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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 369 | Diciembre 2012
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El Salvador

Hay jóvenes que quieren transformar el país

En El Salvador se está iniciando una nueva institucionalidad para fomentar la participación de la juventud. Le falta todavía un trecho para estar a la altura de ese objetivo. Mientras esto se logra, ya hay expresiones de organizaciones juveniles de izquierda decididas a cambiar las estructuras injustas que han heredado. Luchan contra la cultura dominante, contra la despolitización, contra la dispersión. Luchan con ánimo para transformar su país. Se saben también herederos de una historia de resistencia.

Elaine Freedman

Un movimiento juvenil nacional, radicado en los sectores populares y capaz de dinamizar la participación activa de la juventud en la lucha por resolver sus necesidades inmediatas y estratégicas es, sin duda, una necesidad en el país en estos momentos. Los problemas principales identificados por la población salvadoreña en las últimas encuestas del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP-UCA) son el desempleo, el alto costo de la vida y la inseguridad ciudadana. Todos afectan proporcionalmente más a la juventud. Una sociedad que habla de dar pasos a favor de la juventud, y recién inicia la creación de toda una institucionalidad para fomentar su participación y beneficiarla, dista aún de realizar ese objetivo.

UNA HISTORIA PRIVILEGIADA

La juventud de El Salvador cuenta con un importante legado histórico. En 1927, un grupo de estudiantes universitarios, incluyendo a los revolucionarios asesinados en 1932 -Farabundo Martí, Alfonso Luna y Mario Zapata- fundaron la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS). La AGEUS de aquellos años fue un motor de la movilización obrera y campesina, unida a la Federación Regional de Trabajadores Salvadoreños (FRTS). Al igual que el conjunto del movimiento popular salvadoreño, la organización estudiantil fue despedazada durante la masacre de 1932 y paralizada durante los doce años de la dictadura del General Maximiliano Hernández Martínez.

En abril de 1944 un sector del ejército, con el apoyo de la oposición “ciudadana” anti-dictatorial -sectores de la burguesía y pequeña burguesía, incluyendo un grupo importante de estudiantes-, se levantó en armas contra Martínez, pero fueron aplastados. Un mes después se formó el Comité de Huelga en la Universidad Nacional. El recién fallecido luchador, Fabio Castillo, relató a Rufino Quezada: “Los estudiantes fueron convocados a una reunión ampliada, aunque no como AGEUS, sino como movimiento estudiantil. En esta reunión se eligió al núcleo que designaría al Comité de Huelga. Luego de ser designado el Comité sus miembros pasaron a la clandestinidad”. El narrador fue miembro de este Comité, que dirigió la “huelga de brazos caídos” con la que se puso fin a la dictadura del General Martínez.

La juventud jugó un papel definitivo en la lucha de liberación de los años 70 y 80. Organizaciones de estudiantes de secundaria, como el Movimiento de Estudiantes Revolucionarios (MERS) la Asociación de Estudiantes Salvadoreños (AES), el Frente Revolucionario Estudiantil Luis Moreno (FRELM), la Asociación Revolucionaria de Estudiantes de Secundaria (ADRES) y las Brigadas Revolucionarias de Estudiantes de Secundaria (BRES), asumieron en los años 70 un rol de liderazgo indiscutible en la aceleración de las luchas populares. En los 80, aportaron una cuota significativa de cuadros político-militares al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) durante los años de la guerra. Las organizaciones universitarias brotaron con el avance de las organizaciones político-militares. El Frente Universitario de Estudiantes Revolucionarios “Salvador Allende” (FUERSA), los Universitarios Revolucionarios Salvadoreños “19 de julio”, el Frente de Acción Universitaria (FAU) y las “Ligas de Liberación” convirtieron la Universidad Nacional de El Salvador en hogar de todo el movimiento popular, cerrando brechas entre estudiantado, campesinos, obreros y vendedores de los mercados.

¿CÓMO VIVE HOY LA JUVENTUD?

Hoy, 1 millón 788 mil 74 jóvenes entre 15 y 29 años constituyen el 28% de la población salvadoreña y una cuarta parte de la población económicamente activa. El estudio “Identidades, prácticas y expectativas juveniles al inicio del Siglo 21” (FLACSO, 2011) informa de una escolaridad promedio de sexto grado y en la zona rural de cuarto grado. La Encuesta Nacional de Juventud (2008) muestra que sólo el 9.8% accede a estudios superiores. Si bien la cobertura educativa a nivel nacional es superior al 90% de la población en edad escolar, en el área rural la deserción alcanza el 50%. El índice de analfabetismo es de 9.2% en el área urbana y de 22.7% en el área rural. Un estudio realizado por Manpower Group (2012) informa que la tasa de desempleo en El Salvador es de 6.6%. En la juventud asciende al 10.7%. El estudio registra a 240 mil jóvenes como “ninis”: ni estudian ni trabajan, el 40% son mujeres.

En el primer semestre de 2012, fueron 656 jóvenes las víctimas de homicidios, el 89% eran hombres (INJUVE, 2012).
Representaron el 42% de los homicidios cometidos durante esos seis meses. En los feminicidios, las mujeres entre
10 y 29 años ocupan el primer lugar (ORMUSA).

CIMIENTOS DE INSTITUCIONALIDAD

En el año 2011 la entonces Dirección Nacional de Juventud realizó una consulta, involucrando a 7 mil 820 jóvenes de todo el país para diseñar la actual política de juventud. Los principales problemas de la juventud identificados en la consulta fueron desempleo y pobreza en primer lugar, inseguridad y violencia en segundo lugar y el escasísimo acceso a la educación media y superior, así como el alcoholismo y la drogadicción, en tercer lugar.

“Podemos exigir que se apruebe una ley de juventud en la cual se diga claramente cuáles son las obligaciones del Estado para con las jóvenes y con los jóvenes, para de esa manera mejorar la calidad de vida de todos.” Así lo planteó el joven Luis González, de la Juventud Romerista, en el libro Retos de la Juventud Mesoamericana en el Siglo 21 (Coordinadora Mesoamericana de Juventud, 2007). Cinco años después, los cimientos de la institucionalidad que exigió González ya están montados. Existe en El Salvador una Política Nacional de Juventud, una Ley General de Juventud y el Instituto Nacional de Juventud. Y están en construcción las Redes de Juventud Municipales y el Consejo de la Persona Joven.

La aprobación de una Ley General de Juventud fue fruto de una batalla que duró diez años. La ley plantea favorecer la participación política, social, cultural y económica de la juventud en condiciones de igualdad. Establece principios que regirán las políticas públicas a favor de la juventud salvadoreña y da sustento legal para la creación del Instituto Nacional de la Juventud. Miguel Pereira, director del INJUVE, el funcionario más joven del gobierno actual, con 27 años, dice: “La ley era estratégica porque sabíamos que lo que estábamos haciendo en materia de juventud al entrar en el gobierno estaba en un hilo muy delgado al terminar el período de esta administración”.

El Instituto Nacional de la Juventud funciona como una coordinación inter-ministerial para articular esfuerzos en materia de empleo, salud, medioambiente, prevención de la violencia, educación, deporte y cultura. Su junta directiva está formada por siete ministros de gobierno y su estructura operativa implementa programas en las diferentes áreas designadas. Actualmente apoya la legalización de organizaciones juveniles para que sean incluidas en un registro nacional que será la base para formar el Consejo de la Persona Joven, un ente con representación territorial de las organizaciones juveniles registradas. Pereira espera que el Consejo se constituya antes de finalizar 2013. El Consejo de la Persona Joven estará conformado por 8 organizaciones juveniles, de las cuáles 3 entrarán a formar parte de la junta directiva del Instituto, con voz y voto.

FALTA VER CÓMO SE CONCRETA

Saúl Alfaro, de la Red Juvenil Cihuatán; Francisco Rodríguez, del Frente Estudiantil Salvadoreño Jorge Arias Gómez y miembro de la coordinación de la Juventud Popular; y Gabriel Rodríguez, del Bloque Popular Juvenil, coinciden en que la incipiente institucionalidad representa una apertura y es un primer paso para promover la participación juvenil en la toma de decisiones que les afectan, y en que también presenta debilidades que desmotivan a la gente joven. Entre las debilidades, señalan la participación como empleados del INJUVE de jóvenes que no representan a ninguna organización. Ven como un riesgo la posibilidad de que representen una posición solamente institucional y no respondan a alguna reivindicación sectorial. Otro riesgo que identifican es que la participación juvenil sea sólo simbólica, ya que los representantes que se integrarán a la Junta Directiva del INJUVE serán minoría y no tendrán todos los recursos con que cuentan los directivos ministeriales para respaldar sus posiciones.

El requisito de que las organizaciones juveniles se legalicen para inscribirse en el INJUVE ha sido un punto de discordia desde el proceso de aprobación de la ley y lo sigue siendo. José Margarito Nolasco, Secretario Nacional de la Juventud del FMLN y diputado suplente, comparte la valoración de Pereira de que este requisito no se corresponde con la realidad organizativa ni financiera de las agrupaciones juveniles. Además, señala que se corre el riesgo de favorecer la desnaturalización de estas organizaciones con procesos de “oenegización”. A lo que se aspiraba era a que el INJUVE diera un reconocimiento “de hecho” a las organizaciones, pero las otras fracciones legislativas se impusieron y lo más que se pudo conseguir fueron ciertas facilidades para gestionar la personería jurídica con trámites más ágiles y un fondo del INJUVE para financiar algunos procesos de legalización. Actualmente, veinte organizaciones juveniles se encuentran en este proceso.

Aunque la construcción de una institucionalidad estatal a favor de la juventud es bienvenida y es un signo de buenas intenciones y de esperanza, falta ver cómo termina de concretarse para medir su verdadera utilidad como herramienta al servicio de la gente joven más necesitada.

VIOLENCIA, SUMISIÓN,
CONSUMISMO, INDIVIDUALISMO...

Los rasgos culturales de una sociedad marcan el pensamiento, las actitudes y los comportamientos individuales y colectivos de la juventud. Y cómo en cualquier sociedad dividida en clases, las ideas que dominan son las de la clase dominante.

En primer lugar, resalta la cultura de la violencia y del autoritarismo, cuyas raíces históricas se encuentran en el modelo económico y en el régimen político oligárquico. Esto se expresa en relaciones de poder autoritarias y en la forma de resolver los conflictos. La otra cara de esta moneda es la cultura del sometimiento, enraizada en la historia de conquista/colonia y en la íntima relación que han tenido, y siguen teniendo, los gobiernos de turno con el imperialismo estadounidense. Los síntomas son la pasividad, el conformismo y la sumisión, que suelen ir de la mano con la baja autoestima individual y colectiva.

El segundo gran rasgo cultural que predomina en la vida cotidiana de la juventud es la cultura del consumismo. Las campañas publicitarias dirigidas por la gran empresa privada fomentando un mercado para bienes que no son de primera necesidad ha creado una cultura del consumismo, basada en la idea de que “tener es ser”.

Vinculado a este rasgo cultural está el peso de la emigración como un factor que ha incidido en la identidad y en la cultura juvenil. Ha convertido el ser “salvadoreño” en una identidad sin fronteras. Ha hecho de las remesas el motor que sostiene la economía del país, lo que retroalimenta la cultura del consumismo y reconfigura la identidad que ante el trabajo tienen quienes reciben remesas. El flujo migratorio creció en un 22.8% entre 2004 y 2010. Aunque parece que la tendencia es de mantenimiento y no de crecimiento, la emigración y las remesas seguirán pesando en la identidad juvenil durante mucho tiempo.

También pesa el acceso de buena parte de la población juvenil urbana y de una minoría significativa de la juventud rural a la cibertecnología, que les ha introducido la cultura de las redes sociales (Facebook, Twitter). Aunque la tecnología no es fuente de individualismo, sí refleja y retroalimenta ese pilar de la sociedad salvadoreña. En este ámbito, la cotidianidad, tradicionalmente relegada a la vida privada, se hace pública y lo íntimo se vuelve del dominio social. Las redes sociales amplían las relaciones entre personas “reales” a través de un medio que no es físico y replantean la relación entre la “cercanía geográfica” con la “cercanía relacional”. La delincuencia como eje de acumulación capitalista en el mundo, en América Latina y en El Salvador tiene también sus repercusiones culturales. Fomenta una cultura marcada por el “sálvese como pueda”, la impotencia y la inseguridad.

Finalmente, se ha profundizado una gran distancia entre la generación que vivió y/o participó en la guerra y quienes nacieron después y sólo conocen esa historia de oídas. La juventud de hoy nació en un país, estructuralmente igual al de sus padres y abuelos, pero distinto en la formación económico-social y en el régimen político. Aunque también retoman elementos de la cultura de resistencia, que ha dejado su sello en todas las generaciones salvadoreñas, las expresiones de hoy ya son distintas y suelen reflejar, y también agrandar, la brecha generacional.

Ninguna de estas expresiones de la cultura hegemónica propicia la organización juvenil, mucho menos para un proyecto de transformación estructural de la sociedad. Obligan a la juventud a desarrollar esfuerzos organizativos con una gran dosis de creatividad para contrarrestarlas.

¿JUVENTUD O JUVENTUDES?

“La juventud” no es un sector homogéneo. Bien apunta Roy Arias Cruz cuando afirma que este sector, “depende del contexto histórico-social y se cruza entre otros con variables como el género, la clase social, el grupo étnico y la generación”. Además, la juventud se distingue de otros sectores sociales por estar en constante relevo generacional. Las personas pertenecen al sector juventud durante unos diez años, mientras que pertenecen a otros sectores, relacionados con su identidad de género o de clase, a lo largo de toda su vida. Esto nos obliga a ver rostros más específicos en la juventud y a estar conscientes de las limitaciones que tienen las categorías que utilizamos para crear una imagen fiel de la realidad.

La construcción social de la juventud, aunque tiende a homogenizar a la población joven, también tiene imágenes, expectativas y mandatos diferentes para hombres y mujeres, para jóvenes rurales y jóvenes urbanos, para jóvenes pobres y jóvenes ricos. En la población masculina, por ejemplo, la independencia económica es un criterio que distingue el paso de la juventud a la adultez, pero para las mujeres no es igual, porque buena parte de ellas pasan toda su vida sin nunca gozar de independencia económica, ni siquiera planteándosela como una meta. Para las jóvenes estar soltera, acompañada o casada o la maternidad, suele ser lo que marca ese paso de la juventud a la adultez. Obviamente, todo esto condiciona a las jóvenes y a los jóvenes y establece los intereses que pueden movilizar o paralizar un proceso de organización sectorial. Todo esto nos obliga a hablar de “juventudes” y no de “juventud”.

ORGANIZACIÓN JUVENIL POPULAR

¿Qué ha quedado de una juventud que fue motor de las luchas por la transformación estructural de El Salvador en los años 70 y 80?

Recientes investigaciones, como la de FLACSO (2011), demuestran que la gran mayoría de jóvenes que se organizan en algún esfuerzo asociativo participan en organizaciones de tipo religioso (evangélicas) y deportivo. Según el estudio, no han sido educados para la participación y la organización y sus asociaciones son dirigidas por adultos o son adultos quienes tienen el poder de decidir.

Sólo un 3.3% de la población joven manifiesta pertenecer a una organización política o partidaria. El 23.6% se define de “izquierda” el 16% “de derecha”. Esto permite suponer que la organización juvenil política es mayoritariamente de orientación izquierdista y busca una transformación de la sociedad.

La Universidad de El Salvador sigue siendo el centro de organización juvenil de izquierda. Y la Juventud del FMLN es la que organiza y moviliza a más jóvenes comprometidos con el proyecto histórico de las clases populares. Existen esfuerzos de coordinación nacional, como la Juventud Popular o el Movimiento Juvenil por la Vida. También algunos esfuerzos locales como la Red Cihuatán Juvenil, el Frente de Organizaciones Juveniles de Arambala o el Movimiento Juvenil Romerista y otros. En el Área Metropolitana de San Salvador concentran sus esfuerzos la Alternativa Juvenil Comunitaria y el Bloque Popular Juvenil, aunque desarrollan esfuerzos de expansión más allá de la capital.

Estas organizaciones toman distancia de las grandes redes de organización juvenil que predominan en las esferas
deI INJUVE, la Coordinadora Intersectorial Pro Juventudes de El Salvador (CIPJES) y la Plataforma Nacional de Juventudes de El Salvador (PLANJES). Por dos razones. En primer lugar, por considerarlas demasiado plegadas a la agenda de la cooperación internacional que las financia y acompaña. En segundo lugar, porque valoran que su interés de “articular todos los esfuerzos existentes de jóvenes y para jóvenes para el mejoramiento de la calidad de vida de las juventudes de nuestro país y la inclusión social como actores del desarrollo” (PLANJES), les inhabilita para tomar partido a favor de transformaciones que beneficien a los sectores populares, porque perjudicarían el interés de jóvenes de las clases dominantes.

Rechazan tajantemente a organizaciones juveniles como CREO, cuyo presidente es Marcos Llach, hijo del oligarca Roberto Llach Hill y cuñado de Alfredo Cristiani, que trabaja de la mano con la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) que recibe fondos de la USAID y del Cato Institute. Igualmente, desenmascaran a “Los Indignados”, quienes retoman el nombre del movimiento español que ha movilizado a miles y miles de jóvenes contra el neoliberalismo, pero encarnan enfoques de la derecha salvadoreña. “Han querido importar esto para atacar a los partidos políticos, y en particular al FMLN, desnaturalizando la idea original del movimiento” comenta Nolasco, Secretario de Juventud del FMLN.

¿POR QUÉ LUCHA LA JUVENTUD DE IZQUIERDA?

Las luchas de las organizaciones juveniles tienen en su centro reivindicaciones habituales: educación, empleo, no discriminación y acceso a la cultura. Sus miembros también se suman a las luchas del movimiento popular: por una reforma fiscal, contra el alto costo de la vida y también a la lucha electoral.

Rodríguez, del Bloque Popular Juvenil, describe la disyuntiva de las organizaciones que apoyan al gobierno de Funes y al mismo tiempo reivindican expectativas no cumplidas: “Nos desmarcamos del gobierno de una forma particular, sin romper con él. Esperamos que haya un cumplimiento de nuestras exigencias. Queremos un gobierno de izquierda con un programa de izquierda”.

Organizaciones como la Juventud Popular han sido acuciosas en identificar el papel de las clases dominantes en el incumplimiento de sus reivindicaciones para afilar sus luchas. Luchan por el aumento del presupuesto universitario para mejorar la calidad educativa y por el derecho de los bachilleres a una educación universitaria, ya que por cada 80 mil jóvenes que se gradúan de bachillerato anualmente, sólo hay unos 9,500 cupos en la Universidad pública. Identifican a la empresa privada como responsable del presupuesto, enfatizando que evade más de 1 mil 617 millones de dólares anualmente por no pagar impuestos. Sus marchas no han tenido como destino solamente la Asamblea Legislativa, también la sede de la ANEP (Asociación Nacional de la Empresa Privada).

En el caso de organizaciones locales como la Red Juvenil Cihuatán, la incidencia política sigue siendo una herramienta de cambio que emplean luchando por reivindicaciones específicas: Ganar presencia en estructuras como los Consejos Municipales y garantizar ejercicios como los presupuestos participativos en las partidas municipales de “juventud” les ha permitido lograr algunas victorias que animan a sus integrantes a participar en luchas de más largo plazo y de mayor alcance.

TAREA PRINCIPAL:
GENERAR CONCIENCIA

La Red Juvenil Cihuatán, la Juventud Popular, el Bloque Popular Juvenil y la Secretaría Nacional de Juventud del FMLN coinciden en que su tarea principal en este período es generar conciencia en la juventud sobre las raíces estructurales de sus problemas y la necesidad de luchar por su transformación.

En todos los casos, una escuela de formación política que enfatice los fundamentos de la economía política y de la organización popular es de rigor para su militancia. También lo es involucrarse en actividades concretas que no sólo brinden beneficios a la comunidad, sino que contribuyen a crear en los jóvenes valores de solidaridad y compromiso con los sectores más necesitados. En este afán, la Secretaria de Juventud del FMLN involucra a su militancia joven en tareas de alfabetización y varias organizaciones estudiantiles universitarias envían a sus miembros a apoyar esfuerzos comunitarios.

Casi todas las organizaciones salvadoreñas se dedican a trabajar con jóvenes no organizados para atraerlos a sus colectivos y “quitarles el velo que no les permite ver la realidad”. Para eso emplean los métodos más variados, desde festivales artístico-culturales y torneos deportivos hasta formación en áreas como comunicación participativa y técnicas radiofónicas o de video. José Margarito Nolasco aclara que, en cualquiera de estos espacios, el mensaje busca evidenciar las causas estructurales de los problemas cotidianos que la juventud enfrenta.

“Nosotros tenemos gente capacitada en la batucada y con esa gente damos clases de batucada en la universidad y también en algunas comunidades -dice Francisco Rodríguez, del Frente Estudiantil Salvadoreño Jorge Arias Gómez-. Cuando empezamos a estudiar los ritmos, vamos viendo de dónde surgen. Los jóvenes ya identifican a Brasil como cuna de la batucada. Esto nos da para hablar de quiénes en Brasil la inventaron y comenzamos a hablar sobre la esclavitud. Todo trabajo cultural nos permite identificar a qué intereses respondemos para ir fomentando la identidad de clase”.

¿CÓMO POLITIZAR A LA JUVENTUD?

El principal reto de las organizaciones juveniles es acercarse al 46.1% de la población juvenil, que expresó no tener “ninguna” definición política en el estudio que realizó FLACSO y propiciar condiciones para que ésta se defina a favor de sus intereses sectoriales y de clase.

Esto implica construir contrahegemonía respecto a las ideas dominantes de la sociedad, las que permean y orientan las culturas juveniles. Nolasco enfatiza que esto lleva a “reconocer y valorar nuestras raíces y a distanciarnos del consumismo”. Se trata de rescatar la cultura de la resistencia salvadoreña y latinoamericana y, por eso, muchas organizaciones buscan adentrarse en el terreno de la memoria histórica.

La Red Juvenil Cihuatán y la Juventud Popular ponen énfasis en la necesidad de hacerse de medios de comunicación comunitarios que les permitan enviar mensajes alternativos a la juventud, involucrándola a la vez en la producción de esos mensajes. Creen también que las redes sociales son un campo de trabajo importante en la lucha de ideas, principalmente aunque no exclusivamente, en los escenarios urbanos. Construir contrahegemonia también implica involucrar a jóvenes en la producción económica, no sólo para resolver sus necesidades materiales, sino también para ir erradicando la pasividad y el acomodamiento implícito en la cultura de las remesas.

Alfaro, de la Red Juvenil Cihuatán, coincide con Nolasco en que es importante ir cambiando la imagen que tienen los jóvenes de la política. Siglos de corrupción y embuste han dejado un saldo negativo: el 88.8% de la gente joven encuestada por FLACSO considera a los políticos poco o nada atractivos como para querer parecerse a ellos. Obviamente, es tarea de los políticos, no de la juventud, cambiar esa imagen con hechos concretos. Pero, dado que la derecha, a través de los Aliados por la Democracia, ha montado una campaña contra todos los partidos políticos para restar apoyo al FMLN, la primera fuerza política del país, es de interés del bloque de izquierda desenmascarar la campaña e involucrar a la juventud en la lucha electoral.

AÚN DISPERSOS Y DIVIDIDOS

Finalmente, como todo el movimiento popular, las organizaciones juveniles que luchan por la transformación social tienen el reto de superar la dispersión y el divisionismo que les impide sumar. Un ejemplo de esto es la Universidad de El Salvador, donde menos del 3% de sus 60 mil estudiantes están divididos entre aproximadamente 60 asociaciones y frentes estudiantiles. Es llamativo que entre las mismas organizaciones juveniles comprometidas con un proyecto político común muchas ni se conocen ni se reconocen.

Esfuerzos recientes como la Coordinadora Estudiantil Salvadoreña, que agrupa a organizaciones estudiantiles “para la transformación de la universidad, para que se convierta en una institución pública, gratuita, de calidad educativa y que esté a favor del pueblo”; el Movimiento Juvenil por la Vida, que agrupa a una serie de organizaciones juveniles dispersas alrededor del tema de su identidad histórica; y la Juventud Popular, que vincula a organizaciones estudiantiles de la ciudad con agrupaciones rurales, son un avance en esta dirección, puesto que hace unos años no se veía este tipo de articulación.

Esfuerzos como la Red Juvenil Cihuatán, que mantiene un vínculo orgánico con otras organizaciones del movimiento popular y que, al mismo tiempo tiene cierta autonomía, facilitada por el hecho de que sus vínculos múltiples les permiten ser más que “el ala juvenil” de una organización popular, aporta nuevas modalidades para combatir
la dispersión.

EN BUSCA DE UN SUEÑO

La juventud salvadoreña alberga la esperanza razonada de estar todavía en una etapa germinal y le entusiasma aportar dinamismo a la lucha por construir una nueva sociedad. Hace catorce años Silvio Rodríguez cantó en su estilo inconfundible “En busca de un sueño se acerca este joven, en busca de un sueño van generaciones, en busca de un sueño hermoso y rebelde”. La juventud organizada de El Salvador tiene también un estilo inconfundible: evidencian con hechos que su generación no será la excepción.

EDUCADORA POPULAR. CORRESPONSAL DE ENVÍO EN EL SALVADOR.

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