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  Número 247 | Octubre 2002
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Nicaragua

La impagable deuda interna: agujero negro en el Presupuesto

El Presupuesto 2003, acordado entre el Ejecutivo y el FMI, estará en el centro de la madeja de negociaciones y arreglos en que están enfrascadas las cúpulas políticas. En el centro de ese Presupuesto existe un “agujero negro” que chupa los escasos recursos nacionales y del que no se quiere hablar con claridad.

Equipo Nitlápan-Envío

A mediados de octubre se inicia en la Asamblea Nacional el debate sobre el proyecto de Presupuesto para el año 2003 enviado por el Ejecutivo. En este Presupuesto se expresan los acuerdos a los que llegó el FMI con el gobierno de Bolaños. La crisis política que ha generado la lucha anticorrupción hará especialmente candente el debate sobre el Presupuesto.

LO QUE DISEÑÓ EL FMI

El Presupuesto tiene una lógica contractiva: más reducción del gasto público y falta de inversiones sustantivas en salud y educación. La contracción resultará tan dañina políticamente para Bolaños como lo es económica y socialmente para el país. De antemano, el gobierno sabe que los 38 diputados del FSLN no lo apoyarán. No le queda más estrategia que ganarse los votos de los 45 diputados de la bancada arnoldista para que lo aprueben y para que lo hagan rápidamente. ¿A cambio de qué darán los arnoldistas a Bolaños este apoyo? Todas las negociaciones, amarres y arreglos en torno a impunidades o a castigos en la lucha anticorrupción se concentrarán en torno al Presupuesto.

Los diputados del PLC arnoldista podrían decidirse a aprobar el Presupuesto a cambio de algo, y a pesar del costo político que pagarán ante sus bases empobrecidas, a partir de su propia experiencia: en 1998 aprobaron un Presupuesto similar y después, güegüensemente y con la excusa del Mitch, no lo cumplieron. Pueden volver a suponer que lo mejor es aprobar “y en el camino arreglamos las cargas”.

Los diputados del FSLN se resistirán a aprobar el Presupuesto y harán de su deslegitimación bandera política e ideológica, incluidos ya los cálculos electorales. A la luz de todos los desastres causados por las políticas del FMI en América Latina, especialmente en Argentina y en Brasil, ahora con Lula, se ha generado en todo el continente un justo rechazo y un descontento sin precedentes contra las políticas de ajuste. El FSLN -ya lo viene mostrando su más reciente discurso- está decidido a montarse en esa ola.

El concepto de “gobernabilidad” que tiene el FMI sólo significa gobiernos con capacidad para que les aprueben, y para aplicar después, los programas de ajuste. Aunque el FMI ha incorporado a su discurso sobre la gobernabilidad la necesidad de contar con el consenso de la sociedad civil para la implementación del ajuste, en la práctica poco le importa lo que los gobiernos hagan o no para conseguirlo. Para aprobar y aplicar el ajuste bastan negociaciones hábiles entre las élites políticas, “habilidad” que suele fomentar la corrupción.

Presionado por tantos flancos, Enrique Bolaños coincide plenamente en estos momentos con el punto de vista del FMI sobre la “gobernabilidad”. Para que pase el Presupuesto necesita a los liberales, no cuenta con los sandinistas y le sobra el Consejo de Planificación Económica y Social (CONPES), donde se agrupa la representación de la sociedad civil.

CON TAN BAJA INFLACIÓN NO GANAMOS NADA

Desde su visión tecnocrática, el primer objetivo del FMI al imponer la contracción del presupuesto es que Nicaragua mantenga niveles de inflación anuales de un sólo dígito, inferiores al 10%. En lo que va del año 2002, y a fuerza de contraer tanto el gasto público, la inflación acumulada ha sido de apenas un 3%, nivel que sólo se alcanza en los países desarrollados.

¿Qué gana Nicaragua con tanta restricción y con una inflación tan baja? Poco. La realidad es que la inflación podría ser incluso del 10-11% sin que cambiaran sustancialmente las cosas. Es éste precisamente uno de los aspectos más centrales en la crítica que el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz hace a las políticas del FMI. Insiste Stiglitz en que en tiempos de aguda recesión económica -los que está viviendo Nicaragua- una política muy restrictiva del gasto público para conseguir una baja inflación no ha tenido nunca ningún impacto real ni positivo para el crecimiento económico de ningún país en vías de desarrollo. Voz que clama en el desierto: el FMI mantiene sus dogmas.

UN NEGOCIO REDONDO

Pero hay algo aún más grave en el Presupuesto 2003. Los drásticos recortes del gasto público que ya ha venido haciendo el gobierno Bolaños han logrado que el Banco Central acumule un superávit entre ingresos y gastos. A comienzos de octubre, rondaba los 700 millones de córdobas. Lo grave es que este ahorro logrado con tanto sacrificio y poniendo orden tras el despilfarro de la corrupción arnoldista, no se está dedicando a mejorar la calidad de vida de la gente, sino a pagar la deuda interna.

La lucha contra la corrupción no paga: los números desmienten a Bolaños. El ahorro está destinado a pagarle a la banca nacional, que le prestó al gobierno en condiciones onerosas y a sabiendas de la pésima situación en la que se encontraba el país, y que ahora le está cobrando con creces y afectándonos a todos.

El despilfarro de la administración Alemán, la falta de disciplina y la corrupción de su gobierno, especialmente en los últimos dos años, 2000 y 2001, junto con las quiebras bancarias de esos mismos años -otra expresión del pacto PLC-FSLN- está en la raíz del acelerado proceso de endeudamiento interno de Nicaragua con acreedores nacionales, especialmente con los seis bancos privados que existen en el país. Y como los bancos tienen una proporción muy importante de su cartera invertida en certificados, títulos y bonos emitidos por el Banco Central, esto los exime del pago de impuestos sobre los intereses que ganan. Y así, a los bancos no se les cobra lo que se les debía cobrar en impuesto sobre la renta. Es un círculo vicioso. O un negocio circular, redondo: compraron bonos en condiciones muy ventajosas, y al comprarlos ganaron otra ventaja: verse exentos de los impuestos que les correspondería pagar, y hoy están recibiendo intereses muy sustanciosos.

SON SEIS LOS BANCOS, SON SEIS LOS GANADORES

La deuda interna de Nicaragua con los seis bancos privados de Nicaragua es insostenible financieramente, y en las condiciones en que está el país es insostenible éticamente. Pero de esto no se habla, no se habla lo suficiente o no se habla con la suficiente claridad e insistencia.

¿Por qué? Las razones tienen mucho que ver con que tres de los seis dueños de estos bancos son piezas clave del gobierno de Enrique Bolaños: Eduardo Montealegre, del BANCENTRO, es nada menos que el Ministro de Hacienda; Carlos Pellas, del BAC, es el zar económico de Bolaños; Ernesto Fernández Hollman, del BANEXPO, está muy ligado al gobierno como amigo personal de Bolaños. Los otros tres bancos son el Banco de Finanzas, que es del Ejército y acogió el capital sandinista tras la quiebra del INTERBANK; el BANPRO, menos influyente, y el Banco Caley Dagnall, con un capital más pequeño.

Teniendo en cuenta el lastre que el pago de la deuda interna significa para la economía nacional, y teniendo en cuenta que el pago se hace a bancos tan estrechamente vinculados al Poder Ejecutivo, podría llegarse a una conclusión tan chocante como preocupante: el Ejecutivo estaría organizando la macroeconomía nacional y las finanzas no para desarrollar la nación sino para el desarrollo de sí mismo.

Tal vez los funcionarios y expertos del Fondo Monetario Internacional no llegan a darse cuenta de todos estos vínculos. O tal vez sí los conocen. Lo que sí queda claro es que su dogmatismo antiinflacionario, que impone una política fiscal tan restrictiva, ha convertido a Nicaragua en un país donde cada año se profundizan más la pobreza y la miseria por honrar las deudas con banqueros que son parte del mismo gobierno.

PESA MÁS QUE LA DEUDA EXTERNA

La deuda interna es hoy para Nicaragua un problema mayor que la deuda externa. Según últimas estimaciones, la deuda interna con el sector privado nicaragüense -básicamente con estos seis bancos, aunque también con otros acreedores privados- es de unos 1 mil 500 millones de dólares. Aunque la deuda externa es superior en cantidad, 6 mil millones de dólares, no resulta tan onerosa. Porque Nicaragua no la paga o paga sólo una parte o se retrasa en el pago o renegocia plazos e intereses.

En el caso de la deuda interna, Bolaños ha reiterado que su gobierno honra sus obligaciones. Usamos entonces un doble estándar: no honramos las obligaciones cuando se trata de préstamos internacionales y las honramos cuando se trata de nuestros banqueros, a quienes no sólo les pagamos muy puntualmente, sino que nos cobran con intereses leoninos, muy por encima de los que pagamos por la deuda externa. Por casi toda la nueva deuda que Nicaragua contrata con el Banco Mundial o con el BID paga entre el 0-2% de interés anual, con 10 años de gracia y a pagar en 40 años. En abismal contraste, la deuda interna la estamos pagando a los banqueros en plazos de 1-2 años ¡y al 18% de interés! Últimamente, el gobierno anunció como gran logro que los intereses serían del 8-9%, todavía impagables para nuestra empobrecida economía.

LOS ZAPATOS DE BOLAÑOS

¿Qué hacer? El punto de partida es entender que la banca nacional carece de patriotismo. No tiene aproximaciones nacionalistas a la crisis económica que enfrentamos, carece de esa “visión de nación” de la que tanto se habla. No tienen conciencia nacional. La élite económica nicaragüense de los años 70 tenía sus raíces en Nicaragua, pero la actual élite económica se ha desarraigado de su propio país. O viven fuera, o tienen sus mayores y mejores negocios fuera, o sus intereses y sus bases están en Miami. El gran capital nicaragüense, este capital financiero, ya no está enraizado en Nicaragua. Sólo quiere garantizarse ganancias por las inversiones que se digna hacer en este miserable país que fue su patria. Para colmo, en el tan ultracompetitivo mundo globalizado, no pueden permitirse “debilidades”, “renuncias” o “sacrificios” por Nicaragua porque la competencia terminaría arrollándolos.

En alianza genética e histórica con este capital, Bolaños no termina de ver el costo político que paga él mismo y todo el país por la carga de la deuda interna, honrándola tal como hoy se honra. Ante estos banqueros, no se coloca en los zapatos del Presidente de Nicaragua que es, sino en los del empresario y amigo de banqueros que siempre fue y que no ha dejado de ser.

De igual manera actúa su equipo económico. El caso de Eduardo Montealegre es el más notorio: él encabeza las negociaciones con el FMI, la elaboración del Presupuesto y el diseño de la política macroeconómica, siendo uno de los banqueros que se beneficia con el pago de la deuda interna que, junto al pago de la deuda externa representan más del 38% de los gastos del gobierno en el Presupuesto 2003. Está claramente implicado para poder solucionar este problema.

DE ESTO NO SE HABLA

¿Qué hacer? Hay que alzar la bandera de la reestructuración de la deuda interna. No se trata de no pagarla, sino de reestructurarla. Con cierto éxito ya se ha alzado en los países del Sur la bandera que cuestiona la deuda externa. El mayor problema institucional es que el único árbitro para reestructurar la deuda interna debe ser el gobierno de Nicaragua, y hasta ahora no está claro que el gobierno quiera arbitrar esta operación.

El mayor problema “cultural” es que la deuda externa es un asunto ya asumido, entendido y asimilado masivamente por la conciencia popular. Tal vez nadie sabe cuánto debemos, pero todos sabemos que es mucho. Tal vez nadie sabe cuánto se paga en intereses, pero todos sabemos que ahogan la economía. Todos sabemos que no la podemos pagar, que no la debemos pagar. Pero de la deuda interna, de su injusticia, de lo impagable que resulta, de lo que asfixia la economía, se desconoce todo. Y esto es así porque un candado cierra el tema. La estrecha vinculación que existe entre el gobierno y los bancos, y entre los bancos y los medios de comunicación es ese candado. Los bancos son parte del gobierno y los medios viven de la publicidad de los bancos. ¿Quién va a explicar lo que hay tras la deuda interna, quién va a denunciar esta carga onerosa?

¿HABLARÁ EL TESORO?

Sin embargo, hay que hablar. El gobierno ha informado que vendrá a Nicaragua por dos años un experto del Tesoro de Estados Unidos con el fin de analizar nuestra deuda interna y encontrar cómo reestructurarla. Tal vez la influencia tan determinante que tiene el gobierno de Estados Unidos sobre todas las decisiones que toma Bolaños logre la reestructuración. ¿Estará el gobierno esperando por una reestructuración avalada por Estados Unidos? ¿Esperará Bolaños una recomendación oficial del Tesoro de Estados Unidos, que exprese claramente que la deuda interna es impagable y que no puede seguirse pagando en las actuales condiciones, para quitarse los zapatos de empresario y colocarse los de Presidente de la República?

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