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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 343 | Octubre 2010
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Nicaragua

Elecciones 2011: "No queremos que el miedo nos robe la esperanza"

Eliseo Núñez Morales, Vicepresidente del Movimiento Vamos con Eduardo y diputado al Parlamento Centroamericano, analizó la realidad nacional y algunos aspectos de la próxima coyuntura electoral en una charla con Envío que transcribimos.

Eliseo Núñez Morales

Recientemente, en el Movimiento Vamos con Eduardo tomamos la decisión de que Eduardo Montealegre renunciara a su candidatura presidencial en el 2011 convencidos de que era lo mejor para lograr el cambio que queremos para Nicaragua. Queremos que Nicaragua camine en un sentido diferente al actual. Queremos que las instituciones funcionen y sean sólidas y que de eso se derive desarrollo. Nos convencimos de que si eso queríamos, no debíamos seguir insistiendo en una candidatura que, en vez de apuntar a eso, lo que estaba provocando era que las pretensiones legítimas de Montealegre se vieran reducidas a una lucha personal entre Arnoldo Alemán y él.

Con los intentos recientes para la unidad liberal y con las elecciones primarias interpartidarias para elegir un único candidato presidencial, lo que estábamos logrando era que Arnoldo, a pesar de todo su desgaste, se colocara al mismo nivel político de Eduardo, y que todo se polarizara entre dos personas. Y escoger entre Eduardo y Arnoldo ya no era escoger entre un discurso que apuesta a romper con el sistema actual y el discurso de Arnoldo, que apuesta a mantener ese sistema, como en efecto lo sigue siendo. Nuestra percepción era que estábamos escogiendo entre dos personas y no entre dos propuestas. Nos convencimos de que si no rompíamos con esa polarización no podríamos seguir adelante con nuestro proyecto, que no se agota en llevar a una persona o a otra a la Presidencia de la República. Fue por eso que buscamos a un candidato de consenso y así fue apareciendo el nombre de Fabio Gadea Mantilla.

¿Cómo hemos llegado hasta donde estamos hoy? El Movimiento Vamos con Eduardo es un movimiento político de orientación liberal. Nacimos en el año 2005 como ALN. Aquel año hicimos un acuerdo con lo que se llamaba MSL (Movimiento de Salvación Liberal), separado del PLC (Partido Liberal Constitucionalista). Nos insertamos en el MSL
y nos dimos el nombre de ALN (Alianza Liberal Nicaragüense). Con ese nombre y bajo esa bandera participamos en las elecciones presidenciales de 2006. Y con el MRS (Movimiento Renovador Sandinista), ambos partidos logramos un avance que considero cambió la faz política de este país. Entre ambos conseguimos que en aquellas elecciones la gente ya no escogiera polarizadamente entre dos males por el mal menor. La gente pudo escoger para Presidente entre cuatro opciones: Daniel Ortega, Mundo Jarquín, José Rizo y Eduardo Montealegre, superando así campañas anteriores, basadas en una polarización que supone que Nicaragua es un país en blanco y negro, cuando Nicaragua ya no es ese país en blanco y negro.

En aquellas elecciones, que ganó Ortega, la ALN recibió 700 mil votos y el MRS 268 mil, lo que representa más del 33% de la población votante. Al comprobar un cambio de esas dimensiones, el ejercicio autoritario del gobierno de Daniel Ortega intentó reducir y hasta desaparecer estas dos expresiones políticas e ideológicas y, para lograrlo, en 2008 el Consejo Supremo Electoral despojó a ALN de su directiva y se la entregó a otros y después despojó al MRS de su personería jurídica.

Quienes fundamos ALN lo hicimos como se concibe a un niño: le dimos su estatuto, sus principios… y aquella criatura ha terminado en lo que hoy vemos que se ha transformado. En rechazo a esta nueva ALN resurgió en 2008 el Movimiento Vamos con Eduardo y, al igual que el MRS, aunque sin personería jurídica, continuamos ambos grupos actuando en la vida política nacional.

Anulados como partidos políticos llegamos ambos a las elecciones municipales de noviembre de 2008. Y decidimos participar en esa contienda. Después de mucha discusión, nuestro Movimiento decidió ir en alianza con el PLC. Y el MRS decidió pedir a sus votantes que apoyaran en cada municipio las candidaturas que tuvieran capacidad de derrotar a los candidatos del FSLN. De esta forma apoyaron con sus votos a buena parte de los candidatos que llevó nuestro Movimiento en buen número de municipios.

El resultado de esas elecciones fue un fraude electoral que nosotros denunciamos y que fue comprobado y documentado por la comunidad internacional en varios informes, entre ellos el de la GTZ de Alemania, el del Centro Carter y el de la Unión Europea. Todos dejan claro los procedimientos usados por el partido de gobierno para realizar el fraude. Todos los informes coinciden en que en 37 de las 39 alcaldías que fueron objeto del fraude, los candidatos a alcaldes eran los propuestos por el Movimiento Vamos con Eduardo. Sólo una alcaldía de las robadas, la de Wiwilí, llevaba como candidato a un liberal del PLC. Y en el caso de la alcaldía de Jinotega -también objeto de fraude-, el candidato era del PLC, pero había sido disidente y había organizado la ALN en la campaña de 2006. Descubrir la clara complicidad del PLC con el FSLN en el fraude electoral de 2008 fue para nuestro Movimiento una lección que costó a muchos asimilar.

Ha costado a muchos entender que en el juego del poder en Nicaragua el FSLN y el PLC son dos caras de un mismo sistema de poder, entender que entre ambos partidos controlan el poder en el país y que la tarea de quienes estamos fuera de ese sistema es romper esa estructura de poder. Ha costado entender que las discusiones que hoy vemos en la Corte Suprema de Justicia, en el Consejo Supremo Electoral o en la Contraloría General de la República o en otros órganos del Estado tienen un único sentido: cómo repartirse los cargos públicos entre ambos partidos. No hay ninguna discusión sobre cómo elegir gente capaz de sanear la Corte, la Contraloría o el Poder Electoral. Se trata sólo de una discusión de cuántos para vos y cuántos para mí. Con los años, las cuotas de esa repartición han ido favoreciendo cada vez más al orteguismo y han ido reduciéndose para el grupo de Alemán. Las disputas entre ambos partidos se explican únicamente por cómo repartirse un pastel que consideran les pertenece. Nadie en estos dos grupos discute cómo poner el pastel en el juego democrático para que la gente decida qué hacer con él.

A pesar de todas las críticas que se le pueden hacer al Frente, hay que reconocer que ellos funcionan basados en una visión estratégica del poder y que sus aliados, los liberales del PLC, llegaron a los cargos que se repartieron basados únicamente en una visión cortoplacista de apropiarse de cargos. Y ésa es una de las razones por las cuales en el pacto entre Arnoldo y Daniel los liberales han terminado en manos de los orteguistas. Unos jugando al poder y otros jugando a los cargos, tomaron ventaja quienes jugaron al poder y eso hizo variar totalmente la correlación en el pacto.

Y ni siquiera en el pacto los liberales de Arnoldo supieron funcionar con eficiencia. Hay un ejemplo muy claro que lo demuestra: si realmente Arnoldo Alemán hubiera hecho un pacto “de calidad” -obviamente, abandonando las valoraciones éticas- desde el punto de vista del poder, un pacto bien cimentado políticamente, teniendo, como tenía en 2002, ocho magistrados en la Corte Suprema de Justicia, no hubiera estado ni dos horas preso. ¿Cayó preso Daniel cuando lo acusaron de abuso sexual? Arnoldo y Daniel tenían los dos ocho magistrados en la Corte y la gente del PLC fue tan ineficiente que ni siquiera pudieron salvar a Alemán del juicio que le hicieron. No supieron jugar bien ni en eso. ¿Cómo van a jugar ahora para un cambio de sistema?

Este pacto de poder también tiene su expresión económica y desde esa perspectiva nos debemos preguntar qué está pasando hoy con la clase empresarial nicaragüense. Siempre ha habido gente que prefiere jugar con quienes pueden hacer cosas y sabemos que desde el poder se pueden hacer muchas cosas. Por eso, hoy vemos a mucha gente en la empresa privada que, sin tener nexos ideológicos ni con el Frente ni con el PLC, deciden jugar con ellos porque ellos tienen el poder y son los que reparten cargos desde donde se hacen cosas…¿Qué cosas? Un académico francés, Alain de Benoist, ha caracterizado lo que él llama “la derecha del dinero”: quienes pertenecen a este grupo -dice- no tienen convicciones de principios, sino principios de intereses. Es una derecha que juega en un absoluto relativismo ideológico. No les importa quién esté al mando, ellos se acomodan de tal manera que puedan garantizarse sus intereses económicos. No les importa que las instituciones colapsen, no les importa que los señalen de mirada cortoplacista, lo único que les importa son sus negocios, hacer dinero.

Ésa es la visión que tiene actualmente buena parte de la clase empresarial de Nicaragua. Hace algún tiempo se buscaba el poder para hacer riqueza: o riqueza personal -en los regímenes totalmente corruptos- o riqueza nacional creándola desde el ejercicio del poder. Ahora se busca la riqueza para poder estar en el poder, para continuar en el poder. La prioridad es hacer dinero. Es un giro diametral. Y es ese giro lo que explica las extrañas alianzas políticas que hoy estamos viendo en Nicaragua, entre un gobierno que se dice de izquierda, pero hace mucho dinero y tiene sus principales aliados en el gran empresariado del país, y no entre los empresarios que son pequeños y medianos.

Desde esta perspectiva no es de extrañar, por ejemplo, la expresión que le escuché a Eduardo Montealegre cuando el gobierno de Ortega presentó a la Asamblea Nacional el primer Presupuesto General de la República en 2007. Sabemos que el presupuesto -cómo se van a usar los recursos públicos, a qué se va a apostar- es la principal herramienta de desarrollo que tiene cualquier país. Cuando Eduardo lo leyó completo -y sabía leerlo porque él fue Ministro de Hacienda-, me dijo: “Esto es el sueño dorado de cualquier derechista”. La manera en que estaba estructurado el presupuesto, la manera en que se reducía el gasto social, la manera en que se manejaba el déficit fiscal, las decisiones tomadas, no para el desarrollo económico, sino según criterios fiscales y monetaristas, eran las de un gobierno de derecha. El gobierno de Daniel Ortega es un gobierno donde “se deja hacer, se deja pasar”.

¿Hacia dónde vamos? Si alguien pregunta por el rumbo de Nicaragua, por el modelo hacia el cual vamos, encontrará muchas respuestas contradictorias. Unos afirman que somos un país agrícola, otros que somos un país ganadero, otros que somos un país para zonas francas… No hemos construido una visión compartida de hacia dónde debemos caminar, hacia dónde debe dirigirse el Estado para obtener desarrollo y para que ese desarrollo llegue a la gente
y consigamos el desarrollo humano que necesitamos. En el actual gobierno no vemos tampoco esa voluntad.

¿Qué hacer ante esto, cómo responder a esto? Creemos que hay que romper con el sistema, que no habrá solución dentro de este sistema. En las elecciones municipales de 2008 nos embarcamos en una alianza con el PLC para construir algo diferente desde el poder municipal. Muchos nos opusimos al comienzo -me incluyo-, pero prevaleció la opinión de la mayoría, que decidió por miedo, por la desesperación de detener al orteguismo.

En esas elecciones apostamos al PLC, que es parte del sistema. Y no funcionó. Lo que funcionó fue el fraude. El resultado fue el colapso del sistema electoral de Nicaragua y el quedar ya claros de que los magistrados del PLC
en el Poder Electoral no eran nuestros aliados, sino que eran aliados del Frente Sandinista para hacer fraude en las alcaldías en donde los candidatos liberales los puso nuestro Movimiento. Recuerdo que aquella mañana de noviembre, cuando salíamos de la casa del PLC e íbamos juntos nuestro Movimiento y los del PLC hacia el Consejo Supremo Electoral a protestar por el fraude, recibí una llamada de alguien de mucha confianza diciéndome: “No te arriesgués, quienes les dieron vuelta a ustedes son los del PLC”. Era obvio que el arreglo entre el Frente y el PLC era dejar a nuestro Movimiento sin capacidad política municipal, sacar del juego al sector del liberalismo que estaba apostando a un cambio radical del sistema del que ellos son parte.

Lo que hoy vemos en el sistema de poder que han construido el Frente y el PLC no es positivo para Nicaragua. A pesar de eso, sabemos que mucha gente está apostando a la estabilidad. Esa actitud es la que vemos en muchos empresarios, que se han acomodado con este gobierno porque les garantiza estabilidad y ganancias a ellos y a grandes inversores extranjeros. En una reunión que tuvo con nuestra bancada parlamentaria, le escuché una vez al presidente del COSEP una expresión que dijo con un candor que me dejó estupefacto. Nos quiso dar un ejemplo de lo bien que estaban trabajando con este gobierno: “Cuando llega un inversionista de interés -nos dijo-, es el mismo Presidente Ortega quien se hace cargo. Nosotros se lo llevamos a su oficina y el Presidente ordena personalmente a los ministros que le abran todas las puertas y le solucionen todos los problemas”. Me pregunté el por qué de ese tratamiento privilegiado, a nivel presidencial, el por qué no era ése el tratamiento que le daban las instituciones del Estado a cualquier inversor de cualquier nivel. Obviamente, era una pregunta interna y retórica, sabía que si se la hacía al presidente del COSEP no querría contestarme…

Mi formación liberal me indica que la lucha por cambiar la institucionalidad tiene sentido, que un Estado de derecho bien estructurado y fuerte genera desarrollo, progreso, justicia social. Pero también sabemos la importancia que tiene discutir y decidir sobre los temas que a la gente le interesan y le preocupan. Porque la institucionalidad es importante, pero irrelevante para esa mayoría de nicaragüenses cuya prioridad después de desayunar es qué van a almorzar unas horas después. A esa mayoría de gente no le importa si la Corte Suprema es ilegal porque está integrada por conjueces. Le importa su empleo, su comida, su salud…

En el Movimiento Vamos con Eduardo y en el MRS sabemos que nuestro discurso a favor de la institucionalidad como garantía de desarrollo capta a la población urbana, a la más informada. Sabemos que el Movimiento Vamos con Eduardo y el MRS tenemos un voto urbano sólido y muy significativo. También sabemos que en el voto rural somos absolutamente débiles, y no nos da temor decirlo. Por eso, para poder enfrentar al Frente Sandinista necesitamos ganar el voto rural, capturado por el PLC cuando es contrario al Frente. La elección de Fabio Gadea Mantilla como candidato de consenso busca captar el voto rural y también el voto emocional.

En nuestro Movimiento y en el MRS sabemos también que el voto que tenemos ambos en el área urbana es un voto que es a la vez cautivo y no cautivo. Eso significa que no es un voto que está partidariamente con nosotros. No es cautivo en ese sentido, pero sí es cautivo de un discurso racional, lógico, de un discurso de cambio. El voto urbano que conseguimos en 2006 y que mantenemos hoy es un voto que reacciona positivamente a una propuesta racional, a un discurso de cambio y a propuestas coherentes de cambio. Algunos dicen que perdimos las elecciones en 2006 porque llegamos a la razón de la gente, pero no a sus sentimientos, y que para ganar una elección hay que combinar argumentos racionales y emocionales. Que no tocamos esa identidad emocional que alimenta en Nicaragua a los partidos políticos. Hoy, el voto urbano podemos conseguirlo con un buen programa, con una propuesta coherente y bien estructurada, mientras que Fabio nos ayuda a atraer el voto rural, que es un voto de sentimientos y que él lo garantiza por su historia y su trayectoria.

Hay un fenómeno sociocultural que debemos aceptar para saber qué hacer. Debemos entender que si en Nicaragua existen caudillos del tipo de Arnoldo y del tipo de Daniel eso sucede porque llenan una necesidad sociocultural muy arraigada en este pueblo. Son esquemas mentales arraigados en las estructuras de la Colonia y que venimos arrastrando: el poder basado en la tenencia de la tierra, las mentes troqueladas en la relación de los mozos de hacienda con capataces y hacendados, esa mezcla de feudalismo con capitalismo incipiente y hasta con rasgos de esclavismo como contenía aquella institución de la encomienda, han permeado a la sociedad y no nos dejan salir aún del ideal del “hombre fuerte”. Sólo re-educando a la sociedad podremos salir de esto.

Tenemos que educar a la gente, formar a la gente. A eso es a lo que vamos a apostar. Lo que estamos proponiendo, nuestro programa de gobierno, está basado en dos pilares: institucionalidad y educación. Estamos totalmente convencidos de que la institucionalidad tiene que ser fortalecida, que necesitamos una Corte Suprema sólida, un Poder Electoral creíble, una Contraloría capaz, una Asamblea que acerque los diputados a sus electores, un Poder Ejecutivo que respete las instituciones y un país con una ciudadanía educada.

Todos los demás ejes los derivamos de construir una institucionalidad sólida y de la apuesta a la educación. Consideramos que estos dos pilares son los básicos, que todo lo demás se deriva de ellos. ¡Somos un país con sólo cuarto grado de primaria promedio! Hace unos años Tanzania pasó de un promedio de tercer grado a quinto grado y con esos dos grados casi se duplicó el ingreso per cápita y el nivel de vida de los ciudadanos mejoró significativamente.

A menudo hablamos de la “africanización” de América Latina. Ciertamente, África es un continente que crece menos que América Latina, pero crece con menos inequidad que América Latina.

América Latina es la región del planeta que ha crecido más en los tiempos recientes, pero a la vez es la región en la que más se ha acrecentado la inequidad. Creo que no hay que tener determinado signo ideológico para entender que eso debe cambiar, que eso es una vergüenza. Me explicaba un economista que en los países del Primer Mundo dos tercios de la economía se basan en el consumo nacional, en el mercado interno. Y cuando los niveles de inequidad aumentan en esos países, se desactiva el consumo y decrece la economía. Entonces, la inequidad se convierte en un problema económico y los gobiernos tratan de nivelar la inequidad.

Es diferente de lo que sucede en Nicaragua y en nuestros países. Como la economía no se basa en el consumo interno sino en la exportación, en lo que vendemos fuera, la inequidad no afecta tanto la economía. En nuestro caso, las razones por las que debemos preocuparnos de los pobres y de su pobreza, no son razones de tipo económico sino de tipo ético, de tipo moral. Es por los modelos exportadores que predominan en nuestros países que la inequidad no parece ser un problema grave para los gobiernos latinoamericanos. Sin embargo, la inequidad en Nicaragua debe avergonzarnos.

Creemos que para lograr equidad hay que cambiar totalmente el modelo económico. Empezando porque hoy en Nicaragua la economía se maneja desde dos instituciones que tienen objetivos diferentes al desarrollo. Se maneja desde el Banco Central y desde el Ministerio de Hacienda y los objetivos de estas dos instituciones son la política monetaria y la política fiscal. Si la economía se maneja desde estos dos entes significa que la prioridad es mantener los parámetros macroeconómicos bajo la perspectiva del control del déficit fiscal y de la acumulación de reservas. ¿Dónde está la planificación del desarrollo? ¿Qué desarrollo queremos? Es una discusión que debemos ir aterrizando entre la gente y entre quienes piensan en el país, y no como hizo el Presidente Bolaños, con su plan de desarrollo diseñado con el método de toma de decisiones por inducción, donde los asesores de Bolaños llegaron con sus encuestas y juntaron a un montón de gente para que les terminaran diciendo lo que ya traían escrito ellos en el libro.

Estamos convencidos de que para conseguir desarrollo el pilar debe ser la educación. Nicaragua tiene pocos recursos. Es absurdo que sigamos diciendo que somos un país con grandes recursos, pero empobrecido. Somos un país con recursos agrícolas y con algunos otros recursos mínimos y limitados. Tenemos tierra para sembrar y madera, pero no tenemos ni carbón ni hierro ni petróleo ni minerales, todos esos recursos que han levantado a otros países, aunque a costa de su medioambiente. Nosotros no estamos cuidando nuestros ecosistemas. Haití-un país donde se impuso un total desprecio por el medioambiente y continuos autoritarismos- nos muestra hacia dónde podríamos ir los nicaragüenses si seguimos por donde vamos.

Debemos entender que nuestro principal recurso es el humano y entender que no lo hemos valorado. En Nicaragua tenemos que apostar a nuestra gente. ¿Por qué el gobierno no puede becar a los mejores estudiantes de cada materia para que estudien en las mejores universidades extranjeras y así ir compensando la brecha tecnológica que tenemos? ¿Por qué los mejores bachilleres no entran a una formación de calidad financiada por el Estado? ¿Por qué no apostar a la excelencia? Tenemos que apostar, naturalmente, a una educación masiva, pero también ir seleccionando a los mejores para que, formados con excelencia, nos transfieran la tecnología que no tenemos. En Nicaragua nunca hemos apostado a la educación. Eso es lo que queremos ofrecer: reconvertir el sistema económico, y no por decreto, sino yendo a la base, a la gente, apostando a la educación.

Apostamos a construir una institucionalidad sólida y a la educación, convencidos de que así luchamos por la equidad. Estamos apostando a eso, sabiendo que es un camino de largo plazo. La desesperación de ver a Ortega avanzando en el autoritarismo nos puede llevar a buscar juntarnos a como sea y con quien sea para salir de Ortega. Pero no podemos dejar que el miedo nos robe la esperanza. ¿Salir de Ortega es la solución en Nicaragua mientras no solucionemos las causas que crearon un sistema como el de Ortega? Debemos preguntarnos por qué Ortega se parece tanto a Somoza.
Y no lo creo tan insano mentalmente que se parezca porque él lo haya decidido así. Se parece porque el condicionante social que hay en Nicaragua lo lleva a cometer los mismos errores.

La Nicaragua de hoy se parece mucho a la Nicaragua de 1947, cuando Somoza acababa de hacer un fraude electoral, cuando la oligarquía protestaba por el fraude y por el golpe de Estado de Somoza contra Leonardo Argüello, cuando Somoza resolvió este problema dándole concesiones a la oligarquía con decretos: franquicias, exoneraciones de impuestos…Fue a partir de entonces que el ejercicio electoral se convirtió en un ejercicio vacacional. Me decía hace poco un señor: “Si esto sigue así, si seguimos con un sistema electoral tan falto de credibilidad, va a pasar como pasaba en los años 60: cada vez que había elecciones era un fin de semana largo y nos íbamos al mar y ni siquiera votábamos”.

Y es que la gente durante ese tiempo perdió la capacidad de esperanzarse, la capacidad de creer que las cosas podían cambiar. Ir a votar era sinónimo de ir a perder el tiempo. Y el que podía se iba con su familia al mar o a una finca, y el que no podía se quedaba en su casa. Y los más pobres tenían que hacer fila para votar porque tenían que demostrar que lo hacían si querían recibir las dádivas que les concedía un sistema como aquel. Este tipo de sistemas se cimenta en la pobreza, no tienen interés real en sacar a la gente de la pobreza. El régimen actual no tiene ese interés porque el clientelismo político se basa en las necesidades de la gente, en la gente necesitada. Si sacan a la gente de la pobreza se perjudican ellos. Eso lo vimos con Somoza.

Con el boom algodonero hubo un repunte económico y, por la teoría del derrame y por otros factores, se comenzó a formar en Nicaragua una clase media fuerte, a la que al final no le bastó un mejor ingreso económico, sino que aspiró
a más, a más libertad, a más oportunidades. Durante la época de Somoza mucha gente ascendió en la pirámide social y eso hizo cambiar las necesidades de mucha gente. Y al cambiar las necesidades, esa clase media encabezó una lucha armada que derrocó al que había propiciado la bonanza económica que en aquellos años experimentó Nicaragua. Somoza es el mejor ejemplo de que un régimen autoritario no puede crear bonanza, porque si la crea termina muriendo a manos de quienes con esa bonanza tienen más y más aspiraciones. El ser humano camina siempre hacia más libertad. Y en la medida en que solventa sus necesidades básicas mira más allá, aspira a más.

El actual régimen de Ortega está actuando como el de Somoza. Y pasarán muchos años para que esto cambie si no logramos que antes la gente salga de la apatía en la que está. En la clase política todos, unos más y otros menos, somos absolutamente responsables de la apatía de la gente. El liderazgo del país se ha agotado, ha fracasado.
Ha fracasado, entre otras cosas, porque no hemos involucrado a gente nueva en la política. Cuando yo empecé en política, en 1990, tenía 17 años. Y todos los que estaban en el partido me superaban en al menos 20 años. Se perdió una generación completa: se fueron a la guerra, emigraron, se desencantaron… En esa etapa construimos una brecha generacional que dura hasta hoy. En esa etapa fuimos cimentando la actividad política en una clase política que fue envejeciendo. Por eso hoy el conflicto inter-generacional es tan extremo. Yo tengo ahora 38 años y Eduardo Montealegre, considerado relativamente joven, tiene 55. Y entre la generación de Eduardo y la mayoría de la clase política actual hay otra distancia generacional. Daniel Ortega ya va para los 65 años, igual que Arnoldo, los dos nacieron el mismo año, 1945. La generación entre los 25 y los 35 años, la que debería habernos sustituido, o todavía no empuja o todavía no está convencida. Ése es uno de nuestros grandes fracasos.

Hoy, ante la urgente necesidad de un cambio, siento que Nicaragua vive una transversalidad en la necesidad de ese cambio. Por eso, nuestro Movimiento está aliado con sandinistas, con la gente del Movimiento Renovador Sandinista.

También estamos aliados con conservadores. Viniendo de distintas familias ideológicas todos sentimos la necesidad de un cambio. Y cuando hablo de conservadores no me refiero a la gente del Partido Conservador, porque hoy, tanto el PC como la ALN están en manos de Ortega, que ahora tiene ya su partido liberal y su partido conservador para jugar
con ellos a favor de sus intereses.

Hoy estamos aliados en la divergencia ideológica, cada quien con sus ideas y sus puntos de vista de cuáles son las mejores soluciones para Nicaragua, pero aliados porque estamos convencidos todos de que Nicaragua ya no está dividida entre derecha e izquierda, que la contradicción actual es entre izquierda autoritaria e izquierda democrática
y entre derecha autoritaria y derecha democrática. La división real es entre autoritarismo y democracia. Y los que creemos en la democracia tenemos que estar juntos porque los que creen en el autoritarismo, el Frente y el PLC, están juntos. Aunque aclaro que, para mí, Ortega no es izquierda, sino fascismo. Al ver a las turbas en las calles atacándonos, no pude dejar de recordar que ése fue el formato que usaron Hitler y Mussolini y que copió Somoza: imponer sus ideas golpeando a la gente en las calles con fuerzas paramilitares.

Hemos tenido una alianza permanente con el MRS desde 2008, desde un poco antes de las elecciones municipales. Entendimos los dos que, a pesar de las diferencias en los enfoques ideológicos, teníamos que solucionar algo en común: el poder no podía seguir ejerciéndose como lo está ejerciendo Ortega. Entendimos la transversalidad de la necesidad de un cambio. Y sobre esa base hemos venido trabajando desde entonces. Seguramente, si llegáramos a ser parte de un gobierno tendremos discusiones sobre la economía: que si se controlan los precios a través de subsidios o si a través del ingreso de productos al mercado, por ejemplo. Discusiones de ese tipo, que me parecen muy sanas pues lo que sale de ellas enriquece a todos.

La discusión actual es obviamente sobre el manejo económico. Pero yo creo que en este país la discusión entre un Estado de bienestar y un Estado de empresarios ni siquiera está madura. En Nicaragua hay necesidades más urgentes. Nosotros los liberales propugnamos la libertad de oportunidades. Pero, ¿qué igualdad de oportunidades puede haber, por ejemplo, para la gente que habita en los once municipios más pobres de Nicaragua, en donde existe una pobreza de estirpe, donde los niveles de desnutrición hacen que la gente nazca ya con menos oportunidades que en el resto del país? Mientras no nivelemos eso, ¿qué igualdad de oportunidades proponer? Seguramente la diferencia de enfoques ante algo así estará en que la nivelación que nosotros propongamos será paliativa hasta lograr que la gente se inserte en la economía como pequeños empresarios bajo un modelo de empresas privadas nacidas del desarrollo económico, y posiblemente el MRS nivelaría con algo que se parezca más a lo que el Estado de bienestar propone hacer, desde el Estado, en los países nórdicos. Pero esa discusión todavía está lejana, aunque tendremos que llegar a ella.

Es urgente sacar aceleradamente a la gente de la pobreza. Nicaragua no puede seguir teniendo los niveles de pobreza que hoy tiene. Y eso significa muchas políticas de corte social, pero con un componente de mucha libertad, que es lo que logra la combinación perfecta. Hay un estudio de hace unos años que el Banco Mundial hizo con líderes de diferentes países. Los reunieron para analizar las economías-milagro, las que hicieron mejorar sustancialmente el nivel de vida de la gente: Irlanda, Taiwan, Corea del Sur…Y la conclusión fue que todos estos países lograron surgir por una combinación de una gran cantidad de políticas sociales, con una gran dosis de libertad y de apertura. Con el tiempo y según iban avanzando los procesos de cambio, las políticas sociales se fueron disipando en la medida en que la gente se iba nivelando. Tailandia es un buen ejemplo de esta combinación.

Ni nuestro Movimiento ni el MRS tenemos casilla electoral ni personalidad jurídica, pero sí tenemos ambos una fortaleza estructural que podemos aportar. Somos una realidad política en el país, a pesar de que le cancelaron la personalidad jurídica al MRS y a nosotros nos dejaron sin partido. Y por eso hemos seguido siendo sujetos de negociación. Arnoldo
nos pide estar con él porque representamos un caudal de votos. Pero estamos convencidos de que ese caudal no es nuestro, que pertenece al discurso de cambio, al discurso racional. Si nos saliéramos de ese discurso, perderíamos nuestro caudal. Por su parte, el Frente siempre ha hecho acercamientos al MRS. Por la misma razón, por lo que representa.

Y por su firmeza, la gente del MRS me merece respeto. Esa gente se opuso a una dictadura. Su identidad está basada en oponerse a un sistema autoritario y hoy, cuando otro sistema autoritario pudiera amamantarlos, siguen fieles
a lo que pensaban. Estemos claros: si los del MRS se fueran al Frente Sandinista participarían del poder todos ellos ese mismo día. Pero no, siguen oponiéndose al sistema autoritario, porque lo que estaba mal con Somoza sigue estando mal con Daniel Ortega. No han perdido ellos de vista que son revolucionarios no para obtener el poder sino para cambiar la orientación del poder.

Sabemos que esta lucha será larga y dura. Sabemos que aunque logremos levantar la esperanza de la gente
y convencerlas de que vayan a votar, y aunque logremos que los votos se cuenten bien, y aunque ganemos,
un gobierno de quienes estamos fuera del sistema actual no es todavía garantía de cambio. Porque el sistema
de poder establecido tiene ya una fortaleza que va más allá del Estado. Sólo un ejemplo: las empresas de Albanisa, que son propiedad de Ortega, generan ya el 54% de la energía de este país. Un hombre tan poderoso en la oposición puede boicotear a un gobierno tan sólo apagando las plantas generadoras de energía, ¡y nos quedamos a oscuras!
Es sólo un ejemplo. El primer esquema de poder en los años 80 lo basó Ortega en la propiedad de tierras y de inmuebles, ahora lo basa en adueñarse de la energía y las comunicaciones. Hay que reconocerle habilidad y una visión de largo plazo. Con el poder económico que Ortega ha acumulado, un gobierno que no sea de él y no sea del PLC tendrá que lidiar con esta nueva realidad.

También tendrá que lidiar con otra realidad, peligrosísima y que hay que tener en cuenta: la sujeción del Ejército que está logrando Ortega. Cada vez es menos verdad que el Ejército de Nicaragua es apartidista. Hasta el General Pérez Cassar, cuando habla estos días de cómo está enfrentando la emergencia por las lluvias, hace una apología del gobierno de Ortega.

¿Por qué los militares están cada vez más cerca de Ortega? Veo dos razones. La primera es que a los militares en retiro Ortega les está garantizando cargos importantes. La oficialidad sabe que, con los anteriores gobiernos, cuando se retiraban se iban para su casa con su pensión, y ahora no, ahora pueden seguir ocupando altos cargos. Ahí está Antenor Rosales al frente del Banco Central, Roberto López al frente de la Seguridad Social, Ramón Calderón Vindell como gerente general de las empresas generadoras de energía del ALBA … La oportunidad de seguir en vida activa económica la tienen con Ortega. La segunda razón que veo es que hasta hace poco la Comandancia del Ejército estaba integrada por civiles que se hicieron militares en la lucha contra la dictadura somocista. Joaquín Cuadra, Javier Carrión, Omar Halleslevens son hombres que pelearon contra Somoza y que se ganaron su posición militar y el valor que tuvieron por eso. El General Avilés, actual jefe del Ejército, es el último de ese grupo. A partir de ahora, la oficialidad que seguirá al mando le deberá sus ascensos, sus cargos, su permanencia en los cargos más allá de la fecha de retiro a uno de los dos Ortega: o a Daniel o a Humberto.

Si el gobierno de Ortega avanza, corremos el peligro de que un Ejército que hasta el momento ha sido apartidista pueda convertirse en la mano derecha de una nueva dictadura. Lo mismo sucedió con Somoza. Las primeras rebeliones contra Somoza provinieron de la Guardia Nacional. El padre de Francisco Aguirre Sacasa era un oficial de la Guardia, se rebeló contra Somoza y terminó en el exilio. Abelardo Cuadra lo mismo. Hubo gente de la Guardia Nacional, formada por Somoza como Constabularia, que se rebeló contra él, pero con el paso del tiempo la Guardia fue quedando conformada únicamente por incondicionales de Somoza y así se convirtió en un ejército pretoriano. Y después ya sabemos lo que pasó: Somoza no salió de Nicaragua caminando, por la puerta de casa presidencial. Salió por una guerra. Y que saliera costó 50 mil muertos. Y después hubo otra guerra que costó otros 50 mil muertos y que, no lo podemos negar, se originó en la misma polarización heredada por el régimen autoritario de Somoza. Porque la respuesta a los regímenes autoritarios es también autoritaria. Y ésa fue la causa de la guerra civil de los 80, todavía más cruenta que la anterior.

Cien mil muertos y un millón y medio de exiliados, el 50% de la población de este país afectada por la decisión de un solo hombre, Somoza, empeñado en crear una dinastía y en quedarse para siempre en el poder. Todavía estamos pagando cuentas por esa decisión de Somoza. Por eso no podemos quedarnos ahora de brazos cruzados. Por eso estamos apostando a generar un movimiento masivo que se oponga a esto. Tal vez nos equivoquemos, pero, como decía Gandhi, nuestros hijos nos podrán mirar a los ojos y decirnos que nos equivocamos, pero no que dejamos de hacer algo. Todo esto es lo que hay detrás de la alianza que queremos construir para cambiar el esquema de poder en Nicaragua.

Sentimos que la inconformidad ha crecido mucho entre la gente. Sabemos que del Frente y del PLC no podemos esperar el cambio porque iría contra ellos mismos. No podemos pedirle cambios a quienes no quieren cambiar. A menos que suceda el “milagro” de que las estructuras del PLC presionen tanto a la cúpula que la hagan ceder. Ceder significaría que el PLC se sumara al esfuerzo de unidad nacional como uno más y no imponiendo sus propias reglas.

Vemos que Ortega ha perdido mucho voto en la ciudad, pero ha ganado votos en el campo. Hay gente en el campo que ya simpatiza con él. Los gobiernos autoritarios como éste apuestan al campo porque ante la pobreza campesina basta abrir un camino, basta abrir un pozo de agua, basta regalar unos animales, para ganar simpatías. Invertir en el campo siempre cuesta menos que lo que tendrían que invertir en la ciudad para ganarse a la gente. La apuesta por el campo es menos costosa, se crea más clientela política a un menor costo económico. Pueden dar menos porque los campesinos tienen menos. Por su parte, el PLC, que tenía una buena base en el campo, la está perdiendo a costa de Ortega y no está ganando nada en las ciudades. Es un perdedor neto: pierde en el campo y no gana en las ciudades.

Todo esto está alimentando un voto racional e independiente del que nosotros no somos dueños. Nosotros somos esclavos de nuestro discurso de cambio. Cada vez que nos apartemos del discurso del cambio, de la propuesta de fortalecer la institucionalidad, de las propuestas para mejorar el nivel de vida de la gente, perdemos simpatías. Porque el votante nuestro es cautivo de un discurso racional y no de una opción partidaria. Y por eso va a migrar hacia donde vea una opción más lógica, más coherente. Es a esa gente a la que estamos apostando.Al tratar de construir una alternativa de cambio, sabemos lo que somos. No tenemos una casilla en la boleta electoral y tendremos que elegir la que tenga menos riesgos. Tenemos una discusión con nuestros aliados sobre el programa que debemos presentar a la población. Queremos a un candidato como Fabio Gadea que, estamos seguros, estará comprometido a favor del cambio.

Queremos que la alianza sea en torno a una propuesta programática y que no sea solamente electoral. Todas las alianzas y coaliciones que se han formado en Nicaragua para las elecciones se deshacen inmediatamente después de las elecciones. Esta alianza debe persistir más allá de la elección para garantizar que alguien como Fabio no sea presa del chantaje. Porque lo que ha sucedido en este país durante los tres gobiernos anteriores, el de doña Violeta, el de Arnoldo y el de Bolaños, es que se han rendido al chantaje. Cada vez que Ortega les sacaba un mortero o una pistola y les decía que los sacaba del gobierno si no hacían lo que él quería, se rendían.

Vamos a trabajar mucho, con la gente y con don Fabio, para que la gente pobre se asome con dignidad al umbral de la esperanza. Creo que todavía hay una esperanza para salir de esto por la vía cívica y por la vía democrática. Pero también creo que el día que se apague la última luz que pueda alimentar esa esperanza, entraremos en un período de oscuridad en el que se van a acumular insatisfacciones y, al acumularse, volveremos al ciclo de violencia que Nicaragua ha vivido constantemente. Tenemos obligación de evitar que llegue ese momento. El día que se dispare el primer tiro en Nicaragua será el día en que se firmará con sangre el fracaso de la clase política. ¿Será dentro de dos años, de cinco años, de más? Tal como están las cosas, si no hallamos pronto una salida estaremos dejando bien plantada la semilla del siguiente conflicto en Nicaragua.

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