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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 339 | Junio 2010
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Nicaragua

“La nueva estrategia de educación es una decisión electoral y no tiene en cuenta la calidad”

Josefina Vijil, Doctora en Pedagogía, educadora durante años en el aula de clase y formadora de docentes, analizó los principales rasgos de la nueva Estrategia Nacional de Educación, contrastándola con los desafíos que enfrenta hoy la Educación en Nicaragua, en una charla con Envío que transcribimos.

Josefina Vijil

Con el cambio de gobierno en enero de 2007, la primera decisión del nuevo Ministro de Educación, Miguel
de Castilla, fue abolir la autonomía escolar. Al día siguiente de su toma de posesión, el Presidente Daniel Ortega decretó la gratuidad de la enseñanza y estableció, también por decreto presidencial, ese día como Día Nacional de la Educación. A partir de entonces, y durante algo más de tres años el Ministro De Castilla, encabezó una reforma educativa que comenzó a plasmarse en el llamado Plan Decenal 2011-2021, al que se destinaron esfuerzos de directores, docentes, comunidad educativa y organizaciones de la sociedad civil durante casi un año. La reforma educativa en curso, que se reflejaría en el Plan Decenal, fue calificada hace meses en las páginas de Envío por el periodista, hoy oficialista, William Grigsby como “estratégica”. “Si alguna obra quedará de este gobierno estoy seguro que será la reforma educativa, que representa un cambio estructural”, dijo en agosto de 2009. Pues bien, en abril de este año 2010, y repentinamente, el gobierno cambió al Ministro De Castilla, el Presidente Ortega lo jubiló por decreto y el gobierno anunció una nueva Estrategia Nacional de Educación, con el ambicioso propósito de “refundar” el Ministerio de Educación.

Lo primero que podemos decir de la nueva estrategia es que marca una nueva ruptura en un continuo proceso de rupturas. Realmente, la única continuidad que existe en Nicaragua son las rupturas. Por eso no tenemos una política educativa que tenga frutos sólidos y sobre la base de los cuales podamos construir transformaciones sociales. Un continuo proceso de rupturas impide conocer los resultados que ha tenido cada acción educativa, evaluar, modificar, regular, tareas que en definitiva son las que hacen posible la calidad en la educación. Los procesos educativos son procesos de mediano y largo plazo, nunca son de corto plazo. Y en Nicaragua nos movemos siempre con visión de corto plazo, tratando de abordar procesos de largo plazo con acciones de corto plazo. En la educación eso no funciona. Esta visión es la que explica la crisis en la que está actualmente la educación en Nicaragua.

La educación en Nicaragua tiene muchos problemas (calidad, eficiencia, pertinencia…), pero en mi opinión son dos los problemas que fundamentan todos los demás. El primero: la educación no es una prioridad nacional. Podemos encontrar muchas evidencias, la más cuantificable es el presupuesto nacional. La educación nunca ha sido una prioridad nacional. Con una honrosa excepción: la Cruzada Nacional de Alfabetización de 1980, único momento en que la educación fue una prioridad de la nación, se antepuso a todo y el país se “cerró” para dedicarse a esa prioridad. Segundo problema: la educación no constituye una política de Estado. Siempre ha sido política de gobiernos y a menudo política de personas. Durante el gobierno de Bolaños el cambio de ministros fue un continuo cambio de planes y programas. Ahora sucede lo mismo: cambian a Miguel de Castilla y ponen a Miriam Ráudez y lo cambian todo.

El Plan Decenal diseñado por el Ministro De Castilla tenía varias etapas. Iniciaba con un diagnóstico. Se le consultaría a la población qué creía que era importante, cuáles debían ser las prioridades, cuáles eran sus expectativas, con qué recursos contaban... y en base a esa consulta se planificarían los esfuerzos durante diez años. Ahora, el gobierno ya ha dicho que verán cómo usan lo que comenzó a aparecer en la consulta y en el diagnóstico. Y anunció que van a realizar un nuevo censo sobre los recursos educativos con los que el país cuenta, a pesar de que ya en 2007 se realizó un censo útil y válido, donde todo mundo, todas las instituciones estatales y todas las ONG que trabajan en educación en todos los municipios, quedaron radiografiadas.

La nueva estrategia hace caso omiso del Plan Decenal y de cualquier política educativa diseñada por el ahora ex-Ministro De Castilla. Él, al iniciar su gestión, había hablado de seis políticas educativas: más educación, mejor educación, todas las educaciones, otra educación... La estrategia no hace mención de ninguna de esas políticas, no dice si las van a asumir o a sustituir. Tampoco hace mención del modelo de gestión de la calidad, donde la administración de De Castilla hizo más énfasis. Estamos ante una nueva ruptura. Ante esto, interpreto que con la nueva estrategia el gobierno no piensa en el largo plazo, sino que está apostando a proyectos de impacto rápido. No se trata de una estrategia pedagógica, sino política, y más exactamente de una estrategia político-electoral.

Para analizar la nueva estrategia educativa podemos utilizar distintos filtros. Voy a usar el de la caracterización de nuestro sistema educativo y el de los desafíos que enfrenta, basándome en la investigación que hemos realizado muchos educadores y educadoras nicaragüenses.

El punto de partida que propongo es considerar la educación como un derecho humano fundamental, la llave que nos permite acceder a otros derechos. Éste es un consenso al que ya hemos llegado muchos en el mundo. Este derecho implica que la educación cumpla con su finalidad, que es que la gente aprenda, que la gente crezca, que la gente cambie, que la gente pueda construir su propio conocimiento. Si esto no se cumple no estamos respetando ese derecho. El objetivo de la educación es generar aprendizaje. De distintos tipos: conceptuales, actitudinales, procedimentales... Esto significa que el derecho a la educación no es simplemente el derecho a ir a sentarse en un aula de clases. Es ir al aula para aprender. Si no hay aprendizaje el derecho a la educación no se está respetando.

Para saber dónde estamos parados hoy en Nicaragua en cuanto a la educación lo primero que hay que reconocer es que, a pesar de todos los problemas, hemos avanzado en las últimas tres décadas. No es la misma la Nicaragua que tenemos ahora que la que teníamos hace treinta años. Hemos avanzado. Y es importante decirlo. Lo podemos ver en un conjunto de indicadores. Mencionaré sólo dos: las tasas netas de escolaridad y los niveles de educación.

La tasa neta de escolaridad para primaria es el porcentaje de la matrícula de niños de 7 a 12 años en relación con la población total en esas edades. En 1980 la tasa neta de escolaridad para primaria era 70.42%. En el 2008
ya era 87.2%. Menciono 2008, porque es el último año del que tenemos estadísticas oficiales. Como tantas cosas en este gobierno se manejan en secreto, no disponemos de estadísticas más recientes y, por ejemplo, aún no conocemos los datos de la matrícula de este año 2010 ni tampoco los de la matrícula de 2009.

El nivel de escolaridad nos indica el promedio de años de escolaridad que tiene el conjunto de la población. Hoy la población nicaragüense más joven tiene más años de escolaridad que la población más vieja. El promedio de años de escolaridad de las personas mayores de 29 años es 4.9 años y el de las personas entre 15-24 años es 7 años, según la Encuesta de Medición de Nivel de Vida del 2005. Hemos avanzado en estos treinta años. Es importante señalar que el período en el que estamos midiendo estos avances es treinta años. Y es que así son los períodos en los que podemos medir resultados en la educación, sabiendo cuán prolongado es el tiempo que requerimos para formar a una persona.

También hemos avanzado en la Pedagogía. En el mundo y en Nicaragua. Hemos avanzado en la comprensión del proceso de aprendizaje, en la comprensión del proceso de enseñanza, en la comprensión didáctica, en la metodología,
en los textos... Hemos experimentado muchos avances en la construcción del conocimiento pedagógico, en lo que yo llamo “la casa de la pedagogía”. También se han incrementado en Nicaragua las experiencias innovadoras. Por ejemplo, en el Norte del país está en ejecución un programa que se llama “Entérate” que está generalizando tres experiencias exitosas para que los niños dejen el trabajo y se integren a la escuela. Y como ésta, otras muchas experiencias novedosas. Sin embargo, todos estos avances no han provocado lo que esperábamos que provocaran: una disminución significativa en la brecha de inequidad que existe en Nicaragua. La escolarización creciente no ha reducido las brechas de inequidad. Todavía, y a partir de los datos de esa encuesta de 2005 -los últimos que tenemos-, vemos que en el quintil más pobre de la población el nivel de escolaridad es sólo 2.5 años, mientras que en el quintil más rico es 8.3 años. El país avanzó, pero quienes más aprovecharon esos avances son las clases medias y altas del país, la juventud que hoy está terminando la secundaria e ingresando a la universidad. Esperábamos que el acceso a la educación disminuiría la inequidad. Y lo que ha sucedido es que la educación ha reproducido la pobreza y la desigualdad.

Ya sabemos que reducir la inequidad no sólo depende de la educación, que no todo depende de la escuela. Está más que comprobado que un mínimo de equidad en la sociedad es necesario para que la educación rinda sus frutos. Mientras haya miles de niños que tengan que trabajar desde chiquitos, mientras las familias no puedan enviar a sus hijos a estudiar, la escolarización no será suficiente. La equidad o la inequidad que hay en una sociedad afecta siempre la acción educativa. Pero hay otros elementos internos del sistema educativo que impiden cerrar brechas de inequidad.

El principal es la falta de calidad en la educación que impartimos. Mientras la educación en Nicaragua no sea de calidad no logrará cerrar las brechas de inequidad que padecemos.

Los avances que ya hemos tenido y los problemas que enfrentamos nos plantean tres importantes desafíos aún pendientes. Primer desafío: la escolarización primaria universal. Que toda la población nicaragüense alcance la primaria completa: el tercer nivel de preescolar y los seis grados de primaria. Segundo desafío: ampliar el acceso a la secundaria y a la educación técnica hasta llegar a su universalización. Tercer desafío: lograr una educación de calidad. Este tercer desafío es fundamental porque de nada sirve universalizar la primaria y la secundaria si lo que aprenden niños y niñas en todos esos años no es lo que tienen que aprender. La calidad es fundamental para que haya aprendizaje y para que los aprendizajes sean los necesarios.

La meta de lograr la universalización de la primaria es uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que Nicaragua, junto a la mayoría de los países del mundo, asumió para cumplir en 2015. La meta de universalizar la secundaria
se la están planteando ya oficialmente todos los países latinoamericanos menos Nicaragua. La Ley General
de Educación -el único marco normativo con el que contamos en nuestro país- establece solamente como obligatorios siete años de escolaridad: uno de preescolar y los seis de primaria.

En nuestro país, la tasa de escolaridad en secundaria (jóvenes de 13 a 18 años) es sólo del 45.5%. Un indicador preocupante. Porque muchísimos estudios en el mundo ya han demostrado que existe un umbral de escolaridad mínimo para conseguir trabajos que permitan salir de la pobreza: 12 años de escolaridad. De hecho, en investigaciones que hicimos en 2009 ya escuchamos a jóvenes que nos dijeron que para ser contratados en cualquier empleo, incluso para barrer, les pedían el bachillerato. Igual que en muchas zonas francas, donde les piden la secundaria completa.

Cumplir con estos tres desafíos es sumamente importante para Nicaragua en este momento de cambio demográfico, cuando, por primera vez, la población económicamente activa es más numerosa que la población dependiente de niños pequeños y ancianos. Si no aprovechamos este momento formando más y mejor a la población que el día de mañana será la base productiva del país no nos espera un futuro halagüeño, ni a nuestro país ni a nuestra gente. Y no sólo viendo la educación con una finalidad utilitaria, sino comprendiendo que la educación tiene que ver con la autorrealización de las personas, con su desarrollo cognitivo, con el desarrollo de su capacidad para decir, opinar, proponer, articular, analizar…

Dar respuesta a estos desafíos es clave hoy y lo fue también ayer, pero hoy lo es más que nunca antes. Porque aunque siempre ha sido una tragedia ser analfabeta, no es lo mismo serlo a inicios del siglo 20 que serlo hoy, en el siglo 21. Todo en el mundo está hoy articulado sobre la base de poder leer y poder escribir y sobre todo lo que esos dos saberes implican a lo largo de la vida. Quedar fuera del espacio de socialización educativo es estar socialmente excluido.

Responder al desafío de universalizar la primaria implica un montón de cosas. La primera, mejorar las tasas de finalización: que quienes entren a primaria terminen sexto grado. Las tasas de finalización en Nicaragua son bajas. En 2007 sólo finalizaron el sexto grado de primaria el 45% de las niñas que ingresaron y el 37% de los niños. Finalizó el 63% en la ciudad y el 23% en el campo. El primer desafío es que terminen quienes entran. Y para que terminen tienen que tener la posibilidad de quedarse en la escuela, tenemos que evitar que el trabajo y las necesidades económicas de sus familias los saquen de la escuela. Y también tenemos que lograr que quieran seguir en la escuela porque están ganando algo, aprendiendo algo. Porque si van a la escuela y no aprenden nada, ¿para qué ir? Esto exige calidad en la educación.

Y para poder ir a la escuela tiene que haber escuelas en todos los lugares donde hay niños y niñas en edad escolar. Y en Nicaragua todavía existe una norma que dice que si en una comunidad no hay 25 niños no se abre un aula.
Y si hay aulas, tiene que haber maestros suficientes. Y tiene que haber mejores condiciones en las aulas. No sólo necesitamos aulas, sino aulas en condiciones, con servicios sanitarios, con agua potable. En el 40% de las escuelas de Nicaragua no hay agua potable. Y tienen que estar completas todas las modalidades. Y necesitamos también modalidades alternativas para los niños y niñas que no han terminado la primaria. Modalidades que hayan probado sus resultados, para que después no se traduzcan en una decepción entre quienes obtienen un título pero no aprendieron nada.

Tiene también que ser realmente gratuita la educación. Que la educación sea gratuita no es sólo no pagar aranceles para ingresar. ¿De qué le sirve la gratuidad al chavalo que vive adentro de la comunidad de La Cruz de Río Grande
si no tiene ninguna oferta para estudiar en los alrededores? La educación es gratuita, pero él no tiene a dónde ir… Y en este país no hay posibilidades de becas estatales para que ese chavalo busque esa oferta en otro lugar. Y si planteamos universalizar la primaria debemos también ampliar el acceso al nivel preescolar. En Nicaragua sólo el 30%
de los niños y niñas llega a preescolar. Y está suficientemente demostrado, en el mundo y en Nicaragua, que haber ido al menos a un nivel de preescolar hace la diferencia y resulta determinante para el éxito en los aprendizajes siguientes. La puerta de entrada a la escuela tenemos que moverla: que no sea el primer grado de primaria sino el tercer nivel de preescolar.

Para enfrentar el segundo desafío -ampliar el acceso a la secundaria y a la educación técnica- necesitamos también un conjunto de cosas. Hay que ampliar significativamente la oferta. Hay muchísimos departamentos donde sólo hay secundaria en las cabeceras municipales y hay municipios donde no hay oferta de educación técnica. Necesitamos modalidades alternativas para los lugares en donde no puede haber un instituto. Modalidades con una enseñanza rigurosa, que pongan el aprendizaje en el centro de todo, porque no creamos escuelas para que haya un curriculum, sino para que haya aprendizaje. Tenemos también que ofrecer becas a los jóvenes que, por una razón o por otra, no tienen una escuela de secundaria cercana. Hay opciones de este tipo en Honduras, en El Salvador, en Bolivia, pero en Nicaragua no las hay.

Respecto de la secundaria, hay también un elemento no discutido suficientemente en el mundo, no sólo en Nicaragua, un tema que en América del Sur se está estudiando bastante: la secundaria tiene que cambiar porque la cultura juvenil y las necesidades de la juventud han cambiado considerablemente en los últimos años. Y a pesar de eso, seguimos con una secundaria concebida en el siglo 19. Nuestras secundarias no saben todavía, por ejemplo, cómo asumir los embarazos adolescentes o ven aún como anecdótica a la juventud que trabaja además de estudiar, cuando estas dos realidades se han ido generalizando entre la juventud. Hay cambios fundamentales en las tecnologías de la comunicación que emplea la juventud y que están cambiando drásticamente la cultura juvenil y la escuela no lo está teniendo en cuenta. Entonces, tenemos que cambiar la secundaria si queremos conseguir una educación de calidad. Se trata de una discusión larga, pero debemos comenzarla.

Pero universalizar la primaria y la secundaria no servirá de nada si no mejoramos la calidad de la educación. ¿Qué es la calidad? La calidad no es un concepto abstracto. Tiene rostros y tiene nombres y si no logramos identificarlos no avanzaremos. Calidad es aprender a leer, pero no sólo aprender a reconocer letras y a juntarlas. Leer es más que eso: es comprender lo que leemos, inferir lo que está detrás del texto, es interpretar lo que leemos, es sacar una conclusión... Necesitamos formar estudiantes lectores. No basta saber leer, hay que leer para seguir aprendiendo, para formarse, para experimentar el placer de la lectura. En el centro de lo que la educación debe conseguir está la lectura.
La lectura como una herramienta para crecer, para soñar, para transformarnos, para transformar la realidad, para -como decía Paulo Freire- “ser capaces de decir nuestra propia palabra”.

Calidad es también saber escribir, que no es sólo saber hacer letras. Es saber expresar de manera escrita mis ideas, mi opinión, mi interpretación... Es otra vía para decir “mi propia palabra”. Calidad es saber hablar. Si no sé expresar mi palabra para posicionar mis ideas, estoy repitiendo las palabras y las ideas de otros. Calidad es también pensar lógicamente. La escuela tiene que enseñar a pensar lógicamente. Y no lo estamos haciendo. Calidad es responder a porqués, tener pensamiento crítico, no repetir las cosas porque “la profe me lo dijo”…Calidad significa también aprender matemáticas, aprender a resolver problemas, a encontrar fórmulas alternativas. Necesitamos que la escuela enseñe a plantearse preguntas y a encontrar respuestas, actitud esencial para poder investigar. Tenemos que enseñar no sólo conocimiento, también método. Hay un conjunto de aprendizajes que son procedimentales y que están ausentes de la escuela: hacer preguntas, hacer un ensayo, hacer un resumen... Todos son instrumentos que me sirven para desarrollarme en la vida.

Todos estos son rostros de la calidad. Debemos aprender un segundo idioma y aprender tecnologías, pero la calidad es algo aún más básico: es lo esencial para poder desarrollarme en el mundo, para tener opinión propia, para poder decir “mi palabra”. No se trata de elevar la titulación, sino de elevar los aprendizajes. Se supone que cuando alguien termina el sexto grado o termina el bachillerato ha construido ya un conjunto de aprendizajes. Garantizar esos aprendizajes: eso es lo que buscamos al educar, no se trata sólo de tener el “cartón”, el título.

Para mejorar la calidad existe un conjunto de condiciones, de posibilidades. Está más que probado que la primera condición es tener docentes formados con calidad y suficientemente remunerados, con una formación inicial sólida y con un sentido del servicio consistente. A esto les debe ayudar un sistema de supervisión de su trabajo de docencia, que los apoye en el aula, pero que también sancione a los peores y estimule a los mejores. También es una condición necesaria que docentes y alumnos dispongan de materiales didácticos suficientes y adecuados. No le podemos pedir a un niño que sea lector si nunca pasó por sus manos un libro de cuentos o si no hay libros ni en su casa
ni en la escuela. Tampoco le podemos pedir a una maestra que enseñe a leer si ella no lee. Nadie puede dar lo que no tiene.

Para mejorar la calidad debemos también poner en su justo lugar los distintos elementos del proceso educativo. En Nicaragua no los tenemos puestos. Hoy, en el centro de la escuela está algo que se llama curriculum. ¿Quién determina cómo va una profesora en su clase? El curriculum. Pero mientras no entendamos que el curriculum es sólo una herramienta para generar aprendizajes seguiremos carentes de calidad.

Si queremos calidad necesitamos incrementar la cantidad de tiempo de aprendizaje. Dice la Ley General de Educación que en Nicaragua niños y niñas deben tener por lo menos mil horas de clase anuales. Y no llegamos ni a 700.
Se pierden clases por todo, los recreos son eternos, hay impuntualidad, los viernes en muchas escuelas salen más temprano…

A la par de dedicar más tiempo al aprendizaje y al esfuerzo porque se completen los ciclos de escolaridad, debemos evitar el desgranamiento de la matrícula. Hoy existe un gran desgranamiento. Si a primaria ingresa ya el 87% de los niños y niñas, en la medida en que avanzan en los grados esa matrícula inicial se va desgranando. Y hay muchísimos niños en extra-edad y muchísimos que no terminan. En la secundaria también se produce el desgranamiento de la matrícula. La tasa de finalización en la secundaria es 55% entre las muchachas y 40% entre los muchachos.

En los últimos años se ha desarrollado mucho la neurociencia y un conjunto de disciplinas de la pedagogía que nos enseñan que hay saberes que si no se aprenden a determinada edad no se aprenden después o es más difícil que se aprendan después. Sabemos también que repetir el curso no es la mejor alternativa, porque los niños que repiten aprenden menos y no recuperan lo que no aprendieron a tiempo. Por eso necesitamos a los mejores maestros en primer grado. Y normalmente a primer grado no mandan a los mejores, sino a los más jóvenes.

¿Qué resultados dio la campaña por el primer grado que impulsó el Ministro Miguel de Castilla? Cifras no conocemos, porque no se ha evaluado, algo muy frecuente en Nicaragua: se impulsan esfuerzos y después no se sabe qué resultados dieron. En cualquier caso, la campaña fue necesaria, positiva y central. Y todas las educadoras y educadores de Nicaragua la apoyamos, porque el preescolar y el primer grado son los más importantes en la educación de un niño. Priorizar el primer grado siempre tiene un impacto positivo.

Naturalmente, para responder a tantos retos también hacen falta recursos financieros. No podemos mejorar la calidad de la educación ni enfrentar todos los desafíos pendientes con los actuales recursos con los que cuenta la educación pública. Está demostrado que lo que Nicaragua invierte en educación no ha variado sustancialmente desde el año 1994. De entonces a ahora nos movemos en un porcentaje algo menor al 4% del PIB. Con este nivel de inversión no podremos responder a los desafíos que la educación tiene.

Es teniendo a la vista todos estos desafíos que tiene hoy la educación en Nicaragua que podemos analizar mejor la nueva estrategia de educación que el gobierno comenzó a divulgar en abril de este año 2010 y que ya comienza a implementar. Para analizar la estrategia ocupé varios documentos: la estrategia educativa del 12 de abril, la estrategia de educación y capacitación del 19 de abril y la propuesta de educación temprana “Amor para los más chiquitos” del 17 de mayo, todos circulados en Internet y firmados por Rosario Murillo. La meta declarada de la nueva estrategia educativa es el “fortalecimiento de la conciencia y articular un modelo educativo donde prevalezcan los valores revolucionarios del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, valores cristianos, ideales socialistas y relaciones solidarias”. No se definen estos valores e ideales, solamente se enuncian. El objetivo es “brindar diferentes opciones educativas para facilitar la incorporación de los y las nicaragüenses a la educación integral requerida para el desarrollo, dando prioridad al acceso a los programas educativos”. Los documentos definen la educación integral como aquella “que promueve valores morales, cristianos, patrióticos y culturales, ideales socialistas y relaciones solidarias”.

La estrategia prioriza claramente el acceso y la permanencia en la escuela. Su objetivo es masificar la asistencia y la participación en los programas educativos. ¿Qué mecanismos propone para lograrlo? “Fortalecer y articular a las diferentes instituciones gubernamentales y a sectores identificados con el modelo del Poder Ciudadano”. No menciona a otros sectores de la sociedad civil. Otros mecanismos que propone son: “Simplificar los procesos, optimizar los recursos asignados y distribuirlos de manera equitativa, priorizando a los más pobres”. Queda claro en la estrategia que la prioridad serán los más pobres. La estrategia educativa dice basarse “en el sentimiento solidario que tiene el pueblo” y afirma que ese sentimiento será “el eje para que la estrategia tenga éxito”.

La nueva estrategia dice responder “al modelo de participación ciudadana, para fortalecer la democracia directa y restituir los derechos para los y las ciudadanas”. Propone que, a través del curriculum de estudio, “se debe precisar
y dar a conocer este modelo de transformación social”. La capacitación de maestras y maestros la define como
“el medio para la apropiación y la explicación de los avances de nuestra revolución”.

Si el primer desafío que hoy tiene la educación en Nicaragua es la universalización de la enseñanza primaria,
la estrategia se propone masificar el acceso a la primaria y establece metas. Plantea reducir a la mínima expresión la tasa de analfabetismo en agosto de 2010, alcanzar el nivel de sexto grado para toda la población de la ciudad en 2011 y en 2012 para toda la población rural.

Plantea también garantizar la continuidad de los niños en la escuela. Pero para que niños y niñas permanezcan en la escuela necesitamos mover la puerta de entrada al sistema para que, antes de entrar al primer grado, entren al preescolar. Para lograr esto se requieren más preescolares en el país, mejores preescolares en el país y docentes de preescolar mejor remunerados. Necesitamos que se cumpla lo estipulado en la Ley General de Educación. Sin embargo, nada de esto está previsto en la nueva estrategia.

Resulta preocupante que en el documento titulado “Campaña de Educación Temprana Amor para los más Chiquitos” se dice textualmente que como el diseño de la educación preescolar es muy costoso y su cobertura es limitada, se hace necesario “readecuar el primer grado para recibir a los niños desde su familia y su comunidad”. Esto afecta directamente la calidad de la educación. En primer lugar, porque es necesario el espacio del preescolar para la construcción de un conjunto de aprendizajes que preparan a los niños para la primaria: desarrollo afectivo, psicomotor, de lenguaje, de aprestamiento, ámbito fonético de la enseñanza de la lectura, etc.. Y en segundo lugar porque se distrae la función primordial del primer grado, que es enseñar a leer. Y esto es grave si aceptamos que la lectura es uno de los rostros de la calidad y está comprobado que aprender a leer pronto y bien garantiza que niños y niñas aprendan más y mejor todo lo demás.

La nueva estrategia se propone también reducir al mínimo la repetición, aunque no dice cómo lo logrará. El único mecanismo que se intuye para lograrlo es un cambio en los modelos de evaluación.

Si un segundo desafío es ampliar el acceso a la secundaria y a la educación técnica, la nueva estrategia plantea ampliar la oferta para que en el año 2015 toda la población nicaragüense alcance el tercer año de secundaria. Igualmente, anuncia cursos anuales de educación técnica de corta duración (6-9 meses) para 30 mil jóvenes y trabajadores. Plantea eliminar para el año 2011 los cobros para los estudiantes en las escuelas técnicas y ampliar las carreras técnicas para graduar el año 2012 a 20 mil nuevos profesionales. En secundaria y educación técnica, ¿qué otras propuestas trae la estrategia? Propone modalidades flexibles (la secundaria por suficiencia, la secundaria a distancia, la secundaria por televisión…), que ya están funcionando en algunos lugares del país. Propone capacitación técnica para los beneficiarios de programas sociales del gobierno, sobre todo Hambre Cero y Usura Cero, programas de becas para capacitación técnica a los hijos de los beneficiarios de Hambre Cero y Usura Cero y asistencia técnica para los beneficiarios de estos dos programas con grupos de promotoría social voluntaria. Proponen también reorientar los cursos móviles en función de las familias y el desarrollo de las comunidades, desarrollar modalidades de capacitación que brinden habilitación laboral para los egresados en extra-edad, coordinar con el MINED la universalización de la educación técnica, incorporando módulos técnicos del primero al tercer año de secundaria, universalizar la enseñanza del inglés y certificar competencias a trabajadores. En relación al importante tercer desafío que señalábamos -el de una educación de calidad- la estrategia no dice nada.

Cumplir con las metas anunciadas en primaria, secundaria y educación técnica implica una serie de condiciones: incremento de escuelas, de docentes, mejorar infraestructuras… La única respuesta que la estrategia da a todo esto es la formación acelerada de nuevos docentes. Este año 2010 las escuelas normales no matricularon a ningún docente de primer ingreso. Sin embargo, según la nueva Directora de Formación Docente del MINED, ya los gabinetes del Poder Ciudadano están seleccionando en las zonas rurales a estudiantes jóvenes que tengan el noveno grado aprobado o el título de bachiller para que entren a la escuela normal. Los van a formar como docentes en un curso rápido ¡de dos meses! y con un currículo que elaboraron en ¡una semana! Han dicho que posteriormente les darán un curso de profesionalización. ¡En cursos de dos meses van a formar a 1,800 profesores! Ésa es la cantidad que dicen necesitar para que todas las escuelas multigrado del país tengan el ciclo completo, hasta el sexto grado.

La estrategia asume algunas de las condiciones para responder a los dos grandes desafíos que tenemos en primaria y secundaria y propone “un modelo educativo flexible en horarios, calendario escolar, métodos de enseñanza y modalidades de atención educativa, fortaleciendo los programas que promueven la equidad”. Esta propuesta también está ya en marcha: ya los domingos están llegando a ciertos centros educativos del país gente que está completando aceleradamente su primaria y hasta bachillerándose. Son programas de impacto rápido llamados “Sandino 1” y “Sandino 2”. No se conocen públicamente los documentos curriculares que emplean, los perfiles de salida, el tiempo de estudio que prevén, los textos y la metodología que se usan en esos programas. No los hemos podido analizar.

No sabemos cuál será el rigor que estos programas tienen, tampoco conocemos dónde y cuándo se validaron para garantizar que en dos años las personas matriculadas logren aprender todo lo que necesitan aprender en la primaria
y en otros dos años, en la secundaria. Aun así, ya están funcionando.

Cuando analizamos la nueva estrategia, todo lo que vemos son propuestas de programas, de programas acelerados en nuevas modalidades de educación, educación técnica y habilitación laboral, con unas metas que terminan todas
en el año electoral 2011, menos la del tercer año de secundaria, que se plantean para 2015. No se habla nada de calidad. Entre las propuestas que más podríamos vincular al tema de la calidad estaría la de “realizar en su totalidad la transformación curricular”. Algunos educadores entendemos que esto significa que van a cambiar “el mamotreto” que es el curriculum actual y hacer otro. Pero otros entienden que sólo introducirán transversalmente en el curriculum actual “los valores patrióticos, cristianos, socialistas, culturales y de respeto a los derechos de la Madre Tierra”, mencionados, pero no definidos en la nueva estrategia. Esto no cambiaría mucho “el mamotreto”, porque en Nicaragua la transversalidad se predica, pero nunca se asume. No hay ideas que atraviesen el curriculum. La transversalidad es un concepto que no existe en Nicaragua y en la práctica cada eje transversal que se propone se convierte en un nuevo contenido, y con ello se abulta más la cantidad de “conocimientos” que maestras y maestros tienen que “enseñar”.

Vinculado al tema de la calidad está también el planteamiento de revisar y actualizar la metodología de evaluación de los estudiantes, aunque no de los aprendizajes, y continuar con el fomento de movimientos estudiantiles y de jóvenes para dar continuidad a la nivelación de los estudiantes. No hay nada más sobre la calidad.

Quisiera referirme ahora al curriculum, ya que hablan de “transformarlo”, aunque no dicen ni cuándo ni cómo. Aunque tiene muchos defensores, el curriculum actual, en mi opinión, nació con mal pie. Comenzó allá por el año 2004, determinándose entonces que sería un curriculum “basado en competencias”, un concepto que viene del mundo del trabajo y que en Nicaragua se adoptó sin debatir qué significaría basar el curriculum en competencias. Como tantas cosas, se asumió como moda y, aún ahora, en la mayoría de escuelas nadie está claro de qué son las competencias y de cómo trabajar con ellas.

En el año 2007, la administración de De Castilla decidió abrir una consulta con la sociedad civil sobre el curriculum. Lo hizo en un momento que, en mi opinión, ya era metodológicamente imposible hacerlo, porque estábamos ante un inmenso mamotreto, con unas matrices enormes, difíciles de leer y de analizar. Lo que en la práctica sucedió fue que en la mayor parte de los casos eso se leyó a medias y las sugerencias, en lugar de rectificar el curriculum, sólo fueron incorporadas para ampliar contenidos. Después de la consulta, tampoco se logró una buena sistematización de los aportes que hizo la sociedad civil y los cambios se convirtieron en agregados, haciendo más grues y más disperso el curriculum.

Como educadora, pienso que los cambios curriculares no deberían ser una prioridad y no se debería destinar tanto tiempo y esfuerzos a eso. Creo que lo que necesitamos es un marco curricular general que determine claramente los aprendizajes imprescindibles a construir por cada estudiante -en donde se aterrice la calidad educativa-, que después debe ser adaptado por cada profesor en su aula de clase o en cada colegio por grupos de profesores capaces de adecuarlo a su realidad, tarea que requiere de docentes de alta calidad y de mecanismos y capacidad de asesoramiento del Ministerio de Educación, lo que solamente se logrará cuando haya un proceso de descentralización integral, que asigne al territorio a los mejores líderes educativos. Solamente acercando la toma de decisiones y el asesoramiento pedagógico al aula de clases esto será posible.

Vean, por ejemplo, parte del curriculum actual de multigrado, la unidad número 1, “Aprendiendo y experimentando en mi entorno” para tercer grado, cuando los niños tienen ocho-nueve años. “Tiempo sugerido: siete horas. Competencias: Analiza la importancia de las ciencias naturales y establece diferencias entre el conocimiento empírico y el conocimiento científico, destacando su importancia para el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Competencias- Ejes transversales: Practica una cultura productiva haciendo uso de las tecnologías que permitan optimizar los recursos y alcanzar las metas y objetivos propuestos. Indicadores de logros: Establece diferencias entre el conocimiento empírico
y el conocimiento científico. – Reconoce la utilidad de los instrumentos tecnológicos en el hogar, escuela y comunidad – Practica medidas de seguridad en el uso de instrumentos tecnológicos. Actividades sugeridas: Comente con su equipo qué entiende por tecnología, ciencia y naturaleza – Elabore un cuadro sinóptico donde refleje lo que entiende por ciencias naturales y su importancia – Elabore un resumen sobre la importancia del estudio de las ciencias naturales – En equipo elabore un listado de actividades que realiza en la escuela y en el hogar donde explique cómo aprendió a hacerlas – Investigue en el libro de texto de ciencias naturales lo relacionado con el conocimiento empírico y científico...” Y así sigue. ¿Qué les parece? ¡Los profesores están obligados a usar esto! ¡Están obligados a reunirse para analizar esto! Y cuando lleguen al aula, ¿qué harán? ¿Esto es un instrumento rector de algo? ¿Podrían dar clase con esto? ¡Pues éste es el curriculum que tenemos! Esto explica también por qué estamos donde estamos... Para colmo, ha habido un esfuerzo en los últimos años para dotar de algunos libros a algunas escuelas. No a todas y no en cantidad suficiente. Un avance, porque después que desde el año 2004 no se contaba con un solo libro en Nicaragua, se proporcionaron algunos. Pero leer esos libros es para ponerse a llorar. Son muy directivos, muy parecidos a lo que plantea un curriculum como éste.

Con este curriculum se elaboran los “perfiles” de los egresados de los distintos niveles educativos. Vean,
por ejemplo, el perfil del egresado de primaria. En el perfil de esa criatura que termina la primaria con unos 12 años se orientan características como ésta: “Reconoce la importancia de donar sangre para salvar vidas…Practica y promueve el cumplimiento de leyes y normas de seguridad vial para prevenir accidentes, proteger su vida y la de otras personas…Practica y promueve actividades que conduzcan al desarrollo de una cultura turística... Identifica sus intereses vocacionales para la elección de su futura profesión u oficio…” ¡En sexto grado! Se mencionan unas 57 características, pero ninguna tiene que ver con lo esencial: saber leer, saber escribir, saber pensar lógicamente, saber resolver problemas…El perfil del egresado de preescolar es similar, parece surrealista.

Sigamos. Cuando analizamos las condiciones de posibilidad de un cambio significativo en la educación señalamos que lo central son los docentes y su formación. Es en los docentes en donde se rompe el círculo vicioso que impide la calidad en la educación. Pues bien, al referirse a la formación docente, la estrategia habla de “diseño y puesta en práctica de planes de capacitación, personal docente creativo y comprometido con nuestra estrategia y reconocimiento social a la labor de los docentes”. No habla de incremento salarial. Habla también de “políticas nacionales que contribuyan a resolver algunas necesidades sentidas de los docentes”. Propone que las diferentes instancias “brinden una atención personalizada y eficiente a los docentes” y que se promueva el “respeto y reconocimiento a la responsabilidad social de los docentes”. También mencionan “diseñar y poner en práctica la evaluación y seguimiento sistemático al desempeño de las y los docentes”. Ningún otro elemento se menciona. Y el plan de formación acelerada de los docentes es muy preocupante.

¿Qué dicen sobre los recursos financieros para la educación? La estrategia dice que hay que hacer todo lo que proponen con el mismo presupuesto. Los recursos -dice- “deben ser los mismos asignados actualmente, pero usados de manera racional y eficiente y basados en la capacidad de ejecución presupuestaria”.

En resumen, la nueva estrategia busca programas de impacto rápido para cumplir metas en 2010, 2011 y 2012. Sólo hay una meta para 2015. ¿Cómo van a hacer? ¿Cómo es posible universalizar la educación primaria para toda la población urbana en 2011? La tasa neta de escolaridad en primaria se ha movido poco en los últimos años.

Y no se ha movido porque quienes no van a la escuela difícilmente van a ir. Quienes tienen más problemas, quienes necesitan una atención más personalizada, más recursos y mejores profesores ya no fueron… ¿Cómo van a ir? ¿Y cómo van a resolver un problema tan grueso con profesores formados en dos meses, que aunque tengan el noveno grado o el bachillerato arrastran debilidades de formación de la secundaria? Un egresado de secundaria no garantiza el haber construido los conocimientos y las habilidades necesarias para brindar una educación de calidad a los estudiantes de primaria.

Actualmente, tenemos profesores egresados de las escuelas normales que están sin trabajo. La capacidad de reposición del sistema era de más o menos 800 docentes por año y no todos se emplean. El año pasado no se abrió una sola plaza, este año se abrieron poquísimas. Hay profesores formados que podrían trabajar, aunque no sean todos los que se necesitan. Según el dato que dio la Directora de Formación Docente, hay 1,800 escuelas multigrado que no tienen quinto y sexto grado, que hay que completar con estos docentes, que formarían en apenas dos meses...
¿Cómo van a hacer?

Con Fe y Alegría, la UCA y CIASES tenemos la experiencia de estar validando durante cuatro años un modelo de formación inicial para docentes rurales con especialidad en multigrado. Sobre la base de un diagnóstico sobre la educación rural elaboramos un curriculum, lo validamos y ya este año se están graduando 15 docentes de los 16 que empezaron. Pero tenemos cuatro años de estar validando eso, mejorando el curriculum, los materiales, la formación…¡y nos ha costado un mundo! ¡Cómo los van a formar en dos meses! Nosotros los hemos formado durante dos años y medio y nos llegaron con unas carencias enormes, aunque todos son bachilleres. Su formación inicial como docentes debe de suplir todas esas carencias, tiene que provocar en ellos cambios culturales.

Educar, como decía Freire, implica un cambio cultural, un cambio en la cabeza. Y esos cambios no se hacen con carburo. Todos esos cambios pasan por la problematización de lo que creíamos que era así, por construir un nuevo conocimiento, por ponerlo en práctica. Hace muchos años en Pedagogía abandonamos la idea de que educar era llenar de conocimientos una cabeza vacía. Educar es reconstruir los conocimientos anteriores. Un niño de cuatro años no llega a la escuela con su cabeza vacía. Él ya algo sabe. Si no partimos de lo que él ya sabe, no aprenderá. Y por tanto, no tendremos éxito en su educación.

Decir la propia palabra, como propone Freire, implica un proceso de largo plazo. El “diálogo cultural” en que consiste la educación, del que habla Freire, lleva tiempo, mucho tiempo. Y menciono a Freire, en quien creo, cuando podría mencionar a muchos otros pedagogos que proponen lo mismo, porque Freire tiene una enorme legitimidad en la izquierda. ¿Cómo lograr un diálogo cultural en dos meses? La Directora de Formación Docente ha declarado que el plan de formación de docentes en sólo dos meses va a estar centrado “en las didácticas”. Escuchar esto me asustó aún más. Porque el problema de la educación en Nicaragua no son, fundamentalmente, las didácticas. El principal problema de un niño que no aprende a leer no es la didáctica que se emplea, sino que el profesor no sabe leer. De nada sirve saber cómo enseñar matemáticas si quien enseña no sabe matemáticas. En la formación de base de los maestros debemos trabajar todos los ámbitos, no sólo las didácticas. ¿Cómo van a lograr eso en dos meses? ¿Cómo van a lograr que esos docentes logren que sus alumnos aprendan algo y los egresen de primaria? Cuando nos planteamos el desafío de universalizar la primaria, nos lo debemos plantear en al menos diez años. Porque hay que hacerlo con “buena letra”. ¿Cómo lo lograrán en apenas año y medio? Creo que una de las grandes diferencias que hay entre lo que planificó Miguel de Castilla y lo que proponen ahora son los plazos. Miguel, como educador que es, diseñó políticas con las que podemos estar o no de acuerdo -yo en lo personal no estaba de acuerdo con muchos de sus planteamientos-, pero que se ubicaban en los largos plazos de la educación y en aspectos centrales para lograr calidad en la educación. Ahora nada de eso se ha tenido en cuenta.

En Nicaragua debemos educar sobre la educación. Hay una tendencia a buscar solamente el “cartón” porque sirve para un empleo o porque da prestigio social. Es importante cambiar esa lógica. Yo me asusto cuando veo en las encuestas que el 60% de la población valora lo que este gobierno ha hecho en educación. Tal vez opinan así porque entienden la educación sólo como el ir a sentarse en un aula y no ven todavía los rostros que tiene la calidad en la educación. Recuerdo un estudio que hizo Fe y Alegría hace algunos años: mucha gente afirmó que “calidad en la educación” significaba que los niños no se salían a la calle durante el recreo porque la escuela cerraba los portones… Hay muchas cosas que hacer para mejorar la calidad de la educación. Pero el pilar fundamental de la calidad de la educación serán siempre las maestras y los maestros. Hay muchísimos estudios que han demostrado que en el aprendizaje lo que hace la diferencia es un buen profesor, una buena maestra. Un buen o mal profesor es el mejor indicador de la calidad de la educación. La nueva estrategia no parece haberlo entendido.

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