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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 357 | Diciembre 2011
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Nicaragua

“El gobierno debe tomar en cuenta los 800 mil votos por Gadea”

Dionisio Marenco, Alcalde de Managua (2004-2008), uno de los militantes y funcionarios del Frente Sandinista más calificados y cercanos al Presidente Daniel Ortega durante muchos años, compartió con Envío opiniones y valoraciones sobre el reciente proceso electoral y sobre el futuro del país, en una charla que transcribimos.

Dionisio Marenco

La historia de Nicaragua ha sido una historia de continuos conflictos políticos. Aunque todos han tenido un sustrato económico y social, todos fueron disputas por el poder, todos fueron políticos. Algunos dicen que eso es normal, que pasa en todas partes del mundo. Creo que en Nicaragua es peor. Y creo que en nuestro espacio más cercano,
en Centroamérica, no hay ningún país que haya tenido tantos conflictos por unidad de tiempo como Nicaragua. La razón de esta conflictividad la deben dilucidar historiadores y antropólogos. Mientras la estudian ellos, lo que sabemos todos es que por ciclos, que a lo sumo se prolongan por 30 años de estabilidad, ocurre periódicamente un conflicto al que sus protagonistas llaman “revolución” y pronto esa revolución impone una “pax romana” por un período de tiempo y pronto esa experiencia acaba en un nuevo conflicto…y así sucesivamente. Habría que imaginar en qué momento
de esos ciclos repetidos estamos hoy. Hasta ahora, desde los años 80, con altos y bajos, las elecciones habían roto ese esquema cíclico que nos ha llevado a solucionar siempre nuestros problemas políticos por la vía violenta.

Quisiera empezar recordando cómo fue el inicio de mi experiencia electoral. Las elecciones de 1963 son las primeras que recuerdo. Se elegía entre un señor Amador, de Matagalpa, y un títere de los Somoza, el doctor René Schick Gutiérrez. Yo no tenía aún edad de votar. Las elecciones siguientes, las de 1968, sí las viví intensamente.
En aquel momento yo estudiaba ingeniería en la UCA y era presidente del Centro Universitario. Para esas elecciones, el General Anastasio Somoza Debayle corría para Presidente por primera vez. Ya había pasado por la Presidencia su padre, Anastasio Somoza García y su hermano Luis Somoza Debayle. Él sería el tercero de la disnastía de los Somoza en el poder.

En el Centro Universitario de la UCA (CEUUCA) y en el Centro Universitario de la UNAN (CUUN), organizamos un movimiento para oponernos a la continuación de la dinastía somocista. Nuestra bandera fue “No más Somoza”. Bajo esa consigna, desde los dos centros universitarios (sólo había entonces dos universidades en Nicaragua), lanzamos una gran campaña para crear una sola unidad opositora contra Somoza, la Unión Nacional Opositora (UNO). Aquel año el presidente del Centro Universitario de la UCA era Casimiro Sotelo, que estudiaba Derecho, y yo era el secretario.

En León presidía Duilio Baltodano y el secretario era Horacio Lobo. Esos cuatro estudiantes éramos la mesa que dirigíamos a todos los partidos políticos de oposición buscando que se lanzaran unidos contra la candidatura de Somoza.

En aquel tiempo la principal fuerza opositora era el Partido Conservador. Lo lideraba el doctor Fernando Agüero Rocha, recientemente fallecido. Agüero había desarrollado un nivel de liderazgo de masas importante y lo seguía mucha gente. Los demás partidos, más pequeños, eran el Partido Liberal Independiente -bajo cuya bandera participó ahora don Fabio Gadea-, el Partido Socialcristiano, el Partido Socialista, el Partido Movilización Republicana y un pequeño partido que lideraba el doctor Alejandro Pérez Arévalo. En aquel tiempo los partidos de izquierda eran irrelevantes en número de militantes y los conservadores jamás se sentaban a hablar con los llamados “comunistas”. Teniendo Agüero Rocha el peso político fundamental en la oposición no le interesaba mucho aglutinar a otros, considerándolos pequeños. Pero para nosotros era políticamente estratégico juntar todas las fuerzas para enfrentar a la dictadura. A comienzos de 1966 se logró firmar una coalición de unidad, que prácticamente fue forzada por los estudiantes. Agüero aceptó incorporar en esa coalición al PLI y a los socialcristianos, pero no aceptó que entrara ninguno de los “comunistas”.

El 28 de octubre de 1966, 30 estudiantes de la UCA y de la UNAN, decidimos iniciar nuestra campaña metiéndonos de improviso en el juego inaugural de la liga de béisbol profesional en el estadio nacional. Era una ceremonia muy alegre, con bandas de guerra, con el Presidente de la República -entonces Lorenzo Guerrero-, con todos los funcionarios del gobierno, con un estadio lleno con 20 mil personas. Entramos de dos en dos y cuando estuvimos en el campo sacamos una gran manta que decía “No más Somoza - Centros Universitarios”. Fuimos avanzando con la manta desplegada y tirando consignas y cuando avanzábamos hacia el center field la guardia nos cerró el paso. Yo pensé que sólo nos iban a sacar. Pero no, era que nos iban a capturar. Al final nos agarraron a ocho, a una sola mujer (María Teresa García Zeledón) de las siete que estaban en el grupo. Nos golpearon brutalmente. Nos llevaron detenidos a la Policía de Tráfico en el mismo Estadio. El oficial que nos recibió allí fue el Teniente Fulgencio Largaespada. Cosas de la vida: fue él quien el 19 de julio de 1979 rindió la Guardia Nacional al Frente Sandinista de Liberación Nacional. Del Tráfico fuimos trasladados a la cárcel de El Hormiguero y luego a las cárceles de la tristemente célebre Oficina de Seguridad Nacional (OSN).

El 22 de enero de 1967 se cerraba la campaña electoral para las elecciones que se celebrarían una semana después. Eran las primeras elecciones en que yo iba a votar. También iba a ser fiscal en una mesa electoral. Los estudiantes universitarios estábamos organizados en lo que se llamaba el CIVES (Comités Ciudadanos de Vigilancia Electoral y Defensa del Sufragio). El CIVES encabezaba aquel día la manifestación con que cerrábamos la campaña contra Somoza. Había iniciado a las 8 de la mañana. Decenas de miles de gentes. Y guardias por todos lados. Nos habían dicho que la dirigencia opositora había estado negociando con oficiales de la Guardia Nacional para apartar a Somoza, neutralizar al Presidente Lorenzo Guerrero y formar una junta cívico-militar que preparara una elecciones justas, porque había una discusión similar a la actual, sobre las elecciones sin garantías...

Estábamos en la calle, entusiasmados viendo aquel mar de gente. Conmigo estaban 110 compañeros del CIVES. Cuando ya estaba oscureciendo, llegó un camión cisterna para echarnos agua y dispersarnos. Y de pronto sonó un balazo que mató al oficial que venía con la manguera. Se llamaba Sixto Pineda. No sabemos quién disparó. Enseguida, la guardia comenzó a disparar contra nosotros y a muy poca distancia. Yo me lancé del camión en donde estaba encaramado. Yo no sé cuántos muertos hubo ese día, pero me tocó pasar por encima de brazos, de cabezas, de troncos, de piernas, de charcos de sangre…Caminé sobre una alfombra de muertos. Después del tiroteo enfrentamos a pedradas a la Guardia Nacional durante unos 20 minutos. Tuve que pasar escondido varias semanas y no pude ir a votar. Fueron aquellas unas elecciones llenas de dolor, de tragedia, de mucho muerto y de mucha violencia. Fueron unas elecciones literalmente bañadas de sangre, ni término de comparación con las circunstancias de las actuales. No pude votar nunca. Lo hice hasta 1990, con 44 años. Fue mi primera vez y mi candidato, Daniel Ortega, perdió. Como ven, tengo un historial bastante traumático con las elecciones.

Quiero compartir algunas opiniones personales sobre las elecciones que acaban de pasar. La candidatura
a la reelección del Presidente Daniel Ortega fue muy criticada bajo el argumento de violar el mandato constitucional de no reelección y porque fabricó un artificio legal para poder participar. Si así lo creían los partidos de oposición,
¿por qué se presentaron a la justa electoral? Haciéndolo, de hecho estaban legalizando el proceso. Creo que fue un gran error de la así llamada oposición. En mi opinión, si yo voy a un proceso electoral y no tengo garantías de participar en condiciones igualitarias, no voy. Y si pierdo, no me quejo, porque ya sabía a lo que iba. La alternativa a participar
en esas condiciones es entrenarse en otras formas de lucha política.

En Nicaragua, la elección se desarrolla en 13 mil juntas receptoras de votos. Realmente, no es una elección, son 13 mil elecciones. El partido que no se organiza para enfrentar 13 mil elecciones en 13 mil lugares diferentes no va bien preparado. Entonces, si esto lo saben los partidos de oposición, y dicen que no tenían fiscales en los 13 mil puntos, ¿por qué no se prepararon? Dicen que a algunos fiscales los sacaron de las juntas. ¿Y por qué esos fiscales no denunciaron inmediatamente esa anomalía? ¿Y las diez personas que tenían que tener para respaldar a cada fiscal? Son preguntas que yo me hago.

Hay que tener en cuenta que el diseño electoral en Nicaragua es territorial. Esto significa que cada junta receptora de votos tiene que estar cerca de 400 votantes. Y cuando ya hay más de 400 hay que crear otra junta. Es un modelo de elección que busca acercarse a la población. Esto le facilita mucho a los partidos que participan el identificar cómo van a ser los resultados, saber quién va a votar por quién. En los años 80 y 90 yo trabajaba con el Frente Sandinista en lo que se llamaba el Territorio 33. De ese territorio teníamos un censo casa por casa. Sabíamos dónde vivía todo el mundo, quiénes había en cada familia, quiénes eran sandinistas, quiénes liberales, quiénes estaban en contra, quiénes a favor, quiénes tenían trabajo, quiénes no…El trabajo político que hacíamos era de casa en casa, de uno por uno. Por eso, antes de las elecciones ya sabíamos casi con seguridad cómo iba a ser el resultado.

El diseño electoral actual, que se califica como partidarizado, establece que las autoridades locales que presiden cada junta son dos. El primer miembro, que le corresponde al partido que quedó en primer lugar en la elección anterior. Y el segundo miembro, al que quedó en segundo lugar. Esto se decidió así en el famoso y vilipendiado pacto entre el FSLN y Arnoldo Alemán, proceso en el que estuve desde el primer día hasta el último. Cuando iniciamos ese proceso,
el Frente Sandinista no tenía a nadie en el Consejo Supremo Electoral. Ni un magistrado ni ninguna autoridad. Yo fui uno de los que le dije a Daniel Ortega: “Ni se te ocurra ir a otra elección si nosotros no tenemos alguna presencia
en el Consejo. Sería una torpeza, porque te las van a robar”. Fue desde esa certeza que fuimos negociando y negociando, hasta llegar al esquema actual.

Al iniciar las negociaciones políticas llamadas pacto, el Frente Sandinista estaba en el freezer, bajo cero. En aquel momento, cuando decidimos el acuerdo con el Presidente Arnoldo Alemán, solamente nos interesaba cómo rompíamos el cerco, cómo conseguíamos tener presencia en el proceso electoral para cuidar y garantizar nuestros votos, una demanda que me parece razonable.

Alguien puede decir que el nuestro es un sistema electoral totalmente partidarizado. Pero, si quienes compiten en las elecciones son los partidos políticos, ¿por qué no van a estar representados los partidos en el Consejo? Algunos piensan que es mejor que el aparato electoral sea una institución independiente. Y no es una mala idea. En México funciona un pequeño instituto con funcionarios profesionales y cuando llegan las elecciones se incorpora a ese instituto un representante de cada uno de los partidos políticos que van a competir. Y ese colegio político funciona sólo para las elecciones. Me parece un buen modelo. Creo que necesitamos un nuevo modelo de Consejo Electoral, que debería ser o una dependencia de un ministerio del gobierno o eso: una entidad pequeña y profesional, a la que se incorporen en el momento de las elecciones los representantes de los partidos políticos que van a participar para actuar allí a la manera de fiscales.

Mucho se habla de la etapa en que Mariano Fiallos Oyanguren presidió el Consejo Supremo Electoral. El doctor Fiallos era sandinista, fue condecorado con la máxima Orden sandinista, la Orden Carlos Fonseca. En aquella etapa todos los magistrados del Consejo eran sandinistas. Y perdimos las elecciones en 1990. Entonces, no es por tener un Consejo politizado, partidarizado, que ganás o perdés. Juegan otras circunstancias. Los funcionarios electorales de aquella época eran sandinistas porque todos los funcionarios del gobierno lo eran entonces. Porque durante la Revolución todas las estructuras del poder eran sandinistas. Nunca pensamos que íbamos a perder las elecciones de 1990. Y no nos preparamos. Y por eso ocurrió lo que ocurrió. Fue un gran error, causado por una enorme ceguera, la que causa el poder, la que nos impidió ver cómo estaban evolucionando las cosas en el país.

Creo que se puede discutir si es o no correcta la organización actual del Consejo Supremo Electoral y cuál organización sería mejor. Eso lo veo menos relevante. Para mí, el verdadero problema es el procedimiento, son los procesos. Este Consejo Supremo Electoral y los “Consejitos Electorales” departamentales y municipales son como pequeñas fábricas que sólo trabajan cada cinco años y el resto del tiempo están sin hacer nada. No son como una fábrica de jabón o de zapatos o de camisas, que mantiene una línea de producción constante. Estas “fabricas” pasan inactivas cuatro años y en el último año comienzan a trabajar y en el último momento tienen que producir o contar 3 millones de votos en
24 horas. Si esto es así, y es así como yo lo veo, tenemos que tener una maquinaria perfectamente alistada para que la producción de esos votos entren y salgan sin ningún tropiezo. Es sencillo. ¿Qué produce esa fábrica? Son votos lo que produce. ¿Y cuál es su materia prima? Ciudadanos que van a votar.

Si ésa es la “materia prima”, todos los ciudadanos deben estar debidamente identificados. Asegurarlo exige toda la inteligencia y toda la eficiencia posibles. Sólo en Nicaragua es un problema obtener una cédula de identidad, cuando eso debería ser algo que pudiera sacarse hasta por Internet o en cualquier oficina, hasta te la tendrían que llevar a la puerta de tu casa. Tal como ya está de avanzada la tecnología esto es posible, incluso en Nicaragua.

La entrega de las cédulas de identidad debe funcionar con prontitud y rutinariamente, garantizando que todo el mundo la obtenga con facilidad. Y sólo cuando el ciudadano la pierda debe cobrársele algo por reponerla. El problema que hubo en esta elección con la entrega de las cédulas fue un error gravísimo, verdaderamente insulso.

Yo creo que habría que revisar y estudiar si el mejor modelo es el que tenemos, el de la circunscripción territorial tan cercana al votante. Tal vez han surgido nuevos barrios, tal vez conviene revisar algunas circunscripciones. Y analizar si lo más conveniente no sería cambiarnos a un sistema no territorial, y en vez de tener 13 mil mesas tener sólo mil. Y agrupar a todos los que viven en una zona en lugares de votación más grandes, con más juntas. Así ocurre en El Salvador y en muchas partes del mundo.

Creo también que debemos caminar hacia el voto electrónico. ¿Cómo es posible que hoy, con un aparatito telefónico o un iPad, podamos estar hablando con un amigo en Taipei, con otro en Francia y con otro en Jalapa, y sabiendo usar esos medios, sigamos votando de la forma tan atrasada en que lo hacemos? Tendría que haber la posibilidad de que
el votante recibiera un papel o algún tipo de recibo codificado para verificar su voto, en el caso eventual de una protesta. En Francia te mandan la boleta a tu casa por correo, la llenás y votás y mandás tu voto por correo. Aquí tenemos un sistema totalmente anticuado. Como no confiamos en nada ni en nadie, hasta le manchamos el dedo al votante para que quede así marcado y no vuelva a votar en ningún otro lugar y no lo haga más de una vez. En pleno Siglo 21 me parece una práctica antediluviana y un símbolo de nuestro atraso. Además, es una medida inútil, porque si se quiere hacer fraude se pueden usar unas tintas que se borren y otras que manchen de verdad. Y si se quiere hacer fraude y controlás a todos los miembros de la mesa, puede llegar alguien con toda la mano manchada y lo dejás votar…

En un sistema basado en la suspicacia y en la desconfianza es lógico que haya tensiones en una votación. Pero en cada mesa hay 400 votantes y por la historia electoral, que todo el mundo conoce, se sabe cómo vota la gente en cada mesa. Hay mesas donde siempre ha ganado el Frente Sandinista. Hay mesas en donde siempre ha ganado el antisandinismo. Y hay mesas en donde siempre hay resultados apretados dependiendo de las coyunturas. Entonces, cualquier análisis post-electoral o auditoría del proceso sólo tiene que estudiar las tendencias y verificar los cambios
más drásticos.

En una situación como la que tenemos, debemos revisarlo todo e ir hacia cualquier medida que contribuya a aligerar el proceso y permita tener resultados rápidos. Me imagino un sistema que permita un conteo instantáneo, en tiempo real. Con las mesas de votación integradas todas en red, de tal manera que en cualquier lugar se pueda poner una pantalla para ver cómo va la votación y desde cada casa uno pueda ingresar a esa página web para ir chequeando cómo va la votación en cualquier momento, viendo cómo van cayendo los votos. Y si se ve que algo va mal en alguna mesa que estás vigilando, lo denunciás inmediatamente.

Creo que a través de Internet deberían votar los nicaragüenses que viven en el exterior. Son demasiados los nicaragüenses que viven fuera y que tienen un peso decisivo en la economía. Las remesas familiares son ya el rubro de exportación más grande que tenemos en Nicaragua, a excepción del café este año, que ha alcanzado precios internacionales muy altos. Toda esa gente, que está aportando tanto dinero a nuestro país, ¿por qué no va a poder votar? ¿Por temor a su ideología? Pero si uno va a Miami hoy encuentra de todo: antisandinistas y sandinistas. La mayoría de nuestros emigrantes se van hoy en busca de empleo, emigran por necesidad económica. Igual en Costa Rica, emigran para sobrevivir. En San José viven ya mas de 300 mil nicaragüenses. No es posible que todos sean antisandinistas. Entre ellos también debe haber muchos sandinistas. De hecho han migrado más personas después de la época de la revolución de las que emigraron entonces por razones de exilio político.

En estas elecciones que acaban de pasar no tenemos aún información de los resultados de cada mesa. Ni tenemos aún tampoco ninguna prueba que nos indique o demuestre en qué mesa se robaron cuántos votos. ¿Cómo es posible que estemos en esta situación todavía? Yo sé que hubo un tremendo descontrol en el manejo de determinadas mesas electorales. Pero no estoy en capacidad de decir qué fue lo que realmente pasó. Sin embargo, a mi juicio, todas las fallas cometidas no dan para cambiar el resultado final.

Las encuestas y todos los estudios de estados de opinión nos indicaban que Daniel Ortega iba a ganar. Ninguna encuesta ni ningún estudio tienen una explicación definitiva de por qué iba a ganar Daniel. Pero hay una pregunta de control que resulta muy importante: las encuestas preguntaban también “¿Por qué candidato usted no votaría nunca?”. Hace 5 años veíamos en las encuestas que un 45% del electorado decía que nunca votaría por Daniel. Y en la última encuesta de Cid Gallup de 2011 sólo el 11% contestó eso a esa misma pregunta. ¿Son falsas las encuestas o hay que estudiar mejor qué hizo cambiar a la población? Cuando se le preguntó a la gente este año “¿Cómo considera que va el país?” 75% decía que iba bien. En el propio día de las elecciones vimos los informes de la Unión Europea, de la OEA y del CNU -al que acusan de partidarizado-, y sus muestras rápidas coinciden en que no había fiscales del PLI en determinadas mesas, pero todas coinciden en afirmar que ganaba el FSLN.

En esta elección la enorme mayoría que Daniel Ortega tuvo en su imagen y en su proyección creo que se debió a las muchas cosas que le dio a la gente, cosas que tienen mucho impacto. Yo trabajé por el basurero de La Chureca muchos años. Cuando tomé posesión de la Alcaldía de Managua mi primer acto antes de juramentarme fue ir a desayunar al basurero. Cada año hacía fiesta a los niños de ahí y el proyecto que hoy tiene España en La Chureca se comenzó cuando yo era alcalde. Un día fui a La Chureca con un analista político muy importante. Lo llevé allí y vimos a una mujer que vivía con su hijo en el cajón de cartón de una refrigeradora. Ese cajón era su casa. La señora me pidió que la ayudara con una casita. Lo que hice, inmediatamente, fue comprar unos metros de plástico negro para envolver aquel cajón, le puse encima una lámina de zinc y le abrí un hoyo al cartón como ventana. Feliz estaba la mujer.

Le prometí que le resolvería con algo mejor pronto, pero al menos así no se iba a mojar. Hasta hoy, esa historia es recordada por mi gran amigo, Arturo Cruz, el analista que me acompañó ese día, como un ejemplo de la intensidad de nuestra pobreza y del valor de las soluciones inmediatas. Hoy en La Chureca se están construyendo 220 casas con la generosidad de España.

Con las láminas de zinc del Plan Techo que ha entregado este gobierno la gente beneficiada te hace un monumento. Yo no puedo decir si con esas láminas le estuvieron comprando el voto a la gente. Lo que sí puedo decir es que con esas láminas le están resolviendo un problema básico a la gente. Creo que hay que distinguir entre lo que es asistencialismo y lo que es resolverle a la gente necesidades básicas.

Yo creo que en la situación en que hemos quedado después de estas elecciones deberían presentarse los resultados junta por junta, mesa por mesa. Y debería practicarse también una auditoría ciudadana en algunas mesas que manifiesten inconsistencias obvias. Deberían traer de regreso toda las boletas, que deben estar empacadas y guardadas, y reunir al grupo de ciudadanos interesados. Deberían sacar todas las boletas y volver a contarlas de nuevo. Y para el futuro debemos buscar mecanismos de control más eficientes y más adecuados a la tecnología moderna, para no estar en el conflicto en que hoy estamos.

Yo miro esto como si fuera un problema de ingeniería industrial, como si me contrataran para diseñar un proceso de producción. Vamos a producir 2-3 millones de votos, pueden llegar a votar 3 millones de personas, quiero tener los resultados lo más rápido posible… ¡Hágalo! Para lograrlo, tengo que diseñar el espacio, los flujos, los papeles… En estas elecciones, por ejemplo, se estableció la boleta única. Y no tengo duda de que eso hizo más rápido el proceso. Pero sospecho que a la hora del conteo quién sabe cuántos enredos produjo la boleta única…

Cuando hablo de procesos que debemos revisar y mejorar hablo sobre todo del proceso del conteo, del escrutinio. Poco después de las elecciones de aquí estuve viendo las elecciones de España. Y vi que las mesas cerraron a las 6 y a las 7 de la noche ya estaba Rubalcaba reconociendo y Rajoy hablándole al país. Más cerca de nosotros, en Perú la última elección estuvo bien reñida y lo mismo: a las 7 de la noche ya todo estaba resuelto y claro. Aquí más cerca, en Guatemala, el mismo día 6 de noviembre, también hubo elecciones, con 45 muertos por violencia electoral durante el proceso. Y contaron y todo en orden, y el General Otto Pérez Molina es el Presidente electo. Y en Nicaragua después de un mes aún estamos en una sola discusión y duda. Si el procedimiento del conteo y la presentación de los resultados no son expeditos y rápidos, se le añade una sobredosis de duda y de desconfianza a todo el proceso electoral.

Algunos proponen que se cambie a todos los magistrados del Consejo Supremo Electoral. Creo que presentar así las cosas es un error y una sobresimplificación del problema. Porque nadie garantiza que quitando a esas nueve personas
y poniendo a otras nueve no vamos a tener los mismos o peores problemas. Porque el quid del asunto está en los sistemas, en los procesos. Si no cambiamos el procedimiento, y viviendo en un país en que los partidos quieren colocar a personas afines, nada cambiará. Doy fe que en este Consejo Supremo Electoral que tenemos hoy hay cuatro magistrados que eran militantes y dirigentes del PLC al máximo nivel de confianza y fue por eso que los pusieron ahí y hoy los acusan de sandinistas y llevan pañuelo rojinegro al cuello. Todos sabemos que siempre se buscaba para el Consejo la presencia de un notable para que representara el fiel de la balanza entre sandinistas y liberales, una persona neutral que sirviera para delimitar las fuerzas de los partidos en contienda. Todos conocemos a ese notable, casi un representante de la máxima autoridad católica. ¿Y qué pasa ahora? No hay calificativo denigrante que no se le haya endilgado, hasta casi destrozarlo.

¿Por qué cambiando a los nueve magistrados no cambiarían las cosas? Porque el problema que tenemos en Nicaragua es un problema de valores. Que es lo que nadie discute nunca en Nicaragua. Nadie está defendiendo el valor de la honestidad, el valor del respeto al ciudadano, el valor de la convivencia ciudadana. Si nosotros estuviéramos luchando de verdad por lograr una sociedad donde cohabitar todos y tener un país un poco mejor que el que hoy tenemos, con seguridad iríamos por el camino en el que algún día vamos a encontrar la salida. Pero no, toda la discusión es sobre a quién pongo en qué cargo, sobre la repartición de los cargos. Toda la discusión es por si te doy uno en el Consejo y te quito uno en la Corte... Ésa falta de valores es el grave problema que hoy tenemos. La famosa institucionalidad se ha convertido en una repartición de prebendas y de favores para mantener el estatus quo.

Enfatizar sobre el valor de la honestidad, sobre el valor de decir la verdad y no mentir, sobre el valor de respetar
a todo ciudadano son cosas sencillas, pero tan importantes que sería por ahí por donde se resolverían muchos de nuestros problemas. Porque después que pase toda esta crisis electoral, sea que se anulen las elecciones, que se vuelvan a hacer otras, que se quede todo como quedó, con este Consejo o con otro, tendríamos que resolver
lo más profundo: los valores que hemos perdido. Yo estoy plenamente de acuerdo con esa opinión que afirma que las revoluciones sociales tienen que empezar por abajo y las revoluciones éticas tienen que empezar por arriba. Por eso digo que no basta con cambiar a los magistrados del Consejo Supremo Electoral si no cambiamos los valores que hicieron posible lo que hoy nos está sucediendo en Nicaragua.

Hay muchas cosas que cambiar en Nicaragua. Creo que en el Frente Sandinista, y en todos los partidos por igual, falta democracia. Es un problema sintomático de toda nuestra sociedad. En Nicaragua venimos de una sociedad totalitaria.
La dictadura fue totalitaria. La bajamos de la manera más traumática posible: a balazos. Y sobre el cadáver de la dictadura construimos un régimen militar. Eso fue el régimen del Frente Sandinista en los años 80. Y tuvo que ser así para defenderse de la agresión extranjera que nos impuso el gobierno del Presidente de Estados Unidos Ronald Reagan. El Frente Sandinista viene de una matriz militar, no de una matriz democrática. Porque en circunstancias militares nos tocó enfrentar a la dictadura. Y muchos de los rasgos militares de aquel tiempo no han cambiado en el Frente. No sé cuántos años tendrán que pasar hasta que poco a poco construyamos otra matriz.

¿Qué pasó en estas elecciones? ¿Prevaleció el principio de que “todo se vale”, el que don Nicolás Maquiavelo formuló hace más de quinientos años cuando habló de que “el fin justifica los medios”, un principio que ha dominado el mundo desde entonces? Yo creo que introducir en la masa la idea de que hay que ganar a toda costa, está bien, pero si esa masa se va al extremo y ya no sólo dice “¡Ganamos!”, sino “¡Los acabamos, los arrastramos!” ya vamos mal. Siempre debería ser: ganamos, hay que darle la mano al vencido y de aquí para adelante sentémonos a dialogar y trabajemos juntos. Pero si el sentimiento que se impone es que hay que hacer lo que sea para desbaratar al adversario estaremos siguiendo la guía de don Nicolás, que ha sido una filosofía seguida en el mundo entero, y hasta toda una época se construyó con ese pensamiento. Una filosofía que funciona bien, hasta que te la aplican en tu contra. Porque si sos fuerte, siempre habrá alguien más fuerte que vos y te la aplicará.

¿Había en el Frente Sandinista dudas de si podían perder las elecciones? Yo soy sandinista y voté por Daniel Ortega, pero no estoy dentro del aparato político y del aparato electoral del Frente Sandinista, así que no sé qué calculo tenían. Pudiese ser que no haya habido una confianza total. Pudiese ser que eso haya llevado a tomar mas precauciones de lo normal, ¿quién puede saberlo?

Todo el sistema, todo el proceso que hemos venido usando para las elecciones debe ser objeto de una revisión profunda y de una muy buena ingeniería, valiéndonos para eso de la mejor tecnología posible. Esto es una responsabilidad muy grande. ¿Y por qué? Porque las elecciones son la mejor solución para evitar la guerra. Las elecciones son una manera de decirnos entre nosotros “No, no nos matemos, vamos a escoger el camino que queremos por otra vía: el socialismo, el conservatismo, el socialcristianismo, el modelo cristiano, socialista y solidario, el comunismo, el anarquismo, los verdes, el sandinismo…” Cualquier camino, pero por una vía cívica y pacífica. Si perdemos este camino, si este camino se violenta, nos llevará de nuevo a ciclos de confrontación. Si tenemos procedimientos claros eliminaremos un gran obstáculo, aunque no todos. Pero, si encima de los atrasos que tenemos, de tantos problemas como tenemos en Nicaragua, tenemos un proceso electoral turbio, tengan la plena seguridad de que vamos en camino hacia una solución violenta y hacia más pobreza.

Eso nos traerá más atraso. Ya hemos pagado por esos ciclos de confrontación violenta. Nicaragua es hoy el segundo país más pobre de América Latina. Este país está en un estado lamentable. Un solo dato: cuando yo era estudiante, Honduras era vista como un país atrasado y muy pobre. Hoy, dejando a un lado si la repartición de la riqueza en Honduras es equitativa o no lo es, nuestros vecinos producen el doble de la riqueza de la que producimos en Nicaragua. El producto por habitante en Honduras es 2 mil dólares y en Nicaragua es sólo 1 mil 100 dólares. Donde cada nicaragüense dispone de un peso, el hondureño dispone de dos. Así de simple. Y para que en Nicaragua alcanzáramos los niveles que hoy tiene Honduras, al ritmo de crecimiento que hoy tenemos, que es un buen ritmo, nos faltarían 20 años. . Yo tengo altísimas probabilidades de no ver ese cambio. Teniendo en cuenta, además, que Honduras también seguirá creciendo. Ya no digamos si nos comparamos con Costa Rica, con El Salvador, con Guatemala. Nicaragua está muy atrás y es muy frágil. Lo que tenemos en mayor cantidad es agua, pero lamentablemente la contaminamos a cada minuto. Y cuando llueve, nuestra principal aliada se nos convierte en nuestra peor enemiga.

Hemos llegado a un momento en que debemos reflexionar en calma, sin pelearnos más. Creo que es momento de sentarse con el gobierno y preguntarle: ¿Para dónde quieren caminar? ¿Quieren quedarse solos? ¿Quieren no tener en cuenta los 800 mil votos que dicen que ganó Fabio Gadea? ¡Son 800 mil personas! El gobierno tiene que tomarlos en cuenta de verdad. Por fuerza tiene que hacerlo. Los ataques y la confrontación entre sandinistas los considero lamentables. El gobierno tiene la obligación de construir, con todos, un país que nos permita vivir y levantarlo entre todos lo mejor que podamos.

Nuestro nivel de atraso es demasiado grande. El reto en educación es probablemente el reto más grande que tenemos. Les doy otra cifra: el número de estudiantes de la India que en la secundaria sacaron la nota máxima, esos que se gradúan de bachilleres con un 10, los que son excelentes, son ya más que todos los estudiantes de secundaria de todos los Estados Unidos. Imagínense el potencial que hay actualmente en la India. ¿Y en Nicaragua? Aun los más excelentes no logran ni pasar el examen de admisión de la Universidad de Ingeniería en matemáticas. Ni el 10% pasa ese examen. Esto es un drama, es para echarse a llorar. Superar este atraso requiere una enorme inversión en infraestructura, en recursos, en entrenamiento, sobre todo de los profesores de primaria, para poder levantar el estándar académico y poder poner a nuestros muchachos a competir, por lo menos con los ticos o con los mexicanos, ya no digamos con los chinos o con los indios. Tenemos que lanzar una campana masiva de educación a distancia para tratar de vencer semejante rezago tecnológico.

En un panorama tan desalentador, nuestra escasez y el tamañito tan chiquito que tenemos es lo que a mí me da esperanzas. Porque en China competir para ser un buen doctor, cuando hay millones de buenos doctores, debe ser muy difícil. Aquí tenés posibilidades de sobresalir si sos buen estudiante y si sos inteligente y con un poquito de suerte podés lanzarte hacia delante. Pero para que eso funcione tendríamos que quitar todas las trabas que el ambiente está poniendo. Todas las trabas institucionales, todos los pleitos gratis en los que nos metemos. Si el Frente Sandinista ganó las elecciones, como yo creo que las ganó, con mucha más razón debe despejar todas las dudas que sus adversarios políticos tratan de achacarle. Ojalá haya un cambio de actitud. Y que no sea el cambio climático, que también nos puede encontrar en pleitos, y entonces ya no tendremos tiempo de cambiar nada.

Hoy el gobierno está en un momento de inercia enorme. De mucha fuerza y con espíritu triunfal. Pero eso puede cambiar de un momento a otro. En Nicaragua podemos entrar en crisis económica en cualquier momento si cambian las condiciones políticas en la hermana Venezuela. Una cosa es Nicaragua con Venezuela y otra Nicaragua sin Venezuela. Son dos países completamente diferentes. Y no digo el gobierno del Frente Sandinista sin Venezuela, sino Nicaragua, toda Nicaragua. Si aquí se acaba la cooperación venezolana, el acuerdo petrolero, la próxima reunión que tengamos no será aquí, sino tendrá que ser en el patio porque no va a haber luz. La cooperación solidaria que nos proporciona el ALBA es mayor que toda la cooperación que nos dan Estados Unidos y la Unión Europea. Así de simple. Son cerca de mil millones de dólares por año lo que nos costaría el petróleo que necesitamos. Mil millones de dólares que Nicaragua no tiene. Además, la gran industria y la cúpula empresarial están felices con la apertura del mercado venezolano. No han podido encontrar mejor mercado que ése.

Nosotros estamos recibiendo de Venezuela 10 millones de barriles de petróleo por año. Estados Unidos consume de Venezuela 3 millones de barriles por día. Nuestro consumo de un año es el de 3 días del suministro venezolano hacia Estados Unidos. Así que, aunque para Venezuela no significamos una gran inversión, si políticamente no se mantienen las cosas en Venezuela como hoy están, y nos suprimen el acuerdo petrolero, ¿de dónde va a sacar Nicaragua mil millones de dólares para pagar el petróleo al precio que está hoy? No los tenemos. Sería una catástrofe. El panorama político nicaragüense cambiaría inmediatamente, cambiaría en los días en que tardara en llegar el siguiente barco con petróleo de Venezuela. Esto debía haber sido un tema de debate en la campaña electoral. Pero nadie lo discutió.

¿Quién discute el futuro económico de Nicaragua, el avance material que tenemos que desarrollar? ¡Nadie! Ni el mismo Frente Sandinista. Daniel Ortega lo que dice es que va a seguir haciendo lo mismo. ¿Y los opositores? ¿Qué han propuesto? ¿Un proyecto de energía, un canal interoceánico, un proyecto para regar toda la zona del Pacífico occidental? ¿De qué va a vivir Nicaragua? Necesitamos hacer entre todos un plan de nación productivo. Ésa es la clave de todo. Pero nos dedicamos a politiquear.

Lo único completamente cierto en este momento es que el Frente Sandinista ha acumulado todo el poder político y debe prepararse para usarlo. Yo hago votos porque Daniel tenga la sabiduría y la humildad para unir a la nación y hacerle frente al futuro y así podamos caminar todos al cielo... o hasta donde podamos llegar.

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