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  Número 361 | Abril 2012
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México

El viaje del Papa Benedicto XVI a un país “en semana santa”

Benedicto XVI visitó México durante tres días. Fue un viaje lleno de silencios y de contradicciones, en un país atravesado por la violencia que causa la guerra contra el narcotráfico.

Jorge Alonso

En la visita del Papa Benedicto XVI a México a finales de marzo de 2012 podemos distinguir lo previo, el desarrollo de la visita y la evaluación posterior. En lo previo, el caso del sacerdote pederasta mexicano Marcial Maciel estuvo muy presente.

UNA EXPECTATIVA LÓGICA

Teniendo en cuenta que en sus viajes anteriores a Estados Unidos, Australia, Francia, Alemania, Irlanda, Portugal y Malta el Papa tuvo encuentros con víctimas de abuso sexual clerical en todos esos países, la expectativa más lógica era que en México ocurriera algo similar.

La exclusión de un encuentro con las víctimas de Maciel en la agenda papal pudo deberse a la influencia que todavía tienen los Legionarios entre los más poderosos políticos y la jerarquía católica mexicana. Sea lo que fuere, al silenciar el tema se evidenció nuevamente la red de complicidades y de encubrimientos que protegió y todavía protege a Maciel.

Una reparación del daño causado a las víctimas de Maciel implicaría no sólo una justa indemnización, sino su rehabilitación y las garantías de que lo que él hizo no volverá a repetirse en ningún espacio eclesiástico. Hasta hoy, nada de esto hemos visto en México. Al justificar que no estuviera prevista en la agenda papal ninguna reunión con las víctimas de Maciel, el Nuncio del Papa en México, Christophe Pierre, adujo que el Papa tendría un encuentro y daría un discurso a un grupo de niños, mientras el episcopado católico afirmó que esa reunión no había sido solicitada lo que fue desmentido por los denunciantes de Maciel.

EL TESTIMONIO DE JOSÉ BARBA

En vísperas de la visita papal, el periódico “El Universal” publicó un extenso artículo en torno al testimonio de un eminente y respetado profesor, José Barba, quien en su juventud fue abusado por Maciel.

Barba recordó que en enero de 2005 el entonces presidente del episcopado mexicano, Guadalupe Martín Rábago -quien fue ahora el anfitrión de Benedicto XVI en su visita- y el obispo Onésimo Cepeda habían elogiado con entusiasmo a Maciel.

También recordaba Barba que, después de que en 2010 el Vaticanotuvo que admitir que Maciel había tenido gravísimos e inmorales comportamientos, confirmados con testimonios incontrovertibles, los ex-legionarios que habían denunciado a Maciel en diferentes ocasiones habían enviado una carta al obispo Ricardo Watty, encargado de investigar los delitos de la Legión en México, en la que le presentaron varias demandas. Entre ellas, que como se les había acusado de calumniadores y conspiradores, se les reconociera por escrito su inocencia y que la Legión dejara de lado ficticias peticiones de perdón y ofreciera disculpas a los ex-legionarios abusados por Maciel mencionando sus nombres y apellidos. Ni la Legión ni el Vaticano atendieron esas demandas.

En el reportaje de “El Universal” se informó también que, pese a que Benedicto XVI en 2006 había dado a Maciel la orden de retirarse a una vida de oración y penitencia, Maciel continuó llegando a los balnearios más exclusivos de Europa acompañado de quien fungía como su esposa, de su hija y de miembros de la cúpula legionaria, hechos corroborados con imágenes de un programa de Milenio Televisión en septiembre de 2011.

Además de las víctimas de Maciel, otro frente se abrió en el previo de la visita papal: el de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico. sicilia: el amor del padre y no el poder del césar Desde que se anunció la visita de Benedicto XVI Javier Sicilia, poeta católico y líder moral del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, fue invitado a estar en la misa que celebraría el Papa en León, Guanajuato. Sicilia declinó participar en lo que calificó como “show mediático” y anunció que, en vez de eso, le llevaría al Papa personalmente, antes de su viaje, una carta en la que le hablaría no como representante del Vaticano sino como vicario de Cristo.

En su carta, Sicilia le expone al Papa el dolor de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico, ordenada por el Presidente Calderón, le informa sobre el permanente sufrimiento “de semana santa” que México vive desde hace cinco años. Le facilita cifras oficiales: 47,551 asesinados de las formas más despiadadas, 20 mil desaparecidos y más de 250 mil desplazados. El 98% de los crímenes -le dice Sicilia- permanecen en la impunidad.

En su carta, Sicilia afirma que la guerra de Calderón no sólo la sufren los mexicanos, también los centroamericanos,
que como emigrantes atraviesan México en condiciones deplorables intentando encontrar trabajo en Estados Unidos. “México y Centroamérica son en estos momentos el cuerpo de Cristo abandonado en Getsemaní y crucificado”, un cuerpo sobre el que caen con fuerza la delincuencia, las omisiones y graves corrupciones de los gobiernos, las armas que vende Estados Unidos a los delincuentes, el lavado de dinero y una iglesia jerárquica que, con excepciones, guarda un silencio cómplice.

Sicilia le recuerda al Papa que él representa el amor del Padre y no el poder del César y le advierte que, tras el decorado mediático y político que le iban a montar en México, hay miles de muertos y de personas sufrientes. Por eso, le pedía que abrazara a ese “cuerpo destrozado de Cristo que pide la respuesta del Padre por encima del orden político y del desorden criminal”.

OBISPO RAÚL VERA:
HORA DE EXAMEN DE CONCIENCIA

Sicilia entregó esa carta al Papa en el Vaticano el 22 de marzo, donde le aseguraron que llegaría a manos de Benedicto XVI. A su regreso, Sicilia dijo estar esperanzado en que el Papa daría a las víctimas de la guerra contra el narcotráfico un mensaje de solidaridad y condenaría esa guerra y a sus cómplices. “Si no es así, la iglesia perderá credibilidad”.

Una de las excepciones eclesiásticas a las que Sicilia se refería en su carta es el obispo Raúl Vera, quien antes de la visita declaró que el Papa llegaba a un país fracturado y que esa visita obligaba a un examen de conciencia. Vera confiaba en que el Papa tendría palabras de consuelo para las víctimas de la guerra contra el narcotráfico y dijo que le daba vergüenza tener al frente del país a alguien que decía ser católico y que estaba llevando a cabo una estrategia contra la delincuencia con el ejército en las calles, con ausencia de procuración de justicia y con violación a los derechos humanos. Del abandono de la juventud en un contexto de violencia generalizada afirmó que la iglesia también era responsable.

NARCOLIMOSNAS
Y NARCOCAPILLAS

La omnipresencia del narcotráfico y el crimen organizado tiene en México aristas que implican al poder eclesiástico. Por eso, en enero, cuando ya se anunció la visita papal, la conferencia de obispos mexicanos se adelantó a declarar en una nota que en el evento no habría las llamadas “narcolimosnas”.

Desde hace tiempo es un secreto a voces que muchas parroquias mexicanas reciben donativos del crimen organizado. En abril de 2007 el obispo de Aguascalientes lo justificó afirmando que también Jesucristo fue ungido por una mujer con un perfume muy caro y que Jesús recibió ese homenaje sin preguntarle a la mujer de dónde había sacado el dinero para adquirir algo tan costoso.

El Centro de Estudios Sociales y Opinión Pública de la Cámara de Diputados reconoció que en 2008 se había detectado ya que organizaciones criminales lavaban dinero financiando actividades religiosas.

En octubre de 2010 se hizo famoso el caso de una modesta capilla de un poblado de Hidalgo, que se había transformado en un lujoso templo con donativos de un cabecilla de Los Zetas, según constaba en una placa colocada en el templo con el nombre del criminal.

En noviembre de 2010 la jerarquía católica se vio obligada a declarar que “dinero del más sucio y sanguinario podría haber sido utilizado” en algunas comunidades para la construcción de algunas capillas, dando a entender que eso sucedía sólo con algunos curas pueblerinos. Se preguntaba también la jerarquía qué estado de la República o sector de la sociedad no había sido penetrado ya por el narcotráfico. Ante esas declaraciones, la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas solicitó a la Procuraduría General de la República que investigara los donativos del narcotráfico a la iglesia católica.

En enero de 2011 algunas investigaciones conducían a evidencias de que había dinero del narcotráfico en hospitales, escuelas y templos católicos de muchos lugares de México, mientras un investigador del Tecnológico de Monterrey señalaba que al gobierno “le temblaba la mano” a la hora de investigar las “narcolimosnas”. En marzo de 2011 el arzobispo de Puebla exhortó a sus curas a no recibir dinero del narcotráfico.

LA LLEGADA
Y LOS PRIMEROS GESTOS

En este contexto de expectativas de declaraciones y actitudes que respondieran a la cruda realidad mexicana, el Papa llegó al país en la tarde del 23 de marzo. En el vuelo afirmó que la idolatría del dinero es causa de la violencia que vive México.

En su primer discurso Benedicto XVI elogió a Juan Pablo II, agradeció al Presidente Calderón su cálido recibimiento, se refirió de manera especial al arzobispo Rábago, su anfitrión, y al Presidente de la conferencia del episcopado mexicano, recordó las celebraciones del bicentenario de la independencia, habló del derecho fundamental a la libertad religiosa y prometió rezar “por los que sufren a causa de antiguas y nuevas rivalidades, resentimientos y formas de violencia”. Al darle la bienvenida, Calderón le dijo al Papa que lo recibía un pueblo que había sufrido mucho por la violencia, aunque sin incluirse él en las causas de esa violencia.

Al día siguiente el Papa tuvo un encuentro privado con Calderón. Hablaron de la necesidad de un tratado internacional sobre el comercio de armas ligeras, pues su proliferación favorece al crimen organizado. También se refirieron al hambre en el mundo. Después, el Presidente llevó al Papa a una reunión con varias personas, entre las que estaban ocho víctimas de la guerra, invitadas por Calderón tratando de justificarse.

Aunque la prensa quiso ver en esa reunión un encuentro del Papa con las víctimas de la guerra, el propio vocero papal, Federico Lombardi, precisó que no había sido una reunión específica con víctimas de la violencia, sino que había tenido un carácter más amplio.

LOGRO DEL PAPA:
UNA REFORMA CONSTITUCIONAL

Ese mismo día Benedicto XVI dirigió un mensaje a un millar de niños. Les dijo cuánto preocupa a la iglesia católica la niñez, aunque en sus palabras no hubo una sola referencia a los delitos de abuso sexual contra la niñez.

El domingo 25, ante más de medio millón de católicos, el Papa celebró una misa a la que acudió la clase política mexicana con sus candidatos a la Presidencia en las elecciones de julio. Siendo Guanajuato un estado predominantemente panista, muchos asistentes vitorearon a Josefina Vázquez Mota, la candidata del PAN. Al final de la misa el Papa oró a la Virgen de Guadalupe para que cesara la violencia.

Todo esto fue lo que vio el público. En privado, hubo un encuentro del Secretario de Estado del Vaticano Tarcisio Bertone con el Secretario de Gobernación de México en el que se le planteó que México debía garantizar la libertad religiosa entendida más allá de la libertad de culto. Días después, ya ido el Papa, con el respaldo del PAN y el PRI, y con la oposición del PRD, los legisladores aprobaron una reforma constitucional que abre las puertas para que la iglesia católica tenga medios de comunicación masiva y se permita la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. La conferencia del episcopado mexicano reconoció que el Congreso había consultado con los obispos ese cambio constitucional y alabó el significado de ese avance para la comprensión de la libertad religiosa.

UN TEMA SIEMPRE PRESENTE

Desde México el Papa también se dirigió a la jerarquía católica latinoamericana que había viajado a tierras mexicanas para saludarlo, diciéndoles que debían cuidar a los seminaristas y sancionar a los clérigos que incurrieran en “actitudes improcedentes”.

Al despedirse, el Papa llamó al pueblo mexicano a ser valiente y “a no dejarse amedrentar por las fuerzas del mal”. Calderón le pidió que llevara consigo “las lágrimas de las personas que había consolado”, esperando que hubiera constatado que, más allá de las difíciles circunstancias que vivía, el pueblo mexicano no estaba desesperanzado.

Aunque el Vaticano y el episcopado mexicano quisieron ocultar durante la visita papal el grave problema de la pederastia, un delito del que Maciel es el caso más escandaloso en México, y tal vez en el mundo, aunque es sólo la punta de un iceberg, la sombra de Maciel no dejó de acompañar a Benedicto XVI.

El tema de Maciel no ha dejado de estar presente, con nuevas informaciones y denuncias. En 2011 apareció un libro de Nelly Ramírez Mota, una ex-consagrada de Regnum Christi, congregación que forma parte de las estructuras de la Legión. En el libro “El Reino de Marcial Maciel: la vida oculta de la Legión y el Regnum Christi” (Editorial Planeta), la autora revela el opresor sistema creado por Maciel, con un férreo control basado en la desconfianza y la delación.

En marzo de 2011, Richard Gill, durante 29 años sacerdote de los Legionarios de Cristo y durante mucho tiempo director de Regnum Christi en Estados Unidos, que abandonó la Legión en 2010 y ahora es sacerdote incardinado en la arquidiócesis de Nueva York, analizó la imposibilidad de restaurar la Legión a causa de la cultura introyectada en sus miembros, que crea en ellos una mentalidad sumisa y temerosa y les hace evadir las responsabilidades de sus superiores.

Los escándalos del fundador de la Legión y el hecho de que prosiga al frente de la Legión la misma camarilla que encubrió a Maciel ha provocado también numerosas deserciones de sacerdotes, seminaristas y mujeres consagradas. La rama femenina de la Legión se ha visto seriamente sacudida. A principios de 2012, Malen Oriol -que estuvo junto al lecho de muerte de Maciel y que dirigía la división de mujeres consagradas, integrada por 600 mujeres que viven como monjas y trabajan en colegios de la Legión, además de dedicarse a reclutar nuevos miembros y a recaudar fondos para la Legión- abandonó la organización legionaria, seguida por otras 30 mujeres. Varias declararon que deseaban estar fuera de una estructura dañina y equivocada.

“LA VOLUNTAD DE NO SABER”

Todo esto era conocido por la prensa internacional que cubrió la visita papal. Un centenar de corresponsales extranjeros acudió el sábado 24 de marzo a la presentación en León, a tan sólo unas cuadras de la residencia donde el Papa descansaba, del libro “La voluntad de no saber”, editado por Grijalbo. Sus autores, José Barba, Alberto Athié y Fernando González, son tres de las personas más reconocidas por su lucha por desentrañar la verdad sobre Maciel.

Athié dejó el sacerdocio al ver el nulo caso que se le hacía en el Vaticano cuando trató de defender a un ex-legionario violado por Maciel. Barba es un ex-legionario del que Maciel abusó y que lo denunció. Y González es académico universitario y especialista en los Legionarios.

El libro, de 600 páginas, publica íntegros 212 documentos inéditos de los archivos del Vaticano, en los cuales se demuestra que la curia romana conocía desde los años 40 los graves delitos de Maciel.

Según Bernardo Barranco, especialista en temas religiosos, acucioso investigador de la iglesia católica y prologuista del libro, se trata de “documentos clasificados de los archivos del Vaticano, en particular de la Congregación del Clero, y su publicación se inscribe en el fenómeno de las fugas de información, llamadas Vatileaks, comprometedoras filtraciones de cuestiones candentes del Vaticano”.

DOCUMENTOS IRREFUTABLES

Barranco afirma que el libro es una apuesta por la verdad y está fundamentado con documentos irrefutables. Reflexiona en el prólogo sobre la responsabilidad de todos los que defendieron y legitimaron a Maciel, señalando entre los más entusiastas al arzobispo de México, Norberto Rivera. Destaca como gran acierto del libro demostrar que la conducta de Maciel no puede ser explicada como la de un personaje solitario. Recuerda que mientras Benedicto XVI le dijo a Peter Seewald en su libro “Luz del mundo” (Herder, 2010) que fue hasta el año 2000 que él contó con asideros para comprobar la pederastia de Maciel, los documentos vaticanos dan cuenta de que Ratzinger tenía conocimiento del caso desde antes.

Y si fue así, cómo explicar que, ya con esos asideros, en febrero de 2001 felicitara a Maciel por su próximo cumpleaños y le agradeciera favores, entre ellos la colaboración de un legionario, que prestaba sus servicios en la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida entonces por Ratzinger, lo que significaba que un operador de la Legión trabajaba en las mismas oficinas a donde habían llegado las denuncias contra Maciel.

Son muchos los que analizan que con la expedita beatificación de Juan Pablo II el Papa Benedicto XVI quiso difuminar
la complicidad de su antecesor y la suya en la protección del pederasta. Según Barranco, los documentos que publica el libro, de haber sido tomados en cuenta a tiempo, podrían haber puesto en cuestión esa beatificación.

“El libro no dice nada nuevo acerca de Maciel, sólo confirma lo que todos sabíamos“, dice Barranco, quien afirma que en el Papa Benedicto XVI recae ahora la responsabilidad de reestructurar a los Legionarios. Señala que ante esa tarea son cuestionables su lentitud y tibieza. El prologuista advierte de testimonios que indican que muchas prácticas nocivas relacionadas con la Legión permanecen intactas y que el Vaticano y el episcopado mexicano le deben a México un pronunciamiento público, amplio y detallado deslindando responsabilidades.

DOCUMENTOS DE LIBRE ACCESO

En el libro, el investigador Fernando González lleva de la mano al lector entre muchos documentos. Sobre el conocimiento de Juan Pablo II sobre el caso, González explica que hay evidencias en los archivos de la Sagrada Congregación de Religiosos, de la Sagrada Congregación de la Fe, de la Secretaría de Estado y en el archivo personal del Papa que lo demuestran.

La documentación también es incriminatoria de la cúpula legionaria, por bloquear que se conociera la información que tenían sobre el comportamiento de su fundador. González desmonta la actual estrategia vaticana, que intenta presentar a Juan Pablo II como una víctima de Maciel.

González hace ver también que el vicario pontificio nombrado para enmendar la Legión protege a los cómplices de Maciel y fustiga a los disidentes de la Legión, manifestando menosprecio por ellos y por las víctimas de Maciel. Y aunque considera que muchos legionarios no son responsables de los actos del fundador de la Legión sí lo son de respaldar la actual versión de lo sucedido. El libro es de libre acceso para quien quiera conocer los 212 documentos que recoge: www.lavoluntaddenosaber.com

UN IMPORTANTE ITINERARIO

José Barba le brinda al lector del libro un importante itinerario. El 8 de diciembre de 1997 los ex-legionarios denunciantes hicieron pública una carta. El 13 de enero de 1998 el original de esa carta fue entregado a la nunciatura apostólica en la ciudad de México y el nuncio prometió entregarla directamente al Papa Juan Pablo II. El 17 de octubre de 1998 la denuncia contra Maciel fue entregada a la Sagrada Congregación de la Fe.

El 18 de febrero de 1999 fue presentada a esa Congregación, presidida por el Cardenal Ratzinger. El 18 de mayo de 2001, y en el contexto de esas denuncias, Ratzinger hizo modificaciones canónicas que favorecían a Maciel, haciendo que prescribieran delitos calificados hasta entonces como imprescriptibles. El 11 de noviembre de 2002 fue entregada una carta de denuncia en español y polaco al secretario particular de Juan Pablo II. Esos documentos prueban que el Vaticano estaba perfectamente informado sobre la conducta delictiva de Maciel.

¿POR QUÉ NO HAY UN “MEA CULPA”?

La presentación del libro fue moderada por la periodista Carmen Aristegui, quien consideró que el Papa debería admitir un “mea culpa liberador”, a nombre de la iglesia, aunque consideró que lo que frenaba ese gesto era que el mismo Papa estaba implicado.

Athié afirmó que la razón por la que el Vaticano no quiso actuar ante tantas evidencias había sido el dinero con que Maciel compró protección en la cúpula de la curia romana.

El académico González señaló que el Vaticano había optado por “escamotear, eufemizar, proteger, silenciar y transfigurar” una historia de denuncias y, por eso, le resultaba lamentable que el Papa guardara silencio en su viaje sobre la pederastia eclesial precisamente en México, donde había nacido Maciel, donde había fundado su organización y donde se encontraban las víctimas y los denunciantes de sus delitos.

José Barba no pudo acudir a la presentación porque estaba convaleciente, pero envió un video. Como víctima de Maciel siendo joven dice en esa grabación que lo que quieren las víctimas es que la verdad salga a la luz para que comportamientos como el de Maciel no se vuelvan a repetir nunca.

Por su parte, al comentar el reciente libro de los vaticanistas Andrea Tornielli y Paolo Rodari “En defensa del Papa”, sobre las conjuras palaciegas contra Benedicto XVI, el investigador Bernardo Barranco explicó que no aporta nada nuevo. Y aconsejó leer el documentado libro Render unto Rome del periodista investigativo Jason Berry. Dando seguimiento a las indemnizaciones que por abusos sexuales ha tenido que entregar la iglesia católica en distintos países, el libro devela los altos niveles de corrupción que existen en la curia romana. Berry analiza en el libro la corruptora actuación de Marcial Maciel en la curia para convertirla en encubridora de sus delitos.

“NO SABEMOS QUIÉNES SON”

No fue sólo el caso Maciel. Víctimas de abusos sexuales cometidos en México por otros clérigos, que han formado una Red de Sobrevivientes de Víctimas de Abuso Sexual de Sacerdotes, se lamentaron de que su petición para que el Papa se reuniera con ellos, no hubiera sido atendida. Siete días antes de que el Papa llegara a México habían entregado en la nunciatura una solicitud de audiencia. El argumento que dio el presidente del episcopado mexicano, Carlos Aguiar Retes para que no se les respondiera fue lamentable: “Nosotros no podemos asumir el liderazgo de algo que no conocemos, mientras las víctimas no aparecen, no se conocen sus rostros, no sabemos quiénes son… Son visibles para los medios”.

El cardenal emérito de Guadalajara, Juan Sandoval, ya había hecho un comentario despectivo contra las víctimas, diciendo que era de esperar que en el marco de la visita papal se repitiera lo que llamó “la tonada de siempre”. El vocero del Papa. Federico Lombardi dio una explicación todavía más endeble: no era necesario que el Papa se reuniera con víctimas de abusos sexuales de clérigos en cada uno de sus viajes.

“BIPOLARIDAD RELIGIOSA”

Javier Sicilia opinó que los integrantes del Movimiento por la Paz y la Justicia con Dignidad se habían sentido desoídos, porque el Papa había sido insensible a sus planteamientos prefiriendo ponerse del lado de la clase política y del alto clero en vez de escuchar a las víctimas de los sacerdotes pederastas y a las víctimas de la violencia generada por la guerra calderonista contra el narcotráfico.

Sicilia afirmó que desde que la iglesia se volvió una religión del imperio había unido al Pobre de Nazaret con el César.

Miguel Concha, quien fue superior provincial de los religiosos dominicos, lamentó los silencios del Papa sobre las víctimas de la violencia y la pederastia.

Diversas organizaciones ciudadanas reprobaron el gasto de dinero público empleado en la visita papal. Otras críticas señalaron críticamente a Televisa, por dar a la visita papal una cobertura en un formato pobre, reiterativo, sentimental e intrascendente, sin dar cabida a puntos de vista de estudiosos de la iglesia católica que tienen posiciones críticas.

El especialista en estudios sobre la religión, Bernardo Barranco -quien sí externó algunas posiciones críticas en la cobertura que dio al evento CNN en español- afirmó que costaba entender los silencios del Papa y resumió el viaje como expresión de una “bipolaridad religiosa: por un lado el discurso meloso cristiano y por otro los actos y los hechos”. Hechos que son dramáticos y que resultó imposible eclipsar con el triunfalismo mediático.

¿UN ÉXITO?

Aunque el gobierno y la jerarquía quisieron vender la visita como exitosa y tersa, la prensa internacional se dio cuenta de las severas contradicciones de este viaje.

Los movimientos del Papa fueron acompañados por la ominosa sombra de Marcial Maciel, una expresión más del lado oscuro de la historia de la iglesia, construido por la incongruencia de sus élites.

A pesar de todo, en las bases, como siempre a lo largo de su historia, permanece también en esa iglesia la potencia esperanzadora que extrae su vitalidad del ejemplo y de las enseñanzas liberadoras y comprometidas de quien denunció a las élites de su tiempo, Jesús de Nazaret.

INVESTIGADOR DE CIESAS OCCIDENTE. CORRESPONSAL DE ENVÍO EN MÉXICO.

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