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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 318 | Septiembre 2008
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Nicaragua

“Conozco bien la historia del Frente Sandinista, pero tal como están las cosas no logro imaginar su futuro”

Dionisio Marenco, Alcalde de Managua hasta enero de 2009, evaluado con un nivel de aprobación de más del 90% al terminar su gestión, una cifra récord, uno de los militantes y funcionarios del Frente Sandinista más calificados y cercanos al Presidente Daniel Ortega durante muchos años, compartió con Envío hitos de la historia del FSLN, y reflexiones sobre el actual gobierno, en una charla que transcribimos.

Dionisio Marenco

Yo nunca he sido un teórico de nada, sino un práctico. No soy un intelectual, soy un operador, un “zapatero”, como me dijeron una vez. No tengo capacidad para hacer análisis muy profundos. La vida me ha llevado por diferentes responsabilidades en el Frente Sandinista. Conozco esa historia, desde hace más de 40 años, he sido parte de ella.

En Nicaragua la memoria histórica es muy limitada. Sólo nos acordamos de lo último que ocurrió y no vemos qué circunstancias del pasado nos han llevado a lo que hoy estamos viviendo. Quisiera evocar algunos de los hitos en la historia del Frente, algunos de los puntos de inflexión en esa historia, para entender por qué el Frente es como es y está donde está. Trataré de no herir a nadie ni causar más fisuras de las que ya existen, porque en nada abona a la bienandanza ni del Frente Sandinista ni de Nicaragua ni de las organizaciones sociales tener un enfoque destructivo.

El nacimiento del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que oficialmente se data en 1963, es el punto de arranque, aunque esa fecha, 1963, fue hasta 1979 una referencia de muy bajo perfil, muy pocos la conocían. Yo me inicié en la vida política nacional precisamente ese año, el año en que me bachilleré y entré a la Universidad, a la UCA. Recuerdo que una tarde de octubre o noviembre el presidente del Centro Universitario, Roger Vélez, nos convocó y nos explicó que debíamos reclamar los cadáveres de unos compañeros muertos en Bocay. Ese día escuché por primera vez que había unos guerrilleros y que habían caído combatiendo contra Somoza.

Desde la muerte de Sandino en 1934 hasta esa fecha, 1963, hubo en Nicaragua docenas de movimientos guerrilleros, armados, antisomocistas, de diferente índole. En un libro de Chuno Blandón, que se llama “Entre Sandino y Fonseca”, se recopila toda esa historia. El mismo nombre del Frente surgió de las varias tendencias que había dentro del núcleo inicial: uno se llamaba Frente Revolucionario Sandino, otro Frente Sandino, otro Frente de Liberación Nacional…y fue Carlos Fonseca quien propuso que se llamara Frente Sandinista de Liberación Nacional. En ese momento el Frente serían diez u once personas.

En sus primeros diez años el Frente Sandinista se nutrió básicamente del movimiento estudiantil, del FER, el Frente Estudiantil Revolucionario, de gente que salían de la Universidad Nacional Autónoma y de la UCA. Había también un foco importante que salía de El Viejo, tal vez por el trabajo que hacía en esa zona Germán Pomares. En esa etapa es de la vida universitaria de donde surgen las más importantes manifestaciones políticas contra la dictadura y es en la vida universitaria donde se va perfilando una idea social del sandinismo. Porque ya había una posición antisomocista en los partidos tradicionales: conservadores, socialcristianos, socialistas, liberales independientes…Sin embargo, fue desde la Universidad que tuvimos más convocatoria, el poder incluso de convocar a los partidos y eso que éramos chavalos de 18, 19 años. En 1967 se fundó la Unión Nacional Opositora y nació desde la Universidad mezclando a los socialcristianos y al FER, las dos grandes corrientes políticas que había en la Universidad. Para entonces, el Frente Sandinista era un pequeño grupo clandestino que hacía acciones armadas en la ciudad: básicamente recuperación económica en bancos. También desde esos años el Frente intentó implantar algunos focos guerrilleros en la montaña.

En aquellos años entró al Frente una camada de jóvenes de una organización que se llamó Juventud Patriótica Nicaragüense, fundada a raíz del triunfo de la revolución cubana e impulsada por el embajador cubano en Nicaragua, quien juntó a los muchachos conservadores más revoltosos, a los jóvenes que eran ya sandinistas por alguna conexión familiar, a quienes eran más aventados y tenían más espíritu para la lucha armada. Habíamos otros que no teníamos esa capacidad. Los años 60 fueron muy intensos en la vida política de Nicaragua. Yo creo que nunca se ha vuelto a repetir una presencia universitaria tan decidida en la lucha política como la que se dio en aquellos años.

En octubre del año 1966 los dos Centros Universitarios, el de la UNAN y el de la UCA, nos tomamos el Estadio Nacional en una inauguración de la Liga de Beisbol. El estadio estaba lleno: 20 mil personas. Para esa fecha yo era presidente del Centro Universitario de la UCA. Nos metimos al estadio 30 jóvenes, veintidós varones y ocho mujeres, y extendimos una manta enorme que decía: “¡No más Somoza! Centros Universitarios”. Protestábamos porque Anastasio Somoza Debayle quería ser Presidente. Sería el tercer Somoza en el gobierno. La idea nuestra era aprovechar la presencia de aquella multitud y de los periodistas, hacer la protesta y salirnos del estadio. Pero aquello fue algo inesperado, un evento escandaloso, y la represión de la Guardia Nacional fue muy fuerte. Nos capturaron a ocho, a una mujer y a siete varones. Yo pasé 28 días hospitalizado, con las dos manos quebradas. Me quebraron el maxilar izquierdo, me rompieron el oído.

Otro hito en los años 60 fue la marcha del 22 de enero de 1967 y la masacre con la que la Guardia la reprimió. La marcha la encabezaba Fernando Agüero Rocha, dirigente del Partido Conservador, integrado en la Unión Nacional Opositora. Pero éramos los estudiantes universitarios quienes teníamos la vanguardia organizativa de la gente que marchaba. Antes de la marcha, nos decían que los partidos tradicionales estaban negociando con la Guardia Nacional la salida de Somoza y la entrada de una junta militar de gobierno y que haríamos la movilización para respaldar esa salida política.

En la marcha iban militantes socialcristianos, militantes socialistas o simplemente militantes antisomocistas. El Frente participó muy marginalmente. El grueso éramos las juventudes de esta oposición antisomocista, que actuábamos como fuerzas de choque. Salíamos a las calles a buscar cómo chocar con la Guardia, salíamos a pelear con la Guardia, a provocarlos. Aquel día la respuesta fue una masacre. Y, por supuesto, lo de la negociación era puro invento, porque nadie apareció a negociar nada. Aquel día murió muchísima gente, no sé cuánta. Vi caer a más de un centenar, vi correr sangre en la calle como corre el agua de lluvia. Salí vivo de milagro y ese día fue mi bautismo de sangre en la lucha antisomocista.

En 1968 me gradué de ingeniero y salí de la Universidad. Entre 1965 y 1968 nació una primera generación sandinista, a la que pertenezco generacionalmente, aunque no en forma orgánica. Es la que hoy está en el gobierno. Los años 70 fueron un proceso de acumulación de fuerzas en silencio. En aquellos años buena parte de la primera dirigencia del Frente estaba fuera de Nicaragua por razones de seguridad y aquí dentro había mucho trabajo organizativo. Figura destacada en aquel trabajo fue, por ejemplo, Pedro Arauz, jefe del Frente Interno.

En aquellos años el Frente hizo una serie de escaramuzas en Managua, pequeñas, no pasaban de ser asaltos a bancos. En esos años murieron Oscar Turcios, Ricardo Morales Avilés, Jonathan González... Daniel Ortega, Lenín Cerna y otros cayeron presos en 1967. Había grupos guerrilleros en la montaña, pequeños. Realmente, nunca hubo una guerrilla muy extensa. Lo que hubo siempre fue un foco guerrillero muy selecto. Se entendía que la montaña era para los de más nivel ideológico y más compromiso. Se mantenía una idea un tanto mítica del guerrillero en la montaña. El comandante Henry Ruiz era la figura más emblemática.

En los años 70 el Frente realizó dos acciones espectaculares: en diciembre de 1974 el asalto a la casa de Chema Castillo, que nos permitió sacar a los presos llamados históricos que estaban en La Modelo: José Benito Escobar, Daniel Ortega, Lenín Cerna, Carlos Guadamuz, Julián Roque Cuadra, Manuel Rivas Vallecillo, Jacinto Suárez…Y en agosto de 1978 el asalto al Palacio Nacional.

Después de lo de Chema Castillo, en 1975 se desató una represión muy grande contra todas las redes de apoyo del Frente. Fueron unas redadas en las que cayó presa muchísima gente. La respuesta represiva del régimen originó dentro de las filas del Frente una discusión muy fuerte y agitada. Un sector del Frente -después se llamó Tendencia Proletaria- comenzó a cuestionar los golpes militares espectaculares y los calificó de “aventureros” porque provocaban grandes represiones y al final el Frente salía más debilitado. Aquella discusión hay que inscribirla en las que se daban en toda la izquierda de América Latina sobre el carácter que debía tener la lucha revolucionaria.

La Tendencia Proletaria se presentaba contra el Frente tradicional, que sostenía que el camino era la lucha guerrillera en la montaña. Los que pensaban así se nombraban Guerra Popular Prolongada y decían que la lucha revolucionaria requería del desarrollo de un foco guerrillero en la montaña, que era en el foco donde se consolidaban las fuerzas y que cuando esas fuerzas estuvieran lo suficientemente maduras bajarían como un ejército sobre las ciudades. Era una idea influenciada por el modelo cubano y por cómo se dio allí la lucha guerrillera y el triunfo revolucionario. Esta discusión dentro del Frente fue sumamente virulenta y agresiva. A los dos hermanos Ortega los expulsaron del Frente por “aventureros”.

La tendencia de la izquierda a fragmentarse se da en todas partes. En Nicaragua creo que la tendencia a la división es algo más, creo que va en la sangre, que es genético. Si en Nicaragua aparece una federación de ajedrez, a los quince días aparece otra federación de ajedrez. Y hablo del ajedrez, un deporte bastante calmo, no hablo de lucha libre o de boxeo. Aparece una federación de béisbol, aparece otra federación de béisbol, aparece un partido liberal, aparecen tres partidos liberales, aparece el Frente Sandinista -que se mantuvo incólume durante años- y ahora hay Renovación Sandinista y Rescate del Sandinismo. La derecha también se divide en todas partes. En Nicaragua se pelean mucho por prebendas, pero en otros países más ricos se ponen enseguida de acuerdo porque los valores por los que discuten son mucho más concretos: suman, restan, tanto para acá, tanto para allá y listo.

En aquellos años la discusión en el Frente era por ideas: por si antes de ir a la lucha revolucionaria había que crear un partido de los obreros con conciencia de clase para que se pudieran aplicar los conceptos marxista-leninistas en la lucha…¡y esto en una sociedad que no tenía entonces ni una sola fábrica! y por lo tanto, no tenía un solo obrero. Era una sociedad de campesinos y del Mercado Oriental. Y la discusión era si la clase obrera de Nicaragua debía vanguardizar la lucha…

Eduardo Contreras -que fue el Comandante Cero en el asalto a la casa de Chema Castillo- había estudiado en el extranjero, tenía más conocimientos universitarios y creo que por eso analizaba de una manera más amplia la realidad. Él, al igual que Humberto Ortega, Daniel y el propio Carlos Fonseca comenzaron a introducir la idea de buscar alianzas, de buscar cómo crear una fuerza que no fuera tan segmentada como la que entonces teníamos. De las discusiones entre las dos tendencias en conflicto surgió la que se llamaría después Tendencia Tercerista, que decía que no había que estar discutiendo tanto si se necesitaba o no un partido o si la montaña debía madurar o no, sino que había que lanzarse inmediatamente a una lucha insurreccional contra la dictadura somocista. Estas ideas aparecen de 1976 en adelante.

La Tendencia Tercerista abrió una política de alianzas bastante audaz. Incorporó a la lucha del Frente Sandinista a algunos elementos de la sociedad civil nicaragüense, incluyendo a empresarios ricos y a antisomocistas connotados y formó lo que se llamó el Grupo de los Doce, cara visible de un proyecto de gobierno de transición a la hora en que cayera la dictadura. La máxima expresión de esa política insurreccional respaldada por alianzas amplias se produjo en 1977, con los asaltos a San Carlos, Masaya y Ocotal, que culminaron en el asalto al Palacio Nacional, que nos permitió liberar a más de cien presos que habían caído en la cárcel entre 1974 y 1975.

Del pedazo de historia que va de 1978 a 1979 es del que más se sabe. Excepto tal vez las últimas horas de la dictadura, muy poco conocidas. Sin embargo, en esas últimas horas, desde que se va Somoza el 17 hasta el 19 de julio, ocurrieron una serie de eventos no previstos que cambiaron por completo la historia de Nicaragua. Porque las cosas no ocurrieron como estaban programadas a ocurrir.

En las negociaciones que había desde el segundo trimestre de 1979 entre el gobierno norteamericano -representado por el enviado de Carter, William Bowdler-, la dirección nacional del FSLN y la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, los norteamericanos presionaban, tanto sobre Somoza como sobre nosotros, para que se diera una transición pacífica del poder. Que Somoza se fuera: todo el mundo de acuerdo. Que el Frente no ganara: todo el mundo de acuerdo. Pero el Frente tenía que tener alguna cuota de poder, porque militarmente controlaba buena parte del territorio nacional. Hubo varios intentos de ampliar la Junta de Gobierno hasta siete u once miembros y nombres iban y nombres venían. Hasta proponían a algunos militares de la Guardia que no eran vistos con tan mal color. Paradójicamente, uno de ellos era Enrique Bermúdez, quien después fue jefe de la Contra y que tenía fama de militar “decente”, como se decía entonces.

El acuerdo era: Somoza se iba de Nicaragua y le entregaba el poder al hoy Cardenal Obando durante el día y en la noche Obando le entregaba el poder a la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional. Sería un gobierno interino de unas horas. La ciudad se dividiría en dos pedazos. Una raya, de norte a sur, cruzaba donde es la Ajax Delgado -que en aquel tiempo se llamaba La Aviación-. Hacia el oeste quedaba en manos de la Guardia. Y desde La Aviación hasta el aeropuerto quedaba en manos del Frente, lo que nos permitiría entrar al país a nuestra gente, a la que estaba en Costa Rica. Inmediatamente se conformaría un ejército mixto: la mitad de sandinistas y la mitad de guardias. Después de depurados los guardias más asesinos y más ladrones, el Estado Mayor de la Guardia se pondría bajo un mando combinado y se conformaría una tropa revuelta. Una tarea muy difícil que nunca sabremos cómo se hubiera logrado y con un resultado que yo ni me imagino.

Pero las cosas no ocurrieron así. Parece que Somoza no le transmitió toda esta información a Francisco Urcuyo Maliaños, el Presidente interino que él iba a dejar al irse de Nicaragua. La transición se dio en la madrugada. El Congreso Nacional le aceptó la renuncia a Anastasio Somoza, nombró Presidente interino a Urcuyo y Somoza se fue de Nicaragua como a las 4 de la mañana del día 17. Temprano en la mañana Urcuyo dio una conferencia de prensa y dijo que él no tenía ningún acuerdo con nadie, que no tenía nada que negociar con el Frente y que se quedaba gobernando hasta terminar el período de Somoza. Esto, obviamente, cambió las cosas. En el Frente dijimos entonces que tampoco teníamos ningún acuerdo con nadie y que íbamos sobre Managua, que nos tomaríamos toda Nicaragua y que rompíamos cualquier negociación. Los norteamericanos se desesperaron y comenzaron a presionar a Somoza, que ya estaba en Estados Unidos…

Nadie sabía qué iba a pasar. En Costa Rica yo era responsable del centro de control de radio, desde donde dirigíamos las transmisiones de Radio Sandino y controlábamos las transmisiones militares de radio en todo el país. El día 17, como a las 5 de la mañana, ya sabíamos que Somoza se había ido de Nicaragua, y me llama Humberto Ortega y me encarga ir a hablar con el jefe de la Guardia Nacional que había quedado de interino, Federico Mejía González. Fui a esa misión con el ministro de la seguridad de Costa Rica, el jefe de seguridad de Costa Rica, el segundo de él, los costarricenses Montealegre, Echeverría Brealy y Chaverry, y tres guardias, un coronel Mayorga y un capitán Valladares, que ya se habían pasado a trabajar con el Frente, más el coronel Bernardino Larios, ya designado ministro de defensa del gobierno revolucionario. Nos llevaron en avión desde San José a Punta Arenas, a donde iba a llegar Mejía González, acompañado por el agregado militar norteamericano en Costa Rica. Sería el primer contacto entre la Guardia y el Frente Sandinista.

Pero pasaban las horas y nadie llegaba a la reunión. Como a las 11 nos dicen de la Guardia que ya no vienen y nos regresan a San José. A esas horas ya estaba en el aeropuerto de San José la Junta de Gobierno, lista para entrar en Nicaragua y cumplir el plan: llegar a mediodía y en la noche tener la ceremonia de transición de mando. Estaba lista la despedida de protocolo, los chavalitos con las banderas de Nicaragua y Costa Rica, toda una despedida de Estado, cuando nos avisan que en el aeropuerto de Managua había todavía mucho tiroteo y era inseguro aterrizar.

Tuvimos que cancelar el viaje. Pero el gobierno de Costa Rica quería que nos fuéramos de una vez. Querían salir del clavo. En ese momento Costa Rica estaba infectada de sandinistas. Presionaron y presionaron y diez minutos antes de las 12 de la noche del día 17 de julio los miembros de la Junta de Gobierno que estaban en Costa Rica -Violeta, Sergio y Robelo; Hassan ya estaba en Masaya y Daniel ya estaba en León, habían entrado una semana antes-, más Ernesto Cardenal, el doctor Juan Ignacio Gutiérrez y Chepe Bárcenas -yerno de doña Violeta- volaron a Nicaragua. También venía René Núñez. El avión tuvo que aterrizar en la carretera a Poneloya.

Por fin, la Junta de Gobierno estaba ya en Nicaragua, clandestina. Pero nadie sabía qué iba a pasar al día siguiente. En la madrugada del 18 me fui al centro de control de radio y como a las 10 me entra una llamada y un tipo me dice que es el coronel Néstor Chacón y que la Guardia quiere rendirse. ¿Y qué hago yo solo allí a esa hora? Le dije: Saque una bandera blanca a la ventana. No tenía bandera. Pues saque una sábana y yo voy a avisar a la tropa nuestra que esté más cerca y empezamos la negociación... Quise saber más y le digo: ¿Y qué ha sabido de Somoza? Me dice: Ahí ha estado llamando, anoche llamó y estaba borracho y le dijo a Urcuyo que no se rindiera, que aguantara, que le iban a llegar refuerzos, que no le hiciera caso al embajador gringo y que lo persuadiera de que no negociara con los sandinistas, pero ya hoy en la mañana volvió a llamar y estaba más calmado y habló ya en otro tono…

Supimos después que la presión de los norteamericanos sobre Somoza había funcionado y que Somoza cambió su discurso y le dijo a Urcuyo que tenía que entregar el gobierno, porque si no lo hacía, el secretario de Estado norteamericano, Warren Christopher, le había amenazado con devolverlo a Nicaragua y entregarlo a los sandinistas. Le dije al tipo: ¿Y puedo yo hablar con el búnker? Sí, me dice. Y me pone al teléfono ¡nada menos que a Mejía González! Yo empiezo a inventar en mi cabeza, porque a esa hora estoy solo y no tengo autoridad para decidir nada ni para hacer ninguna negociación. Tenía una responsabilidad política, pero al fin era un subalterno... Lo comencé a carretear: Mirá, la guerra ya terminó, ya se fue Somoza, ya aquí no podemos seguirnos matando, hay que buscar la paz, busquemos cómo arreglar esto, lo primero que tenés que hacer es despachar a Urcuyo para que nosotros negociemos… Pero él, a su vez, como jefe de la Guardia, tampoco podía tomar decisiones contra su jefe, el Presidente de la República, que era Urcuyo. Hablamos como 15 minutos y para ganar tiempo le dije: Bueno, hacé tus consultas, yo voy a consultar con mis superiores y llamémonos a las 7 de la noche. Y así quedamos.

Salí corriendo a buscar a Humberto Ortega: Hermano, ¡se está rindiendo la Guardia, tengo el contacto! Avisamos por radio a la gente, medio en clave, como podíamos y a las 7 de la noche establecimos de nuevo la comunicación.

Humberto también los carreteó: les decía que en la guerra así es, unos ganan y otros pierden, que no habría represalias para nadie, que la guerra había acabado, que la Guardia había peleado muy bien, que teníamos que parar la matanza…Pasaron varias horas en esa platicadera. Yo me aburrí y me fui a acostar porque miraba que aquello era “plática de presos” y no iba para ninguna parte…

Esto da una idea del contexto en el que sucedieron los hechos. El 19 de julio ahora es la fecha histórica del triunfo de la revolución, pero el 18 de julio a las 10 de la noche nadie sabía lo que iba a pasar al día siguiente, y el que diga lo contrario está mintiendo. Había una correlación de fuerzas muy positiva a favor del Frente Sandinista, pero si nos hubieran cerrado la frontera o el aeropuerto, nos sacan a patadas y quién sabe lo que hubiera pasado... Nos hubieran podido invadir las fuerzas aerotransportadas…

¿Cuál era el armamento del Frente en ese momento? Tres mil fusiles. Nosotros habíamos metido a Nicaragua sólo tres mil fusiles. Eso era todo lo que tenía el Frente en todo el país. Para la insurrección de septiembre de 1978 habíamos entrado a Managua doce fusiles de guerra y había otros setenta en toda Nicaragua. Ésa era toda nuestra fuerza militar.

En la mañanita del 19 me despertaron por teléfono. A las 2 de la mañana el coronel Fulgencio Largaespada había rendido por fin la Guardia ante un grupo nuestro que había en Managua: parte de los Doce, parte de otras gentes ligadas al Frente, que estaban en la casa del doctor Rivas Gasteazoro. Allí redactaron, parte por radio, parte por teléfono, el comunicado de rendición de la Guardia. No sé Urcuyo a que hora se iría del país, si en la noche o en la mañanita del 19. Después comenzó la estampida de guardias por mar, por tierra, por todos lados. El 19 de julio a mediodía el Frente se tomó el aeropuerto de Managua. Unas horas después el Frente era dueño de toda Nicaragua. La Junta de Gobierno voló de León a Managua y en el aeropuerto internacional tuvieron la primera reunión. Se regresaron a León por la noche y el 20 entraron ya en Managua oficialmente. Las imágenes que hoy vemos del 19 de julio con los camiones llenos de sandinistas y la fiesta en la Plaza son todas en realidad del 20 de julio.

Esta historia muestra la precariedad con la que ocurrieron los eventos. Y a menudo ocurre así: el poder se consolida de una forma o de otra por hechos imprevistos que ocurren sin pretenderlos los protagonistas. Esta historia muestra también que la revolución nació, surgió y floreció casi sin esperarlo. 24 horas antes del triunfo de la revolución nadie sabía qué iba a pasar.

Todos nosotros sólo estábamos preparados para morirnos. Cuando nosotros nos metimos a esto no sabíamos qué iba a ser de nuestra vida, sólo buscábamos que no nos mataran. Y ese entrenamiento, esa mentalidad, puede hacerle daño a una organización: una organización un tanto suicida, donde no mides las consecuencias de tus actos, sino que te lanzas a ver qué pasa. Ninguno de nosotros estaba entrenado ni preparado para vivir ni para lo que íbamos a hacer después del triunfo. Yo fui ministro del primer gabinete revolucionario. Me dijeron: Vas a ser ministro de la construcción. Y lo fui, pero llegué a conocer el ministerio de la construcción el día que entré allí. Cada quien hizo lo que pudo.

Al momento del triunfo, dentro de las tres tendencias en las que el Frente estaba dividido, la correlación de fuerzas favorecía a la tercerista, porque empujó la lucha armada, porque recibió la mayor cantidad de armas y porque controlaba prácticamente todos los frentes militares del país. Aunque antes incluso del 19 de julio se había dado la unificación de las tres tendencias en lo que se llamó la Dirección Nacional Conjunta, yo creo que nunca se subsanaron las viejas disputas. Siempre hubo sus recelos. Y si vemos cómo se estructuró el gobierno durante los años de la revolución, de alguna manera se seguían mirando las tres tendencias en los miembros de cada ministerio, según quien lo encabezaba.

Saltando de un solo golpe la etapa del gobierno revolucionario, mucho más conocida, otro hito en la historia del Frente Sandinista es el año 89-90, en donde se produce un acontecimiento: una revolución armada triunfante por las armas es derrotada por los votos. Inesperadamente. Porque nadie lo esperaba. Ahora hay algunos que dicen que habían previsto lo que iba a pasar, pero eso es mentira, nadie esperaba que íbamos a perder las elecciones.

Para entonces, yo trabajaba en el departamento de propaganda del Frente. Hacíamos encuestas, pero no éramos expertos. Preguntábamos a la gente por la intención de voto y nos salían muchos “no sé” y entonces nos poníamos a inventar: éste dice que no sabe pero dice que le gusta leer Barricada, entonces es sandinista; este otro dice que no sabe, pero dice que doña Violeta es bruta, entonces es sandinista; éste dice que no sabe, pero dice que Daniel Ortega es un “tal por cual”, entonces está en contra... Como ven, un método bastante rudimentario.

Al final de la campaña electoral, pero ya muy al final, los encuestadores de Cid Gallup y los de Borge y Asociados comenzaron a darnos señales de que la correlación era contraria al Frente. Pero entonces el Frente decía que esas encuestas eran manipuladas por la CIA, por los yankis, por el Departamento de Estado, por los enemigos de la humanidad y que el que se atrevía a hacerle caso a esas encuestas caía en la banda de los vendepatrias…Ése era más o menos el nivel de razonamiento. Me acuerdo de la carta que la jefa de la CID Gallup me mandó ya al final de la campaña, agradeciéndome que le había sacado a dos de sus encuestadores, que los habían echado presos en San Jorge. Me decía: “Nicho, te mando los resultados de la encuesta... Eso que están diciendo ustedes es falso. Nuestra encuesta está bien hecha y ustedes van a perder las elecciones”. Y añadía: “Dicen que en el pasado los tiranos acostumbraban a matar al mensajero de las malas noticias. Espero que no me mates”.

Las encuestas no estaban equivocadas. Perdimos. No estábamos preparados para eso. Fue un momento muy difícil. Esa noche es casi la única vez en mi vida que yo he sentido miedo. Algo helado dentro, una mezcla de tristeza, temor, incertidumbre.

Recuerdo el día de las elecciones. Habíamos organizado un sistema de encuesta rápida con los resultados de 800 mesas, que nos iban a dar sus datos más pronto para poder tener así un pronóstico del resultado final. Almorzamos en la comandancia del Ejército Humberto Ortega, Joaquín Cuadra, Osvaldo Lacayo, Lenín Cerna, Sergio Ramírez y yo y apostábamos con cuánto ganaríamos: 60-40, 70-30, 80-20…El que decía que sacaríamos menos de 70 por ciento era loco, 70 era lo menos que íbamos a sacar. El Consejo Supremo Electoral, presidido por el doctor Mariano Fiallos, era un órgano prestigioso, pero era un órgano controlado por el Frente. Tenía instrucciones muy claras: a las 7 de la noche debía leer las primeras cuatro juntas receptoras de votos que le llegaran, con los cuatro resultados más apabullantes, para marcar una victoria del Frente 4 a 0, con cien votos de diferencia en cada mesa.

Pero a las 7 de la noche no salía Mariano Fiallos…Qué raro... Cuando por fin salió, a las 7 y media, leyó los resultados de cuatro mesas, como le habíamos dicho, pero en dos ganábamos y en dos perdíamos. Y en las que ganábamos era por muy poquito... Qué raro... Cuando llegué a la casa de campaña todo el mundo estaba nervioso. Llamé a Daniel Ortega: Venite para acá, porque esto está raro. Cuando llegó Daniel le pedimos a Paul Oquoist -el encargado de nuestra muestra rápida- que nos diera los datos que tuviera. Perdíamos. Daniel le preguntó: ¿Qué posibilidades hay de que esto cambie? Y Paul Oquoist le dijo, con su acento norteamericano: Me temo, comandante, que ninguna. Todavía yo le digo: No le hagás caso, Daniel, apenas van 200 mesas y son 5 mil, 6 mil, esto va a cambiar...

A esa hora el nerviosismo era general. La Dirección del Frente se fue a reunir a la comandancia del Ejército. Como a las 10 de la noche Jimmy Carter me llama: Quiero hablar con el Presidente Ortega. Le digo: el Presidente no está. Me dice: Dígale que quiero hablar con él. Pero Daniel no le contestó. Como a las 11 vuelve a llamar, más insistente y me dice: Dígale al Presidente Ortega que si no se me pone al teléfono yo voy a anunciar que perdió las elecciones, no quiero hacerlo sin que él lo sepa. Le dije: ¡Daniel, dice este hombre que vamos de viaje y que si no habla con vos, él lo destapa!

A medianoche llegaron a la casa de campaña Jimmy Carter, su esposa doña Rosalyn, Bob Pastor (ex-consejero de seguridad nacional de Estados Unidos), Joao Baena Soares (secretario general de la OEA), Elliot Richardson (delegado del Partido Republicano) y otros observadores internacionales. Entró Daniel y yo me quedé allí, a un ladito, viendo. Le dijo Carter: ¿Qué tal, Daniel, cómo estás? Mira, te quiero decir que perdiste las elecciones, pero no te preocupes, eso pasa. A mí me pasó y aunque al principio uno se siente mal, después te vas a componer... No, le dice Daniel, eso no es verdad, todavía faltan los resultados de mil mesas... Y Carter: No, no, si vos no reconocés, yo lo voy a decir ya y se va a armar un relajo. Entonces, Daniel reconoció y lo único que pidió es que no se hiciera público hasta las 6 de la mañana. De la casa de campaña fue Daniel y todo aquel grupo a la casa de doña Violeta. Y no se dijo el resultado hasta las 6 de la mañana del 26 de febrero de 1990, cuando Daniel hizo un discurso que todos recuerdan, un discurso extraordinario reconociendo la derrota.

De ahí para adelante hubo los pactos entre Toño Lacayo y Humberto Ortega durante el gobierno de doña Violeta y toda la transición. Creo yo que hay que reconocer con meridiana claridad que en esos años Daniel Ortega agarra las riendas del Frente con muchísimo coraje y dice: aquí no ha pasado nada, aquí vamos a gobernar desde abajo y se inventa el eslogan ése. Ante la derrota, inesperada, el Frente comienza a dividirse: unos echándole la culpa a otros, otros que por qué habíamos perdido, otros que quién la había encavado...Es una discusión que se da un poquito clandestina.

Después, llega otro de los momentos que yo considero hito en la historia del Frente Sandinista. Cuando se funda el Movimiento Renovador Sandinista, a mediados de los años 90, el Frente tenía 38 diputados en la Asamblea. De esos 38, 36 se fueron con el MRS y sólo quedaron dos en la bancada sandinista. Si eso le hubiera ocurrido a un partido de España, de Alemania, de Japón, ese partido se acaba, no quedan ni las cenizas. Pero no le pasó eso al Frente. Creo yo que ése es un mérito que hay que reconocerle a Daniel Ortega: haber mantenido la antorcha y andar dando vueltas por todo el país hasta que en la siguiente elección se vuelven a cambiar las circunstancias: el Frente saca 40 diputados y el MRS saca uno solo.

Inicia entonces otra etapa del Frente en la oposición durante el gobierno del señor Alemán. Y se produce el famoso pacto, que es actualmente el eje de discusión y de control de la vida política del país. El pacto, más o menos, nace así: al comienzo del gobierno de Alemán el Frente hace una serie de asonadas, igual a como hizo al comienzo del gobierno de doña Violeta. Alemán necesitaba comprar la paz social para poder gobernar y para destruir al Frente Sandinista, que era su objetivo. Recuerdo las primeras negociaciones que se tuvieron con Alemán. Se fue armando una relación entre el general Humberto Ortega y don Jaime Morales Carazo, padrino de Alemán y su consejero más importante y se fueron estableciendo puntos de coincidencia. Posteriormente, me incorporaron a mí a esa negociación junto con el doctor Alfredo Fernández, secretario privado de Alemán.

Trabajamos por unos tres meses más o menos y cuando ya se habían formulado una serie de puntos de discusión se incorporaron a ese pequeño comité el Presidente Alemán y el ex-Presidente Ortega. Salió Humberto y sólo nos quedamos Arnoldo Alemán, Jaime Morales y Alfredo Fernández y Daniel Ortega y yo por el Frente. Era una comisión secreta. Todo lo que se hablaba ahí era privado, no lo sabía nadie y hasta el día de hoy nadie lo sabe. Hubo unas treinta y pico de reuniones y nunca se filtró nada.

¿Cuál era el objetivo que llevaba el Frente? Recuperar espacios políticos. No teníamos representantes en la Contraloría, en el Consejo Supremo Electoral teníamos un solo magistrado, en la Corte Suprema de Justicia teníamos una o dos personas. Estábamos totalmente en minoría en las instituciones públicas. Y si vos no tenés presencia en las instituciones del Estado no eres nada a la hora de un proceso electoral, porque aquí no estamos en Suiza ni estamos en Suecia, donde las leyes se cumplen exactamente. Tenés que estar vigilando personalmente, porque si no, no sos nada. Ésa es la verdad. Desde ese punto de vista el pacto funcionó muy bien, y funcionó tan bien que logró que el Frente Sandinista regresara al gobierno en 2006, gracias a reducir el porcentaje para ganar hasta el 35% si sacás cinco puntos de ventaja sobre el del segundo lugar. Sin ese acuerdo el Frente nunca hubiera ganado las elecciones. Si lo concebimos para que el Frente regresara al poder el pacto fue un éxito. Cuando uno ve los resultados de las elecciones de 2006 pareciera que fueron hechos a la medida de esa decisión.

Hasta aquí algunos hitos en la historia del Frente Sandinista, que ha ido desde la clandestinidad al poder, desde el poder a la derrota electoral y ahora desde el triunfo electoral ¿para dónde? El siguiente punto de inflexión es el que estamos viviendo ahora. Hay mucha polémica alrededor del gobierno actual, mucha polémica sobre cómo está gobernando Daniel Ortega, sobre la exclusión en que están diferentes actores sociales, sobre la estridencia de la política exterior, sobre los choques del gobierno con los otros partidos y contra las otras fuerzas sociales, sobre los CPC, que son en realidad el Frente Sandinista... Yo creo que cometieron un error cambiándole el nombre al Frente. Porque los CPC de los barrios son los mismos del Frente y ahí no entra nadie más. ¿Por qué han hecho eso? Yo me imagino que sea una estrategia para copar la organización del partido.

Yo fui candidato del Frente Sandinista a la Alcaldía de Managua en las elecciones municipales de 2004 y gané y soy alcalde por el Frente. Soy un alcalde sandinista. En los primeros dos años de alcalde me tocó lidiar con un gobierno antisandinista, como fue el gobierno del ingeniero Bolaños. Fue complejo, fue difícil, sobre todo en el tema del transporte. Tuve la ventaja de que, aunque yo no podía hablar con Bolaños como lo hacía el anterior alcalde sandinista, Herty Lewites -porque Lewites se hizo amigo de Bolaños-, sí tenía buenas relaciones de trabajo con algunos ministros del gabinete de Bolaños y podía resolver. Cuando el Frente ganó las elecciones presidenciales yo me alegré y pensé: voy a descansar, voy a tener un gobierno de mi partido que me va a ayudar. Desgraciadamente, se produjeron algunos malos entendidos y me han separado del Frente Sandinista. Yo no tengo ninguna comunicación desde hace dos años. Cero comunicación. Estoy solo. No tengo el respaldo de mi partido. Y yo no soy un disidente ni soy un traidor, como me han dicho varias veces.

Creo que cualquier persona tiene el derecho a opinar sobre lo que sucede en el país. Pero si un ministro del gabinete se atreve a decir la décima parte de lo que yo estoy diciendo aquí, con seguridad llegará a su oficina al día siguiente y se la encontrará cerrada. A mí no me corren porque soy un funcionario que no dependo del gobierno. Actualmente hay un control casi policíaco sobre los ministros. No pueden hablar entre ellos, no pueden reunirse. Si yo los llamo para preguntarles cualquier cosa, les agarra calambre. El ambiente al interior del gobierno no es bueno.

Yo me explayé bastante en cómo se fue haciendo la historia del Frente Sandinista, tratando de abonar a que ustedes intuyeran la respuesta a qué está pasando en el Frente actualmente. El Frente se fue construyendo con las personas que iban liderando... y que se iban muriendo. Todos los más importantes dirigentes del Frente hasta 1979 están muertos. ¿Qué pasaría si estuviera Carlos Fonseca vivo? Ciertamente, probablemente, sería el jefe del Frente. ¿Qué pasaría si estuvieran vivos Pomares, Contreras, Pedro Aráuz, Casimiro Sotelo, Julio Buitrago, Julián Roque..? Probablemente muchos de los cuadros actuales no dirigirían el Frente Sandinista.

Eso por un lado. Por otro lado, el carácter militar de la organización sandinista explica mucho de lo que vemos aún ahora: dirección nacional, ordene. Estuvimos diez años con esa consigna. Durante el gobierno revolucionario, a todo acto público entraban los miembros de la Dirección Nacional en un orden determinado. Y nos teníamos que poner de pie cuando entraban. Eso era automático. Como en un ejército. Eso crea una cultura organizacional especial, muy distinta a la de un club de jóvenes ambientalistas o a la de un club de músicos o filósofos. Eso crea una organización militar. Además, durante el gobierno revolucionario el Frente se nutrió de 200 mil personas que combatieron, que pasaron por las armas, que adquirieron costumbres militares que trasladaron después a la estructura partidaria.

Durante todos estos años se fue dando también una concentración de poder alrededor de Daniel Ortega. En el Frente valía y vale mucho la antigüedad. Tenía un peso muy grande si eras antiguo, si eras clandestino, si habías estado preso, si habías combatido…Eso sumaba muchísimo. No contaba si eras ingeniero, si eras doctor o si habías ido a La Sorbona, eso no contaba para nada. Te miraban bien si habías tenido trayectoria. Daniel tenía una trayectoria larga, había estado preso siete años, había encabezado la lucha armada. Tal vez era la persona con menos carisma, con menos conocimientos, más aburrido para hablar. Pero hay que reconocerle su tenacidad.

Después de la derrota electoral Daniel se quedó solo controlando el partido durante 16 años, mal o bien, pero hay que reconocerle eso. Los otros se fueron. Eso concentró en una sola persona el mando total. Daniel, además, es incansable. En los 16 años que pasamos en la oposición no había un día del mundo que no estuviera en algún lugar del país: llegaba a San Pedro del Norte, dormía en La Gateada, amanecía en Bluefields y anochecía en San Carlos y después aparecía en Potosí. Era un cadejo recorriendo el país. Todo eso fue construyendo un poder, una fuerza.

Lo que pasa es que Daniel repite hoy en sus discursos lo que decíamos hace más de treinta años: los pobres, los campesinos, el imperialismo, la oligarquía... Tiene un discurso que te regresa completamente no a 1979, te regresa a la época de la cárcel, al discurso más radical posible.

Está repitiendo las ideas que fueron el cemento del Frente Sandinista. Eso resuena mucho en la cabeza de los más viejos. Pero ahora la mitad de la población ya no sabe ni quién era Somoza. Si le decimos a un chavalo que en el asalto al Palacio agarramos de rehén a Toño Mora Rostrán, te dirá: ¿Y quién es ése? No sé quién es y no me interesa. Lo que me interesa a mí es que me estoy bachillerando y quiero entrar a la universidad y no puedo, lo que me interesará es salir de la universidad y encontrar trabajo… Ésos son los problemas de hoy. En una sociedad tan joven el problema es cómo dar oportunidades a la enorme cantidad de niños y jóvenes que tiene este país.

Que muchos sandinistas cuestionen la divergencia que existe entre el discurso de Daniel y la realidad probablemente tomará un poco de tiempo. Es cuestión de tiempo que la gente comience a decir: qué bien, soy pobre y el gobierno es de los pobres, y los pobres del mundo estamos “arriba”, pero cuando pase un año y otro y otro y ese pobre no salga ni para arriba ni para abajo ni para ningún lado... y tengo hambre y quiero un trabajo y mi chavalo está enfermo…Es cuestión de tiempo. Y no es que yo desee que el gobierno salga mal, yo quisiera que Daniel hiciera un excelente gobierno.

Nosotros tenemos delante hoy dos enormes problemas: el problema demográfico, que va a arrasar con toda la clase política nacional; y el problema climático, que afectará a todo el planeta, también a nosotros, con sólo dos o tres grados que suba la temperatura en la Tierra. Pero de esos enormes problemas no habamos. Nuestra discusión política es muy primaria, es folklórica: que Fulano dijo, que Zutana hizo... Y si no repites como lora la consigna del momento, sos un pelele, un vendepatria, etcétera, etcétera... Desgraciadamente no discutimos de las cosas graves y profundas, en las que tendremos necesariamente que caer mañana o pasado mañana, cuando se agote la retórica y tengamos que hablar de la realidad.

Para mí es muy difícil poder tener una opinión definitiva sobre el futuro del Frente Sandinista. Lo que sí creo es que el rumbo y la forma en la que se está gobernando es innecesariamente virulenta. No hay necesidad de pelear con tanta gente al mismo tiempo cuando podés arreglar muchísimas cosas por la vía de la negociación, del acuerdo, del diálogo. Si esto continua así me parece que pueden presentarse innecesarias situaciones de muchísima tensión social. ¿Hasta dónde llegarán? No lo sé. Para mí fue totalmente innecesaria la exclusión del MRS y la de los conservadores. Es mucho mejor para el Frente que corran más partidos. Entre más partidos, mejor para el Frente, entre menos partidos peor para el Frente, a menos que estén preparando una marrulla para manejar los resultados electorales, y eso produciría nuevos problemas.

Las elecciones municipales de noviembre creo yo que van por mal rumbo. Estamos ya a dos, tres meses de las elecciones y los candidatos a la Alcaldía de Managua no han dicho una palabra sobre la ciudad de Managua. Para mí excelente, porque así no me comienzan a criticar. Pero, si yo fuera candidato estaría criticando ya al alcalde actual por el agua, por la basura, por los hoyos, por todos los defectos que tiene la capital. La campaña está muy politizada y eso no ayuda a la construcción de una sociedad democrática, a la construcción de una cultura municipal. Nada de eso cuenta. Se mantienen peleando entre Montealegre y Alexis: que uno no sirve, que el otro es el ladrón de los CENIS. Eso te indica que la elección no tiene nada que ver con la ciudad y que es una elección entre dos posiciones políticas. Si los números de las elecciones pasadas son correctos, el Frente tiene que librar una batalla titánica para ganar en Managua.

Yo creo que sería muy triste que el Frente Sandinista, de nuevo gobernando Nicaragua, desperdiciara esta segunda oportunidad que tiene de gobernar en paz, con la posibilidad que le dan los acuerdos petroleros con Venezuela para poder captar dinero y hacer muchas cosas a favor de la gente. Creo también que la situación económica del mundo está peor que nunca y no es fácil gobernar ningún país, ni Nicaragua ni Honduras ni Estados Unidos. Pero el apoyo venezolano abre una gran ventana para hacer muchísimas cosas, sobre todo en un país como Nicaragua, en donde si se pavimenta una calle es como que hiciste una autopista, en donde si se pone una escuela se beneficia a miles. Sin embargo, me parece a mí que el gobierno tiene una debilidad: esa manera confrontativa con la que están trabajando. Objetivamente, no sé por qué lo están haciendo así, pero creo que deberían corregirlo, porque de lo contrario van a producir efectos que pueden ser muy negativos para Nicaragua. Ese discurso innecesariamente confrontativo le está haciendo mucho daño al Frente y mucho daño al país.

Un país como el nuestro, que tiene tan escasos recursos, no se puede dar el lujo de estar peleando con nadie. Tiene que buscar el consenso interno con todas las fuerzas, con todo el que pueda cooperar. Tiene que lograr que cada quien ponga su granito de arena para levantar el país. En el terreno internacional, creo, por ejemplo, que Nicaragua no debería tomar una actitud tan beligerante en el problema colombiano. Porque ni podemos ayudar en nada y nos podemos perjudicar bastante.

La mejor manera de ayudar a la guerrilla colombiana es promoviendo posibilidades de que tengan acceso al campo internacional si quieren legalizarse. Pero si ellos no quieren deponer las armas, como ya han dicho, no tenemos nada que hacer. Hugo Chávez ya se reunió con Uribe, Fidel Castro ya les dijo a las FARC que liberen a los rehenes. Si estos dos grandes exponentes de la izquierda están en esas posiciones, por ahí deberíamos ubicarnos nosotros para ayudar a resolver ese conflicto. Y no ponernos a decir a ultranza: vamos con las FARC ¡y patria o muerte!, secuestren o no secuestren. Los secuestros de soldados tienen sentido porque ahí hay una guerra y los militares de un bando y de otro son prisioneros de guerra. Pero capturar políticos y civiles es un acto muy negativo.

Creo que sería mucho más sano tratar de tener un enfoque constructivo en las relaciones nacionales y en las internacionales, para que así el Frente Sandinista pueda escribir con buena letra esta nueva etapa de su historia.

Por el momento, lo que yo veo en el futuro del Frente es un gran signo de interrogación y creo que esa incertidumbre la comparto con muchas personas en Nicaragua. ¿Cómo estaremos en el 2011? Es difícil imaginarlo. Pero, si a Daniel Ortega se le prende la bujía y si Hugo Chávez abre la llave, Nicaragua podría estar mucho mejor. Si aquí entra mucho dinero y si Daniel Ortega lo sabe manejar. Porque pudiera entrar mucho dinero y ser un desastre. Pero con el nivel de pobreza que tenemos, si hay una buena administración del flujo de dinero que dejan los acuerdos petroleros con Venezuela -yo firmé esos acuerdos en 2005-, podríamos hacer muchas cosas.

Tener resultados positivos para el país y para la gente en el 2011 pasa por dos requisitos difíciles de evaluar en este momento: que haya capacidad de hacer las cosas bien y que venga el dinero. La refinería que ha prometido Chávez, por ejemplo, le cambiaría la vida a Nicaragua. Pero ya llevamos dos años y todavía no han pasado de la primera piedra. Y ya deberían estar haciendo, por lo menos, el movimiento de tierras.

Nicaragua tiene un potencial geográfico muy grande y ésa es su gran riqueza. Un canal interoceánico por Nicaragua cambiaría completamente nuestra historia. Creo que es a eso a lo que deberíamos de apuntar: a una infraestructura enorme que nos permita hacer uso del potencial geográfico que nosotros tenemos, que es la única ventaja comparativa que tiene Nicaragua. Todo lo demás igual se puede hacer en Honduras, en Guatemala, en El Salvador, en Costa Rica, y no veo ninguna razón para que un inversionista venga aquí a instalar una fábrica de pepinos o de zapatos... excepto que no van a hallar a ningún “zapatero” tan bueno como yo…

¿Mi futuro? Lo que más me interesa es cómo terminar en paz en la Alcaldía de Managua. Afortunadamente, pienso que las cosas las he hecho bien y nadie podrá decirme que me robé ni un lápiz, aunque alguien podrá inventar que me lo robé. No tengo dudas de que me puedan lanzar una campaña de ese tipo, pero no me importa.

¿Que si yo sería candidato presidencial por el Frente? Interés no tengo ninguno. Sin embargo, si me preguntan respondo que si me ofrecieran la candidatura sí la aceptaría como una responsabilidad a cumplir. Porque si digo que no, dirán que me estoy rajando y si digo que quiero sin que me la ofrezcan, dirán que soy un ambicioso.

Después de salir de la alcaldía, no veo posibilidades de entrar a trabajar con el gobierno por la tensión que hay conmigo. Ni tengo mayor interés. Es probable que tenga que buscar trabajo como ingeniero o como consultor. Pero si me hostigan y me comienzan a perseguir y no encuentro trabajo en Nicaragua -y esto puede ocurrir-tendría que buscar trabajo fuera del país. Porque yo no piñatée, no tengo reales, no tengo un millón de dólares en una cuenta secreta, no tengo fincas, sólo tengo mi capacidad de trabajo, la satisfacción del deber cumplido y, gracias a Dios, un nombre honrado, herencia de mi padre. Y tengo también, sí, tengo muchas esperanzas de que el FSLN, como en todos los momentos difíciles de su historia, encontrará la ruta. Para bien de nuestro pueblo.

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