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  Número 255 | Junio 2003
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Nicaragua

Los muy estrechos márgenes de las reglas de juego del pacto

El proyecto de Enrique Bolaños está muy limitado por reglas de juego adversas. El pacto hace rehén al Poder Ejecutivo de los dos caudillos que controlan los otros Poderes. La lucha contra la corrupción dejó a Bolaños sin partido. La recesión económica hace cada vez más impopular su gobierno. Y el estilo presidencial, tan basado en imágenes, no calza con el país real.

Equipo Nitlápan-Envío

Los recurrentes amarres políticos, que tanto determinan otras realidades nacionales al absorber las mejores energías de tantas personas con poder de decisión, volvieron a dominar el panorama. La elección de nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia es pieza fundamental en los amarres en los que transan poder arnoldistas, danielistas y bolañistas. La agudizada guerra política dentro del liberalismo, el futuro del cacique del PLC Arnoldo Alemán, y el lanzamiento de una “segunda etapa” de la lucha contra la corrupción son también piezas fundamentales.

EL FANTASMA DEL PACTO

El pacto Alemán-Ortega instaló en la Corte Suprema de Justicia (CSJ) 16 magistrados. Abultó la alta burocracia aumentando considerablemente el presupuesto y repartió la Corte entre rojos y rojinegros. Objetivo: garantizar los intereses más sensibles de ambas bandas políticas y económicas.

En julio del año 2002 se le venció el período a cinco magistrados. El ambiente político era entonces espeso -cuándo no- y no hubo acuerdo entre danielistas y arnoldistas para elegir sustitutos. Se sorteó el problema no eligiendo a nadie. La Corte siguió funcionando con once magistrados. En septiembre vence el período de otros cuatro magistrados. Y de no llegarse esta vez a un acuerdo, la CSJ quedaría con siete, paralizada por falta de quórum. Los diputados decidieron elegir antes de septiembre y de una sola vez a los nueve magistrados.

Existe una lista de unos ochenta inscritos, presentados por diversos sectores sociales, por los dos partidos que controlan la Asamblea Nacional, y a partir del 28 de mayo, por el propio Presidente Bolaños, quien en un discurso a la nación en el que empleó tintes dramáticos hizo pública la lista con la docena de sus candidatos. El fantasma del pacto vuelve a amenazar a nuestro pueblo -dijo Bolaños-. Los dos caudillos que hace poco pactaron para dividirse el poder para beneficio propio de los partidos políticos que representan, no deben seguir ahora pretendiendo volver a dividirse la nueva Corte Suprema de Justicia que está por elegirse.

NUDOS BIEN AMARRADOS

No se trata de un “fantasma” sino de una realidad: los 38 diputados del FSLN y los 45 diputados del PLC, quienes elegirán magistrados, han demostrado ser “soldados” de los dos caudillos del pacto. Saben que tienen la sartén por el mango y es obvio que no renunciarán a ella eligiendo a ningún magistrado que pudiera poner en peligro intereses fundamentales de esos dos caudillos y de sus más allegados. ¿Cinco magistraturas para Ortega y cuatro para Alemán? ¿A la inversa? A lo más que podrían llegar estos soldados, previas transacciones sustantivas entre ellos y con Bolaños, sería a elegir a alguno de los propuestos por el Presidente.

El Presidente clama por la despartidización de la Corte -también por la reducción del número de magistrados-, pero quienes la partidarizaron no tienen ningún interés en deshacer este estratégico nudo del pacto. ¿Por qué querrían desanudarlo? Las reglas de juego del pacto han colocado al país en una nueva encrucijada de gobernabilidad. Y a Bolaños ante un dilema. Para resolverlo, el Presidente busca, de nuevo, acuerparse en embajadores y en figuras de la sociedad civil, para que den una “batalla cívica” por su proyecto desde los medios. El país real no responde. Son demasiado altos los niveles de desmovilización y de empobrecimiento. Se trata de un método lleno de límites con el que el gobierno busca encubrir su impotencia ante los nudos que el pacto le dejó tan amarrados.

ALEMÁN EN EL CENTRO

La elección de los magistrados es crucial. Mantener el control del Poder Judicial le interesa sobremanera a arnoldistas y a danielistas. También le interesa a Bolaños modificar la adversa correlación de fuerzas que tiene en la Corte. El FSLN está en mejor posición para salir ganando en las transacciones con los liberales para elegir magistrados, ya que una eventual libertad de Arnoldo Alemán o el traslado de su cómoda hacienda a la Cárcel Modelo -lo que ya debería haber sucedido- o el diseño y la evolución que tenga en su momento el juicio que condene o no a Alemán, son decisiones que dependen de la jueza Juana Méndez, totalmente leal a las órdenes de Daniel Ortega. Por más reiteradas que sean las declaraciones de éste afirmando que la suerte de Alemán “está en manos del Poder Judicial”, hasta un niño de preescolar sabe que no es cierto.

Méndez ha sido lenta, cautelosa y ambigua durante todo el caso Alemán, actuando siempre como “soldada”. Desde que empezaron las negociaciones para la selección de los magistrados, se observaron “movidas” en el caso. Se habla de reformar la Ley 285 para limitar el delito de lavado de dinero sólo a casos de narcotráfico, lo que permitiría reducirle a Alemán años de cárcel o abrirle puertas a otro tipo de juicio o a un indulto. Un periodista danielista presentó en la CSJ una denuncia contra Méndez por no haber enviado aún a Alemán a la cárcel (¿presión o simulación de presión?). Es evidente que se está desarrollando un pulso entre sandinistas y arnoldistas con la carta de Alemán en el centro de la baraja.

FORZADO Y ACOSADO

La elección de nuevos magistrados es crucial para Bolaños, quien desde el primer día de su mandato se ha visto forzado a hacer alianzas con Daniel Ortega para viabilizar sus proyectos de ley, al carecer del respaldo que deberían darle los diputados del partido que lo llevó al gobierno y que lo ha repudiado por llevar a Alemán a la cárcel. El proyecto de la bancada Azul y Blanco -diputados liberales que se pasaran de la lealtad a Alemán a la lealtad al Ejecutivo- no ha tenido los resultados que esperaba Bolaños. Los azuliblancos no han pasado de nueve diputados. La reiterada salida del Ejecutivo es buscar a Ortega y a sus “soldados”, quienes no esconden su rechazo a Bolaños debido a su histórico antisandinismo. Bolaños, quien nunca ha abandonado estos sentimientos hacia el FSLN, hace estas alianzas, después las disimula o camufla y nunca las explica de forma transparente, actitud que obviamente indigna al liberalismo antisandinista.

Los arnoldistas encontraron en la elección de magistrados una nueva oportunidad para intentar librar de la cárcel a Alemán. A Daniel Ortega le han ofrecido que controle el Poder Judicial con una mayoría de “sus” magistrados a cambio de esa libertad. Y a Bolaños lo acosan con un nuevo “método de lucha”: a cualquier lugar a donde llega el Presidente en visitas de trabajo le colocan activistas liberales que exigen la libertad del caudillo con mantas (Churruco: ingrato, traidor, inepto), con insultos y hasta con amenazas. La condición que aceptaría Alemán si lo dejan libre sería retirarse discretamente de la política activa y no lanzarse como candidato presidencial. ¿Le permitirían sus bríos políticos este mutis por el foro?

Es obvio que el FSLN se desprestigiaría mucho si, a través de la jueza Méndez, favorece la libertad de Alemán. Aunque es obvio también que con Alemán libre en la escena el liberalismo nunca se reunificará, lo que conviene al FSLN. Obvio también sería el desprestigio que representaría para Bolaños la liberación de Alemán. El “pedestal” internacional que se construyó está muy basado en su decisión de enfrentar a Alemán hasta llevarlo a los tribunales.

SE HA PERDIDO LA FE

La lucha contra la corrupción iniciada por Bolaños desató una guerra política en el liberalismo que ha tenido graves consecuencias para el Ejecutivo. Resultados hasta hoy: una contundente denuncia, a nivel nacional e internacional, de la hipercorrupción instalada por Alemán durante su gobierno; una estampida de varios de sus funcionarios, hoy prófugos de la justicia; dos castigos ejemplares -Jerez y Alemán-; e innumerables “sustos” ejemplares en todas las instituciones del Estado.

Es evidente que en esta lucha era central depurar al liberalismo, extirpando del PLC al arnoldismo. Este objetivo político marcó con demasiadas evidencias los limitados avances y los muchos retrocesos observados en la lucha anticorrupción. En la “adhesión” del FSLN a la lucha contra la corrupción han sido centrales también los intereses políticos. Daniel Ortega se decidió finalmente a despojar de la inmunidad que antes le había regalado a Alemán, su socio en el pacto, para así hacerse necesario a Bolaños en los proyectos que Ortega considera útil tener resueltos antes de su regreso al poder en 2006 -Daniel Ortega siempre lo calcula todo a partir de su candidatura-, y para beneficiar al FSLN de la guerra política desatada dentro del liberalismo. El que la lucha anticorrupción estuviera, y siga estando, tan llena de cálculos partidarios ha contribuido a que la mayoría de la población, que en un momento del año 2002 pudo haberse entusiasmado con este proyecto, haya perdido ya la “fe” en él.

LUCHA ANTICORRUPCIÓN: SEGUNDA FASE

Desde que en diciembre de 2002 Alemán fue encerrado en su hacienda “El Chile”, la lucha contra la corrupción entró en hibernación. Durante su primer año de gestión, Bolaños pudo disimular la falta de resultados económicos estimulantes con la novedosa bandera de la lucha anticorrupción. Pero el costo político de perseguir a Alemán durante tantos meses fue muy alto y al apresarlo era necesario detener el esfuerzo: hasta ahí llegamos...

Ahora, al calor de las transacciones para la elección de los magistrados, se derritió el hielo: la Procuraduría General de la República (PGR) inició la que llama “segunda etapa de la lucha contra la corrupción”. Como primer capítulo, destapó otra de las “guacas” que funcionaron durante el gobierno Alemán: casi 90 millones de dólares que se lavaban en una cuenta llamada “donación Taiwan” que Alemán abrió con fondos públicos para usarlos discrecionalmente. Por este caso, la PGR acusó de nuevo a Alemán, a ocho de sus funcionarios -varios ya prófugos- y a quien fuera Presidente del Banco Central en esos años, Noel Ramírez, hoy diputado del PLC.

Es previsible que en esta “segunda etapa” de la lucha anticorrupción la sociedad asista a acusaciones sobre casos que se habían archivado y que ahora serán aireados como mecanismo de presión sobre los diputados del PLC para que se pasen al bando del Ejecutivo. Estamos en todo nuestro derecho como gobierno de presionar hasta el infinito para conseguir votos. Tenemos que presionar a quien sea. Lo hicimos cuando el desafuero del doctor Alemán y lo vamos a seguir haciendo, declaró sin disimulos Eduardo Urcuyo, Ministro de Gobernación y uno de los más activos dirigentes del bolañismo.

EL DILEMA: TRADUCIR EN VOTOS EL PROYECTO

El proyecto de crear una corriente depuradora dentro del PLC hasta lograr extirpar de ese partido al arnoldismo -o a las mayores expresiones de la corrupción arnoldista- se inició el 23 de junio de 2002 bajo la conducción nada menos que del Vicepresidente José Rizo. Un año después, este diseño tampoco resultó y la “corriente bolañista” del PLC no ha pasado de hacer mucho ruido y cosechar pocas nueces. Y aunque es verdad que Alemán ha perdido mucho poder hasta convertirse en un lastre inmanejable para el liberalismo y para el PLC, es también verdad que continúa controlando no sólo a sus diputados en la Asamblea, sino también a todas las estructuras -juntas directivas y convencionales- de su partido en todo el país.

Bolaños no ha logrado traducir su proyecto político en votos en la Asamblea. Y al acercarse las elecciones municipales, los bolañistas han empezado a temer, lógicamente, que tampoco lo traduzca en votos en las urnas. ¿Pasará lo mismo en las elecciones presidenciales? Los próximos comicios podrían volver a reeditar el enfrentamiento entre danielistas y arnoldistas, una polarización entre los dos partidos controlados por los dos caciques, alentada por un sandinismo-antisandinismo anclado en el pasado y teñido de una emocionalidad que resulta cada vez más desgastante para el país. El miedo a que el FSLN siga sacando ventaja de la crisis del PLC, y los variadísimos matices de antisandinismo que aglutina hoy el liberalismo, aceleraron una riesgosa iniciativa del bolañismo: crear un nuevo partido liberal.

COMO POMPA DE JABÓN

La iniciativa fue efímera como pompa de jabón: se anunció el 6 de mayo y se desinfló antes del 6 de junio. Como cualquier pompa, era frágil. Profundizó las divisiones entre los liberales del PLC en el Legislativo y los liberales del PLC en el Ejecutivo. Y produjo nuevas tensiones. Entre el Presidente y su Vicepresidente: el Vicepresidente Rizo se expresó en contra del nuevo partido, y aunque no mencionó a Alemán, decidió acercarse ostentosamente a los arnoldistas. Entre el Presidente y su Ministro de Hacienda: el Ministro Eduardo Montealegre, el más presidenciable de los liberales del PLC, evitó hablar de Alemán, pero tomó una distancia clarísima de la iniciativa afirmando que los principios unen a todos los liberales y sólo los separan los intereses y que la unidad del liberalismo pasa por el PLC. Tensiones también entre el Ejecutivo y dos destacados diputados de la bancada Azul y Blanco, Cuadra y Valle. Y hasta entre varios asesores de Bolaños, que expresaron públicamente que no compartían el dedicar esfuerzos y energías a esta iniciativa.

A FAVOR Y EN CONTRA

Se dijo que el nuevo partido sería un “partido de empleados públicos”, fabricado desde el gobierno y con sus recursos, lo que reeditaría la fórmula partido-Estado de la que usó y abusó el FSLN. Se olvidó decir que el PLC lo fabricó Alemán desde “el gobierno” de la Alcaldía de Managua, usando y abusando de los recursos municipales.

Se dijo que el nuevo partido no tendría tiempo material de conformar las 152 directivas municipales en todo el país, y aunque lo lograra, se toparía después con el muro de los magistrados “pactados” que dirigen el Consejo Supremo Electoral, quienes decidirían sobre su personería jurídica al vaivén de los intereses de los dos dueños del pacto. Razón y prudencia había en este argumento. Se dijo que el nuevo partido no lograría arrastrar a todos los liberales ni mucho menos a todos los antisandinistas ni a todos los no-sandinistas en las próximas elecciones. Que sólo dividiría el voto liberal y que esto sólo beneficiaría al FSLN en las elecciones municipales y aún más grave, en las presidenciales.

Los liberales promotores del nuevo partido decían que las encuestas indicaban que una inmensa mayoría de liberales respaldaba la iniciativa, ansiosos de distanciarse del arnoldismo y de la corrupción, y que este respaldo se traduciría en votos. Decían también que ya se había demostrado totalmente imposible reunificarse bajo la bandera del PLC, porque el partido continúa siendo controlado por Alemán y porque la condición de los arnoldistas, en todo encuentro para debatir el tema de la unificación, era siempre la libertad de Alemán.

UN ARENA NICA

La guerra política entre los liberales tiene una vertiente generacional vinculada a una vertiente de filosofía política. El Presidente Bolaños parece dispuesto a apadrinar un relevo generacional de la derecha criolla que propicie la emergencia de un liderazgo de derecha con una visión realmente postmoderna del lugar de Nicaragua en el mundo, que construya y consolide una opción política de centro-derecha y abandere un proyecto modernizante de integración de la frágil economía nicaragüense a la economía global. ¿A través del TLC Centroamérica-Estados Unidos? Para Arturo Cruz, uno de los pensadores de esta opción, este TLC constituye la última oportunidad que tiene Nicaragua para reinventarse como nación.

Es evidente que este nuevo liderazgo necesita de la organización de un partido político de corte moderno, muy alejado de los sellos caudillescos que le ha impreso -¿indeleblemente?- Alemán al PLC. En El Salvador, el partido ARENA sustituyó hace años, y con gran éxito, al PCN, el partido histórico de la derecha salvadoreña. La gran empresa privada de Nicaragua habría confiado en Bolaños para la construcción de un ARENA nica que sustituya al PLC y que sirva de freno, más moderno y más eficaz, al FSLN. Hipotéticamente, este nuevo partido sería mas urbano que rural, y al igual que ha sucedido con el PCN salvadoreño, durante un buen tiempo le quedaría al PLC el control sobre los sectores rurales.

Eduardo Montealegre, quien también apuesta a la construcción de este partido moderno, cree que este proyecto se puede y se debe hacer, pero dentro del PLC. Y lo cree así porque con un adecuado olfato político calcula que fuera del “carro” del PLC no tiene ni tiempo ni carretera para llegar a la meta a la que aspira a llegar, la Presidencia de la República, desde donde impulsaría este proyecto modernizador. La actitud de Montealegre y la de Rizo -fundador del PLC y también aspirante a la Presidencia y a la modernidad- debilitaron el proyecto del “partido bolañista” hasta hacer desistir a sus promotores.

HUÉRFANO CON DOS MEDALLAS

El Presidente Bolaños -quien anunció que militaría en el nuevo partido renunciando al PLC, partido al que perteneció sólo por unos tres años y sólo para poder lanzar su candidatura en las elecciones del 2001- decía, a favor del nuevo partido, que habiéndose declarado hacía meses el PLC “en la oposición”, él necesitaba contar con un partido que respalde sus políticas. Es el argumento de más peso.

El actual gobierno necesita respaldo en los otros Poderes y en un partido afín. El pacto lo mantiene rehén de reglas de juego con márgenes estrechísimos. Bolaños está huérfano por varios flancos. No tiene resultados económicos que estimulen las esperanzas de la población. La lucha anticorrupción no le sirve ya para movilizar energías sociales. Carece también de ese estilo de liderazgo que calza con la cultura política tradicional que una mayoría de nuestra población demanda todavía de sus políticos. Carece de una sensibilidad social que matice su frío y distante porte empresarial. Bolaños sólo tiene dos medallas en el pecho. Una: existen hoy muchos más controles en el gobierno y se roban mucho menos recursos públicos, lo que reduce los niveles del Estado-botín y de la impunidad. Otra: Nicaragua ha recuperado credibilidad internacional, después de que su solvencia moral como Estado fuera arrastrada por los suelos durante el gobierno de Alemán. No son pequeñas estas medallas. Son redondas y visibles, pero no son de aquellas que la mayoría de la gente aprecia a primera vista.

LA SALIDA: UN PLEBISCITO

Tras sopesar frágiles pros y contundentes contras, el bolañismo optó por una solución intermedia: integrarse a una coalición de cinco pequeños grupos liberales, de vieja y nueva data, a los que se les devolvió su personería jurídica hace unos meses. Integrarán juntos el Movimiento de Unidad Liberal. Desde ese movimiento impulsarán la reunificación con los liberales del PLC. Prevaleció el realismo. Pero, ¿garantizará esta fórmula lo que se pretende: votos suficientes para derrotar al “otro” liberalismo y al FSLN? Suena a espejismo teniendo en cuenta las reglas de juego pactadas y dominantes.

Resultado neto de la operación pro-nuevo partido liberal: hacer más obvia la orfandad del Presidente y envalentonar más a los dos caciques del pacto, que gozan políticamente con cada traspiés presidencial, con cada tropiezo que encuentra en el camino donde ambos colocaron tantas minas. Saben los dos que todos los caminos para cualquier cambio conducen a la Asamblea Nacional y a los diputados-soldados. Saben que todos los caminos para cualquier cambio conducen a contar con un partido político. Saben que sus dos partidos retienen polarizados corazones y mentes de gran parte de la población.
Buscando una salida a esta situación, el bolañismo lanzó otra iniciativa: un plebiscito para que la población exprese su opinión sobre una reforma del Estado: reducción del número de magistrados de la Corte y del Poder Electoral, reducción del número de diputados, reforma electoral, no reelección presidencial... Recurrir a la fórmula del referéndum para contar con una herramienta de presión que permita deshacer varios nudos del pacto. El problema es que también este camino lleva al pacto: las reglas de un plebiscito o referéndum las decide el Poder Legislativo y las organiza el Poder Electoral, ambos poderes totalmente fuera del control del Ejecutivo.

INTIMIDADO Y DESAFIADO

El proyecto de plebiscito fue, no sólo rechazado, sino ridiculizado por arnoldistas y danielistas. Daniel Ortega dijo que era una banderita. Los arnoldistas afirmaron que era un nuevo juguete del Presidente. Conscientes de la debilidad en la que se encuentra Bolaños, las dos bandas le “subieron la parada” con dos propuestas. Ambas incluyen el acortar el período presidencial de Bolaños. El PLC propone elecciones para una Asamblea Constituyente cuanto antes o a la par de las elecciones municipales para establecer nuevas reglas del juego y refundar el Estado. Está claro quiénes organizarían esas elecciones y es fácil imaginar quiénes serían los constituyentes... Ortega fue más audaz: propuso que magistrados, diputados, alcaldes y el propio Presidente renuncien a sus cargos y se adelanten las elecciones municipales y presidenciales para este mismo año. Está claro en qué circunstancias se organizarían estas elecciones.

Estas dos respuestas excesivas y radicales del PLC y del FSLN reflejan la intención de ambos grupos de poder. Son respuestas con objetivos reales: ambos grupos aceptan las “soluciones” que proponen, ciertos de que seguirían controlando instituciones y cargos. Pero también son respuestas con el objetivo de intimidar: amenazar con cambiarlo todo para que al final nada cambie y la institucionalidad del país siga igual, encorsetada en los estrechos márgenes de las reglas del juego del pacto.

EN LAS MANOS DE DIOS

¿Será posible en Nicaragua construir no sólo un partido político moderno, sino una masa crítica con mentalidad moderna? Es típico de una mentalidad tradicional esa religiosidad que remite a Dios la solución de los problemas complejos descuidando la responsabilidad personal que en ellos tenemos y olvidando la espiritualidad auténtica, la que nos hace más responsables y cuidadosos de nuestra propia vida y de la vida de todos y de todo lo que nos rodea.

La mentalidad tradicional acentúa en las personas rasgos de dependencia, sumisión e impotencia y anula los rasgos de autonomía el espíritu crítico y la creatividad. Todo esto alimenta el caudillismo tradicional, tanto el político como el religioso. Y también facilita la imposición de los actuales proyectos transnacionales, tan perjudiciales para los intereses nacionales. Cuando las circunstancias nos desbordan por su complejidad, la mentalidad tradicional se abandona a la impotencia y admite que no queda de otra que “ponerse en manos de Dios”.

Esta impotencia se observa cada vez con mayor frecuencia, no sólo en las decisiones de la gente, sino, lo que es más grave, en las declaraciones de los funcionarios públicos. “En manos de Dios”, entendidas como las “manos de la Naturaleza” puso en mayo el Viceministro del Ambiente la investigación y la solución de un problema de contaminación que se presentó en el fronterizo río San Juan. Los peces aparecían muertos en largos tramos del río: ¿se debía al vertido de agroquímicos desde el lado costarricense o a una plaga de chayules que le robaban oxígeno al agua? No podemos hacer nada más que esperar a que la madre naturaleza sea generosa y descargue lluvias que limpien el río, dijo el Ministro. A la par, confirmaba que el alcalde de San Carlos había comenzado a verter las aguas negras del poblado al río San Juan, utilizando este valioso recurso turístico nacional como cloaca, tal como se hizo hace décadas con el lago Xolotlán. No dijo qué medida tomaría el Ministerio ante esta barbaridad. ¿También quedará esto en las manos de Dios?

“O NOS CASTIGA O NOS BENDICE”

Algo similar sucedió con el alcalde Herty Lewites, impotente ante la reincidencia de los managuas, que ensucian sin piedad su ciudad sin hacerse responsables de los desastres que esto causa en la capital. La primera lluvia del invierno, el 25 de mayo, creó un caos en Managua. Con justeza, el alcalde atribuyó mucho de este caos al efecto taponador que tienen las bolsas de plástico arrojadas por la gente a los sistemas de drenaje, a tragantes, cauces y calles todos los días y a todas las horas. Nada menos que 700 mil bolsas plásticas se arrojan diariamente sobre la piel de Managua. Se calcula que el 30-40% de toda la basura que se produce en la capital es plástico. El alcalde lanzó varias iniciativas para comenzar a regular a quienes venden agua helada en bolsitas de un plástico muy agresivo. Todas son complejas de implementar. Nadie las quiere financiar. Al final, puso a los capitalinos “en manos de Dios” para los siguientes aguaceros de un invierno que se anuncia copioso. O Dios nos castiga o nos bendice, sentenció impotente.

¿BASTA CON REZAR?

El gobierno de Enrique Bolaños no tiene un plan de desarrollo para Nicaragua. En el plan de clusters que con tanto entusiasmo propagandiza el gobierno, no existe atención específica al sector rural, tan fundamental en la economía nicaragüense. El tema rural resulta clave en las negociaciones que Nicaragua y Centroamérica están llevando adelante para el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, en el que entramos con tantas divisiones y desventajas.

Los problemas rurales del país son complejos, más tras tantos años de abandono y de desprotección oficial. En este contexto, no deja de llamar la atención la iniciativa del Presidente Bolaños: un acuerdo presidencial declarando el segundo domingo de mayo de cada año como Día Nacional de la Oración, para rogar a Dios que bendiga las cosechas enviándonos lluvias. El Cardenal Obando aceptó jubiloso la solicitud que le hizo el Presidente, solicitando a todos los párrocos oraciones públicas en esta jornada.

Por su parte, grupos evangélicos, preocupados por los complejos problemas políticos que enfrenta Nicaragua, decidieron hacer una marcha apostólica el domingo 23 de mayo, para “encargarle” a Dios el Estado y la moral de los políticos nicaragüenses, que ellos consideran en grave crisis. Centenares de personas se unieron a la marcha respaldando las oraciones de varios pastores evangélicos, quienes frente al edificio de la Asamblea Nacional depositaron la compleja gobernabilidad y estabilidad nacional, incluso los males surgidos del pacto -parcialidad de las autoridades judiciales y electorales, partidarización de los poderes, polarización- en las manos de Dios... Así estamos.

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