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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 327 | Junio 2009
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México

Los Legionarios de Cristo: un fruto podrido

Marcel Maciel, ya difunto, es hoy un mito desmoronado por su escandalosa vida de pederasta, vicioso, amante del dinero y cómplice de acaudalados. Pero aún están vivos los Legionarios de Cristo, la organización religiosa-empresarial por él fundada, que tuvo un respaldo total del Papa Juan Pablo II. Está en marcha una investigación a los Legionarios, ordenada por el Papa Benedicto XVI. ¿Separará a este fruto podrido del resto o permitirá que siga contaminando a la Iglesia Católica?

Jorge Alonso

A lo largo de la bimilenaria historia de la Iglesia Católica han ido apareciendo organizaciones que se han propuesto vivir más profundamente y difundir más eficazmente el mensaje de los evangelios. En general, y en sus orígenes, las fundaciones de vida religiosa han pretendido ser un testimonio crítico del “mundo” (del sistema), que pone su triunfo en la riqueza, el vano honor, la soberbia y demás vicios.

UN ABANICO
DE ÓRDENES RELIGIOSAS

Las más antiguas de estas agrupaciones fueron las órdenes monásticas, como los Benedictinos, fundados en el siglo VI por San Benito. En el siglo XII San Bruno fundó los Cartujos. Los monjes se dedicaban a la oración y trabajaban con sus manos para mantenerse. Los Carmelitas iniciaron con San Bartolo del Monte Carmelo en ese mismo siglo. Con el tiempo, algunas de estas órdenes experimentaron algunas modificaciones, como fueron las y los Carmelitas Descalzos, organizados en el siglo XVI por Santa Teresa y San Juan de la Cruz. En el siglo XIII aparecieron las órdenes mendicantes. Sus integrantes ya no se llamaban monjes sino frailes. Santo Domingo fundó a los Dominicos como una orden de predicadores, y San Francisco de Asís a los Franciscanos como una respuesta de vida pobre frente a los excesos del clero de su tiempo. Entre los Franciscanos hubo muchas derivaciones: Terciarios, Capuchinos, Clarisas. También en el siglo XIII se reorganizaron como orden religiosa mendicante los Agustinos. En el siglo XVI San Ignacio de Loyola introdujo una modalidad importante a la orden que fundó. Ya no se reunían a diario para rezar, sino que serían “contemplativos en la acción”. En su núcleo fundador había un puñado de doctores egresados de la Universidad de París, que se dedicaron a evangelizar fuera de las fronteras de Europa y a fundar colegios. Posteriormente, San Juan de Dios fundó una orden hospitalaria. Ya en el siglo XVI se pasó de la formalidad de “órdenes religiosas” a la de congregaciones religiosas. San Felipe Neri dio nacimiento a una congregación de seculares y seglares. A finales de ese siglo San José de Calasanz fundó los Escolapios para educar a los niños pobres y abandonados. En el siglo XVII San Juan Bautista de la Salle dio forma al Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. En el siglo XIX San Marcelino Champagnat hizo surgir a los Hermanos Maristas y San Juan Bosco a los Salesianos. También en ese siglo surgieron decenas de congregaciones religiosas femeninas, dedicadas a la educación y a los servicios de salud.

Con su carisma, cada uno de los fundadores le dio un sello propio a su organización religiosa para que ofreciera respuestas a importantes problemas religiosos y sociales.

NACIDOS EN 1941,
HOY “MILLONARIOS DE CRISTO”

La modalidad de “congregación religiosa” ha sido muy prolífica y ha tenido diferentes alcances. Entre las últimas hay una cuyo fundador es la antípoda de una larga tradición de ejemplaridad, pues modeló una institución acorde con el sistema de explotación y dominación, alejada totalmente de la fidelidad al evangelio.

En enero de 1941 un joven seminarista mexicano, Marcial Maciel, fundó la congregación religiosa denominada Legión de Cristo. No deja de llamar la atención su mismo nombre. Si uno busca en los evangelios la palabra “legión” en singular, tanto en Marcos como en Lucas, corresponde al nombre demoniaco que un poseso confiesa a Jesús: “Mi nombre es Legión”. Según la página oficial de esta organización, sus primeros miembros llegaron a España en 1946 y a Roma en 1950, donde establecieron su sede general. Afirman con orgullo que para entonces tenían ya seminarios menores llenos de adolescentes en México y en España. Después abrieron noviciados en Irlanda y Estados Unidos. Posteriormente, los legionarios se encargaron de colegios y dieron forma a un movimiento que llamaron Regnum Christi. En 2004 Juan Pablo II encomendó a los legionarios el Instituto Pontificio Notre Dame de Jerusalén.

En la actualidad, esta congregación tiene 125 casas religiosas, 200 centros educativos y otros 600 centros para la formación y el apostolado de los laicos. Los legionarios se ufanan de contar con más de 800 sacerdotes, 5 mil seminaristas y 85 mil laicos pertenecientes al Regnum Christi en 40 países. Han logrado el apoyo económico de poseedores de grandes fortunas y el impulso político de partidos y grupos conservadores. El presupuesto de la red de sus instituciones llega a los 650 millones de dólares anuales. Por su característico afán de cercanía al dinero, son conocidos popularmente como “los millonarios de Cristo”. Un apelativo adecuado porque combinan tres poderes: el económico, el político y el de la alta jerarquía católica.

1997: EL “MODELO”
ES UN ABUSADOR SEXUAL

Desde el principio de su historia esta organización tiene muchas sombras. En 1946 llegaron a la universidad jesuita de Comillas en España, pero fueron expulsados por acusaciones de pederastia. No obstante, la organización prosperó porque supo utilizar a la religión como fuente de poder y de dinero. Sus dirigentes han sido muy hábiles en tejer redes con importantes políticos, tanto civiles como religiosos, y con católicos adinerados. Y así, ha dispuesto de cuantiosos recursos para comprar lealtades.

En 1994, el Papa Juan Pablo II señaló a su fundador, Marcial Maciel, como guía eficaz de la juventud y como modelo de vida. Fue poco después, en 1997, que ocho ex-miembros de esta organización, siete mexicanos y un español, se atrevieron a denunciar públicamente ante la Santa Sede las atrocidades que padecieron de parte de Maciel, a quien acusaron de haber abusado sexualmente de ellos de forma repetida cuando eran adolescentes.

Recordando el Concilio Menor de Sárdica, apelaban directamente al Papa. Se confesaban hombres cristianos:
“Con pleno derecho, y ahora aún más en legítima defensa, nos decidimos a declarar la terrible y dolorosa verdad
del oscuro mal oculto, casi desde la fundación de su institución, durante más de cuatro décadas, acerca de la encubierta conducta inmoral del mismo fundador y superior general de la Legión de Cristo”.

UN MAL GENERALIZADO

Descubrían también que sus casos no eran aislados ni únicos, sino un mal generalizado. Reconocían que se habían sentido indefensos por la poca edad que tenían y porque les habían hecho creer que debían devota obediencia ciega al fundador. Le decían al Papa que, ya fuera de la institución, no habían podido superar sicológicamente la dolorosa prudencia y discreción autoimpuestas durante largos años, pero que la declaratoria papal de que Maciel era un ejemplo para la juventud los había decidido a romper el silencio. No querían que el Papa estuviera engañado.

Se lamentaban de que la respuesta de la institución y sus aliados había sido acusarlos de estar conspirando contra la iglesia. Se quejaban del arzobispo de la ciudad de México, que los había difamado públicamente. Confesaban que, por una mal entendida lealtad a la institución, cuando eran jóvenes habían ocultado la verdad ante los investigadores del Vaticano, que en 1956 los habían interrogado sobre la conducta de Maciel. Conociendo que los males que denunciaban implicaban a muchas más víctimas, se preguntaban por qué habían sido tan densos el silencio y el encubrimiento oficiales. Estaban convencidos de que el reconocimiento de estos hechos no sería oneroso para la iglesia, que había reconocido otros grandes errores. Lo oprobioso sería que no aclarara la verdad. Apelaban a las Sagradas Escrituras y a los Santos Padres, señalando que la iglesia ha aceptado siempre que no es sólo una institución para los pecadores sino una institución pecadora. Pedían al Papa que se hiciera una investigación.

La respuesta de la jerarquía eclesiástica y de importantes empresarios mexicanos fue primero intentar que por ningún medio se conociera esta denuncia. Posteriormente, hicieron sentir su poder infamando a los denunciantes y hostigando a los periodistas que se habían atrevido a difundir tan lamentable historia. Desde entonces hasta la fecha Carmen Aristegui ha sido una de las periodistas que no se ha dejado amedrentar por ninguna presión y ha abierto sus diversos programas radiales y televisivos a las voces de las víctimas y a quienes analizan al personaje Maciel.

RELIGIOSOS
“CON CRITERIOS EMPRESARIALES”

Una vez que el grupo de agraviados tuvo el valor de dar sus testimonios, otros más empezaron a hacerlo, demostrando aún más la gravedad de los hechos. Se fue organizando así una asociación de víctimas formadas con ex-legionarios y ex-miembros del Regnum Christi, todos denunciando los abusos sexuales que sufrieron. Y también otras características del personaje. Uno de ellos recordó que, paseando con Maciel, alguien le preguntó qué hubiera sido de no haberse ordenado sacerdote y él contestó que empresario, acotando que ésa era la clave para entender a los legionarios: una congregación religiosa “con criterios empresariales”. ¿Sin reparar en el daño que hacían a personas y familias, utilizando a las personas como objetos mientras les servían y desechándolas sin importar la justicia y la caridad?

Otra línea de las denuncias ha ido en el sentido de que los dirigentes de los legionarios se erigen a sí mismos como los representantes de “la voluntad de Dios” y, por eso, se hacen reverenciar y gozan de todos los privilegios. Utilizan
a las personas captadas buscando sus aportaciones económicas, sin que les importe la justicia social. Quienes los conocen desde dentro y se han decepcionado de su proceder recalcan que son especialistas en el cuidado de su imagen y tratan de encubrir cuidadosamente sus injusticias y desórdenes.

CONTROL, SECRETISMO,
SOBORNOS...

Otros testimonios señalan que en esa congregación se usan muchas de las estrategias y políticas más características de las sectas o cultos. Los legionarios tienen un poderoso programa de reclutamiento de adolescentes y niños, considerando que todos tienen vocación hasta que los superiores decidan lo contrario.

El que ingresa es sometido a un control total. Tienen prohibido comunicarse con gente de fuera y deben dar cuenta de todas las conversaciones o tratos que tengan con quienes no son del grupo. Otro rasgo similar a los de las sectas es el secretismo. Dentro hay una total falta de diálogo, de discusión, de desacuerdo o de discrepancia con la institución y deben aceptar todo lo que digan los superiores sin cuestionar nada.

Entre los testimonios que se han ido acumulando se dice que lo de la pederastia es sólo la punta del iceberg. Hay también denuncias de la manipulación que se ejerce dentro y hasta acusaciones de lavado de dinero. Las investigaciones que se han hecho arrojan un centenar de denuncias de seminaristas que dicen haber sido víctimas del delito de abuso sexual cometido por Maciel. Se ha probado que los legionarios son expertos en callar a sus acusadores, por la vía del soborno o por vías legales, donde son apoyados por poderosas redes. El silencio y el control fueron murallas en las que se atrincheró su fundador.

UNA VIDA LUJOSA
ENTRE MAGNATES

El escritor colombiano Fernando Vallejo ha hecho una semblanza sobre Maciel. Opina que los prelados de la Iglesia le han de haber tenido envidia porque “sabía vivir”. Resalta su gran capacidad para camuflarse y disuadir, pues engañó a varios Papas desde los años 50. A Juan Pablo II lo llevó tres veces de visita a México. Más que dar ejemplo de la pobreza que exigía a sus discípulos, Maciel parecía vivir en un edén: vestía de negro como todos los legionarios, pero con ropa de marca. Se movilizaba en Mercedes Benz, BMW y Porsche. Lo justificaba debido a sus dolencias de espalda. Sólo volaba en primera clase. Para una de sus visitas a Medellín exigió viajar en helicóptero aduciendo seguridad. Cuando salía de viaje gastaba entre 10 y 15 mil dólares en comodidades suntuarias. Como tenía un canal directo con el Papa, los presidentes mexicanos le tenían mucha consideración y le pedían que les consiguiera audiencias y bendiciones papales.

Tuvo amistad con magnates como Carlos Slim y la familia Azcárraga. En España, por medio de amigas como Alicia Koplowitz, entró por la puerta grande desde los tiempos de la dictadura de Francisco Franco. En los últimos tiempos, las hermanas Botella le aseguraron el respaldo del gobierno de José María Aznar. En Italia contó con el apoyo del presidente Julio Andreotti. Para proteger sus intereses con la ultraderecha en Chile, intercedió para que Augusto Pinochet fuera puesto en libertad mientras estuvo detenido en Inglaterra. Esta semblanza, corroborada con otros testimonios, hace ver que Maciel vivía entre magnates como uno de ellos, y que los grandes empresarios se sentían a gusto a su lado, pues bien alejado del tono de los profetas, les justificaba su manera de actuar.

DROGADICTO Y PEDERASTA

Los legionarios y Maciel han sido objeto de investigaciones y evaluaciones de escritores y académicos. Se han difundido varios libros, entre los que destacan el de Pepe Rodríguez, “Pederastia en la Iglesia Católica” (Barcelona, Ediciones B), el de José Martínez de Velasco, “Los legionarios de Cristo. El nuevo ejército del Papa” (La esfera de los libros), el de Carlos Fazio, “En el nombre del Padre” (Océano) y “Los documentos secretos de los legionarios de Cristo” (Ediciones B).

Un ex-legionario y pariente de Maciel, Alejandro Espinosa, dio a la publicidad un libro más Lleva por título “El Legionario” (Grijalbo). En sus páginas se presenta a Maciel como drogadicto y pederasta, que usó el poder religioso para proteger sus vicios y crímenes. Relata que en 1955 fue desterrado de Roma por acusaciones de pederastia. No obstante, el proceso se estancó, los documentos incriminatorios desaparecieron misteriosamente, y Maciel se volvió a instalar en Roma. En el segundo lustro de los 90 reapareció la acusación contra él: drogadicción y pederastia. La información fue difundida por el diario “Hartford Courant”. Aunque los legionarios contrataron una costosa firma de abogados y trataron de sobornar al medio de comunicación, no pudieron desmentir las acusaciones.

UN HOMBRE SACRALIZADO
Y UNA RED DE CÓMPLICES

En 2006 el académico mexicano Fernando González sacó a la luz un libro editado por Tusquets, “Marcial Maciel. Los legionarios de Cristo: testimonios y documentos inéditos”. En esta publicación se dan a conocer documentos que indican que en la organización fundada por Maciel se enquistaron núcleos pederastas.

Dice el investigador: “Vistos los testimonios desde fuera, la táctica seductora de Maciel resulta entre patética y grotesca. Sin embargo, intentando entender el clima institucional y subjetivo de los implicados, respecto a los hechos ocurridos en la congregación de los legionarios, y sobre todo el personaje de Maciel, se puede observar que en las seducciones se condensan, de manera inextricable, elementos extremadamente contradictorios. Elementos tales como el sacerdote sacralizado y sostenido en un discurso de la pureza a ultranza, y el individuo sexualmente perverso que hábilmente entrelaza el discurso de la castidad con el de su excepcionalidad, que termina disolviendo las fronteras entre lo que primero exalta y lo otro que lo trastoca y lo mina y con un pacto de silencio sobre el hecho asimétricamente compartido”.

Este psicoanalista, especialista en análisis sociales, señala que el caso de Maciel es paradigmático de cómo la jerarquía católica, en un anudamiento de complicidades, impidió que en su momento saliera a la luz la información sobre las actividades sexuales y adictivas del fundador de los legionarios.

Precisa que los diferentes actores implicados -entre los que están importantes empresarios- no se pusieron previamente de acuerdo para encubrir a Maciel. Ante las evidencias que se presentaron con fuerza en 1997 los legionarios apelaron a que eran inverosímiles, pues la red institucional y social en la que Maciel se movía constituía un sistema en el que la posibilidad de la denuncia por parte de los implicados quedaba neutralizada. El personaje fue sacralizado y no se le podía resistir. Al analizar a los que se atrevieron a plantear la denuncia dice el investigador: “La aceptación de testimoniar un acto de seducción y la manera en que la hacen los implicados significa exponerse públicamente a una inermidad (sic), que sólo se puede entender como la imposibilidad de soportar por más tiempo un silencio y una complicidad con un seductor que ha dejado de representar al ser excepcional, y cuando se está dispuesto a encarar un pasado para tratar de entender de qué manera se participó en la relación violenta de seducción”.

PROTEGIDO
POR JUAN PABLO II

En la organización de los legionarios se combinan el vigilar, el seducir, el atrapar y el callar. Los testimonios de los denunciantes son estremecedores de cómo un poder, apelando a lo espiritual y a permisos papales, cometió delitos terribles contra personas indefensas.

En el libro de González se ofrecen no sólo testimonios sino documentos de tres archivos inéditos, basado en los cuales el autor hace ver que hay una trama de complicidades que va desde lo más alto de la institución eclesiástica hasta su base y que se apoya en las cúpulas políticas. El autor consultó en Roma los archivos de la Sagrada Congregación para los Religiosos, el archivo del padre Luis Ferreira Correa, vicario general de la Legión en 1956-57, y el de Flora Barragán de Garza, gran benefactora inicial del grupo, a la que Maciel trató de despojar de sus bienes. Con una gran cantidad de datos expuestos, organizados y analizados a fondo, este autor llega a esta conclusión: “Juan Pablo II protegió, a ciencia y conciencia, al fundador pederasta” de los legionarios.

HACERLO SANTO,
A PESAR DE TODO

Debido a tantas evidencias, al llegar al pontificado Benedicto XVI dio a Maciel la orden de abandonar Roma, retirarse a México “a una vida reservada de oración y de penitencia” y renunciar a cualquier forma de ministerio público. Lo libró así del juicio eclesiástico, y sobre todo, de los juicios civiles. Las víctimas siguieron siendo olvidadas. Las instituciones de la alta jerarquía católica y de la política mexicana prosiguieron protegiendo a Maciel.

Los legionarios confiaban todavía en que la gente, en lugar de condenar a Maciel, iría en contra de las víctimas. Confiaban, sobre todo, en que el tiempo y el olvido disiparan las acusaciones en contra de su fundador. Tenían hasta la certeza de que, por el poder conseguido en el Vaticano, podrían llevar a su fundador a los altares. Estos dirigentes tenían asimilada la ruta y la lógica que les había enseñado Maciel: hacer aparecer lo abominable como santidad. Primero querían que, como en el caso de Mónica, la madre de San Agustín, la madre de Maciel fuera canonizada.

Para hacer avanzar las causas de beatificación se necesitan conexiones vaticanas y mucho dinero. Como tenían ambas cosas, ya habían colocado a la señora en el primer escalón del proceso: y ya era “sierva de Dios”. Aspiraban también a la canonización de su tío abuelo, el obispo Rafael Guízar y Valencia. Con la seguridad de que la canonización de Juan Pablo II, el gran protector de Maciel, sería rápida, pensaban que esto culminaría con la declaratoria oficial de la santidad del fundador de los legionarios. No temían las habituales prácticas de indagación de vida a cargo de un férreo fiscal, lo que ya habían visto se había desechado en el caso de la canonización de José María Escrivá, el fundador del Opus Dei. No obstante, todos estos propósitos se frustraron, y resta ahora ver si el escándalo de Maciel -de total conocimiento público- no se convierte en un obstáculo insalvable para el proceso de beatificación Karol Woltyla.

UN NIDO
DE ABUSADORES SEXUALES

En 2008, a la edad de 87 años, murió Maciel. Ni su muerte consiguió que la polémica en torno a su persona se acallara. Pese a las evidencias, los que fueron formados en el culto a su personalidad exigían que se le dejara en paz, y a las acusaciones probadas las llamaban calumnias y ataques a la iglesia. Apelaban al dicho “Por su frutos los conoceréis” y veían como “frutos” toda la trama que Maciel había urdido entre los poderosos para encumbrarse. Ofrecían como otra prueba de “frutos” la misma institución, ocultando que esa fruta estaba podrida. Las víctimas sí sabían que por sus frutos se conocía a Maciel, y exigiendo justicia, apelaban precisamente a examinar las acciones criminales de este personaje.

El especialista en cuestiones eclesiales, Bernardo Barranco, exploró la herencia de Maciel y consideró que la meta de su canonización era inalcanzable, pues había terminado sus días estigmatizado por el abuso sexual a menores y por la impunidad. Las víctimas seguían levantando la voz reclamando que se llegara a la verdad. Si los legionarios querían que las denuncias terminaran con la muerte de Maciel, las víctimas insistían, relatando hechos que demostraban que esa institución era un nido de abusadores.

La práctica de un Maciel pederasta y drogadicto no había ocurrido en solitario, sino acompañada y organizada por un grupo de afines, que lo protegían y encubrían. Un elemento más a tener en cuenta era éste: a finales de 2007 el Vaticano había desarticulado una de las piezas fundamentales que tenían los legionarios para la impunidad, al eliminar el voto privado por el cual los miembros de esa organización no podían criticar a sus superiores.

CONSULTOR
DE CONFIANZA DE ROMA

Bernardo Barranco recordó cómo bajo el prolongado pontificado de Juan Pablo II Maciel había alcanzado el punto más alto para su organización, pues se había convertido en un consultor de toda confianza del Papa en lo concerniente a vocaciones, clero y el combate a la teología de la liberación. La cúpula legionaria había adquirido mucho poder en Roma. Maciel allegaba a su organización y a la iglesia mucho dinero por sus nexos con las fortunas de grandes personajes. En México había conseguido una posición de privilegio y prerrogativas entre las élites eclesiásticas, económicas y políticas. Y mientras los legionarios aparecían muy estrictos en cuando a la moral personal y familiar, eran muy laxos y permisivos en cuanto al manejo de empresas y daños ambientales.

La ambigüedad y el doble discurso han sido una característica esencial de los legionarios. Mientras el historiador Francisco Martín Moreno lamenta que la iglesia católica haya ocultado las acusaciones por abuso sexual del fundador de los legionarios y el investigador español José Martínez de Velasco, autor de dos libros sobre los legionarios, se muestra convencido de que hubo complicidad de la iglesia con los actos de Maciel, algunos cristianos esperan que los secretos que éste se llevó a la tumba serán enfrentados por la justicia divina.

CON LA COMPLICIDAD
DEL VATICANO

Por sus rigurosas investigaciones, el académico mexicano Fernando González se ha convertido en un especialista en la materia. En su opinión, con la muerte de Maciel no se acaba el escándalo. Hay que llegar al interior de su propia organización para indagarla y ver ver hasta dónde existía complicidad y encubrimiento de los delitos de pederastia, consumo de drogas, absolución del cómplice, etc, aunque de esto último, en 2001 el entonces Cardenal Ratzinger había establecido que este delito prescribe después de 10 años.

Maciel había muerto sin juicio y sin que resarciera a sus víctimas. Si las organizaciones religiosas llevan el sello de su fundador, y los legionarios cargan con el sello de un pederasta, González señala que las redes internas de pederastia seguían funcionando más allá de Maciel, y dio ejemplos de casos concretos. Consideró que era viable una denuncia en Ginebra contra la jerarquía romana del Vaticano y conta la Legión por encubrimiento y complicidad de un pederasta. Argumentó también que en los archivos del Vaticano se podía comprobar la enorme complicidad de la Secretaría de Estado, de la Sagrada Congregación de la Fe y de la Sagrada Congregación de Religiosos que aunque habían tenido información fidedigna, no habían actuado en consecuencia.

UNA DOBLE VIDA:
AMORÍOS Y EMBARAZOS

En 2009 siguieron apareciendo datos de la vida nada santa de Maciel. Primero salió la noticia de que había tenido una hija con una amante. Ante esto, los dirigentes de los legionarios, ya no recurrieron a la escapatoria de que se trataba de un complot en contra de la iglesia. Se declararon sorprendidos, entristecidos y desconcertados por la doble vida de su fundador, pero siguieron insistiendo en que había hecho mucho bien al frente de su organización y agradeciéndole los valores que les había trasmitido. Sin embargo, los datos no daban para enorgullecer a nadie.

En una entrevista radiofónica con la periodista Carmen Aristegui un ex-legionario reveló que a la edad de 68 años Maciel había embarazado a una niña de 15, un grave delito de abuso de una menor, punible civilmente. Otras personas informaron que Maciel había tenido relaciones sexuales con varias mujeres. Un ex-legionario español recordó que se sabía que Maciel sólo tenía relaciones íntimas con mujeres acaudaladas.

Alejandro Espinosa, sobrino de Maciel, quien había denunciado haber sufrido abuso sexual de su tío, declaró que él también había sido testigo de los amoríos de Maciel, recordando cómo se jactaba de sus conquistas. Dio el nombre de una buena cantidad de mujeres a las que Maciel explotaba económicamente y con las que había tenido relaciones sexuales.

¿QUIÉN LO FILTRÓ?
¿POR QUÉ LO ACEPTAN AHORA?

Algunos consideraron que todas estas últimas revelaciones provenían de la misma Roma, al no poder tapar el sol con un dedo y al querer evitar un desastre mayor. Por esta razón, alguna fue aceptada por los dirigentes de los legionarios. Al difundirse nuevos datos, Fernando González fue entrevistado. Le parecía que si los legionarios habían reconocido lo de la hija de Maciel, no había que entenderlo como el deseo de empezar a esclarecer la verdad del personaje, sino como un mecanismo para detener revelaciones futuras y echar tierra sobre los delitos más graves de la conducta del fundador de los legionarios: los de la pederastia. Además, hasta entonces no se había salido del ámbito sexual y seguía oculto algo fundamental: el manejo económico de los legionarios:

Otra interpretación de las filtraciones tenía que ver con el intento de Roma de tratar de desvincular a la organización
de su fundador, el intento de limpiar y reestructurar una congregación religiosa considerada valiosa. No obstante, parecía que esa estrategia no estaba funcionando.

También se ha hablado de luchas intestinas agudas en la Legión y hasta de un posible y muy complicado conflicto testamentario. En los medios de comunicación comentaban que Maciel no sólo había seducido y estafado a varias mujeres ricas, sino que había destruido la vida de numerosos niños de los que había abusado sexualmente y lamentaban que se hubiera ido a la tumba sin recibir castigo judicial por estos abusos sexuales. Ante las acusaciones probadas de pederastia la iglesia debía depurarse, y una forma de hacerlo era no proteger a los acusados sino hacer que enfrentaran la justicia en instancias civiles.

UN MITO DESMORONADO

Los dirigentes de los legionarios se lamentaban de lo que el caso los afectaba, pero no pedían perdón a las víctimas de Maciel, ni mostraban alguna intención de reparar a los agraviados. Adoptaban el libreto de tratar de deslindar a la institución de su fundador, pero con un lenguaje ambiguo, pues aun aceptando esos hechos seguían protegiendo verbalmente a Maciel, quien a pesar de haber tenido “alguna falla” les había aportado muchos valores que debían agradecerle. En sus argumentos tenían, al menos, una razón: esta institución no se puede entender sin Maciel.

Según el investigador Fernando González se había dado un salto cualitativo, pues los legionarios habían negado tenazmente los actos de pederastia y adicción a la morfina de su fundador, y ahora ya le reconocían una doble vida. Sin embargo, insistió en que hablar de “doble vida” era poco, pues debían hablar de muchas más vidas: fue morfinómano, fue pederasta, tuvo relaciones sexuales con mujeres y hasta una hija, y a pesar de esta conducta querían para él el reconocimiento de santidad. Importante también era que la defensa que inicialmente había armado la organización para defender a su fundador, apelando a un complot contra ellos y contra la iglesia, se había desmoronado.

INSPECCIÓN VATICANA:
¿QUÉ RESULTADOS?

En marzo de 2009 el Vaticano ordenó que un equipo de prelados hiciera una inspección a la Legión. Dijeron pretender verdad y transparencia. Al hacer público este hecho, el sucesor de Maciel dijo que los miembros de su institución estaban apenados y pedían perdón a quienes se hubieran sentido lastimados por las acciones de Maciel.

Hubiera parecido un paso adelante porque por primera vez empleaban la palabra “perdón”, pero un examen cuidadoso de sus expresiones daba a entender que estaban apenados y pedían perdón a los allegados a su organización porque se les caía un mito, pero nada decían a los agraviados por su fundador, y menos aún trazaban una ruta para reparar los graves daños que Maciel había ocasionado a gran cantidad de víctimas indefensas.

Dejando de lado los comentarios de los legionarios, que trataban inútilmente de minimizar el hecho de la inspección,
lo que resultaba significativo era que la notificación de la visita vaticana la hiciera la Secretaria de Estado y no la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Esto se interpretó como expresión de la gravedad del caso. Otro punto a destacar era que ya no se trataba sólo de Maciel, ya fallecido, sino de su institución. Se especuló en los escenarios de los resultados de esa visita: ajustes institucionales, expulsión de algunos miembros y hasta la desintegración de la institución religiosa. La desintegración se veía muy lejana, pues actuarían las poderosas redes de intereses económicos que apoyan a los legionarios. A no ser que la mira vaticana estuviera precisamente en las redes de complicidad económica internacional y se privilegiara, de verdad, una visión evangélica.

Un ex -legionario mexicano opinó que con la investigación que iniciaba el Papa Benedicto XVI se realizaba algo de lo que desde hacía tiempo se esperaba de él, y confió en que al Pontífice no le temblara la mano, porque Maciel y los líderes de esa congregación habían cometido “alta traición a Cristo y a la Iglesia”. Otro ex-legionario de origen chileno externó su esperanza de que la investigación vaticana se tradujera en la refundación de la congregación. Para el periodista español Martínez de Velasco, el anuncio, siendo importante, resultaba tardío. Advertía que la investigación debía ir a fondo sobre los actuales superiores, todos ellos cercanos a Maciel, pues el problema era que este personaje no había actuado solo y quienes lo habían encubierto deberían estar en la cárcel por complicidad.

EN LA CATEGORÍA
DE “DIABLO UNIVERSAL”

En abril de 2009 el literato Xavier Velasco publicó un escrito titulado “Absolución de alcoba”. Iniciaba con el relato de un hecho ocurrido hacía doce años, cuando los seguidores de los legionarios estaban convencidos de que un día le rezarían a San Marcial Maciel. Los legionarios lo habían contactado porque querían que anunciara la principal ventaja de su institución: mientras otros enseñaban, ellos formaban líderes. Confesaba Velasco que tuvo la tentación de preguntarles si en lugar de formarlos no querían decir “hormarlos”.

Velasco externó las razones que lo llevaron a escribir ese artículo. La primera, “que el deslustrado clérigo michoacano, amén de estuprador, paidófilo, morfinómano y padre de familia, se contaba entre los confesores de Juan Pablo II”. La segunda razón tenía que ver “con una falta escandalosa que suele ser común a cantidad de santones, con y sin sotana: la absolución del cómplice. ¿Cómo no va a animarse el incauto creyente a pecar con el libidinoso de la sotana, si quien lo va a absolver absuelve al Papa? ¿Quién, que haya creído en su bondad y ya lo mire como un hombre santo, va a atreverse a contradecir sus enseñanzas? ¿Le cabe a un alma pía en la cabeza que el Pontífice acceda a confesarle sus pecados a un hedonista extremo disfrazado de pastor de ánimas? ¿Cómo negar, desde la fe callada y genuflexa del discípulo, que el agraciado cómplice tendría que salir del lugar de los hechos aún más limpio que como entró, luego de ser objeto de tamaña Indulgencia?”.

El escritor siguió reflexionando que el agresor se amafiaba con su víctima por un puñado de bendiciones. Concluía subrayando que la memoria de quien habría sido un nuevo y flamante santo mexicano pujaba hoy “por ascender
a la categoría de diablo universal”.

DEBERES PENDIENTES
DE LA IGLESIA CATÓLICA

En el contexto de las últimas revelaciones sobre Maciel, un numeroso grupo de personas de reconocida honorabilidad y prestigiadas organizaciones civiles publicaron un desplegado que iniciaba con la siguiente pregunta: “¿Hasta cuándo dejará el Vaticano de encubrir los crímenes de abuso sexual que cometió Marcial Maciel?” Quienes firmaron el comunicado apuntaron que ante las últimas revelaciones los legionarios y las autoridades eclesiásticas deberían deslindarse públicamente de lo que hasta ahora había sido un encubrimiento cómplice. Insistían en que los legionarios y la jerarquía eclesiástica debían ofrecer una serie de cosas a las que estaban obligados, desde mucho tiempo atrás, y las que, a la luz de lo ocurrido, eran ya un imperativo.

Pedían un pronunciamiento público oficial donde se fincaran responsabilidades de los delitos canónicos y civiles cometidos por Maciel. Donde pidieran perdón por el inconmensurable daño causado a las víctimas de abuso sexual. Donde hicieran un llamado al Papa para que exigiera la revisión del proceso que se llevó a cabo en contra de Maciel, en la que se reivindicara la honorabilidad y la fama de todos los que fueron llamados a presentar su declaración bajo juramento de excomunión, por haberlo hecho de buena fe y diciendo la verdad.

La cúpula eclesial, además de esclarecer los delitos de pederastia, tenía la obligación de reparar los daños, por respeto a las víctimas y a todo el pueblo católico. La jerarquía católica debía hacer un profundo cambio institucional para evitar que en el futuro niños y niñas inocentes fueran víctimas del abuso sexual de los sacerdotes bajo el amparo, la protección y el encubrimiento de la misma Iglesia.

EL ÚNICO COMPLOT

Para agrupaciones civiles preocupadas por el respeto de los derechos de los niños y para un importante sector de la sociedad civil defensora de la transparencia, las pruebas son muchas, fundadas y contundentes. Maciel, los dirigentes de los legionarios, y la alta jerarquía católica se encuentran enmarañados en un nudo inextricable. Muchas leyes religiosas y civiles han sido conculcadas. El daño es inmenso, tanto el que se hizo a las víctimas por las prácticas pederastas denunciadas, como el que provocó el ocultamiento y las múltiples complicidades. La alta jerarquía católica no puede eludir la obligación de realizar una investigación a fondo e imparcial, de darla a conocer con total transparencia, de pedir perdón por las culpas que resulten, y de reparar el agravio ocasionado a las víctimas. Éstas no deben seguir cargando sobre sus espaldas el peso de la injusticia y de la impunidad de sus agresores de todos los niveles.

Se debe resolver también todo lo que implica a la organización de los legionarios. No sólo porque su fundador no actuó en solitario, dado que había un núcleo a su alrededor que propiciaba y protegía sus perversas prácticas, sino porque la forma como ha respondido la dirigencia de esta congregación muestra sus maneras de pensar y de actuar. Resultan altamente cuestionables y peligrosas. Cuando aparecieron las denuncias, en lugar de indagar, echaron mano de todo el aparato de poder organizacional -el propio y el de sus aliados, a los que convirtieron en sus cómplices- y de cuantiosos recursos económicos para infamar aún más a las víctimas y a quienes les prestaban atención en los medios de comunicación. Así se victimó aún más a los que habían sufrido los abusos de Maciel y se produjeron nuevas víctimas, que experimentaron mermas importantes en su quehacer profesional. Para protegerse, esa dirigencia inventó y propaló un inexistente complot con el propósito de dañar a la iglesia. A la postre, el único complot de daño a la iglesia ha sido la pederastia y su ocultamiento por parte de la institución.

¿QUÉ PESA MÁS?

Una vez que los legionarios ya no pudieron eludir los datos de la vida pecaminosa y criminal de su fundador, recurrieron a un estilo de argumentar que los exhibe aún más: apelaron a la metáfora de la balanza. Minimizando los graves delitos de Maciel decían que pesaba más todo el bien que había hecho con su organización por todo el mundo. Quienes así argumentan tienen una visión deformada y, a su vez, deforman a la gente en la que tienen influencia.

¿Si alguien hace una obra laudatoria ya no importa si atenta contra los demás? ¿Se pueden conculcar los derechos elementales de las personas si se compensa eso con otras acciones? Una organización con esta lógica de actuación es esencialmente inmoral. Tratar de minimizar conductas que atentan contra los derechos humanos y la dignidad de las personas demuestra lo torcido de un pensamiento ligado exclusivamente al activismo. Esta manera de pensar ha conducido a muchos de los allegados a los legionarios a preguntar por lo bueno que hizo Maciel, como si eso lo eximiera de la responsabilidad de haber pisoteado y denigrado la dignidad de muchas personas.

INDOCTRINADOS
EN EL MACIELISMO

Una primera pista para encontrar una respuesta a lo que los legionarios han llamado “doble vida” está en los mismos evangelios cuando Jesús alerta: “Guárdense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”.

Otra pista tiene que ver con la complejidad de los seres humanos. Nadie es monocromático. La gente buena puede tener defectos y la gente mala puede mostrar bondades. Basta con examinar el comportamiento de sanguinarios y corruptores mafiosos que son excelentes padres de familia y realizan obras caritativas: construyen escuelas, hospitales y templos en diversas comunidades. Pero nadie puede eximirse de responder por sus actos en contra de los demás.

Por salvar a su fundador los legionarios se encuentran totalmente alejados de lo más elemental de una ética laica, ya no se diga del imperativo del amor cristiano.

Un ejemplo de la deformación de la gente en la que tienen influencia los legionarios es el caso de la que en México fuera primera dama en el sexenio foxista. Esta política presumía que Maciel era su rector espiritual, y demostró que su proceder estaba alejado de lo que pudiera calificarse como moral. Con dinero público, ante un pueblo que en su mayoría vivía en la pobreza, vestía ostentosamente. Fue acusada de haber propiciado el enriquecimiento ilícito de sus allegados, y en su desmedida ambición impulsó el grave retroceso democrático que hoy sufre México.

No hay que dejar de lado que los legionarios y sus seguidores han sido indoctrinados en el macielismo. Es imposible extirpar a Marcel Maciel de los legionarios.

DINERO, SEXO Y PODER

No hay que minimizar tampoco que entre la adicción al dinero, al poder y la perversión pederasta hay una relación intrínseca en la personalidad de Maciel.

A este caso se pueden aplicar las enseñanzas del psicoanalista mexicano Raúl Páramo, quien en su libro “Psicoanálisis y lo social” advierte que en un ambiente donde esté extendida una adicción, menos será detectada como tal. Una de esas adicciones, al dinero, es intrínsecamente insaciable, pues “se convierte en un fin en sí mismo, por encima de cualquier otro valor”. Este autor destaca que el dinero estimula la idea de convertibilidad en muchas cosas: en poder, en fama. El dinero es visto como algo que lo permite todo. Resalta que utiliza la palabra “permite” en su significación doble: “a nivel material (poder hacer algo) y a nivel moral, en donde el dinero da permiso de todo”. Así, el dinero sobredetermina la moral. Al convertirse en sustituto de todos los valores, el dinero adquiere “su máximo potencial seductor y opresor: todo está a su alcance” y se convierte en el nutriente de fantasías de omnipotencia. Al llegar a la convicción de que con el dinero se puede todo, entonces “se puede atropellar el derecho del otro”.

La adicción al dinero degrada y corrompe pues conduce a intercambiar lo no intercambiable: amor, verdad y lealtad. Teniendo en cuenta esto, en la indagación vaticana que apenas inicia sería conveniente que se examinara si la organización de Maciel no es un fruto podrido que hay que separar del resto para que todo no se contamine.

CORRESPONSAL DE ENVÍO EN MÉXICO.

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