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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 327 | Junio 2009
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Nicaragua

“Hasta ahora, el ADA no nos sirve para nada”

Sinforiano Cáceres, Presidente de la Federación Nacional de Cooperativas de Nicaragua (FENACOOP) e integrante de la Iniciativa regional CID, participó en el “cuarto de al lado” en las negociaciones que condujeron al CAFTA y participa también en las negociaciones de Centroamérica con la Unión Europea que conducirán a la firma del Acuerdo de Asociación CA-UE. Desde estas experiencias señaló algunos de los problemas de los dos procesos en una charla con Envío que transcribimos.

Sinforiano Cáceres

En octubre de 2007 la Unión Europea (UE) comenzó las negociaciones para conseguir un Acuerdo de Asociación (ADA) con los países centroamericanos. No hacía mucho que Centroamérica había firmado el Tratado de Libre Comercio (CAFTA) con Estados Unidos. Para entender lo que ha pasado con el ADA es necesario echar una mirada a lo que nos pasó con el CAFTA. De partida, el ADA es más complejo que el CAFTA, porque el CAFTA era un acuerdo sobre comercio, inversiones y servicios y en el caso del ADA el ámbito que se nos planteó era más amplio: simultáneamente se abordarían un diálogo político, acuerdos de cooperación y acuerdos comerciales. Los tres temas entraban en un único proceso de negociación. Ésa era la gran diferencia y la ventaja comparativa de la negociación con Europa, en comparación a la que realizamos con Estados Unidos. Sobre la base de esos tres pilares -diálogo político, cooperación y comercio- Europa proponía contribuir al desarrollo sostenible de la región y a la integración centroamericana. Pero después de siete rondas de negociación, esta ventaja comparativa se fue desdibujando. Son algunas de las razones de este proceso de desdibujamiento las que quisiera compartirles.

Como representante de la FENACOOP -que está integrada en una red centroamericana, la Iniciativa CID, con referentes de la sociedad civil en cada país de la región- hemos participado en todo el proceso, junto a otras organizaciones, también de la sociedad civil, integrantes del grupo consultivo del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), que tiene capítulos en cada país. Hemos desarrollado procesos nacionales y regionales de incidencia, con propuestas que a lo largo del proceso de negociación hemos presentado, tanto en las rondas centroamericanas de preparación como en las rondas oficiales de la negociación del ADA.

Con el ADA se dio el mismo problema que con el CAFTA: cinco países pequeños, obligados a negociar como región con la Unión Europea, un conjunto de países que tienen una capacidad económica, una capacidad política y una capacidad de negociación y de presión mucho mayores que la de nuestros países, que llevamos décadas de estar buscando la integración sin mayores resultados.

Cuando empezó la negociación, nosotros pensamos que los europeos eran mejores que los americanos. De esa premisa partimos, pero pronto nos dimos cuenta de nuestro error. Pensábamos en los europeos de la cooperación, en la solidaridad europea que conocemos, y no en los empresarios europeos. Y los empresarios europeos son tan bandidos y tramposos como los empresarios americanos. Ésa fue nuestra primera sorpresa. Muy pronto, los empresarios europeos empezaron a ganar terreno y a imponer el ritmo de la negociación y la forma de negociar.

Desde mayo de 2004, cuando los Jefes de Estado y de Gobierno de Centroamérica y la Unión Europea se reunieron en Guadalajara, acordaron poner en marcha un proceso que condujera a un Acuerdo de Asociación. Las negociaciones para llegar a ese ADA empezarían después de la evaluación conjunta del proceso de integración económica de Centroamérica. En este proceso de valoración se consideraron como indicadores principales: el marco institucional de la integración económica, la unión aduanera, el marco reglamentario comercial y la reducción de los obstáculos no arancelarios al comercio intra-regional.

El 13 de octubre de 2005, Peter Mendelson, de la UE, planteó: “La Unión Europea ya ha indicado que está lista par negociar el mismo tipo de Acuerdo (con la Comunidad Andina y los países de América Central), pero hemos pedido que se responda a dos condiciones antes de que lancemos estas operaciones. Primero: necesitamos concluir la Ronda de Doha en la OMC. Y segundo: necesitamos que ustedes progresen más en sus propios procesos de integración antes de que se relacionen con nosotros”.

El 7 y 8 de noviembre de 2005 se realizó la tercera reunión del Grupo de Trabajo Conjunto Ad-Hoc UE-Centroamérica, en el marco de la fase de valoración conjunta del proceso de integración económica regional centroamericana. Ambas partes acordaron revisar, antes de la Cumbre de Viena de mayo de 2006, los avances adicionales de la integración económica en Centroamérica para así decidir cuándo iniciar las negociaciones para el ADA.

El proceso de valoración reconoció que la unión aduanera y el acceso a nuevos mercados no son condiciones suficientes para impulsar el desarrollo de los países centroamericanos. Reconoció también que se requieren transformaciones de diferente índole, tanto económicas como políticas y sociales, que generen una plataforma adecuada para el desarrollo. Sin embargo, muchos de estos elementos, tan importantes, no han estado presentes. Y han sido los factores económicos y comerciales los que han ido cobrando mayor relevancia.

Igualmente, aunque tanto la Unión Europea como Centroamérica han reconocido la importancia de la participación de la sociedad civil en el fortalecimiento de las relaciones entre ambas, no se ha tomado en cuenta su participación para la valoración del proceso de integración centroamericana.

Analicemos ahora lo que implican las dos condiciones que la Unión Europea puso antes de iniciar el proceso. La primera fue que las negociaciones quedaban supeditadas a los avances de la Ronda de Doha. La segunda fue que se lograra un avance satisfactorio de la integración centroamericana con la conformación de la unión aduanera y la reducción de los obstáculos no arancelarios al comercio intra-regional. Todo esto con el objetivo de que Centroamérica negociara con una sola voz.

Vamos con la primera condición. Las negociaciones quedaron supeditadas a los avances de la Ronda de Doha, llamada Ronda del Desarrollo, realizada en septiembre de 2001 en Doha, Qatar. En julio de 2004 el Consejo General sobre el programa de trabajo de Doha llegó a un acuerdo marco denominado “el paquete de julio del 2004”, en el que se establecen líneas generales para el seguimiento de las negociaciones en la OMC. En este paquete se establece “el reconocimiento del derecho de los países en desarrollo de establecer productos sensibles y productos especiales”.

Los acuerdos del “paquete de julio” también contemplan el derecho a la aplicación de “medidas especiales de salvaguardia” por parte de los países en desarrollo, como un mecanismo de protección frente a la volatilidad de los precios derivada de incrementos súbitos en las importaciones. Estas medidas serían utilizables únicamente por los países en vías de desarrollo.

Esto no se ha cumplido. No hay duda que si estos compromisos se hubieran cumplido se estaría dando respuesta a una aspiración largamente esperada por los países en desarrollo. Y lo más importante: si se hubieran cumplido, habrían cambiado las reglas del juego y la forma de negociar los tratados de libre comercio bilaterales como son el CAFTA Y el ADA, en los que se incorpora una liberalización comercial en el universo de líneas arancelarias agrícolas y agroindustriales, independientemente del nivel de asimetría o del grado de desarrollo que tenemos y sin tomar en cuenta el nivel de dependencia alimentaria de nuestros países.

La Unión Europea y Estados Unidos mantienen a nivel multilateral -el de la OMC- los subsidios y medidas proteccionistas para sus productos. Esto afecta el acceso de los productos de la región centroamericana a sus mercados. En contraste, tanto la UE como Estados Unidos, a través de los acuerdos bilaterales (CAFTA y ADA) presionan a los países subdesarrollados a reducir los aranceles a tasa cero y a una apertura de sus mercados. La Unión Europea y Estados Unidos han utilizado los TLC bilaterales como su herramienta más efectiva para lograr que los países en desarrollo renuncien a las condiciones preferenciales establecidas en la OMC, por su condición de países en vías de desarrollo o países menos adelantados. Hoy las negociaciones en la OMC se han suspendido y el rico potencial de Doha se ha congelado indefinidamente. Queda así desnuda la doble moral y el doble discurso de los países ricos.

La suspensión de la Ronda de Doha ha significado, como lo plantea Oxfam Internacional, que los países ricos seguirán llevándose la parte más grande del pastel del comercio internacional. Significa que podrán mantener sus prácticas de dumping dejando a los países pequeños mínimas posibilidades de defenderse, “excepto ante los tribunales”. Significa que se niega a los países en desarrollo un mejor acceso a los mercados del Norte. Y significa que la Unión Europea y Estados Unidos volverán sus ojos a los acuerdos comerciales bilaterales para abrirse camino en los mercados de los países en desarrollo.

Podemos concluir que el congelamiento de Doha revela con meridiana claridad que en los países ricos no hay voluntad política para apoyar la lucha contra las causas de la pobreza que está minando el futuro de los países centroamericanos ni voluntad para atacar las causas de la inseguridad alimentaria. Lo que hemos experimentado es que todo lo acordado por la OMC se volvió papel mojado, y también papel mascado porque mucho lo rumiaron antes de decir que no lo iban a cumplir.

Vamos con la segunda condición que nos pusieron: avances satisfactorios en la integración centroamericana. Plantearon la necesidad de profundizar el proceso de integración centroamericana y la creación de un marco institucional que permita a Centroamérica negociar como un bloque, con la creación de una unión aduanera, y la reducción de los obstáculos no arancelarios al comercio intra-regional. El interés expreso de los europeos es la creación de mercados amplios y menos fragmentados para que los productos de Europa circulen en Centroamérica más libremente.

Los gobiernos de los países centroamericanos insisten en su voluntad para avanzar en una unión aduanera. Sin embargo, la mayoría de los analistas, cuando se refieren a este tema, consideran que, a corto plazo, la viabilidad de la integración es imposible, pues en los últimos años esa voluntad política no ha sido evidente y lo que se ha alcanzado en el proceso de integración no ha respondido a factores endógenos, sino exógenos, como son precisamente las condicionalidades de Estados Unidos cuando se negoció el CAFTA o las que planteó la Unión Europea al iniciar las negociaciones del ADA. La segunda condición implicaba una evaluación de cómo avanzaba la integración centroamericana. Los europeos querían tener un balance claro del proceso. Querían que el ADA facilitara la integración centroamericana y que contribuyera a avances sustantivos en este proceso. Pero el informe de la Unión Europea concluyó que los resultados en la integración eran muy modestos, que existe un estancamiento y que hay falta de voluntad política. Descubrieron lo que nosotros ya sabemos. Sin embargo, continuaron la negociación, lo que nos indicó que esta segunda condición era más una estrategia política que una preocupación real para lograr un acuerdo equitativo y justo, adecuado a nuestra realidad.

Después de esto, requirieron de dos condiciones “mínimas” mientras durara la negociación. Una, que los tratados centroamericanos sobre inversiones y servicios pendientes de firmarse -fueran bilaterales o regionales- se firmaran.
Y dos, que desarrolláramos un mecanismo jurisdiccional que garantizara que los productos europeos puedan circular libremente por toda Centroamérica, lo que significa suprimir las barreras no arancelarias y también regionalizar y homologar rápidamente las normas y medidas sanitarias y fitosanitarias. Así, cuando llegue un producto europeo a Costa Rica o a cualquier país centroamericano tendrá libre circulación por toda la región.

Cuando conocimos estas dos condiciones “mínimas” empezamos a verle “los pelos al gato” y nos dimos cuenta que la prioridad del ADA era lo comercial, que de los tres ejes del acuerdo, el central para ellos era el comercial, que lo que les interesaba no era ni el desarrollo sostenible de Centroamérica ni la integración regional, sino seguridad jurídica para sus inversiones y garantía para sus intereses comerciales. Es injusto: ellos nos piden que nosotros quitemos nuestros aranceles, pero los aranceles de ellos sólo se discuten en la OMC. Ellos no discuten con nosotros el tema de los subsidios a sus agricultores, dicen que eso sólo se discute en la OMC.

Viendo esto, empezamos a comprender cuánto se parece el mundo empresarial de todo el mundo desarrollado. Y supimos que el ADA se enmarca no sólo en la estrategia de competitividad de la Unión Europea, plasmada en el documento “Europa global -compitiendo en el mundo”, sino también en el “Plan Europeo de Recuperación Económica”. En estos marcos, la negociación con nosotros busca satisfacer los intereses de la Unión Europea privilegiando el componente comercial de la negociación sobre el del dialogo político y el de la cooperación, desvirtuando los objetivos predicados al inicio: apoyo a la integración regional y al desarrollo humano sostenible.

Concluidas siete rondas, después de escuchar los argumentos del sector empresarial europeo, expresado en la voz de los negociadores, y después de “conocerles el colmillo”, concluimos que así como el capitalismo necesitó del colonialismo, el neoliberalismo necesita del neocolonialismo. Y tanto el CAFTA como el ADA son instrumentos neocoloniales que legalizan el enriquecimiento ilícito. Porque la competencia desleal y el dumping son formas de enriquecimiento ilícito. El CAFTA y el ADA son instrumentos jurídicos y comerciales que aseguran intereses económicos y políticos ilegales, aunque al firmar estos acuerdos se conviertan en legales. Legales, pero no justos, porque ya sabemos que lo legal no siempre es justo.

En la negociación del CAFTA, Centroamérica se vio obligada a negociar como bloque sin ser una región integrada. Igual ahora. Eso nos impidió negociar sin una estrategia regional, sin prioridades regionales y sin una lógica e intereses regionales. Lo que hubo con el CAFTA y lo que ha habido con el ADA son sentimientos e intereses “de grupo”:
el grupo del azúcar, el grupo del café, el grupo de los rones, el grupo del etanol… Negociaron antes en el CAFTA y negocian ahora en el ADA los grupos económicos, no la región centroamericana.

Estados Unidos y Europa le dieron a sus negociadores un mandato, donde se establecían las prioridades, lo negociable y lo no negociable y las reglas con las que se iba a negociar. En Centroamérica nos fuimos, tanto al CAFTA como al ADA, sin mandato de negociación. Los negociadores de los gobiernos centroamericanos no tenían conciencia de límites y han negociado al gusto y antojo de los grupos económicos. Aceptar una negociación en términos desiguales, no procurar que se nos tratara de forma diferenciada por ser países pequeños, de economías frágiles y dependientes del sector agropecuario, fue y ha seguido siendo un error estratégico que nos va a costar muy caro.

Ahora, en Nicaragua, los productores porcinos están protestando porque dicen que un empresario ligado al gobierno los está quebrando importando carne de cerdo de Estados Unidos. Pero lo que se está importando es la cuota que se estableció en el CAFTA, la que negoció Nicaragua, la que Estados Unidos tiene derecho a vender en Nicaragua,
la que es de obligatorio cumplimiento y no depende del partido de gobierno.

Así vamos a ver llorar a los productores de lácteos y a los de otros rubros. Y en 2010 ya vamos a ver los problemas que va a causar el CAFTA a la soberanía y la seguridad alimentaria de Nicaragua, también a la de Centroamérica. La cuota de arroz que se negoció en el CAFTA es muy alta y ya está causando estragos en los productores nacionales. En Honduras, de 25 mil productores arroceros que había se han reducido a 2,500. Esto es peor que la peste porcina, porque con la peste porcina se enferma uno y se alarma el mundo y ésta otra peste mata y pasa inadvertida, aunque es más violenta que la que nos alarma.

En cuanto a la participación de la sociedad civil, tanto en el proceso del CAFTA como en el del ADA, hemos quedado sujetos a la voluntad y a la discrecionalidad de los funcionarios públicos que integran los equipos de negociación oficiales.

En el ADA ha sido aún más difícil nuestra participación que en el CAFTA porque ha habido menos información. Sin embargo, creo que las organizaciones de la sociedad civil hemos sido más maduras, más coherentes y más propositivas en el ADA que en el CAFTA. En el tema comercial logramos incorporar con bastante éxito propuestas, especialmente en el tema de las normas de origen del café, en el tema de las normas de procedimientos especiales para productos orgánicos, en el tema de las artesanías. También hemos hecho propuestas en el tema del desarrollo sostenible, en el de la cooperación para el desarrollo, en el de la cohesión social y económica. Y en otros temas que aún no se han querido discutir.

Las redes de la sociedad civil logramos coincidencias en temas claves y sensibles. La radicalidad con la que veíamos el CAFTA no la hemos tenido con el ADA. A la sociedad civil nos ha ayudado entender que tenemos que trabajar en estos procesos de forma más armoniosa e incluyente, no descalificándonos. Creo que aprendimos todo lo que perdíamos si andábamos separados.

En todas las rondas del ADA la sociedad civil centroamericana logró mostrar un nivel de madurez importante y las redes teníamos, por primera vez, propuestas concretas sobre los temas y hasta propuestas de redacción de textos, y allá por la tercera ronda, cuando el gobierno de Nicaragua nos entregó el documento oficial, titulado “Fondo común económico financiero”, lo hizo para pedir nuestro apoyo y respaldo, para que como Iniciativa CID también promoviéramos con las otras redes centroamericanas y europeas un respaldo a esa propuesta del gobierno de Nicaragua. Respondimos con una propuesta de lo que creíamos debía de incorporarse en relación a mecanismos, proyectos, programas, prioridades
y políticas, incluso con datos que sustentaban nuestra propuesta. Pero en la medida en que la presión de los europeos se fue acentuando sobre los negociadores centroamericanos, la información se fue reduciendo. Y las consultas que hacían con nosotros eran cada vez más formales y menos reales.

Europa, al igual que Estados Unidos con el CAFTA, nos dijo que iba a reconocer las asimetrías, pero que ese tema se iba a negociar en la última ronda, al llegar a la firma. La diferencia fue que Estados Unidos nos dijo esto desde el principio y Europa nos lo dijo al final. Nos dijo que reconocían las asimetrías, que estaban conscientes de ellas, pero que sólo al final se hablaría de esto. Pero el reconocimiento de las desigualdades se debe dar de entrada, en todos los temas y en todas las áreas. El tema de las asimetrías, que es fundamental, no se materializó, el trato especial diferenciado no se concretó, la no reciprocidad a favor de los intereses comerciales de los países pequeños, según establece la OMC, tampoco se plasmó. En ambos procesos ha predominado la imposición. En el balance que nosotros hacemos vemos que el CAFTA es un OMC plus: lo acordado en la OMC y algo más. Y ahora decimos que Europa consiguió un CAFTA plus, porque aunque los términos de la negociación son similares, los europeos están logrando de Centroamérica algo más de lo que consiguieron los norteamericanos, no tanto en materia comercial, sino en inversiones, en servicios y en propiedad intelectual, que son los fuertes de la presencia del capital europeo en la región. Querían conseguir más de lo que logran en el mundo multilateral de la OMC y querían conseguirlo en menos tiempo, con más presión y con más ventajas que las que establece el ritmo más prolongado y complejo de la OMC.

No tenemos certeza sobre si los capitales del ADA y los del CAFTA están coludidos. Es posible que así sea, porque ahora los capitales ya son globales. Lo que sí vemos es que hay una disputa por Centroamérica, porque hay aquí espacios para hacer inversiones con bajos costos y con estándares laborales y ambientales muy favorables o muy flexibles.

Hay una disputa también por los recursos de la biodiversidad. Con el NAFTA, Estados Unidos “cortó” el Corredor Biológico Mesoamericano en México, y ahora de México para abajo lo que hay es un territorio en disputa entre Europa y Estados Unidos. En ambos procesos negociadores, CAFTA y ADA, hemos podido ver a las transnacionales compitiendo por nuestros recursos de biodiversidad. Hay rubros comerciales en los que es mayor la competencia entre Europa y Estados Unidos. En lácteos y embutidos del cerdo se vislumbra un forcejeo intenso por el mercado centroamericano. Pero esos intereses son los menores si los comparamos con los grandes intereses que aquí se están jugando.

Ni en el CAFTA ni en el ADA logramos mantener la apariencia de región. En el CAFTA fue Costa Rica quien marcó la nota discordante, diciendo que no firmaba, pero al final firmó. En el ADA fue Nicaragua la que marcó la discordancia, para volver enseguida al redil. Pero esas discordancias no pasaron de ser “notas alegres” que cortaron la monotonía de las negociaciones, porque no lograron cambiar sus tendencias. La Unión Europea y Estados Unidos han logrado con el CAFTA y con el ADA establecer las reglas del juego de la nueva relación, fijar las agendas y las prioridades en lo político, en la cooperación y en materia comercial.

En la séptima ronda, que se celebró en Tegucigalpa, se revelaron verdades y se manifestaron coincidencias. Nicaragua se levantó de la mesa y la reacción inmediata de los cuatro países centroamericanos fue continuar con las negociaciones sin Nicaragua y proponerle a la Unión Europea no atrasar el proceso. El negociador comercial de Honduras, también vocero durante esta ronda, Melvin Redondo, explicó en reunión con el sector empresarial que la decisión de los cuatro países era lamentar la ausencia de Nicaragua, no compartir su posición y continuar con el proceso, dejando abierta la posibilidad de que Nicaragua se reintegrara. Redondo comunicó a Europa que negociarían con la fórmula CA-4 más Panamá. La Unión Europea recordó que el mandato era negociar con los cinco países centroamericanos más Panamá. Stefano Sannino, jefe de negociación de la UE, lamentó la posición de Nicaragua. Pensaban que Nicaragua decidió “dramatizar” las negociaciones, pero esperaban que se reincorporara.

Un aspecto clave que reveló esta séptima ronda fue la coincidencia de los empresarios y los negociadores entroamericanos y europeos en cuanto a la no participación de la sociedad civil en lo que sucederá después de que se firme el ADA. En reuniones del sector empresarial centroamericano con los negociadores centroamericanos y europeos coincidieron en que lo que les preocupa un eventual monitoreo de la sociedad civil en temas ambientales y laborales, aun cuando en el eje político y de cooperación del ADA se expresa que el no cumplimiento de los criterios ambientales y laborales tiene una repercusión negativa en lo comercial.

En respuesta a las inquietudes de la sociedad civil, Sannino expresó de forma clara y tajante: “No tenemos la voluntad
de ponernos en manos de las ONG ambientales y laborales. Su papel no es el de monitorear, esto es un trabajo
de los gobiernos”.

Después de siete rondas negociadoras y en vísperas de la posible ronda final (julio 2009, Bruselas), Centroamérica no ha discutido con la Unión Europea los temas sustantivos. Lo mismo sucedió con Estados Unidos. En las últimas horas de la última ronda en Washington para la firma del CAFTA Centroamérica no había discutido los temas más sensibles y sustantivos para la región.

¿Y cuáles son los temas sustantivos? La reducción de la pobreza, el desarrollo humano sostenible, la cohesión social y económica, la soberanía y la seguridad alimentaria, el fondo económico común. Todo eso pretenden discutirlo en la última ronda y sin documentos previos al momento de sentarse a la mesa. Esto da una idea de la falta de responsabilidad de nuestros negociadores, que no se dan cuenta que están contribuyendo a juegos macabros en los que van a perder. Por eso nosotros insistimos en que debe dársele a Centroamérica un compás de espera antes de la firma, para ponernos de acuerdo en los temas sensibles y para enrumbar en todo lo que podamos este proceso de negociación.

El tema del desarrollo sostenible no fue tratado en los tres pilares del Acuerdo, a pesar de que en todas las cumbres oficiales Europa-América Latina los europeos se han llenado la boca diciendo que este Acuerdo es para el desarrollo sostenible, con todos esos lindos discursos que ya conocemos. Ha sido también notoria la falta de interés y de voluntad política de los gobiernos centroamericanos de darle materia gris a este tema. Viendo esto, los europeos dijeron claramente que para ellos el desarrollo sostenible se limitaba a estándares laborales y a estándares ambientales. Ha habido un desprecio por el tema, a pesar de que el mandato negociador del Parlamento Europeo habla de desarrollo sostenible, pero de lo que dicen a lo que hacen es como de la noche al día.

Tampoco ha habido interés en abordar el tema de la cohesión social, mucho menos el tema de cómo fortalecer a los sectores de la economía social, que somos los que representamos en esencia la democratización de la economía en Centroamérica, ya que somos los sectores de la economía social los que generamos más empleo y garantizamos la seguridad alimentaria.

Creemos que Centroamérica no abordó el tema de la cohesión social porque en nuestros países estamos viviendo una crisis de cohesión social que se expresa en la incertidumbre que la gente siente y tiene sobre el empleo, sobre su presente y sobre su futuro, y también se refleja en la falta de credibilidad que la gente tiene en los Ejecutivos, los Legislativos, los Poderes Judiciales, en todas las instituciones. Tocar a fondo estos temas resultaba crítico y los negociadores centroamericanos optaron por no abordarlo. Y así, la cohesión social quedó reducida a cualquier cosa.

Nosotros le tomamos la palabra a las autoridades europeas, que dijeron en una de sus Cumbres “Sin cohesión social no es posible la integración ni el desarrollo”. Les dijimos que debíamos definir la cohesión social, porque para Europa
y para Centroamérica son conceptos diferentes. Porque tenemos niveles de desarrollo diferentes. Allá están hablando de estado de bienestar y aquí de estado de sobrevivencia. Un pobre allá no es lo mismo que un pobre aquí. Los niveles de pobreza allá y aquí son diferentes.

La cohesión social y económica se define como la capacidad de una sociedad de asegurar el bienestar a todos sus miembros, minimizando las disparidades y evitando la polarización mediante el acceso a la salud, a la educación, al trabajo y a los recursos para alcanzar el desarrollo, incluyendo a los sectores más vulnerables. Una sociedad cohesionada lucha contra la pobreza y la exclusión. Está claro el vínculo directo que hay entre el desarrollo económico y la cohesión social.

La cohesión social evita sociedades polarizadas por la inequidad en la distribución de los recursos. Les dijimos que si ellos decían que “sin cohesión social no hay desarrollo”, en Centroamérica la cohesión social pasa por la reducción de la pobreza, por garantizar la seguridad alimentaria, por convertir a nuestros países en productores autosuficientes y en exportadores potenciales de productos agroindustriales, por promover el desarrollo sin seguir deteriorando el medio ambiente, por potenciar la economía social del sector pequeño, mediano, cooperativo, autogestionario... Y les dijimos que todos esos temas habían estando ausentes en las rondas.

En la séptima ronda, después del retiro abrupto de los negociadores de Nicaragua, los otros cuatro gobiernos centroamericanos se mostraron anuentes a firmar el Acuerdo, aun a costa de la integración. La suerte de la integración no debe quedar en manos de tecnócratas y comerciantes, que no quieren una participación activa de la sociedad civil organizada ni una población informada. Si fuera así, el eje comercial del Acuerdo se convertirá en la prioridad de las relaciones bi-regionales, subordinando a ese eje la cooperación y el diálogo político.

Si esto queda así, en el ADA la “cooperación” será la cooperación que facilite los negocios europeos. Y para remate, el Fondo Común Económico Financiero que están proponiendo los gobiernos centroamericanos será para promover las inversiones europeas en Centroamérica y para que Centroamérica compre maquinaria y productos industriales a Europa. Y los mecanismos para implementar ese fondo serán los de la banca privada, que hasta hoy no nos permite acceso a créditos por los criterios que aplica. Entonces, el fondo es más de lo mismo. Y peor: porque es más para los de siempre y menos para nosotros, los protagonistas de la economía social.

Necesitamos que el fondo de cooperación para el desarrollo del ADA apoye la democratización económica y política y el desarrollo humano sostenible de Centroamérica apoyando al sector de economía social y contribuyendo a su fortalecimiento institucional, potenciando las capacidades de las empresas asociativas y cooperativas para recuperar el valor agregado de nuestra producción primaria y mejorar nuestros ingresos.

Si eso no es lo que favorece el ADA, el ADA no nos sirve para nada. Porque el fondo que están planteando los gobiernos centroamericanos no tiene como prioridad el desarrollo de la región, sino atraer a los inversionistas extranjeros, no importando a qué vengan, sino que vengan, una meta similar a la que se manejó en el CAFTA.

Queremos pensar que la táctica de Nicaragua, al abandonar repentinamente las negociaciones, era lograr un compás de espera antes de la firma, flexibilizar el calendario de las negociaciones. Que era una táctica dilatoria para poder dar una última batalla en los temas no sólo del Fondo Económico Financiero, sino en los otros temas sensibles que no han sido discutidos y que afectan a la gente más empobrecida de la región.

Los representantes de la sociedad civil centroamericana que hemos participado en este proceso coincidimos con el gobierno de Nicaragua en que el fondo de cooperación para el desarrollo es indispensable para fomentar la economía social de la región y en que debe seguirse abordando el tema del desarrollo sostenible. Para lograr esto será vital una campaña con la sociedad civil europea para que descodifiquen lo que ha ocurrido hasta ahora en el proceso y, planteándoselo sin mucha diplomacia, para que tomen conciencia y sepan que estamos ante un proceso que más que apoyar deshace, que más que fomentar nos desarticula y nos desintegra. Para que sepan que todos los temas centrales -soberanía alimentaria, cohesión social, fondos para la economía social, desarrollo sostenible- han quedado hasta ahora fuera de la negociación. Es con esta denuncia, y con algunas esperanzas, con las que iremos a Bruselas.

Vamos a Bruselas con la esperanza de que Nicaragua, Honduras, y el nuevo gobierno de El Salvador, presidido por Mauricio Funes, logren un consenso centroamericano para no concluir las negociaciones si no se incorporan los planteamientos que hemos hecho desde la sociedad civil. Son propuestas cruciales para nuestra vida económica y para la vida de nuestra gente.

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