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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 339 | Junio 2010
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El Salvador

Movimiento sindical: ¿quiénes van ganando?

¿Cómo llega el movimiento sindical salvadoreño al nuevo momento histórico que se ha abierto con el gobierno de Mauricio Funes? Llega frágil, disperso, con muchas contradicciones. Cuando aparecen en el país condiciones favorables para el avance de las luchas obreras, la derecha parece ir todavía adelante en la disputa por la hegemonía del movimiento sindical. Superar la atomización sindical y crear un bloque de sindicatos es el camino para resultar ganadores en esa disputa.

Elaine Freedman

El mes de mayo nos remite siempre a aquel gesto martirial de los obreros de Haymarket Square, que dieron su vida, víctimas de la represión, mientras luchaban por la jornada laboral de 8 horas en una época en la que la jornada normal era de 12 a 18 horas. El Primero de Mayo es una jornada que convoca a la clase trabajadora en todo el mundo. Además de ser un momento para expresar reivindicaciones, lo es también para reflexionar sobre los avances y retos del movimiento sindical salvadoreño.

EN PAÑALES

Las primeras industrias en El Salvador datan de principios del siglo 20: bebidas, textiles, tabaco, alimentos. Los cambios hacia la industrialización, aunque fueron demasiados modestos para modificar de forma significativa la economía agrícola, centrada en el cultivo de café, parieron una nueva clase social: el proletariado de la ciudad. Las condiciones laborales de este sector eran deplorables.

Así nacieron los primeros sindicatos en la empresa privada de El Salvador. Vinieron a fortalecer el incipiente movimiento gremial, ya iniciado a finales del siglo 19. Según el historiador Rafael Menjívar, “los gremios de artesanos tienen su origen en la descomposición de gremios novohispánicos en toda la época colonial. El Salvador era parte del reino de Guatemala, y los gremios formaban parte de una amplia red de relaciones, ligados orgánicamente en el ayuntamiento a la Iglesia y a la Corona”. El movimiento de artesanos luchaba contra las largas jornadas de trabajo a las que eran sometidos, haciendo eco a esa misma reivindicación, la jornada laboral de ocho horas, que estremecía a Chicago y a todo, el mundo.

A esta iniciativa se unieron, algunos años después, las organizaciones de ferrocarrileros y de campesinos hasta formar en 1914 los primeros sindicatos del país. En 1917 existían ya unas 45 organizaciones obreras y se constituyó
la Sociedad de Obreros de El Salvador Confederados (SOESC). Políticamente, la SOESC apoyó al candidato progresista, Arturo Araujo, quien perdió la simpatía de este sector por las medidas antipopulares que impulsó siendo Presidente de la República en 1931. La SOESC fue la antesala de la Federación Regional de Trabajadores
de El Salvador (1924), conocida como La Regional, responsable de orientar el trabajo de organización en las zonas rurales, aunque su núcleo dirigente se encontraba en los sindicatos urbanos. La Regional parió esfuerzos importantes como la Universidad Popular, que formó políticamente a muchos de los dirigentes populares que en 1930 fundarían el Partido Comunista de El Salvador.

1945: INICIA LA RECONSTRUCCIÓN
DEL MOVIMIENTO SINDICAL

Buena parte de los dirigentes de La Regional perdieron sus vidas en la masacre de 1932 y a lo largo de la década de los años 30 trabajadoras y trabajadores quedaron presos del terror. Poco a poco fueron ensayando con nuevas formas organizativas hasta vencer el miedo. La huelga de brazos caídos que derrocó a la dictadura del General Martínez en 1944 contó con una participación masiva de la clase trabajadora. Sin embargo, es llamativo que la conducción de esta huelga la dirigieron estudiantes universitarios y no organizaciones sindicales.

La reconstrucción del movimiento sindical comenzó con la formación del Comité de Reorganización Obrero-Sindical (CROSS). Salvador Cayetano Carpio, entonces panadero y el dirigente sindical más importante de la época, describió así sus inicios: “Eran las doce de la noche del 30 de noviembre del 1945, sonaron los pitos de los trenes, anunciando el estallido de la huelga de los trabajadores ferrocarrileros. A las cero horas y un minuto todo el sistema ferroviario del país estaba paralizado. Horas después, esta gran huelga terminaba con la obtención de las demandas presentadas. Como ya era tradicional en el país, éstas y otras huelgas, organizadas por los trabajadores de diversas industrias y gremios durante los años de 1944-45, estallaban sin previo aviso, cuando las gestiones pacíficas se agotaban”.

“La eficacia de las huelgas obreras, como medio para lograr las demandas laborales alarmó a la parte patronal
y la decidió a poner frenos legales a las mismas. Casi inmediatamente después de la huelga ferroviaria, el gobierno corrompido e inepto de Salvador Castaneda Castro emitió la Ley de conflictos colectivos de Trabajo (15 de enero de 1946) y creó el Departamento Nacional del Trabajo. Esta ley establecía, entre muchos requisitos de llenar,
un período de 30 días entre el emplazamiento y el estallido de la huelga”.

PROLIFERACIÓN
DE SINDICATOS PATRONALES

La labor de la CROSS tuvo victorias palpables: el reconocimiento de los derechos sindicales en la Constitución de 1950, la “Ley de Sindicatos de Trabajadores” y la “Ley de contratación colectiva” mostraron el reconocimiento oficial del sindicalismo en el país. El movimiento sindical se consolidaba, escapando al control de las clases dominantes. Éstas reaccionaron con una táctica nueva. Al mismo tiempo que ilegalizaron a la CROSS y exiliaron a sus dirigentes, la burguesía salvadoreña comenzó a intentar controlar directamente al movimiento sindical. En este marco, el gobierno inició un proceso de legalización de sindicatos y construyó la primer Central Sindical afín a los intereses patronales: la Confederación General de Sindicatos (CGS).

Con los años 60 llegaron las iniciativas de industrialización vinculadas al Mercado Común Centroamericano, basadas en el modelo de sustitución de importaciones. Entre 1959-1969 la producción industrial en el país, financiada principalmente por préstamos del USAID, se duplicó. En ese período se duplicó también la cantidad de afiliados sindicales y el número de sindicatos aumentó en un 45% entre 1962-1970, la gran mayoría de estos eran sindicatos patronales. Esto coincidió con el nacimiento del Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre (IADSL) un instrumento de respuesta estratégica diseñado en Estados Unidos bajo las orientaciones del Departamento de Estado y la CIA para “detener el comunismo en El Salvador ya que, según sus cálculos el futuro de América Latina estará determinado por las orientaciones que tomen los sindicatos”. El IASDL fue financiado por el USAID, la AFL-CIO, y Fundaciones como la Rockefeller y la Andrew Hamilton. El IASDL se dedicó a formar ideológicamente a dirigentes sindicales con un enfoque pro-patronal y pro-estadounidense, muchas veces subvencionando líderes conocidos por sus prácticas corruptas, con tal de promover tácticas divisionistas dentro de las centrales sindicales.

LA BUROCRACIA
APAGABA LA ENERGÍA

La excepción a esta tendencia eran los sindicatos que formaron la Federación Unitaria Sindical Salvadoreña (FUSS) en 1965. La FUSS buscaba superar el burocratismo que caracterizaba el movimiento sindical. Cayetano Carpio describió así este esfuerzo: “Esta lucha traía como consecuencia la combatividad de las masas, porque el burocratismo se expresaba en esto: Llegaba, por ejemplo, un grupo de trabajadores a quejarse de que en su fábrica habían sido atropellados y expulsados del trabajo algunos obreros, y llegaban con deseos de luchar, de poner en huelga la fábrica. Entonces, ¿qué hacían los compañeros burócratas nuestros? Primero les decían: “Miren, compañeros, aquí en tal página del Código del Trabajo está el artículo tal, que los protege a ustedes, vamos a redactar esta acta, la firman, y aquí estamos nosotros para ir al Ministerio del Trabajo, o nos acompaña uno de ustedes. No tengan cuidado, no se muevan. Y díganle a los compañeros que tengan paciencia, que no sería conveniente que fueran a la huelga”... Se sustituía así la energía y la participación de las masas en la lucha de sus propios intereses por el papeleo ése y por el funcionario que servía de correa de transmisión hacia el Ministerio del Trabajo“.

Sigue su relato Cayetano Carpio: “En el 67 eso se rompió del todo y precisamente eso explica la serie de huelgas que se dieron desde enero. Entonces, ¿cuál fue la modalidad que introdujimos? En primer lugar, lo primerito fue no respetar el Código del Trabajo. En segundo lugar, defender con piquetes armados con palos la entrada a los rompehuelgas.
En tercer lugar, el choque con la guardia cuando ésta quería meterlos allí a la fuerza; la violencia revolucionaria expresada a través de la huelga la convertía en huelga política. En cuarto lugar, agitar a las otras fábricas para que dieran solidaridad a esta huelga. Y, en quinto lugar, ir uniendo a la clase obrera sobre la base de la lucha por sus intereses y la solidaridad con la lucha de otros sectores obreros”.

AÑOS DE GUERRA:
LOS SINDICATOS PRESENTES

Esta radicalización del accionar sindical se dio en el marco del auge de la organización popular, antesala para el desarrollo de la lucha armada en El Salvador. Durante los años 70 los sindicatos que no giraron alrededor del IASDL priorizaron acciones de hecho sin abandonar la lucha legal, amparados en el Código de Trabajo. Este trabajo se cayó en los primeros años 80, cuando la represión llegó a niveles exorbitantes y una cantidad significativa de cuadros sindicales optaron por integrarse a las organizaciones político-militares, que pronto formarían el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Pocos años después se vieron los primeros esfuerzos, ya en tiempos de guerra, para rearticular el trabajo sindical alrededor de reivindicaciones de carácter económico y organizativo. En 1983 se creó el Movimiento Unitario Sindical
y Gremial de El Salvador (MUSYGES) y en los primeros diez meses de ese año se registraron más de 50 actividades: huelgas, demandas laborales, denuncias...

Tres años después las federaciones y confederaciones de carácter popular se unieron con organizaciones de trabajadores del campo, asociaciones de empleados públicos y cooperativistas, para formar la Unidad Nacional de Trabajadores Salvadoreños (UNTS). La UNTS protagonizó las movilizaciones más grandes desde el principio de la guerra, alrededor de reivindicaciones económicas, políticas y sociales y fue un actor clave en el desarrollo político del país. La cantidad de trabajadores afiliados había descendido por la guerra y la represión, jugando el movimiento sindical en este momento un papel menos protagónico que los sectores campesinos dentro del movimiento popular. Pero las asociaciones miembros de la UNTS también sostenían una actividad propiamente sindical y militante en aquellos años: en una sola semana de septiembre de 1986 el gobierno enfrentó 10 paros laborales. Una cantidad significativa de sindicalistas fueron asesinados o desaparecidos durante la guerra.

FIN DE LA GUERRA:
DESCOORDINACIÓN Y REPRESIÓN

Éste fue el actuar del movimiento sindical hasta finalizar la guerra en 1992, aunque durante este período nunca faltó una corriente significativa de sindicatos patronales, de federaciones y confederaciones. La conformación de un Foro de Concertación Económica y Social, con la participación igualitaria del sector empresarial, gubernamental y laboral, fue la ganancia sectorial del movimiento sindical en los Acuerdos de Paz. El objetivo de este Foro era “lograr un conjunto de amplios acuerdos tendientes al desarrollo económico y social del país, en beneficio de todos sus habitantes”, en el entendido de que estos acuerdos tendrían un carácter vinculante para todos los sectores involucrados y se convertirían en políticas públicas de la nación. Entre otras tareas, el Foro revisaría el marco legal en materia laboral para “promover y mantener un clima de armonía en las relaciones de trabajo, sin detrimento de los sectores desempleados y del público en general.”

Los empresarios y el gobierno manifestaron urgencia para formular un nuevo Código de Trabajo, pero los trabajadores sostuvieron que para sentar las bases estables para la discusión del nuevo Código de Trabajo era necesario ratificar primero algunos convenios de la OIT -particularmente los vinculados con la libre sindicalización y la negociación colectiva, el trabajo de menores y mujeres, el empleo y salario mínimo-, y el respeto absoluto a las libertades sindicales.

Mientras que el gobierno y los representantes empresariales actuaron en bloque, las organizaciones laborales que lo conformaban no actuaban de forma coordinada. Se recrudecía la represión contra los trabajadores organizados, con despidos injustificados por pertenecer o haber pertenecido a sindicatos y abundaba el uso de las “listas negras”, especialmente, en la actividad de maquilas.

BAJO EL MODELO NEOLIBERAL

Ante la negativa del gobierno y empresarios de establecer un marco regulatorio mínimo a favor de sus derechos, el sector laboral recurrió al uso de las leyes internacionales -exigiendo sanciones comerciales- y con el apoyo de OIT logró un acuerdo para la ratificación de 13 Convenios de ese organismo internacional, que sirvieron de base a las Reformas al Código de Trabajo en 1995. El sector empresarial y el gobierno, sin entusiasmo ninguno por el incómodo Foro de Concertación Económica y Social, suspendieron este espacio en 1994, argumentando que “se contaminaría” en la víspera de las elecciones presidenciales. La suspensión fue el tiro de gracia al Foro. Este espacio fue sustituido posteriormente por el Consejo Superior del Trabajo, un órgano tripartito sin ninguna beligerancia, cuyos cupos sindicales fueron, una y otra vez, ocupados por representantes de sindicatos patronales.

Al calor de las medidas neoliberales, los sindicatos perdieron más y más terreno a lo largo de los años 90. Muchos de los sindicatos más fuertes y beligerantes se encontraban en el sector estatal y fueron desarticulados con la privatización de las empresas estatales. Además, la tercerización de la economía -otro modus operandi del gran capital bajo el modelo neoliberal- sacó a muchos trabajadores del ámbito sindical. El proceso de subcontratación quita a los trabajadores de las planillas de las empresas que ya cuentan con sindicatos y los pasa a empresas que no los tienen. Aunque realizan la misma labor que los trabajadores sindicalizados en la empresa principal, muchas veces desempeñándola en la misma fábrica, no tienen derecho a sindicalizarse y tampoco a las condiciones de trabajo que los trabajadores pueden tener garantizados en un contrato colectivo con la empresa “madre”.

“TENÍAMOS QUE SER
CASI OBREROS ABOGADOS”

Con la excepción de una fugaz movilización en el año 1995, el movimiento se caracterizó por su letargo. De nuevo, el burocratismo se instaló en los sindicatos, tanto en los de izquierda como en los de derecha. Se volvió a aferrar a aquellas estrategias de lucha sindical que Cayetano Carpio calificó como desmovilizadoras: “ceñirse al Código del Trabajo, exclusivamente a las notas al ministerio, a los métodos que el imperialismo había introducido en el movimiento sindical.”

Alfredo Osorio, Secretario de Prensa y Comunicaciones de la Confederación Sindical de Trabajadoras y Trabajadores de El Salvador (CSTS) lo recapitula así: “Termina la guerra y ya no es la fuerza la que manda, sino la negociación. Los dirigentes que han estado acostumbrados a los choques de calle dejan las piedras de lado y ahora hay que ser más propositivos con el Código de Trabajo y con los contratos colectivos. Ya hay que ser casi un obrero abogado para hacerle frente a la empresa, quien está de la mano con el gobierno de ARENA, de manera legal”.

HOY, DISPERSOS Y DÉBILES

Con los últimos antecedentes, no es extraño que el movimiento sindical llegue a la etapa que abre el gobierno de Mauricio Funes disperso y débil. Según los datos registrados por la ONG Equipo Maíz en su libro “La Composición Social en El Salvador” sólo un 16.4% de la población trabajadora empleada pertenece a algún sindicato, un 21% de la población masculina y un 6.3% de la población femenina. Según Víctor Aguilar, economista y miembro del Sindicato de Trabajadores Independientes de Profesiones y Oficios Varios (SITINPROVA), esta cifra representa menos de un 5% de la población económicamente activa del país.

En el mismo libro se lee de la existencia de cuatro confederaciones sindicales en El Salvador, tres con posiciones políticas que suelen hacer eco a las posiciones de ARENA, principal partido del empresariado. De las cinco centrales sindicales, cuatro están vinculados a ese u otros partidos de derecha, así como cuatro de las cinco federaciones no confederadas. Alejandro Ramos, Secretario General de la Federación Sindical Salvadoreña (FESS) identifica la corrupción como uno de los grandes males que afecta al movimiento en este momento, práctica que fue alimentada por los mismos empresarios para desprestigiar y debilitar al movimiento a lo largo de los años. En este ambiente, hasta algunos sindicatos históricos que jugaron un papel militante en los años 70 y 80 pasaron poco a poco a tener acuerdos ilícitos con los dueños de las fábricas hasta convertirse en sindicatos patronales con relaciones políticas con las representaciones partidarias de ARENA y del PCN de este sector.

EL CONSEJO ECONÓMICO SOCIAL

En vísperas del cambio de gobierno en 2009, las trabajadoras y trabajadores que marcharon aquel Primero de Mayo exigieron, entre otras reivindicaciones, que se reinstalara el Foro de Concertación Económica y Social. Mauricio Funes, al finalizar sus primeros cien días de gobierno, estableció el Consejo Económico y Social (CES), retomando el modelo impulsado por el PSOE en España y el PT en Brasil. Está integrado por 24 miembros de la empresa privada, 8 del movimiento sindical, 16 del movimiento social no laboral, 10 representantes de universidades y académicos y 4 del gobierno. Los encabeza Alex Segovia, Secretario Técnico de la Presidencia. Aunque este espacio parecía retomar la demanda de los trabajadores, carece de lo esencial: un carácter vinculante que garantice que los acuerdos tomados ahí se conviertan en política pública o en ley.

El Presidente Funes definió la misión del CES así: “Tiene como objetivo estratégico contribuir a la construcción de políticas públicas de Estado que le den continuidad y predilección a la gestión pública y, consecuentemente, que creen un ambiente agradable para la inversión nacional y extranjera”. Es de sobra conocido que “un ambiente agradable para la inversión nacional y extranjera” suele ser un ambiente desagradable para las trabajadoras y trabajadores...

Alex Segovia exigió un ente “unificado” para representar a los sindicatos en este espacio. Y en este contexto, una serie de confederaciones y federaciones revivieron las siglas de MUSYGES, aquella unión sindical combativa que sacó al movimiento sindical de la agonía en 1983. Alfredo Osorio recuerda: “Hubo mucho estira y encoge para conformar el Consejo Económico y Social. Sólo había ocho cupos para la parte sindical. La formación de MUSYGES fue una idea de aquellos sindicatos que siempre habían estado con los gobiernos de ARENA y algunos que habían pasado a este grupo más recientemente”.

“Hubo mucha discusión en nuestra organización para definir si entrábamos o no al CES”, relata Atilio Jaimes, Secretario de Conflictos de la CSTS y representante del Frente Social para un Nuevo País en el CES. “Decidimos participar para conocer cuál era el verdadero trabajo que iba a hacer el gobierno, si era para beneficiar a los grandes sectores del país. Y también para tener la posibilidad de presentar nuestras propuestas y tener acercamientos para que estas propuestas se concretizaran. Pero lamentablemente esto no ha sucedido hasta la fecha. Siempre nos dicen que van a ver nuestras propuestas en la siguiente sesión porque la agenda está muy cargada”. El dirigente considera que la situación de MUSYGES en el Consejo es muy distinta. “Nos parece que MUSYGES mantiene reuniones bilaterales con el sector empresarial. Esto decimos porque todas las propuestas de MUSYGES en el CES tienen eco en el sector empresarial
y viceversa”.

PRIMERO DE MAYO DE 2010:
NO AL ADA, SÍ AL ALBA

El Primero de Mayo de 2010 vio dos marchas distintas. Por un lado, la multitudinaria del movimiento popular que superó todas las marchas de años recientes y aún las expectativas de su propia dirigencia. Se habla que congregó a más de 150 mil personas entre sindicalistas, campesinos, organizaciones de mujeres, estudiantes y militantes del FMLN, que se sumaron en bloque a esta marcha. Una cantidad de manifestantes aún mayor que la de 2009, que ya había sido una audaz muestra de poder de los sectores populares.

Wilfredo Berríos, Coordinador General del Frente Sindical Salvadoreño, agrupamiento afín al FMLN que se pronuncia y manifiesta sobre temas nacionales que afectan a los trabajadores, considera que la afluencia del bloque sindical en la manifestación de 2010 muestra que el movimiento sindical está en recuperación. El bloque sindical, más numeroso que nunca, marchó bajo la consigna general de la manifestación: “El pueblo logró el triunfo, exigimos el cambio”. Especificando que el cambio debe incluir no firmar el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea -tratado comercial que fue firmado por el Presidente Funes 19 días después- y la incorporación de El Salvador a la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, (ALBA).

Al mismo tiempo, una marcha mucho más pequeña -de entre 500 y mil personas- se manifestó en otro punto de la ciudad. Fue organizada por MUSYGES y el conjunto de sus consignas eran insultos a la actual Ministra de Trabajo
y gritos de “¡Somos los verdaderos trabajadores!” Portaban figuras de los titulares del Ministerio de Trabajo con la leyenda de “corruptos”. La marcha, aunque minúscula en tamaño, mostró que la derecha está dispuesta a ensayar nuevas tácticas para hegemonizar el movimiento sindical.

MINISTERIO DEL TRABAJO:
VARIOS LOGROS Y UN RESPIRO

Con la excepción de los sindicatos de MUSYGES, la Ministra de Trabajo, Victoria Marina de Avilez, ha logrado el aprecio y el respeto de las organizaciones sindicales. Berríos valora: “La complicidad anterior del Ministerio de Trabajo con la empresa privada en la violación de derechos laborales era clara. Entonces, aunque tiene limitantes, vemos muy buena la gestión actual”. Esta apreciación tiene eco en la mayoría de líderes sindicales. Alejandro Ramos considera que el Ministerio “tiene un planteamiento aceptable y apegado a la Constitución” y caracteriza este período como “un respiro” en las políticas anti-laborales de los gobiernos de ARENA, que deja espacio para que el movimiento sindical se revitalice.

Sobre todo, se identifica como un logro importante de esta administración la legalización de sindicatos nuevos que cumplen los requisitos legales. En menos de un año el Ministerio de Trabajo otorgó 70 títulos de personería jurídica a sindicatos. Esto representa un 85% del número de sindicatos legalizados durante 20 años de gobiernos de ARENA. También ha investigado el Ministerio a sindicatos que registran un número exagerado de afiliados y que realmente no los tienen y ha tomado cartas en el asunto. Esta medida es importante porque muchas veces son estos sindicatos,
bajo el argumento de su “alta representatividad”, los que acaparan los cupos en los entes tripartitos, donde
más que defender los intereses de los trabajadores, han defendido los intereses de los empresarios. Finalmente, la nueva administración ha dejado muchas, aunque no todas, de las prácticas viciadas del pasado, como informar
a los empresarios de las trabajadoras y trabajadores que presentan sus documentos como fundadores de sindicatos nuevos. También ha facilitado la sindicalización del sector público.

UN CASO INDICATIVO

La pregunta que queda pendiente es si la mejoría de la relación entre el movimiento sindical y el Ministerio de Trabajo ha tenido o no implicaciones para la relación entre trabajadoras y trabajadores con la burguesía. Recientes sucesos dan la impresión de que no es así.

El 20 de mayo de 2010, “La Prensa Gráfica” informó de una segunda reunión entre el Ministerio de Trabajo y Previsión Social con la Cámara de la Industria Textil y de la Confección (CAMTEX) para discutir una propuesta de CAMTEX de aumentar el horario de trabajo en algunas maquilas a doce horas diarias. La propuesta la justifica CAMTEX porque con ella se abrirían 11,800 trabajos nuevos en el sector. La Ministra de Trabajo la rechazó de forma contundente. Sin embargo, la propuesta pasó a una revisión conjunta del Secretario Técnico de la Presidencia, Alex Segovia, y el Ministerio de Trabajo. El propósito del sector empresarial es comprimir las 44 horas de trabajo de la semana laboral en tres jornadas semanales de doce horas y una de seis, algo que recuerda la primera marcha de aquel Primero de Mayo en Chicago, cuando se reivindicó el horario de ocho horas.

UNA HUELGA REVELADORA

Más crudos aún fueron los sucesos que se desarrollaron el 14 de mayo frente a las maquilas FYD y LD El Salvador, S.A. de C.V., ubicada en la zona franca de San Marcos. Trabajadoras sindicalizadas de estas fábricas, apoyadas por la FESS, sostuvieron un paro laboral durante cuatro días sucesivos porque no se habían respetado acuerdos tomados hace un año con los patronos para mejorar los salarios. La acción consistía en bloquear la entrada a la fábrica y contaba con el conocimiento de la Policía Nacional Civil de San Marcos y los dueños de la zona franca, quienes tienen un acuerdo con el sindicato de no permitir la entrada de materia prima si una de las empresas está en violación del derecho laboral.

Después de tres días de actividad pacífica, apareció otro grupo de trabajadores, acompañados por dirigentes sindicales de la Federación Nacional de Sindicatos de Trabajadores Salvadoreños (FENASTRAS), el sindicato histórico conocido por su trayectoria heroica durante los años 80 y que llegó a liderar MUSYGES en 2009, tras un proceso de derechización que duró aproximadamente quince años.

FENASTRAS cerró la carretera a Comalapa, argumentando que iban a presionar al gobierno para que desalojara a las sindicalistas de la FESS, pues no se estaba permitiendo la entrada de materia prima para poder trabajar. Sonia Urrutia, de FENASTRAS, declaró a la prensa: “Todo esto es por un grupito de trabajadoras que nos están obstaculizando. Nosotros le solicitamos a la Policía Nacional Civil que nos resuelva, pues ellos son los que nos tienen que dar la seguridad para entrar a la zona franca”. Con estas declaraciones, los dirigentes de FENASTRAS dieron a entender que su preocupación principal era garantizar la producción a los empresarios y no los derechos laborales a las trabajadoras.

Por si quedaran dudas, las trabajadoras de la empresa cuentan que, al entrar a trabajar a la fábrica, la administración
de la empresa les entregó una hoja de afiliación a FENASTRAS cuya firma, entienden ellas, es una condición implícita para trabajar ahí. Estas prácticas confirman la relación estrecha que existe entre los sindicatos de esta federación y la patronal. Aunque la estrategia de contraponer a trabajadores con trabajadores no tiene ninguna novedad, el desenlace del choque fue sorprendente.

“QUE ESTO NO SEA UN MENSAJE
DEL GOBIERNO”

El Ministro de Justicia y Seguridad Pública, Manuel Melgar, envió a un grupo de la Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO) para despejar la autopista, argumentando que “no era justo que las personas que tenían que salir fuera del país perdieran su vuelo y por eso se ordenó el desalojo”. Sin embargo, después de una negociación entre la dirigencia de FENASTRAS y la UMO, éstos entraron juntos a la zona franca a desalojar a las trabajadoras en huelga. La UMO confrontó a la FESS y las obligó a retirarse a punta de golpes y gas pimienta. Cuando trabajadoras y trabajadores intentaron defenderse, tres dirigentes de la FESS fueron capturados.

Alejandro Ramos, uno de los tres, declaró, al salir de la cárcel con medidas sustitutivas: “Esperamos que la actitud mostrada por la UMO no sea el anuncio o un mensaje del gobierno de que no va a tener tolerancia al libre derecho de organización de los trabajadores, ya que la forma en la que fuimos reprimidos por denunciar violación a los derechos laborales, nos remontó a las acciones de violencia mostradas por los gobiernos anteriores”.

Wilfredo Berríos reflexiona: “Fue lamentable lo que sucedió el viernes 14 de mayo. Creo que es la primera vez que este gobierno aplica la represión contra un gremio. Una federación estaba defendiendo sus derechos y se utilizan a otros sindicatos, haciendo negocio con ellos, para representar los intereses de la empresa”.

La FESS, una federación relativamente nueva, es de las pocas que ha optado por utilizar medidas “de hecho” para presionar a los empresarios a negociar mejoras en las condiciones de trabajo cuando los procesos legales no avanzan. En el último año, esta federación ha apoyado seis acciones de este tipo, sobre todo en grandes talleres automecánicos, donde no se les ha pagado a los trabajadores por horas extra y les han violado el derecho a la sindicalización. Probablemente es por esto que El Diario de Hoy identifica a Ramos como “el agitador de varias protestas”. Dicen que “Ramos se encarga de dirigir a otras personas para apoyar a grupos de sindicatos que están en desacuerdo con los propietarios de sus empresas”. Estas valoraciones explican las amenazas de muerte que denuncian varios líderes de esta federación, no solo Ramos.

Su vulnerabilidad también se explica por el hecho de que no existen vías de comunicación entre los sindicatos populares, lo que permitiría una acción más masiva y más difícil de quebrar. Los dirigentes de la CSTS comentan que ni se dieron cuenta del paro laboral de la FESS en San Marcos hasta que salió en los medios de comunicación masiva, que le dieron cobertura únicamente cuando se desató la represión.

ENERGÍA, PARTICIPACIÓN
Y RED DE APOYO

Por otro lado, la estrategia de la FESS rescata lo que Cayetano Carpio calificó como “la energía y la participación de las masas en la lucha de sus propios intereses”. Refleja los aprendizajes recientes de los trabajadores de SELSA (Sindicato de la Empresa Lido S.A.) quienes llegaron a paralizar la producción cuando la empresa, en vez de otorgar el incremento salarial anual contemplado en el contrato colectivo, les propuso reducirles el salario. Los sindicalistas desarrollaron una red de apoyo con otros sindicatos, iglesias y vendedores del mercado, lo que les ayudó a mantener a los sindicalistas despedidos en el proceso hasta que fueron reinstalados. Finalmente, ganaron una lucha de tres años (2002-2005). Estos procesos sacan la lucha sindical de las oficinas y los juzgados y la devuelvan a su lugar de origen, la fábrica y la calle.

Es una estrategia que llama la atención, puesto que la contradicción actual dentro del movimiento sindical salta a la vista: por un lado el momento histórico del país se caracteriza por una mejoría de las condiciones favorables para el avance de las luchas obreras, y por el otro lado, la derecha parece ir aún adelante en la disputa por la hegemonía en el movimiento sindical.

SUPERAR LA ATOMIZACIÓN

Para que una estrategia de este tipo funcione es necesario crear un bloque de sindicatos que puedan apoyarse, tanto en la lucha en las fábricas y en las calles, como en el ámbito político.

Alfredo Osorio sintetiza el reto: “El movimiento sindical está disperso porque no hay un referente que agrupe a aquellas federaciones y confederaciones que realmente luchan por los intereses de los trabajadores. Estamos presos en la atomización. Necesitamos construir una plataforma reivindicativa común que integre a las asociaciones democráticas, autónomas y representativas. Un bloque sindical de unidad puede involucrar a asociaciones con diferencias ideológicas, pero todos debemos compartir el compromiso de la transformación estructural de la sociedad”.

EDUCADORA POPULAR. CORRESPONSAL DE ENVÍO EN EL SALVADOR.

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