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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 343 | Octubre 2010
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Internacional

El Antropoceno: La Crisis Ecológica se hace mundial (2) Cambio climático: ¿Quiénes en el banquillo?

El clima del mundo empezó a cambiar lentamente desde el siglo 20. Pero no se veía, no se sentía. En este siglo 21 ya lo estamos viendo y sintiendo. ¿Quiénes tienen la responsabilidad? ¿Quiénes han privatizado el agua dulce, haciendo de ella una mercancía? ¿Quiénes han hecho de los mares y océanos un gigantesco basurero? ¿Quiénes han envenenado nuestra atmósfera y herido la capa de ozono? Todo esto ha influido en el cambio climático, el mayor problema ambiental que condicionará el futuro del Planeta y el de toda la Humanidad.

Ramón Fernández Durán

En el siglo 20 la repercusión ambiental del capitalismo global no queda circunscrita a las tierras emergidas, donde se desarrolla principalmente, sino que salta definitivamente de las tierras a los mares y océanos, que cubren casi tres cuartas partes de la superficie planetaria, afectando a gran parte del ciclo hidrológico, sobre todo a la circulación del agua dulce en su contacto con la geosfera: ríos, lagos, acuíferos, humedales, glaciares…

¿POR QUÉ A MIL MILLONES DE PERSONAS
NO LES LLEGA EL AGUA?

El agua dulce es menos del 3% del total de la hidrosfera, pero es la que está sometida a mayor demanda y presión, especialmente un tercio de ella, pues los otros dos tercios se encuentran congelados en glaciares y en los casquetes polares. Las actividades humanas, y más en concreto las demandas del sistema urbano-agro-industrial, se apropian de más de un 50% del agua dulce líquida del mundo, con un consumo enormemente desigual y muy relacionado con los niveles de ingresos. Hoy, más de mil millones de personas no tienen acceso directo a este recurso básico para la vida, a pesar de que las poblaciones humanas se han asentado históricamente allí donde era factible el acceso al agua, y a pesar de que las zonas desérticas, sin agua superficial -nada menos que un tercio de las tierras emergidas del mundo-, se encuentran prácticamente deshabitadas.

Hoy, el agua dulce, de ser un bien relativamente abundante y libre en las zonas no desérticas, aunque muy desigualmente repartido geográficamente, se está convirtiendo en un recurso progresivamente escaso y cada vez más mercantilizado y contaminado. La razón es su sobre-explotación y deterioro. Especialmente, porque esa mitad del agua dulce del mundo que utiliza el actual sistema urbano-agro-industrial global es devuelta después al ciclo hidrológico generalmente contaminada, degradándola aún más y dificultando más el acceso a ella.

El tremendo salto en el consumo mundial de agua en el siglo 20 no ha sido determinado porque la población planetaria se cuadruplicara en este siglo. No es tampoco resultado principalmente del consumo humano directo. Lo han causado las demandas en ascenso imparable del sistema urbano-agro-industrial global y una distribución de los ingresos y de los consumos hídricos cada vez más desiguales.

El consumo de agua se multiplicó 20 veces a escala mundial a lo largo del siglo 20, pero esta multiplicación exponencial, dos veces y media mayor que el incremento de la población global, se ha debido a la intensificación de los procesos industriales, y especialmente a la agricultura industrializada, así como a consumos crecientemente suntuarios de parte de las poblaciones urbano-metropolitanas, especialmente las más ricas, las que habitan en zonas residenciales suburbanas de baja densidad, sobre todo en los espacios centrales. O en complejos turísticos de países periféricos, donde grandes empresas como Club Mediterranée garantizan consumos de 1 mil 400 litros por turista, mientras en el este del país, en Marruecos, la población local a duras penas accede a 15 litros por persona. Además, las poblaciones del Centro “importan” también agua de la Periferia en forma de mercancías, pues su uso y abuso está presente en la producción de todos los productos manufacturados.

SEÑALEMOS A LA GRAN CULPABLE:
LA AGRICULTURA INDUSTRIALIZADA

Es la agricultura industrializada la que se lleva “la parte del león” en el consumo mundial de agua dulce y es la cada vez más responsable de su deterioro. En el siglo 20 la superficie mundial regada se multiplicó por 5, siendo la agricultura industrializada la principal responsable de este incremento. Eso fue factible por la energía barata, que permitió explotar acuíferos a gran escala mediante el bombeo masivo de agua, sobre todo en la segunda mitad del siglo, gracias al petróleo. Esto posibilitó que crecieran las ciudades y que llegaran a florecer hasta los desiertos, allí donde el oro negro era abundante.

Pero la época de la explotación industrializada de los acuíferos será probablemente una época pasajera, excepto en aquellos lugares donde se extraen por debajo de su tasa de reposición, hoy en la minoría de las explotaciones del planeta. El caso más extremo sería el de Arabia Saudita, que cultiva hasta trigo en el desierto para autoalimentarse, al tiempo que exporta parte de ese trigo. Lo hace consumiendo agua fósil a un ritmo absolutamente depredador, en relación con sus recursos hídricos subterráneos, y lo hace gracias también a la exuberancia de petróleo de su subsuelo.

Lo mismo ocurre en otras petro-monarquías de Oriente Medio o en Libia, con consumos de agua absolutamente irracionales y fastuosos para el entorno en que se hallan enclavadas. En Dubai, hasta para alimentar la mayor pista de esquí cubierta del mundo, un verdadero despropósito ambiental y energético. Ante el agotamiento creciente de sus escasos recursos subterráneos -pues es agua fósil histórica-, todos estos países recurren cada vez más a costosas técnicas de desalinización, sustentadas todas en el imparable consumo de petróleo.

También se ha empleado masivamente el riego en otros territorios donde las aguas superficiales escaseaban, pero la energía era barata, como en el Medio Oeste estadounidense. Allí, el descenso del enorme acuífero de Ogalalla ya es dramático y está empezando a poner en cuestión la productividad agraria de este granero del mundo. En otros territorios del planeta el progresivo agotamiento de los recursos hídricos subterráneos también está poniendo en riesgo la continuidad de un ritmo de producción agraria sustentado en un consumo devastador y contaminador del agua.

EN VÍSPERAS DE UN GRAN FRACASO

La agricultura industrializada es uno de los principales responsables de la creciente contaminación de los recursos hí¬dricos, a la que se suman los efluentes urbanos e industriales. El volumen de nutrientes químicos sintéticos de la agricultura industrializada, junto con la toxicidad de herbicidas y pesticidas, están ocasionando un muy serio deterioro de las aguas superficiales y subterráneas. A esto se suma la ausencia de un tratamiento adecuado de las aguas de los complejos metropolitano-industriales, sobre todo en los territorios periféricos, donde es prácticamente inexistente.

La depuración de las aguas residuales sólo ocurre realmente en los territorios urbano-metropolitanos de los espacios centrales. Pero sólo se depura de forma incompleta, pues la eliminación de determinados componentes químicos persistentes es muy difícil y costosa de lograr. Esto provoca la creciente eutrofización y contaminación de muchos lagos y embalses, además de un impacto en ascenso en los mares interiores y en las zonas litorales donde existe presión urbano-industrial y turística.

El Adriático, el Báltico y el Mar Negro son ya mares altamente contaminados. En menor medida también lo son el Mar Rojo, el Golfo Pérsico, el Mar Amarillo y el Mar de Japón. Y por supuesto, lo son el Mediterráneo y el Golfo de México, donde desemboca el Mississippi con toda la carga contaminante de la agricultura industrializada del Medio Oeste estadounidense. Además, son éstas las zonas de mayor intensidad de tráfico petrolero del mundo, lo que contribuye también a mayor contaminación. Los barcos petroleros suelen limpiar sus tanques en alta mar después de descargar en los puertos y a menudo asistimos a accidentes y hundimientos de petroleros o buques cisternas o plataformas que ocasionan verdaderos desastres ambientales (Exxon Valdez, Erika, Prestige, British Petroleum…)

La agricultura industrializada ha contribuido igualmente a la creciente salinización de muchos de los suelos y acuíferos existentes, debido a la sobreexplotación o a la intrusión del mar en zonas costeras. Especialmente reseñable es el caso de la cuenca del Indo, entre Pakistán e India, donde se ha desarrollado el plan de regadío más importante del mundo, hoy tocado de muerte en gran parte por la salinización, sobre todo en el lado pakistaní.

La mayor expansión agraria de la historia está a punto de convertirse en el mayor fracaso de la agricultura industrializada y de la ingeniería de regadío. Quizás como el que aconteció en el Mar de Aral por los planes de regadío para cultivo de algodón de la burocracia soviética, que provocaron un enorme descalabro ambiental, ocasionando la práctica desaparición del Aral. Hoy cientos de barcos yacen allí, varados en la arena, testigos mudos de un pasado que se evaporó, después de la época en que millones de trabajadores “gratuitos” del Gulag construyeron tentadores proyectos gigantes a base de trabajos forzados.

REPRESAS: MEGAPROYECTOS
QUE CAUSAN MEGADESASTRES

Los megaproyectos de regadío han abundado a lo largo del siglo 20, como expresión de la promesa de desarrollo para los países del Sur, arrastrando tras sí graves impactos ambientales en la gran mayoría de los casos. Casi todos estuvieron vinculados a megapresas, levantadas también en muchas ocasiones para impulsar el desarrollo industrial, a través de la electrificación.

Uno de los primeros y más relevantes ejemplos, no el único, fue la enorme presa de Asuan, emblema del nacionalismo árabe de Nasser. Su construcción, que supuso una verdadera fortuna y contó con el apoyo de la URSS y el Banco Mundial, acabó reteniendo el 98% del limo que enriquecía las tierras del Nilo. A causa de esta megaconstrucción, la agricultura egipcia tuvo que recurrir a caros fertilizantes químicos y el Delta del Nilo empezó a hundirse por la retención de los sedimentos. La presa, finalmente, se ha ido aterrando, como la mayoría de las grandes presas del mundo. Esta catástrofe destruyó los bancos de sardinas y gambas del delta e hizo colapsar un sistema agrario y de riego viable, de gran alcance, que tenía 5 mil años de existencia.

Los desastres ambientales ligados a los grandes proyectos de ingeniería que buscan regular los ríos se han multiplicado por todo el planeta, siendo algunos especialmente desmesurados y descabellados: Itaipú entre Brasil y Paraguay, Narmada en India, Tres Gargantas en China -la mayor del mundo-, que ha implicado la desaparición de casi 20 ciudades y más de 300 pueblos, lo que ha supuesto la reu¬bicación de unos 2 millones de personas. Su construcción ha generado un verdadero desastre ambiental, activando graves derrumbes debido a la topografía de la zona, que han hecho necesario desplazar a otros 4 millones de personas más.

Estos megaproyectos también han ocasionado enormes daños sociales, provocando el desplazamiento de más de 40 millones de personas, tres cuartas partes de ellas en India y China. Parecería que cuanto mayor fuese un Estado, tanto mayor debería ser la represa a ejecutar, nuevo símbolo del poder de los nuevos Estados emergentes.

LAS GRANDES CIUDADES
SE BEBEN EL AGUA DEL MUNDO

La proliferación de metrópolis millonarias a escala global, más de 400 al filo del nuevo milenio, acabó demandando la construcción de obras hidráulicas con el fin de garantizar su abastecimiento de agua, al tiempo que se canalizaban, y en algunos casos desviaban, los ríos que las atravesaban, creando gigantescos proyectos de fontanería regional. Pero a finales del siglo 20 el abastecimiento de agua para algunas inmensas metrópolis ya estaba chocando con sus límites naturales, después de haber arrasado gran parte de los recursos hídricos en sus territorios cercanos.

Resaltan el caso de Beijing o el de México DF, que habiendo agotado ya las aguas superficiales y subterráneas de las que se abastecían en amplios territorios a la redonda, plantean ahora megaproyectos aún más desmesurados para seguir creciendo. Mientras tanto, sus terrenos se hunden, pues son ciudades construidas sobre zonas húmedas que se desecaron o se intentaron desecar para seguir creciendo. En el caso de Beijing es toda la llanura norte de China, donde habitan unos 200 millones de personas en varias metrópolis, la que tiene ya serios problemas de abastecimiento de agua. Y es por ello que se plantean nuevos y gigantescos trasvases Sur-Norte, desde el río Yang-Tsé, a cientos de kilómetros, para abastecer de agua a toda la región.

En este trasiego de aguas por la superficie terrestre, con magnas y costosas obras de ingeniería, se pierde gran parte de las aguas, evaporada o filtrada antes de llegar a sus usuarios finales, incluidos los campos de cultivo. Esto está provocando la regresión de muchos deltas del mundo, al alterar el curso y el flujo normal de los ríos, porque sus sedimentos quedan atrapados en las presas que se aterran. Asimismo se asiste a una importante pérdida de biodiversidad al hormigonar y hasta entubar muchos de los cauces fluviales, pues en paralelo se desecan también lagos y tierras pantanosas para que se desparramen sin freno las extensas metrópolis.

Quizás uno de los ejemplos más espectaculares de ingeniería hidráulica sea el caso de Holanda, donde la mitad de su población vive ahora bajo el nivel del mar y se encuentra amenazada por el incremento del nivel del mar en el próximo futuro. El proceso holandés empezó limitadamente en el siglo 19 y alcanzó un auge espectacular en la segunda mitad del siglo 20, tras la construcción del llamado Plan Delta (1953), que unió con un enorme dique las desembocaduras de los ríos Rhin y Mosa, permitiendo la colonización humana de nuevos terrenos ganados al mar, lo que convirtió a este país en un ejemplo único de tecnología hidráulica en el mundo.

AGUA Y PETRÓLEO LO HICIERON POSIBLE

Ninguno de estos megaproyectos hubiera sido factible sin energía barata, en concreto petróleo, y sin agua abundante. Y agua y petróleo parecen estar tocando a su fin. Tampoco hubieran sido posibles sin un contexto de crecimiento continuo, de disponibilidad de recursos financieros -de los Estados, organismos internacionales y mercados financieros- y, por lo tanto, sin un endeudamiento creciente. Ese período con esas posibilidades parece que también toca a su fin.

Además, estos megaproyectos han consumido ingentes volúmenes de inversión, pues durante su realización los presupuestos iniciales quedaban ampliamente desbordados. Esto beneficiaba a las grandes constructoras y firmas de ingeniería internacionales y de la alta burocracia estatal, que solía participar de esos beneficios por las vías de la corrupción. Por eso se impulsaron sin freno, además de por el valor simbólico que tenían como iconos del poder y, por supuesto, porque permitían impulsar el proyecto modernizador urbano-agroindustrial.

EL AGUA ES YA EL “ORO AZUL”

Ya a finales del siglo 20 el agua se empezó a convertir en un recurso enormemente preciado y en un mercado que auguraba importantísimos beneficios futuros, debido a su creciente demanda, escasez y privatización.

“Oro Azul” denominó muy acertadamente al agua Maude Barlow (1999). No en vano los gobiernos de muchos países del mundo procedieron a mercantilizar el agua bajo la presión de las transnacionales del agua, con la ayuda inestimable de la OMC, los Tratados de Libre Comercio y el apoyo del Banco Mundial, gigantes empresariales mundiales creados en las últimas décadas en Occidente al calor de los procesos de privatización neoliberal.

También las multinacionales (Nestlé, Danone, Coca Cola, Pepsi…) irrumpen cada vez más en el mundo del agua embotellada, al tiempo que se apropian fraudulentamente de los manantiales y reservas de este preciado recurso. El mercado del agua embotellada está en acelerada expansión en muchos territorios del mundo, ante la degradación de la calidad del agua y su creciente escasez.

El agua embotellada, un fenómeno reciente -comienza a finales de los años 80-, es hoy un muy suculento negocio. No en vano su precio suele ser más de mil veces el precio del agua que sale del grifo, lo que hace que el agua embotellada rivalice ya con el petróleo como la mercancía que genera más dinero. Un litro de agua embotellada “vale” más que uno de gasolina. Esta mercantilización del agua embotellada, impulsada activamente por la publicidad, provoca un volumen ingente de residuos y un consumo de energía en ascenso, por la elaboración de los envases y el transporte del producto hasta la población.

LLENAR DE BASURA LOS MARES
Y DOMESTICAR LOS RÍOS: UN ECOCIDIO

A finales del siglo 20, y al tiempo en que se convertía en un mercado en expansión imparable, el agua dulce empezaba a escasear en el mundo, en muchos territorios muy severamente, agudizando las tensiones sociopolíticas en torno a este recurso. Es el caso, por ejemplo, del conflicto entre Israel y Palestina. En paralelo, la contaminación y degradación de este recurso básico para la vida iba en aumento, provocando enfermedades y muertes.

Su creciente uso por la especie humana lo niega a otras especies, agravando su vulnerabilidad. La desecación de humedales del planeta, que afectaba ya al 20% en el crepúsculo del siglo, estaba teniendo un grave impacto sobre muchas especies, en especial sobre las aves migratorias que los utilizan como estaciones de paso. La domesticación de los ríos y el drenado de tierras húmedas, junto con el deterioro de los recursos hídricos, están entre los mayores impactos ambientales acontecidos en el siglo 20.

También lo ha sido el hecho de que el resto de la Hidrosfera, los mares y océanos del mundo, se hayan convertido en el sumidero global del sistema urbano-agro-industrial. Es el sumidero más barato, extenso y de mayor capacidad -aparente- de ocultación. Pero su supuesta inmensidad no esconde que este sumidero se esté convirtiendo en un basurero que empieza a mostrar ya su cara más sombría en muchos de los mares del mundo, pues muchos ecosistemas marinos están al límite de su capacidad de resistencia. Los plásticos empiezan ya a superar en muchos espacios marinos al fitoplancton y a inundar todas las playas del planeta, lo que paulatinamente va degradando lo que define a nuestro planeta a escala intergaláctica, pues no por casualidad lo llamamos el Planeta Azul.

CAMBIO CLIMÁTICO PLANETARIO:
¿QUIÉN ES EL CULPABLE?

La atmósfera es una delgada y delicada cubierta gaseosa de unos 100 kilómetros en torno a la Tierra, que permite que se desarrolle la vida en nuestro planeta. Hasta comienzos del siglo 20 su alteración, como resultado de los procesos de industrialización y urbanización, había tenido un carácter exclusivamente local. Pero a finales del siglo 20 la repercusión del metabolismo urbano-agro-industrial alcanzó dimensión mundial, llegando hasta a modificar el clima.

Ninguna especie había tenido nunca tal capacidad de alteración. Las sociedades humanas la empezaron a desarrollar hasta el advenimiento de la Sociedad Industrial. Pero fue en el siglo 20, sobre todo en su segunda mitad, y muy especialmente en sus últimas décadas, cuando la convulsión se hizo manifiesta. El sistema urbano-agro-industrial no será sólo una fuerza geomorfológica, será también el principal responsable de la transformación del clima, como nunca antes en cientos de millones de años y con consecuencias en todos los órdenes. Este proceso se acentuará a lo largo del siglo 21, pero sus bases se establecieron en el siglo 20, a la par que conocimos este gravísimo proceso en marcha.

La causa fundamental ha sido la utilización masiva de los combustibles fósiles desde la Revolución Industrial, pero sobre todo desde el siglo 20 hasta hoy.

¿CUÁNDO Y CÓMO EMPEZÓ ESTO?

El consumo de carbón empezó a contaminar el aire de Londres desde el siglo 17, como resultado de su creciente uso doméstico. La manufactura industrial también utilizó en gran parte el carbón, pero su impacto se limitaba a los enclaves donde se desarrollaba. No es hasta la irrupción de la máquina de vapor, y el inicio del consumo masivo de carbón por la Revolución Industrial y los procesos de urbanización, que se puede hablar de la contaminación de la atmósfera como un grave problema local allí donde se desarrollaban los procesos fabriles, o donde se concentraban las poblaciones urbanas, que crecientemente recurrían al carbón para cocinar o para calentarse, y más tarde para desplazarse en ferrocarril y barcos de vapor.

La historia de la contaminación siguió los pasos de la industrialización, urbanización y motorización. Sin embargo, aunque la contaminación fuera importante y grave en el siglo 19 en torno a las concentraciones industriales -muchas fuera de las urbes pues se ubicaban cerca de las minas de carbón- no será un serio problema urbano hasta el siglo 20.

En el siglo 19, y hasta bien entrado el siglo 20, la contaminación fue considerada un símbolo de progreso, al que no hacía falta prestar atención. Sobre todo porque quienes la sufrían eran principalmente las poblaciones más pobres de los distritos industriales. Pero en el siglo 20 la contaminación se intensifica, se democratiza, se regionaliza primero y se globaliza después.

La primera mitad del siglo 20 estuvo muy marcada todavía por el predominio del carbón y las concentraciones industriales en ascenso se desarrollaban cada vez más en torno a las ciudades, por la extensión y reducción de los costes de transporte motorizado, que aún seguía siendo mayoritariamente por ferrocarril. El número de automóviles era todavía bastante limitado: menos de un millón de autos a escala mundial en 1900, y “tan sólo” 100 millones en torno a 1950. Los problemas de tráfico urbanos eran aún incipientes, y en todo caso se daban en las ciudades estadounidenses, las más motorizadas entonces, diseñadas para la utilización del automóvil.

LONDRES, DONDE NACIÓ EL “SMOG”

Los focos principales de contaminación eran las grandes concentraciones del Norte planetario: las ciudades industriales de Gran Bretaña, Francia y Alemania, principalmente, y cada vez más las del Este y Centro de Estados Unidos, de la URSS y de Japón, con notable industrialización, muy ligada a la creciente militarización y a las dos guerras mundiales. En la Periferia, tan sólo India y China tenían complejos industriales significativos, ligados principalmente a la producción textil, controlados desde Europa Occidental, en especial por Gran Bretaña y muy contaminantes.

El principal combustible doméstico en las ciudades del Norte industrial era el carbón, y eso agudizaba los problemas de contaminación, democratizando su impacto. Londres -la principal ciudad del mundo entonces- se convertiría en el paradigma de la contaminación urbano-industrial, haciéndose famosa por su smog, nuevo término acuñado, resultado de la conjunción de smoke (humo y hollín) con fog (niebla).

Cambios considerables sucedieron en los años 50 del siglo 20 con la creciente erradicación del carbón como combustible doméstico, y su sustitución por gas, y en menor medida por electricidad, así como por la construcción de grandes chimeneas con el fin de lanzar cada vez más alto los contaminantes y así ayudar a dispersar la contaminación. Este “incentivo” de la lucha social en la reducción de la contaminación no se produjo en la URSS ni en los países del socialismo real europeo, donde la aguda represión y el control de la información la segaba de cuajo, lo que fue una de las principales causas del tremendo desastre ecológico soviético.

La expansión irrefrenable del tráfico urbano desde la mitad del siglo 20 iba a traer un nuevo tipo de contaminación a metrópolis en plena expansión, la que se sumaría a la contaminación industrial y doméstica, ligeramente domesticada, sobre todo a partir de los años 70 por las medidas llamadas de “final de tubería” y la extensión del gas natural, más limpio, en los países centrales.

LOS ÁNGELES,
CAPITAL DEL AUTOMÓVIL

Los automóviles y los autobuses empezaron a inundar las metrópolis del Norte primero y las del mundo entero después, hasta llegar a alcanzar los cerca de 800 millones de autos a finales del siglo 20, doblando los existentes en los años 70. Uno de los primeros lugares donde irrumpió con fuerza esta nueva contaminación fue en Los Ángeles, por excelencia la ciudad del automóvil.

La avalancha de autos y las circunstancias locales -estancamiento atmosférico, sol y calor-, provocaron un nuevo fenómeno, el “smog fotoquímico”, un tipo de contaminación que en mayor o menor medida se iba a extender por todas las metrópolis del mundo, en paralelo a la propagación de la movilidad motorizada, siendo especialmente intenso en México, Santiago de Chile, Atenas, Seúl, Teherán…

La concientización y denuncia ciudadana propició un cierto cambio en la emisión de contaminantes de los vehículos en los países centrales, mientras que en los países periféricos la ausencia de normas ambientales hace que la emisión de contaminantes sea bastante más aguda, a pesar de su menor parque automovilístico.

En la segunda mitad del siglo 20 la contaminación acabó con la vida de unos 30 millones de personas, muchas habitantes de megaciudades periféricas, donde la Fábrica Global se afianzó a finales del siglo, sobre todo en el Sudeste Asiático. En la primera mitad del siglo 20 las guerras mataron sobre todo a jóvenes, muchos de ellos en el campo de batalla. En la segunda mitad fue la contaminación la que se cebó en enfermos, viejos y niños, los más vulnerables, especialmente en las ciudades.

La contaminación atmosférica se va a convertir en uno de los más graves problemas de las metrópolis, desplazándose en las últimas décadas del siglo 20 la intensidad de su incidencia desde las metrópolis centrales hacia las periféricas del Sur y del Este. Es destacable la enorme contaminación de las metrópolis chinas, donde se combina un muy intenso crecimiento urbano, un importante auge de la motorización y una descomunal industrialización. No en vano China es la Fábrica del Mundo. Y por eso, también avanza a todo ritmo hacia su propio desastre ecológico.

HEMOS DAÑADO LA MANTA QUE NOS PROTEGE:
LA CAPA DE OZONO

Desde mitad del siglo 20 la imparable industrialización provocó también graves impactos ambientales, cada vez a mayor distancia, a través del aire. En Occidente y en el Este empezó a proliferar el fenómeno de la llamada “lluvia ácida”, con importantes efectos transfronterizos, lo que repercutió gravemente en bosques, tierras, lagos y ciudades entre Estados Unidos y Canadá, en el Norte y Centro de Europa, en Japón, en importantes áreas de la URSS, y en Corea del Sur y China.

Al mismo tiempo, desde los años 70 la proliferación de la utilización de gases CFC (cloro-fluoro-carbonados) en la industria de la refrigeración y de aerosoles empezó a alterar la composición del Ozono (03) de la estratosfera. Los CFC tienen la capacidad de destruir la fina capa de ozono que envuelve la Tierra, al reaccionar con dicho gas, provocando graves impactos medioambientales y sociales.

La capa de ozono tiene como función absorber o filtrar los rayos ultravioletas que llegan del sol, lo que hace posible la vida sobre la Tierra. Por eso, el agotamiento del ozono en la estratosfera produce niveles más altos de radiación UV sobre la corteza terrestre, poniendo en peligro el fitoplancton marino y las plantas, los animales y los seres humanos.
Los rayos UV son uno de los principales causantes del cáncer de piel. La rapidez e intensidad de este fenómeno, especialmente agudo sobre los casquetes polares, creó un profundo debate político-social a escala mundial en los años 70 y 80 y los CFC fueron finalmente prohibidos en muchos países a partir de la firma, por todos los países del mundo, del Protocolo de Montreal (1987).

Sin embargo, el hecho de que se hayan seguido produciendo estos gases en muchos Estados periféricos -aunque en menor medida-, unido a la larga vida que tienen los CFC -unos 100 años- hace que el deterioro de la capa de ozono continúe agravándose, aunque a menor ritmo, y así seguirá hasta finales del siglo 21.

EL CAPITALISMO GLOBAL
HA SIDO CAPAZ DE ALTERAR EL CLIMA MUNDIAL

El mayor problema ambiental que condicionará el futuro del Planeta y de la Humanidad es muy probablemente el Cambio Climático, producido por el metabolismo del sistema urbano-agro-industrial. A finales del siglo 20 estaba ya claro que el capitalismo global estaba siendo capaz de modificar el clima planetario, lo que parecía imposible hace apenas unas décadas.

Se trata de una “conquista” arduamente ganada en los últimos 200 años por los principales actores estatales occidentales, liderados claramente por Estados Unidos en el siglo 20, tarea a la que se han incorporado últimamente los grandes Estados emergentes, con China a la cabeza, aunque con grandes diferencias en cuanto a la responsabilidad como causantes de este fenómeno dentro de sus propias sociedades.

La utilización del flujo energético no es, por supuesto, la misma según las estructuras de poder, las clases sociales, los niveles de consumo, los territorios, y es la intensidad energética fósil la que determina principalmente la emisión de gases de efecto invernadero. La creciente concentración artificial en la atmósfera de estos gases es la causa del cambio climático en marcha, pues impiden que el calor recibido del Sol vuelva al espacio, aunque existe una tasa natural de gases de efecto invernadero que permite el equilibrio del clima y el desarrollo de la vida.

HEMOS ALTERADO TAMBIÉN
EL CICLO DEL CARBONO

Los gases de efecto invernadero son: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (NO2), ozono (O3) y otros de carácter residual. El que más contribuye al cambio climático es el CO2 (un 60%), proveniente de la quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural), del metabolismo base del sistema urbano-agro-industrial (producción industrial, actividad agropecuaria industrializada, transporte, generación de energía eléctrica, calefacción, refrigeración, etc.).

Además, la notable desaparición de bosques desde mediados del siglo 20 ha reducido de forma muy sensible uno de los principales sumideros de carbono. La expansión de la agricultura industrializada contribuye en el mismo sentido, además de ser uno de los principales sectores emisores de CO2.

Todo esto acentúa la concentración del CO2 en la atmósfera, al alterarse el ciclo del carbono. El otro gran sumidero de carbono, que son los mares y océanos, está saturándose cada vez más por esta función, debido también a la elevación de la temperatura del mar -otro resultado del cambio climático en marcha-, lo que aumenta al mismo tiempo su grado de acidez, con efectos potenciales negativos en la vida marina. Al filo del nuevo milenio la temperatura había subido más o menos medio grado como resultado de haber pasado la concentración de CO2 de 280 ppm antes de la Revolución Industrial a 360 en el año 2000 y a 380 actualmente.

La notoria emisión de otros gases de efecto invernadero contribuye también a agravar el Cambio Climático. Su efecto potencial es bastante o muy superior al del CO2, aun cuando la cantidad de estos gases en la atmósfera es mucho menor y, por tanto, su impacto global más reducido por haberse activado su emisión principalmente en la segunda mitad del siglo 20.

La participación del metano y de los CFC es más o menos similar, sumando ambos gases un tercio del efecto invernadero total. El incremento del metano en la atmósfera proviene fundamentalmente del gran aumento del ganado a nivel mundial a lo largo del siglo 20, y más en concreto en los últimos 50 años. También contribuye a la emisión de metano la expansión de los arrozales y la explosión de vertederos, junto con el uso de combustibles fósiles. La emisión de los CFC se concentró en las últimas décadas del siglo 20. Su efecto potencial como gas de invernadero es el más nocivo de todos. El NO2 es responsable de menos del 10% del efecto total de los gases de efecto invernadero a escala mundial y su emisión se corresponde especialmente con la utilización de abonos químicos en la agricultura industrializada.

ESTAMOS HOY ENCERRADOS
EN UNA “CÁRCEL” ATMOSFÉRICA

La historia de la producción industrial y la combustión fósil del siglo 20 ha determinado ya en gran medida las condiciones de la atmósfera para los próximos siglos.

En la segunda mitad del siglo 20 comenzó también la progresiva colonización de nuestra atmósfera, cada vez más saturada de satélites que circunvalan la Tierra, puestos en órbita por las distintas potencias en su ánimo de dominar el espacio, con fines político-económicos y principalmente militares. Esta proliferación de objetos aéreos, sobre todo cuando llegan al fin de su vida útil, así como la existencia de propulsión nuclear en muchos de ellos, está generando una basura espacial crecientemente peligrosa y tóxica. Estos desechos espaciales equivalen a unas 100 mil minas antipersonales, lo que está creando poco a poco una “cárcel” de la que puede llegar a ser difícil salir en un momento determinado.

YA ESTAMOS ANTE LA TRAGEDIA

El Cambio Climático era un fenómeno tan sólo incipiente en el siglo 20, aunque su existencia ya fue denunciada en sus últimas décadas. La primera conferencia mundial que alertaba sobre el cambio climático se realizó en 1979 en Ginebra. Se retomó entonces el tema en el Informe Brundtland (“Nuestro Futuro Común”, 1987). El primer informe oficial del IPCC -organismo de Naciones Unidas creado para abordar este tema- es de 1990. Son los dos principales hitos antes de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992), uno de cuyos resultados fue abrir el proceso que daría lugar, en 1997, al Protocolo de Kyoto, que no se aprobó hasta 2004 por la oposición de Estados Unidos y de otros países “desarrollados”.

Este documento tan sólo obligaba a los países signatarios a “reducir” tímidamente sus emisiones, al tiempo que promocionaba soluciones basadas en la expansión del mercado (comercio de emisiones, “mecanismos de desarrollo limpio”) como vía para atajar el Cambio Climático en marcha, sin parar mientes ni en su falsedad ni en su injusticia. Las tesis que negaban la realidad del Cambio Climático estaban en pleno auge a finales del siglo 20, propagadas sobre todo por la industria petrolera, los sectores republicanos de Estados Unidos y los principales países extractores de recursos petroleros, con Arabia Saudí a la cabeza.

El clima del mundo estaba cambiando lentamente pero no se “veía” y no se “sentía”. O no de forma palpable todavía. Sin embargo, en el siglo 21 el Cambio Climático ya promete ser un gravísimo problema generado por el metabolismo del capitalismo global y anuncia que incidirá en el futuro de forma muy seria en los recursos básicos para la vida, en los ecosistemas y, por supuesto, en todas las sociedades humanas.

Lo está haciendo ya -sequías extremas, lluvias to¬rrenciales, regresión de glaciares y casquetes polares, subida del nivel de los mares, incremento de la desertización, afectación de ecosistemas y de la biodiversidad-, repercutiendo más gravemente en los países del Sur Global, a pesar de que el principal origen está en el Norte del planeta. ¿Cómo saldremos de esto?

MIEMBRO DE ECOLOGISTAS EN ACCIÓN. INGENIERO Y URBANISTA. PROFESOR UNIVERSITARIO.

ESTE TEXTO (Y LOS QUE LE DAN CONTINUACIÓN, QUE PUBLICAREMOS EN PRÓXIMOS NÚMEROS)
ES EL NÚCLEO DE UN LIBRO QUE ELABORA SOBRE LA CRISIS DEL CAPITALISMO GLOBAL Y EL PREVISIBLE COLAPSO CIVILIZATORIO.

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Cuando quienes emigran son los más chiquitos

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Venezuela: Piezas para un primer análisis de los resultados electorales

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Un gobierno fuerte con los débiles y débil con los fuertes

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El Antropoceno: La Crisis Ecológica se hace mundial (2) Cambio climático: ¿Quiénes en el banquillo?
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