando la cultura paternalista y de subsidio que tanta parálisis y dependencia creó en el pasado a muchas organizaciones populares.

La autocrítica y la exigencia de una democracia interna, con un carácter de ejemplaridad y coherencia ética, ante una corrupción que ha penetrado en los partidos e incluso en las Iglesias, es también una de las notas dominantes de los nuevos sujetos emergentes. Este fenómeno coincide con un desgaste de los partidos tradicionales de derecha y de izquierda. Se ha iniciado así una profunda revisión y reestructuración de lo que se ha llamado "la nueva izquierda latinoamericana".

En el Foro de Sao Paulo, que aglutina a más de 60 partidos de América Latina, se perciben estas diversas dinámicas en los partidos políticos, sin que todavía se haya podido consolidar una plataforma lo suficientemente coherente y programática. Los resabios del pasado siguen pesando. La falta de un análisis claro y convergente dificulta el proceso. La tendencia dominante tiene la característica común de la búsqueda, la superación del derrotismo y la decisión de vincularse con los nuevos sujetos sociales emergentes. Un nuevo mapa político en América Latina podría iniciarse en 1994 con 15 elecciones coincidentes, un desgaste profundo de las políticas neoliberales y una convergencia de las fuerzas populares en el continentales.

Es imposible definir con precisión el carácter de esta emergente sociedad civil debido a la heterogeneidad de América Latina. Lo llamativo en innumerables encuentros latinoamericanos de estos sectores - que con inusitada capacidad de convocatoria se están realizando en casi todos los países del continente - es la similitud de un conjunto de caracteres comunes. La peculiaridad e identidad de cada sector, incluso sus intereses y valores culturales y políticos diferentes, quedan integrados en un proceso cada vez más convergente y de proyección más latinoamericana, a la vez que abierto a la búsqueda de un proyecto global con organizaciones semejantes en otros continentes.

El fracaso del capitalismo neoliberal dependiente

En forma creciente se percibe una conciencia y una realidad: el desgaste del proyecto neoliberal en América Latina y de los propulsores políticos del mismo. La profunda división y debilidad del gobierno de Violeta Chamorro y la debilidad de los otros presidentes centroamericanos para consolidar la democracia, iniciar la recuperación económica y la integración regional, se manifiesta con sus propias características en la mayoría de los países. La crisis de los gobiernos de Carlos Andrés Pérez, Gaviria, Fujimori, Menem, y la más reciente del presidente Collor en Brasil, indican una crisis de ingobernabilidad democrática ante un capitalismo neoliberal dependiente. El proceso contra Collor de Mello es el reflejo de una sociedad civil madura, que toma la defensa del Estado de Derecho en sus manos, exigiendo el fin de la corrupción y la transparencia y pidiendo responsabilidad a los políticos y gobiernos, para profundizar en definitiva la democracia.

Nuestros países no consiguen abrir espacios competitivos en el mercado internacional, ni redefinir los términos de inserción en forma equitativa, ni detener el deterioro del nivel de vida y la miseria creciente. Tampoco ofrecen visos de un panorama económico y político de estabilidad y crecimiento para finales de siglo.

Los países de América Latina que pudieran presentarse como excepciones a esta tónica de desgaste generalizado del proyecto neoliberal son escasos. Hasta ahora, Chile aparece como la excepción más notable, teniendo un consenso interno suficientemente amplio por los logros económicos de su gobierno. No se podría decir lo mismo de las experiencias de México y Costa Rica, procesos considerados internacionalmente como exitosos, pero que no cuentan con un consenso mayoritario a nivel nacional.

No hay solución estable con proyecto ajeno

A pesar de la concentración y centralización del poder en la élite global, es importante percibir los cada vez más claros y numerosos signos de fracaso en la agenda del Norte y del llamado Nuevo Orden Mundial. Las crisis en Europa del Este - sobre todo la de Yugoslavia - y en diversas repúblicas de la CEI, además del grave tensionamiento de los acuerdos de Maastritch y el resurgimiento de grupos neofascistas en Alemania, Austria, Italia y Francia, indican que la nueva Europa no está consolidada. Las tres Europas, la del Este, la del Mercado Común y la Musulmana, con el fuerte resurgimiento del nacionalismo popular por un lado y los grupos de ultraderecha y fundamentalistas por otro, no ofrecen una perspectiva de estabilidad para el Sur.

La situación en el Pacífico, con los fenómenos de corrupción y pérdida de dinámica financiera en Japón, más el incremento de los tensionamientos políticos en Corea del Sur, Thailandia, Taiwan, Filipinas y el propio Japón, no ofrecen tampoco el marco de estabilidad que la élite global pretende ofrecer.

La situación de Estados Unidos ha revelado la profundidad de su recesión económica y de su inestabilidad social, tanto en la lucha electoral como en estallidos tipo Los Angeles.

Por otro lado, las contradicciones y el tensionamiento comercial y financiero entre los tres mega-mercados - Estados Unidos, Europa y Japón - no permite prever una coherencia y homogenización del mercado mundial, como se pregona. La crisis en la Ronda de Uruguay del GATT revela las profundas contradicciones que existen también dentro del propio núcleo de poder del Grupo de los Siete.

Por otro lado, el Grupo de los 77 y los Países No Alineados, siguen dejando pendiente la agenda del Sur, la que en repetidos foros aparece cada vez como más urgente, pero que no acaba de materializarse, a pesar de los intereses y valores comunes de estos países.

Es necesaria una agenda propia de América Latina,especialmente frente a las más recientes propuestas de Estados Unidos, la Iniciativa para las Américas (IPA) y los Tratados de Libre Comercio (TLC). La propuesta norteamericana pudiera servir de catalizador de diversas alternativas regionales latinoamericanas, incorporando propuestas nuestras a los temas de la deuda, la inversión y el comercio y añadiendo una agenda propia sobre el medio ambiente, la droga, la seguridad, el trabajo y la lucha contra la pobreza para consolidar la democracia.

Puntos previos en la agenda del Sur

La crisis es de fondo. La solución implica planteamientos profundos de descolonización de la imaginación, del conocimiento y del corazón. A 500 años, una revisión de la internalización de la dependencia y del sometimiento es un tema fundamental para esta Agenda Latinoamericana y del Sur. Sin una recuperación de la esperanza y confianza en nosotros mismos, no hay posibilidad de alternativas.

Las dominaciones históricas se han basado sobre el control del trabajo, de la naturaleza, de la mujer y de la cultura (identidad-soberanía) de nuestros pueblos. Una Agenda Latinoamericana y del Sur debe partir dialécticamente de esas contradicciones con una perspectiva y lógica del trabajo, la naturaleza, la mujer y la cultura (identidad-soberanía), como fuentes originarias de un proyecto propio.

Democratización del poder internacional

El marco internacional y las instituciones multilaterales actuales impiden una Agenda y Programa para y desde el Sur. Las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario deben democratizarse. Esas plataformas multilaterales deben convertirse en instrumentos de defensa del Derecho Internacional, democratizando las relaciones económicas y la "democracia desde abajo y desde adentro", es decir, desde la soberanía, cultura e identidad nacional de cada país. Democracia también abierta a la ciudadanía planetaria, a relaciones internacionales que superen la simetría antidemocrática actual.

Para esta inserción democrática en el mundo, se requiere de un proyecto propio, endógeno, que permita su consolidación con la complementariedad internacional, de forma que la inserción en el mercado global sea definida en forma selectiva según las fases y los requisitos del proyecto propio. La inserción impuesta por el neoliberalismo provoca una apertura indiscriminada y asfixiante para los países con menos capacidad competitiva, por lo que en vez de expandir el mercado reduce y coopta el mercado nacional. Ni el aislamiento de la autarquía ni la inserción neoliberal indiscriminada y asimétrica, sino la inserción selectiva que responda al proyecto propio.

Vinculación de lo micro con lo macro

La vinculación de lo local con lo nacional y de lo nacional con lo internacional, es una de las principales necesidades de los nuevos proyectos alternativos. "Las naciones son demasiado pequeñas para los grandes problemas del futuro y demasiado grandes para los pequeños problemas de las vidas cotidianas y del presente" comenta acertadamente René Dreyfus. La vinculación de la cotidianidad con el desarrollo futuro exige una democracia participativa y consensual que supere la planificación central del socialismo estatista, al mismo tiempo que la imposición de las fuerzas del mercado. "Hay que actuar localmente y pensar globalmente", dice una consigna actual. Lograr un balance macro-micro, no alcanzado por las diversas corrientes del pensamiento en el pasado, es parte del reto.

Reforma del Estado

Se requiere una reforma del Estado que pueda completar el mercado e incluso generar mercado allí donde las deformaciones en las relaciones sociales y económicas no permiten la entrada al mercado o eliminan a los sujetos menos capacitados para competir. El "darwinismo económico" actual reduce los mercados. El papel balanceador y generador de iniciativas del Estado se requiere especialmente en los países pobres y dependientes, para incentivar las primeras fases del desarrollo autosostenido.

Estado, mercado y planificación no son propuestas antagónicas sino complementarias. Insertos sometidamente en un mercado global dominante, no se puede crear un proyecto nacional de amplio consenso. El Estado se requiere como concertador de voluntades y defensor del espacio nacional. Para la maduración de un proyecto propio y a la vez abierto. Para superar el feudalismo tecnológico con un proyecto tecnológico. Para la formación de una red científica latinoamericana que supere el alineamiento tecnológico actual que nos condena a ser minusválidos técnicos. Para complementar el mercado como mecanismo racional de utilización eficiente de los recursos, ya que el mercado infravalora las necesidades futuras y ni la ecología ni la mujer, por ejemplo, están incluidas equitativa y eficientemente en las cuentas nacionales ni en la valoración del mercado.

Un nuevo Estado, democrático, eficiente, participativo y transparente a la sociedad civil es un elemento crucial de las propuestas alternativas. Frente al Estado neoliberal, sometido, sin proyecto y sin espacio nacional ni popular y frente al viejo Estado oligárquico y/o dictatorial del grupo de poder dominante, se requiere el Estado de la Sociedad Civil.

Valoración crítica de la ciencia y la tecnología

La ciencia y la tecnología son producto de las relaciones sociales y de las relaciones de poder. Por tanto, aceptar la tecnología dominante no es aceptar un hecho positivo ni democrático, sino un hecho impuesto. La democratización de la ciencia y la tecnología es una necesidad de la equidad y el desarrollo. En este sentido, el papel de las universidades y de la educación superior técnica es un elemento no suficientemente valorado en el pensamiento alternativo latinoamericano.

Por otro lado, el proyecto neoliberal pretende privatizar y mercantilizar la educación superior, de forma que ésta responda a los lineamientos del mercado, perdiendo su capacidad de conciencia crítica. En este sentido, la recuperación de la Universidad como parte de un proyecto democrático y popular es uno de los pre-requisitos de la década de los 90. En un mundo sin horizonte y en una geo-cultura de la desesperación, el papel de la juventud universitaria vuelve a ocupar en América Latina el papel que históricamente tuvo en los momentos más críticos de su historia.

Crisis de civilización

El modelo de sociedad y la civilización de los países del Norte no es universalizable. Si las pautas de consumo y de superdesarrollo del Norte fuesen asumidas por las mayorías del Sur, esto provocaría un suicidio colectivo. Existe un límite ecológico y un límite democrático. El límite ecológico es cada día visualizado con mayor dramatismo. Rigoberta Menchú, Nobel de la Paz 1992, hija de una cultura - la maya - estrechamente vinculada a la tierra, dijo en una de sus primeras declaraciones después de ser premiada: "Si no tenemos paz con nuestra madre tierra no viviremos mucho tiempo, pues el hombre no manda en la naturaleza sino que la naturaleza rige la vida de la humanidad". El actual modelo de sociedad exige el darwinismo económico, que implica la exclusión de una mayoría sustancial de la población mundial, que se convierte en superflua. Y es inviable para muchos países, que por razones de recursos humanos o naturales no tienen capacidad de competir en los términos determinados por el mercado mundial.

Esta civilización no es democrática, pues exige una democracia restringida para la mayoría de la humanidad. Con ella, la paz seguirá siendo una quimera, porque "el desarrollo es el nuevo nombre de la paz" (Pablo VI) y el derecho al desarrollo es un derecho fundamental proclamado por las Naciones Unidas para todos. Paz y Desarrollo cada vez menos alcanzables por la mayoría, como se ha podido comprobar estadísticamente en los últimos informes de Naciones Unidas y del propio Banco Mundial.

La actual civilización está plagada de antagonismos

La civilización actual es también una civilización antagónica. Confronta al Norte con el Sur; al Desarrollo con la Naturaleza; a la Ciencia con la Cultura; al Hombre con la Mujer; al Presente con el Futuro. Confronta las razas y la biodiversidad genética y cultural, haciendo de la competitividad un principio polarizante y alienante que impide concretar un proyecto de sociedad y desarrollo integrado. Una civilización antagónica no puede ser la civilización del futuro en una aldea global. Las alianzas de intereses y de valores comunes, para enfrentar las amenazas comunes del ciudadano planetario de la megápolis, requieren una civilización y cultura del consenso y de la integración de la diversidad en una conciencia de democracia global. "Las aflicciones humanas del Norte y las privaciones humanas del Sur" que señala el informe de Naciones Unidas, son parte de esta crisis de civilización.

¿Será posible que este mundo de diversidades culturales, políticas y de urgencias económicas que afectan la sobrevivencia, pueda pensar y actuar globalmente desde las diferentes realidades locales, para construir conjuntamente una nueva comunidad mundial? ¿Es sólo el capital y su lógica el único que tiene capacidad de trascender estas diferencias, proponer y crear un sistema mundial? ¿No existe otra lógica capaz de provocar y convocar a la humanidad en su conjunto a un proyecto de comunidad más humana?

Frente a este reto civilizatorio, dos lógicas y culturas contradictorias se enfrentan, resumidas agudamente por Marcos Arruda: La lógica de el que tiene es y la lógica de el que es tiene. La lógica del tener o la lógica del ser, vieja contradicción que se levanta de nuevo con una radicalidad fundamental ante la gravedad de la crisis.

El drama de nuestra generación es que carecemos de propuesta para responder a esta pregunta. Quizás nuestro aporte sea el de levantar esta pregunta y recuperar con ella la pregunta histórica del 21 de diciembre de 1511 en aquel Grito de La Española, lanzado por el dominico Antonio de Montesinos: "¿Con qué autoridad, con qué justicia?". Montesinos se preguntaba por la legitimidad de la Conquista, incluso confrontando la Bula Papal. Hoy tenemos que preguntarnos por la legitimidad de un sistema establecido hace 500 años, que reproduce la asimetría y la violación del derecho fundamental a la vida. "¿Es que éstos no son hombres?", exclamaba Montesinos ante las autoridades españolas. Esta pregunta, en nombre de los mil millones de seres humanos que viven en estado de pobreza, es la pregunta fundamental que el Sur debe recuperar en 1992.

Recuperar la cultura de resistencia

Necesitamos recuperar las preguntas de 1511 y las preguntas mal respondidas de 1917. El socialismo estatista no supo ni pudo responder a la pregunta genuina que buscaba la democracia económica, la igualdad ciudadana y la equidad en la relación entre pueblos y naciones. La avalancha actual tiende a aumentar el abismo y la brecha entre los ciudadanos de esta ciudad global que es el mundo de 1992, al tiempo que pretende eliminar toda pregunta sobre el sistema. Por tanto, la primera mediación que se requiere es una cultura de la pregunta y la resistencia frente a esta geo-cultura de la desesperación y la inevitabilidad.

Cultura de resistencia que transmitió el Popol Vuh, libro sagrado de pueblo maya-quiché.

"Arrancaron nuestros frutos,
cortaron nuestras ramas,
quemaron nuestros troncos,
pero no pudieron nunca matar
nuestras raíces", dice el
Popol Vuh.

Esta cultura de resistencia implica también una cultura de la vergüenza. Pocas veces la humanidad debería sentirse mas avergonzada que ahora, ante una pobreza creciente, en un mundo de abundancia y en plena revolución tecnológica.

La recuperación de la memoria histórica y de la cultura de resistencia acumulada en la historia de la humanidad, es parte de la raíz de una alternativa a esta crisis geo-cultural.

La visión del futuro, la actual necesidad histórica de una alternativa, me golpearon con fuerza caminando por las calles de La Habana vieja, angustiado por la dramática situación del pueblo cubano ante el acoso inmisericorde y violador de todo derecho al que somete a la isla el imperio norteramericano. Agresión antidemocrática, que no hace más que aumentar las actitudes defensivas del gobierno cubano. En una pared de un convento colonial encontré una frase desconocida para mí de José Martí, que me golpeó como un salmo profético: "Por el amor se ve, con el amor se ve, el amor es quien ve. Espíritu sin amor no puede ver".

Por una Internacional de la Vida

Esta capacidad de ver, de preguntarse radicalmente, hasta la raíz, es la actitud imprescindible para pensar alternativamente. Preguntarse como Eduardo Galeano: "El Oeste ha sacrificado la justicia en nombre de la libertad en el altar de la divina productividad. El Este ha sacrificado la libertad en nombre de la justicia en el mismo altar. El Sur se pregunta si tal dios merece el sacrificio de nuestras vidas".

Tipo de preguntas como las que nos provoca también el genio de Albert Einstein cuando calificaba a nuestra civilización como "la civilización de la perfección en los medios y la confusión en los objetivos". Esta capacidad de preguntarse es la que provocó el asesinato de mi hermano y colega Ignacio Ellacuría en la UCA de El Salvador, cuando manifestaba que "el opresor es incapaz de descubrir la opresión, siendo el oprimido el que descubre al opresor. La verdadera realidad del opresor sólo se puede ver desde el oprimido". ¿Es la geo-cultura del Sur la única raíz civilizadora universalizable en un mundo global? ¿Es la Internacional de la Vida, la única internacional civilizadora?

A los 500 años de la conquista de América, los movimientos indígenas, afro-americanos, las organizaciones de mujeres, ecológicas, las de los pobladores, las comunidades cristianas de base, el movimiento universitario y estudiantil, portan esta pregunta colgada de sus diversas esperanzas. La expansión de movimientos culturales, sociales, económicos e intelectuales han creado un tejido social nuevo en América Latina, incluso en estos tiempos del cólera, del sida, de la droga y del desastre ecológico. ¿Cómo canalizar esa protesta en propuestas alternativas, pragmáticamente audaces es el reto para cualquier digna conmemoración de los 500 años?

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