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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 286 | Enero 2006
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El Salvador

En la muerte de Schafik Handal: Los desafíos del FMLN en esta hora

“Handal aspiraba a ser recordado como un luchador con la bandera principal de la democracia, para abrirle al pueblo salvadoreño la posibilidad de decidir por sí mismo”, dijo en la misa de funeral el obispo Gregorio Rosa Chávez. “Cómo te alegrarías al ver este mar rojo en todo San Salvador. La gente te quiere igual que tu los querías a ellos”, le dijo a Schafik, antes de sepultarlo, su esposa, Tania Bichkova, mientras cien mil personas coreaban: “¡Se queda, se queda, mi comandante se queda!”.

William Grigsby

Más allá del dolor -compartido con centenares de miles de salvadoreños humildes- la muerte de Schafik Handal puede convertirse en una extraordinaria oportunidad para el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Desde la distancia y el cariño, me atrevo a mencionar algunos aspectos que me parecen relevantes en la coyuntura abierta con su desaparición física.

UNA DEMOSTRACIÓN
DE AFECTO Y DE CONVICCIÓN

El FMLN, su organización, sus propuestas para el país y sus dirigentes como líderes, han calado en lo que algunos denominan “El Salvador profundo”, que no es más que el pueblo salvadoreño. Por eso los homenajes populares tan masivos, tan emotivos, tan llenos de afecto, sobre todo tan repletos de convicción. La gente que llegó a despedirse de Schafik -¿quién dice que fue un rito católico? ¿no fue acaso mucho más indígena?- durante cinco días consecutivos, no lo hizo por cumplir un protocolo partidario o motivada por la morbosidad o estimulada por los medios, cuyo silencio fue aún más morboso. La mayoría tenía su propio motivo, y éste, a su vez, tenía un profundo arraigo ideológico. Por eso, esta poderosa demostración política tiene un significado cualitativo sustancialmente distinto al de cualquier otra manifestación en la historia del FMLN.

UNA SEMILLA DE CONCIENCIA

Después de las elecciones legislativas y municipales que celebra El Salvador el 12 de marzo, corresponderá al FMLN asumir la ausencia de Schafik. Y para entonces, habrá no sólo mayor sensatez, reposo y ecuanimidad, sino también motivos para celebrar. Porque seguramente, los resultados electorales serán mucho mejores de lo que anticipaban las encuestas antes del 24 de enero, el día del inesperado fallecimiento de Schafik. Y quizás serán tan buenos como los de hace tres años.
Dice el sacerdote jesuita José María Tojeira que la muerte de Schafik “aumenta la conciencia y el crecimiento de conciencia, en un país pobre con una pésima distribución de la riqueza, favorece el pensamiento de izquierda y a la izquierda política del país”. En efecto, si bien habrá un ingrediente de tributo en el crecimiento del voto por los candidatos del FMLN, también habrá otro ingrediente de conciencia. Y eso no es simplemente fruto de un evento trágico: es el fruto de una semilla hace tiempo sembrada.

NADA DE CAUDILLISMO

El liderazgo de Schafik no ha sido fruto ni de la improvisación ni de la publicidad ni siquiera de la guerra. No ha sido un liderazgo a la usanza del caudillismo de otras fuerzas tan cercanas, como el Frente Sandinista. Fue tejido durante muchos años y su principal sustento han sido -entre otros factores- la firmeza ideológica, la flexibilidad política, la coherencia personal y la consecuencia revolucionaria. Son cualidades por desgracia cada vez más escasas en los movimientos revolucionarios, sobre todo en esta parte del mundo.

Tras los acuerdos de paz de 1992, el liderazgo de Schafik derivó como un natural reconocimiento, primero de los militantes del FMLN, después de vastos sectores sociales salvadoreños, para finalmente verse coronado a nivel nacional durante la campaña electoral presidencial de 2004.

“Y AHORA QUÉ”:
UNA PREGUNTA QUE NO CABE

Esa diferencia entre líder y caudillo no es de matices. Ha sido posible porque en fin de cuentas, Handal es fruto de una dirección colectiva forjada en la guerra y desarrollada en la paz, que trascendió a la Comandancia de la guerrilla y a la Comisión Política del partido, y se trasladó a un conjunto de cuadros intermedios. Ese estilo colectivo amplio fue de importancia vital para que el FMLN pudiese no sólo sobrevivir -pese a los apocalípticos vaticinios de los desertores y otras especies semejantes-,
sino crecer y conquistar espacios políticos sin precedentes.

Algunos disfrazaron su cobardía política, sus vergüenzas personales y sus reniegos ideológicos, alegando que los otros eran ortodoxos, atrasados, trogloditas, dogmáticos y otros epítetos. Curiosamente, una vez que abandonaron el barco y se lanzaron a la mar de la democracia y el mercado han naufragado como individuos y como políticos de la “izquierda moderna”, porque se han quedado en el pasado. La gente no les cree, por muy comandantes o jefes guerrilleros que con mucho mérito llegaron a ser. Y en cambio, le sigue creyendo al FMLN. Schafik es uno de los “culpables”, el más importante, pero no el único.

“¿Y ahora qué?”, es una pregunta que implica una concepción equivocada del papel de Schafik, porque supone que sin él, el FMLN pierde casi todo o que después de él no hay futuro. Es un grave error de juicio. El liderazgo de Schafik no ha sido caudillismo, entre muchas otras razones porque los cuadros, los militantes y los electores del FMLN no lo permitieron con él, ni creo que lo permitan con nadie más.

EL RETO
DE LA DIRECCIÓN COLECTIVA

Una de las cosas que más se extrañarán ahora será la experiencia -y cómo no, también la astucia- política de Schafik, para saber conciliar posiciones, a veces ásperas y ríspidas entre compañeros y compañeras, sin más motivo que la miopía. Schafik era un factor de unidad y no de división, idea que con tanta perfidia había sembrado la derecha en la opinión pública salvadoreña. Pero su muerte no significa que no lo pueda seguir siendo.

Ahora, a los compañeros y compañeras del FMLN les corresponde resolver desafíos. Leonel -Salvador Sánchez Cerén-, quien ha asumido la dirección del FMLN, tiene ahora sobre sus hombros una enorme responsabilidad. Es el único de la conducción histórica que se mantiene en el partido. Y su experiencia, más allá del cargo que ocupe, será crucial para conservar, estimular y consolidar la dirección colectiva en todos los niveles, como componente estratégico para asegurar el futuro de la organización. Ese solo factor -el carácter colectivo de la dirección política- es la esencia de la vida democrática de una organización revolucionaria, cuyo objetivo no es tomar el poder para convertirse en un buen administrador, sino para transformar el sistema. Los nuevos líderes y las nuevas líderes surgirán naturalmente.

SOÑADORES CON CONCIENCIA

El FMLN, con una dirección colectiva y un nuevo liderazgo, tendrá que revolucionar sus estructuras partidarias a todos los niveles y en todos los sectores, para que sean capaces de absorber y canalizar toda esa energía desplegada por el pueblo salvadoreño durante los actos fúnebres de Schafik. Hasta ahora, han permanecido estancadas, muchas veces atrincheradas en sus propias disputas de poder y con un celo ideológico desproporcionado. El FMLN tendrá que encontrar la fórmula salvadoreña para reconstruir una organización que sea capaz de articular militantes ideológicos, luchadores sociales, activistas electorales. Pero sobre todo, soñadores que no sólo tengan ganas de hacer cosas, sino conciencia suficiente para aprovechar las oportunidades de transformar la realidad que hoy aprisiona a El Salvador.

PERIODISTA.

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