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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 361 | Abril 2012
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Nicaragua

¿Pláticas, negociación, componenda, pacto, diálogo nacional?

¿Qué nombre darle a los acercamientos que un sector de la oposición política viene buscando con el gobierno? Son variadas las etiquetas con que los califican quienes los proponen y quienes los denuncian y rechazan, mientras el gobierno ni los nombra y espera, aparentemente impasible. Hasta que no se desarrollen y, sobre todo, hasta que no se vean los resultados, no sabremos qué nombre le pondremos a lo que va a ocurrir.

Equipo Envío

Después de la agitación indignada que vivió la poblaciónopositora y la oposición organizada tras el fraude electoral, pareció que el gobierno lograba imponer en el país el acomodamiento y la resignación. ¿Es sólo apariencia? El partido de gobierno es consciente de su ilegitimidad internacional y conoce el horizonte de grandes incertidumbres que le esperan en el corto plazo. ¿Y la oposición? ¿Busca qué hacer para hacerle pagar el precio de su ilegitimidad o sólo pretende contribuir a que todo quede en el olvido?

ESCENARIO DEL DIÁLOGO

Mientras mantiene un férreo control e impone el silencio a sus bases partidarias, el discurso del gobierno insiste en dos aspectos. Se ufana de los avances del país en aspectos de la macroeconomía: una cifra récord de exportaciones -significativa en algunos rubros, aunque sobre todo de productos tradicionales y récord por el buen precio internacional de esos productos- y otra cifra récord de inversión extranjera, de influencia limitada en la generación de empleos -como sucede en el caso de los proyectos energéticos- y sin saber el peso que tienen en ese récord los proyectos de la cooperación venezolana, por falta de información específica sobre ellos.

La propaganda oficial insiste también en el clima de armonía que reina en el país -un país que describe de raíces cristianas, de ideales socialistas y de prácticas solidarias- y brinda continuamente cifras de los programas sociales que financia con la cooperación venezolana: plan techo, bonos solidarios, bonos productivos, créditos a usura cero, paquetes alimentarios…

El discurso oficial genera expectativas (“a ver qué más nos dan”, “a ver qué nos toca a nosotros”), que el gobierno no logra satisfacer, y nunca se refiere a la crudeza de los problemas nacionales: desempleo, aumento continuo del costo de la vida por el alza semanal de los combustibles, cada vez más limitada capacidad de los salarios, auge de la delincuencia con cárceles saturadas, aumento del consumo de drogas, emigración imparable.

Es un discurso que ha empezado a mostrar sus límites. Comienzan a surgir conflictos sociales: tranques en carreteras y caminos, por prestaciones no cumplidas, por agua, por caminos, protestas en zonas francas, tomas de tierras, usuarios del transporte interurbano en rebeldía ante transportistas afectados por el alto costo de la gasolina…Crece el número de quienes se perciben indefensos ante las instituciones y el de quienes comprueban las desigualdades evidentes entre quienes viven a la sombra del gobierno y quienes sobreviven a pleno sol.

Es en un escenario de crisis de la institucionalidad política y de un aún sordo pero balbuceante malestar social en el que se sitúan los acercamientos de un sector de la oposición al gobierno.

TRES FECHAS ELECTORALES

En el escenario de una eventual negociación, sea del alcance que sea, hay otros aspectos que ni un sector de la oposición, ni la oposición en su conjunto, ni el gobierno pueden dejar de tener en cuenta. Todos son de naturaleza electoral y todos pesarán pronto en lo que ocurra o deje de ocurrir por tener horario y fecha en el calendario.

El domingo 4 de noviembre deben celebrarse en Nicaragua elecciones municipales. El colapso del sistema electoral, tras tres fraudes consecutivos (2008, 2009 y 2011) y los señalamientos y recomendaciones que los observadores electorales nacionales e internacionales (OEA y Unión Europea) han hecho sobre el desarrollo de estas tres elecciones, especialmente la más reciente, demandarían del gobierno alguna rectificación si quiere recuperar alguna legitimidad tanto fuera como dentro del país, si quiere que las elecciones municipales de noviembre no añadan más brasas al fuego.

¿Hay tiempo antes de noviembre para decidir, hacer y lograr rectificaciones de fondo? ¿Se celebrarán las elecciones o se pospondrán? No existe aún convocatoria oficial. ¿Señal de que gobierno y oposición negociarán su aplazamiento?

El martes 6 de noviembre se celebran elecciones presidenciales en Estados Unidos. Y el bando republicano que desafiará a Obama, que busca su reelección, tiene puesto el ojo en la crisis electoral e institucional de Nicaragua y no ha cesado de enviar señales de su avidez en sancionar, no sólo retóricamente sino económicamente, al gobierno de Ortega. También hay senadores y representantes demócratas que respaldan esas duras posiciones. La preocupación de Estados Unidos por el bloque del ALBA ha despertado interés por lo que ocurre en Nicaragua, un país irrelevante durante años para Washington.

Antes de estos dos comicios, el domingo 7 de octubre se celebrarán elecciones presidenciales en Venezuela, a las que se llega en un ambiente tenso por la delicada salud del Presidente y candidato Hugo Chávez y porque, por primera vez en trece años, Chávez competirá con una oposición unida, en torno a Henrique Capriles. De cómo llegue Chávez a esas elecciones, de que llegue -pues parece por sus propias expresiones que ya conoce el plazo que le dan de vida- y de que las gane -él o su sucesor designado- dependen bastantes cosas en Nicaragua.

ORTEGA SIN CHÁVEZ

Sin que el Presidente Ortega diera ninguna señal pública de querer platicar o negociar, fue un sector de la oposición política el que puso públicamente el tema en la agenda nacional.

¿Por qué negociaría Ortega con la Alianza PLI, el grupo que hoy representa a la oposición organizada políticamente? Lo haría para recuperar alguna legitimidad y en previsión de las situaciones críticas que se le pudieran presentar con unos Estados Unidos bajo riendas republicanas y/o con una Venezuela sin Chávez y sin un convenio petrolero con las facilidades de pago que hoy tiene y que tantas ventajas le ha proporcionado. Aun cuando Barack Obama ganara las elecciones, la incertidumbre venezolana es la que está a las puertas y es la que pesa más.

El economista y miembro principal del directorio de PDVSA hasta 1999, José Toro Hardy, viene señalando el nivel “sin precedentes” de endeudamiento de la petrolera estatal (35 mil millones de dólares), lo “lamentable” de la infraestructura con la que extrae actualmente el petróleo, la falta de inversión y los casos de corrupción en PDVSA.

Con este diagnóstico, Toro Hardy afirmó recientemente que si Capriles ganara, se revisaría la alianza energética regional Petrocaribe en su totalidad. Y puso como ejemplo de lo que debía ser revisado el convenio petrolero de Chávez con Nicaragua: “No debemos continuar vendiendo petróleo a Nicaragua con 25 años de plazo y 2 de gracia, aunque sea a cambio de vaquillas, que están afectando el desarrollo de nuestra ganadería”.

LAS PRIORIDADES

Mientras la mayoría de la población vive pendiente del alza del costo de la vida y de los urgentes problemas cotidianos, informada sobre la política pero desinteresada de sus avatares, y mientras el Presidente no emitía señal ninguna de querer dialogar, quienes analizan o imaginan la vida política nacional le dieron una y mil vueltas en los medios de comunicación a los pros y contras de eventuales pláticas de la oposición con el gobierno, sin tener claro nadie qué nombre ponerle: acuerdo, negociaciones, amarre, nuevo pacto...

Hay coincidencia en que el objetivo más inmediato y urgente de cualquier plática tendrían que ser los nombramientos que debe hacer la Asamblea Nacional de 35 altos funcionarios que permanecen en sus cargos desde hace ya hasta dos años algunos, acogidos a un ilegal decreto que el Presidente Ortega promulgó en enero de 2010 para evitar elegirlos con el consenso de la oposición de entonces.

Ahora, voceros del gobierno han hablado de querer ese “consenso”, que evidentemente daría algo de legitimidad a la erosionada institucionalidad. Entre los altos funcionarios que deberían nombrarse aparecen priorizados los magistrados del Consejo Supremo Electoral, no sólo por tener varios de ellos sus períodos vencidos, sino por su responsabilidad en los tres consecutivos fraudes electorales.

También hay coincidencia en que cualquier plática debe tener como prioridad el colapsado sistema electoral. Por la complejidad de reformar la Ley Electoral, que tiene rango constitucional, se ha hablado de, al menos, hacer cambios en algunos de los aspectos del sistema para garantizar su despartidización y permitir que las elecciones municipales sean creíbles.

LA RETÓRICA

Más allá de estos objetivos, que son electorales y que pueden “resolverse” en el Parlamento, con acuerdos constructivos entre la bancada mayoritaria del FSLN y la bancada minoritaria de la Alianza PLI (62 contra 26), los más conspicuos promotores de las pláticas elevaron la parada hablando de un diálogo directo con Ortega, que iría más allá, con objetivos declarados tan ambiciosos como “enrumbar el país a la democracia”, “lograr una visión de nación consensuada”, “recuperar la institucionalidad del país” y hasta con “la refunda-ción de la nación”, todo “para responder a lo que pide el clamor popular”.

ALIANZA PLI: 3 POSICIONES

En la Alianza PLI, representante parlamentaria de la oposición al gobierno -aunque disminuida en número de diputados por el fraude- se expresaron tres posiciones ante una eventual negociación. Las tres evidenciaron los intereses diferentes y contradictorios de quienes conformaron esta alianza hace apenas año y medio.

En un extremo está la posición de Eduardo Montealegre, dirigente del Movimiento Vamos con Eduardo (MVE), hoy alojado en el partido PLI (20 de los 26 diputados que la Alianza PLI tiene en el Parlamento lo siguen). En el otro extremo está la posición del Movimiento Renovador Sandinista (con sólo 2 diputados en la bancada opositora). Y en el medio está la posición de Fabio Gadea, candidato presidencial de la Alianza PLI.

Las tres posiciones representan las variadas opiniones y reacciones que en sectores sociales, políticos, eclesiásticos y gremiales ha provocado la negociación de la oposición con el gobierno.

MONTEALEGRE,
EL “NEGOCIADOR”

Después de una delicada operación de corazón abierto en Estados Unidos a inicios de febrero, algunos pensaron que Montealegre, 56 años, quedaría fuera del juego político durante varios meses. En su ausencia, voceros del FSLN declararon que para negociar el nombramiento de los cargos pendientes esperaban a Montealegre, señal de que el partido de gobierno con quien quiere negociar es sólo con él y cuando él estuviera “al mando” de su movimiento político.

Después de sólo tres semanas de recuperación, Montealegre regresó al país listo y decidido a jugar, con tanto vigor que fue a su llegada que empezó a proponer algo así como un “diálogo nacional”.

Exiliándose del PLC con un grupo de liberales y creando la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), en 2006 Montealegre recibió apoyo y recursos de Estados Unidos, según leímos en los cables de Wikileaks, para que desafiara como candidato presidencial al liberalismo alemanista. Lo consiguió y quedó en segundo lugar por sobre el PLC, cuando Ortega ganó aquellas elecciones. En aquella campaña y con esos resultados se validó como el representante de una derecha en proceso de modernización.

En 2008 Montealegre, despojado ya por el CSE de la dirección de ALN, decidió aliarse con el PLC y se lanzó como candidato a la alcaldía de Managua. Las elecciones fueron fraudulentas y, como se supo pronto, el PLC fue cómplice del FSLN para que el partido de Ortega se quedara con la alcaldía capitalina y con otras 40 alcaldías más. La pugna Alemán-Montealegre seguía viva.

En 2011 Montealegre emigró hacia otro partido liberal, el PLI, lo reconstruyó con sus recursos financieros y con su gente y cedió a Fabio Gadea la candidatura presidencial a la que había dicho que aspiraba, reservándose, como también dijo, para “la próxima”: 2016. Negociando ahora con Ortega, cuando el PLC está en un declive que parece imparable, Montealegre está preparando ya su camino para dentro de cinco años.

LA DEBACLE DEL PLC

Los resultados de las elecciones presidenciales del 6 de noviembre de 2011, a pesar de estar seriamente alterados por las maniobras fraudulentas que el partido de gobierno organizó, no pudieron disimular la debacle del PLC.

La Alianza PLI logró arrebatarle al PLC una gran cantidad de base popular y de votos y el pronóstico de los voceros del gobierno, que reiteraban que en las elecciones habría “un choque de trenes” entre el FSLN y el PLC, como venía sucediendo desde 1996 y hasta 2001, resultó irrisorio. Al PLC el CSE sólo le asignó un 6% de la votación.

La crisis en el PLC es seria, profunda. La “reingeniería” del partido, propuesta incluso antes del desastre electoral, fue engavetada por Alemán, quien finge no darse cuenta de lo ocurrido, aferrado a un liderazgo que parece tocar a su fin.

Entre febrero y marzo, importantes dirigentes del PLC (Francisco Aguirre Sacasa, José Pallais, Carlos Noguera, los más conocidos) han aparecido públicamente reclamándole a Alemán que, por el bien de Nicaragua y del PLC, abandone la conducción del partido y facilite su renovación. Estos disidentes se presentan junto a dirigentes departamentales encabezando el movimiento que llaman Comprometidos con el Cambio Democrático del PLC. Ambos grupos se reúnen el 29 de abril para ver quiénes resultan ganar en esta crisis.

EL OCASO DEL PACTO
ORTEGA-ALEMÁN

Uno de los resulatdos de las elecciones de noviembre es el ocaso del pacto FSLN-PLC. Ortega ya no necesita de Alemán como interlocutor ni para consolidar su poder en las instituciones del Estado ni tampoco para simular una oposición con la que negocia y que lo legitima. Ese papel le correspondería ahora a Montealegre, quien por fin parece haberle ganado la partida a Alemán.

Al hablar de la negociación con Ortega, Montealegre se ha encargado de descartar totalmente cualquier participación de Alemán -y del PLC aún en sus manos- en esas pláticas. Mientras, los liberales del PLI y del MVE se mueven por los territorios buscando hacer alianzas locales con bases del PLC para participar unidos en las elecciones de noviembre, en las que liberales alemanistas y eduardistas ya han dicho que quieren participar y tienen preparado sus tendidos electorales.

GRANDILOCUENTE
Y PRAGMÁTICO

En todas las declaraciones referidas a la bondad de las pláticas con Ortega -con contenidos retóricos y ambiguos-, Montealegre se construye la imagen de “líder indiscutible” de la oposición frente al orteguismo. Y para engrandecer su misión aumenta a veces el diapasón al hablar de sus objetivos en el diálogo. Dice que todo lo que hace “es por Nicaragua”, habla de “refundir el pacto (Alemán-Ortega) y refundar la nación”, afirma mantener “principios innegociables” y proyecta así su representación: “Eduardo cuando habla no lo hace de forma personal”.

En otras ocasiones, pasa de la grandilocuencia al más crudo pragmatismo. Afirma que más vale lograr uno o dos magistrados (de su grupo) en el Poder Electoral que no tener ninguno. Declara que de haberlos tenido “otro gallo nos hubiera cantado” y no hubiera sido posible el fraude. Apunta también a colocar a algunos “buenos nicaragüenses” (de su grupo) en otros poderes del Estado...

Salvadas las distancias de este momento político y de aquel, no es extraño que el proclamado pragmatismo de Eduardo Montealegre, y su ambición de abrirse espacios en las instituciones, evoque en muchos el pacto de Arnoldo Alemán con Daniel Ortega de 1999, que, también con la grandilocuencia de buscar “estabilidad” y “gobernabilidad” “por el bien de Nicaragua” se tradujo en un reparto, entre los más leales a ambos caudillos, de altos cargos en todas las instituciones del Estado.

EL MENÚ
DE LA ÉLITE ECONÓMICA

Quienes han respaldado con más ánimo la propuesta de Montealegre y su protagonismo, se dé ésta en forma de negociación más amplia o de acuerdo para ciertos nombramientos, son los representantes de la élite empresarial agrupada en el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) y en AMCHAM (Cámara de Comercio Americana Nicaragüense).

La gran empresa privada ha venido insistiendo -con más beligerancia desde el fraude electoral, que ha deslegitimado nacional e internacionalmente a Ortega- que los índices macroeconómicos -los celebran con el mismo entusiasmo que el gobierno- son insuficientes. “La macroeconomía está clara, donde tenemos problemas es en la institucionalidad del país, en eso sí tenemos que trabajar”, ha dicho el máximo representante del gran capital, Carlos Pellas.

Y con más o menos sal en los ingredientes que emplean, ése ha sido el menú que constantemente sus colegas le presentan y sugieren a Ortega: estabilidad macroeconómica respaldada por el FMI, con responsabilidad social empresarial ofrecida por nosotros, y con institucionalidad democrática y elecciones creíbles garantizadas por usted.

EL SUEÑO
DEL EMPRESARIADO

El clima de negocios, prioridad de la élite empresarial nacional -y de la transnacional, cada vez más vinculada al empresariado criollo- requiere de institucionalidad, de reglas claras, de seguridad jurídica, aspectos cada vez más erosionados por el partido de gobierno. Y aunque Ortega haya mantenido con el poder económico un diálogo permanente y una clara alianza en los cinco años anteriores, el poder económico quisiera para este nuevo período algo más.

Quisieran algo así como lo que la élite empresarial salvadoreña ha construido y tiene en el partido ARENA, un vehículo político que garantiza sus intereses económicos y sabe negociarlos con el poder político, sea éste del signo que sea, como se ha probado ahora en el gobierno de Mauricio Funes.

Aunque con orígenes de fanatismo anticomunista criminales e impresentables, ARENA se ha ido modernizando, tiene una maquinaria bien estructurada, cuenta con capacidad de hacer propuestas económicas a través de think tanks, funciona con elecciones internas y se apoya en bases bien organizadas y leales en todos los espacios de la sociedad. Algo así nunca lo ha tenido la derecha nicaragüense.

¿REPRESENTANTE?
¿INTERLOCUTOR DE EEUU?

En Nicaragua, FUNIDES (Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social), financiada generosamente por la agencia de Estados Unidos AID, viene proyectándose cada vez más claramente, con interesantes y pertinentes investigaciones y con una hábil propaganda en los medios, para jugar un papel similar al que juega FUSADES para ARENA en El Salvador.

En combinación con el INCAE como escuela de negocios formadora del gran empresariado, ambas instituciones aspiran a enrumbar al país a una modernización que coloque a Nicaragua en mejores estándares internacionales.

Eduardo Montealegre, quien por sus orígenes de clase, por venir del empresariado financiero, está en completa sintonía con este objetivo y con los intereses de la élite empresarial, aspira a liderar esa nueva agrupación política. También aspira a convertirse en el interlocutor político de la oposición ante Estados Unidos, sea ante republicanos como ante demócratas. Y trabaja para forjarse como tal. Está apostando a ser quien ponga en pie la “nueva arquitectura política” de la que habla el profesor del INCAE y ex-embajador en Estados Unidos, Arturo Cruz.

¿Representa Montealegre el proyecto de la élite empresarial? ¿Se ha ganado ya la interlocución protagónica con Estados Unidos? El gran capital nicaragüense tiene dudas de su carisma político. Aunque Montealegre ha aprendido mucho sobre la marcha en estos últimos años, su estilo, su verbo y sus “sustantivos” ni son populares ni terminan de convencer al empresariado. Montealegre no es el popular locutor deportivo que fue Tony Saca ni tampoco el astuto político que es Alfredo Cristiani ni su papel cuando fue funcionario de Arnoldo Alemán y de Enrique Bolaños lo acercan al popular y ahora reelecto alcalde de San Salvador, Norman Quijano, por mencionar a algunos de los areneros que han ido forjando a ARENA.

EL HEDOR DEL PACTO

El FSLN y Ortega sí han decidido reconocer en Montealegre al líder de la oposición. Se sienten cómodos con él. Conocen los flancos débiles de su personalidad y le tienen pendientes problemas políticos judicializados, como es el caso de los bonos CENI, emitidos tras las quiebras bancarias durante los gobiernos de Alemán y de Bolaños, cuando Montealegre era ministro. Además, sobre el PLI, partido que ocupó Montealegre con su movimiento al perder ALN, pende todavía un litigio administrativo que está en manos del CSE, que es lo mismo que decir que se resolverá a voluntad de Ortega.

Después de retrasar el diálogo y obligar a Montealegre a “mendigarlo”, como táctica de desgaste y de desprestigio, quitarle ahora esa espada de Damocles entregándole definitivamente los sellos del PLI, liberarlo de lastres judiciales y comprometerse a mantenerle su inmunidad como diputado, sería otra táctica: eso hace más vulnerable a Montealegre, que quedaría “agradecido” por los favores, dato nada irrelevante para alentar en muchos el temor a que el acuerdo “de gobernabilidad” y de “democratización” huela a pacto, como sucedió en las diversas etapas del que Ortega hizo con Alemán.

Atrayendo hacia sí a Montealegre y a su grupo el partido de gobierno busca también dividir a la oposición, frágilmente unida en la Alianza PLI, quiere “quemar” a Montealegre, ingenuo protagonista de ese acercamiento, e intenta deslegitimar a toda la oposición, haciendo ver que lo que buscan son “huesos” (= cargos).

APARECE HUMBERTO ORTEGA

Interesante resultó la aparición en el escenario de quien fue comandante en jefe del Ejército de Nicaragua Humberto Ortega. Siempre que hay “una compleja situación política” -así suele llamarlas-, Humberto Ortega reaparece dando su opinión. En esta ocasión no lo hace aportando nuevas ideas, sino reproduciendo cuáles eran sus criterios antes de las elecciones de febrero de 1990. Ortega afirmaba entonces que la tarea pendiente, para ponerle fin a la guerra, era una “gran concertación nacional”.

No se repite nunca la historia, pero llama la atención que más de veinte años después, y ya sin guerra, Ortega señale que esa concertación es aún “una tarea pendiente”. Y al repetir lo que dijo entonces induzca a pensar que por las mismas razones: para legitimar al gobierno y para lograr relaciones no conflictivas con Estados Unidos.

En coyunturas tan diferentes el general en retiro vuelve a insistir en “el gran esfuerzo económico-social de una gran concertación nacional, con el consenso de toda la nación, que llevará aliento a los sectores más golpeados por la crisis que hoy nos abate”.

MRS: “NO ES EL MOMENTO”

La posición más firme y radical ante un eventual diálogo, entendimiento, componenda o “amarre” con Ortega, una posición que cuestiona el cortoplacismo empresarial, el del partido de gobierno y el de Montealegre, apostando a un futuro de más largo plazo, la expresó el Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

Sus dirigentes insisten en que “es una trampa discutir si hay diálogo o no, cuando lo que importa es por qué, cómo y cuándo dialogar”. Según el MRS, no ha llegado “el momento” para dialogar con Ortega y ese momento no es ahora. Llegará “cuando a Ortega no le quede más remedio que negociar”.

En un comunicado fechado el 20 de marzo el MRS fijó su posición. Recuerda que la Alianza PLI se constituyó en una coyuntura electoral, pero no “como una mera unidad de la oposición” porque todos sus integrantes se comprometieron “a restablecer la democracia” y “a promover un desarrollo social y económico inclusivo”, reconociendo que ése “era un objetivo de largo plazo, aun alcanzando el gobierno, porque las estructuras autoritarias del orteguismo estaban profundamente enquistadas en el aparato del Estado”.

Recuerda también la identificación que hicieron todos los integrantes de la Alianza de que Ortega “estaba transitando de un gobierno autoritario a un modelo claramente dictatorial”. En base a este análisis, comentan que con una dictadura “no se negocia”.

ORTEGA-EMPRESARIOS
“PACTO DE CÚPULAS”

Mientras el gobierno -dice el MRS- “no ha dado muestras de ningún interés en negociar constructivamente sobre los aspectos fundamentales del restablecimiento democrático en Nicaragua, ni hay razones creíbles que permitan pensar que tenga esa voluntad”, el MRS exige como primer paso para cualquier negociación el cambio total de los magistrados del CSE (“Cambiar dos o tres y mantener el control del orteguismo sería una simple operación de maquillaje”) y adoptar las recomendaciones de los informes de las misiones de observación electoral de la Unión Europea y la OEA. “Cualquier negociación de puestos en otros poderes del Estado sin que se haya resuelto previamente la imparcialidad del árbitro electoral equivale a legitimar el gobierno de facto”.

Refiriéndose implícitamente al apoyo que la élite empresarial da a las negociaciones de Montealegre con Ortega, el MRS señala en su caracterización del contexto “a los grupos económicos más acaudalados del país” como protagonistas de un “pacto de cúpulas” con Ortega, que está gobernando “a favor de sus grandes intereses”.

El MRS concluye afirmando que “no aceptará los resultados de ninguna negociación” si no se cumplen las condiciones que señala, que “no promoverá la candidatura de ninguno de sus miembros para ocupar cargos públicos pendientes de elegir” y que “dedicará todas sus energías a promover, organizar y acompañar la movilización ciudadana”.

JARQUÍN EN LA CUERDA FLOJA

Un “ruido” en la Alianza PLI y al interior del MRS lo causó quien fuera candidato a la Vicepresidencia por la Alianza y un tiempo “coordinador de la alianza del MRS”, Edmundo Jarquín.

Cuando el MRS fijó su posición, Jarquín tuvo que hacer equilibrios para explicar su abierto y franco apoyo a Montealegre. Habló de “la necesidad y la oportunidad” que representa negociar con Ortega en las actuales condiciones, aunque admitiendo también el “riesgo” y la imagen de “unilateralismo demasiado solícito” que se estaba dando. Siguió caminando sobre la cuerda floja tratando de explicar que en la Alianza PLI “hay diferencias, pero no división”.

Ciertamente, el liderazgo de Jarquín tiene y tendría más eco en la población opositora que el de Montealegre. Argumenta mejor, habla mejor, se relaciona mejor con la gente. Y está más capacitado para moverse en la “arena” nicaragüense a la que aspira la élite empresarial. Pero esa élite desconfía de él viéndolo como un miembro del clan Chamorro. Siempre tuvo el poder económico nacional diferencias con las posiciones políticas radicales y más abiertas a la izquierda de Pedro Joaquín y parecen mantenerlas.

¿DESGRANE EN LA ALIANZA PLI?

En la Alianza PLI participa también un grupo de liberales que se separó del PLC y de Alemán para apoyar a Gadea. Los encabeza el ex-diputado y ex-combatiente de la Resistencia Maximino Rodríguez. Se llaman Liberales con Visión de Nación. Son liberales que lucharon con la Resistencia y pobladores de las zonas que experimentaron la guerra, en donde el antisandinismo está arraigado.

Al igual que el MRS, este grupo tiene representación en el consejo político de la Alianza PLI -máxima instancia de deliberación y decisión- y cuenta con 4 diputados en el Parlamento. En un primer momento, Rodríguez descalificó la pretensión negociadora de Montealegre calificándola de “bilateral y diminuta”. “Nos oponemos rotundamente a un diálogo que aparentemente lo que pretende es repartirse alguna carroña”, declaró tajante.

También forma parte del consejo político de la Alianza PLI la Unión Ciudadana por la Democracia (UCD), que reúne a 17 organizaciones de la sociedad civil. La UCD fijó su posición afirmando que cualquier negociación no puede ser para darle legitimidad a Ortega y debe partir de una agenda que “debe contener los problemas que diversos sectores de la vida nacional han venido señalando desde hace varios años y que las fraudulentas elecciones de noviembre pasado han agudizado… Debe concentrarse en rescatar las instituciones democráticas y, como prioridad, crear las condiciones que devuelvan la credibilidad del sistema electoral y recuperen la confianza de la ciudadanía en las elecciones”.

En esta contradictoria situación de posible desgrane de la Alianza PLI, Fabio Gadea ha querido adoptar una posición intermedia.

FABIO GADEA:
¿EL MEDIADOR?

Durante la campaña electoral de 2011 Fabio Gadea se acreditó como líder popular ante la población rural y como político consecuente ante buena parte de la población que hasta entonces sólo lo conocía como empresario radial y escritor de cuentos. Gadea jugó un papel decisivo para unir a los tan diversos integrantes de la Alianza PLI y para abrir un cauce que recogiera el descontento de la población y se expresara en las urnas el 6 de noviembre pasado.

Desde el fraude electoral y durante cinco meses consecutivos, la Radio Corporación, propiedad de Gadea y dirigida por él, ha pasado diariamente varias veces cuñas radiales donde la propia voz de Gadea exhorta a no reconocer los resultados del fraude electoral y al gobierno de Daniel Ortega y llama a mantener “la protesta cívica”.

Otra cuña, ésta no en su voz, pide a los nicaragüenses “no participar en otro fraude electoral” acudiendo a las elecciones municipales si no hay un cambio profundo en el sistema electoral. Lo que ambos mensajes dicen coincide plenamente con el planteamiento del MRS.

Fabio Gadea intenta mediar entre todos para lograr algo bien difícil: que la opción electoral que representó la Alianza PLI y él encabezó -un proyecto que apenas estaba construyendo su propia identidad- se mantenga unida como una opción política durante más tiempo. “La garantía de que ese diálogo no se convertirá en un pacto -afirma- es la dignidad y los principios que hemos demostrado”.

En las posiciones personales de Gadea esto ha quedado claramente demostrado. Y en sus declaraciones queda claro que no está de acuerdo en negociar a cualquier costo ni en negociar para legitimar a Ortega, y que piensa que a ese diálogo no debe ir únicamente Montealegre y su grupo, sino que debe incluirse a sectores sociales, gremiales y religiosos y también debe haber al final mecanismos que le den seguimiento y verifiquen que se cumpla lo que se acuerde.

En una mediación difícil, Gadea quiere evitar que estas pláticas, en circunstancias tan desiguales para la oposición que él quiere continuar liderando y representando, se conviertan en una rendición.

¿QUÉ NOMBRE LE PONDREMOS?

Al término de las largas vacaciones de la semana santa, días en que tradicionalmente la clase política nicaragüense va en procesión de una a otra casa de playa a “sacrificarse por la patria” amarrando acuerdos entre tragos, no estaba aún claro quién se fortalecerá, quién se desprestigiará, quién se maquillará, quien se legitimó o se deslegitimó, cómo se iba a desarrollar el acercamiento, en qué consistiría concretamente la negociación, qué cargos y cuántos se repartirían quiénes, qué cara tendría esa “criatura”, para saber qué nombre le pondremos…

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